¡Creo que el título de este capítulo habla por sí mismo! LOL Para quienes además de leer esta historia, siguen la de Guilty Pleasure, créanme, este episodio estuvo escrito antes de que se me pasara por la cabeza escribir un fic yaoi pero de aquí salió la base de todo XD Para quienes no han caído en el corrompido mundo del yaoi, ignoren la palabrería y continúen con sus inocentes vidas mientras disfrutan de la actualización.
Capítulo 117
Ella es un peligro para la sociedad
La temida hora de la reunión llegó, por lo que únicamente se miraron de reojo, tomaron una gran bocanada de aire y atravesaron la puerta de cristal, anunciando a todos su presencia gracias a la campanilla que alertaba a los dueños de que nuevos clientes habían llegado.
Se dirigieron de automático hacia la mesa en la que notaron de inmediato a cierta francesa. Sólo para detenerse de lleno en cuanto vieron que otra presencia femenina tomó asiento al lado suyo; aunque lo que en verdad les llamó la atención en ese momento es que habían unido dos mesas. Si solamente iban a ser cuatro, ¿entonces por qué había tres puestos adicionales?
—Asanuma Rieta, encantada de conocerte, Aomine Daiki —el moreno fue tomado en total sorpresa por la chica, misma que ya se había levantado y extendido su mano hacia él en señal de saludo-.
—Mucho gusto —estrechó su mano, notando esa casi imperceptible sonrisa burlona en sus labios. ¿Qué es lo que le causaba risa?
—¿A quiénes más estamos esperando? —preguntaba Hadrien tras tomar asiento frente a esas dos. Aomine quedó justamente en el lado vacío que restaba al lado de Axelle.
—Ya que he vuelto a Japón quisiera pasar un sábado por la noche en compañía de viejos amigos. Lamentablemente como no planeé esto con tiempo, Keigo y Ayaka no pudieron venir, pero…
—¿Pero…? —el alemán presentía quiénes eran los demás invitados de la noche.
—Como Kai está en Tokio, pensé que sería buena idea que saliera y socializara. Ya ven que es un amargado. Y claro, Marko y Leo están invitados —comentaba amistosamente—. Pero dudo que demoren, así que vayan pensando qué pedir. Esta noche yo invito —le guiñó el ojo a ese par de hombres que no se fiaban.
—¿No es suficiente castigo tener que verla y soportarla como para que le sumes al Ore-sama? —indudablemente esa era la voz mosqueada de Tatsuhisa, quien había llegado hasta la mesa acordada en compañía de esos dos extranjeros.
—¿A quién le llamas, Ore-sama, cretino? —alguien estaba obstinado en hacer que sus caminos se cruzasen. A leguas se notaba el ambiente hostil que se desataba entre sus miradas.
—Esta va a ser una noche loca…—mencionaba Marko, quien había sido mandado a que se sentara al lado de Rieta. Leo quedó entre Kai y Hadrien.
—Por eso traje esto para alguno de ustedes dos —y con eso se refería a aquel par de medicamentos, uno para las úlceras estomacales y otro para la migraña.
—¿Qué pediremos para cenar?
—Es obvio Hadrien. Pastel de pizza —notificaba la rubia.
—Es la especialidad de este sitio —secundaba el rubio.
—¿Así que juegas basquetbol, Aomine-kun? —empezó la charla la pelinegra, enfocando sus grisáceos ojos en el moreno—. Eso significa que tu condición física es buena, y claro está, tienes un cuerpo envidiable por muchos hombres y deseable para las mujeres.
—…Va a empezar…—susurraba el italiano con su atención puesta en el menú.
—Mientras no me meta a mí, no es mi problema…—espetaba en tono bajo Kai.
—Supongo —fue su respuesta raquítica a los comentarios de la joven. Aunque ella no parecía perturbada por su nulo expresionismo.
—Axelle me ha contado mucho sobre ti. Puedo decir que ha sido una tarde productiva en todo el aspecto posible —los celestes ojos del hombre se posicionaron en la aludida, ella sólo terminó mirando hacia el castaño—. Y creo que me gustas —el moreno simplemente flipó ante lo que le confesión sin tapujos ni nada de la pelinegra.
