¡Hola a todos! Ya llegué para terminar con el Angst que les dejé XD Bueno, al inicio sufrirán, pero ya después se pasará C: ¡No me odien y disfruten!

Capítulo 122

Actos y consecuencias

—¿No crees que te has precipitado mucho con esta chica, Kazuya? —interrogó aquel pelinegro al tiempo que rascaba su cabeza, ignorando el olor de cigarro que su invitado estaba propagando por toda la pequeña sala de su departamento. Prefería mantenerse sentado en uno de los dos sillones que formaban parte de la decoración del lugar.

—Pensé que sería fácil convencerla, pero no fue así. Cada que intentaba decirle un halago ella solamente sacaba otra cosa. Sin olvidar que me dejó claro que tenía pareja —chasqueó la lengua con fastidio. Incluso había apagado su cigarrillo sin más.

—Seguramente estás molesto porque te rechazó —se burló—. Nunca has soportado que una mujer se te resista y menos si crees que puedes conquistarla.

—Si tan sólo hubiera accedido por las buenas las cosas hubieran sido mejor para los dos.

—¿Qué es lo que tienes en mente?

—Divertirme un poco. Independientemente de todo lo que piense sobre ella, es bastante mona y seguramente se verá muy bien sin prenda encima —sonrió ladinamente y con cierta complacencia personal—. Nadie puede objetar nada si ambos estábamos en estado de ebriedad, ¿no es así?

Las palabras de Midorima habían sido ciertas. Aquel estudio fotográfico se encontraba bastante cerca de donde habían estacionado el auto e iniciado con su búsqueda. Razón por la que no dudaron en entrar en aquel modesto hotel, no sin antes tener que dar explicaciones a quien fungía como la dueña. De algo sirvió la buena labia del alemán.

Lo sorprendente no era que a ninguno de los presentes en aquel salón les perturbara o importara que unos completos desconocidos se pasearan por allí; no, lo que realmente dejaba pensando era que había un par de rostros que no ubicaban sin importar por donde registraran. Y eso disparó la alarma entre los cuatro.

No había tiempo que perder, y tampoco estaba permitido estancarse pensando lo que podría haber ocurrido. Lo único que quedaba era actuar cuanto antes y abarcar más terreno.

—Yo revisaré por los alrededores del hotel por si las dudas —se ofreció Marko sin perder más tiempo.

—Me encargaré de revisar todo este sitio una vez más. Incluso iré a preguntar a los que se hospedan por si han visto a alguno de ellos —fue la idea del alemán.

—Iré a las cercanías del hotel por si alguno de los lugareños sabe algo —mencionó Leo antes de salir de allí. Aomine siguió sus pasos, ya que se encargaría de revisar un poco más allá del alcance del danés.

Maldita sea, ¡¿dónde demonios estás, Axelle?! Espero que ese miserable no te ponga una sola mano encima o va lamentarlo profundamente. Juro que lo hará.

Sus ojos se abrieron con lentitud, sintiendo que le hacía falta un poco de luz al lugar y a la vez, experimentando el punzante dolor de cabeza que le martillaba sin compasión alguna. Pero esas molestias eran poca cosa comparado con el malestar generalizado que poseía su cuerpo. Era como si se encontrara viviendo una fuerte gripa de la que aún le quedaban días para salir airosa.

No obstante, el olor a tabaco le trastocó por completo. Hasta donde sabía nadie de los que conocía fumaba y mucho menos lo harían dentro de su habitación. Fue en ese momento en que cayó en cuenta de que algo no estaba bien.

Se levantó como pudo, sintiendo que el mundo le daba vueltas. Aquel mareo era apuradamente soportable y el que estuviera oscuro tampoco le ayudaba mucho. No obstante, debía alcanzar la puerta lo antes posible.

—Ungh…Mi cabeza…siento como si me fuera a estallar en cualquier momento…¿Por qué está todo oscuro?¿Y ese olor a cigarrillos…?

Abrió la puerta con la torpeza que ahora sus manos poseían. Y su semblante no pudo ser más sorpresivo que ése. Aquel lugar simplemente le resultaba irreconocible. Pero eso no era lo peor. Lo inadmisible era contemplar a esas dos chicas cuchicheando quién sabe qué sandez mientras bebían amenamente alrededor de ese divertido chico.

