Sí, damas, sigo viva, aunque lo duden. Sé que no tengo excusas para haberme desaparecido por tanto tiempo, pero a veces pasan esta clase de cosas. Y aunque el capítulo de retorno sea corto, prometo que se vendrán cosas mejores 😃 Gracias por leerme y esperarme, mi oscuro corazón se los agradece.
*Guest: No, no abandoné esta historia. Ya regresé, de manera lenta, pero aquí estoy. Saludos y gracias por tu review.
Capítulo 126
La distancia que nos separaba
No necesitaba que continuara con aquel relato. Porque mejor que nadie sabía de qué manera se desarrolló aquel noviazgo; podía deducir los detalles si recordaba las charlas que tuvo con Axelle sobre él o la manera en que se comportaba y expresaba de su persona. Y aunque la curiosidad le mataba, no estaba de ánimos para controlar sus celos y envidia. Simple y llanamente prefería pasar de aquel tema y Kai se percató de ello.
—Eres más fácil de leer que un libro abierto —agregaba con burla el blondo. Y es que hasta le dedicaba una de esas sonrisas que siempre lo sacaban de quicio.
—Sabes que sólo te soporto porque la has ayudado.
—Supongo que conforme crezcas irás dejando de ser tan posesivo —podría pasar, podría no suceder. Solamente el tiempo lo diría—. O posiblemente te pongas peor.
—Cállate y ponte a hacer lo que te corresponde —demandó, torciendo el entrecejo.
—Es que mi deber consiste en guiarte para que prepares un espléndido platillo.
—Pues no veo que estés haciéndolo. Solamente te la pasas ahí paradote, bebiendo café enlatado.
—Cállate y haz lo que te digo.
—¡Que no me has dicho nada pedazo de idiota!
—¿Y bien? ¿Qué pensaste?
—¿Qué se supone que deba de pensar? -inquirió, viéndole fijamente. Pocas veces se le contemplaban tan serio como en ese momento-. No voy a echarme para atrás después de todo lo que ha pasado… Ni siquiera lo que ustedes vivieron hará que retroceda.
—¿Es tu manera poco sincera y evasiva de decirme que te has enamorado de ella? —tan calmado, tan astuto. Jamás se cansaría de poner en jaque al moreno.
—Cállate imbécil —el ligero sonrojo que inútilmente intentaba ocultarle al blondo respondía positivamente a su interrogante.
—Qué hombre tan problemático te has buscado en esta ocasión, Axelle. Pero al menos ha dejado de lado su orgullo para aguantar todo mi hostigamiento —sonrió con discreción mientras se terminaba su fría bebida de café.
En el momento en que dejaron sus discusiones pudieron avanzar en el objetivo que los había reunido bajo el mismo techo. Y es que ver a Aomine Daiki meterse en la cocina era algo que no ocurría prácticamente nunca, por lo que el par de amigos de Axelle se tomaron las molestias de perpetuar todo el proceso vía vídeo sin que se diera cuenta o los asesinaría.
Y tras un par de horas y de esperar a que la enferma despertara, el resultado final se apreciaba claramente en el tazón que el moreno llevaba sobre una charola de madera.
—Está bien que te guste dormir, pero creo que te has excedido en esta ocasión —la blonda estaba un poco somnolienta, pero el olor de la comida reanimó sus sentidos—. Come antes de que se enfríe —en cuando se sentó, colocó todo sobre el regazo de la joven mientras él tomaba asiento a un costado de la cama.
—¿Realmente...preparaste esto? -aparentemente el consomé de pollo y verduras lucía impecable.
—Tsk...¿Por qué dudas de mi palabra, eh? -masculló bastante ofendido-. Aunque si estás algo insegura al respecto...Digamos que alguien me dijo cómo hacerlo -su tono era apenas audible. Aunque claro, no era para menos; no cuando había sido Kai el que le instruyó en la cocina.
—¿Puedo saber de quién se trata? -curioseó tras darle un primer bocado. Estaba bastante rico. Y gracias a que estaba recién hecho y que un mundo de escalofríos la dominaba, se sintió más reconfortada.
—No. Por el momento es mejor así.
—Aunque no entiendo cómo es que estás tú aquí. ¿No estabas con Momoi y los demás pasando un alegre fin de semana? -le miró de soslayo, buscando una reacción en el moreno. Lo único que halló fue un largo suspiro y un semblante un tanto serio.
—Alguien me llamó hace un par de horas, diciéndome que te habían hallado inconsciente en tu departamento y con bastante fiebre -se detuvo, mirándole con cierto escrutinio-. No podía quedarme sabiendo eso.