—…Estás en problemas…—sonrió burlonamente Tatsuhisa y Aomine lo notó sin problema alguno.
—Pero no de la manera física y emocional que crees. Me gustas para plasmar tu personalidad en una de mis creaciones —expresó casi cantarina. Incluso había levantado su bolso y colocado sobre su regazo—. Soy escritora y quiero publicar una nueva creación.
—…Ajá…—Daiki únicamente esperaba a que le dijera de qué demonios iba todo.
—Llevo un manga shoujo muy popular entre las chicas de secundaria, también una novela para adultos que a muchas mujeres les ha fascinado. Y hace un año aproximadamente incursioné en las novelas ligeras B-L, donde me fue de maravilla —había sacado su portátil y lo encendía con suma impaciencia—. Este año quiero empezar un manga romántico B-L, pero no he tenido buena inspiración a mi alrededor —soltó con decepción creciente—. Aunque eso fue hasta que Axelle me habló de ti y dije: ¡Es perfecto!
—¿Qué demonios es B-L?
—…Boys Love…—le aclaraba el alemán. En cuanto Aomine asimiló lo que esas dos palabras conjugaban, no pudo más que mostrar su inconformidad poniéndose de pie para mirar asesinamente a esa mocosa.
—¡¿Pero qué demonios?!
—Bien, eso era justamente lo que iba a pedirte, Aomine. Me gusta que estemos en la misma sintonía —la mujer le importaba un bledo su semblante de pocos amigos, ella se levantó y se acercó a él, examinándole de arriba a abajo—. Eres bastante alto, aunque eso no es lo importante…Tus bíceps son magníficos y tus tríceps no se quedan para nada atrás. Tu abdomen es bastante impresionante —no sólo eran sus ojos los que apreciaban los atributos físicos del moreno, también sus manos estaban cerciorándose de ello—. Y aunque tienes ese semblante de pocos amigos, tienes tu encanto —sonrió con notoria satisfacción—. Aunque…
—¿Aunque…? —el pobre hombre se sentía ultrajado.
—Todavía tengo curiosidad sobre otra parte de tu anatomía. Quiero ser lo más fiel posible para que el personaje no se sienta irreal de ninguna manera —se escuchó pensativa—. Pero estando en público no se puede comprobar…
—Oh por dios, ella va a…—las celestes pupilas de Kai se abrieron como platos soperos. Él sabía lo que iba a venir.
—Umm…La ropa siempre hace parecer algo más grande de lo que en verdad es…—comentó con naturalidad. Su vista había descendido sobre el orgullo de muchos hombres—. Axelle —enfocó su atención en la francesa, sonriéndole dulcemente—, ya que lo conoces tan bien, ¿de qué tamaño la tiene?
Nadie allí estaba bebiendo absolutamente nada ni mucho menos tenían algo que estuvieran comiendo, pero esa pregunta, ese simple cuestionamiento hecho tan abierto como sin pudor alguno, hizo que todos allí se ahogaran con su saliva y la cara se les pusiera de todos los colores posibles. Incluso alguien tan descarado y pervertido como Aomine Daiki estaba rojo de la pena por una pregunta tan concisa sobre la longitud de cierta área de su cuerpo.
—¿Entonces aún no lo han hecho? —arqueó una de sus cejas, cruzándose de brazos y suspirando con enorme desilusión—. Creo que aplicaremos el mismo método que la vez pasada.
—¡No, no esta vez! —exclamaba la rubia. Ella sabía a lo que se refería.
—…Maldita arpía…—mencionaba el rubio.
—Algunos traumas nunca se van, ¿verdad Kai? —Hadrien, como buen amigo le dio apoyo moral al blondo.
—Entonces te lo encargo Axelle—le pidió con una inocencia que costaba creer el verdadero encargo que le ponía en manos—. Ya me dirás si es bueno o no, o sí llenó todas tus expectativas. Trata de ser objetiva, no sólo porque lo quieras debes decirme que es bueno en la intimidad, ¿entendido? —nada como la señal de amor y paz con su mano para darle esa confianza que necesitaba para llevar a cabo tan importante misión.
