Hola a todos.

Ya sé que ha pasado mucho tiempo desde la última vez que subí conti en este fic, pero deben entender que la universidad y mi trabajo se me llevan una gran parte del tiempo y fines de semanas. -_-

Y ni contarles que la inspiración no llegaba, jaja.

Bueno, dejando de lado las explicaciones, que espero puedan entender para perdonarme por mi retraso, vengo aquí con una buena noticia... ¡Aquí está la conti! Jeje, ya sé que se dieron cuenta pero tenía que decirlo...

Muchas gracias por haber esperado. También agradezco por haberme acompañado todo este tiempo a lo largo de estos 15 capítulos. Y por supuesto, le doy la bienvenida a los nuevos lectores . n.n

Ok, me dejo de entretenerlos y les dejo leer. Espero que les guste el capi final de este fic.

¡Gracias por todo! Les quiere, Konoha girl


Capítulo 15

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Capítulo Final

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Buscó debajo de la cama el zapato negro que le faltaba, aún no lo encontraba. ¿Dónde lo había dejado la noche anterior cuando lo preparó para éste día?

Era imposible que él, Sasuke Uchiha, no pudiese encontrar algo tan inútil como un zapato. Ni que fuera un niño a la espera de la ayuda de su madre para hallar su juguete favorito. Él no era un niño, al contrario, era un adulto de veintitrés años de edad y no en busca de una chuchería.

Suspiró resignado, no podía recordar otro lugar alguno donde pudo haberlo dejado. Fue así que se enderezó y decidió sentarse en la cama, con la vista hacia la ventana. Era un bello día, perfecto para la visita que debía hacer. Dejó de observar el exterior un momento para prestar atención al lado derecho de la cama. Estaba vacío, con una frialdad y carente de presencia. No podría preguntarle a ella, después de todo, ya no estaba con él.

-Maldito zapato – maldijo por lo bajo, tomándose la cabeza entre las manos. Debía irse y el idiota no aparecía.

Una traviesa risita se hizo escuchar a sus espaldas, por lo que dejó su acción para enfocar su mirada oscura hacia la personita que se encontraba en la puerta. Y ahí estaba el zapato, en las manos de ella, que no dejaba de sonreír pícaramente.

Era increíble el como habían pasado los años y ella ya tenía seis años. Parecía solo ayer que la tuvo por primera vez entre sus brazos, tan pequeña y frágil, luego de ese horrendo suceso que les había ocurrido al dejar de latir el corazón de Hinata.

Hinata… era igual a ella, no cabía duda. A pesar de la pequeña altura de su hija, el fruto de su amor, era una copia idéntica de su madre. El cabello azulado, pero sólo un tono más oscuro, le caía libremente por la espalda, llegándole hasta la cintura. Su piel, igual que la porcelana la hacía verse como una muñeca. Y sus ojos, de aquel color perlado que siempre miraban cual brillante cuando se dirigían a su padre, cosa que él sabía que era cuando le iría a contar algo que le gustó mucho.

-Papi…– le dijo con su dulce voz parecida a la de un ángel – ¿Buscabas esto? – preguntó sonriendo a la vez que mostraba victoriosa el zapato en sus manos.

-Shinju Uchiha – le llamó con tono serio – ¿Has dejado de jugar?

-¿Yo? – inquirió inocentemente - ¿Jugando?

-Dámelo – le ordenó parándose y extendiendo su brazo en forma severa – Déjate de pequeñeces.

-No – dijo cruzándose de brazos y adoptando una postura desinteresada, podía parecerse a su madre en el exterior, pero por dentro era totalmente distinta.

-Shinju – volvió a llamarle sin bajar el brazo.

-Hmp – fue lo único que escuchó de ella.

Se quedaron en silencio un momento, retándose en un duelo de miradas, sin nadie que hablara, sólo silencio. Fue en ese momento que ella hizo un puchero y suspiró rendida, había perdido, cosa que hizo que en él se formara una media sonrisa. Desarmó su pose de niña ofendida y se acercó lentamente a su padre para entregarle lo que le pertenecía. Una vez lo tuvo en su posesión, lo dejó en el suelo y la agarró de la cintura para tirarla en la cama, situación con la que ella empezó a reírse.