¿Dónde se encontraba?¿Por qué estaba en otro sitio a donde se hospedaba? Y sobre todo, ¿qué es lo que ese hombre tenía que ver en todo ello?

—¿Nagahama-kun…?

—Daishi-chan, has despertado. Estaba sumamente preocupado porque no despertabas, pero me alegra ver que estás bien —agregó con fingido alivio. Incluso sus pupilas no se despegaban de aquella chica que mostraba un alto grado de estupor.

—¿D-Dónde estamos…? —deseaba dejarse caer sobre el suelo y descansar, pero sabía que tenía que irse de allí en la brevedad posible. ¿Pero cómo? En su estado apenas y podía estar de pie.

—Daishi-chan, lo mejor será que descanses un poco. Yo mismo me encargaré de llevarte de nuevo a la habitación. Verás que para mañana estarás completamente recuperada —se había puesto de pie, aproximándose hacia donde estaba ella sólo para depositar sus manos sobre sus hombros.

—Quiero regresar al hotel —se apresuró a decir. Incluso se había apartado del agarre del castaño—. No quiero…estar aquí contigo.

—¿Pero qué cosas estás diciendo Daishi-chan? No seas bobita, es tarde para que una chica como tú ande por las calles de Kioto. Además, conmigo estarás más que segura —le remarcó, sonriente.

—No importa...Yo únicamente quiero irme de aquí, Nagahama-kun…—reiteró. Él por su lado torció los labios; ¿cómo podía seguir siendo tan terca pese a las condiciones en las que se encontraba?

—Creo que no me estás entendiendo bien, Daishi-chan. Te dije que te quedarás aquí hasta mañana, así que sé una buena chica y regresa a la habitación, que pronto estaré contigo.

—¡No quiero! —exclamó, mermando la escasa paciencia que aún conservaba aquel hombre.

Si bien sabía que no tenía sentido forcejear contra aquel hombre tanto por su limitada fuerza física como por la condición actual en la que se encontraba, no iba a desistir. Especialmente cuando aquel infame hombre se encontraba besándola por la fuerza, encargándose de mantenerla inmóvil y sumisa.

Lo que más odiaba era que las mujeres se le resistieran sabiendo él que poseía prácticamente todo lo que cualquier chica deseaba.

Ella por su lado lo único que llegó a hacer fue pisarle torpemente el pie, provocando que éste se apartara brevemente de ella. Y si bien eso no significaba que podría escaparse, al menos le había dado tiempo para llegar hasta la puerta; donde en contra de todos sus deseos cayó de rodillas. Las fuerzas se le estaban yendo de las manos y su visión no mejoraba.

Para ella todo era demasiado borroso y disperso. No obstante, si no hacía nada las cosas no terminarían nada bien.

—Me sorprende lo que eres capaz de hacer aun estando bajo el efecto de ese narcótico —soltó burlonamente, como si lo que hubiera hecho no fuera considerado prácticamente un delito—. No sé por qué te resistes tanto a mí, siendo superior a ese hombre que llamas como "novio" —su parloteo continuaba, sin embargo ella intentaba abrir la puerta. Estaba claro que poseía seguro y que tendría que buscar otra manera por dónde escapar. Pero, ¿cómo?

¡Maldita sea, no se abre! ¿Servirá de algo que pida por auxilio…? Ni siquiera sé si hay más gente allá afuera o si alguien podrá escucharme, pero…no tengo más alternativa que ésa…Si al menos Daiki estuviera aquí…

—No tiene caso, Daishi-chan. Estamos solamente nosotros cuatro aquí —sí, porque esas chicas solamente miraban divertidas lo que estaba ocurriendo sin siquiera intentar hacer algo al respecto. No quedaba duda de que eran de la misma calaña.

Hizo lo que cualquier otra persona en su sano juicio: clamar por ayuda hasta donde la capacidad de sus pulmones y garganta se lo permitiera. Lo haría hasta que ese chico se lo impidiera. Después de todo, ya estaba detrás de ella, sujetándole el rostro. Habría de callarla aunque ella no quisiera.

Sentía desagravio por el sabor de sus labios, por la manera en que le besaba y por esa prepotencia que embebía cada una de sus acciones. No podía liberarse, no podía siquiera gritar aunque eso fuera lo que más deseara en ese instante y tampoco podía luchar e impedir que las manos de ese hombre continuaran desabrochando cada uno de los botones de su camisa.

