¡Hola a todas! Llegó el momento de ponernos medio cursis XD
Capítulo 119
Reflexiones
Para cuando el blondo entró, todo se hallaba en apacible calma. Podía escuchar el sonido de la regadera a su máxima potencia así como un ruido proveniente de la única habitación que allí había. ¿Qué se supone que significaba todo eso?
Su curiosidad le hizo asomarse hacia la habitación de su hija, topándosela ya usando su fresca pijama y con una mirada de total sorpresa por verle allí, a esas horas de la noche.
—¿Pero qué estás haciendo aquí, padre? —no debía fingir anonadamiento porque realmente estaba en shock. Faltó nada para que los cachara en una posición muy comprometedora.
—¿Pues qué pregunta es ésa Axelle? Papá quería venir a verte actuar —soltó muy elocuente.
—Marko y los otros, ¿verdad? —él simplemente asintió—. No es como si fuera la gran cosa.
—Por cierto, ¿quién se está bañando? —aquel tono de papá desconfiado y celoso se hizo presente.
—Umm… Daiki —las violáceas pupilas del hombre se dilataron sin más y su boca no podía gesticular palabra entera sin trabarse.
—¡¿E-Eso…Eso significa que ustedes…?! —Axelle suspiró; sabía que pensaría lo peor—. ¡¿Cómo se atrevió a quitarte tu inocencia?! ¡Ahora mismo le voy a decir un par de cosas! ¡Lamentará haberse metido con mi linda hija!¡Y claramente haré que se responsabilice!
La francesa tuvo que literalmente sujetarlo de la cintura para que no fuera a meterse al baño, importándole un bledo que el moreno estaba bañándose. Sabía que lo menos que le daría sería un buen sermón.
—¡Papá, no hagas este tipo de escenas!¡No ha pasado nada entre él y yo, ¿entendiste?! —le mencionó sin soltarlo ni un poco—. Es culpa de Hadrien que esté aquí. Iba a llevárselo de fiesta pero al final se fue con un par de chicas y lo dejó aquí botado.
—¿Hablas en serio? —esa mirada de cachorro triste y abandonado le recordaba a la de Kise. Y que fuera rubio, tampoco ayudaba.
—Claro. Si pasara te lo diría sin chistear —le sonrió cínicamente.
—Tu padre jamás permitirá que eso suceda —ahora era la francesa la que intentaba escapar del abrazo sobreprotector del blondo.
—¡N-No puedo respirar!
Y después de que al fin pudo ser libre, le explicó todo lo que estaba sucediendo con lujo de detalle para que pudiera estar tranquilo; claramente omitiría ciertas cosas, pero era por el bien común de los tres.
—Así que vino hasta aquí para ver a su hija actuar —Aomine había salido al fin y estaba terminado de secar su cabello.
—Exactamente —mencionó felizmente, sonriendo—. Desde que supe que iba a actuar no pude evitar emocionarme y me vine a Japón para verla. Desde que estaba en primaria ella siempre fue buena interpretando papales.
—Papá, para el carro —ya no quería que le contara más sobre su infancia al moreno; ya le había revelado información trascendental como para chantajearla de allí a que fuera vieja.
—Pero es normal que un padre esté emocionado por los logros de su hija. Y sobre todo, estoy muy orgulloso de ti —allí iba el quinto abrazo de la noche. Ella no sabía si iba a poder con eso.
—¿Cuándo te vas? —fue la dulce respuesta que obtuvo de su querida hija.
—¡No seas tan dura con tu padre! Todavía que te mandé todos esos lindos arreglos con los títulos de las canciones que más te gustan —se quejó.
—Así que tú fuiste el que envió eso…—soltó con sorpresa la rubia. De verdad que no estaba esperando algo como eso; Aomine por su lado estaba aliviado al saberlo.
