¿No les gusta cuando todo está yendo de maravilla y después todo toma giros inesperadamente dramáticos? Espero que sí, porque de lo contrario la pasarán un poco mal XD Si ya saben cómo soy con mis historias, ¿para qué me leen? LOL ¡Besos y abrazos para todas mis sensuales lectoras, nos estaremos leyendo en la siguiente actualización!
Capítulo 121
Pesadilla
Le costaba creer el número de cosas que podrían encontrarse resguardadas dentro de aquel armario, justamente en esa zona donde deberían de depositarse todo el calzado. ¿Es que era acaso una clase de acumuladora compulsiva o era que en cierto modo le costaba desprenderse de todo ello sin importar lo mucho que se esforzara para ello? De momento lo único de lo que estaba consciente era que tenía curiosidad de lo que una de esas cajas poseía y el hecho de que ella no permitiera que la abriera le motivaba más a mirar en su interior.
—¿Desde cuándo hace que no limpias esto, eh? —cuestionaba Aomine al tiempo que apilaba tres pesadas cajas cerca de la salida del departamento junto a otro mundo de cachivaches.
—No lo sé en realidad —habló desde su habitación—. Pero ya va siendo hora de que me deshaga de todo esto. La gran mayoría son libros y apuntes de la secundaria y prepa —le hizo saber.
—¿Y qué se supone que guardas allí? —ya se encontraba de pie a la entrada del cuarto de la francesa, mirando con atención la sospechosa caja.
—¿Realmente quieres saber? —su tono era tan serio que el moreno imagino que lo que estaba allí era policialmente cuestionable.
—Deja de usar ese tonito y solamente dime qué hay dentro.
—La mano disecada de una persona —habló tan fríamente que al peli azul se le erizó por completo la espalda—. Por supuesto que no, Daiki —sonrió despreocupadamente—. Son regalos de mis ex parejas —eso tampoco le puso buen gesto al moreno. Eso era igualmente malo. ¿Quién guardaba ese tipo de cosas?
—Ummm…—no había necesidad de que dijera nada, no cuando su mirada caladora lo decía todo.
—Pero ya me voy a deshacer de ella, así que quita ese gesto de pocos amigos —ya había cargado la caja entre sus manos. Lo mejor era que el moreno no observara su contenido, porque era particularmente bochornoso.
—Más te vale —se la sentenció.
—Espero que sigas mis buenos pasos, Daiki Aomine —le mencionó apaciblemente, pero estaba claro que era una amenaza.
—La mitad de mi guardarropa quedaría vacío —mencionó ladinamente.
—Hay muy buenas ofertas en las tiendas departamentales —le notificó—. Y nunca está de más comprar ropa nueva, ¿no crees? —esa sonrisa encantadora engañaba a todos sus fans pero no a Daiki; él ya se tenía bien medida a esa mujer.
—Chantajista.
—Yo no he hecho nada por el estilo —agregó. Ya todo se encontraba puesto en un mismo sitio para ser bajado hasta el área donde todos los inquilinos ponían la basura para que fuera recogida al día siguiente.
—¿Este fin de semana saldrás, no es así? —mientras ella le abría la puerta, él se encargaba de llevar todo aquel mundo de cajas. No cabía duda de que era útil tener a alguien fuerte capaz de lidiar con las cosas pesadas.
—Tengo que ir a Kioto para una sesión fotográfica en conjunto. Por lo que no regresaré hasta el domingo por la noche —suspiró con cansancio. Ni siquiera había modelado nada y ya estaba cansada.
—Mmm…Nada de besos, ¿entendiste? —se detuvieron en cuanto llegaron a la zona establecida para la basura de todo el edificio.
—Ya le he dicho a Maeko que ese tipo de escenas están rotundamente prohibidas. Después de lo ocurrido con Kise lo menos que quiero es que algo como eso se repita nuevamente. De manera que no hay problema. Por cierto, ¿has pensado en lo que te mencioné?
—¿Sobre lo de…? Lo estoy pensando —sacudió sus manos y simplemente enfocó su mirada en ella.