—Ella es una…—oficialmente, Aomine estaba en shock. No asimilaba nada de lo que acababa de pasar y lo último lo había dejado frío de los pies a la cabeza—…Es peor…de lo que…imaginé…
—Y esto es apenas la punta del iceberg…—el alemán, ayudándole con semejantes palabras de alivio.
Aquel par tomaron asiento tras contemplar que ya iban a servirles.
Al parecer alguien se encargó de pedir para todos la especialidad de la casa, así como las bebidas correspondientes. Por lo que procedieron a probar aquel manjar de dioses; llevándose la grata sorpresa de que sabía demasiado bien.
—Estaba indecisa si sería el uke o el seme, pero al final me decidí por el pasivo…—porque esa mujer continuaba trabajando sobre su historia al tiempo que consumía su rebanada de pastel.
—¿Uke? Él no cuadra para nada en esa denominación.
—Ey, Axelle, te dije que dejaras de leer esas cosas —se sentía atacado por esa mujer y lo peor es que no sabía cómo responderle a sus cosas, porque no entendía con qué carajo se refería a esos términos—. Ya suficiente tengo con que usen mi información que "alguien" amablemente le compartió…—criticó, con un par de venitas saltadas.
—Era demasiada tentación, Daiki…Me compraría todo los juegos que yo quisiera —al menos alguien era feliz.
—¿Y si Daiki será el uke, quién será el seme? —porque a Hadrien también le gustaba fregar—. Te informo que a Marko le gusta darle su cannoli a un rubiecito.
—Marko, jamás pensé que llegaría este día —miraba ahora al italiano con ilusiones y esperanzas renovadas—. Creo que un personaje dulce y romántico como el tuyo podría caerle muy bien a mi historia. Voy a manejar dos parejas de manera simultánea.
—Voy a matarte…¡maldito bastardo! —no lo asesinaba porque le quedaba lejos y era un lío para salir de donde estaba sentado.
—Pero considerando quién será la pareja…Creo que Aomine quedará como uke… —asintió repetidamente, llena de orgullo por su resolución.
—¡¿Qué demonios es el uke?! —cuestionó furioso, mirando a la culpable de todo, o sea, a Rieta.
—Es al que le dan y se lo violan siempre —en verdad que el alemán estaba disfrutando del espectáculo—. Ya sabes, el sumiso, el que va abajo…Lo que era Kise para Marko —nunca estaba de más recordarle eso al italiano. Una pena que ese tenedor hubiera fallado, pero el salero no, así que ahora Hadrien estaba con un chichón en la frente y quejándose de la sal que había entrado a sus ojos.
—¡Yo no soy sumiso ni nada por el estilo! —objetó más que encendido.
—Pero los dos no pueden ser seme a la vez…O quizás pueda darte tus momentos de seme…—expresó reflexiva Rieta.
—Voy a arrepentirme de preguntar, ¿pero en quién te basarás para hacer al seme? —interrogaba Leo con curiosidad. Podría ser cualquiera de ellos y lo sabían.
—Hasta la pregunta sale sobrando mi querido Leo. Está claro que me usaré a Kai para ello —ella sonreía fantásticamente, el blondo escupía de lleno la soda que bebía tranquilamente y Daiki por su lado le faltó poco para ahogarse con lo que estaba tragando. Ese par de pararon, estampando sus manos contra la mesa por el claro agravio que estaba haciéndole a sus personas.
—Te agregó que ya me usaste para ese estúpido shoujo, pequeña bruja —no eran dos sino muchas venitas saltándole, dispuestas a estallarles. Y esa mirada suya daba mucho miedo.
—¡…De ninguna manera vas a emparejarme con ningún hombre y mucho menos con un idiota como éste! —si las miradas asesinaran, esa chica ya estaría varios metros bajo tierra. Sin contar que el moreno se cargaba una aura de pocos amigos—. En todo caso, es él quien iría abajo —su orgullo ante todo. Él no podía permitirse ser dominado por nadie.
