Capítulo 115

Quedarse sin aire

La puerta había sido cerrada con una rudeza innecesaria y que demostraba claramente que lo menos que deseaba en ese momento era dirigirla la palabra o tener que hablar sobre aquel asunto que había ocurrido hace más de tres días atrás.

Suspiró largo y tendido. Su mirada abandonó la salida y simplemente se enfocó en lo que tenía entre sus manos: aquella frágil y tibia taza de café. Y aunque no estaba sola, no sabía por dónde empezar.

—Axe-chan, ¿qué es lo que ha pasado? —preguntó con preocupación la mujer. En todo el tiempo que tenía de verlos nunca había visto de esa manera a su hijo.

—Todo ha sido mi culpa, Nanami-san —respondió con esa mirada decaída.

—Te conozco y sé que no harías nada para lastimar a Dai-chan. Estoy más segura de que él haya sido el que metió la pata en todo este asunto —no cabía duda de que conocía a su hijo mejor que nadie.

—En ocasiones así ha sido —sonrió esporádicamente, conmemorando aquellas malas pasadas—. Pero esta vez la que ha tenido la culpa he sido yo —volvió a suspirar, intentando inútilmente tranquilizarse.

—Lo mejor que puedes hacer es desahogarte, Axe-chan. Así que cuéntame qué ha pasado. Tal vez no pueda ayudar a que se reconcilien, pero al menos estarás más tranquila —pidió amablemente la mujer.

—…Está bien…—murmuró, dejando aquel café sobre la mesa de la sala.

No existía consuelo alguno en que la semana diera inicio, no cuando sabía lo que le esperaba en cuanto llegara al estudio de grabación y se pusiera a realizar cada una de las tomas que el director le pidiera. Eso aunado a una sesión de fotos que debían estar listas para la siguiente edición de la revista. Había demasiado trabajo de por medio y poco tiempo para hacerlo.

Pero esa situación había empezado prácticamente desde que volvió a clases. Menos mal que aprovechó las vacaciones o seguramente terminaría loca.

—Al fin terminamos con las tomas…No estoy en contra de adelantar capítulo, pero hacer uno por día terminará conmigo irremediablemente…—comentó Axelle tumbada sobre una silla al tiempo que cierta castaña se encargaba de desmaquillarla.

—Pero gracias a que lo has hecho tan bien, no tienen que repetir y todo queda en el tiempo establecido.

—Es casi un milagro que lo haga bien a la primera…—suspiró con cansancio—. Y lo mejor es que Taniyama es bastante bueno, así que tampoco sufro.

—Sí, tiene un don especial para ello —mencionó entre burla y seriedad.

—Me estoy muriendo de hambre…—confesó. Aunque su estómago avalaba su idea.

—Podemos ir a comer si así gustan —mencionó aquel joven. Recién había entrado en el camerino y les observaba desde el umbral—. Todavía tienes tiempo de aquí a tu sesión, ¿no Daishi?

—Mmm…Sí, tengo como una hora aproximadamente —hizo cuentas mentales. Tenía tiempo para ir a comer plácidamente.

—Disfruta de la comida, pequeña afortunada —le susurró la mujer sin descaro alguno.

—Pero si a ti también te invitó —le miró y después al peli gris—. ¿No es así?

—Claro.

—Pero yo ya he hecho planes, así que no puedo asistir. Lo siento —se disculpó con aquel par—. Ya será en otra ocasión.

—Por supuesto —le decía tranquilamente el oji azul.

—Y hablando de eso, ¡se me hace tarde! Así que nos vemos mañana, Axelle —esa mujer salió corriendo de allí a toda marcha. Sin duda era de gran importancia lo que fuera a hacer.

—Sigue tan energética como la recuerdo —sonrió con añoranza la francesa.

—Tus otros estilistas te extrañan —le comunicó—. Creo que me soportaban a mí porque estabas allí —bromeó.

—Pero si ellos son muy lindos —estipuló—. Hasta quedamos de salir un día de estos.

—Has hecho amistades muy rápido, Daishi —mencionó sin darle demasiada importancia—. Aunque todas sean de chicos. Bueno, ellos quizás no cuenten como tal…

—Vamos mejor a comer. Ya platicaremos de mis amigos los estilistas de camino allá —agregó socarrona tras tomar sus pertenencias y emprender la retirada.