Estaba desarmada y completamente bajo su merced. ¿Cómo se supone que lograría impedir lo que ese hombre deseaba?

Su cuerpo se movía por inercia ante el avance de aquel hombre en un intento por cortar con su juego. Pero al mismo tiempo lo hacía para causar el mayor ruido contra la puerta de madera y lograr llamar la atención de algún curioso.

—Realmente luces muy bien, Daishi-chan. Empiezo a sentir celos de lo afortunado que debe ser tu novio teniendo a alguien como tú de pareja —la albina piel quedaba expuesta sin condolencia alguna mientras aquella celeste prenda se encargaba aún de preservar su feminidad y de privar a ese hombre de apreciar cada detalle de su cuerpo. No obstante, ¿por cuánto tiempo la situación se quedaría solamente en ello? Ella indudablemente temía que él continuara.

¿Existe…una manera de que salga de aquí…? Nadie me escucha sin importar lo que haga, nadie…Si esto sigue, entonces yo…entonces yo…D-Daiki…

La desesperación era una sensación que había experimentado en pocas ocasiones, pero no por ello se había olvidado de la manera en que calaba cada parte de su ser. No, nunca podría desprenderse de algo como eso y mucho menos cuando se encontraba experimentándolo nuevamente, de una manera tan vívida y aterradora. Pero no podía hacer nada para salvarse, ya que sin importar hacia donde depositara su mirada lo único que hallaba era desesperanza.

No obstante, el siguiente evento que le trastocó por completo fue el claro sonido de la puerta siendo forzada para ser abierta.

Sus carmesí pupilas se encontraron con esos zafiros y pareció como si en ese instante el tiempo mismo se hubiera detenido.

No le interesaba saber cómo es que él había llegado allí ni nada insustancial y carente de sentido alguno. Lo único que de verdad le importaba en ese instante es que él había llegado en el momento justo, salvándole, incluso cuando él no sabía que había estado rogando porque apareciera y le sacara de aquella situación que era incapaz de manejar por sí misma.

Estaba terriblemente feliz de verlo que aquellas penosas y gruesas lágrimas se escurrieron por sus frías mejillas sin piedad alguna. Había estado conteniendo el deseo de llorar ante su propio miedo e impotencia.

Él estaba aliviado de verla. La había estado buscando como un completo loco. Pero el contemplar el estado en el que se encontraba no hizo más que apagar la diminuta flama de temple que conservaba. ¿Se le podía culpar? Por supuesto que no. Lo que ese hombre había intentado hacer era sencillamente imperdonable y él se encargaría de hacérselo pagar con creces y sin miramiento alguno.

Resultaba ridículo y asqueroso que aquel hombre se encontrara ahora temeroso y cobarde, como si él fuera la víctima en ese preciso momento. Como si tuvieran que perdonarle por haber hecho un acto tan vil y denigrante.

Pero sus deseos se quedarían meramente en eso. Debía lidiar con las consecuencias de sus actos y probar un poco de eso que muchos denominarían como justicia.

Quejarse solamente haría que aquella dolencia se magnificara aún más, yendo de lo soportable a lo intolerable. Pero tampoco es como si le gustara sentir el desagradable sabor del hierro en su boca. Aunque si decía algo, por mínimo que fuera, tendría que decirle adiós a otro par de sus preciados dientes.

—¡Vas a arrepentirte de lo que has hecho!¡No sabes con quién te has metido! —se atrevió a decir aquel hombre, cuya nariz rota sólo hacía que el tono de su voz se tornara desagradable en exceso.

—No estoy muy seguro de eso…maldito bastardo…—Kazuya debía aprender a callarse, si deseaba conservar el resto de su dentadura intacta. El moreno no había llegado solo al departamento; ya que justo detrás de él se encontraba aquel alto muchacho, uno que si no bastaba su gélida mirada para hacerlo callar, sin dudar lo haría el golpe que le estaba preparando en cuanto apretó sus nudillos con fuerza.

—¡¿Pero quién demonios son todos ustedes?!