Esos juegos terminaban siempre así, no podía enojarse con ella. A pesar de ser una persona sería y fría en el exterior, era una faceta distinta la que su hija conocía, la misma que había hecho su madre luego de conocerla y empezar su relación secreta.

-¡Papá, no! – dijo entre risas, evitando las pequeñas coquillas que él le proporcionaba – Me despeinas y… debemos ir…nos.

-¿Cómo se siente la derrota? – preguntó viendo la gran sonrisa de su hija, sin dejar de jugar con su estómago.

-N-no… no lo… sé – respondió tratando de tranquilizarse – No me has… derrotado, te he dejado… ganar.

-Hpm, no intentes hacerte la sabelotodo – detuvo las cosquillas y le dio la espalda, al fin había encontrado lo que le faltaba para completar su vestimenta. En eso sintió un peso en su espalda, el cual fue seguido por un suave agarre de unos pequeños brazos alrededor de su cuello. Por la periferia de su ojo pudo ver como su hija apoyaba el mentón en su hombro derecho.

-Papi arrugó mi vestido – dijo serenamente haciendo un puchero – No quiero que mami se moleste.

Terminó de atarse el zapato y llevó ambas manos hacia las de su pequeña, dándole una pequeña caricia. Cuando giró el rostro para verla la encontró con la mirada baja, pensativa. ¿Cómo podía pensar eso? ¿Hinata enojándose porque el vestido negro que llevaba se había arrugado? Ella nunca hubiera hecho tal cosa…

-No digas eso, a tu madre no le molestará. – le explicó apretando suavemente el agarre de sus manos – Ella comprenderá.

-Pero…– sin desarmar aún el abrazo, ella levantó su cabeza y la volteó para dirigir su mirada hacia una de las fotografías que se encontraban encima de la mesa de luz de su padre –… no quiero ir así, no puedo visitar así a…–

-Ya te dije que comprenderá – le interrumpió, él también había fijado su oscura mirada en la fotografía. En ella, estaba Hinata sonriendo tímidamente hacia la cámara, con una mano en su vientre abultado y la otra acomodando un mechón de cabello tras su oreja. Como pasaba el tiempo, pensar que esa fotografía la habían sacado un mes antes de aquel día…

-¿Es hora de ir? – preguntó la niña, sacándolo de sus pensamientos.

-Sí – contestó desviando la vista del retrato – Ve a buscar tu abrigo, ya es hora de irnos.

Sintió como el peso que tenía antes ya no estaba. Fue entonces que la vio bajar de la cama y encaminarse hacia la puerta. Una vez solo, respiró profundamente, era raro ir todos los años al cementerio en esa fecha, la misma en la que su hija cumplía años.

Todos los años era lo mismo. Se despertaban, ella era felicitada y recibía un regalo, a la hora comenzaban a alistarse para ir al cementerio; a la vuelta, volvían a la casa, donde sus familiares y amigos los acompañaban para celebrar el cumpleaños de la Uchiha. Aún después de todo, al final, siempre resultaba un lindo día.

-Listo, papi – escuchó a sus espaldas, por lo que se levantó y volteó para dirigirse hacia donde ella se encontraba. Llevaba una liviana chaqueta de hilo que combinaba con la negrura tonalidad del vestido. En su mano también traía algo, los claveles blancos que él había encargado y los cuales habían llegado aquella misma mañana cuando el repartidor se los entregó en la puerta del departamento en donde vivían. – Son muy lindas – expresó ella con una sonrisa a la vez que extendía sus manos hacia él – Y tienen rico perfume. Huele papi.

-Ya lo he hecho, vamos, se nos hace tarde – contestó acariciándole con una mano la cabeza. Se decidió a encaminarse, pero el agarre a una de sus piernas lo detuvo: la pequeña Uchiha se había abrazado fuertemente a él – Shinju, suéltame. – le advirtió.

-No ignores a Shinju Uchiha – le replicó ella mostrando un puchero en su rostro – Huele las flores.

-Ya te dije que…– suspiró pesadamente, no tenían tiempo que seguir perdiendo así que tendría que ceder a su postura. Perfecto, su hija creería que había ganado, y se lo recordaría seguidamente. Se dio la vuelta completamente, una vez ella lo soltase al ver su intención, y bajó un poco la cabeza a la vez que las pequeñas manos elevaban el ramo. Lo olió, y tras una caricia en la parte superior de la cabeza de su hija, volvió a ponerse de pie. – Muy rico, ¿Satisfecha? – la sonrisa en el rostro de ella le confirmó la respuesta. – De acuerdo, ya es hora.