El restaurante no era demasiado fastuoso pero lo suficiente acogedor para que pudieran sentirse tranquilos y sin que nadie interrumpiera su comida. Especialmente porque estaba siendo acompañada de alguien a quien conocían prácticamente la gran mayoría de la población femenina.

—¿No es peligroso que andes por allí sin un disfraz? —nada como un enorme plato de ramen para llenarle y darle un poco de calor; estaba descendiendo la temperatura.

—Me gusta venir aquí justamente porque prácticamente nadie me reconoce —comentó. Fue entonces cuando Axelle notó que la gran mayoría de clientela era gente grande o padres de familia que poco o nada sabían sobre el espectáculo.

—Ahora que lo dices resulta de lo más conveniente —en definitiva volvería a ese sitio después. Sus fideos estaban deliciosos.

—Me sorprende que esa cadena televisaba se halla hecho de esas fotografías —sacó el tema a flote y ella sabía de qué hablaba—. Primero te pasó con Kise, y ahora conmigo —suspiró con exasperación.

—Ya lo sé. Lamento las molestias causadas —esbozó una pequeña sonrisilla. Al fin de cuentas él le superaba en popularidad por muchísimo y era uno de los chicos más deseados de todo Japón.

—Descuida. Es algo que sucede un tanto seguido…—él al igual que ella había pedido un bol de fideos, pero estaba esperando a que se enfriaran un poco—. El inconveniente que las amedrentadas son las chicas con las que crean los rumores.

—¿Debo prepararme para que tus fanáticas vengan a buscarme con trinches y lumbreras?

—No creo que lleguen a tanto…—le fue imposible no reírse de ese comentario burlesco y dramático—. Estás llevado la actuación fuera de cámaras.

—Bueno, he visto a las de Kise y no me sorprendería. Más que una dramatización es como una realidad que podría ocurrir —con cierta maestría logró enrollar un bocado aceptable de tallarines y los comió sin más.

—Oh, las de Kise son un caso bastante especial. Me ha tocado escuchar varios escándalos al respecto.

—¿En serio? —no es como si le sorprendiera mucho pero quería sonar interesada al respecto.

—Pero al ver que ya tiene una novia y hasta un pequeño, hará que las cosas se calmen.

—Ah, sobre eso…En realidad es su sobrinito… Pero la gente lo malinterpretó todo y pensó lo que mejor le convino —fingió demencia al respecto. Ella había posteado las fotos de Eiji y Aoi en su blog personal, logrando que se volviera popular en internet en poco tiempo gracias a la etiqueta de "La querida novia de Kise Ryouta y su indudable instinto maternal".

—¿E-En serio? Es que son…—sus celestes pupilas vacilaron ante la revelación.

—Idénticos, lo sé. Posiblemente por eso medio mundo pensó que era su hijo —omitiría que ella estuvo dando indirectas bastantes sugerentes al respecto.

—Seguramente su manager le asesinará…—no hablaba solamente por hablar. Había sacado entre su maletín aquella revista con la primicia en primera plana.

—"Kise Ryouta ha conmocionado de nuevo al mundo del espectáculo con la noticia de que es padre" —ese era el encabezado de la impactante noticia—. "¿Esa habrá sido la razón por la que durante todo este tiempo haya mantenido en secreto su relación con Kimura Aoi?". "…Todos se preguntan si formalizarán su relación" —quería echarse a reír, pero no podía hacerlo frente a Taniyama—. Nunca imaginé que los medios armarían todo un drama telenovelesco por una foto con un comentario tan inespecífico…

—Le va a ser difícil desmentir semejante malentendido —proseguía el joven, leyendo el resto del artículo—. Imagino que la chica debe estar igual de escandalizada que él.

—En parte, pero lo dudo rotundamente…—sorbió de su té de cebada y sonrió como pocas veces en la vida—. Estoy segura que Kise está que se quiere poner a destruir todas esas revistas para que nadie más lo veo mientras Aoi está más que feliz y satisfecha con el resultado que el pequeño Eiji produjo en su relación…

—El tiempo en verdad vuela. Será mejor que nos demos prisa —se puso de pie de golpe y ella hizo lo mismo en breve; la hora se les había ido rápidamente.

—¡Tienes razón! Si no llego a tiempo, Maeko me comerá viva.

Ya no quedaba nada en ninguna de esas dos tazas, por lo que la cafetera fue puesta nuevamente para que cualquiera pudiera repetir si ese era su deseo. Aunque de momento lo único que había era un extendido silencio.