—Llegué a Tokio hace dos semanas pero quise turistear un poco. Y de pronto vi todos esos girasoles y me acordé de lo mucho que los amas, y no dudé en enviarte unos pocos…Para ello consulté con Hadrien para saber a qué dirección mandarlos.
—¡Pues aclaro que fueron 20, 20! Esa no es poca cosa —regañó.
—Y hoy decidí venir a verte, pero se me hizo algo tarde.
—Se nota que los regaños los evade de manera magistral. Ahora comprendo por qué ha sobrevivido a tu madre —comentó Daiki mirando la escena tranquilamente. Ya se había acostumbrado a ver las muestras de afecto excesivas del rubio y la manera violenta en que Axelle reaccionaba.
—Imagino que querrás ir conmigo mañana al set de filmación.
—Por supuesto que sí —agregaba felizmente el italiano.
—Esto va a ser un verdadero fastidio… Pero me alegra que no nos haya cachado o sería demasiado embarazoso…
La hora de levantarse tras una agitada noche no era el problema. Lo verdaderamente difícil era fiarse de ese bonito desayuno que se postraba sobre la mesa y comérselo sin chistear considerando el historial culinario que ese hombre poseía.
Ambos se miraron, suspiraron e hincaron el tenedor en esos huevos revueltos, llevándose al poco rato una explosiva sorpresa.
Picaban de manera endemoniada, por lo que ni siquiera terminaron de masticar antes de empinarse el vaso de jugo que tenían frente a ellos. Incluso medio litro de agua fue necesario para apagar el ardor que quemaba sus lenguas.
—Y-Yo estoy llena…—alcanzó a decir Axelle antes de llenarse la boca con pan tostado y mermelada.
—He tenido suficiente —hasta a Aomine se la había ido el apetito tras esa enchilada.
—Lo hice menos picoso para que pudieran comerlo —ese hombre se encontraba degustando de su condimentado platillo y ni siquiera se le veía ligeramente alterado. Era como si no fuera suficiente picante—. No sean tímidos, sírvanse más —les invitaba. Ellos negaron rápidamente con todas las hazañas posibles.
—Tu padre va a asesinarnos….
—La muerte es menos dolorosa que comerse esto, Daiki.
Todavía con el estómago vacío pero con temor a terminar yendo a un hospital por las comidas de ese hombre, se marcharon sin más hacia el set de grabación. El día iba a estar sumamente atareado, especialmente porque se debían adelantar numerosas tomas ya que habían fechas que cumplir.
Para Logan todo ese ambiente repleto de gente yendo de un lado a otro era nuevo para él, por lo que le resultaba de lo más llamativo y emocionante. Asimismo no dudó en saludar a la mánager de su hija y agradecerle por cuidarla tan bien. Y claro, también se detuvo unos minutos a intercambiar palabras con Kise; y no sorprendía que ambos hombres se volvieran el centro de las miradas. No sólo eran rubios, sino también bastante apuestos y carismáticos para las mujeres de todo el lugar.
—Por esta razón no quería que viniera…—mencionó Axelle mirando a su querido padre charlar como si nada con las maquillistas mientras le mostraba vergonzosas fotos de ella en el parvulario.
—Tu padre es bastante popular —comentaba Taniyama. Él al igual que ella estaba siendo terminado de arreglar para entrar a escena.
—Desde que mi madre lo conoció, ha sido de ese modo. Siempre tan popular, flirteando con mucha facilidad…
—Pues parece que más que nada está presumiéndote con todas esas chicas.
—Optaría por que estuviera coqueteando y no haciendo eso —bufó.
—Parece que será un domingo de lo más divertido —sonrió tenuemente. La francesa no tenía ese mismo concepto de diversión en mente.
Y el peli gris no podía estar en lo más cierto. No sólo era la carga laboral la que se había duplicado de un momento a otro a causa de que Ryouta no podría laborar los siguientes dos fines de semana por cuestiones personales, sino también había cierto estrés adicional a causa de un particular hombre que estaba más entusiasmado de lo que debía con la grabación y eso irritaba a cierta chica.
