¡Muy buenas noches! Si creían que se habían librado de mí, están muy equivocadas XD Y sé que les hice sufrir con el capítulo pasado, ¡pero ya no más! Ahora va a comenzar la comedia y el bullying lol Así que disfruten, no hagan travesuras y nos leemos la siguiente semana. Matta ne!

Capítulo 116

Tú y yo

Después de haber atravesado el umbral sus intenciones eran explícitamente irse directo a su habitación. Sin embargo, se tomó el tiempo de curiosear en la sala y comprobar por sí mismo si ella continuaba allí; una parte de él se alivió por no hallarla. Pero al mismo tiempo un sentimiento totalmente diferente se apropió de sus pensamientos.

Lo mejor es que las cosas sigan así... —nunca se sintió tan contrariado ante una simple confesión.

—Dai-chan, al fin llegaste —su madre interrumpió sus pensamientos con sólo llamarle—. ¿Todo está bien? —sus castaños ojos se depositaron en él.

—Sí, ¿por qué debería ser de otra manera? —eso era más para él que para su curiosa progenitora.

—La cena estará lista en media hora, Dai-chan —le informó.

—Está bien —no dijo más y se dirigió hacia la planta de arriba. Por ahora debía calmar esa ansiedad que emergió desde que esa mujer llegó a su casa.

No demoró nada en llegar a su cuarto. No obstante, en cuanto sus celestes ojos se cruzaron con aquella mirada, lo menos que deseaba era permanecer por más tiempo allí. ¿Pero qué estaba haciendo en su habitación? ¿Acaso estaba esperándole? ¿Tanto deseaba hablar con él?

—¿Qué es lo que estás haciendo aquí...? —su tono llegaba a lo áspero e incómodo.

—¿No es obvio? Vine a decirte lo que realmente pasó y no quisiste atender ese día —mencionó seriamente—. Si después de eso quieres seguir ignorándome...me temo que no habrá nada que te haga recapacitar. Por lo que te dejaré en paz —había asimilado cada palabra sin chisteo alguno; pero lo último se instaló en su cabeza como el hierro ardiente.

—Entonces que sea rápido —demandó con recelo.

—Te hablaré primero de Tanaka...para que sepas la razón de por qué lo aborrezco tanto...y por qué las cosas terminaron de ese modo...

Él tomó asiento frente a ella sin emitir palabra alguna. Únicamente se limitó a verla y esperar a que dijera lo que tuviera que decir.

El relato comenzó sin demasiadas cosas remarcables. Y hasta cierto punto entendía la frustración de aquel hombre al intentar superar a ese fastidioso rubio; al fin y al cabo él había hecho exactamente lo mismo en aquel festival cultural.

Pero su perspectiva se volvió otra en el instante en que sacó aquel acontecimiento a flote. Incluso su semblante de relajación cambió abruptamente; pero ella no lo notó porque estaba demasiado centrada en la historia que contaba.

Ahora conocía a la persona que había lesionado al blondo. Pero sobre todas las cosas, sabía las artimañas de las que se había valido para lograrlo. Saber que la había usado a ella como señuelo y que incluso estuvo dispuesto a llevar las cosas más allá de retenerla contra su voluntad y obligarle a ver el espectáculo, le enfermaban, le enfurecían y le hacían inevitablemente sentir el deseo de buscarle y darle la paliza que merecía.

Intentó calmarse para terminar de oírle. Pero era algo complicado si consideraba que ahora venía lo acaecido en el presente.

Fue entonces cuando sus manos se estamparon contra la mesa en una clara señal de que estaba colérico y al mismo tiempo, furioso consigo mismo por haber sido tan cabeza dura y haberse dejado llevar sin más.

—Tsk...¡¿Pero cómo demonios se atrevió a hacerte algo como eso?! Maldita sea, Axelle... —ella calló en el momento en que esa mesa fue azotada por la brusca reacción del moreno; estaba perpleja por la manera en que estaban ahora las cosas—. Ese maldito no te hizo nada más, ¡¿cierto?! Dime que no te has topado con él nuevamente —si ese hombre le había hecho algo más no iba a perdonárselo nunca.

—Ese fue el único día en que nos topamos. De allí en adelante, Taniyama me llevó a casa después del trabajo —confesó, arriesgándose a que Daiki reaccionara de la misma manera que en ese instante.

—Mmm... —saber eso directamente le removió las entrañas, pero no podía replicar nada. Él se había ido sin escucharle y aquel hombre hizo lo que él debía de haber hecho como su pareja; le agradecía el haberle cuidado, pero no permitiría que continuara de esa manera.