—Al parecer alguien se encargó de seguir a Taniyama —Axelle habría de hablar primero—, y tomarnos un par de fotografías mientras estábamos en el restaurante…Lo peor no fue que las subiera a internet, sino más bien que…Daiki las viera…Y para terminar todo el asunto, también estuvieron esos tontos chismes en las revistas…—se lamentó, torciendo el entrecejo.

—¿Y qué es lo que piensas sobre ese tal Taniyama-kun, Axe-chan? —no le sorprendía que le preguntara por algo como eso, después de todo era la madre del moreno y estaba curiosa.

—…Lo admiro, por su trabajo y música. Pero no tengo interés de nivel sentimental hacia él…Sé que no debí de haber aceptado su invitación a comer ni nada de eso…—calló en cuanto aquella mujer así se lo hizo saber.

—Axe-chan, no tienes por qué disculparte de algo como eso. Si tú misma dices que no te atrae, entonces nadie tiene por qué verlo de otra manera…—hizo una pausa para sentarse al lado de la chica y mirarle de soslayo—. Dai-chan tiene que lidiar con la idea de que debes colaborar con personas como él de ahora en adelante y que sin importar lo que los medios digan, él debe confiar en tu palabra y no dejarse llevar por sus celos o chismes.

—Es posible…Pero creo que de estar en su misma situación, también me pondría de esa manera…—no estaba totalmente segura de llegar al mismo nivel, pero estaba consciente que ese hombre le hacía sentir celosa sin dificultad alguna.

—Es comprensible. Pero la confianza es indispensable en cualquier relación y más si tú eres tan popular entre los chicos.

—Su hijo también lo es…—decía por lo bajo. Nanami simplemente rió ante ese comentario.

—Él puede ser un cabezota que se deja llevar por sus impulsos. Sé que entrará en razón.

—Pero…es que eso no fue lo único que pasó, Nanami-san —expresó, observándole detenidamente-—. Al día siguiente, después de que arregláramos un poco el malentendido de las fotos…

Podía despedirse de haber salido temprano en muchos días. No había manera de que pudiera abandonar el edifico con esa tempestuosa lluvia y menos si consideraba que no llevaba paraguas y transportaba utensilios escolares.

Suspiró largamente, mirando el exterior desde aquellas paredes cristalinas. Pese a que apenas eran las seis de la tarde el cielo estaba nublado y todo el entorno estaba oscureciéndose rápidamente.

Así no podré irme a ninguna parte. De nada sirvió que hoy termináramos temprano si está lloviendo de esta manera…—el resto de sus colegas se habían marchado porque a diferencia de ella sí vieron el pronóstico del tiempo y contaban con auto—. Será mejor que le diga a Daiki que lo veré más al rato en mi departamento. No es mala idea comprar una bebida caliente para este clima.

Se dirigió hacia la expendedora más próxima. Misma que se hallaba al lado del elevador. Así que mientras se decidía qué comprarse, permaneció de pie frente a ésta.

—Un poco de café no estaría mal, pero no decido cuál sería el mejor para este caso…

—El capuccino sabe muy bien —dio su punto de vista, un segundo. Ella no era la única que parecía querer una bebida reconfortante.

—Gracias por el consejo…—mencionó sin mirar a su interlocutor. La decisión al final recayó sobre ese sabor.

—No hay de qué.

—Sabe muy bien —ya había abierto su producto y ahora lo bebía alegremente—. Pero si…—en el instante en que se giró hacia el que estaba de pie a menos de un metro de distancia, sus palabras perdieron por completo su sonido.

—Créeme, yo estoy más sorprendido que tú de encontrarnos aquí —comentó con cierto aire de sarcasmo.

—¿Pero qué estás haciendo tú aquí? —interrogó con mesura. Sus carmesí pupilas no se despegaban de esos ojos castaños.

—No es como si trabajara aquí, pero me tocó colaborar con una de las modelos que están enlistadas en Rainy Days.

—¿Desde cuándo eres modelo? —eso parecía un reclamo más que una interrogativa.

—Justo en mi tercer año de preparatoria. Es normal que no lo sepas, después de todo, terminaste por no asistir a mi escuela y optaste por Rakuzan.

—Ya veo —se había terminado de un solo golpe lo que quedaba de su bebida y estaba más interesada en hallar un bote de basura, que en el pelinegro.

—Pero yo sí me sorprendí de que ahora eres modelo y que incluso estás actuando en un dorama, Axelle —sonrió con socarronería, mirándola fijamente—. Escuché que estabas saliendo con Taniyama-kun.

