¡Buenas noches señoritas! Por si me habían echado de menos, ya llegué XD Justo en el día de las madres (al menos acá en México) para traerles felicidad a sus corazones :D Gracias por sus lecturas, su apoyo y todo eso. De momento disfruten, que todavía nos queda tramo en esta historia :D Y amen las ocurrencias de Hadrien~

Capítulo 123

Todos obtienen lo que se merecen

No era el molesto ruido del despertador el que le obligaba a abrir los ojos e integrarse en el nuevo día que hacía horas había dado inicio, sino más bien el toque constante del que era víctima la puerta de su habitación. Por lo que sin mayor demora fue a atender.

—Buenos días, campeón —soltó Hadrien con tono de burla tras entrar al cuarto y haberse percatado de que el hombre yacía sin camisa alguna—. Tal vez me equivoqué, pero creo que pasaste una buena noche -Aomine le hubiera dado un buen golpe si éste no hubiera sido terriblemente escurridizo.

—Ya déjalo en paz —Leo fue el segundo en entrar. Él traía la maleta de Axelle así como otras bolsas que aparentemente eran de ropa recién comprada.

—No me sorprende que todavía siga durmiendo —Marko por su lado se había encargado de depositar todas esas bolsas de comida sobre el mini comedor que el cuarto poseía.

—Tan temprano y haciendo ruido —fue cuando Daiki notó que pasaba de la 1 pm y que ya tenía hambre.

—Quisimos dejarles dormir en paz. Y hemos traído comida y ropa nueva —mencionó el alemán campante tras sacar toda esa comida rápida sobre la mesa—. Encárgate de despertarla, Aomine.

—Bueno, sobre eso... —el moreno rascó su mejilla con cierto nerviosismo. Si bien la blonda se encontraba completamente envuelta en el edredón de la cama, en cuanto se despertara, esos tres se darían cuenta del pequeño detalle de que su amiga durmió solamente en ropa interior.

—Así que las cosas están de ese modo, eh campeón —el alemán y su estúpido tonito que llevaba a cualquiera a pensar en el doble sentido de sus palabras.

—¡Por supuesto que no, idiota! —replicó enfadado—. Deja de pensar que ha pasado "eso" —se limitó a sentarse y tomar uno de esos desayunos que solían vender en las estaciones de metro.

—Está bien, dejémosla dormir un poco más. Después de todo, es la que más lo necesita de todos —comentó Leo antes de tomar asiento. Pronto los otros dos harían lo mismo.

—¿Y qué fue lo que lo que le hicieron a ese idiota? —porque Daiki también podía ser curioso.

—Hadrien lo drogó con cloroformo —confesó Marko muy quitado de la pena.

—¡¿De verdad hiciste algo como eso?! —el moreno estaba que no se lo creía del todo.

—Únicamente fue para llevarlo a un lugar mejor —y eso amplió las sospechas de Aomine—. Digamos que lo llevamos a un sitio donde podía divertirse como él tanto deseaba —sonrió de una manera tan encantadoramente malvada.

—Ey, ¿qué fue lo que hicieron?

—Lo llevamos a un Club nocturno. O mejor dicho lo dejamos allí al cuidado de las amables señoritas que allí laboraban —el peli azul se preguntaba por qué se le veía tan divertido al italiano relatando algo que en apariencia no podía ser visto como un castigo.

—Míralo, se le ve tan feliz siendo atendido por esas hermosas chicas —el alemán se encontraba mostrándole aquel grupo de fotos que guardaba en su celular. En cada una de ellas se observaba a un modelo con el labio partido pero feliz al ser atendido por tanta bella mujer.

—Espera un momento, esas chicas... —el moreno había logrado percatarse de esos pequeños detalles que le llevaban a desconfiar de esas damiselas.

—Tú le rompiste la nariz, pero yo me encargué de volvérsela a poner en su sitio —agregó con gran entusiasmo y orgullo, el italiano—. Aunque después se puso a llorar...Dizque le dolía.

—Por eso usé el cloroformo para que se estuviera quietecito.