—Cállate, sumiso —refunfuñaba el otro—. Si en el remoto caso en que me terminaran gustando los tíos, claramente no iba a ser el pasivo…como tú, Ahomine —porque debía dejar las cosas claras allí y ahora.
—Maldito bastardo —chasqueó la lengua más que enfurecido.
—Ella está usando esta pelea para su historia—el danés miraba a la feliz chica, tecleando rápidamente con una sonrisa de oreja a oreja.
—Este es material de primera calidad —los dedos de esa mujer eran un espejismo borroso para todos los que no estaban en la grilla.
—Le dije a Daiki que ella era peligrosa, pero nunca me cree nada —el muy descarado sonreía mirando a ese par pelear, defendiendo sus posturas de por qué eran los dominantes y no los sumisos.
—Es inútil que intente detenerlos —Axelle se había resignado a que esos dos no cesarían su riña. Ni siquiera porque ya eran el centro de atención del resto de los clientes.
—El único problema es que nos van a sacar de aquí —suspiraba el danés, mirando que ese par ya estaban fuera de sus asientos, discutiendo cara a cara—. Sólo tú puedes hacer que Kai caiga en un juego de provocación tan obvio.
—Mira que tener que ver también tu cara. Suficiente tengo con esa mocosa molesta y de gustos extraños —mencionó con saña el moreno.
—No crees que me hace muy feliz el que te emparejen conmigo, eh, idiota —espetaba hoscamente el otro—. Vayamos afuera y arreglemos esto en la cancha, como hombres.
—Me parece bien.
—Un one-on-one —mencionaron esos hombres a la par, con la motivación literalmente ardiendo alrededor suyo.
—¿Por qué están sonriendo ustedes dos? —y por esos dos, Marko hacía referencia a Rieta y Hadrien.
A Axelle, Marko y Leo se les cayó la quijada sobre la mesa. Ahora entendían perfectamente la razón que les proporcionaba tanta felicidad a ese par. Y al mismo tiempo no supieron cómo reaccionar por lo que las palabras no salían de su boca y únicamente se les podía escuchar emitir ruidos indescifrables.
Sin embargo, los que estaban peor eran las víctimas de ese par de burlescos chicos.
Habían salido corriendo con dirección al baño como si no existiera mañana, aguantándose las ganas de devolver todo lo que su estómago poseyera y maldiciendo a toda voz lo que había pasado. Lo primordial era que enjuagaran su boca con abundantes chorro de agua, jabón y posiblemente desinfectante.
Esos dos cabrones se aproximaron a ellos y creyeron divertido empujarles mientras discutían y se olvidaban del mundo y de todos. Mal día para tener la misma estatura.
—Besos como estos son un cliché en las historias, pero a todo el mundo les gusta —Rieta podía verse tan inocente y tierna, pero qué gran error.
—Todo sea por una noble causa.
—Hadrien, tú sólo quieres molestarlos…—el italiano suspiró. Ahora esos dos estarían peleando a cada rato, claro, si podían aguantarse la mirada.
—Algo parecido hice el verano pasado —la francesa había asimilado la situación y continuaba comiendo como sí nada.
—…Hida Junichi…Kinugasa Mamoru…Es así como se llamarán sus personajes. Y he decidido añadirle una amiga de la infancia para que haya un poco de disputa femenina —por algún motivo sus grisáceas pupilas observaban al alemán.
—¿Pero qué demonios….?
—Serás Nonomura Aiko, su amiga de la infancia y la persona que ama en secreto al buen Junichi. Tendrás un papel vital en la historia y bueno, intentarás devolver a tu hombre al buen camino y alejarlo de las malignas garras de Mamoru —si el argumento era cosa fácil para ella.
—O sea que serás la antagonista. Interesante —mencionó el peli blanco, sonriéndole vilmente al alemán.
—¡¿Por qué debo ser mujer?! ¡No me cambies el género!
—Te lo tienes bien merecido —se alegraba infinitamente el italiano.
