¿Alguien dijo drama?¿Alguien dijo feelings?¿Alguien dijo Rasen? XD Bueno, este iba a ser un capítulo, pero al final lo he dejado en doble porque tiene más de 15 hojas. Por lo que tendrán entretenimiento para rato :D ¡Disfruten y amen al morenazo de fuego!
Capítulo 124-125
Si no quieres permanecer
La puerta no demoró en ser abierta. No cuando se había tocado con tal vehemencia. Incluso el recién llegado ignoraría aquella presencia molesta y se dirigiría hacia el único sitio donde podría encontrarle.
Allí estaba, recostada sobre su lecho, cubierta con aquel edredón, mostrando una respiración agitada y el notorio sonrojo en sus mejillas. Estaba claro que la fiebre era lo suficientemente fuerte como para tenerla en ese estado. No obstante, una compresa fría aliviaba su malestar y calmaba notoriamente su respiración.
—Lamento haberte alarmado. Supongo que me exalté demasiado —Kai interrumpió sus pensamientos abruptamente, sólo para quedar hombro con hombro con el moreno. La pausa que existió entre ambos no podía ser más molesta que el día en que se conocieron por primera vez.
—No quiero saber qué es lo que estás haciendo tú aquí, Tatsuhisa —su tono era áspero, pero no podía ser de otro modo. Ese chico formaba una parte especial del pasado de Axelle aunque le doliera en lo más profundo de su orgullo.
—Vine de visita con Keigo y Ayaka. Cuando Marko se enteró, me hizo traerle unos cuantos paquetes a Axelle. Me dio la dirección de su departamento y como no respondía a la puerta, le pedí de favor a la casera que me permitiera meter todo...Sin embargo, cuando nos abrió, la vimos tumbada sobre el suelo con una fiebre muy alta. Para nuestro alivio no se trató de algo grave, así que pudimos traerla de vuelta —relató para liberar las dudas e inseguridades que empezaban a abrumar la cabeza del moreno.
—Ya veo... —si bien estaba incómodo por el hecho de que continuara con esas atenciones hacia su pareja, al mismo tiempo le estaba agradecido porque de no haber venido, es posible que nadie hubiera notado que Axelle estaba en ese estado.
—Pienso ir a comprar algunas cosas para prepararle un consomé. Seguramente cuando despierte estará hambrienta. ¿Quieres venir? —esa propuesta desconcertó a Daiki y por largos segundos no supo qué decir.
—Supongo que no es tan mala idea, pero...
—No se va a quedar sola. Keigo está en la sala, así que él la cuidará en nuestra ausencia. Además, hay algo de lo que quiero charlar contigo —eso fue lo segundo que llamó su atención. ¿Qué es lo es quería decirle?
El camino hacia el supermercado resultaría largo tanto por la molestia que le provocaba aquel chico, como por el hecho de que no se dirigían ni la más mínima palabra. Pero al parecer, alguien se encargó de romper el tortuoso silencio.
—¿Qué es lo que quieres decirme? —Aomine simplemente mantenía su atención en el frente. Si continuaban todo recto en menos de veinte minutos llegarían a su destino.
—¿Qué sientes por Axelle?
—¿Ah? ¿A qué viene algo como eso ahora? —se mantuvo sereno. No caería en su juego fuese el que fuera.
—Simplemente responde. No creo que sea mayor problema para ti, ¿no? —afirmación que era tremendamente cierta.
—...Es la única mujer que me interesa en este preciso momento...
—¿Se puede considerar eso como un "estoy enamorada de ella" o un "la amo". ¿Cuál de las dos?
—Es algo que no te atañe. Y en todo caso, a la única a la que debería aclarárselo, es a ella —refutó secamente.
—Es que si no es ninguna de esas dos opciones, no puedo hablarte al respecto de ello —aceleró su andar, quedando frente al moreno. Éste simplemente mofó.
—Quizás lo que vas a decirme no valga la aclaración.
—No sé, pensaba que sí. No voy a contarte algo que no te interese o no sea de tu incumbencia. Después de todo, no considero que hablar sobre el pasado de Axelle no sea algo que no valga la pena para ti —se frenó, dando media vuelta hacia Daiki, con ese semblante estoico en su rostro. Él estaba hablando en serio.
—¿Sobre...el pasado de Axelle? —efectivamente estaba sorprendido. Eso era algo que no estaba esperándose.
—Axelle y yo tenemos lazos bastante particulares...Razón por la que aún en el presente seguimos siendo tan unidos. Situación que te desagrada; y de estar yo en el mismo lugar que tú, estaría igual —aseguró firmemente—. De modo que si te cuento sobre ella y sobre mí, no es para que simpatices conmigo o me aborrezcas menos, sino más bien, para que la entiendas mejor... —volvió a retomar su caminata. No había necesidad de girarse hacia él. Sabía que podía escucharle claramente—. ¿Entonces, cuál es tu respuesta?
—Está claro que quiero saberlo —confesó. Aunque posiblemente no estaba preparado para conocer sobre la relación que la blonda había mantenido con ese chico en el pasado; ya que ahora algo como eso resultaba mucho más molesto que meses atrás.
—Solamente dime qué sientes por ella. Es todo.
—Pero qué necedad más grande la tuya, Tatsuhisa.