-Sí – contestó seguidamente.

Shinju le dio la mano a su padre para salir de la habitación. Pasaron por el pequeño comedor para recoger las llaves de la casa, las cuales se encontraban a un lado de un retrato donde aparecía una Hinata de diecisiete años. Pensar que esa foto había sido tomada por él antes de saber que serían padres…

-Mami era muy linda – habló la niña mirando a donde su padre hacía – Quisiera ser como ella cuando crezca.

Dejó de observar la fotografía para mirar a su hija, no hacía falta recordarle que ya se parecía a su madre. Le dio un pequeño apretón a su mano para que lo mirase.

-Ya lo eres, te pareces mucho a ella.

-Pero sólo en el exterior – replicó ella suavemente – El tío Itachi dice que por dentro tengo tu mismo humor – pareció ofendida al decir esas palabras.

-No le hagas caso a tu tío – le dijo tomando las llaves del mueble y dirigir a ambos hacia la puerta – Y además, no tiene nada de malo ser como yo. – la pequeña se rió, de la misma forma que su madre solía hacerlo cuando consideraba que algo era gracioso y que no podía demostrarlo ya que podría ofenderlo – ¿Qué es lo que encuentras gracioso?

-Nada, papi – intentó calmar su risa. Inmediatamente tiró de él con intenciones de salir – Vamos, quiero estar con mami.

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Llevaban diez minutos viajando por las calles de la ciudad. Al salir de la casa en la que vivían, Sasuke había ayudado a su hija a situarse en el asiento trasero y, junto a eso, a abrocharle el cinturón de seguridad. Tras sentarse, encendió en un volumen bajo la radio, la cual se vio opacada con las palabras que provenían de atrás suyo.

Ella no paraba de hablar. Comentaba acerca de cómo sería el día: de lo que había escuchado en el noticiero sobre el pronóstico del tiempo; los regalos que esperaba recibir por parte de los demás invitados; de lo que comerían en su celebración; de qué estaba hecho su pastel de cumpleaños…

La escuchó atentamente hasta cierto punto, el cual fue cuando debió frenar por la luz roja del semáforo. A unos pocos metros, por no decir media cuadra, de su ubicación podía verse claramente la imagen del hospital en donde Shinju había nacido. Un día terrible pero alegre a la vez…

" -¡El pulso disminuye! La estamos perdiendo."

¡Qué frase tan nefasta! Con sólo haberla oído sentía que su corazón era el que se detenía.

No había momento en el que no recordara aquella situación. Las voces de los médicos dentro del quirófano anunciando la futura pérdida de una vida, el llanto de un bebé, la cara de su amigo Naruto, la desolación en el rostro de su madre.

"-¡No tiene pulso, doctor!"

¿Era necesario recordar aquella frase año tras año al pasar por ese lugar?

Encima de revivir la imagen del doctor saliendo con cara de cansancio y resignación del quirófano. Explicando la situación, palabras que él escuchó a medias. Quería ver a su hijo y a Hinata, a ambos sanos y salvos.

-¡Papá! – le gritó Shinju, sacándolo de sus memorias – La luz cambió… y un auto te toca bocina.

Era cierto, no había reaccionado al cambio del semáforo, y ni siquiera sabía desde cuando estaba inmóvil. Pulsó el acelerador y avanzó, la estructura en la que había estado a una distancia antes pasó por su derecha, quedando bien atrás. Como el recuerdo debería quedar también, pero lo cual no hacía.

Miró por el espejo retrovisor. Su hija se mantenía callada mientras observaba a través de la ventana con una sonrisa, seguramente porque iría a encontrarse con su madre.

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-Es una niña muy sana – dijo el doctor quitándose la mascarilla para mostrar una cansina sonrisa – Felicidades.

-Gracias – contestó un cuarto de aliviado ya que sus nervios querían que no se detuviera y siguiera el doctor explicando la situación – ¿Y…Hinata?

-Creíamos que teníamos la situación controlada, pero una arteria se rompió y… ha sido mucha sangre…–

La mirada preocupada del hombre fue lo último que vio antes de ser abrazado por su madre.

