Buenas noches 😃 Sí, regresé en menos tiempo del que se podrían esperar. Espero hayan disfrutado el cap subido de tono donde al fin Aomine cruza la línea. Ya era hora, ¿no? Creo que muchas aquí lo esperaban jojojo. Dejando a un lado el "salseo", sigamos con el característico de este fanfic: la comedia y el drama XD ¡Disfruten y nos leemos pronto!

Capítulo 128

Amistad única e irremplazable

Desde que recibieron aquella invitación hace un par de días atrás, las sospechas y la desconfianza no se hicieron esperar. Después de todo, se podía esperar de todo con un anfitrión como él. Pero no se podía combatir su obstinación e insistencia; y también ayudaba el hecho de que esa persona se encargaría de los gastos que iban desde el hospedaje hasta la comida.

Así que sin más remedio arribaron a la fría ciudad de Sapporo en el punto de reunión acordado: en el aeropuerto de la ciudad.

No sorprendía que fueran el primer grupo de personas en llegar, especialmente porque era tan temprano.

—¡Axelle, Daiki, Taiga, Kiyoe, Mila, Elin, Momoi, Kuroko! -saludó con suma emoción a sus viejos amigos. El grupito le devolvió la cortesía.

—Al parecer hemos sido los primeros -los celestes ojos de Mila sondeaban el aeropuerto, pero no había ningún rostro familiar.

—Me sorprende, siendo Leo tan puntual.

—Eso es porque él quedó por pasar por Noa para luego venir hacia acá -aclaró el alemán para la gemela mayor.

—¿Noa? -las caras de extrañeza de ese par de amantes del basquetbol no se hizo esperar.

—La novia de Leo, Daiki. Te conté sobre ella desde marzo -le regañó.

—Ah sí, la hermana de uno de tus ex -lo único que Aomine recordaba y consideraba sustancial.

—¿A quiénes has invitado, Hadrien? -curioseaba Elin.

—Descuida, también le he extendido la invitación a Kasamatsu -sonrió con vileza-. Así que aprovecha toda esta semana para tú ya sabes qué.

—¡Hadrien, eres el mejor! Quisiera que fueras mi hermano mayor -no dudó ni un momento en abrazar al alemán. La escena resultaba extrañamente tierna.

—¡Ah! Se están refiriendo a pasar unos días inolvidables al lado de todos, así como salir en pareja y ver lo que esa ciudad nos tiene -ese fue el concepto que Mila tenía al respecto de las palabras del peli vino.

—Es demasiado ingenua, ¿verdad? -mencionó Kiyoe al contemplar a la joven toda emocionada y feliz.

—Una pena que Moto no sea así -es que Zabeck estaba en todo.

—¡Qué bien que invitaste a Moto! -es que esa gemela estaba literalmente que saltaba de felicidad.

—¿No te sientes mal por decirle tus cosas con doble sentido? -le echaba en cara la francesa.

—Chicos, la GoldenWeek es para disfrutarse, no para limitarse... Cualquier posibilidad puede suceder -mencionó lleno de vitalidad y regocijo.

—En eso tiene mucha razón, Hadrien-kun -Satsuki parecía estar más de acuerdo y a Aomine no le sorprendía en lo más mínimo.

—Es necesario relajarse un poco para poder dar todo lo que tenemos en el siguiente torneo de verano, chicos -añadía el buen Kuroko.

—Espero que no haga una estupidez por la que vayamos a prisión -murmuraban esos dos hombres que no estaban convencidos de que esa visita fuera a salir bien.

Solo unos quince minutos más debieron esperar para ver otra secuencia de familiares rostros. Aunque uno de ellos les causaba cierta irritación.

—Kurokocchi, Aominecchi, Kagamicchi, Momocchi -y allí seguía Kise llamándoles de maneras que un joven de su edad no debía.

—No me mires con desconfianza, mujer. Te vas a divertir con tu querido galán de dorama -comentó el alemán tras sentir la mirada hostil de la castaña. Había saludado a todos menos a él. ¿Odio, dónde?

—¡Yukio! -por un lado le llamaba, por otro ya tenía atrapados sus labios entre los suyos.

—Kasamatsu-senpai nunca se acostumbrará a las muestras de afecto repentinas de Eli-chan.

—Es demasiado para su frágil corazón -secundaba Motoharu.

—Moto, qué bueno que has venido al viaje con todos nosotros -la otra gemela, un poco más introvertida, se limitó a tomar al chico de la mano, mirándole con alegría.