—¿Por qué? Es una gran oportunidad. Tanto a Kagami como a ti los consideraron tanto para la Japan Basketball League junto con la BJ League. Si cada quien elige una liga diferente podrán enfrentarse tarde o temprano y saldar sus cuentas pendientes —Aomine sabía que ella tenía toda la razón pero aún debía pensarse algunas cosas al respecto.
—De momento vayamos a comer algo —recomendaba.
—Crepas, vayamos por crepas —no lo pedía, casi lo rogaba.
—¡¿Otra vez?! Hemos ido prácticamente toda la semana —sabía que era una glotona y que tenía platillos con los que se obsesionaba, pero esas crepas estaban superando incluso a sus amadas hamburguesas.
—Hay nuevas en el menú, Daiki. Tenemos que probarlas —mencionó con enorme emoción. La comida deliciosa también le podía y mucho.
—Primero comeremos algo que pueda ser denominado como "comida" y después eso —fue su última palabra.
—Pero Daiki…
—Acepta mis términos o no habrá crepas —él podía ser demasiado intransigente con sus postres.
—Lo he decidido…¡Aprenderé a hacer crepas! —esa fue la resolución final de Axelle. Aomine simplemente suspiró y empezó a jalar a esa chica del brazo.
Escuchar el despertador taladrándole la cabeza a las 5:00 a.m. no era algo que le hiciera demasiado feliz, pero si quería llegar a buena hora a Kioto tenía que madrugar para poder estar a tiempo y la sesión fotográfica pudiera llevarse a cabo sin contratiempo alguno.
Para despertarse tomó un rápido baño de agua fría, uno que le caló terriblemente considerando que aun siendo mediados de enero hacía un frío endemoniado. Solamente a ella se le podría ocurrir una medida como esa para despabilarse.
Se puso lo primero que tuvo a la mano y arrastró tanto su humanidad como su maleta hacia la salida del departamento. Debía estar a las 5:30 abajo, para que Maeko la recogiera y pudiera dar comienzo su largo viaje.
—Mmm…Levantarse a esta hora en sábado debería de ser un delito capital…—bostezó largamente mientras sus ojos yacían más entrecerrados que abiertos.
Aquel Jeep rojo se había detenido prácticamente frente a sus narices, como si estuviera esperando a alguien. Sin embargo, nadie parecía llegar. Allí solamente se encontraba ella, esperando un Sedán blanco de cuadro puertas.
—Disculpa, ¿tú debes de ser Daishi Axelle, no es así? —la aludida reaccionó en el momento en que esos vivaces ojos azules se depositaron en ella.
—Ah, sí…¿Y tú eres…? —el chico en cuestión era mucho más alto que ella, tanto como Daiki, pero no poseía su misma complexión física; su cabellera castaña le iba de maravilla. Indudablemente era atractivo y desprendía un aura que muchas chicas serían incapaces de ignorar.
—Me llamo Nagahama Kazuya, mucho gusto.
—Sí eres con quien voy a trabajar este fin de semana —al fin había despertado. Pero no se explicaba qué es lo que hacía ese chico allí.
—Maeko-san tuvo un contratiempo y no podía pasar por ti, así que me pidió que te llevara. Siento si ha sido muy repentino, Daishi-chan —le sonrió campantemente.
—Me pregunto qué le habrá pasado a Maeko…Nada grave, ¿verdad?
—En lo absoluto. Se trata de otra modelo que trabaja para la revista; creo que estaba algo indispuesto a trabajar por cuestiones personales y ella fue a consolarle.
—Vaya, con que es eso. Bueno, me alegra que no sea nada del otro mundo.
—Permíteme ayudarte con tu equipaje, se ve algo pesado.
—En realidad no pesa demasiado —mencionó, cargando la maleta de equipaje entre sus brazos—. Gracias de igual manera.
—Démonos prisa, que el viaje es largo.
—Sí, 5 hrs y media no son poca cosa —suspiró con tristeza. Ella quería seguir durmiendo plácidamente.
