Hola! Espero que anden bien n.n
Gracias por leer este fic que ya se acaba en la próxima actualización...
Ojalá que este capi les guste, me costó mucho hacerlo (de verdad).
Espero no decepcionarles... n.n...
Besos a todos, y gracias por sus comentarios, que me gusta leerlos. :)
Capítulo 14
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El sol se encontraba resplandecientemente adornando el extenso cielo atestado de gran cantidad de nubes, de distintos tamaños y formas. Una pequeña brisa recorría la azotea en donde dos jóvenes se ubicaban sentados a la guarda de una pequeña sombra, hecha por unos pilares situados a contraluz del gran astro brillante y cálido.
Sasuke la mantenía abrazada desde que habían salido del salón, luego de todo lo que había sucedido. Los pequeños sollozos de la muchacha eran los únicos que se escuchaban en el lugar, y unas lágrimas humedecían la parte delantera de la camisa de él.
Acarició nuevamente la espalda femenina en un intento de tranquilizarla, pero era inútil, su llanto no cesaba.
-Tarde o temprano esto pasaría – dijo aferrándola más a él.
-T-todo fue m-muy… no puedo c-creerlo, Sasuke – respondió ella entre sollozos.
-Ya pasó, todo está bien.
-N-no… no lo está.
-Lo está, Hinata – explicó seriamente – Ahora deja de llorar.
Se oyó el ruido de la puerta de la azotea abrirse, seguido de unas voces bastantes conocidas. Sasuke dirigió la vista hacia la dirección donde aparecerían esas dos personas, cada una con cabellera rubia.
Estaba en lo correcto. Ahí estaban, un poco sonrojados por lo que debió ser el ejercicio hecho en la búsqueda de ellos dos, luego de desaparecer del aula.
-Eh…– Naruto sonaba nervioso, y era porque lo estaba, ya que una mano rascaba su nuca. Característico de él cuando estaba a punto de dar malas noticias. – Chicos… nos han dicho que…– miró a la chica que estaba a su lado, quien también lucía nerviosa.
-Ya dilo, Naruto – le espetó el moreno al bajar la vista hacia su novia que todavía seguía sollozando en su pecho, sin importar la presencia de los otros dos chicos en la azotea. – A estas alturas, lo que digas, no puede ser peor. – Acarició un mechón azulado antes de colocarlo detrás de la oreja femenina.
-Al parecer… – su amigo seguía nervioso. Todavía sin mirarlo, podía jurar que seguía rascándose la nuca.
-La directora quiere verlos – habló rápidamente Ino – Creo que le han llegado rumores de lo que ha sucedido.
Hinata se tensó ante lo dicho por su amiga, por lo que Sasuke reforzó el agarre para que no se sintiera peor de lo que ya se sentía ante lo ocurrido.
-Al parecer, los rumores viajan más rápido que la luz – contestó acariciando suavemente la húmeda mejilla de su novia. – Acabemos de una vez con todo esto – susurró en su oído.
-Pero… – levantó la vista perlada, un poco enrojecida por el llanto –…t-tengo miedo, Sasuke.
-Por favor, Hinata – le recalcó serenamente sin dejar de mirarla - ¿Qué es lo peor que podría pasar?
-¿Expulsión? – preguntó el rubio antes de soltar un quejido de dolor – Eso dolió, Ino.
-Mejor mantén la boca cerrada, Naruto – le dijo la muchacha en tono de reproche.
-Lo correcto sería asegurarse que es – les dijo Sasuke a la vez que desarmaba el agarre con Hinata para levantarse – Vamos, ya que estamos en el baile, bailemos – le tendió la mano a la morena para que también se levantara.
-¿Qué baile? – preguntó confundido Naruto, antes de otro lamento - ¡Ino! Eso duele.
Haciendo caso omiso a las quejas del rubio, Sasuke sostuvo su mano en esa posición para que Hinata la tomara. Sus miradas se observaban detenidamente, encontrándose determinación en la de él, y miedo en la de ella. Pero él tenía razón, debían terminar con todo lo que estaba sucediendo, tal vez así llegaría la paz que necesitaban en ese día. Ella le sonrió tímidamente y, lentamente, tomó su mano.
-B-bailemos. – le dijo cuando la levantó y, tras eso comenzaron a caminar hacia la puerta.