—¿Y ella quién es? -Kiyoe no era la única curiosa.

La mirada chocolatada de la joven era de un tono idéntico al de Motoharu, por lo que el parentesco era simplemente excepcional. Incluso compartían una coloración muy parecida para sus lacias cabelleras. Sin embargo, gracias a lo aperlado de su piel ese castaño le iba maravillosamente bien.

Gozaba de un flequillo perfectamente dividido en dos, así como de una bonita trenza que sujetaba su cabello y le daba un toque casual y muy elegante. Sin mencionar que su atuendo iba indudablemente muy bien coordinado y se ajustaba a su anatomía. Una chica atractiva que gustaba de vestir ligeramente formal.

—Es nuestra hermana, Hibari Sora -respondía el hermano menor de Aoi. En ese momento todos enfocaron su atención en la joven. Ella hizo una referencia y les sonrió cortésmente.

—Así que ella es la chica de la que ha hablado estos últimos meses -mencionaba quedito la francesa.

—La va a tener difícil si es la hermana de la mujer que lo sataniza -Daiki no podía estar más alejado de la verdad.

—Espero poder llevarme bien con todos ustedes -habló amablemente Sora.

—Menos mal no se parecen en nada -la discreción no formaba parte del código de vida de Aomine y Kagami. Aoi les miraba con mala leche.

—Por cierto, ¿y Murasakibara-kun? -Kuroko no había sido el único en notar la ausencia del gigantón.

—Está en esa máquina frente a la expendedora de golosinas -todos enfocaron su atención a unos quince metros de allí. Efectivamente allí estaba, acaparando la máquina y sus productos.

—Murasakibaracchi no cambia -rio burlón el blondo-. A todo esto, ¿Leocchi, Markocchi?

—Deberían de llegar pronto -las doradas pupilas del alemán miraron su reloj y solamente habían pasado diez minutos después de la hora acordada.

—Así que vamos a conocer a sus novias -Moto estaba muy curioso al respecto.

—Bueno, Axelle ya las conoce. Son las hermanas de dos de sus ex -Hadrien pasándose de informativo, logrando que los ajenos al tema la miraran atentamente.

—Son...muy particulares -fue lo que alcanzó a decir antes de que vieran a Leo en la distancia; y claramente no venía solo.

Su azabache cabello se encontraba atrapado dentro de su curiosa gorra gatsby, siendo imposible determinar el verdadero largo de este. Sin embargo, lograba apreciarse el flequillo degrafilado que cubría casi en toda su totalidad su frente; a la vez que secciones un poco más largas enmarcaban su rostro, dejando claro que su cabellera era ligeramente ondulada.

No era más alta que aquel acompañante suyo. Y aun con aquellas gafas carmesí, dándole un toque intelectual y maduro, podía apreciarse sin dificultad sus llamativos y únicos ojos amatista. Eran realmente bellos y enigmáticos.

Pero sin duda alguna, lo primero que captó las miradas de los hombres sería ese par de encantos que resultaban estar muy por arriba de la media.

—Tu novia es muy linda, Leocchi -felicitaba Kise con sinceridad.

—Se nota que te atraparon ese par de grandes encantos -Hadrien ahora rogaba por aire mientras yacía tumbado en el piso. Su querido amigo le había dado la bienvenida a su particular modo por estar de lengua suelta.

—Mi nombre es Aihara Noa, espero poder llevarme bien con todos ustedes -la pelinegra pasó a presentarse con el resto.

—Pues parece muy normal -mencionaba Taiga mirando a la jovencita.

—No la hagas enojar o hackeará toda tu información personal, o te dará a comer algo que te tenga en el baño por días enteros -les decía claramente la rubia a Kagami y a su pareja. Ese par retomaron su atención en la chica; se veía de buen carácter pero mejor no tentar la suerte.

—Akashi-kun, Lia-san -Tetsu fue el primero en saludar a esa parejita tan particular y que podía ser el terror de muchos.

—Hadrien, ha sido una excelente día el reunirnos todos para pasar estos días -halagaba el pelirrojo.

—Debemos hacer recuerdos inolvidables, Akashi -expresó sonriente.

—¿Mi pequeño hermano aún no llega? -Lia buscó en vano a su congénere por todas partes-. Además quiero conocer a su novia. Únicamente me ha hablado de ella y ni una foto me ha mostrado -soltó haciendo un puchero.