Sólo algunas veces se cuestionaba cómo es que ese hombre era capaz de engullir toda esa cantidad de comida sin siquiera coger una congestión alimenticia marca diablo. Aunque quizás lo que más le llamaba la atención de aquella manía, es que aun así podía llamar la atención de alguna chica que pasaba por allí. Situación que le causaba molestia y notorios celos. ¿Qué es lo que tenían que estarle viendo todas esas mujeres a su novio?
—¿Acaso aún no te has llenado? —cuestionaba Kiyoe observando el mundo de papelitos de hamburguesa apilados sobre la charola.
—Ya te dije que si no querías venir, no lo hicieras —decía el otro con una hamburguesa en las manos. Lo siguiente que probó fue la frialdad de la mesa.
—¿No es muy temprano para que se estén asesinando? —fue la pregunta lanzada por Aomine. Él había llegado al Maji Burguer al poco rato que ellos, sentándose al lado de estos junto con Momoi y Kuroko.
— Todo es culpa de Taiga —sentenció, cruzándose de brazos—. No le pasaría esto si no fuera así de tonto.
—¿No les parece que tienen una relación maravillosa? —habló el amante de los batidos de vainilla.
—Tu concepto sobre ciertas cosas, es espeluznante, Tetsu.
—¿Y Axelle? —preguntó curiosa la pelinegra.
—…Sesión fotográfica…—respondió Daiki sin mayor dilación.
—Esta vez le ha tocado irse fuera de la ciudad —agregaba Momoi.
—¿En serio?¿A dónde? —curioseó la pareja de Kagami.
—A Kioto —concluía la peli rosa.
—Vaya, sí que queda algo retirado —mencionó un tanto pensativa—. Ahora que recuerdo —empezó a remover entre las cosas que llevaba en su bolso hasta hallar lo que parecía ser una revista—. Ah, es cierto…—la hojeó un poco, quedando en completo silencio en cuanto terminó de leer el artículo que hablaba sobre la futura colaboración de la francesa—…Nagahama Kazuya…
—¿Lo conoces? —parpadeaba confusa Satsuki.
—Es un modelo bastante conocido…más que nada por sus particulares manías…—habló secamente—. En lo personal es un hombre al que aborrezco y desearía tenerlo en frente para arruinarle su bonito rostro —sonrió alegremente.
—Siento una aura asesina…—expresaba Kuroko mirando con cierta mesura a la chica.
—¿Cómo que manías peculiares? —la mirada del moreno se direccionó a la chica. Misma que sabía un montón sobre el mundo de la moda y el modelaje, ya que independientemente de que era una bestia golpeando a los hombres se arreglaba muy femeninamente.
—Le gusta ligarse a las modelos con las que trabaja en colaboración. Y bueno, sabe aprovechar que es guapo y sabe comportarse con las mujeres. Y ha salido con prácticamente todas las modelos con las que ha trabajado…Aunque…
—¿Aunque…? —Daiki quería saber más al respecto. Ya le había picado el gusanito de la curiosidad por lo que no iba a parar hasta obtener la información que quería.
—A todas las dejó al poco rato de salir con ellas. Digamos que es de esos chicos embusteros que sólo sale con ciertas chicas para hacerse popular y después simplemente se deshace de ellas.
—Igualmente Axelle no caerá en sus juegos.
—Es que eso es lo que me preocupa, Momoi.
Un buen desayuno jamás estaba de más, especialmente cuando este se había pospuesto para llevar a cabo la susodicha sesión fotográfica, una que para el desagrado de la francesa se dividió en tres secciones para que se pudiera preparar todo y al mismo tiempo todos descansaran apropiadamente.
Y mientras el resto de los implicados se encargaban de la parte técnica de todo aquel asunto, los dos modelos permanecían degustando sus alimentos tranquilamente dentro del comedor del bonito hotel rupestre en el que se hospedaban.
—Es sorprendente que puedas llevar lo del modelaje con la universidad y las prácticas de Kendo, Daishi-chan —elogiaba el chico. Uno que no demoraría mucho en terminar su desayuno.
—Ya me acostumbré —a su parecer el tocino de aquellos huevos estrellados estaba demasiado grasoso para su gusto.