—…Somos los que le daremos fin a tu corta carrera de modelaje…—Hadrien no era alguien de mucha paciencia y que gustara de resolver las disputas con diplomacia. No, él era de los que golpeaban primero y pensaba después. Y el castaño lo sabría en el instante en que todo su cuerpo se dobló ante el puñetazo que el alemán acomodó en su zona abdominal—. Sólo les diré que si abogan por una basura como él, me encargaré de que compartan celda…—así como era capaz de cautivar a las chicas con sus bonitas palabras, también podía infundirles un fiero temor sin siquiera tocarlas.

—Encárgate de llevarla al hospital, Aomine —fueron las llanas palabras de Marko. Quien llegó al poco tiempo junto con el danés—. Nosotros nos encargaremos de limpiar esto —Nagahama apenas podía erguirse sobre sus pies; estaba completamente solo, ya que esas dos mujeres habían salido corriendo con enorme pavor.

—¡O-Oye…no te vayas, no me dejes con…estos locos! —él sabía mejor que nadie que esos tres chicos poco les importaba meterse en problemas y más si se habían metido con alguien que era importante para ellos. Fue en ese momento en que se dio cuenta del grave error que cometió al entrometerse con esa chica.

—¿Hace cuánto tiempo que no golpeo a nadie, eh? Creo que he perdido la cuenta —sonrió ladinamente el italiano, mirando sin escrúpulo alguno al asustado hombre.

—En cualquier otro momento les haría desistir de sus métodos violentos para arreglar las cosas, pero en esta ocasión…permítanme unírmeles —Leo podría ser el más calmado y sereno de todos, pero incluso él tenía puntos que era recomendable no presionar.

Llegar al hospital más cercano no representó problema alguno. Lo complicado venía ahora con la larga espera que tenía que soportar hasta que el médico apareciera con las indicaciones pertinentes.

Ni siquiera porque el reloj marcaba más de las once de la noche sentía el cansancio de un largo día de viaje. Podía jurar que tenía más energía como pocas veces en su vida.

Pero su momento de abstracción se vio interrumpido cuando aquella enfermera se acercó a él para pedir que le acompañara.

—…Lo…siento…—fue la frágil disculpa que emergió de los labios de la chica en cuanto contempló que el moreno se adentró en la pequeña habitación de hospital. Sin embargo, él sólo tomó asiento a un lado y guardó silencio durante un largo rato.

—…No ha sido tu culpa…—mencionó claramente, viéndole de reojo. ¿Cómo podía culparle de algo en lo que no había tenido nada que ver? El único al que había que objetarle algo era a ese maldito bastardo.

—Pero no debí de haber bajado la guardia…

—Axelle, ese idiota puso algo en tu bebida. Te drogó, tú no podías saber que haría algo como eso —sabía que ella se culparía por lo sucedido, incluso cuando sabía que muchas cosas hubieran sido imposible de prever.

—Aun así…

—Lo único que importa es que no pasó a más y que con descansar un poco ya estarás recuperada —suspiró lánguidamente. Estaba aliviado de que ese hombre no se hubiera sobrepasado con ella, pero el saber que la había hecho atravesar por una situación como ésa le enfurecía.

—…Gracias por…salvarme, Daiki…Si no hubieras aparecido en ese momento, seguramente…—no dijo más, él se encargó de callarla depositando sus labios sobre los ella.

—Tonta, ya no pienses en ello. Aunque sé que es difícil…pero…—a él no se le daba hablar sobre esa clase de temas y menos ofertar palabras bonitas de aliento. Y lo que lo complicaba todo aún más es que se trataba de ella—. No dejaré que nadie…te vuelva a poner una mano encima. Lo juro.

—Es algo que agradeceré enormemente —sonrió suavemente. Daiki no supo cómo reaccionar ante esas simples palabras. ¿Ella, pidiéndole que le protegiera? La conocía lo suficiente para saber que no era de las que pedía algo como eso—. Además, quiero irme de aquí.

—El doctor dijo que tenías que descansar.

—Pero puedo hacerlo en otro lugar —comentó, evadiendo la miradilla inquisidora del moreno.

—¿No me digas que no te gustan los hospitales? —preguntó burlón.

—Claro que no…Sólo no me gusta dormir en las camas de los hospitales…—sabía que su excusa no era convincente para él—. Está bien…no me gusta estar en este tipo de sitios por mucho tiempo…¿Contento?

—Entonces vayámonos de aquí.