—Descuida, me encargaré personalmente para ver si es apropiada para Marko.

—Sei-chan, siempre eres tan servicial y consentidor -agregaba dulcemente, besando su mejilla. Eran la clásica pareja de novios acaramelados.

—Es increíble que Lia haya logrado convencer a su padre para terminar lo que le restaba de carrera aquí en Japón -mencionaba Hadrien para el resto.

—El verbo de Akashi es más que efectivo -secundaba el danés.

—Lo que más me sorprende es que estén viviendo bajo el mismo techo -terció Daishi.

—¡¿Qué?! -Kise el último en enterarse de todo- ¡¿Desde cuándo sucedió eso?!

—Desde finales de marzo -informó Aomine.

—Como la universidad allá en Europa termina a mediados de diciembre y no como aquí. Prácticamente se tomará un "año sabático" en lo que llega el siguiente período de inscripción

—¡¿Akashicchi?! -miraba a su ex capitán y no lo creía.

—¿Te duele que él tenga esa buena vida y tú no, verdad Kise? -Hadrien echándole fuego al asunto.

—...Estos tiempos modernos…-expresó Sora sin querer.

—¡Seijuurou es genial! -Moto estaba muy emocionado por todo el tema en sí.

—No Moto, tú no debes seguir esos malos ejemplos. Primero debes casarte -dictaminaba Aoi seriamente.

—Olvidaba que tu hermana era tan apretada -soltaba casual el alemán.

—Creció a la antigüita, Hadrien -le siguió el castaño.

Lo siguiente que ocurrió fue lo inevitable. Hadrien clamaba por ayuda desde el suelo mientras la castaña le hacía una magistral llave.

—¡¿Aoi?! ¡No le hagas eso a Hadricchi, es el As de Hokkaido y es diestro!

—Hermana, él únicamente estaba bromeando. Ya sabes que no debes tomártelo tan literal.

—Deja de defenderlo, Sora. Él es un idiota pervertido -sentenció.

—¿Sobreviviremos?

—Es una buena pregunta -Axelle suspiró y miró la escena con cierta preocupación.

—No me sorprende ver que ya están de problemáticos.

—Shintarou, pensé que no vendrías -Akashi indudablemente se veía sorprendido ante su llegada.

—Estuvo a punto de declinar la idea, pero le insistí para que viniéramos -agregaba Amaya con una sonrisita-. El problema fue librarnos de mis hermanos.

—Con lo mojigato que es Midorima no deben preocuparse de nada -si bien ya había sido liberado, seguía de hablador.

—Sí, he escuchado que no has tenido más progresos -añadía el antes capitán de la Generación de los Milagros.

—¿A qué...te estás refiriendo? -ya temía de la mente de ese hombre.

—Siempre he pensado que tu novia parece una bonita muñequita, Shin-chan -Lia no dudó en formar parte de la charla.

—G-Gracias -la pelinegra agradeció el halago con un tenue nerviosismo.

—Me encantaría ponerle un lindo kimono -añadía felizmente-. Seguramente te quedaría muy bien.

—Me gustan mucho los kimono. Pero no he traído ninguno conmigo.

—Descuida, te compraré algunos -estaba lo suficientemente motivada como para tomar las manos de Amaya entre las suyas.

—Suena muy bien -le sonrió alegremente.

—Es una chica lista -mencionó Daiki.

—Todos saben que ella es tan peligrosa como Akashi -nadie la conocía mejor que el mismísimo Kagami Taiga.

—¿Ah sí? ¿Entonces por qué anduviste con alguien como ella, eh? -quedaba claro el tono hostil con el que pronunciaba cada palabra la pequeña Kiyoe.

—B-Bueno...más allá de ese lado un tanto psicópata que tiene, es...bastante maja, inteligente, buena cocinera, las tareas del hogar se le dan muy bien, deportista, altruista...

—Kagami-kun quiere decir que era el paquete completo y que ningún hombre le rechazaría -Kuroko siempre diciendo lo adecuado en el peor momento-. Lo que nos hace preguntarnos por qué terminaron.

—Cierto, ¿por qué acabaron? -le peguntaba el moreno.

—Es clasificado...-mencionó firmemente para todos los curiosos.

—Ummm... Puedo hacerme una idea del porqué -siseaba la rubia. Taiga le miró, indicándole con la mirada que no dijera nada-. Así que...