—Y entonces llevarlo a ese club fue mucho más simple. Solamente alegamos que había tomado de más —proseguía el danés con el relato—. Lo dejamos en ese sitio para que pudiera relajarse y olvidarse de la casi golpiza que le dimos.

—Y como estas fotos lo demuestran, la pasó muy bien —afirmaba Hadrien.

—Pero si esas chicas son en realidad...

—Aomine, Aomine, son detalles, detalles insignificantes —agregaba el castaño.

—No creo que sean "pequeños detalles". Estoy seguro de que se dio cuenta de algo como eso... —expresaba Daiki. Es que se tenía que estar drogado para no darse cuenta de que esas damas de compañía eran en realidad hombres travestidos de manera casi perfecta. Después de todo, Sandy era el vivido ejemplo de que se puede engañar a un hombre con una apariencia femenina bien trabajada.

—Se dice que si ambas partes están en estado de ebriedad, muchas cosas locas pueden pasar. Y prácticamente a nadie se le puede culpar porque son actos consensuales —parloteaba el oji dorado con una sonrisa de oreja a oreja.

—Ustedes de verdad...lo dejaron en un Club gay...toda la noche... —Aomine empezaba a respetarlos…y a temerles.

—Le pagué a las mejores chicas para que atendieran como dios a ese desafortunado hombre, dándole de beber y comer hasta que no pudiera más.

—Hadrien, siempre tan bondadoso —reía Marko de recordar al alemán, contándoles su plan a aquellas chicas.

—Generalmente cuando las personas toman, se sinceran y son incapaces de mentir. Por lo que se les puede cuestionar sobre lo que sea —mencionó tranquilamente Leo. Pero quedaba claro que él había estado detrás de un interrogatorio meticuloso para el modelo.

—Y ya que no podemos golpearlo hasta dejarlo irreconocible porque está penado por la ley. Cambiamos de plan e hicimos lo que cualquier chico maduro de universidad haría —Hadrien hizo una pausa dramática, mirando con enorme burla a Aomine—...destruimos su carrera como modelo...

Porque las palabras no eran suficientes para dejarle las cosas claras a Daiki. No, para eso estaba la evidencia. Nunca antes había visto un vídeo con tantas visitas tras tan poco tiempo de ser colgado en internet. ¿Pero podía ser de otra manera? Claro que no y mucho menos cuando el protagonista de aquel polémico video era un modelo tan renombrado.

No había nada de malo en ver a un hombre besarse con una chica y más si ésta era bastante maja. Sin embargo, se creaba cierta controversia y comicidad cuando se consideraba que no era una mujer con la que ese modelo estaba demasiado confianzudo y acaramelado.

Y claro, las preguntas no podían esperar. Mas cuando ese hombre ya se apreciaba bastante pasado de copas mientras las dos chicas que permanecían a su lado le besaban tan cándidamente.

El alcohol y sus propiedades para sincerar a las personas.

—Se ha quedado sin palabras —Turletti parpadeó confuso ante el estado de abstracción del moreno.

—¿Cómo se les pueden ocurrir este tipo de cosas? —no era reproche ni burla, era una pregunta seria.

—No lo sé. Son ideas que vienen a nuestra cabeza así de repente —lo peor es que Hadrien había respondido tan seriamente a ese cuestionamiento que a Aomine le quedó claro que a ese desafortunado sujeto le hubiera sentado mejor una paliza que le mandara al hospital que enfrentarse a las bromas de esos tres.

—Subimos el vídeo a internet, se lo mandamos a su manager y a la revista en la que trabaja de fijo. Y las fotos fueron a dar a su página de fans —enumeraba el oji esmeralda como si contara manzanas.

—Y los medios se encargaron de lo demás —Austerliz bebió un poco de su bebida fría y empezó a comer tranquilamente.

—Quizás haya intentado sobrepasarse con Axelle, pero ahora todo el mundo sabe que le gusta dar y recibir amor —el alemán podía ser tan malvado a veces—. Pero sobre todo que le den…que le den…mucho amor... —no cabía duda alguna de que estaba disfrutando de su pequeña travesura.

—Sus fans lo odian, la revista en la que trabajó por años no quiere saber nada de él y no podrá sentarse en más de una semana —Marko intentaba no reírse o terminaría ahogándose con su malteada de fresa.