—Las relaciones entre profesores y estudiantes siempre son picantes y llenas de pasión y cosas prohibidas.
—¡Porque son prohibidas! —a buena hora le salía lo moralista a Hadrien.
—Así que decidí que Mamoru será un apuesto y codiciado maestro de lengua extranjera, recién egresado y con aspiraciones de volverse mejor en su nuevo trabajo. Cosa que se ve pausada por cierto alumno: Junichi; quien es un asco en la materia y si no hace que se ponga al corriente con el resto, el promedio de la clase se irá a pico… Es la idea a grandes rasgos, pero más noche la definiré mejor.
—Suena a que venderá mucho —susurraba la francesa.
—Suena a que querrán saber en quiénes te basaste para los personajes —le seguía el juego el castaño.
—Sin duda ha sido una noche productiva e inspiradora, ¿no les parece así, Kai, Aomine? —ese par habían vuelto, con una cara de ogros que aterraba a todos los mortales circundantes y qué decir de esa aura oscura que los volvía en los villanos de la historia.
—¡TÚ, MALDITA!
—Su historia de amor y pecado se llamará Guilty Pleasure.
—¡De ninguna manera!
Independientemente de lo que se podría creer, la cena terminó en total paz. Y aunque esos dos pobres hombres estaban que no los calentaba ni el sol ni nada, tuvieron que comportarse o terminarían corriéndolos a todos.
Así que para cuando salieron de ese restaurante, lo único que querían era pirarse de allí y rogarle a todas las deidades existentes que nunca más volviera a cruzarse en su camino.
—¿Alguien quiere ir a un karaoke?¿O contemplar el amanecer en una playa cercana?
—Yo me largo a mi casa…y por mi casa me refiero a la que tengo en Tohoku…—ya se había tomado un par de tabletas para la migraña y la úlcera estomacal.
—Me voy directo a mi casa —proseguía el moreno. Estaba agotado mentalmente; ahora le quedaba claro por qué Hadrien le advertía sobre ella.
—No sean aburridos. Vayamos a divertirnos y tener un poco de acción —les valía un comino que ya estuviera entre los dos, así como que hablara con aquel entusiasmo. Lo que no podían dejar pasar era lo que había hecho para hacer que se despabilaran y se unieran a sus locas ocurrencias.
—Ella acaba de…
—…Toquetearnos…—no es que esos dos fueran puritanos que digamos, pero nunca se vinieron venir lo que ella había hecho. Lo peor es que les ardía.
—¿Qué se siente que una mujer les dé una nalgada, eh campeones? —porque Hadrien no podía dejar pasar otra oportunidad con ellos anonadados y con semblante de recién violados.
—…Les aconsejo que cooperen…o hará algo peor…—porque Marko había pasado por su misma situación.
—Esa toqueteada debería ser su menor preocupación…—murmuraba el danés.
—Dejan…de mirarme de esa manera…—Axelle sentía la presión visual de aquel par de abusados hombres. Esas miradas le decían clara y desesperadamente: "sálvanos".
—¡¿No vas a decirle nada?! —Aomine ya no quería conocer a ninguna amiga más de Axelle. Es más, estaba a nada de agradecer que se llevara con puros tíos.
—¡Manoséalo sólo a él! —recriminaba el rubio.
—Listo, ya me siento en paz ahora —sonreía vilmente la rubia, aproximándose a su querida amiga para empezar a caminar sobre la acera—. Ahora vayamos a algún karaoke o algo así, Rieta.
—¡¿Tú también?! —porque su novia era igual de descarada y había repetido la acción que la peli negra.
—Va a ser una noche tremendamente divertida —sonreía lleno de brío el buen Hadrien; ese par simplemente lo miraron con odio puro antes de tumbarle sobre el suelo. Qué buenos golpes propinaban ese par.
Al final terminaron yendo a la cancha de basquetbol que había cerca del metro, más que dispuestos a quemar las calorías que recién habían adquirido, mientras las chicas se dispusieron a comprar las bebidas para después de su actividad física.