—Axelle, vayamos a comprar algo de beber -literalmente la llevaba del brazo. Esa chica sabía demasiado y eso significaba peligro.

—No me digas que la razón por la que acabaron fue...-él suspiró, dándole la razón-. Oh mon dieu...

—Te lo diré solo a ti, pero promete que no dirás nada -le mencionaba quedito el pelirrojo.

—Mi boca será una tumba -mientras Kiyoe y Aomine les miraban desde la distancia únicamente podían apreciar cómo el rostro de la chica se ponía rojo, rojo, como nunca en la vida; y eso despertó su curiosidad-. Supongo que Akashi...¡Pero espera! Tú dijiste que...-miró esos serios ojos y calló-. A este paso estaré igual que tú -mencionó casi en un susurro.

—No me sorprende que sea así. Es hasta cierto modo...predecible.

—Por tu bienestar físico y emocional, ninguno de los dos debe enterarse de esto -musitó.

—Nos están mirando con malas ojos -sí, claramente a sus queridas parejas no les gustaba el cuchicheo que vivían a la vez que dizque compraban algo en esa máquina expendedora.

—No es de extrañarse. Ahora querrán saber todo -aseguraba Kagami.

—Pues nos conviene quedarnos calladitos.

Y antes de que pudieran interrogar a ese par, la última pareja llegó al fin.

Un amigable Marko saludó a todos globalmente. No obstante, las miradas se fueron en su acompañante, que era quien interesaba en ese momento.

Lo primero que captó su atención fueron esas penetrantes pupilas doradas que lucían de lo más calmas mientras se enfocaban en cada uno de ellos. Lo siguiente que demandó toda su atención fue su larga y suelta cabellera albina, que llegaba sin problema alguno hasta sus rodillas y cuyo lacio podía ser envidiado por muchas chicas.

Su flequillo desfilado y asimétrico en los laterales le quedaba de maravilla y resaltaba su delicado rostro. Y tampoco estaba de más decir que ser un tanto pálida jamás fue tan conveniente, ya que en ella ese tono congeniaba de maravilla cuando se contrastaba con sus ropajes que combinaban el negro y el rosa pastel.

Era tan alta como el italiano, con las curvas justas y unas piernas bastantes bonitas. Y en conjunto hacían de esa chica una fémina de lo más hermosa, por lo que no sorprendía que hubiera captado las miradas de varios que pasaban por las cercanías.

—Mi nombre es Hye Ju, encantada de conocerlos -se dirigió a todos por igual, aguardando por su presentación.

—¿Hye? -los dorados ojitos de Kise parpadearon confundidos.

—Nací el Corea. Y me mudé a Japón con mi padre a causa de su trabajo. Unos años después se casó con la madre de Kai y bueno, es historia vieja -les informó con normalidad.

—¡Marko, Nice choice! -le dijo Moto al italiano. Incluso le ofreció su pulgar en son de aprobación.

—¡Moto, tienes buenos gustos! -le felicitaba el alemán.

—¿Cómo iremos a sobrevivir a esto, chicos? -preguntó Leo. Y era la interrogante que a todos les rondaba la cabeza.

Sapporo se situaba al suroeste de la isla de Hokkaido y era una ciudad con temperaturas notablemente frescas, en comparación con el resto de ciudades de todo Japón. No por nada contaba con un clima continental húmedo; resultando muy popular por los deportes invernales que allí concurrían durante casi todo el año.

Pero eso no amedrentó a los visitantes. Ellos veían con buenos ojos el conocer un poco más de su país, por lo que curioseaban con la mirada todo su alrededor mientras seguían fielmente los pasos del alemán.

En cuanto se detuvieron, percatándose de que estaban en el lugar donde se hospedarían, simplemente no podían ocultar su cara de sorpresa. Aquel lugar no era un hotel, era una casona que poco le faltaba para ser tachada de mansión modesta.

Dos plantas, jardines laterales y traseros, un enrejado blanco bastante bonito y una arquitectura digna de la época colonial, era todo lo que ese hogar requería para dejar a la gran mayoría estupefactos.

—Pasaremos la mayor del tiempo aquí, así que siéntanse cómodos –mencionó Hadrien. Ya había abierto y les permitía el paso a todos.

—E-Es enorme…-Kise miraba todo con asombro. Jamás se acostumbraría a las excentricidades de los ricos.

Entraron sin mayor pérdida de tiempo. El interior no podía ser de menor calidad que la fachada.