—Bueno, sólo cuando estás completamente enamorado de una persona eres capaz de querer hasta los demonios que habitan en ella...Aquí sucede lo mismo, Aomine...Axelle dice que me debe mucho y que es gracias a mí que es quien es ahora. Aunque lo único cierto es que si no nos hubiéramos conocido, ninguno de nosotros tendríamos tan espléndida perspectiva en el presente. Y no solamente hablo por mí, sino también por Keigo y Ayaka.
—...Estoy...dispuesto a escuchar todo lo que tengas que decir e incluso así seguir sintiéndome del mismo modo hacia Axelle —estableció firmemente, como si de una promesa se tratara. Incluso Kai pudo percibir que no mentía; y seguramente esa fue la razón por la que sonrió involuntariamente.
—Siendo ese el caso, prosigamos —sacó un cigarrillo de su bolsillo, encendiéndolo con notoria calma. La nicotina le relajaba un poco, al mismo tiempo que era el acompañante perfecto para una fría noche de febrero.
La ceremonia de apertura había concluido al fin mientras los frágiles pétalos de cerezo continuaban descendiendo desde esos floreados y majestuosos árboles, dándole mayor color a todo alrededor. Ofreciéndoles la bienvenida a todos los alumnos de nuevo ingreso que estaban a nada de dar inicio a un ciclo escolar lleno de promesas y agradables recuerdos.
Cada salón rebozaba tanto en actividad como en charlas. Era impensable no considerar que existían viejos amigos que por azares de la vida habían quedado en la misma aula y no hacían más que celebrar su espléndida suerte. También estaban los que no conocían a absolutamente a nadie y lentamente empezaban a congeniar con el resto de la clase.
Y a la vez existían los que llamaban la atención por las razones equivocadas.
—¿No crees que su mirada da mucho miedo? —susurraba una chica a su amiga. Ambas miraban con cautela al joven que ocupaba el puesto trasero izquierdo; indudablemente el tono carmesí de su cabellera junto con esa caladora mirada no le ayudaba a socializar.
—Ey, ¿no te parece ese chico que es algo lindo? Incluso está muy entretenido leyendo ese libro —comentaba alguien más, posando su atención en el pelinegro que sonreía ocasionalmente mientras avanzaba en su lectura.
—Tenemos mucha suerte. Hay muchas chicas lindas en nuestro grupo…Incluso está ella…¿Será extranjera? Es bastante mona —habló uno de los cuatro chicos que conformaban aquella recién nacida comitiva.
—Deberíamos hablarle, ¿no les parece? —había individuos como ellos que no conocían de discreción, por lo que la joven objeto de sus resoluciones logró darse cuenta de sus intenciones. Aunque igualmente pasó de ellos y optó por dirigirle la palabra a quien tenía a su lado.
—Ese libro es bastante interesante. El final te dejará con muchas dudas.
—¿A ti también te agradan sus libros? —cuestionaba el pelinegro con suma emoción e interés.
—No los he leído todos para decir que me gustan sus libros. Pero al menos ése me gustó mucho —aclaró.
—Soy Kirihara Ayaka, encantado —extendió su mano hacia ella, en señal amiga.
—Daishi Axelle, un gusto —si bien estrechó su mano, su siguiente acción hizo que todos allí se empaparan de asombro; sin mencionar que hicieron que Ayaka se sonrojara rápidamente.
—¡¿P-P-Pero…?! ¡¿Pero qué ha sido eso?! —exclamó de golpe, levantándose de su asiento, dejando caer su preciado libro y mirando a la rubia con una enorme expectación. Sin mencionar que los latidos de su corazón estaban en total descontrol.
—Lo he vuelto a hacer —se auto criticó severamente—. Lo lamento mucho, de verdad, lo siento. Olvidaba que aquí no se saludan de esa manera…Es difícil quitarse las costumbres que has tenido por tantos años —se disculpó, mirando seriamente al chico. Éste parecía entender de qué iba todo.
—Eres extranjera, ¿no es así? —ella asintió y suspiró hondamente—. He escuchado que los occidentales se saludan y despiden besándose en la mejilla.
—Pues es cierto…Para mí es algo normal hacer algo como esto. Por eso lo hice inconscientemente…Me disculpo.
—Mientras lo aclares, no creo que haya mayor problema —agregó sonriente—. Tampoco es algo tan grave. Aunque procura no hacerlo o se prestará a malos entendidos.
—Lo tendré en mente más que nunca —aseguró.
—¿Pero qué pasa ahora?
No habían sido los chicos los que se aproximaron de golpe hacia la rubia, sino más bien las chicas. Parecían estar curiosas sobre la extranjera, como si quisieran conocer un poco más de su persona y saber de qué se perdían al no salir de su país natal.
—¿De dónde eres Daishi-kun?
—Tu cabello es muy sedoso y suave. ¿Cómo es que lo cuidas?
—¿Qué te ha traído a Japón?
—Vengo de París y vine aquí para estudiar, es todo —respondió tranquilamente—. Y no hago nada particularmente especial con mi cabello.
—¿Paris? ¡Qué emoción! Toda mujer sueña con visitarlo alguna vez en la vida.
—¡Es la ciudad del romance!
—Pues para mí es como cualquier otra ciudad. Supongo que para que los que nacen allí, debe ser igual. Para mí Japón es un sitio aún más interesante —refutó. Las chicas se miraron confusas entre sí ante esa verdad que no las convencía del todo.
—Pero cuéntanos más sobre ti. ¿Tienes hermanos?¿En qué trabajan tus padres?
—¿Tu cabello es natural, no es así?
—¿Podrías contarnos sobre tu país natal?