—Si todo sale bien, mañana tendremos el día libre —suspiró largamente—. Esto de verdad puede ser asfixiante.
—No me queda duda con ello, pese a lo poco que tengo en esto —el jugo de naranja le pareció de verdad delicioso y dulce, justo como le gustaba.
—Te acostumbras después de cierto tiempo. Ya verás que en un par de años ni siquiera lo resentirás.
—Será así hasta que tenga el suficiente dinero para costearme una casa —le mencionó seriamente—. Después de todo, tendré una carrera que ejercer.
—Es un desperdicio que dejes esto, Daishi-chan. Pese a lo nueva que eres en esto, tienes seguidores fervientes y eres una chica bastante bonita —le sonrió tenuemente. Incluso su mirada parecía haberse relajado ante aquel piropo dicho.
—Bueno, eso depende del punto de vista de cada quien —sonrió burlonamente—. Además, extraño mis fines de semana libre.
—Sí, uno no se puede ir de fiesta en paz.
—Ciertamente —río tenuemente—. Aunque pensé que siendo un modelo tan meticuloso como tú, denegarías de irte de fiesta.
—Tuve que empezarme a cuidar por el modelaje, no precisamente porque lo haya querido de ese modo. De no ser así, estaría apenas levantándome —comentó con burla y al mismo tiempo con añoranza.
—Bueno, será mejor que nos demos prisa o nos llamarán la atención…como hace rato.
—Esos sí. Ya tendremos tiempo para charlar —agregó tras comerse su último pedazo de tocino.
El tráfico no podía ser más ligero que en ese justo momento y la velocidad tampoco era problema alguno, no cuando quien se encargaba del volante era tan diestro y poco le importaba la seguridad e integridad física de sus pasajeros.
Quizás no había sido tan buena idea pedirle un favor a uno de esos atolondrados chicos, pero las opciones que poseía eran limitadas y era el modo más simple de llegar a su destino en el menor tiempo posible.
—Solamente ten cuidado de que no nos vaya a ver un federal —esas fueron las únicas palabras cuerdas dichas en ese automóvil, cortesía de Leo.
—Estoy sorprendido de que nos hayas pedido ayuda, Aomine —sonrió burlonamente, de oreja a oreja, Hadrien.
—En realidad al único al que le hablé fue al enano, no a ustedes —le aclaró.
—¿No es más simple que la convenzas de que deje el modelaje? —lanzó Marko, quien concentraba su atención en la carretera. El danés era el que fungía de copiloto y le indicaba por dónde ir gracias al mapa que llevaba en manos.
—Se niega totalmente —mencionó el moreno, apoyando su codo sobre el margen de la ventana. La vista no era primorosamente buena, pero era mejor que estar mirando a Hadrien, quien se sentaba a su lado.
—Sus razones debe de tener —habló el alemán.
—De hecho las tiene.
—¿En serio?¿Y esas serían? —el peli blanco se sintió un poco curioso al respecto.
—Ahorra para comprarse una casa para después de que salga de la carrera —respondió sin mucha importancia. Aomine sabía que no tenía derecho alguno a objetarle que quisiera hacer algo como eso, incluso si involucraba al modelaje como medio para lograrlo.
—Sí, en definitiva suena a algo que haría ella —el italiano sonrió de lado. Conocía la terquedad de su amiga y sabía que no dejaría el modelaje sin importar las buenas razones que le pusieran sobre la mesa.
—Es una gran ventaja que Kiyoe sepa de los modelos esos —la mueca de disgusto de Hadrien no era para menos.
—Suena increíble que haya hombres que únicamente salen con mujeres para acostarse con ellas y luego botarlas —chasqueó malhumorado Leo. Pocas veces se le veía enfadado y seguramente nada bueno saldría de hacer que se pusiera en ese estado tan poco cordial.
—Pero como bien dijo Kiyoe, lo que me preocupa es lo que pueda hacer si encuentra un no de por medio —hablaba Marko seriamente—. Sabemos que Axelle no accederá y que hará todo de por medio para que el tipo no se quiera pasar de listo.
—Tsk…—todos allí sabían que el que menos humor y paciencia tenía en ese coche, era Daiki. Y no era para menos.