-¿Por qué quieren bailar? – se escuchó a sus espaldas. - ¡Ouch! Ino, deja de golpearme…
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La puerta de la residencia Uchiha se abrió, no debía de haber nadie a esa hora. Su padre estaría en la empresa, su madre en su trabajo y su hermano en alguna clase de la universidad. Tras entrar, se dirigieron a la habitación, que desde hace un día compartían, donde al llegar junto a la cama, el moreno dejó la mochila en el suelo y se tiró cansadamente sobre el colchón.
Ella, por su parte, juntó lo que él había depositado en el suelo y, junto a su pertenencias, las acomodó ordenadamente en un rincón, todo captado por unos ojos de profundo color negro.
-¿Aún sigues nerviosa? – le preguntó en la misma posición en la que se encontraba – Todo salió bien.
-Yo…– habló dándole la espalda –… n-no entiendo.
-Es sencillo, Hinata – contestó levantándose de donde estaba y dirigiéndose hacia ella. Una vez detrás, colocó una mano en la cintura de la fémina, haciendo que ella diese un respingo por la sorpresa pero que, aún así, continuó sin darse la vuelta. – Nos graduaremos en cuatro meses, no hay caso de que no puedas terminar tu educación. Además, la secundaria es obligatoria, si nos llegasen a impedir el recibirnos, podrían tener ellos problemas. Cualquiera le teme a un juicio.
-Pero, Sasuke…–
-Pero nada – le interrumpió. Acercó más su cuerpo al de ella, haciendo que su espalda reposara en su pecho – Sólo agradece que las cosas no han empeorado.
Tras un asentimiento de cabeza por parte de ella, la hizo girar para enfrentarse a su mirada, los ojos color de perlas tenían un mínimo brillo, dejando pensar que por poco lágrimas caerían de ellos. Le acarició dulcemente el rostro, a lo que ella respondió bajando sus párpados al disfrutar la caricia. No sólo sus dedos la rozaban, sus labios también. Lentamente la besó, y ella correspondió, besándolo y abrazándolo por la cintura.
Le gustaba besarla, era algo de gozo, pero nunca podían llevarlo a cabo todo lo que quisiesen, y eso porque su relación no era conocida, hasta ese día. Ahora todos sabían, el juego de las escondidas se había terminado, ya podían respirar el aire fresco de la vida sin estar atentos a los demás.
Sí, a él le gustaba besarla, pero esta vez no quería sólo eso. Su mente comenzó a nublarse y su boca probaba el fuego de sus labios. Le quemaba, como su cuerpo que también estaba empezando a quemar. Lentamente posó su mano libre sobre su pierna descubierta, su mano también ardía, pero era un ardor placentero que no quería dejar de sentir. El beso dejó de ser pasible, empezó a darse con más voracidad. Su mano –ya no más quieta reposando en la pierna suave de ella – comenzó a subir, perdiéndose debajo de la pollera.
-S-sasuke… no – intentó decir deteniendo la mano que la tocaba. N-no…–
-¿Por qué no? – preguntó abriendo los ojos y mirándola fijamente, un notable sonrojo se veía en ella - ¿Por qué no, Hinata? – bajó su cabeza hacia su cuello y le dio una pequeña lamida, produciendo un pequeño quejido salir de su garganta. Sonrió, y tras eso, recorrió la curvatura éste hasta llegar a su oído, al que dio una suave mordida.
Ella no dijo nada, ni impuso resistencia, causando que otra sonrisa se formara en su rostro. Volvió a su boca para besarla nuevamente, respondiendo ella con un agarre en su cuello. Le rodeó la cintura y la elevó sin dejar sus labios, dirigiéndose hacia la cama donde la depositó sutilmente. Se colocó encima de ella, sosteniéndose con sus codos para no tocar su estómago.
Un carraspeo desde la puerta lo hizo detenerse. Giró la cabeza y lo vio, su hermano cruzado de brazos bajo el dintel, con una sonrisa nerviosa. Volvió la vista hacia su novia, su rostro, rojo como un tomate, estaba siendo tapado por sus delicadas manos.
-¿Interrumpo algo? – preguntó Itachi conteniendo una risa.