—¿Por qué no dices algo en francés? Debe escucharse muy bien —porque en medio de aquel grupo de chicas se habían colado un par de varones.
—Daishi-kun, ¿tienes novio?
—Ah…Las clases ya han dado inicio, así que deberíamos tomar asiento…—agradecía que el maestro hubiera llegado para socorrerla de esa avalancha de preguntas—. Justo a tiempo…—al fin podía respirar. Por ahora lo mejor era sacar su libro de texto; la primera materia del día era inglés.
—No tienes que responderles nada si no quieres. Siempre pasa cuando algún alumno se transfiere o hay un extranjero —le decía el pelinegro en tono bajo para que no le escuchara el resto de la clase.
—Es lo que noto —enfocó su atención en el pizarrón, torciendo el ceño. Malditos kanjis.
—Si tienes alguna duda con algún kanji, puedes preguntarme abiertamente. Contemplo que frente a ti hay muchas dudas —comentó con cierta burla.
—Mmm…No es mi culpa que tengan demasiados y que signifiquen tantas cosas…—confesó—. Yo solamente sé lo básico de lo básico…
—La vas a tener bastante dura, Daishi-kun —y estaba lleno de razón.
Un poco de pizza nunca caía mal, mucho menos cuando se estaba apurado con los deberes de la escuela y no se tenía el tiempo ni las ganas para cocinar algo decente que llenara la tripa. Al menos esa era la condición que experimentaban aquel par que no veían el momento de terminar con la susodicha maqueta que explicaba con lujo de detalle en qué consistía el Ciclo de Krebs.
—De algún modo u otro lo hemos logrado, ¿no te parece Ayaka? —admiraba a su adorable hijo mientras engullía una rebanada de pizza con peperoni.
—¿Por qué nos matamos acabándola si es para el lunes y hoy es viernes? —para él era el último trozo de pizza.
—Porque tú tienes un ensayo en inglés que entregar y yo uno de historia.
—Cierto, a mí no se me da el inglés y tú aún sigues corta de kanjis. Contemplo el punto.
—Por cierto, tengo una duda.
—¿Sobre qué?
—¿Tú y Tatsuhisa se conocen de hace mucho tiempo?
—No me digas…que tú también has caído bajo sus encantos…—soltó con un exagerado y fingido dramatismo.
—Por supuesto que no. Solamente he hablado un par de veces con él y el resto lo sé por ti…Además, sabes que a mí me interesa alguien más…—no quería que su amigo malinterpretara nada.
—Solamente estaba bromeando, Axelle —sonrió burlón—. Pues nos conocemos desde que él se mudó a este distrito…Así que ya tenemos nuestros años conviviendo.
—Comprendo. Con razón se llevan tan bien.
—Axelle, ¿pero qué es lo que está sacando de tu mochila? —miró con enorme sorpresa ese envase de sopa instantánea.
—Fideos instantáneos. Saben bastante ricos —defendió, sonriente.
—Un deportista no debe comer ese tipo de comida chatarra —y allá fue a dar aquella delicia culinaria incomprendida por la mayor parte del mundo.
—Estrictamente no soy un deportista, por lo que puedo comerla sin remordimientos…
—¿Has estado nuevamente jugando en vez de ponerte a cocinar algo decente, verdad? —le sermoneó. Ella solamente admitió su enorme pecado.
Pasó del contenido del pizarrón como había venido haciéndolo desde hace un mes atrás. No había puesto nada que le interesara o deseara leer; además, ignorarlo haría que quienes se esmeraron tanto en poner eso allí, se retorcieran en su propia frustración de no obtener la respuesta ansiada.
No obstante, existía la persona a la que no le agradaba ese tipo de situaciones. Por lo que siempre se encargaba de dejar completamente limpia la pizarra antes de que el primer profesor entrara a clases.
—Te he dicho muchas veces que no hay necesidad de que borres algo como eso, Ayaka —no tenía mucho tiempo desde que tomó asiento cuando el pelinegro hizo lo mismo. Desde el inicio de clases ambos se habían sentado juntos.
—Lo siento, pero mi código moral me impide tolerar este tipo de comportamientos —estableció seriamente.
—Solamente te estás echando mala fama por nada.
—Ya te dije que me molesta que digas ese tipo de cosas, Axelle —porque el regaño no era suficiente, por lo que lo ideal era jalar de sus mejillas sin compasión alguna.
—Ungh…Eso duele.
—Es para que dejes de quejarte. Lo que suceda por hacer esto me tiene sin cuidado. No me gusta depender de los demás y tampoco es como si me preocupara que dejaran de dirigirme la palabra —masculló con malhumor.
La clase dio inicio antes de que se pudieran dar cuenta. Con un anuncio interesante de por medio.
—Su nombre es Fukuyama Rieta. A partir de ahora será su nueva compañera de clases, por lo que espero que se lleven muy bien con ella.
Su corta cabellera apuradamente llegaba hasta sus hombros, siendo al parecer un tanto indomable para su poseedora. El ámbar de sus ojos contrastaba hermosamente con lo pálido de su piel. Y aunque era bastante alta, no le quitaba encanto; ya que era bastante maja para los chicos.
—Por favor, háblanos un poco sobre ti.
—Vine a estudiar a este colegio por razones familiares, pero espero disfrutar de mi estadía aquí —no dijo más y simplemente se dirigió al único puesto vacío; el que estaba al lado de la francesa.
—Disculpa, ¿pero podrías prestarme tu libro de texto? Lo he olvidado en casa porque se me hacía tarde —habló la pelinegra para Axelle.