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-¡Llegamos! – exclamó la niña al ver a pequeña distancia la entrada al cementerio. – ¡Mira, papi! – pudo ver por el retrovisor como ella estiraba su brazo para apuntar algo – Es el auto del tío.

Era verdad, allí se encontraba el auto de su hermano, pero no estaba solo ya que se lo podía ver a él dentro buscando y recogiendo una cosa.

Estacionaron a media calle y se bajaron. Sasuke le colocó la alarma a su vehículo y tomó la mano de su hija que en vez de avanzar, corría en dirección al Uchiha mayor que ya había encontrado lo que buscaba, seguramente.

-¡Tío! ¡Tío! – gritaba eufóricamente Shinju, como si no lo hubiera visto por años, cuando en realidad había pasado menos de un día. Avanzó más rápido, haciendo que su padre le soltara el agarre para que el otro hombre la tomara entre sus brazos.

-¿Cómo andas preciosa? – le saludó Itachi con una sonrisa antes de darle un par de besos en la mejilla – Feliz cumpleaños.

-Gracias tío – le abrazó en respuesta – Estoy muy bien, ¿Vendrás después a mi fiesta?

-¡Claro linda! La pregunta ofende. – en eso vio a su hermano llegar a su lado – ¿Has perdido algo Sasuke? – sonrió pasando a la niña a un solo brazo para estrechar con la otra la mano del moreno.

-Para nada, sólo… corre rápido. – respondió viéndole hacer a la aludida una sonrisa pícara mientras olía los claveles que llevaba. – Cambiando de tema – volvió a observar a su hermano – ¿Qué haces aquí, solo?

-Hanabi olvidó su abrigo – contestó señalando con un además de su cabeza la prenda que llevaba recostada en un brazo.

-Seis años y siguen sin ser nada. Pero aún así te tiene dominado – comentó el menor con una sonrisa de burla.

-Mejor cállate, Sasuke – espetó el moreno de cabellos largos girando sobre sus pies para dirigirse hacia la entrada – ¿Por qué mejor no entramos? Ya va siendo hora…–

-Sí, quiero ver a mamá – explicó alegremente la niña.

Entraron sin decir más, dentro todo estaba muy calmo. Avanzaron unos cinco minutos en línea recta hasta encontrarse con la figura de la Hyuuga menor arrodillada frente a una tumba. Fue cuando la pequeña Uchiha la llamó que salió del ensimismamiento en el que se encontraba. Con una sonrisa los recibió y, junto a una caricia a la lápida delante suyo, se levantó para saludarlos.

Ya no era esa niña de quince años que vio sufrir en esa misma fecha hace seis años. No, había cambiado. El pasar del tiempo le hizo fortalecerse más de lo que era, y hasta había veces en las que hacía gestos similares a los de su hermana, junto a frases que nunca hubiera dicho.

-Hola pequeña – le saludó con un profundo abrazo a su sobrina – Me alegra verte. – la separó un poco de ella para verla bien – ¡Vaya! Te ves más grande. ¡Feliz cumpleaños, hermosa!

-Gracias, tía.

Presenciando la escena, Sasuke comenzó a sentirse incómodo. A pesar de haber estado atento antes, había cambiado su actitud y, con ello, comenzado a observar hacia todas partes, a pesar del buen encuentro, algo faltaba en la escena. Algo que la completara a la perfección.

En eso, sintió un toque cálido en su hombro, uno que siempre le gustaba, que le tranquilizaba y, cuando no lo tenía, lo añoraba…

Giró el rostro, y allí la vio. Su Hinata, su esposa, sonriendo de verlo. Él acercó su rostro al de ella para depositar un dulce y corto beso, el cual ella recibió feliz.

La voz de su hija los separó, ambos la vieron. Shinju sonrió al ver a su mamá y corrió a su encuentro.

-¡Mami! – le dijo abrazándola fuertemente – Te extrañé mucho.

-Yo también, mi vida – le explicó ella con su tierna y tranquila voz, la misma que Sasuke amaba – Pero no te sientas mal, sólo han sido tres horas.

-No importa. Tres horas o cinco minutos, Shinju Uchiha extraña siempre a su mamá – le dijo con un puchero – Y a su hermanito Yu también – finalizó dándole un beso al estómago de su madre, el mismo que llevaba al próximo Uchiha que en esos momentos tenía seis meses.