—Ahora que lo dices...Recuerdo haberme cambiado para ir a comprar la despensa, pero después todo se tornó borroso...Hasta ahorita...-intentó hacer memoria, pero era inútil-. Lamento haber interrumpido tu viaje...
—Nadie se disculpa por enfermarse, Axelle. Es absurdo -rascó su nuca y simplemente le sonrió un poco-. Por ahora comete eso para que puedas tomarte las medicinas -y por ello hacía referencia a una bolsa plástica colocada sobre su mesa de noche.
—N-No me gustan esas cosas -incluso había hecho un gesto de desagrado ante tal futuro.
—No es que te guste o no, debes tomártelas. Y lo harás -se la sentenció.
—Pero...-sus poderes de convencimiento no harían mella en Aomine. Al final se resignó-. Lo haré...
—Así es como se habla.
—Tirano -refutó. De momento prefería comerse lo que le había preparado-. Daiki es tan testarudo y orgulloso que no se dejaría ayudar con algo como esto. Entonces, ¿quién le habrá enseñado? ¿La misma persona que le llamó?
—Deja de pensar en quién me enseñó! -es que para él, ella era tan clara como el cristal.
—Es que me dio la curiosidad. Es todo...
—Si tantas dudas tienes al respecto. Entonces déjame a mí aclarar un poco tus dudas.
—¡¿Kai?! ¿Pero qué estás haciendo aquí? -sus pupilas se abrieron como platos soperos en cuanto vio al rubio entrando a su habitación.
—Vine a buscarte por la tarde junto con Keigo y Akaya. Teníamos un paquete para ti de parte de Marko, y como la casera dijo que no estabas, nos abrió el departamento para que dejáramos las cosas que traíamos. Y entonces te encontramos desmayada...Y bueno, lo demás es historia -relató, sin despegar su atención de ella-. Creí conveniente llamarle a Aomine.
—Vaya, las cosas terminaron de este modo -al fin había acabado. Sin embargo, ahora estaba bastante confusa sobre todo lo acaecido.
—Aomine y yo estaremos toda la noche por aquí, así que no tienes de qué preocuparte.
—¡¿Ah?! ¡¿Qué...pasarán la noche en mi departamento, los dos?! -ese era un gran shock emocional. Nunca concibió una idea como esa.
—Exactamente. Descuida, no haremos mucho ruido para que descanses apropiadamente -mencionó tras tomar la charola que tenía el plato vacío del consomé-. Lo único que interesa es que te repongas. ¿Qué clase de persona se enferma a inicios de febrero? -se burló lindamente en su cara.
—Así que quédate en cama y no pienses ninguna locura, ¿entendido? -Daiki también se dirigió hacia la puerta de la habitación.
—Nos veremos luego -se despidió el rubio. Y pronto el silencio se adueñó de la habitación.
—Se han ido...Esto es de lo más raro...Después del festival y las fotos que subió al internet, juraría que Daiki odiaba a muerte a Kai... ¿Entonces? -sus dudas simplemente se incrementaban más y más.
No formaba parte de sus planes pasar su sábado libre lidiando con aquel grupo de chicos, no cuando podría estar haciendo un montón de cosas. Fue en ese momento en que maldijo que aquel pelirrojo se hiciera de novia. Gracias a ello, ahora se encontraba botado en medio de una cancha de básquetbol.
Sí, Kagami había cancelado de última hora ante la repentina llegada de su adorable y golpeadora novia.
—Qué fastidio...-expresó perezosamente. Ni siquiera jugar con aquel esférico le devolvía la energía.
—¿Quién se imaginaría a Taiga posponiendo un enfrentamiento contra Aomine por una chica? Este mundo de verdad que está loco -canturreó Hadrien. Él y agregados habían llegado a Tokio para pasar un fin de semana divertido al lado del pelirrojo, pero Kiyoe los despachó en un santiamén. Y para la mala suerte de Daiki, llegaron hasta donde se encontraba.
—Bueno, sabíamos que este día tarde o temprano llegaría -a Marko todo el asunto le daba cierta gracia.
—Hasta la bestia más indomable y feroz es capaz de encontrar su debilidad -aunque Leo lo había dicho por Kagami, quedaba claro que era un comentario también dedicado al moreno.
—¿Y qué haremos ahora? Axelle está trabajando a estas horas -al italiano no le parecía agradable esperar varias horas y menos con esa mochila sobre los hombros.
—Oh, qué asunto de lo más interesante -el alemán había pasado del comentario de su amigo y mantenía su atención enfocada en la portátil que llevaba consigo.