—...Yo realmente lo odio, más por lo que le hizo a Kai que por lo que terminó haciéndome. Así que cuando lo vi después de tanto tiempo, me fue imposible contenerme...y al final terminé desquitándome contigo en cuanto te pusiste de esa manera —suspiró con pesar. Incluso los dedos de sus manos jugaban entre sí; intentaba liberar tensión.

Él calló por varios segundos que a ella le parecieron eternidades. Y para cuando escuchó un sonido abandonando sus labios, él estaba sentado a su lado, mirando hacia la puerta entre abierta de su cuarto.

—Odio admitirlo, pero...tenías razón en algunas cosas que mencionaste —habló tan seriamente como le era posible-—. Estuve pensando sobre ello en los días que no nos vimos...

—Lo de salir no era en serio. Ya ni siquiera me quedan ganas para hacerlo —y era tan cierto—. Prefiero quedarme contigo que ir a una fiesta o cosa por el estilo —expresó con una sonrisa. Él simplemente se sorprendió ante tan simple confesión—. Y sobre...

Quería seguir escuchándole, pero también deseaba apagar esa sed que se volvió más desesperante ahora que la tenía a su lado y esos labios estaban a su alcance. Nunca la echó tanto de menos como en esos días en los que evitó cruzarse en su camino e ignoró sus intentos de hablar con él.

Y ella estaba del mismo modo. Lo había extrañado tanto que no tuvo más remedio que ir a verlo directo a su casa e intentar que le escuchara.

Había experimentado prácticamente cualquier tipo de besos hasta ese momento. No obstante, podía jurar que la manera en que lo estaba haciendo ella en ese momento no la conmemoraba.

Era un beso lento, pero le trasmitía demasiadas sensaciones en tan simple pero prolongado contacto. Era tierno, afable y extrañamente le robaba el aliento sin dificultad alguna.

—Entonces...¿ya estamos bien? —preguntó con cierta incertidumbre.

—Siento no haberte escuchado. Si tan sólo... —su mano había tomado la muñeca derecha de la blonda, mientras la desvendado con cuidado—. Pienso golpearlo —todavía se apreciaban aquellos tenues hematomas sobre su alba piel y estaba seguro de que aún le dolía. No podía dejarse de culparse por el estado en que ella se encontraba.

—No quiero que lo hagas, Daiki —reiteró firmemente—. No deseo que te metas en problemas o que él te haga algo —alegó. No deseaba que esa experiencia se repitiera con él.

—Eso no va a pasar —le mencionó con firmeza.

—De igual manera, deja de ser necio y... —volvió a callarla con un beso, uno que duró más que el anterior. A ella le fue inevitable no corresponderle y seguirle el juego—. Eres un tramposo, Daiki.

—Te eché mucho de menos —le expresó al oído, causándole un cosquilleo de arriba a abajo.

—¿Y crees que yo no? —espetó con cierta burla, sonriéndole.

—No lo sé, esos mensajes y llamadas no me lo dejaron claro —sonrió con enorme satisfacción, especialmente porque había sido ella la que le había besado fugazmente.

—Claro que te he echado de menos, Daiki —expresó con cierta pena—. ¿Me...perdonas? —¿cómo podía pedirle disculpas? Cuando sabía que él era el que debería ofertársela.

—No tengo nada por lo que disculparte —habló, halando a la chica hacia él, abrazándole desde la cintura—. Soy yo el que te debe una disculpa. Me dejé llevar por...mis celos. Debo aprender a confiar más en ti…—decía chasqueando la lengua y de muy mala gana.

—Hay algo lindo en ti cuando te pones así de celoso —mencionó con cierta emoción y sonriéndole descaradamente. La verdad es que estaba enormemente aliviada de que todo se hubiera solucionado.

—Me alegro que ya se hayan reconciliado —la voz llena de regocijo de aquella madre les tomó por sorpresa, haciendo que se sobresaltaran ligeramente—. Vine a avisarles que la cena está lista, para que bajen.

—G-Gracias —mencionaba Axelle con nerviosismo. No es como si estuviera acostumbrada a que la madre del moreno le viera tan acaramelada con su hijo.

Su sábado empezó agitado desde el momento en que se le hacía tarde y daba de nuevo comienzo a su usual rutina de comprarse el desayuno en el supermercado más cercano. Luego le seguía la usual oleada de saludos a todos sus compañeros de trabajo, porque las chicas continuaban sin tragarla por completo y menos ahora que sabían que lo referente al supuesto hijo de Kise Ryouta había sido echado totalmente abajo por el mismo blondo.