-¿Qué quieres? – replicó el menor saliendo de encima de Hinata, y sentándose a un lado. Sin dudas su humor había cambiado.
-Tienen visita – contestó desarmando su posición de brazos para rascarse la nuca – Está en el living. – se dio la vuelta para retirarse pero la voz de Sasuke lo detuvo.
-¿Hace… cuánto estás aquí? – el mayor de giró nuevamente y le sonrió.
-¿En tu puerta o en la casa?
-¡Itachi! – gritó enfadado. Su orgullo no quería demostrar su vergüenza.
-He llegado recién. No te preocupes, no he visto nada. – volvió a girarse para irse – Apresúrense, los está esperando.
Al quedar solos, observó a Hinata, seguía del mismo color y sin descubrirse el rostro, y no la culpaba, la situación que había vivido había sido vergonzosa para ella… y para él, pero eso nunca lo revelaría.
-Vayamos a ver quien es – le dijo con total normalidad, como si no hubiera sucedido nada.
La muchacha se destapó la cara, aquella tonalidad estaba disminuyendo lentamente. Se incorporó en la cama, observó el piso y tras un profundo suspiro, asintió. El moreno se levantó y la ayudó a que hiciera lo mismo; acto seguido comenzaron a caminar hacia la puerta, mientras él veía de reojo como ella peinaba sus cabellos azulados con una mano.
-Espero no sea Naruto o sino…– comenzó a decir en voz baja pero su frase se encontró interrumpida al ver a la adolescente de cabellera morena sentada en el sillón de su living.
-¿Ha-hanabi? – preguntó Hinata con voz quebrada.
La visita sonrió ampliamente y se levantó de su asiento para rápidamente acercarse a abrazar a su hermana. Sasuke se sintió un extraño en tan íntimo encuentro, pero no hizo nada para darles privacidad, sólo se quedó allí, a un lado de su novia y hermana, viendo lágrimas de felicidad caer por el rostro de la muchacha de cabellos azulados. Cuando se separaron, se dirigieron al sillón, sentándose juntas y con las manos tomadas.
-Nadie debe saber que estoy aquí – dijo la morena con tristeza en la voz – Sólo quería saber como estabas y…– con un movimiento de cabeza señaló una maleta situada al lado de la puerta de entrada –… traerte lo que quedó en casa.
-G-gracias – contestó en una sonrisa Hinata – De verdad, gracias.
-No tienes porque agradecérmelo, somos hermanas. Te quiero y por eso es que quiero que estés bien – sonrió también.
-Ella lo está – dijo Sasuke seriamente – No tienes porque preocuparte.
-Sasuke – le retó su hermano mayor que seguía aún entre ellos – No seas maleducado con la visita – miró hacia Hanabi y le sonrió, pero ella le restó importancia y observó a su cuñado.
-Gracias por traerla.
-No tienes que agradecer, tenía que sacarla de ese loquero. – cruzó sus brazos al sentarse en un sillón frente a las muchachas.
-S-sasuke, no digas eso. – le explicó Hinata, pero su hermana le acarició un mechón de cabello para que la mirase.
-No le digas nada, tiene razón. Eso es, y siempre ha sido, un loquero. – una mueca de tristeza apareció en su rostro adolescente – Ya quisiera yo irme de allí.
-Nadie te lo impide – habló el Uchiha mayor acercándose hacia ella con una sonrisa cautivadora – Puedo brindarte apoyo, y darte un lugar donde dormir.
El ceño de la Hyuuga se arrugó ante tales palabras y atrevimiento por parte de aquel individuo. Una baja risa por parte de su hermana le hizo desviarse de la imagen de él, de aquel atrevido.
-¿Acaso intentas dártelas de pedófilo, Itachi? – le interrogó Sasuke en tono de advertencia – Déjate de molestar y vete a conseguir alguien de tu edad.
-¿Pedófilo? ¿Yo? – miró al moreno sentado a unos pasos de distancia – Me ha dicho su edad mientras ustedes "jugaban" – acentuó marcadamente aquella palabra, haciendo que Hinata se sonrojara y Sasuke, molestara – Ella 15, yo 19. No es gran diferencia.
-¿Jugaban? – preguntó Hanabi desconcertada, al ver el rostro de su hermana su ceño se frunció más - ¿A qué jugab…? – en eso se detuvo y también sonrojó. Tapándose la boca ahogó una risa – No me digas, ya entendí.