Había desde bonitos cuadros, muebles hechos de fina madera y cosas diversas que únicamente le proporcionaban más calor de hogar al sitio. Sin ignorar la vistosa chimenea que le proporcionaba calor a toda la planta baja.

Tras organizar el modo en que iban a ser repartidas las habitaciones, cada pequeño grupo de personas se dispuso a subir hacia la segunda planta y acceder al cuarto que obtuvieron a través de un simple sorteo improvisado.

—¡Este lugar es enorme y genial! -era la primera vez para Moto el estar en un lugar tan espacioso y lujoso como ese. Por lo que no dudó en ponerse a saltar sobre la esponjosa cama.

—Motocchi de ha emocionado demasiado.

—Es normal. Esta casa es...impresionante y muy grande -comentaba Yukio admirando la gigantesca habitación y lo bien cuidada que estaba. Sus camas individuales eran bonitas y contaban con dosel.

—Sus padres la compraron este año para venir a vacacionar en verano. Ya que únicamente nos dan una semana de vacaciones por las prácticas de baloncesto y los torneos de esas épocas -relataba el castaño mientras desempacaba. Nada como una cama que tuviera cajones inferiores para guardar la ropa.

—No deja de sorprenderme lo adinerados que son...-agregaba el rubio. Bueno, ahora era amigo de esa clase de personas pudientes.

—Aquí se siente bien, pero afuera está fresco -comentaba Kasamatsu.

—Sapporo es una ciudad fría, con clima continental. Llegaremos a 11-17°C a lo sumo. La mayor parte del año es más frío.

—Te has informado muy bien, Markocchi.

—Terminemos de desempacar y bajemos al comedor -indicó Moto alegremente.

Pero en la habitación contigua, ninguno de esos cuatro chicos parecía estar muy complacido por la manera en que habían sido repartidas las habitaciones.

—¡¿Por qué tengo que compartir cuarto contigo, Bakagami?!

—¡Es lo mismo que yo digo, Ahomine!

—Aomine-kun, Kagami-kun, ya no están en secundaria. Compórtense de acuerdo a su edad física.

—Porque la mental les hace hacer este tipo de escenitas -concluía Shintarou.

—¡Ustedes dos guarden silencio!

—Va a ser una estancia complicada -y por primera vez en mucho tiempo, Kuroko no estaba exagerando.

Por otro lado, las cosas estaban bastante calmadas. Irónicamente aquel grupo restante no estaba molesto por sus compañeros de cuarto.

—El gusto de tu madre es exquisito, Hadrien.

—Mi madre y su vicio por comprar casas en los países que más le han gustado -suspiraba el alemán-. Pero bueno, esta vez no me quejaré.

—Mis padres también quieren conseguir una, pero en Tokio, para que mis hermanas no paguen renta -compartía el buen Leo.

—Yo puedo proporcionarte los datos de las mejores casas con costos acorde a su arquitectura, servicios y ubicación, Leo -se ofreció Seijuurou.

—Te lo agradecería, Akashi.

—Ha-chin, tengo hambre~ ¿A qué hora iremos a comer? -el gigantón glotón del grupo.

—Cuando todos hayan bajado al comedor. Hoy daremos un tour por Sapporo para que se familiaricen con la zona -indicó muy motivado.

Tras abandonar el humilde hogar del alemán empezaron a caminar hacia el centro comercial de Susukino. Había mucho que ver y no tenían tanto tiempo para turistear. Así que siguieron los pasos de su guía turístico, sin más remedio. Y aunque él les había dicho que irían a comer a un restaurante familiar, por alguna razón no le creyeron.

La expectativa dominaba a prácticamente todos.

—¡Lo sabía! Sabía que terminaríamos en un bar de mala leche como este -mencionaba Marko en cuanto se detuvieron frente a ese establecimiento de extraña procedencia y vieron al alemán entrar.

—Seguramente terminemos comiendo en un sitio así...-Leo podía imaginarse la escena.

—¡Hadricchi sigue siendo el mismo! -temía por lo que pudiera pasarle en cuanto pisara dentro de esa caverna.

—Podría ofrecerte a las meseras...

—O hacerte que hagas trucos trepado sobre la mesa -concluyó Kagami a la idea de Aomine.

—Ha-chin me trajo hace un par de semanas aquí. Me dijo que podía elegir lo que quisiera, que debía volverme un adulto.