Aquel cuarto de hotel le recordaba en cierto modo al que había ocupado por un par de horas. Pero a diferencia de aquél, en ese lugar el único ruido que existía era el que ambos podían llegar a producir o el de aquel televisor que recién había sido prendido.

Y aunque hubiera querido ver en detalle donde pasaría la noche, su actual condición no se lo permitía, por lo que su merodeo se limitaba a la comodidad de la cama.

—Duérmete —puntualizaba el moreno tras sentarse en el único sillón que había. El cansancio ya le estaba rindiendo cuentas.

—…Quiero bañarme…Huelo a cigarrillo, colonia barata y alcohol…—sin mencionar que lo que más deseaba era desprenderse de esa sensación de suciedad que le embargaba ante lo que había vivido recientemente.

—No estás en condiciones de bañarte, Axelle —él la entendía, pero como estaba terminaría accidentándose a media ducha.

—Pero Daiki —allí estaba de nuevo su necedad haciendo gama de presentación. Ya se había puesto de pie y aunque se tambaleaba, estaba firme en llegar hasta el baño—. Pues me iré a bañar quieras o no.

—Te recuerdo que no tienes ropa para cambiarte —se puso de pie, sujetándole de los hombres, y evitando que la atolondrada chica cayera al suelo.

—¡Pues me dormiré en ropa interior y problema arreglado…! —esa simple confesión logró que Aomine la soltara y la mirara con los ojos abiertos como enormes platos. Que alguien le repitiera lo que su desinhibida novia había pronunciado, porque estaba que no se lo creía. ¿De verdad sería capaz de algo como eso?

—Ah, espera…¿qué demonios has dicho? —había que confirmarlo porque los malentendidos estaban a la hora del día.

—Que dormiré en ropa interior —oficialmente esa mujer iba a dormir en lencería, importándole un bledo la integridad mental de su novio. ¿Es que no contemplaba que algo como eso atentaría contra todo pensamiento lógico del moreno?

—¿Ah…? —lo único que resonaba en su cabeza eran esa simple oración. Ella por su lado ya se había ido a bañar en contra de la sugerencia de Aomine.

Sacudió de su cabeza aquella idea y simplemente volvió a tomar asiento. Lo mejor era concentrarse en el programa que estaba pasando en ese preciso momento, ¿y por qué no? Llamar a uno de esos tres locos amigos de su novia y preguntar qué es lo que habían hecho con el modelucho ése.

Cualquier cosa era mejor que pensar en que estaba a solas con Axelle, sabiendo que iba a cumplir con su palabra de dormir con poca ropa encima.

—Oh, Aomine. ¿Cómo resultó todo?

—Bien. No le dieron nada grave y se recuperará si descansa adecuadamente —comentó. Por ahora prefería jugar con el control remoto del televisor.

—Me alegra saber eso —suspiró con enorme alivio el italiano—. Por cierto, ¿podrías quedarte con Axelle hasta mañana? Ah sí, y mándame la dirección de donde están hospedados. Nos iremos mañana por la tarde.

—¿Qué demonios están haciéndole a ese imbécil? —curioseó. Con ellos podía pasar lo que sea.

—Lo sabrás seguramente a más tardar mañana por la tarde —aunque su tono usual de voz no había vuelto, se le notaba un poco más relajado al mismo tiempo que divertido. ¿Qué es lo que le tenían preparado a ese desgraciado hombre?

—Conociéndolos, seguramente harán que ese hombre se replantee volver a salir de casa.

—Hadrien está siendo muy creativo esta noche —y es que Aomine lo único que lograba a alcanzar a escuchar eran los gritos de ese hombre que rogaba porque no siguieran al tiempo que alguien se encargaba de que no siguiera lloriqueando.

—Bien, espero que se diviertan mucho con él —por primera vez estaba complacido del grado de malicia y creatividad que esos hombres poseían cuando se trataba de encargarse de alguien que les había fastidiado la existencia.

—Buenas noches, Aomine. Disfruten su tiempo a solas —sí, porque no se podía despedir sin antes molestar al moreno. Y si Daiki no arrojaba el celular era porque debía mandarle la dirección después para que pasaran por ellos en unas horas.

—Maldito enano…Tsk…Aunque de igual modo le debo…una…—admitir algo como eso le producía urticaria.