-No malinterpretes – le dijo Sasuke ocultando su molestia por sacar ese tema – Nada sucedió.
-Porque yo llegué a tiempo, ¿no, Sasuke? – sonrió victoriosamente el mayor. – Ahora si, a lo que nos concierne – miró nuevamente a Hanabi - ¿Qué dices?
-Digo que sí eres un pedófilo y que no tengo necesidad de ni siquiera darte la hora – respondió, haciendo que Sasuke sonriera de medio lado desde donde se encontraba al ver un Itachi anonadado.
-Hmp – fue lo único que el moreno de larga cabellera pudo emitir – Niñas – concluyó antes de retirarse de la habitación.
Una pequeña risa se escuchó en el lugar, al ubicar a la persona se sorprendieron. Hinata reía alegre pero tímidamente, reposando una mano en su pecho.
-¿Qué sucede? – preguntó la menor de los Hyuuga.
-N-nada – respondió aún riendo – S-solo me ha parecido d-divertido… Itachi-kun es igual a S-sasuke.
-No me compares con él – replicó su novio, para nada feliz.
-¿Por qué? ¿Es así de odioso? – interrogó curiosamente su hermana.
-N-no… fue p-por esa palabra – se serenó un poco y sonrió. – P-por una palabra.
Sasuke bajó la cabeza, no mostraría aquella sonrisa que estaba haciendo. Ella tenía razón, esa palabra había sonado a él, a Sasuke Uchiha.
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5 meses después
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Mikoto Uchiha depositó el retrato sobre el mueble cercano a los sillones del living. Por fin estaba revelada la fotografía de la graduación de su hijo. En la misma, se encontraba él con el diploma en mano, y a su lado, aquella nueva hija que tanto quería, Hinata. La muchacha sonreía tímidamente, tomando la mano de su novio, un poco serio ya que nunca le había gustado sacarse fotografías. Lo que resaltaba en la joven, además de sus ojos como perlas, era su estómago, el que, a pesar de haber sido habladurías durante tantos meses por parte de tanta gente, a Mikoto le llenaba de felicidad.
Ella no culpaba a los jóvenes, solo los apoyaba ampliamente como habían hecho con ella cuando a penas era una muchacha de diecisiete años embarazada. Ella conocía el como se sentía estar en cada tema de conversación, conocía bien ese rechazo. Pero también el apoyo que hace a uno olvidarse de el "qué dirán" y concentrarse en sus propias metas y felicidad.
Dejó de observar la fotografía y miró la hora. Hace unos veinte minutos que deberían haber vuelto de la universidad sus dos hijos. Itachi había ido a una clase de economía, mientras que Sasuke se había ido a anotar en una carrera, a pedido de su novia, ya que ella no quería que él dejase de estudiar por el embarazo.
-Lo haré - había respondido él tras varios días – Sólo así podré darle una buena vida a mi familia – su determinación hizo que casi cayesen lágrimas de los ojos de su madre. El verlo ahí, junto a su novia, diciendo eso, la llenaba de orgullo.
Ya era casi mediodía, su nuera debía de estar hambrienta, fue por eso que se decidió a prepararle el almuerzo y llevárselo a la cama, donde se encontraba desde hace una semana haciendo reposo, por sugerencia del médico de la familia. Al tener preparada la bandeja, se dirigió hacia la habitación, pero se detuvo antes de abrir la puerta arrimada. Dentro de la habitación se oía a Hinata con voz triste.
-P-pero padre…– escuchó. ¿Hablaba con aquel hombre despreciable? – Lo sé… s-sé que s-se avergüenza de mí.
La vergüenza debería de ser ese hombre, no ella. Pensó Mikoto. Todos cometemos equivocaciones.
-N-nacerá en menos d-de un mes… ¿V-vendrá a visitarme? – hubo una larga pausa por parte de ella – C-comprendo, no d-debo molestarlo por pequeñeces.
¿Pequeñeces? ¿Era para él una pequeñez un bebé indefenso?
-¡N-no, padre! – gritó Hinata en un sollozo – Ella… ella n-no me ha visto desde q-que me fui de la c-casa. Hanabi n-no está involucrada. – ¿Qué era lo que sucedía? – Lo p-prometo, Hanabi no ha hecho n-nada. No d-debe desheredarla.