Y aunque carecían de balón y los ropajes adecuados para aquel deporte, la primera falla podía ser solucionada gracias a que había un grupo de chicos que habían tenido la misma idea que ellos. Aunque lamentablemente la declaración amistosa de una reta quedó en el aire en cuanto esos celestes ojos se cruzaron con esos castaños, burlescos y que le irritaban sin demasiado esfuerzo.
—Tatsuhisa…qué coincidencia más grande. Escuché que ya estás totalmente recuperado de aquel evento desafortunado que tuviste hace varios años atrás.
—…Tanaka…—ante ese simple nombramiento, alguien más estaba respondiendo a tan cálido saludo.
—Así que tú fuiste el maldito que se atrevió a ponerle una mano encima —no había demorado nada en aproximarse al pelinegro y cogerlo del cuello bruscamente, clavando su hostil mirada en él.
—¿Acaso hablas de Axelle? —siseó, sonriéndole vilmente. Yo quería hablar con ella pero se resistió y se puso demasiado hostil para mi gusto.
Las intenciones del moreno habían sido golpearle directamente al abdomen y hacer que se retorciera de dolor sobre el suelo, pero su plan no había salido como él deseaba. Tanaka podría resultarle una escoria, pero sabía cómo evitar golpes y al mismo tiempo, devolverlos.
—Tienes buenos reflejos, Aomine Daiki —felicitó socarrón el alto y fornido chico—. Pero eso no será suficiente para que puedas golpearme…. Por cierto, los labios de tu novia saben muy bien…—no necesito decir nada más para que el moreno quisiera írsele encima como una bestia, sin embargo, la persona menos pensada fue la que se interpuso entre él y su deseo asesino.
—…Tengo tantas ganas como tú de devolverle el favor a este idiota, pero primero…hagamos que su lindo orgullo se destruya y no le queden más ganas de volver a tomar una pelota de basquetbol entre sus manos…—sonreía, pero no de una manera que le haya visto anteriormente, sino con una malicia palpable y un hambre terrible por destruirlo dentro de la cancha. Si esa era la verdadera naturaleza de Kai, entonces podía asegurar que era un hombre peligroso dentro y fuera de la duela.
—…Hasta que dices algo útil para variar, Tatsuhisa —su dura mirada y esa marcada sonrisa llena de superioridad, se hicieron presentes. Nadie venía a hacerse el chulo en algo que él dominaba tan endemoniadamente bien y menos un cretino como él.
—Nos bastamos y sobramos, ¿no es así chicos? —Marko no iba a quedarse fuera y tampoco sus dos altos amigos.
—Enseñémosles un poco de educación, porque creo que la requieren —mencionaba con fingida calma el danés.
—Espero se abstengan de salir llorando después de que les ganemos. No estamos para tolerar eso —soltó vilmente el alemán.
—Les daremos un poco de ventaja, para que vean que somos amables —decía altaneramente Tanaka para sus compañeros; éstos simplemente se echaron a reír. Ese grupo de hombres estaban cabreándoles de verdad.
La contienda no demoró en dar inicio, con el balón del lado del blondo. No por nada había dedicado una parte de su vida al baloncesto y tampoco estaba de humor para dejar que esos idiotas les aventajaran; y el resto de su equipo tenía esa misma idea en mente.
Los jugadores empezaron a correr a través de la cancha, intentando que los pases y deseos del equipo contrario hallaran la frustración y el bloqueo total. Debían reconocerles que no jugaban nada mal y que se congeniaban bien como equipo; al menos no habían resultado ser tan boca suelta.
Pero eso no les bastaría para frenar a ese equipo formado de manera improvisada. Podrían pertenecer a diferentes equipos y no congeniar del todo bien, pero no permitían que el contrincante hiciera movimientos significativos.
—Tsk…Ese sujeto es muy molesto. Ha bloqueado todos mis intentos —mencionó uno, mirando con aversión del alemán. Su altura no estaba de adorno y tampoco es como si no pudiera defender la cancha.
—Pues igualmente debemos cuidarnos de los pases de ese enano. Son muy buenos —mascullaba otro, secando el sudor que afloraba por los poros de su frente.