—Bien, ni yo lo hubiera podido haber hecho mejor —sí, el mismísimo Aomine Daiki se encontraba felicitándoles y ellos estaba que no se lo creían. Demoraron un par de minutos en procesar la información.

—Aomine nos ha felicitado, no lo puedo creer —Hadrien, el sensible que miraba con ojos de cachorro triste al moreno.

—Sabía que en el fondo nos considerabas como amigos, Aomine —prosiguió Marko todo conmovido.

—Los momentos difíciles son los que muestran y unen a loa verdaderos amigos —mencionaba el danés tranquilamente.

—¿Qué es todo este escándalo? —la francesa se había despertado al fin y se había dirigido instintivamente al comedorcito del cuarto. Para la fortuna de Aomine, llevaba puesto su suéter por lo que estaba bien cubierta.

—Te lo contaremos de regreso a casa, Axelle —expresó sonrientemente el italiano.

—Ahora ve a bañarte. Trajimos tus cosas, así que podrás cambiarte —enunció el oji dorado.

—Para que puedas comer un poco -—terció el peli blanco.

—Ummm...Está bien —se fue de allí dando un gran bostezo.

—¿No es sexy cuando tu novia usa tu ropa, Aomine? —esa oración no podía venir de otro que no fuera el mismísimo Hadrien.

—Cállate idiota —masculló, asesinándole con la mirada.

—Mejor comamos y punto —el estómago de Marko por delante.

Mira que hacer semejante cosa sin siquiera detenerse a pensar que si algo salía mal se meterían en tremendos problemas. Si serán idiotas —sonrió burlonamente. Aunque esos tres no lo notaron ya que estaban más que entretenidos peleándose por una pieza de pescado—. Podrán ser fastidiosos y un dolor de cabeza, pero son confiables... —quizás fue en ese momento en que comprendió completamente que esos tres actuaban más como un trío de hermanos sobreprotectores que como un grupo atolondrado de chicos.

El viaje de regreso a casa resultó de lo más tranquilo, especialmente porque la persona que más suele hablar durante los largos trayectos se encontraba totalmente dormida. Pero descansar le sentaría bien para que todas esas molestias que aún continuaban asediándole, se esfumaran pronto.

Y tras dejarles cerca de casa, todos se despidieron, dejándole el cuidado de aquella adormilada chica al único que podía hacerlo en ese preciso momento.

—¿Segura que estarás bien sola? —interrogó Aomine tras entrar al departamento inmediatamente después de ella.

—Por supuesto. Ya no estoy mareada ni nada por el estilo. Aunque sigo teniendo sueño —bostezó largamente. Incluso tuvo que restregar sus ojos por lo adormilada que todavía se sentía.

—Lo mejor será que te vayas a dormir.

—Daiki, son las 6 de la tarde, es demasiado temprano para pensar en eso —se había trasladado hasta el refrigerador para tomar un jugo de caja—. Aunque quizás duerma dentro de un par de horas —enunció, sonriendo. Sin embargo, estaba consciente de su cansancio por lo que seguramente no demoraría en caer en el mundo de los sueños.

—Por cierto, los chicos de Tōō quieren que nos reunamos el siguiente fin de semana en unas termas…—mencionó sin demasiado ánimo. La sola idea le estresaba.

—Suena bien. Nada como tener una reunión con tu ex equipo de baloncesto Tōōmientras ella se veía animada por la invitación, él sólo bufó.

—Pero es que ir con esos sujetos…Tōōpronto se dejó caer sobre la mesa, como si las energías se le hubieran ido del cuerpo.

—Deja de ser perezoso y hazlo —sentenció—. Si me invitaran a algo como eso, aceptaría sin más, pero como no es el caso, te motivo a ti.

—…Si no voy Satsuki estará de insoportable, lo sé…

—Si ya la conoces entonces sabes qué hacer…

—¿Vas a salir el siguiente fin de semana a algún lado por tu trabajo? —le miró con detenimiento. Ella supo de inmediato el motivo de su repentino interés en su agenda de trabajo.

—No, así que no tienes excusa para no ir con Momoi y los chicos. Además, parecen agradables.