—Así que es "esa clase de sitios"... Por tu bien es mejor que cortes tu amistad con Zabeck -recomendaba Midorima. Ahora veía con peores ojos el establecimiento.

Y ante su anonadamiento, el alemán salió y continuó, dándoles la indicación que les siguiera.

—¿No...íbamos a entrar allí? -curioseaba Axelle.

—Claro que no. Solamente vine a cobrar un préstamo -respondió con su tono usual. Todos se quedaron callados ante sus palabras; no lo creían.

No demoraron más de quince minutos en llegar hasta el restaurante. No solo era amplio y emanaba un ambiente cordial y familiar, sino que aparentemente no vendían nada sospechoso.

Entraron con cautela, siendo conducidos por el mesero. Las chicas tuvieron su propia mesa y los varones igual.

—Estás siendo muy extraño este día -criticaba severamente Taiga.

—Creo que debemos tener una buena semana. Llevarnos como seres humanos, como los amigos que somos -planteaba el alemán.

—Incluso pensé que nos sentarías en parejas y empezarías con tus burlas -comentaba Marko.

—Estás actuando como si no fueras Hadrien. Ni siquiera has hecho bromas pervertidas -indicó preocupado Leo.

—Chicos, chicos...Dejemos que las chicas se conozcan y desarrollen una buena relación. Nosotros charlemos tranquilamente. Y descuiden, le he dicho al mesero que únicamente nos traiga zumos para acompañar nuestra comida.

—No está mal que tengamos un día tranquilo, llevándonos bien y disfrutando de un gran plato de ramen -Akashi apoyaba la noción.

—Es lo más sensato que has dicho desde que te conozco -Midorima al fin podía sentirse tranquilo. Hadrien ya estaba componiendo su camino.

Y mientras ellos tenían una plática decente, madura, sin bullying ni grillas, las chicas estaban muy extrañadas por el ambiente cordial y amistoso que vivían.

—Ese no es el hombre del que me enamoré -expresaba Kiyoe patidifusa. Ver a Kagami comportarse con modales a la mesa y no estar insultando a Aomine, la desconcertaba.

—Moto sigue siendo...-no dijo más. El joven ahora se comportaba con toda la etiqueta del mundo.

—Al menos mi Yukio actúa como siempre...-al parecer el moreno ya no se trababa tanto frente a la mesera que le había traído su bol de fideos-. ¡E-Está perdiendo uno de sus mayores encantos!

—Shintarou está platicando con normalidad con Kuroko-kun y ni una sola vez ha torcido el ceño...-Amaya lo veía y no lo creía.

—Pensaba que Tetsu no soportaba demasiado a Ki-chan, pero...están hablando como si fueran los mejores amigos del mundo...-a Momoi prácticamente se le cayeron los palillos de las manos.

—¡Mi Sei-chan siempre es tan perfecto!

—Leo está bastante amigable con Akashi-kun. Parece que hablan de negocios... ¡Leo odia hablar de negocios! -mencionaba sorprendida la de gafas.

—¿Por qué Daiki luce tan feliz de brindar con zumo con Hadrien y Kise...? ¿Y qué es esa atmósfera de mejores amigos? -estaba aterrada por el hermoso cuadro de amistad de esos tres.

—Te dije que Hadrien tenía un lado amable y dulce, Aoi -Sora a diferencia del resto, veía todo con buenos ojos. Ese hombre le conquistaba más con sus particulares acciones.

—Pues sigo sin verlo realmente -aseveró firmemente-. No sé...qué está pensando Ryouta...-el blondo estaba demasiado feliz y sonriendo amistosamente. Y lo más raro es que todos lo trataban como un ser humano más; incluso Yukio no estaba atentando contra su integridad física. Todo resultaba ser muy extraño.

—...Marko siempre ha sido así de extrovertido y amistoso -mencionaba Ju, observando al italiano pedir más comida y sirviéndoles un poco más de jugo a los demás-. Demasiado complaciente para mi agrado.

Ya era la segunda ronda de tazones de ramen. Incluso alguien ya había encargado todos los postres de la carta. Todo era armonía y perfección. Las burlas, las bromas pesadas y todos esos comentarios hostiles habían desaparecido.

—Me alegra que te esté yendo tan bien en tu trabajo, Kise-kun -hablaba el sexto jugador fantasma a la vez que sorbía de su jugo de manzana-. Es extraño tratar como persona a alguien como Kise-kun...Esto es más agotador de lo que creía.