—¿Por qué demonios traes una laptop contigo? -ni el danés comprendía a veces las ocurrencias de su atolondrado amigo.
—¿Qué se supone que es? -la curiosidad de Turletti le llevó a asomar su vista en la pantalla.
—Es una página que alberga diferentes sitios webs creados por fans para fans. Ya sabes, de esas que hacen los chicos que aman mucho a sus idols -Hadrien examinaba cada uno de los títulos que aparecían en el listado.
—Realmente no comprendo esta parte de los japoneses -acarició su mentón, meditando sobre los orientales y su amor ferviente hacia sus idols.
—Es cosa de cultura -comentó Leo.
—Una amiga me dijo que luego ese fanatismo es tan obsesivo que cuando se enteran que sus amadas idols tienen pareja, se ponen demasiado celosos y ese tipo de cosas -relataba Hadrien con escepticismo-. Y que en algunos casos los fans han llegado a asediar a las parejas de esos iconos...
—¡¿Por qué demonios me están mirando de esa manera, eh?! -Aomine había sentido esas miradas cargadas de lástima hacia su persona.
—¿No es obvio? -el alemán podía ser muy toca narices a veces, especialmente cuando sonreía de esa manera tan socarrona.
—Míralo por tú mismo -Marko por su lado se había encargado de mostrarle lo que ellos apreciaban desde hace poco.
No es como si no hubiera visto nunca algo como eso, después de todo, modelos de la talla de Mai-chan poseían un sin número de páginas web hechas por sus fans. Sin embargo, lo que estaba viendo se encontraba más allá de su comprensión y aprobación. Incluso se había sentado de golpe, tomando el electrónico entre sus manos.
—Es increíble lo mucho que ha progresado, ¿no? Realmente no tiene mucho trabajando en el medio -a Zabeck le gustaba cabrear a cierto moreno.
—Debo admitir que la página está bien diseñada. No hay detalles que hayan sido descuidados y en general luce bien esa combinación de púrpura, lila y rosa pastel -el danés por su lado estaba más concentrado analizando la apariencia de ese sitio web.
—Hay un montón de fotografías, así como comentarios en cada una de ellas -sí, Marko ya se había encargado de dar clic por aquí y por allá.
—"Quisiera que asistiera a la misma universidad que yo. Así podríamos ser amigos y quizás algo más *-*". "Me gustaría que modelara para mí personalmente. Ya saben, unos cuantos trajes de baño. Sería el hombre más feliz de todos ^_~" -fue lo poco que logró leer el alemán antes de que alguien se saliera de esa sección.
—Eso de que los orientales son tímidos y reservados empieza a verse como una vil mentira -la esmeralda mirada fulminaba a Aomine.
—Parece que tienen agallas esos mocosos -mencionó sin humor alguno Daiki.
—Sólo ten cuidado, ya sabes lo que dicen por allí...Los accidentes pasan -la advertencia de Hadrien sonaba seria de muerte.
—Aunque...la persona que hizo esto de verdad parece saber mucho sobre Axelle -Austerliz había decidido ver el apartado que hablaba sobre su amiga; la sección correspondía a datos biográficos como a gustos, hobbys, preferencias y demás.
—Color favorito, animal preferido, platillos que más le gustan, tipo sanguíneo, lo que más odia, lo que más le gusta...-y la lista seguía y seguía-. Tienes razón, quien hizo esto la conoce bastante bien o en todo caso, sabe dónde buscar -Marko suspiró y volvió a la página principal de ese activo blog.
—Umm...¿Qué será esto? -el alemán optó por entrar en donde yacía aquel icono de un pequeño gatito enojado. Pero no demoró absolutamente nada en cerrar todo de golpe.
—Pero qué rayos te pasa? -ni el italiano había tenido tiempo de leer ningún de los comentarios que se desglosaban de una simple imagen de la francesa.
—Viejo, de verdad te guardan mucho odio -allí estaba de nuevo esa mirada cargada de compasión sobre él.
—¡Deja de mirarme así, maldito Hadrien!
—¿Pues qué ponían los comentarios? -indagaba Leo al tiempo que Daiki volvía a entrar a esa sección del blog.
Ahora les quedaba más que claro la razón de las palabras de Zabeck. Y al mismo tiempo se preguntaban cómo se podía expresar tanta inconformidad, disgusto y desaprobación en tan pocas líneas.
—Queda claro que si alguno de esos chicos se topa contigo, probablemente te meterían el pie de mínimo —susurraba Leo.
—Los japoneses...pueden llegar a ser muy intensos -el castaño tragó saliva pesadamente al recordar las "ideas" que los chicos de ese blog se aportaban entre sí.