—Lo dices porque no conoces al malvado de lentes…

—Te prepararé el almuerzo para que no mueras de hambre de camino allá —le notificó; él sencillamente le sonrió en son de aprobación.

—Ni se te ocurra poner verduras.

—¿Otra vez con la idea de que los hombres sólo comen carne? Te pondré verdura y si no te la comes haré que Momoi te dé un escarmiento —Aomine no estaba nada feliz de la complicidad que esas dos mujeres habían adquirido. Ahora podían vengarse por la otra sin chisteo.

Los días se fueron volando en un santiamén, por lo que el viernes llegó en un simple parpadeo. Razón por la que había que preparar todo lo que sería de utilidad para el gran viaje. Ya que aunque su destino quedaba a menos de una hora, iba a pasar todo el fin de semana fuera de casa y requería ir preparado.

Así que a regañadientes, al fin terminó su maleta.

—Espero se diviertan mucho —comentaba Daishi. Los tres permanecían en la sala de la casa de Aomine con las maletas puestas a un lado de los sillones. Habrían de salir mañana a primera hora.

—Sacaremos muchas fotos y te las mostraré, Axelle —agregó campante la peli rosa.

—¿No crees que es más que suficiente que pase dos días en la misma habitación que esos tres?

—No —ellas dos tan lindas y cínicas.

—Tsk…Mejor me iré a mi habitación —dijo por mera cortesía, porque ya estaba subiendo las escaleras.

La mañana del sábado empezó demasiado abrupta para cierta persona que amaba dormir y no tener que pararse a las seis de la mañana para abandonar su acogedora cama y embarcarse en un viaje de una hora para tener que pasar tiempo de calidad con ex compañeros del colegio.

Como pudo se levantó, aseó y vistió. Para su desgracia o fortuna al bajar las escaleras se topó con su querida amiga de la infancia, una que pese al frío que hacía lucía ropas glamurosas y coordinadas. Y también sostenía aquella bolsa con los bento.

—Axelle pasó dejándome esto en mi casa antes de dirigirse hacia el trabajo, Daiki —el moreno estaba feliz de que al menos iba a comer algo comestible y no los experimentos de Momoi.

—¿Nos vamos, ya? —bostezó largamente. Eso de madrugar no era lo suyo.

—Sí, sólo tenemos que llevar las maletas al auto de mi padre y podremos marcharnos —sonrió animadamente. Ella estaba entusiasmada por el viaje.

—Sí, sí, lo que sea —el moreno por su lado quería subir al auto y echarse una siesta. Necesitaría de toda su energía para aguantar el sábado.

El destino final había sido Hakone, ciudad que se encontraba dentro de la prefectura de Kanagawa y que para fortuna de los dos, se hallaba a menos de una hora de donde vivían. Después de todo, era un punto turístico gracias a los abundantes centros turísticos y Onsen, por lo que era perfecta para la reunión de aquel ex equipo de basquetbol.

Pronto se vieron arribando a su lugar de reunión.

—Sólo deben seguir derecho y llegarán hasta las termas —indicaba aquel padre. Se había detenido justamente al lado de una angosta calle.

—Esta zona es bastante tranquila —comentó Momoi mientras bajaba del vehículo. El lugar al que habían ido a dar no era demasiado urbanizado por lo que los sonidos de la naturaleza resultaban sumamente agradables.

—Gracias —atinó a decir el moreno tras su descenso.

—Cuídense y diviértanse mucho, vendré por ustedes el domingo por la noche —dijo como despedida antes de emprender el camino de vuelta a casa.

—Ahora debemos subir y llegaremos a las termas —detrás de ellos permanecía una cuesta definida por arboledas de pinos y con algunos vestigios de nieve encima. Al parecer se habían tomado las molestias de retirar el exceso de nieve para evitar accidentes potenciales.

Fuera de aquel establecimiento les esperaban esos tres chicos, igual de abrigados que ellos pero bastante motivados de pasar un buen fin de semana de descanso y lejos de sus estresantes compañeros de equipo. Además, era un buen momento para limar las asperezas que el torneo de invierno pudiera haber dejado.