Pero afortunadamente, pese al gran número de tomas que se debían de realizar, el trabajo estuvo hecho para antes de que el cielo se tornara en vistosos tonos naranjas y amarillentos. Por lo que podría decirse que todavía restaba sábado para divertirse.

—Te ves de mejores ánimos, Axelle —comentaba con curiosidad Eiko, terminando de guardar sus cosas en su bonito maletín.

—Al fin pude arreglar las cosas con Daiki. Así que ya no hay malos entendidos —por su lado su maleta estaba hecha y únicamente le estaba esperando a ella.

—Es bueno escuchar eso —ambas estaban listas para dejar el camerino y olvidarse del trabajo—. Los hombres deben ser seguros de sí mismos y no preocuparse de que otro vaya a venir y comerle el mandado.

—No todos tienen la auto confianza como Kai —mencionó burlesca.

—Mi hermano es un caso especial en prácticamente todo —suspiró—. Quisiera que pensara que ya es un adulto y no debería estar perdiendo el tiempo. Ojalá se hiciera de una novia seria.

—Es más viable que me saque la lotería a que eso suceda —se despidieron de todos y empezaron a dirigirse hacia el elevador,

—Hoy van a venir a cenar.

—¿Van…?¿Te refieres a él y Marko? —presionó el botón a la planta baja y esperó a que las puertas se cerraran.

—Invité a Marko a que viniera a pasar el fin de semana con nosotros, y de paso le insistí que trajera al tonto de mi hermano —sonrió de imaginarse todo el embrollo que se armaría en casa—. Será muy divertido todo.

—Pues espero que se diviertan en ello —de pensar en todo lo que iba a pasar en esa casa hasta ganas le daban de hacer una visita.

—¿Hoy vendrá él por ti? —dejaron sus pases de entrada justo a la amable recepcionista, encaminándose hacia la entrada principal.

—Insistía, pero le dije que iba a verme con una vieja amiga de secundaria y que él no estaba preparado ni mental ni físicamente para conocerla.

—Pues si no es Riko-chan, entonces…

—¡Axelle, al fin, después de tanto tiempo nos volvemos a ver!

El siguiente ruido que la castaña percibió fue el de la francesa dando contra el suelo mientras era abrazada de una manera tan apremiante y fraternal. No quedaba duda alguna que esa chica la había echado mucho de menos.

—Vas…a romperme algo, Rieta…

—Es que estoy muy feliz de que nos volvamos a ver, Axelle —le sonrió, tornando primorosamente esos lindos ojos grisáceos en su persona.

—Yo también, pero…¿podrías quitarte de encima? Necesito pararme…para que la gente deje de vernos raro.

—Por supuesto.

Esa joven era tan alta como la francesa, pero su azabache cabellera contrastaba enormemente contra la de ella; incluso con esas mechas carmesí que pendían sobre sus hombros. Su piel era pálida y no contaba con maquillaje alguno.

Sus ropajes recordaban a alguien que iba por la vida portando un aspecto punk y rockero, pero conservando el lado femenino ante todo.

—¿Cuándo volviste al país? —interrogó con sumo interés Eiko.

—Apenas hace un par de semanas —relató con una sonrisa de oreja a oreja—. Pero estaba ocupada con el papeleo de la universidad y todo eso.

—Y ya que pusiste todo en orden, me llamaste para vernos hoy.

—Justamente…Hay tantas cosas que tenemos que contarnos, Axelle —le había tomado del brazo sin intenciones de soltarla en largo rato.

—Rieta, ¿no quieres cenar hoy en mi casa? Ya sabes, para que me cuentes cómo ha estado todo y me pongas al día con tu vida.

—Me encantaría, Eiko —afirmó con una sonrisilla.

—Tú de verdad quieres divertirte, ¿no? —se lo decía a cierta maliciosa mujer que estaba preparando la cena para que fuera un completo espectáculo.

—Bueno, entonces las dejo. Que tengan una bonita tarde, chicas —se fue de allí muy sonriente y la fraancesa sabía las razones.

—¿Y si vamos a comer a ese restaurante que frecuentábamos en secundaria, Axelle?

—No suena mala idea. Vayamos —cuando de comida se trataba no había manera de hacerle cambiar de opinión.