—Menos mal no saben dónde vives.
—Leo, eso sería aplicable si el novio de Axelle no fuera un renombrado jugador de basquetbol que ha salido en revistas deportivas a nivel nacional -Hadrien, rompiendo las positivas y alentadoras palabras de su amigo.
—Dudo que se metan con Aomine. Fácilmente puede ponerlos en su sitio -Marko daba un poco de crédito a la fuerza bruta del moreno. Después de todo, ya había sido golpeado por él en varias ocasiones.
—Ciertamente. Entonces no deberíamos preocuparnos por pequeñeces como esas -expresó el peli blanco.
—Pero tal vez deberíamos angustiarnos por esto, chicos -señalaba el pelirrojo. Rápidamente todos pusieron su atención en el monitor. Una nueva entrada había sido hecha hace apenas unos segundos.
—Pero qué demonios...
Pese a que ya se había acostumbrado al maquillaje y a todos esos cuidados que le ofertaban a su rostro cada que debía salir a modelar, simplemente no podía adaptarse a los zapatos de tacón alto; motivo por el cual había arrojado las zapatillas lejos de ella. Al fin su día laboral había concluido.
—Creo que jamás podrás acostumbrarte a ellas, ¿verdad?
—Eso parece, Maeko. Pero me alegra usarlas solamente aquí -sin duda eso le producía un enorme alivio.
—Por cierto, hay algo que quisiera que vieras.
Sobre sus manos se encontraba una perisqueta con una apreciable cantidad de hojas. Y aunque le sorprendía ver las fotografías de diversas modelos, lo que más la extrañaba fue hallar una de su persona.
—¿Qué es todo esto? -a ella todas esas fotos no le decían nada.
—Cada año, por el mes de febrero se hace un evento con las modelos que tuvieron la mayor popularidad durante todo el año.
—¿Qué clase de evento? -viniendo de una agencia de modelaje todo podía ser posible.
—Se hacen especiales de cada una de las modelos seleccionadas y al mismo tiempo, cada modelo tendrá una especie de cita con el ganador del concurso -respondió, sólo para confundir más a la francesa.
—Entiendo lo de los especiales, pero... ¿Lo de la cita era necesario? -¿las modelos hacían cosas como esas año con año? Empezaba a sentir un poco de respeto por esas mujeres.
—Es algo que no dispuse yo. Viene de la agencia que lleva a cabo las encuestas de popularidad de todas las modelos del país. Si te hace sentir mejor, los chicos también deben hacer esto.
—La verdad es que no me alivia en lo más mínimo. Estoy segura de que esto traerá problemas con Daiki. Es decir, si él estuviera en mi posición no le permitiría salir con nadie...ni siquiera por cuestiones laborales -odiaba sentir celos por él, pero no podía evitarlo y no le quedaba más remedio que expresarlos aunque fuese en sus pensamientos-. ¿Y cómo se seleccionará al ganador?
—Mediante un concurso de conocimiento sobre su modelo favorita. Tendrán que responder varias preguntas y conforme acierten, obtendrán puntos.
—¿Y si hay empate? -debía preguntar hasta por el más mínimo detalle.
—Se tendrá otro cuestionario. Claro que más difícil.
—¿Y cuándo inicia todo esto? ¿Puedo negarme a formar parte?
—Desde este lunes 2 de febrero hasta el día 9. Y lamentablemente no puedes…-comunicó con mal sabor de boca.
—Ya veo...Así que pasado mañana inicia todo -suspiró larga y hondamente. Solamente podía rogar porque todo saliera bien.
No había nada mejor que comer unas deliciosas hamburguesas caseras en compañía de unas bebidas bien frías. Especialmente cuando aquella reunión se había extendido más allá de lo necesario. Aunque las cosas habían cambiado vertiginosamente después de ver aquel anuncio en tan colorido blog.
Ahora se encontraban en el comedor de la casa más cercana, es decir, la de Aomine.
—No suena tan mal plan, Hadrien -Aomine no le daba la razón muchas veces al alemán, pero ahora sí se había ganado el halago.
—Siendo cuatro y conociendo a Axelle mejor que nadie más, es imposible que perdamos -expresaba sumamente confiado el oji dorado.
—Cualquiera que gane de los cuatro, estará bien -alegó Leo.
—Lo mejor será que no le digamos nada o nos dirá que nos salgamos -Marko tenía mucha razón.
—Seguramente no dirá nada sobre esto...y se inventará una excusa para el día de la susodicha cita -Aomine no sabía si presumir por conocer tan bien a Axelle o maldecir semejante hecho—. De modo que pongamos manos a la obra.