—Es normal que Aomine sea tan bueno, pero recuerdo que mencionaste que el idiota de Tatsuhisa estaba fuera de forma y sería fácil barrer el piso con él —espetaba un tercero. No había podido hacer ningún movimiento porque cierto danés se había convertido en su temible sombra.
—Parece que has estado ejercitándote. No tendría caso si no te venciera estando en tu mejor forma, Tatsuhisa.
—Lástima que no podré decir lo mismo de ti —soltó secamente, sin ningún gesto visible en su rostro—. Este juego es todo nuestro.
—Se arrepentirán de habernos desafiado —hacía segundo el moreno con ese tono hosco que le caracterizaba cuando estaba de muy mal genio.
La intensidad del juego subió para ese grupo altanero, por lo que pronto el puntaje estuvo de su lado sin dificultad alguna. Si manejar a un As de la Generación de los Milagros no era suficiente, le sumaban esos tres ases de las universidades más prestigiosas de todo Tokio y la dirección magistral del blondo.
Pero eso no iba a desanimarlos, sino todo lo contrario. Parecían tener un plan bajo la manga para controlar a jugadores como ellos.
—¿Estás bien? —preguntó Hadrien a Leo tras contemplar que el esférico prácticamente se fue a estrellar contra su muñeca.
—Bien. No fue lo suficiente fuerte como para entumírmela —alcanzó a decir antes de que tuviera quitarse del camino y manejar su desbalance para no caer. Aquel hombre en su búsqueda del esférico había corrido hacia él, estando a nada de tumbarlo.
—Así que eso es lo que pretendes —Kai torció el ceño ante las artimañas que empezaban a vislumbrarse sobre la cancha.
—Solamente un cobarde recurriría a esta clase de maniobras.
—No llevo ni media hora de conocerte, pero ya estás empezando a cansarme, Aomine Daiki —sentenció rudamente el pelinegro—. Voy a aplastarte.
Ahora debían no sólo enfocarse en su partido, sino también en evitar que los balones salieran de control o los acercamientos demasiado sospechosos de esos jugadores, llegaran hasta ellos; porque estaban más que seguros que atacaban a lastimar seriamente.
Por varios minutos más el juego continúo con normalidad, sin percances y evitando que sus rivales encestaran una mísera canasta mientras las anotaciones las dejaban en manos de Aomine, quien ocasionalmente optaba por burlarse en sus caras y pasarle el balón al italiano para que él se encargara de hacer el remate.
No obstante, en aquella canasta que les perteneció sin problema alguno al equipo de Daiki, algo empezó a ir mal desde que notaron que esos dos hombres no habían saltado con toda su fuerza y que además, parecían tener muchas ganas de dirigirse hacia la media cancha en la brevedad posible mientras el esférico continuaba en juego, retando a todos a ver quién lo cogía primero.
El sonido fue seco, abrupto y pudo ser percibido por todos sin problema alguno. La caída había sido inevitable y bastante contundente. Pero no había sido su total culpa; en el instante en que sus pies apenas caían sobre el suelo y amortiguaban la presión del salto efectuado, aquel par salieron disparados, chocando hombro con hombro y haciéndole perder el equilibrio.
—¡Ey enano, ¿estás bien?! —Daiki no fue el primero en agacharse frente al caído, también lo habían hecho sus otros dos viejos amigos.
—Idiota, eso es ir demasiado lejos —aseveraba el alemán, con una mirada envenenada, dedicada especialmente a esos tramposos chicos.
—E-Estoy bien…—reaccionó al fin el castaño, levantándose con lentitud. Se tambaleaba un poco a causa del golpe que sufrió contra el duro piso—. Por suerte no tengo nada roto o desgarrado…u Osamu-san me asesinaría —sus ropas estaban sucias, tenía raspones y estaba desorientado, así como un tanto mayugado, pero nada demasiado grave—…Terminemos con esto de una buena vez que estoy empezando a mosquearme…—no era esa cortante mirada la que calaba, sino el tono tan calmado que usó en esas palabras.