Mientras unos se divertían, otros no estaban teniendo la misma fortuna. Aunque al menos tenía comida y un televisor colgado frente suyo en el que estaba posando toda su atención. Sin embargo, la palabrería de aquel hombre terminaría al final logrando su objetivo.

—Así que Axelle tiene un pretendiente —dio un largo chiflido. Estaba divertido ante ese hecho el muy cabrón.

—¿Estás disfrutándolo, no Hadrien?

—No sé de qué te sorprendes, Daiki. Esto iba a pasar tarde o temprano —se recargó sobre el respaldo de su silla, cruzándose de brazos y mirando que aún faltaba el postre—. Si ella no quiere dejarte, no lo hará. Y si siente interés por otro hombre te lo dirá tal cual. No es buena idea que hagas dramas innecesarios mi estimado Daiki o ella saldrá corriendo de tu lado —desde esas vacaciones, por una extraña razón, era el único que le sermoneaba de los tres.

—¿Por qué demonios me has citado aquí en primer lugar?

—Porque esos dos idiotas amigos míos me han cambiado por una mujer…Si serán infelices… Ni siquiera sé con quiénes andan… —refunfuñó. Se sentía el relegado.

—¿Y por eso has venido a fastidiar mi día?

—Necesito un cambio de aires, Daiki.

—¿Por qué no admites que has venido a espiarlos y averiguar de quiénes se tratan? —preguntó con burla y esa sonrisa de lado a lado—. El enano anda detrás de la hermana de Tatsuhisa.

—¡¿Eiko-chan?!

—La otra, imbécil.

—Eso es tantito peor… ¡Esa mujer es demasiado reto hasta para él! —soltó con dramatismo puro o como si fuera una madre angustiada por su pequeño polluelo.

—Mejor prospecto que tú, sí es —señaló con saña.

—Ni siquiera yo pude sedu…Digo, conquistarla —corrigió rápidamente con notorio nerviosismo—. Pero como te iba diciendo, ella es bastante particular…aunque es muy hermosa. En términos de carácter es como el de Kai, pero no tiene sus cualidades culinarias…Aunque es una violinista impresionante y ama la buena comida así como los libros.

—Realmente te empeñaste en ello, ¿cierto? —se mofó.

—Pero no es muy expresiva que digamos, o quizás era muy seria conmigo…

—Creo que estamos claros en que no quería nada contigo.

—Los hombres amamos los retos, Daiki.

—Pues ese te quedó muy grande —mencionó inocentemente.

—Deberías agradecerme por mis maravillosos consejos, Daiki, así como por salvarte el pellejo este día.

—¿Ah?¿Por qué debería?

—Porque ella volvió a Japón y no te dejará en paz en cuanto te conozca.

—¿A quién te refieres? —él no se enteraba de nada.

—A una buena amiga suya, de la secundaria —mencionó, picando su tarta con su tenedor; al fin les habían traído sus postres—. Se llama Rieta y es mejor que no hagas contacto visual con ella.

—La describes como un animal peligroso…

—Es lo que es —expresó con un semblante azul—. Intenté ser amable y cariñoso con ella…pero nada surtía efecto en ella…

—¡¿Tú no respetas nada, verdad?!

—Tenía unos hermosos ojos y muy buen trase…—no se calló porque resultaran demasiado informativas sus palabras, sino más bien porque sus cándidos ojos se colocaron hacia la entrada. Allí estaba alguien que le era muy conocido.

—¿Ese no es…?

—Tohma…y Leo…—su mirada iba del moreno al pelinegro—. Espera…no creo que venga desde Osaka solamente para entablar una plática productiva y tendida con el ex de Axelle…

—Llámame loco…pero estoy viendo un patrón…bastante desagradable en todos ustedes…—el oji azul no le caía mal, de hecho era posiblemente el único ex con el que podría hablar sin caer en rozamiento alguno, pero era muy raro todo ese asunto.

—¡Agáchate! —quizá fue la inercia o que expresó esa orden tan vehementemente, pero el caso es que se habían escondido bajo la mesa, aguardando a que ese par pasaran de largo por donde estaban.

—En primer lugar no tendríamos por qué hacer esto.

—Es mejor que no se den cuenta de que estamos aquí —nuevamente tomaron asiento, fingiendo como si nada hubiera pasado.

—Solamente preguntaré por mero formalismo, pero…de casualidad…

—No, a ella no intenté ligarla ni nada por el estilo —eso no era lo que iba a cuestionarle, pero ya sería el colmo que también hubiera hecho lo mismo—. Creo que es lo malo de que nos llevemos bien con las ex parejas de Axelle…—suspiró.