La mujer Uchiha entró a la habitación, donde encontró sentada de espaldas a la entrada en la cama a Hinata. La cabeza la mantenía gacha, por lo que no dio noticia cuando ella ingresó.
-Adiós, padre – un grito se oyó del otro lado de la línea, provocando un sollozo en la joven. – Entiendo, adiós, señor Hyuuga.
Al cortar la llamada telefónica, llevó las manos a su rostro para secar las lágrimas que le impedían ver, su padre la detestaba, la había desheredado hace tiempo y ya la proclamaba como desconocida.
Ella había llamado a su antigua casa para poder hablar con su hermana, pero quien había contestado había sido su padre. Le había blasfemado de todas maneras posibles, haciéndole entristecer. Había dicho incluso que Hanabi la había estado viendo, y que por eso la desheredaría también, pero ella había jurado que no fue así. No podía permitir que su hermana acarreara tal problema cuando sólo no había hecho más que ayudarla y visitarla secretamente en todos esos meses.
-Hinata – oyó una voz a sus espaldas, al girar se encontró con la triste expresión de la madre de su novio. Ésta traía en sus manos una bandeja con comida - ¿Te encuentras bien?
-Sí – mintió ocultando su tristeza – E-estoy bien. G-gracias por preguntar.
-Lo he escuchado todo – dijo la mujer depositando la bandeja a un lado, sobre la cama, mientras la muchacha se acomodaba apropiadamente para su reposo. La noción de eso preocupó a Hinata. – No te lamentes, nosotros estamos contigo.
La amable sonrisa en la mujer hizo que a Hinata le entraran ganas de llorar, y así lo hizo. En esa casa no habían hecho más que ayudarla y acompañarla. Sentía pena. Pena por ella, por su hermana, por todos. Porque al estar con ella, se perjudicaban.
Las lágrimas no se detenían, por más que quisiera, no detenían su curso. La mano de Mikoto acarició sus cabellos con intención de calmarla, sólo eso, porque se mantuvo callada para demostrarle que podía desahogarse. Y se lo agradecía, profundamente se lo agradecía.
Un dolor en el pecho acompañó sus sollozos, pero no se iría de ella hasta que no se librara de sus penas, las cuales desaparecerían junto a la furia hacia su padre luego de llorar.
Era un hombre sin sentimientos, la detestaba, y eso la hacía sufrir…
De repente, sintió que le faltaba el aire. El dolor de su pecho se vio opacado por una fuerte punzada en su cabeza y estómago. Llevó su mano a su vientre, el dolor se incrementaba en la zona, era atroz.
-¿Hinata? – preguntó preocupada la mujer mayor al ver aquella acción – ¿Qué sucede?
-Yo… m-me duele… mucho – no podía hablar, no podía explicar específicamente que le sucedía.
-¿Te duele el vientre? – preguntó alarmada la señora Uchiha, a lo que ella asintió – Yo… - se levantó rápidamente y la ayudó a ella también –… te llevaré al hospital.
-M-me duele…–
-No te preocupes, no te preocupes.
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-¿Puedes creer que sigue llamándome así? – dijo enojado Itachi cuando frenó al aviso de la luz roja del semáforo
-No me interesa como te llama, sólo mantente callado – explicó su hermano menor. ¿Por qué tuvo que esperarlo esos veinte minutos hasta que acabases sus clases? Si no lo hubiera hecho no habría estado ahora con ganas de cocerle la boca.
-Yo solo intento ser bueno con ella. Digo, somos… seremos familia, ¿no? – ignoró la molestia de Sasuke. – Esa niña…–
-Sólo cállate, Itachi – le espetó furioso. Es eso sonó su celular, por lo que lo sacó de su bolsillo y atendió sin mirar el número. – ¿Sí?
-¿Sasuke? – era la voz de su madre - ¿Dónde estás?
-Yendo con tu insoportable hijo mayor hacia casa, ¿Qué sucede? – ignoró el quejido de molestia de su hermano mientras arrancaba nuevamente el auto.
-¡Vengan al hospital! – suplicó angustiada ella – Hinata… ella…–
-¿Qué? – preguntó extrañado, una sensación en su pecho le decía que algo no iba bien.