—¿A quién le debes una, Daiki?

El pobre hombre palideció en cuanto sus celestes ojos se posicionaron en la recién bañada chica. Al diablo que su cabello estuviera goteando la tibia agua de la regadera o que esa toalla permaneciera alrededor de sus hombres. Lo único que en ese momento atrapaba toda su atención era ella y su bien cuidada anatomía.

Tragó saliva pesadamente, intentando alejar cualquier pensamiento contraproducente. Sin embargo, era algo complicado cuando se tiene a menos de dos metros de distancia a alguien como ella, a alguien que había decidido usar justamente ese día aquel regalo que le había obsequiado hace menos de un mes atrás en Navidad.

Lo admitía, tanto el color como el diseño le favorecían enormemente. Y eso quizás era el mayor de los problemas.

Su libido no podía haberse disparado en el peor de los momentos.

—Uh…Al…enano de tu amigo —volver a ver la tele era la mejor de las elecciones. Aunque una parte de su ser deseaba seguir admirando la excelente vista que tenía en ese preciso instante. Pero sabía que lo mejor era ignorar que su novia andaba por allí con tan poca ropa encima, mostrando cada uno de sus atributos sin preocupación alguna.

—Fue todo un trabajo en equipo —mencionó. Él por su lado intentaba concentrarse en lo que intentaba hacer; es que ella simplemente había optado por abrazarle desde atrás sin aviso alguno. Había un par de cosas que podía sentir sin problema alguno contra su espalda y no necesariamente le hacían las cosas más fáciles—. ¿Pero cómo fue que se enteraron de todo?

—La novia de Bakagami nos contó sobre ese modelo —explicó, ladeando su mirada hacia ella. Quizás era que pasaba de la media noche o que hasta hace poco había estado demasiado preocupado por encontrarla, pero la notaba mucho más atractiva de lo usual. Era como si por primera vez se hubiera detenido a inspeccionar cada facción del rostro de esa mujer.

—Kiyoe sí que sabe mucho sobre estas cosas —suspiró—. Aunque gracias a ella ustedes llegaron aquí. Así que tendré que agradecérselo después —no es como si Daiki no apreciara esos momentos en que ella se comportaba de esa manera, sino más bien que había decidido la peor ocasión para ello.

—Sólo logra que Kagami esté lejos de la comida por más de una hora y la harás inmensamente feliz.

—Empiezo a preocuparme por ellos un poco…—sonrió con cierto nerviosismo.

—Ahora vete a dormir —demandó. Que si pasaba más tiempo de calidad a su lado seguramente todo se le iría de las manos. Mal momento para que su deseo de navidad se hiciera realidad.

—Buenas noches, Daiki —le susurró al oído, terminando de crispar los nervios de aquel hombre.

No hubo necesidad de que mirara hacia atrás, el sonido de las sabanas siendo removidas le indicaban claramente que ella ya estaba más que dispuesta a hundirse en el mundo de los sueños. Y eso era lo mejor para ambos por diferentes razones.

Aunque no le incomodaba pasar la noche en un sillón, en definitiva consideraba algo fatigoso el hacerlo en uno tan pequeño. Pero no podía ir y acostarse en la cama sin más. Lo mejor por ahora sería ir a tomar una refrescante ducha para calmar sus ansias.

Sólo a ella se le podría ocurrir algo como eso…—nuevamente se había tumbado sobre el sillón. Para su confort había optado permanecer solamente en pantalones, después de todo, la noche estaba tenuemente calurosa.

—¿Daiki…? —al parecer alguien todavía no se dormía. Él sólo postró su atención en ella; estaba sentada, cubriéndose con el ligero edredón de la cama.

—¿Qué sucede?¿No puedes dormir o se te ha ido el sueño? —bromeó con una sonrisa. Sabía que existía una fuerte razón por la que no podría conciliar el sueño, pero no iba a mencionarla sin importar nada.

—Umm…Algo así…Además…—agachó su mirada. Al parecer tenía cierto recelo de continuar con su oración.

—¿Además…?

—…Duerme conmigo, Daiki…—ni siquiera había terminado de pronunciar su nombre, pero él ya se encontraba ahogándose con su propia saliva. Esa noche esa mujer estaba dejándole completamente anonadado.

—¡¿Q-Qué…dijiste?!