—Espero no me des la sorpresa de que estás saliendo con la hermana de Jomei —porque si le decía que sí, haría lo posible por sabotearle la futura relación.

—En lo más mínimo, Daiki. No fuimos demasiado compatibles y no logramos congeniar en lo que realmente importa —alegó, levantando sus hombros y prosiguiendo—. Y bueno, pasé un momento divertido.

—Viniendo de ti puedo pensar lo peor con algo tan simple —parpadeó una y otra vez. Si la gente pensaba que él era un pervertido es porque no sabían lo libertino que era Hadrien.

—Pero somos buenos amigos ahora.

—No sé qué me sorprende más…tu cinismo o que las mujeres no te odien…

—Y ahora tengo otra especie de predicamento interno —soltó con un claro timbre de seriedad.

—¿Y qué es? —porque él no se callaría hasta que le preguntara por ello; ahora le quedaban claras sus intenciones.

—Tengo un pequeño dilema existencial llamado…Sora…

—Así que también andas en las mismas que esos dos —descansó su codo derecho sobre la mesa, dejando caer su rostro con flojera. Al menos había pedido papas fritas y comía tranquilamente—. ¿Y bien, cuál es el problema en ello?

—…Que creo que es algo más que una amiga cercana de Aoi…—mencionó casi en un susurro—. Ya sabes que le gusta golpear a la gente…¿y si ella es así?

—¿Por qué estamos hablando de estas cosas?

—Porque eres mi amigo, los otros dos están flirteando y Axelle está con Rieta… Y Kagami es un idiota.

—¿Te gusta al menos?

—Es muy pronto para decirlo. Me simpatizó, pudimos hablar como personas decentes y es bonita.

—Sigo sin ver tu dilema existencial…—al final terminó con ambos codos sobre la mesa y una cara muy obvia de aburrimiento.

—Estoy indeciso sobre invitarla a salir y esas cosas, por Aoi principalmente. Ya ves que es muy maniática y moralista.

—La cuestión es que tú eres demasiado liberal —le señaló.

—No es como si fuera a decirle que quiero que pasemos a segunda base tras un par de salidas.

—Eres capaz de eso —sonrió burlesco. Lo peor es que el otro no lo negó.

—Ella no parece esa clase de chicas, Daiki. Así que dudo que pase —suspiró largamente—. No sé cómo lidiar con esa clase de mujeres que creen en el amor puro y sincero…y esas cosas pasadas de moda.

—Te recuerdo que eras tú el que estaba viendo películas cursis antes de terminar el año.

—Creo que por el momento mantendremos una amistad. Saldremos como meros amigos y veré cómo van funcionando las cosas.

—¿Si ya lo sabías, para qué me haces perder el tiempo? —se quejó con notorio cabreo.

—Ya que tengo un peso menos encima, vayamos a molestar a Tohma y Leo —Aomine ahora entendía por qué lo relegaban de sus vidas amorosas; era un pesado de lo peor.

Las cosas deliciosas que había en el mundo podían ser resumidas en aquellas enormes y exquisitas rebanadas de elegante pastel selva negra, que recién habían sido llevadas a su mesa y que empezaron a disfrutar en la brevedad posible. Después de una bien merecida comida, nada como el postre y más en un restaurante tan compacto y hogareño como en el que se encontraban.

—No me sorprende que te hayas echado pareja allá en Inglaterra —Axelle ya iba por la mitad de su pastel.

—Fue algo meramente pasional, pero que sin duda me inspiró para mi siguiente publicación —esbozó una pequeña sonrisilla—. Ya me contaste que estás modelando y actuando, pero qué hay sobre tu vida amorosa.

—Ah, bueno…eso….—miró en otra dirección, queriendo pasar del tema—. Tengo pareja. De hecho, llevamos un poco más de cinco meses de estar saliendo.

—¿Y cómo es él?

—…Tiene un cierto aire a Kai…pero no demasiado —soltó rápidamente.

—¿Con que a Kai, eh? ¿Sigue siendo el mismo amargado de siempre?¿Ya se casó y tiene una familia feliz?

—La respuesta es…no.

—Pensé que te encontraría soltera…—suspiró, lamentándose que las cosas no salieran como ella quisiera. Así que quiero conocerlo —se levantó de su asiento, clavando su vívida mirada en ella.