Y tras un momento rápido y casi efímero para saciar su apetito, prosiguieron. Aquel par de visitantes optaron por dejar a la chica hacer su trabajo y salieron a tomar un poco de aire libre. Era la mejor elección si se tomaba en cuenta de que Axelle estaba empezando a abrumarse.
Así que no muy lejos de allí, ya con los colores de la tarde tras sus espaldas, no había nada mejor que llenar sus estómagos con un poco de takoyaki y zumos.
—Esto sabe bastante bien. Es la primera vez que lo pruebo —Logan estaba fascinado con el sabor de esas bolitas de pulpo magníficamente embebidas en esa salda y condimentos.
—Hoy no nos iremos de aquí hasta el anochecer…
—Seguramente. Pero se está esforzando mucho, así que no está mal que la esperemos un poco más —comunicaba.
—La verdad es que no sé por qué aceptó este trabajo en primer lugar —parecía estarse quejando de la situación. Aunque era claro que así era.
—¿Te pesa no pasar tiempo con ella? —interrogó, mirándole con interés. Estaba aguardando una respuesta.
—Es mi novia, está claro que no me gusta compartir su tiempo con todos.
—Había notado lo mucho que la celas cuando estuviste de visita en París, pero creo que además de eso hay otra cosa —guardó silencio un par de segundos tras terminarse su pequeña charola de takoyaki—. Sonará ridículo, pero ella se siente de la misma manera que tú —Aomine giró su atención hacia ese hombre.
—Eso suena un total disparate.
—¿Lo crees? Yo considero que está haciendo todo esto tanto por el hecho que quiere demostrarse que es buena en algo nuevo y ajeno a ella como por el hecho de llamar tu atención.
—¿Mi atención…? —esa palabra le traía viejos recuerdos, como por ejemplo esa charla que tuvieron tras el escandaloso beso que tuvo que hacer con Kise.
—Sé que ella ha conseguido captar tu atención por completo, pero…quiere mantenerla así tanto como sea posible —dictaminó con plena seguridad—. Las mujeres son así en ocasiones, una vez que te tienen te quieren allí tanto como a ellas les plazca.
—Su hija es algo perversa, entonces —decía con burla.
—No voy a negarlo —sonrió con complicidad con el moreno—. Aunque me alegro que haya encontrado a alguien más con quien pueda ser ella misma y olvidarse de todo lo demás, incluso experimentar con nuevas cosas —ya no quedaba ni una pequeña gota de su jugo enlatado, así que se limitó a tirar toda su basura en el bote más cercano—. ¿No te pasa igual?
Daiki guardó sus manos en sus bolsillos y se quedó callado unos cuantos segundos, meditando sobre lo que había dicho.
Claramente él estaba en lo cierto. Tanto ella como él exteriorizaban cada detalle de su personalidad sin cuestionarse mucho sobre la respuesta o reacción del otro, como si no fuera necesario, como si supieran que ambos respetaban los gustos de cada quien o como si poseyeran una mente abierta capaz de asimilar y aceptar sus manías personales.
Y esa clase de relación en la que ninguna de las dos partes reprime o intenta cambiar una parte de tu personalidad, era gratificante.
—Sí —soltó ese único monosílabo. No necesitaba decir más, no con esa sonrisa en sus labios.
—Vayamos por algo más para comer y después a alguna cancha cercana —recomendaba el rubio animoso—. Nunca está de más un poco de ejercicio.
—¿Está seguro? No quiero que salga lastimado. Ya sabe…—empezó el moreno, con una renovada sonrisa socarrona en su rostro.
—Te daré pelea, Daiki —le devolvió la sonrisa y simplemente empezó a marchar en compañía del moreno. Desde aquella Navidad habían quedado en buenos términos y podrían bromear mutuamente sin demasiados problemas.