La mujer de cabellos azulados, y del mismo largo que siempre había conservado, posó dulcemente una mano en la cabeza de su hija, haciendo que ésta agrandara la sonrisa que había adquirido. Por otra parte, Sasuke las observaba, eran la misma imagen con diecisiete años de diferencia.

"-Mami era muy linda." La frase que su hija había dicho al ver la fotografía volvió a su mente. Siempre que pasaba por aquel lugar decía eso, junto a la otra frase que le seguía: "-Como lo es ahora y lo será siempre"

Era muy clara la gran admiración y el cariño que tenía por su madre…

Sus dos mujeres dejaron de abrazarse y se acercaron tomadas de la mano a la tumba que los otros dos presentes rodeaban. La menor de las Hyuuga sonrió y extendió la mano al ver a su hermana.

-Gracias por buscar nueva agua para las flores – le dijo al recibir un pequeño florero que su hermana mayor le ofrecía.

-No tienes porque agradecerlo – le contestó gentilmente con un aire materno – Ella se lo merece.

Hanabi depositó sutilmente el florero a un lado de la lápida que tenía el nombre de "Shinju Hyuuga", la madre de ambas hermanas. Ese día era el cual ella había nacido y estaría cumpliendo años, y fue como un hermoso recuerdo que Hinata había querido nombrar a su hija como su madre. Ambas nacidas el mismo día.

La pequeña deshizo el agarre con su madre para colocar dentro del jarrón las flores que había llevado. Una vez terminada su acción, miró hacia la lápida y sonrió alegremente.

-Hola, abuela – comenzó a hablarle frente a la vista atenta de los demás presentes – Soy yo, Shinju, tu nieta que te quiere mucho, aunque no te conozca…–

Continuó hablando un buen rato, sin dejar fuera detalle alguno de lo que había sido el día y de lo que sería la tarde y noche. Sasuke se acercó a su esposa y entrelazó su mano con la suya. Ambos se miraron y volvieron a besarse nuevamente para luego seguir observando a su hija…

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Tras haber pasado una hora en el cementerio conmemorando a su difunta suegra – a quien no había llegado a conocer – decidieron volver a su hogar para preparar las cosas para el cumpleaños de la niña. Nuevamente se habían detenido por la luz del semáforo a pocos metros del hospital. Era horrible pasar por ahí, un recuerdo que no le parecía mala idea olvidar pero que desistía de irse.

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-Creíamos que teníamos la situación controlada, pero una arteria se rompió y… ha sido mucha sangre…– comentó el doctor mientras él era abrazado por su madre –… Por suerte hemos podido controlar la hemorragia y en unas horas despertará.

La frase de alivio que salió de su madre le hizo tranquilizarse, era bueno saber que las cosas no habían ido a peor y que todo se encaminaba por el buen camino.

-¿Les gustaría ver a la bebé? – preguntó el hombre. Sasuke y Mikoto se separaron, ella lucía una sonrisa que demostraba su respuesta, pero fue Sasuke quien dijo algo totalmente contrario.

-No – el médico lo miró extrañado, como creyendo que era un insensible – Quiero esperar a que Hinata despierte. Quiero que ambos la conozcamos al mismo tiempo. – la expresión del hombre cambió.

-Entiendo – sonrió con su contestación – Entonces esperaremos.

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Suspiró cansino cuando vio la luz roja cambiar por la verde. Repetir su mente las escenas previas a la de conocer a su hija lo agotaban. ¿Por qué no quedarse sólo con el recuerdo de cuando la vio? Aquel que vivió cuando Hinata despertó y ambos vieron la imagen frágil de su hija llegar en brazos de la enfermera.

-¡Mira, papi! – gritó Shinju desde el asiento trasero cuando estaban doblando la esquina para llegar finalmente a su casa. – Son el tío Naruto y la tía Ino. Están en la puerta – explicó alegre.

Vio de soslayo a su esposa para ver su reacción, sonreía mientras se frotaba el vientre. Tras volver su atención al camino comprobó con certeza lo que su hija había anunciado: ahí estaban, los dos rubios esperando enfrente de la puerta de entrada; Naruto cargando unas bolsas mientras era renegado por la mujer a su lado, la cual se encontraba comiendo un helado. Cuando se estacionaron a menos de medio metro de ellos, ambos dejaron lo que estaban haciendo para aguardar con una gran sonrisa a que bajaran del auto.