—Llegaremos antes de que caiga la noche, así que no pasará nada. Habrá gente, así que no podrán estar a solas —fueron las palabras de aliento de Zabeck.
—Pensemos en otra cosa por el momento —secundaba Austerliz.
—Como en que te han invitado a unirte a Hitachi Sunrockers o a Tokyo Big Blue —terció el castaño.
—¿Cómo es que sabes eso?
—Taiga, él me lo contó. Aunque a él lo invitaron a Kuroda Electric Bullet Spirits y Toyota Alvark Pacers. Sin importar qué elijan, tendrán que enfrentarse —sonrió burlonamente ante la noticia.
—Deben estar felices, ¿no? Por fin podrán jugar profesionalmente en Japón —felicitaba sinceramente el oji dorado.
—Una noticia digna de celebrarse.
—Aunque no luces muy emocionado al respecto, Aomine —el italiano notó el ausentismo total del moreno—. Axelle va a estar bien, descuida, llegaremos a tiempo.
—Todavía no me decido si lo haré o no.
—¡¿Qué?!¡Te lo estás pensando?! —a Hadrien le sorprendía una respuesta como esa—. El idiota de Kagami solamente está pensándose en qué equipo entrará y ya.
—¿Qué hay de ustedes tres? —cambió el centro de la charla hacia ellos.
—Tengo que hacerme cargo del negocio familiar —Leo fue el primero en hablar—. Ya sabes, una farmacéutica y todo lo correspondiente. No quiero que Elin y Mila carguen con ello. Así podrán hacer lo que quieran sin más.
—Es que lo tuyo es mucho más demandante de tiempo que nada, ¿no Leo? —mencionaba Hadrien—. Yo tengo una responsabilidad que cumplir, así que probaré suerte aquí en Japón con el negocio de mi viejo —sonrió ampliamente—. Si todo sale bien podría regalarles un par de bonitos coches.
—Aunque eso no significa que no jugaremos hasta que terminemos la carrera —señalaba el danés—. Así que tenemos tiempo de disfrutarlo antes de ser adultos responsables.
—Ah sí, a Marko también le propusieron entrar a uno de los 16 equipos profesionales que hay en Japón —Hadrien, el informante.
—¿En serio? —aunque Aomine lucía sorprendido, de verdad no le extrañaba que a Marko le invitaran a unirse a alguno de esos equipos profesionales, después de todo era bastante competente y era un rival digno de los Miembros de la Generación de los Milagros.
—Algo así —sonrió tenuemente—. Ya lo pensaré.
—Pues sería un desperdicio que te dedicaras toda tu vida a administrar hoteles y ese tipo de faramallas —habló socarronamente el moreno.
—Puedo decir exactamente lo mismo de ti, Aomine. Así que más te vale que muevas tu trasero hacia alguno de esos dos equipos —amenazó.
Lo único que deseaba en ese preciso momento era llegar a su habitación y tumbarse sobre la cama para no saber del mundo hasta la mañana siguiente. Entre el viaje, todas aquellas sesiones y la caminata turística encabezada por el set de fotografía había quedado más que muerta. Ni siquiera su apetito era suficiente incentivo para mantenerla por más tiempo dentro de aquella ruidosa y divertida habitación.
Y es que todos habían decidido relajarse de la mejor manera posible: con abundante comida y una gran variedad de bebidas. El ambiente fiestero se respiraba sin dificultad alguna y todos la estaban pasando estupendamente, especialmente cuando a alguien se le ocurrió encender el karaoke.
—¿Ya te vas, Daishi-chan? —cuestionaba el castaño en cuanto vio que la chica se puso de pie.
—Estoy muerta de cansancio, así que me iré a dormir temprano —y vaya que era temprano, ya que ni siquiera eran las ocho de la noche.
—Vamos, un rato más y ya podrás irte. Todos están muy emocionados, Axelle-chan —ese fue el comentario del fotógrafo, quien sostenía un tarro de cerveza de raíz en mano—. Ha sido una sesión increíble, así que merece que celebremos por ello.