—No lo estoy, Tanaka —sentenció firmemente, endureciendo su mirar. Incluso su tono de voz había perdido amabilidad.

—Pues no es lo que todos dicen al respecto… Ya que él luce como el tipo de hombres con los que sales —reafirmó.

—Lo que pienses me tiene sin cuidado —aseguró—. Y si me disculpas, tengo que ir a tirar esto —se deslindó de esa conversación y empezó la retirada; pero su escapatoria no iba a ser sencilla, no cuando él había decidido seguirle—. ¿Qué es lo que quieres ahora?

—¿Sigues molesta por lo que pasó hace ya más de cuatro años atrás, Axelle? —no era la pregunta la que estaba causándole molestia, sino el tono que empleó para la interrogativa; se estaba burlando y podía jurar que sonreía mientras se lo cuestionaba.

—Eso debería preguntar yo… Si estás aquí hostigando, es porque no has dejado atrás que él te haya superado…aun cuando ni siquiera competía contra ti.

—No te creas tan ruda, Axelle —ella no pudo seguir avanzando, había sido tomada bruscamente de la muñeca tanto para frenarle como para que le mirara a la cara—. No olvides que fue por tu impertinencia que él terminó lesionado —soltó con mordacidad y esa mirada llena de complacencia.

—…Cállate…—ordenó pasivamente, con la mirada oscurecida y reprimiendo sus deseos de insultarle—. Jamás serás mejor que él…en nada…

Lo siguiente que ella experimentó fue la dureza y frialdad de la pared. Él había aprovechado que la tenía inmovilizada para reducir aún más su espacio y al mismo tiempo, acorralarla. Sus dos muñecas eran ahora sus apetecibles presas y esa burlesca mirada estaba empezando a enfurecerle.

—Puedo convencerte aquí mismo de que tu afirmación está errada.

—Suéltame de una buena vez por todas —forcejeaba inútilmente, la tenía bien sujeta y su fuerza era superior a la de ella.

—Tienes ese mismo semblante que hace años atrás…Siento como una especie de déjà vu, ¿tú no?

—Claramente no —soltó con malhumor. Lo menos que deseaba era estar tan próxima a ese hombre; la misma sensación que le invadió en esos momentos estaba volviéndole a asaltarle y no deseaba que la historia se repitiera de nuevo.

—…Admito que los años te sentaron mejor, Axelle. En ese entonces lucías un poco infantil, pero ahora podría mirarte de manera diferente…—le observó de arriba hacia abajo, esbozando una sonrisa que causó enorme desagrado en ella.

—¡Déjame ir!

No podía gritar aunque fuera lo que más quisiera. Él se había encargado de sellar su boca e impedir que cualquier sonido escapara de su cavidad bocal. Ella por su lado únicamente cerró sus ojos con fuerza, resistiéndose a aquel beso forzado y tratando de apartarlo con la fuerza que le era posible.

—¡¿Pero qué…?!

Su diversión debía de ser postergada para otro momento; parecía que había quien no leía la situación y había optado por interrumpir tan ameno e íntimo instante. Y esa persona se negaba a dejarlo pasar sin darle un castigo digno de su osadía.

—¡Taniyama…! —fue lo único que escapó de su garganta en cuanto se sintió totalmente libre de aquella pesadilla que apenas estaba dando inicio.

—No sé quién seas, ni tampoco me importa descubrirlo, pero no permitiré que te sobrepases con ella…—habló hoscamente, con ese tono de voz embebido por el coraje y la aversión.

—Tsk… Creía que alguien como tú no sería capaz de dar un buen golpe…—escupió aquel desagradable líquido ferroso y se puso de pie, observándole con una burla magistral. Parecía que el enfado se le había ido repentinamente.

—No soy fanático de la violencia, pero contemplo que no eres de los que escuchan palabra alguna —mencionó cortante. Incluso se había puesto delante de Axelle por si se le ocurría intentar algo más contra ella.

—Espero no te hayas lastimado tu frágil mano, Taniyama-kun —se bofó con una sonrisa cándida y digna de un cínico sin escrúpulos—. Dejaremos nuestra charla para otro momento, Axelle. Tenemos muchas cosas que contarnos durante el tiempo que no nos vimos…—dio media vuelta, echándose a reír ante lo que involucraba esa desagradable invitación futura—…Aunque es una pena que Tatsuhisa no esté aquí, me hubiera decirle algunas cosas…—su timbre había cambiado abruptamente. Pasando del burlesco a uno totalmente gélido y nada amistoso.