-¡Tíos! – gritó Shinju una vez hubo bajado del auto y corrido a saludarlos. Los aludidos la llenaron de halagos y felicitaciones mientras Naruto le tendía una de las bolsas. – Gracias, tío Naruto.

-Espero que te guste el color, Ino me estuvo regañando porque a ella no. – le explicó el muchacho sonriendo nerviosamente ante la mirada de la nombrada.

-Seguro me gustará – le contestó revolviendo lo que había dentro para sacar un vestido de color crema – ¡Me encanta! – exclamó con gran estupefacción en su rostro y brillo en sus ojos – ¡Gracias!

-Me alegro que te guste – suspiró aliviado el rubio.

Los padres de la niña habían salido finalmente del auto y acercado a los demás. Ino saludó con un enorme y alegre abrazo a su gran amiga, dándole también una caricia a Yu. Una vez se separaran, volvió la atención a su helado, el que tomaba con gran disfrute.

-Si sigues comiendo así te volverás una bola. – le habló Sasuke con una media sonrisa mientras pasaba un brazo por los hombros de su esposa – Y quizás así tu esposo dejé de quererte.

-¡Cállate, Uchiha! – le recriminó amenazadoramente. Debajo de sus ojos azules se divisaban pequeñas ojeras, las cuales estaban a punto de ser mojadas por lágrimas que atentaban con salir – No sabes lo que es tener antojos a todas horas del día, y mucho menos visitar el baño tantas veces a causa de náuseas. ¿Por qué eres tan insensible?

-C-cariño – la llamó Naruto acercándose a ella – Tranquila, no digas esas cosas. Estás un poco sensible.

-¡Calla! ¿No ves que tiene razón? Me estoy volviendo una bola – comenzó a llorar sin dejar de dar lamidas a su helado – ¡Uchiha insensible! No sabes lo que es estar embarazada.

-C-calma, Ino – la tranquilizó Hinata acariciándole por la espalda. La rubia la miró y dejó de llorar – Sasuke lo sabe, s-sólo lo dice en broma.

Era cierto, él sólo estaba jugando. No era que odiara a la muchacha, al contrario, la estimaba, después de todo era su amiga, además de la esposa de su mejor amigo, por no decir hermano del alma.

Hace seis años que ellos dos estaban juntos, justo luego del nacimiento de Shinju fue que aclararon su relación y la hicieron oficial. Hace apenas dos años que habían decidido casarse, después de haber finalizado con sus respectivas carreras en la universidad. Se llevaban muy bien, y eso le agradaba a Sasuke, ya que se merecían ser felices.

Fue hace unos cuatro meses que ellos habían venido alegres a visitarlos con una gran noticia: iban a ser padres. Inmediatamente lo hubieran dicho habían sido felicitados, e Ino había comenzado a hacerle preguntas a su amiga respecto de lo que serían los meses de gestación.

Era bueno que su felicidad estuviera por completarse con la llegada de su pequeño – o pequeña – Uzumaki…

-Acabamos de llegar – le habló Naruto a su lado, haciendo que volteara a verlo, lucía contento – Fuimos a hacer la primera ecografía, es una niña.

-Felicidades – le respondió.

Cuando Naruto se dirigió rápidamente a abrazar a su esposa que comenzaba a llorar nuevamente fue que se quedó solo. Su hija le llamó con un tirón en el pantalón, era para que la alzara. Una vez en sus brazos ella lo abrazó para quedarse ambos observando la graciosa escena que sucedía frente a sus narices. Hinata se apartó de sus amigos y se acercó a su familia para ser envuelta con un brazo de su marido.

-Si la tía sigue así…– dijo en una voz suave y poco audible la niña, haciendo que sus padres la vieran –… si sigue así…– esbozó una amplia sonrisa –… Será un cumpleaños divertido.

Sus dos mujeres rieron, él sólo sonrió. Ella tenía razón, las hormonas de Ino podrían ocasionar escenas graciosas durante el festejo.

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.FIN.


Nota: Muchas gracias por haber leído n.n

Espero que les haya gustado el capítulo que me costó tanto escribir... jeje.

¡Nos vemos! Besos y que anden bien :)