—Claro. Compartamos el libro.
—Agradezco tu amabilidad —le sonrió tenuemente.
Sorprendía que pese a lo que iba a cocinarse, ese carrito de compras estuviera prácticamente lleno. Aunque si se consideraba que el rubio sería el que pagaría todo, no había demasiado problema. Además, lo único que ahora tenía en la cabeza era aquel recuento que le había sido contado hasta hace poco.
Así que antes de que Tatushisa eligiera qué verduras eran las más frescas y apetecibles, la sepulcral boca de Aomine se atrevió a romper el mutismo.
—Pensaba que ustedes se relacionarían de inmediato —hubiera apostado por ello hace unas semanas atrás.
—Yo sólo hablé con ella un par de veces antes del verano. Y lo que conocía de ella era por Ayaka…Por ese entonces yo tenía pareja, y ella igual…Aunque ni su relación ni la mía acabaron en buenos términos.
—Sí, escuché algo de que ella no era muy buena eligiendo a sus parejas…Que únicamente se topaba con idiotas…
—Ciertamente ese fue el caso. Aunque considera que hay muchos hombres que saben cómo embaucar a las mujeres y que ella era un tanto inocente por esa época —por fin se había decidido por qué llevar; ahora solamente restaba colocar todo en el carro.
—…Parece ser que se metían demasiado con ella…
—Siendo claros, era intimidada constantemente por sus compañeras de clase…A veces a las mujeres no les agrada la competencia o consideran que si una chica se lleva con muchos chicos, es porque se anda acostando con ellos o es una chica fácil. Axelle no le interesaba aclararse…y tampoco ayudaba que las parejas que tuvo por ese entonces hubieran sido unos años mayores que ella.
—Hablando de basuras…—eso era algo que él ya sabía. Logan se lo había contado después de todo; y al igual que en ese entonces, eso le cabreaba enormemente.
—…Pero a Axelle en realidad no le interesaban esas calumnias, ni que esas chicas la odiaran por cosas que ni siquiera existían. Ella estaba tan centrada en las expectativas que debía cumplir que se olvidaba de esas trivialidades…—comenzaron a avanzar, dirigiéndose hacia la caja registradora más próxima.
—…Las expectativas de su madre, más bien dicho.
—Justamente —sonrió tenuemente, con cierta mofa—. Su madre se caracteriza por tener un carácter fuerte e intimidante. También es bastante perfeccionista y quisquillosa. Por ende, espera que su única hija sea capaz de eso y más. Y eso solamente le trajo mayores problemas…
Los vivaces y anaranjados tonos que se habían adueñado del cielo indicaban sin escrúpulo alguno que la noche pronto caería, y que el alumnado debería de abandonar por completo las instalaciones de la secundaria.
Aunque parecía existir alguien que se negaba a regresar a casa pese a que ya había terminado con sus prácticas. Estaba absorto mirando el entrenamiento que se estaba llevando a cabo dentro del gimnasio que estaba a menos de un metro de su posición actual.
—¿No se supone que has terminado ya, Ayaka?
—¿Kai?¿Qué estás haciendo aquí? —cuestionó confuso, mirando repentinamente al chico.
—Pues dijiste que hoy íbamos a ir comer pizza, por eso vine hasta aquí directo de mis prácticas.
—Ah, es cierto. Casi lo había olvidado…¿Crees que pueda venir con nosotros Axelle?
—No creo que haya problema alguno —y por mera curiosidad decidió observar lo que su amigo miraba con tanto interés—. Recuerdo que mencionaste que ella estaba en el equipo de kendo. ¿Al menos es buena?
—Pues está practicando en este momento, así que velo por ti mismo.
A simple vista estaba viendo un enfrentamiento donde notablemente alguien estaba en enorme desventaja. Sin embargo, no todo se quedaba allí; había algo que quedaba claro sin analizar demasiado el estilo de pelea de cada contrincante.
Una de las involucradas ejercía una presión abrumadora sobre su rival, orillándole instintivamente a caer en la mera defensa, privándose del privilegio de obtener puntos y por ende, de ganar. Pero no podía hacer otra cosa; su adversaria no solamente era rápida y sabía lo que hacía, sino también poseía una agresividad innata. La misma que le hacía arremeter con todo contra cualquier rival.
—…Tiene un estilo bastante agresivo. Esa chica ni siquiera pudo luchar siquiera…
—Lo peor del asunto es que la chica a la que derrotó es de segundo año. Las de primero ya ni siquiera la desafían y las de tercero no quieren entrenar con ella —suspiró.
—Si estuvieras en Judo y no en Taekwondo sería tú misma historia —estableció—. Además, el que sea así de buena, es beneficioso para el torneo de verano. Si participa en los individuales indudablemente le irá bien.
—Pues yo dudo mucho que algo como eso vaya a pasar…—mencionó en tono bajo al tiempo que la mirada de ambos chicos se orientaba más al frente, agudizando su sentido del oído para poder escuchar claramente lo que esas chicas empezaban a comentar.
—Eres demasiado agresiva, Daishi-kun —replicaba la recién apaleada chica.
—Está bien que seas buena, pero no quieras lucirte todo el tiempo —hablaba otra de segundo año.
—¿Pretendes mejorar con adversarias que sean suaves y consideradas contigo? Si ese es el caso, entonces no superarás las habilidades que me has mostrado hoy —determinó firmemente la francesa, clavando sus penetrantes pupilas en su rival actual.