—Pero es que yo…
—Sólo canta un poco con nosotros y podrás descansar. Además, una fiesta siempre cae bien —le sonrió cómplice Kazuya.
—Supongo que podría estar un poco más —Axelle volvió a sentarse. Y en poco tiempo tuvo entre sus manos una bebida espumosa y rosácea, una que denominaban al parecer como Medias de Seda.
—Una bebida suave para una chica —comentó el castaño. Él por su lado prefería un poco de sake—. Brindemos para que nuestra sesión fotográfica sea todo un éxito, Daishi-chan.
Aquella media hora se había prolongado más de lo que se hubiera imaginado. Incluso la frialdad de la noche se colaba desde las ventanas mientras todos los presentes parecían desear llevar toda aquella diversión hasta la madrugada. Cosa a la que no se opondría Axelle, no obstante, ya estaba en su límite y lo mejor era marcharse.
Se despidió de todos de manera general y trasladó su persona hacia su habitación. Dormir le sentaría de maravilla en ese momento.
—Al fin en cama…—nunca antes estuvo tan feliz por sentir la suavidad de un lecho como en ese momento. Especialmente ahora que sentía el cuerpo tan pesado y que su cabeza literalmente podía explotarle en cualquier momento. Era extraño, no había bebido prácticamente nada, por lo que no debería de sentirse de esa manera—. Seguramente mañana ya estaré recompuesta…
No demoró en quedarse completamente dormida, tanto por su cansancio como por su condición física ante las escasas bebidas que había ingerido esa noche. Sin embargo, la fiesta parecía continuar al punto que hasta su habitación llegaban las canciones mal interpretadas y ese barullo propio de las fiestas y personas alegres por el alcohol adicional en las venas. Causando así que se moviera sobre su cama para acomodarse y continuar durmiendo.
—…Debe ser molesto intentar dormir con todo ese escándalo, ¿no? Podemos ir a un sitio un poco más privado para que podamos descansar adecuadamente…Daishi-chan…
Existía más de un inconveniente cuando se llega a una ciudad que te es completamente desconocida, especialmente a horas donde no hay una gran cantidad de personas transitando las calles. La principal de ellas era localizar un determinado sitio del cual solamente se poseía el nombre y una que otra referencia. Pero eso no iba a ser impedimento para ninguno de ellos, especialmente cuando podían abarcar un poco más de terreno si se separaban.
Aunque era posible que no tuvieran que recurrir a algo como eso, no cuando a pocos metros de distancia se aproximaban aquel par de conocidos jugadores de basquetbol. No es como si la ciudad fuera pequeña, sino más bien que una de las dos partes poseía muy mala suerte.
—Shin-chan, ¿no son ellos tus queridos amigos? —sonrió descaradamente el pelinegro. Midorima solamente le lanzó una mirada asesina.
—Cállate Takao. Si no los miramos seguramente no nos notarán y se irán pronto —eso es lo que él deseaba, pero los astros no estaban de acuerdo, por lo que esos hombres terminaron acercándose sin chisteo alguno.
—¿Una esfera navideña…? —Hadrien miraba con curiosidad aquel frágil esférico que sostenía el muchacho sin pena alguna-.
—¿Qué es lo que están haciendo aquí ustedes? —cuestionó tal cual inquisidor.
—Necesito que nos informes cómo llegar a un cierto lugar, Midorima —habló el italiano seriamente.
—¿Qué es lo que pasa? Se ven de verdad preocupados —comentaba Takao observando el semblante de pocos amigos de los cuatro chicos.
—Sólo dinos lo que necesitamos y punto —soltó con hosquedad Aomine.
—El lugar al que quieren llegar no está demasiado lejos de aquí. De hecho pueden llegar en menos de quince minutos a pie —la pequeña nota estaba ahora en el poder del peli verde.
—Únicamente necesitamos indicaciones precisas y llegaremos —proseguía el italiano.
—Shin-chan, llevémoslos —sugería aquel molesto amigo.
—…Si no hay más remedio…—suspiró el de gafas. Estaba claro que no habían venido hasta Kioto a molestarle, por lo que decidió ofrecer su mano ayuda.