—…¡Si serás….!—se tragó el insultó, haciendo de sus manos un par de temblorosos puños.

—¿Estás bien?¿No te ha hecho nada peor que eso? —ella simplemente negó, dándole el alivio suficiente como para auto calmarse.

—Gracias —estaba mucho más calmada, aunque todavía sentía esa fuerte presión sobre sus muñecas—. Creí que nadie escucharía nada… Menos mal que has aparecido… —no podía esconder aquel temblor que sacudía levemente todo su cuerpo; todo era demasiado reciente y al mismo tiempo, se extrapolaba con el pasado que les unía y lo que él había hecho para ganarse tanto su odio como su temor.

—Vayamos a que te sientes y te calmes un poco —estipuló, poniendo sus manos sobre los hombros de la joven. Algo le había hecho que la ponía de esa manera—. Déjame ver tus muñecas —enmudeció unos segundos. Ese hombre había ejercido demasiada fuerza, más de la necesaria para retenerla pero la justa para dejarle esas marcas—…Es un bastardo…—ahora que en verdad tenía ganas de buscar a ese hombre y ponerlo en su lugar.

Habían buscado una zona para sentarse y calmarse. Ambos estaban alterados por diferentes motivos y debían enfriar un poco sus ideas.

No replicó en cuanto el peli gris decidió tomar sus muñecas y colocar aquel antiinflamatorio tópico aunado a unos vendajes; si alguien veía esas marcas se armaría un gran escándalo.

—Te llevaré a casa, Daishi —estableció firmemente, sin opción al diálogo.

—No es necesario. Tomaré un taxi para llegar más rápido —no quería seguir causándole más molestias.

—Lo haré quieras o no. Ese idiota puede estar esperándote allá afuera.

—Él no sabe dónde vivo —o es lo que prefería pensar.

—De igual manera no hará que decline mi oferta —habló seriamente. No iba a convencerlo.

—No tiene caso que siga insistiendo lo contrario, ¿verdad? —sonrió ladinamente.

—Aprovechemos que la lluvia al fin ha cesado —se levantó de su asiento, animándole con la mirada para que hiciera lo mismo.

El tiempo se había ido volando entre su desafortunado encuentro con Tanaka y su lucha interna por regresar a sus cabales.

Fue cuando se dio cuenta del mensaje de texto que le había llegado hace más de media hora atrás.

Daiki le estaba esperando fuera de su departamento.

—Espero que no malinterprete esto... —al fin llegaron tras quince minutos de viaje. Por lo que descendió y se encaminó hacia la escaleta que conectaba a todos los pisos.

—¿Qué clase de relación guardas con ese hombre? ¿Acaso él es tu ex...? —Taniyama había decidido acompañarle hasta su piso y ella no tuvo más remedio que ceder.

—En lo más mínimo. Pero él siempre competía contra mi ex pareja... No soportaba que fuera mejor que él en todo aun cuando se esforzaba tanto y mi entonces novio, lo consiguiera todo sin esfuerzo.

—¿Está intentando cobrárselas contigo...? —si creía que ese hombre no podía ser más vil.

—Es lo más probable... Pero igualmente es absurdo. Ya que él se encargó de hacerle daño en su momento...y ni siquiera se han visto desde que concluyeron la universidad —su voz se palpaba neutral, pero incluso Syuusuke podía notar la aversión que le provocaba hablar sobre ese tema.

—Me disculpo por haber preguntado. No tengo permitido ser tan entrometido —se disculpó tras llegar al segundo piso, justo en el cual vivía la francesa.

—Es lo mínimo que te debo por haberme salvado el pellejo —mencionó con una sonrisa sincera de agradecimiento —no obstante, su plática debía ser puesta en segundo plano.

Casi habían llegado hasta su departamento, pero se detuvieron en cuanto sus ojos lo contemplaron.

—D-Daiki... —esa mirada tan helada le hizo tartamudear momentáneamente.

—¿Así que por esta razón demoraste en llegar? —no le miraba a ella, sino a ese hombre. No le había dado importancia a su persona hasta apenas ayer y ahora tampoco es como si estuviera haciendo las cosas mejor—. ¿Qué se supone que significa esto?

—No es lo que estás imaginándote, Daiki —habló de inmediato ella—. Él únicamente me ha traído a casa porque es tarde, solamente eso.