—Silencio, chicas —la capitana habló, y todas callaron en la brevedad posible—. Daishi-kun está en toda la razón. Si no entrenan apropiadamente no continuarán creciendo y serán derrotadas fácilmente. Así que si están buscando volverse buenas sin sacrificio y de la noche a la mañana, han entrado al club equivocado.
—Pero capitana…No es justo. Usted siempre está defendiéndola.
—Primero los profesores, y ahora usted. ¡No es justo!
—Incluso los chicos están detrás de ella como perros falderos.
—Aquí no existen preferencias. Solamente estoy dándole la razón en algo que todas deberían tener en mente. Y si ninguna de ustedes quiere verse opacada por ella, entonces hagan lo que sea necesario para superarla y dejan las quejas para después. Paren de culpar a los demás por sus propios fracasos.
—¿Está bien que te marches tan pronto? —interrogaba Kai en cuanto vio frente a él a la francesa con sus cosas sobre su hombro.
—Si quiero entrenar sola, puedo hacerlo en otro sitio. Así que es hora de que me vaya yendo de aquí —no dijo más y simplemente emprendió la retirada. Ambos la siguieron al poco tiempo en total silencio.
—Eres bastante buena. ¿Has practicado desde que eras pequeña?
—Desde los diez. Fue idea de mi madre que aprendiera algún deporte —le respondió al rubio.
—Aspira a llegar a las nacionales y ser la mejor —informaba deliberadamente el pelinegro.
—Es una gran meta —señalaba Tatsuhisa con cierta socarronería—. Todavía te falta nivel para llegar tan lejos.
—Lo sé. Está claro que no sería fácil…Pero no lograré hacer ningún avance si continúo teniendo esa clase de entrenamientos…—chasqueó la lengua con malhumor.
—La gente se frustra de perder contra las personas que son talentosas.
—…No soy talentosa, simplemente he trabajado duro para tener el nivel que actualmente poseo...La gente talentosa se duerme en sus laureles y antes de que siquiera se den cuenta, ya habrá alguien que le esté pisando los pies. El talento es un arma de doble filo, Tatsuhisa.
—No puedo discutir contra algo que es tan cierto. Sólo puedo sentir mayor interés sobre la razón que te está haciendo esforzarte tanto.
—Oye, Kai, ya es suficiente…—sabía cómo era y nada bueno saldría de seguir presionando.
—Tengo condiciones que cumplir sin importar el precio…Ese es el único motivo por el que estoy haciendo esto…
—¿Condiciones?
—Venir a Japón ha sido el primer capricho que mi madre me ha concedido desde que tengo uso de razón. Y para seguir experimentando este goce, debo llenar sus expectativas y ambas estaremos en santa paz.
—¿Estás insinuando que…?
—No es como si me importe en realidad ser la número uno de la clase ni mucho menos poseer una conducta intachable de la que todos los maestros se sientan orgullosos. Pero forma parte de lo que tengo que hacer para quedarme aquí. Notas impecables, una conducta perfecta y sobre todo, una actividad extra escolar en la que demuestre un gran dominio.
Lo sé, es algo desagradable cuando lo contrastas con las personas que se esfuerzan para ser buenos en la escuela o en el kendo por voluntad propia. Por eso no le objeto nada ni a mis compañeros de grupo ni a las chicas de kendo. Tienen derecho de quejarse y enfadarse, pero sobre todas las cosas, tengo la obligación de cumplir con lo que me han pedido.
—Lo único que estás diciendo es que nada de lo que estás haciendo ahora es de tu agrado. Que el colegio, que las prácticas…que todo en realidad no es más que el deseo de tu madre. ¿No es algo así como vivir una vida que no es la tuya?
—Mi madre se está asegurando de que tenga un buen futuro. Y mientras yo no encuentre lo que en verdad quiero, no me importa seguir una guía establecida —se detuvo, para mirar detenidamente a Kai. Por un breve momento le sonrió, extrañándole por completo—. Incluso cuando piensas que mi vida es deprimente y vacía, hay muchas cosas que me aportan felicidad y me permiten seguir con esto.
—Casi suenas como una chica madura —se burló cínicamente.
—No soy madura. Sólo es una respuesta de alguien egoísta, es todo —sonrió confianzudamente.
—Mucha plática me ha abierto el apetito. Vayamos por nuestra pizza —intervino Ayaka. Estaba ansioso de ir a cenar de una buena vez.
—¿No es un mal hábito el que vayamos a cenar pizza cada viernes por la noche? —preguntaba a ese par de hombres; mismos que se miraron en complicidad.
—Los pasteles de pizza son la cosa más deliciosa de este mundo —comentaron ambos.
Indudablemente comprar era mucho más relajante que cargar todas esas bolsas de papel. Pero era lo que tocaba si deseaban llegar alguna vez al departamento de la francesa. Así que sin emitir queja alguna, cargó su parte y prosiguió.
Por alguna razón la tensión estaba empezando a deshilacharse. Quizás porque estaba más pensativo de lo usual.
—No creo que te cueste hacerte a la idea que después de ese día…Axelle dejó de entrenar dentro del club. Normal si nadie quiere tener un encuentro amistoso contra ti.
—Pues qué fácil se rindieron todas —objetó. Él sabía lo que se sentía no tener un rival digno que te hiciera sobrepasar tus límites y al mismo tiempo, te proporcionara aquella emoción que emerge cuando estás dándolo todo por el todo.