—Muchas gracias Kurokocchi... Ha sido duro entre la universidad, el modelaje y las prácticas. Pero así puedo tener dinero adicional...Es tan raro que Kurokocchi no me ignore...De hecho ha estado demasiado amable y servicial conmigo…¡¿Acaso está esperando a que baje la guardia para hacerme alguna broma?! ¡¿Y si ese es el plan de todos?! -porque era mejor considerar todos los escenarios factibles. Y más con amigos como los que tenía.

—Está muy bien que pienses en el futuro, Kise -felicitó Midorima con sinceridad-. Es bueno ver que has madurado...¿Quién será el primero que haga algo? ¿Zabeck? ¿Y si quiere que nos confiemos para luego salir con algo descabellado y pervertido?

—¿Seguro que puedo tomarla? -cuestionaba el moreno a Kagami. Había solamente una chuleta sobre el plato y quería comérsela.

—No hay problema -le hizo saber Taiga-. Ya hemos pedido pollo y pescado, así que hay comida de sobra -agregó-. Algo debe tener Sapporo que está haciendo que todos estén actuando de esta manera… ¡Incluso yo le he cedido la última chuleta al idiota de Ahomine! ¡¿Será el zumo?!

—Ummm... Está delicioso -para Daiki la carne era lo mejor del mundo-. Tetsu no ha soltado ningún comentario venenoso. Akashi al parecer no muestra gestos hostiles...Bakagami no se peleó por el último trozo de carne, Midorima no se ha quejado ni una sola vez... Murasakibara está atento a lo que todos dicen y no está de maldito malcriado... Esos tres idiotas no han hecho ninguna broma… ¡¿Pero qué rayos está pasando aquí?! ¡¿Todos están fingiendo ser buenos sujetos para que bajemos la guardia y salgan con una broma?!

—¿Alguien quiere de mi postre? -preguntaba amablemente Atsushi.

—Creo que debí de haber traído la cámara para que nos tomáramos todos una fotografía juntos -suspiró Marko por haber pensado en ello tan tardíamente.

—Deberíamos hacer un brindis por nuestra amistad y para que todo salga bien en este viaje -llamó Hadrien a todos. El resto asintió y tomaron sus vasos llenos de bebidas frutales.

—Saben, hay algo muy extraño en todo esto...-advertía Yukio.

—Es como si no fuéramos nosotros mismos -proseguía Marko.

—Es como si algo nos faltara -agregaba Tetsuya pensativo.

—¿Insinúas que nuestra amistad no es la misma sin las burlas, sin las bromas, sin los comentarios ofensivos y sin las oraciones con doble sentido? -interrogaba Hadrien muy seriamente.

—Sí, es justamente eso...-soltaron todos por igual.

—Creo que nuestra amistad no puede ser sin el bullying y las riñas sin sentido -clamaba Zabeck como si promulgara una verdad trascendental-. Pero algo como eso puede solucionarse fácilmente -sonrió burlonamente-. Previendo algo como esto, me preparé... ¡Mesero, traiga las cervezas y a las bailarinas de Can Can!

—¡¿No tienes decencia?! De verdad, ¡¿bailarinas?!

—Marko, Marko... Este lugar es un club nocturno por las noches.

—Era demasiado bello para ser cierto -mencionaba Leo con una sonrisa.

—¿Kurokocchi, me estás ignorando?

—Ya que ya no tenemos que fingir por más tiempo, continuaré comiendo mis fideos.

—¡¿Kurokocchi, solamente estabas fingiendo amabilidad?! -lloriqueó-. Pensaba que éramos amigos.

—Kise, deja de estar de escandaloso. Molestarás a los demás clientes -le llamó la atención severamente el peli verde.

—¡¿Quién demonios te dijo que te podías comer mi ración de salmón, idiota cejudo?!

—Es mi paga por haberte dado la chuleta, no te quejes.

—Traigan más postres~ Todos ustedes son malos y se los comieron -vociferaba Murasakibara. Nadie se metía con sus postres.

—Ciertamente ahora las cosas se sienten como siempre -la sonrisa ladina en los labios de Akashi denotaban complacencia y victoria. Como si hubiera previsto desde antes que las cosas iban a acabar de esa manera-. No se olviden de los buenos modales -soltó para todos. Mismos que estaban desde riñendo verbalmente, hasta jugándose bromas de mal gusto y no podía faltar el maltrato físico hacia Ryouta-. Esto es música para mis oídos.