Tras haber hallado con que llenar sus estómagos se pusieron en marcha con lo que a ambos hombres les ameritaba, no costándoles demasiado trabajo hallar una cancha con algún pequeño grupo de gente que tuviera la misma intención que ellos.
No sorprendió que ambos quisieran estar en equipos contrarios para mostrarle al otro de lo que eran capaces. La competitividad formaba parte de la vida de esos dos jugadores.
Y pronto eran los únicos que todavía tenían ganas de enfrentarse; el resto de los chicos que fungieron como equipo provisional habían dejado la cancha y ahora sólo miraban atentamente. Todo se resumió en un one-on-one.
—Para no jugar más baloncesto no lo hace nada mal —felicitó muy a su manera particular cierto moreno empapado en sudor.
—Viniendo de alguien como tú, debo sentirme honrado de tales palabras —decía burlesco.
—No voy a dejársela fácil por ser el padre de Axelle.
—Me ofendería que lo hicieras, Daiki —sentenció, con un semblante de seriedad.
Sin embargo, justamente cuando la situación se ponía más tensa y el siguiente movimiento decisivo iba a ser llevado a cabo, cesaron de golpe. No porque así lo quisieran, sino más por el surgimiento de un extraño improvisto.
¿Pero qué tenía que estar haciendo esa niña en medio de la cancha como si no se percatara de que podría hacerse daño gracias a que se estaba llevando a cabo un juego de basquetbol?¿Había hecho semejante osadía sólo por ese minino que tenía en brazos?
—Por poco y la golpeamos —suspiraba Logan con el balón en manos.
—Estos no son lugares para estar haciendo esto —le regañaba altivamente el moreno.
De tez blanca, ojos avellana y lustrosa cabellera azabache era esa pequeña que seguramente no excedía los diez años de edad y que sin embargo, usaba ropa bastante a la moda y estaba de lo más arreglada para andar por allí persiguiendo un gato.
—Se llama Mimi y es mi mascota. Se escapó de casa después de que un tonto perro la asustara —relató frunciendo el ceño. Aomine parecía reconocerla de alguna parte.
—Maldición, es la mocosa de al lado…Momo y Kuro siempre están ladrándole al gato de al lado…
—Te conozco de alguna parte —la mirada de esa pequeña fue directo hacia el alto moreno.
—No lo creo —rascó su mejilla, fingiendo demencia. Ahora recordó que su mamá la invitaba ocasionalmente y le daba golosinas.
—Lo mejor sería que volvieras a casa, ya es tarde y seguramente tus padres estarán preocupados de que no llegues —mencionaba amablemente Logan.
—Vivo cerca de aquí, así que no hay problema….Pero…
—¿Pero…? —repetía Daiki.
—No me molestaría que me ayudaran a buscar de nuevo a Mimi —mientras hablaban el felino había escapado de nuevo, en sus narices.
—Bueno, todavía tenemos tiempo de aquí que sale de su trabajo, por lo que podríamos ayudarle…—simplemente Logan no podía abandonar a una chiquilla como esa; su instinto de padre se lo impedía.
A regañadientes Aomine también ayudó en la búsqueda del albino gato. Y ya con un par de ojos adicionales pudieron hallarlo en un tiempo más breve. No obstante, la situación en la que ese animalito se hallaba no era precisamente agradable.
Al parecer había niños que disfrutaban de intimidar animales indefensos.
—¡Dejen a mi gato, niños tontos! —coraje era lo que le sobraba a esa niña.
—¿Este tonto gato afeminado es tuyo? —agregaba uno de los implicados.
—¡No es afeminado!
—¿Qué haremos? No podemos hacerles nada a esos críos —mencionaba Aomine, mirando la escena. La cosa estaba subiendo de color.
—Hacer lo que cualquier otro adulto debe hacer.
Pero antes de que dijeran siquiera algo, ese grupito de niños deseaba neutralizar el crispado humor de la pelinegra, por lo que no dudaron en arrojarle eso que indudablemente eran globos rellenos de harina. Lamentablemente se estrellaron contra ese par de altos hombres y no contra la niña.