—El talento natural es capaz de aplastar la convicción de muchas personas, Aomine. Es normal que cosas como esas sucedan; tú mejor que nadie debería entenderlo. Aunque ella no se quedó sentada a esperar.
—No sé por qué tengo un mal presentimiento sobre lo que vas a decirme…
—Los chicos de kendo no se negaron a ayudarla. En primero porque era una chica, en segundo, porque pensaron que la derrotarían sin problema alguno…Y aunque así fue al comienzo, ella parecía estarlo disfrutando…
—Encontró lo que estaba buscando. Un verdadero reto —se alegraba de que ella pudiera hallarlo en tan breve tiempo y no tener que haber esperado tanto tiempo como él.
—Así que desde ese entonces practicaba con ellos…Y a diferencia de las chicas, ellos no se quejaban cuando atacaba tan agresivamente y aunque algunos se pusieron a lloriquear cuando perdían, usaban esa misma frustración para mejorar. Era una retroalimentación sana.
—¿Y no tuvo problemas? Digo, no creo que meterse a entrenar con los chicos haya estado bien…—ahora sabía que Axelle ya era ocurrente, imprudente y rara desde antes de conocerla.
—No se retiraba la careta ni el resto del equipo cuando estaba con ellos. Y para ese entonces se dio de baja temporalmente del club femenino de kendo.
—¡¿Qué hizo qué?! —bien, ya estaba tardándose en sorprenderse por una locura hecha por su querida novia—. ¿Pero no se supone que…?
—Dijo que usaría de excusa de que las de primer año no pueden participar en las nacionales y que por eso debía seguir entrenando. Cosa que no era mentira, aunque también estaba el hecho de que si la metían en el equipo que representaría a la escuela en el torneo de verano, la capitana tendría enormes problemas.
—Siempre haciendo ese tipo de cosas sin ponerse a pensar en sus consecuencias.
—No eres precisamente quien para objetarle eso —se burló a sus anchas—. Aunque gracias a esa experiencia ella pudo entender que no solamente practicaba kendo por mero capricho de su madre. Al final descubrió que era mucho más emocionante de lo que se había imaginado y entonces empezó a hacerlo por gusto…
Una bandita sobre su mejilla y aquel vendaje alrededor de esa muñeca inflamada era todo lo que necesitaba para sentirse aliviada. Aunque la persona que se había encargado de auxiliarle con sus contusiones no tenía el mismo semblante de alivio.
—¿Cuántas veces tengo que decirte que tengas más cuidado, Axelle? Son chicos, tienen más fuerza que tú, es normal que te adelanten por eso. No tienes que esforzarte tanto.
—Ya, ya, Keigo. Estoy bien —sonrió triunfante—. Además, hoy logré derrotar a todos los de primero. Pronto podré ir contra los de segundo —relataba emocionada.
—Quizás necesitas enfriar un poco tus ideas —Kai no solamente lo decía porque sí. Incluso le había puesto una lata de café frío sobre su cabeza.
—¿No se supone que estarías entrenando? Es verano y eso, ¿no? —le refutaba. Por ahora tomaría esa bebida y se deleitaría con su sabor.
—Son las tres de la tarde, mi entrenamiento ya terminó —se quejó, enseñándole el reloj para que no objetara nada—. ¿Y tú, no deberías estar haciendo cosas productivas?
—Ya terminé mi tarea de verano. Mi departamento está totalmente limpio…Y pues ya que me aburro, vine a visitar a Keigo —cínica de lo peor.
—Entonces, ¿qué tal si vamos todos a la playa? —sugirió para los dos. Éstos simplemente parecían estárselo pensando.
—Suena bien. Un viaje de fin de semana.
—Yo no tengo problema, vivo sola, así que prácticamente me mando sola —y eso provocaba una gran envidia en esos dos mortales.
—Por alardear sobre eso, llevarás macarons para el viaje.
—¿Y si te enseño a cocinarlos y me dejas de mandar a hacerlos? —contraatacó.
—No hay nada más romántico y especial que una chica te cocine —alegó, sonriéndole carismáticamente.
—Tus artimañas no surten efecto en mí. Tengo un amigo que es igual que tú en ese aspecto —le regresó el gesto.
La cerradura no demoró en ceder ante el suave movimiento de la llave. Así como tampoco les era extraño que ese par de chicos estuvieran bastante cómodos en la sala mientras jugaban aparentemente una partida de póker. Por algún motivo ya estaba acostumbrado a ver a chicos en el departamento de su pareja; no es como si fuera una condición agradable, pero sabía que esos dos eran inofensivos como el trío de idiotas que siempre le molestaban.
Se fueron directo hacia la cocina y en un santiamén guardaron lo que no iba a ser empleado en ese preciso instante.
—Como un buen novio, es tu deber cívico y moral prepararle algo a tu querida novia —dictaminó el rubio. Ya hasta había colocado esas zanahorias sobre las manos del moreno.
—¡¿Ah?! ¿No ibas a cocinar tú?
—Cualquier persona que cocine bajo mi supervisión hará un platillo delicioso —si muchos consideraban que Daiki podía ser bastante creído, es porque no conocían a Kai Tatsuhisa.
—No pienso hacer ninguna de las dos cosas —soltó de golpe tras colocar aquellas hortalizas sobre la mesa.
—¿Vas a rendirte sin siquiera intentarlo? Esperaba más de Aomine Daiki —le echó en cara con ese tono déspota y esa mirada de superioridad que tanto le caracterizaba. Si el moreno era bueno sacando el lado competitivo de Kagami, el rubio tenía esa misma maravillosa habilidad con su persona.