Por esa razón le dije que no viniera por mí este día, pero… No va a salir nada bueno de que los dos se conozcan…Él está muy ocupado, así que dudo que se pueda este fin de semana.

—Es tu novio y hará lo que sea necesario para verte mañana, ¿no es así Axelle? —esa sonrisa angelical engañaba al mundo pero no a ella.

—¿Sí…?

—Tengo mucha curiosidad de saber cómo es tu novio, Axelle. Podría inspirarme para la creación de alguno de mis personajes —nuevamente tomó asiento y se centró en ella.

—…No creo que ese sea el caso, Rieta…De hecho temo por lo que puedas hacerle…Si dejaste traumado a Kai, que no puede verte por demasiado tiempo, no sé cómo acabará Daiki…

—¿Qué te parece si ahora vamos a comprar algunos juegos?¿O quieres ir al karaoke? —la segunda palabra mágica que hacía de Axelle una chica cooperativa en el ámbito social.

—Vayamos a comprar juegos y luego al karaoke —sonrió de oreja a oreja. Esas ideas sí le daban alegría a su vida.

Al fin esos dos habían abandonado aquel restaurante familiar y caminaban sin rumbo fijo por la ciudad. Después de que el alemán molestara un poco a Leo por su venidera conquista, se sintió en paz consigo mismo y decidió que era hora de cambiar de ambiente y arrastrar a cierto moreno consigo. Fue así como sus pasos los llevaron casi por instinto al centro comercial para ponerse a curiosear.

—¿Vas a comprar alguno? —preguntaba el alemán a moreno. Habían ido a dar a una tienda de curiosidades y frente a ambos se postraba una lámpara de mesa de forma pentagonal hecha a base de vitrales, blanca y con delicadas decoraciones en forma de mariposa y hojarasca; una delicia visual.

—Quizás wsa… -señalaba con la mirada otra lámpara que compartía la misma estética, pero en vez de pequeñas mariposas tenía brillantes y coloridos girasoles.

—¿Y si le sumamos también eso de allí? —señalaba un estuche de colores de madera bonitamente empaquetados en un estuche de piel.

Para cuando esos dos pasaron la mercancía por la caja registradora y pagaron la cuenta de sus compras, se escondieron en un acto reflejo; menos mal que allí había un montón de cosas que incluso dos hombres tan altos podían pasar desapercibidos.

La razón de su repentino acto: la francesa entrando a la tienda en compañía de aquella chica que no le era familiar.

—…Ella es Rieta —le susurraba el alemán al moreno.

—Pues se ve normal…exceptuando su manera de vestirse… —la mirada de ambos no perdían de vista a esas dos que curioseaban y reían de vez en cuando.

—Va en la universidad, en el mismo año que nosotros y espero no en la misma que ustedes. Tiene dos hermanos mayores que están casados ya, por lo que es la consentida de papá y mamá… Y se ha hecho de bastante pasta por su trabajo.

—Ya veo que a las chicas a las que quieres ligarte las estudias bien.

—Se dedica a hacer…esos libritos que gustan mucho…¿Cómo se llamaban? Tienen dibujitos y toda la cosa.

—¿Mangas?

—Sí, eso. Ella se dedica a hacer eso y le va muy bien al parecer… —continuaba informándole—. Y tiene bastantes particularidades.

—¿No está muy pegada a Axelle? —le llamó la atención que la pelinegra estuviera tomándole del brazo y no le soltara, ni siquiera para curiosear por los alrededores.

—Ah, bueno, es que ella es su mejor amiga y ha pasado largo tiempo desde que no se ven…. Le gusta irse a estudiar en el extranjero.

—Pues no parece tan peligrosa como me lo hiciste pensar.

—Eso es porque no te ha conocido, Daiki… Pero deja que lo haga y no dirás lo mismo —aseveró con tono tétrico—. Querrás que otro pobre diablo estuviera en tus zapatos.

—¿A quién le estás mensajeando, Rieta? —cuestionaba la blonda a quien apenas había cogido el móvil para teclear con enorme maestría.

—Es sorpresa, Axelle. En la noche lo sabrás —alegó dulcemente.

Hadrien y Aomine encontraron el momento adecuado para escapar de esa tienda. Y aunque ya estaban varios establecimientos lejos de allí, algo los detuvo.

Era el tono de mensaje del celular del moreno.

—…Así que consiguió tu número, my friend…—ambos observaron el mensaje y la indicación perfectamente bien explicada para que no hubiera confusiones—. ¿Es un buen momento para decirte que es algo yandere?