—¡Malditos mocosos! —para cabrear a Aomine no se necesitaba demasiado. Así que esos niños sintieron rápidamente el aura un tanto asesina del peli azul y decidieron sabiamente salir corriendo de allí, liberando al felino.
—¡Mimi! —la pequeña estrechó a su mascota. Estaba feliz de reencontrarse con ella.
—Al final las cosas salieron medianamente bien —hablaba Logan limpiándose la harina de su rostro.
—Llevémosla a su casa y regresemos.
—¿Puedo saber el nombre de nuestro héroe? —esos dos miraron con extrañeza total el cuestionamiento de la niña. ¿A qué venía algo como eso?
—¿Te refieres a mí? —inquiría el moreno, y ella asintió, sonriente—. Aomine Daiki.
—Daiki, ¡qué hermoso nombre! —soltó a todo pulmón, emocionada y demás—. Mimi y yo debemos recompensarte por lo que has hecho este día.
—No es necesario. Sólo dinos por dónde vives y te…—no dijo más, esa chica ya le había tomado de la mano y empezó a guiarle hacia su domicilio—. ¿Ah?
—Es todo un honor que mi apuesto héroe nos escolte a Mimi y a mí hasta casa —agregó alegremente. Alguien parecía más que flechada por cierto moreno.
—Creo que te has ganado una admiradora, Daiki —decía el rubio un tanto risueño. La situación le daba gracia y le enternecía, a la vez.
—Pues yo no estoy feliz —la pequeña se había prendado magníficamente bien de su mano derecha y no podía zafarse sin terminar lastimándola.
—Tomaremos el camino largo para que podamos charlar y conocernos mejor, Daiki —alegaba. Los ojos de Daiki simplemente rodaron de un lado a otro.
—Pero tengo prisa, así que no puedo demorarme demasiado.
—¿Prisa?¿Por qué? —no era ese tono demandante el que llamó su atención, sino más bien que se le viera de manera tan inquisidora.
—Porque debo ir a recoger a mi novia —mencionaba con normalidad. Lo siguiente que supo es que esa adorable y celosa niña le había dado un pisotón.
—Pues dile que estarás ocupado llevándome a casa.
—Te llevaré a casa e iré por ella —continuaba el peli azul. Otra vez tuvo un merecido pisotón.
—Eres un mal hombre… Nos ilusionas a Mimi y a mí cuando ya tienes a otra —soltó muy indignada.
—¿Por qué tiene que pasarme esto a mí? —suspiró e intentó hallar paciencia.
No tenía mucho tiempo que había salido, pero le extrañaba no localizar a ninguna de esas dos personitas por ninguna parte sin importar lo mucho que las buscara. Así que allí estaba, en medio de la noche, sentada por las cercanías y mirando cómo todos se iban y le ofertaban un ademán de despedida.
—¿Pues a dónde se habrán ido esos dos? —miró su celular sin mensaje alguno o llamada pérdida.
—¿Axelle?
Sus carmesí pupilas se enfocaron de inmediato en el que se había dirigido hacia su persona usando su primer nombre. Y si se mantuvo callada era por la conmoción que le embargó en el instante en que cruzó mirada con aquel conocido.
No lo había visto desde el festival cultural de su universidad. Así que no se explicaba qué estaba haciendo por esa zona tan a las afueras de la ciudad.
—Qué sorpresa verte por aquí, Yuuta.
—Lo mismo digo. Aunque actualmente estoy viviendo por estos lugares —confesó el muchacho. Ella se sorprendió ligeramente, pero se recompuso de inmediato.
—¿Y qué tal te ha tratado la vida en todo este tiempo?
—He tenido mis altibajos y buenos momentos. No siempre se puede conseguir todo lo que se quiere sin importar el esfuerzo que se ponga en ello —sonrió forzadamente, evadiendo su mirada.