—No voy a repetirlo, es vergonzoso —el sonrojo de sus mejillas no mentía; le había costado decir algo como eso. Aunque él tenía cara de bobo en todo el sentido estricto de la palabra.

—No crees…que es algo…Umm, no sé.

—Yo no tengo problema con ello —sonrió, cínica y ampliamente. Él suspiró ante sus palabras—. Ya…me acostumbré a ello…—confesó con pena total. Aomine por su lado podía considerar como esa noche una de las pocas en las que le escuchaba a Axelle un tono de voz que raramente usaba ella.

—Sólo no me uses de almohada humana…de nuevo —sentenció con humor. Había optado por ocupar el lado derecho de la cama y darle la espalda. Por ahora prefería marcar cierto espacio personal, por su bien.

—Daiki.

—¿Qué sucede ahora? —ella debería dormirse y no incordiarle más porque sólo le hacía pensar en que estaba en ropa interior y nada más.

—¿Estás rehuyéndome por como estoy en estos momentos? —sí, debía suponer que le preguntaría eso tarde o temprano. Sin vergüenza de lo peor.

—¡Claro que no! —exclamó con una venita saltada. Esa mujer no iba a escuchar lo que quería—. Así que ya duérmete que es bastante tarde.

—Entonces…¿puedo abrazarte? —bien, estaba claro que le declaraba silenciosamente la guerra.

—Haz lo que quieras —intentó sonar lo menos interesado en la resolución de la francesa. Pero quedaba claro que una parte de él no deseaba que lo hiciera cuando la otra ansiaba que llevara a cabo su cometido. Maldita bipolaridad.

—…Buenas noches, Daiki…—al final lo había hecho. Así que ahora podía sentir a flor de piel tanto su calidez como la suavidad de sus pechos contra su espalda.

¡Lo ha hecho a propósito, lo sé! No la conoceré…Maldita sea…Es ahora cuando pienso que el que fuera copa A no sería tan malo…Tsk…

—Daiki…

—¡Ya duérmete! —era lo mejor.

—Ya no te molestaré —soltó risueña. Él sólo se giró hacia ella, para encararle. Esa mirada mostraba una gran satisfacción por la travesura que había hecho—. Te quiero, Daiki —no tuvo tiempo de decir absolutamente nada, ella ya se había encargado de robar sus labios y adueñarse de ellos por tiempo indefinido.

No opuso resistencia ante el método tan placentero que empleó para callarle. De hecho estaba disfrutándolo más de lo que podría haberse imagino. Posiblemente porque su curiosidad empezaba a ser saciada lenta pero constantemente.

Su piel no únicamente era suave, sino también terriblemente volátil ante su tacto. Es que con el más suave de los roces lograba hacerle estremecer sin el más mínimo esfuerzo. Y esa era una sensación que él empezaba a disfrutar.

Sólo se apartó de él para volver a recuperar su aliento. Por ahora prefería seguir probando el adictivo sabor de sus labios y olvidarse de esa manera de lo que hasta hace un par de horas había tenido lugar. Y seguramente él sabía que esas eran sus intenciones tras aquel pasional acercamiento.

No supo en qué momento la acercó lo suficiente a él como para sentir la calidez de su piel, pero no iba a reparar demasiado en ello. Estaba demasiado ocupado con su receptivo cuello que poco le importaba que la distancia que les separaba fuera inexistente. Y ella tampoco objetaba ante su atrevimiento.

—…Axelle…—expresó con la respiración entre cortada. Le era imposible esconder el acelerado latir de su corazón o el enorme deseo que tenía de proseguir. Sin embargo, sabía que lo mejor era frenar las cosas antes de que el retorno fuera inevitable—. Lo mejor es que nos vayamos a dormir ya…—susurró. Incluso era él quien se encargaba de abrazarla y pegarla a él, como si deseara protegerla para que nada malo le volviera a ocurrir nunca más.

—…Lo siento…me dejé llevar…—murmuró con cierta culpa—. Pero es que se siente…demasiado bien…estar de esta manera contigo…—él soltó una rápida carcajada ante semejante confesión.

—Mira las cosas tan bochornosas que dices —él en definitiva se estaba burlando, pero al mismo tiempo se sentía orgulloso de hacerla sentir de ese modo—. Pero indudablemente…un día te haré completamente mía…