Sin mayor dilación entraron, topándose de inmediato con el propietario. Un hombre alto, corpulento y que seguramente si lo enfadaban lo suficiente les daría una buena paliza. Aunque de momento les recibía con una candorosa sonrisa.

El registro fue rápido y pronto se dirigieron hacia sus respectivas habitaciones. No sorprendía que los cuatro chicos hubieran quedado en el mismo cuarto.

—¿Y cómo les ha ido…? —preguntó temeroso Sakurai. El ambiente destilaba hostilidad en cada uno de esos chicos.

—Bastante bien, aunque soportar las ocurrencias de Hadrien va a terminar matándome —hablaba Imayoshi con aflicción. Algunos podrían considerar su destino como castigo divino.

—Soy yo el que debe tolerar las raras convicciones de Akashi —replicaba Wakamatsu.

—Bueno, yo llevo las cosas bastante bien. Todos son amables y divertidos —omitiría de momento las patadas que Yukio le metía de vez en cuando cada que lo desesperaba con sus mil y un lo siento.

—¿No les parece extraño que cuatro chicos de universidad pasen un fin de semana en unas termas? —fue lo único que salió de los labios del moreno.

—Lo que verdaderamente me parece raro es que tengamos que preparar nuestros alimentos —todos apoyaban la noción de Kousuke.

—Aunque…—siseaba el moreno.

—Tenemos con nosotros al que mejor cocinaba de toda la academia —sonrió burlonamente el pelinegro. Todas las miradas se colocaron sobre el pobre chico que sería el cocinero designado durante la estancia en aquel ryokan.

—¿Chicos…? —tragó saliva pesadamente. Por alguna razón sintió que su vida terminaría allí si se negaba.

—Espero no estén abusando del pobre de Sakurai-kun —allí estaba la voz inconfundible de Momoi. Había accedido a la habitación tras el permiso del intimidado chico—. Yo misma les cocinaré si tanta preocupación les causa —eso era una oferta cordial que muchos hombres aceptarían, pero esos tres sabían que era una invitación a la muerte.

—S-Sakurai…¿cocinará, verdad? —cuestionaron todos al único que allí sabía cocinar.

—¡Claro que sí! ¡Lo siento mucho, lo siento! —bueno, de alguna manera todos extrañaban al pobre disculpándose como si no existiera mañana.

—Se ve bueno eso, ¿qué es? —Aomine se estaba muriendo de hambre así que se había sentado a desayunar al tiempo que el rubio miraba su obento con interés.

—Sigue sin poder hacer un desayuno japonés, ¿verdad? —fue la pregunta de la peli rosa.

—No me quejo de esto tampoco —su caja de almuerzo poseía omelettes, pan francés, croissants y mini quiches.

—¡Deja de ignorarme, tonto! —reclamó el olvidado Wakamatsu—. Dame algo de eso, se ve delicioso.

—Si quieres puedo darles de esto. Son crepas —Momoi también mostró su apetecible obento. Y a causa de que el resto no trajo desayuno, no pudieron resistirse a probar esa delicia.

—Ummm…No sabe nada mal —el pelinegro estaba disfrutando cada bocado—. ¿Lo has hecho tú, Satsuki?

—De ser así todos estaríamos tumbados en el suelo con dolor de estómago —Daiki por su lado ya había terminado su desayuno sin convidarle a nadie.

—¡Eres un maldito envidioso, yo quería probar lo que traías!

—Wakamatsu, mantén la compostura.

—En realidad lo hizo la novia de Dai-chan —y todos miraron al hombre como si fuera un asesino en serie recién apresado.

—¿Qué demonios miran ustedes?

—Me lo he estado preguntando, Aomine…¿pero cómo rayos conseguiste que una chica como ella aceptara ser tu novia? No es como si fueras un buen partido…—alegaba Kousuke seriamente.

—O fueras interesante o remotamente romántico…O por lo mínimo, agradable…

—De verdad lo siento mucho, Aomine-kun —allí estaba de nuevo haciendo sus clásicas reverencias de disculpas.

—¡¿Quieren pelea, verdad?! —ya estaba con la venita saltada y dispuesto a aporrear a esos dos—. ¡¿Y tú por qué demonios te disculpas?!