—Eso no lo decides tú —habría de tomar nuevamente las susodichas zanahorias.
—Por alguna vez que cocines no vas a morirte ni ser menos hombre, Aomine —porque cuando empezaba de cabrón nadie lo frenaba.
—¡Sólo cállate y dime qué demonios hacer!
—¿No es increíble que estos dos estén cocinando tan armoniosamente? —fue la pregunta lanzada por Ayaka mientras asomaba su cabeza hacia el interior de la cocina junto con su amigo.
—Simplemente es algo que no verías siempre. Bueno, jamás lo imaginé en primer lugar —decía el otro.
—Lárguense de aquí —les amenazaba el moreno con la mirada.
—Tú concéntrate en lo que tienes que hacer y deja de quejarte —sentenció con vileza mientras le golpeaba la cabeza con un cucharón.
—Auch…¡Deja de golpearme, imbécil!
—Si gritas demasiado fuerte, despertarás a Axelle —le llamó la atención Kirihara.
—Creo que escucho un ruido en su habitación. Iré a ver si está todo bien —fue así como nuevamente Daiki tuvo un poco de paz.
—¿Cómo fue que ustedes dos…se volvieron…cercanos? —la curiosidad podría ser una gran virtud, pero no cuando de relaciones sentimentales se trataba y eso Daiki lo sabía mejor que nadie; pero no le importaba arriesgarse. Quería saber qué es lo que había hecho él para ganarse de esa manera el aprecio de Axelle.
—…Fue después de que pasó "eso"…Justo antes de que noviembre terminara…
Las coincidencias de la vida existían, y aunque eran gratas en algunas ocasiones, también eran capaces de mostrar su lado más amargo y desagradable. Uno que muchos tienen la oportunidad de apreciar, pero sólo un puñado era capaz de modificar.
Cruzó la calle ignorando por completo las quejas que no dejaban de salir de la boca de aquella chica; estaba furiosa por haber sido ignorada y al mismo tiempo, se sentía opacada por una escena que es habitual en chicos de esa edad.
El raciocinio se esfumó tras llegar a la otra acera y lo único que funcionaba apropiadamente era su cuerpo; específicamente hablando, sus puños.
Lo siguiente que supo es que había alguien botado contra el suelo, quejándose del dolor que le embargaba tras recibir aquel limpio puñetazo directo contra el rostro. Incluso aquel que había sido tumbado hace unos minutos atrás le haría compañía al otro chico; un cabezazo fue suficiente para mandarlo contra el piso.
—¿Se puede saber por qué razón estás peleando?
—Yo soy más el sorprendido, Kai. Apareciste y lo mandaste al piso de un simple golpe…—estaba polvoriento, incluso un poco mancillado, pero ya se ocuparía de eso después—. Ayúdame a encontrarla.
—¿Encontrarla…?¿A quién te estás refiriendo? —la preguntaba estaba de más. Especialmente cuando consideraba que siempre había alguien a su lado.
—Unas chicas empezaron a perseguirle, pero no pude seguirles los pasos porque estos idiotas se metieron en mi camino —su mirada denotaba lo enfadado que estaba aún cuando su voz se escuchaba tan calma y clara.
—Intervine porque estos chicos asisten a la misma escuela que yo, aunque….Supongo que estos idiotas deben saber algo —tomó a aquel chico por el cuello, costándole poco levantarlo para encararle—. ¿Te importaría responderme una sola pregunta?
—¿Kai, qué se supone que estás haciendo? Vamos tarde para nuestra cita y lo sabes. Así que deja a ese chico y vámonos —demandaba la recién llegada. Al parecer le había alcanzado.
—La cita se pospone hasta nuevo aviso. Tengo algo que hacer.
—¿Y se puede saber qué? —exigió saber.
—Buscar a alguien —respondió.
—Pues la buscarás otro día. Ahora es más importante que nos vayamos. Mis padres y mis amigas están esperando por nosotros, no podemos llegar tarde.
—Ya te lo dije. Ese evento se cancela…—miró a la chica de reojo unos segundos más, sólo para que entendiera que no iba a irse de allí, ni siquiera cuando se lo pedía de manera tan vehemente. Después simplemente se enfocó en el tipejo que tenía en sus manos—. Ahora tú, respóndeme —sacudió un poco al chico y éste simplemente le miró con pavor. Acaba de reconocer a su golpeador.
—¡Tatsuhisa, eres tú!
—Kai, vámonos, ahora mismo —la paciencia se le estaba escapando de las manos; pero se contuvo, no quería dar un espectáculo en la calle—. Eres mi novio, así que no deberías estar buscando ni preocupándote por otras chicas.
—Eso significa que si no somos nada seré libre de hacer lo que quiera, y por ende, no tendrás derecho de reclamarme nada —le observó de reojo seriamente, sin ofertarle ninguna sonrisa. Incluso esos preciosos zafiros se encontraban escandalosamente demasiado calmos—. Terminamos entonces.
—¡¿Qué?!¡¿Pero qué estás diciendo?!¿Vas a terminar conmigo? —sencillamente no iba a aceptar ser desechada así como así, por un mero capricho momentáneo y menos usando una excusa tan barata—. Tú no puedes terminar conmigo. Indudablemente sería tu peor decisión.