—¿Y era necesario que lo hiciera él? —criticó severamente—. Pudiste haberme llamado a mí —él tenía un buen punto en manos. Pero estaba demasiado alterada que lo menos que hacía pensar racionalmente.

—Sí... Debí hacerlo, pero...

—Ella no tenía cabeza para ello —intervino Taniyama, sulfurando aún más al ya mosqueado chico—. La traje hasta aquí por...

—¿Saben? No necesito sus excusas... Si no quisiste llamar, está bien... Seguramente es porque te sientes más segura y mucho mejor a su lado que conmigo —agregó cortante, hosco y carente de condolencia; ante ella tenía al Aomine Daiki que conoció hace más de ocho meses atrás.

—¡¿No vas a escucharme aunque sea un poco?! —levantó su tono de voz. Hasta ese momento nunca se había enfadado con él de verdad, pero ese día muchas cosas se habían juntado y la llevaron a su límite. Él fue el detonante final.

—Ya te dije que hagas lo que quieras —él tampoco iba a mantenerse calmo.

—¡Siempre te comportas de esta manera, Daiki! No confías en mí, piensas que te cambiaré por el primer chico que se cruce en mi camino... ¡¿Tan poca cosa crees que son mis sentimientos hacia ti?! ¿Crees que no extraño mi anterior vida en donde salía a divertirme con mis viejos amigos? Ya no lo hago porque a ti no te gusta y también porque prefiero pasar tiempo a tu lado... ¡Quisiera que hicieras muchas cosas que a mí me gustan, pero sé que no eres de esa manera y no te digo nada...! ¡Te he aceptado tal y como eres, sin intentar cambiarte...pero...pero siento que tú sólo estás intentando cambiar mis hábitos porque te hacen sentir inseguro...porque quieres tener el control de todo! Yo...simplemente no puedo renunciar a ser lo que soy...ni por ti ni por nadie más...

—Entonces...no sé qué estás esperando... —esas palabras eran tan planas, tan carentes de cualquier sentimiento que ella pudiera identificar, que se clavaron como duros y agudos cuchillos en su corazón.

—¡Ey, espera! —Taniyama intentó detenerlo, pero era ella misma la que le decía que lo dejara así. Al final sólo quedaron ellos dos—...Daishi...

—Él tiene derecho a sentirse así tras todo lo que le dije... Maldita sea, lo solté sin pensarlo —se regañó severamente. Incluso tenía esa necesidad de caer en el lamentable acto de llorar.

—Puede ser. Pero él también debió escucharte, incluso si estaba así de enojado... —Syuusuke estaba en lo cierto. Pero las fallas de los dos chocaron en un mismo y dramático instante en donde la sinceridad de ambos se contrapuso.

—Después de lo que él ha hecho por mí…—con cada palabra que decía su voz se tornaba menos audible.

—No puedes borrar lo que has dicho, pero sí reflexionar sobre lo ocurrido y buscar una manera de cómo solucionarlo —para Axelle estaba quedando claro que la sabiduría venía con la edad. Al menos ese era el caso de él.

—...Tienes toda la razón, pero él es demasiado terco... —y vaya que lo sabía.

—Entonces lucha hasta donde lo creas necesario. Él deberá darse cuenta de ello e intentará arreglar las cosas...

—Es lo que más espero —forzó una sonrisa para el que estaba siendo su sabio maestro.

Lo siguiente que sintió y le hizo aterrizar en el presente fueron esas tibias y suaves manos.

Hasta apenas se había dado cuenta que Nanami había levantado sus mangas para comprobar con ese semblante de preocupación y enfado los vendajes que llevaba consigo.

—Dime que no te has vuelto a topar con ese hombre —rogó. Imaginarse que podría haber pasado por un escenario como ese, le abrumaba. Quizás no fuera su hija peto le tenía un gran cariño.

—Después de ese día, Taniyama me llevaba a casa cuando el trabajo terminaba, así que ya no lo volví a ver después de ese día...

—Espero hayan llamado a la policía.

—Algo por el estilo —le sonrió para tranquilizarle—. Y desde entonces no he podido hablar con Daiki. No contesta mis llamadas ni responde mis mensajes —suspiró para calmarse y centrarse en la peli azul—. Y decidí venir a su casa, pero se fue sin más —en cierto modo le daba gracia que la cosa hubiera terminado de ese modo.

—Haré que Dai-chan te escucha, lo quiera o no —Axelle se sorprendió ante ello; sabía que esa mujer era capaz de eso—. Deja que me encargue de todo.