—¿Cómo es que le soporta el carácter, Satsuki? —interrogaba como niño curioso el de lentes.

—¿Y el que sea un malagradecido?

—Ummm…-—a chica se lo pensó un rato, para simplemente dedicarle una sonrisa burlona a esos dos—. ¿Por qué lo quiere mucho?

—¿Por qué demonios respondes con una pregunta, Satsuki? —espetaba ofendido el moreno.

—Debe quererlo mucho, ¿no?

—Yo digo que la tiene chantajeada —continuaba con la burla Kousuke.

—Eso sonó muy cruel, Wakamatsu…Mejor digamos que ella no sabe con qué clase de hombre está saliendo. Debiste de haberla traído al viaje, Aomine-kun —comentaba cantarinamente aquel ex capitán. Estaba claro que disfrutaban de burlarse del volátil chico.

—Todavía podemos llamarle para que venga —vamos, Momoi también quería divertirse…burlándose de él en su cara.

—¡Satsuki!

No existían muchas cosas divertidas que hacer dentro de aquel ryokan. Pero tampoco es como si a esos hombres les importara; ya que la razón de ir hasta ese sitio era descansar y pasarla bien. Razón por la cual se habían ido a dar un bien merecido baño. Satsuki por su lado tenía otros menesteres que hacer en su habitación. Ya que contaba con compañeras de cuarto que conoció en la academia.

—Me alegra verlas por aquí. Aunque no esperaba que nos reencontráramos, Mio-chan, Hiyori-chan.

—Así que al final lograste salir con ese chico del que estabas enamorada, Momoi —felicitaba una pelinegra que respondía al nombre de Mio.

—Y veo que Aomine y los otros también están hospedados aquí —agregó sonriente la segunda, una castaña. Por alguna razón algo como eso mejoró su humor.

—Aunque lo que más sorpresa me dio es que fueran a hablar con ese chico —las miró con cierto humor.

—Para que al final dijera que tenía novia —suspiró con disolución Mio—. Debía suponerlo. Después de todo alguien tan guapo como él no podía estar soltero…

—Por cierto Momoi...

—¿Qué sucede, Hiyori-chan?

—¿Sabes si...Aomine se ha hecho de novia...? —interrogaba con notoria pena y temor ante la respuesta.

—Lo siento mucho, Hiyori-chan, pero Dai-chan ya tiene novia —respondió sin titubeo alguno.

—Mm...Ya veo... —bien, sin duda no había sido su día—. ¿Y cómo es ella?

—Hiyori...No creo que sea buena idea saber algo como eso —aconsejaba Mio.

—Es algo complicada definirla por completo —relató—. Para empezar es modelo.

—Vaya, sabía que algún día pasaría algo así. Lo digo porque era fan de ese tipo de cosas —habló la pelinegra.

—¿Qué es lo que sucede aquí? —ese grueso y conocido timbre de voz les tomó por sorpresa. Se trataba del moreno que había entrado recientemente al cuarto sin autorización previa.

—Aomine —saludó con cierta mesura la castaña. Mio hizo lo mismo en un santiamén.

—Daiki, ¿sucede algo?¿Acaso has venido para pedirme que les cocine?

—Claro que no —refunfuñó—. Solamente he venido avisarte que si quieres comer con todos nosotros. Sakurai ha hecho bastante.

—Oh, por supuesto —soltó muy animada. La verdad es que disfrutaba bastante de la buena comida del castaño.

—Bueno, eso era todo. Nos vemos —dio un largo bostezo, más que dispuesto a irse. Sin embargo, alguien parecía no quererlo de esa manera—. ¿Qué sucede Asari?

—¿Puedo hablar contigo en privado? –el rostro de Mio palideció ante las palabras de su amiga y el moreno simplemente enmarcó una ceja por lo extraño de esa petición.

Se habían alejado lo suficiente de los dormitorios como para que nadie escuchara su plática, para que no hubiera ni la más mínima interrupción. Y fue así que sin querer llegaron hasta la entrada de aquel particular establecimiento.

—¿De qué querías hablar?