—Es una mala decisión que no me arrepentiré de tomar —agregó fríamente—. Las mujeres me sacan de quicio por demasiadas razones. Pensaba que tú no seguirías el mismo patrón que las demás, pero ya veo que no fue así. De manera que está bien que no sigamos con esto, porque no nos llevará a ninguna parte.
—¡¿Pero qué estás diciendo?! ¡Kai, escúchame! —todo llamado era inútil. Él simplemente se había ido de allí jalando al chico que caminaba contra su voluntad, temiendo por su propia seguridad.
—Tatsuhisa…nosotros no sabíamos que…ella era algo tuyo…—tartamudeaba el chico.
—Solamente llévenme a dónde la tienen, es todo. No tengo intenciones de intercambiar palabras contigo o el otro tonto.
No le sorprendía a dónde había llegado. Era algo usual ocupar ese tipo de sitios para realizar lo que se les viniera en gana sin que los adultos metieran sus narices. Aunque lo que sí llamó su atención es que continuaba viendo ese uniforme tan familiar.
Pero sus sospechas se terminaron de confirmar en cuanto se percató de que ese grupo de chicas que se mantenían vigilando la entrada a esa pequeña choza se sobresaltaron; tanto por verlo como contemplar al tipo que se había llevado a cuestas contra su voluntad.
Era claro que entraron en pánico y éste simplemente las atravesó con una hostil mirada.
—Sáquenla.
—No te metas en nuestros asuntos, Tatsuhisa-kun.
—Esta chica se metió con nosotras. Por eso debe tener su escarmiento.
—¿Y se puede saber qué les hizo? —objetaba Keigo hoscamente—. Ella ni siquiera las conoce.
—Abriré la puerta de un golpe si no hacen lo que les digo —ni su tono de voz ni mirada mentían. Él hablaba en serio.
—No sean estúpidas. Háganle caso. Él va a hacerlo en serio…Lo conozco desde la secundaria y sé de lo que es capaz…—habló el apaleado chico.
El parloteo no continuó porque aquel repentino ruido captó la atención de todos. Por lo visto las cosas estaban siendo de lo más animadas allí dentro y eso provocó una sonrisa colectiva en las chicas allí presentes.
—Nuestra querida amiga es la capitana del equipo de kendo femenil. Así que seguramente debe estarle dando una paliza.
—Cuando termine con ella, ya podrán llevársela.
—Parece que ya acabó.
—No me sorprende viniendo de nuestra capitana —comentaba otra con fanfarronería.
Sí, claramente la puerta fue abierta, volcando a todos en el desconcierto. Ahora eran esas cinco chicas las que clavaron toda su atención en la francesa.
Estaba llena de polvo y su cabello ahora le llegaba hasta los hombros. Pero más allá de eso no había nada más que recalcar.
—Te han cortado tu cabello…—lloriqueaba el pelinegro—. Yo amaba tu cabello largo, Axelle.
—Olvidé mencionarles que la chica que secuestraron entrena kendo diariamente con chicos de tercer año. Por lo que dudo que su capitana sea la gran cosa…Pero me sorprende su ingenio —a falta de espada de madera, nada como el mango de una escoba.
—¡Esto no se va a quedar así! —alguien estaba cabreada y se negaba a aceptar la derrota.
—Ya obtuviste lo que merecías, Chihiro —esa arma de madera se detuvo justo sobre el pecho de aquel chico. Estaba parado entre ella y la francesa—. No vuelvas a amedrentarla, ¿entendiste?
—Tsk…Haré lo que se me dé la gana, Kai. Ella no es más que una maldita zo…—se calló en el instante en que sintió esa gélida mirada sobre su persona, en cuando escuchó el crujir de su bokken a causa de que él la había sujetado con la suficiente fuerza para fracturarlo. Entendió inmediatamente que el miedo le había hecho callar abruptamente. ¿Cómo alguien como él podía intimidar de esa manera?
—Lo repetiré una vez más, no te vuelvas a meter con ella…o vas a lamentarlo seriamente —no necesitaba decir más, ya que con eso era más que suficiente para hacer temblar por completo a esa chica—. Las mujeres como tú, en verdad me dan asco…—simplemente se apartó, tomando a la confundida chica de la muñeca para llevársela consigo.
—Mi hermana podrá arreglar tu cabello, Axelle —le reconfortaba Kirihara.
—¿Se puede saber qué te ha hecho enfadar tanto, Tatsuhisa? —se limitó a seguir su paso, incluso con su muñeca siendo presa de su mano.
—Nada en particular. Sólo limítate a caminar.
—Es lo que estoy haciendo sin objetar nada al respecto —mencionó como sí nada.
—Para variar no estás llevándome la contraria —soltó un poco más relajado.
—Desfogué todo mi estrés con ella, así que estoy tranquila. Por eso no estoy reprochándote nada.
—Únicamente te quejas y me llevas la contraria a mí. Te recuerdo que tienes a Keigo también.
—Forma parte de mi encanto personal llevarle la contraria a las personas, Tatsuhisa —sonrió burlonamente ante esa confesión personal—. Además, así tu vida es más divertida. Estás acostumbrado a que todos hagan lo que tú quieres. Te doy humildad.
—Me produces más bien dolores innecesarios de cabeza.
—Tú también a mí, así que estamos a mano —agregó campantemente. Incluso una sonrisa se había delineado en sus labios de manera inconsciente.
—Axelle, tengo algo que preguntarte —se detuvo en seco, soltándole y encarándole con ese semblante cargado de seriedad. Ella simplemente se mantuvo a la expectativa—. ¿Quieres salir conmigo?