—Lo sé. Pero generalmente siempre hay algo mejor aguardándote después, más adelante. Aunque lo dudes…En ese entonces, fue Kai —sonrió sin siquiera preverlo. Admitía que recordar todo el pasado con ese chico era un tanto incómodo, pero no podía evitarlo.
—Podrías tener mucha razón —indicaba con un humor recompuesto.
—Ella es la que al final no sabe de lo que se ha perdido —comentó para reconfortarle. Aunque ella sabía por qué lo decía—. Por cierto, hay algo que he querido decirte desde hace mucho tiempo, Yuuta. Y creo que ha llegado el tiempo de hacerlo.
Esos celestes ojos se encontraron al fin con su somnolienta mirada. Al parecer le faltaba poco o nada para quedarse dormida mientras permanecía sentada en aquella jardinera, por lo que apresuró sus pasos para que le viera. Incluso su padre ya estaba a su lado y llevaba una bolsa con comida.
—Sabían que me moría de hambre —era como si la vida le volviera al cuerpo de golpe.
—Glotona sin remedio —se burló el moreno, antes de besarla—. Hora de irnos.
—Si supieras todo lo que nos pasó antes de llegar hasta aquí —relataba el padre con interés por relatarle todo con lujo de detalle.
—Mejor no hablemos de eso…—suspiró desganado.
—Ahora me entró la curiosidad —decía la blonda. Y es que era cierto, que era lo peor.
—Mientras ustedes se actualizan, iré a comprar lo que falta —hora de retirarse momentáneamente y olvidarse de las burlas momentáneas de esos dos.
—No esperaba que le robara el corazón a una pequeña niña —fue el primer comentario que emergió de sus labios tras terminar de escuchar la historia que su padre le tenía-—. Debo vigilarlo más o conseguirá más fans.
—Luces bastante relajada, como si te hubieras quitado un peso de encima —su padre la conocía mejor que nadie y sabía cuándo algo iba mal o bien con su pequeño retoño.
—Hace poco me encontré con Yuuta. Al parecer vive a un par de cuadras de aquí —empezó a decir, retomando su lugar en la jardinera. Su padre le acompañó en cosa de nada.
—¿Y todo bien?
—Sí —sonrió con confianza—. Hablé con él y le conté todo lo que me callé por estos años… Le dije que había estado enamorada de él y lo mucho que me hubiera gustado que me mirara como una chica y no como una hermanita a la cual cuidar… Saqué todo lo referente a él y es como si me quitara una gran carga de encima.
—Era de esperarse. Me alegro que hayas zanjado ese tema al fin —le felicitó. Incluso acariciaba su cabeza de manera amorosa, como muchos años atrás cuando hacía algo bien; era su modo de recompensarla por su esfuerzo.
—Creo que ha sido la mejor decisión de todas —respiró hondamente. Sus pulmones le pedían a gritos una nueva carga de oxígeno para poder calmarse por completo—. No quiero que Daiki sienta más dudas sobre él y yo.
—Lo consientes demasiado —indicó, con cierto reproche—. Vas a mal acostumbrarlo, aunque habla muy bien de ti.
—Siento que esto es más por egoísmo que por otra cosa. Es decir, lo hago para beneficiarme y no tener que tragarme momentos incómodos con sus ex parejas… En realidad es un gesto muy egoísta de mi parte.
—El amor tiene sus momentos de egoísmo —le indicó seriamente—. Tú sólo quieres estar con él sin que nada se intervenga en su camino y eso está bien. Las cosas tienen que ser de esa manera.
—Daiki me hace sentirme celosa sin sentido, me hace preocuparme por cosas triviales, me hace querer estar con él en todo momento y olvidarme del resto… No es justo… Ese tonto… Estoy perdidamente enamorada de ese tonto…—aún con ese leve pero amoroso insulto de por medio, sonreía. Sonreía satisfecha por aclararse a sí misma lo que sentía y por aceptar lo que ese hombre le orillaba a ser.