—¿Cómo has estado?

—Bien, como siempre —él nunca se había explayado demasiado cuando se le preguntaba algo, pero estaba curiosamente más conciso que en veces anteriores.

—Dime, Aomine —enmudeció durante unos breves segundos. Incluso había mordido su labio inferior para liberar tensión—. ¿Cómo es la chica con la que estás saliendo actualmente? —sus celestes ojos se abrieron como platos ante semejante cuestionamiento. Aunque al contemplar la seriedad con la que se lo pedía se abstuvo de decir algo innecesario.

—…Extraña…pero en el buen sentido de la palabra —esbozó una tenue sonrisa ante sus propias palabras—. No se comporta como el resto de las chicas con las que he salido y tampoco me molesta que sea así. Sería problemático de ser el caso —torció el ceño ante algo que él únicamente sabía. Hiyori simplemente sacó sus propias conclusiones.

—Parece que…la quieres mucho —decir algo tan simple nunca fue tan complicado y ridículamente doloroso. Él por su lado mantuvo un largo silencio, ya que no sabía de qué manera responder a ello.

—No estaría con ella aún si no hubiera algo como eso de por medio —rascó su mejilla. Y sin siquiera darse cuenta sonreía ampliamente, como si hubiera recordado algo de verdad alegre y reconfortante. Ella no necesitaba palabras para saber lo obvio.

—Ella…en verdad es afortunada de tenerte, Aomine…—trató de que su voz fuera de lo más neutral, pero había sido un completo fracaso. Incluso alguien tan poco observador como Daiki se había percatado de ello.

—Yo diría que es al revés —removió un poco su lacia cabellera, mirándole de soslayo, con cierta seriedad mientras sus castañas pupilas vibraron ante lo dicho.

—¿Por qué dices algo como eso? No es normal en ti….

—Yo me entiendo, no hay necesidad de que pienses en ello demasiado —retomó su atención hacia el frente mientras contemplaba la suave lluvia de copos caer con exasperante tranquilidad—. Lo siento, debo regresar al comedor —se puso de pie, dedicándole una última mirada antes de retirarse.

Incluso cuando había dicho que iba al comedor, al final simplemente optó por salir del ryokan. Los alrededores boscosos eran silenciosos y de alguna manera le resultaba mejor permanecer en el exterior. Después de todo, allí se tenía mejor recepción.

—¿Daiki? Qué sorpresa que llames. ¿Te estás divirtiendo?

—¿Tú qué crees?

—No lo sé, estás pasando tiempo de calidad con tus antiguos senpais, así que imagino que te diviertes de lo lindo —el moreno sabía claramente que se estaba burlando de él, como siempre.

—Muy graciosa, Axelle —suspiró para calmarse y centrarse en la charla—. ¿Ya has acabado?

—Así es. Estoy comiendo justamente. ¿Y qué hay sobre ti?

—…Alejamos a Satsuki de la cocina antes de que intentara cocinar algo que no nos fuera a matar –la francesa simplemente se echó a reír ante semejante noticia. Ya lo veía venir—. ¿Estás en tu departamento, cierto?

—No Daiki, estoy comiendo con un chico guapo y adorable que me invitó a salir en cuanto cruzamos caminos —dramatizó—. Por supuesto que sí, tontito. Estoy pensando seriamente en no dejarte salir de nuevo con tus viejos compañeros de escuela.

—Umm…Pues no te opusiste a este viaje —remarcó.

—Eso fue porque Momoi estaba muy emocionada con ello —se defendió—. No podía negarme.

—No hagas planes para el siguiente fin de semana —notificó y ella simplemente guardó silencio, como señal de que quería escuchar el motivo de ello—. ¿No crees que es suficiente motivo que vamos a salir?

—¿Y a dónde si se puede saber, "señor romántico"? —mencionaba divertida.

—Tsk…Sigue molestando y no te llevaré a ningún lado —incluso una venita saltada se hizo presente.

—Sabes que lo digo en broma. Pero de verdad tengo curiosidad.

—Lo sabrás cuando llegue el sábado —ella simplemente bufó ante su afán de negarle esos detalles imprescindibles que ansiaba saber.