-Ella…–
-¿Señora Uchiha? – se oyó una voz masculina del otro lado de la línea – La placenta se ha desprendido, debemos operar inmediatamente.
La vista de Sasuke se nubló, junto a su mente.
¿Operar?
Cerró su teléfono celular lentamente y lo guardó en su bolsillo. Miró a su hermano, no le salía la orden que quería darle.
-¿Qué querían? – preguntó Itachi con la vista en el frente, sin prestar atención a la expresión de angustia que poseía su hermano, una que nunca había tenido.
-Yo… Hinata…-
-¿Qué? – lo miró y entendió que algo sucedía. - ¿Dónde está?
-El… hospital. Algo va mal.
Itachi sin vacilar aumentó la velocidad, tanto que diez minutos después ya estaban en su destino. Al llegar, Sasuke salió apresurado del coche, dejando al mayor dentro, el cual haría algunas llamadas.
Recorrió los pasillos hasta que encontró a su madre, llorando. Al alcanzar su lado, ella lo abrazó.
-¿Por qué pasó esto? – le preguntó aferrando fuertemente a la mujer – Cuando me fui todo estaba bien.
-Su padre – contestó en un susurro – Estuvo hablando con él. Estuvo llorando.
Una furia recorrió por todo su ser al escuchar lo sucedido. ¿Cómo se atrevía ese desgraciado a producirle tal daño? Ese maldito…
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Pasó una hora, y la cirugía seguía en proceso. Según había venido a informar uno de los médicos, la placenta se había desprendido, haciendo que no le llegara oxígeno al bebé, y por eso era necesario inducir el parto mediante una intervención, la cual a veces era peligrosa por posibles hemorragias.
Itachi había llegado con la hermana de su novia, y más tarde se habían unido Naruto e Ino, minutos antes de que apareciese el señor Uchiha.
El llanto de Hanabi era el que en ese momento más se escuchaba, y el que Itachi intentaba calmar con palabras de aliento. El único ajeno a aquella situación era Sasuke, él no escuchaba ni veía a los demás, solo se disponía a permanecer cerca de la puerta del quirófano.
¿Todo saldría bien, no? Todo debería salir perfecto.
Pero… ¿Por qué había algo que le incomodaba? ¿Por qué sentía un vacío en medio de su pecho? Nunca le había pasado eso…
Un fuente llanto proveniente del interior del quirófano lo hizo volver en si… ¿Acaso eso era…?
Una involuntaria sonrisa se formó en sus labios, si ese llanto significaba eso entonces las cosas estaban bien. Respiró profundamente, intentando aliviarse, pero aquel vacío seguía en él. ¿Por qué?
Tras el llanto persistente, hubo una maldición. ¿Qué sucedía?
-¡El pulso disminuye! La estamos perdiendo.
-Sasuke – oyó la voz de su rubio amigo, pero no giró a verlo. ¿Por qué estaban diciendo eso allí dentro? - ¡Sasuke! – Naruto se situó frente suyo. Reaccionó, todos lo miraban como si hubieran escuchado lo mismo que él. La morena Hyuuga lloraba con más descontrol, al igual que Ino.
Volvió a escuchar las voces de los médicos:
-¡No tiene pulso, doctor!
-Sigamos intentando.
-No tiene pulso…
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"A veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto, y de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante."
Oscar Wilde
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Continuará…
Nota: Espero que les haya gustado el capi...
Este tenía pensado que fuera el último del fic y luego poner un epílogo, pero no podía terminarlo así, porque tenía el presentimiento que querrían matarme xD
Ojalá haya quedado bien esta conti, me costó mucho hacerla (por no decir meses). Lo bueno es que en esta página voy bien con el tiempo de cuando actualizo, si me vieran en la otra donde comencé a subirla primero me hubieran retado por no subir durante tres meses xDD... Pero era por no tener inspiración. ¡Me defiendo!, jeje.
Ok, dejo de molestar... Y nuevamente agradezco por haber leído este capi, y todo el fic. Muchas gracias por sus comentarios, me encantan y me hacen felíz, dando a saber que mis ideas no son tan malas como a veces creo...
Besos, nos vemos en el próximo y último capítulo n.n
