¡Buenas madrugadas! Ya para que no digan que las abandono de nuevo, aquí les traigo la continuación. Disfruten, rían y piensen en las siguientes metidas de pata de estos desastrosos hombres de la GoM.
Capítulo 129
Saliendo de la rutina
Quizás en ese momento las chicas desearían que esa extraña faceta aun persistiera en cada uno de ellos. Ya que desde que salieron del restaurante y se dedicaron a hacer un poco de turismo, ese grupo de hombres no dejaban de comportarse de manera infantil, reñir y ser ruidosos, logrando que todos colocaran su atención en ellos por las razones equivocadas.
Así que no extrañaba que mantuvieran su distancia de ellos para que no las metieran en el mismo saco. Tenían cierta imagen que cuidar, incluso si se trataba de sus queridos novios.
—Al menos deberíamos alegrarnos porque han vuelto a la normalidad —mencionaba Kiyoe con su atención fija en Kagami; ya estaba insultando de nuevo a Aomine solo porque él había encestado más veces en los botes de basura que se iban encontrando.
—Pues sí, pero están resultando demasiado llamativos…—Noa simplemente sonrió con cierta burla en cuanto notó que Leo estaba siendo abrazado por Hadrien, diciéndole quien sabe qué cosas que habían provocado que su rostro se tornara rojo como una cereza.
—Dejemos que estén un rato así. De vez en cuando necesitan descansar y olvidarse de la universidad y el baloncesto –los castaños ojos de Amaya apreciaban a Midorima. Estaba luchando por no arrojarle ese secador de pelo a cierto rubio que estaba sacándole de sus casillas.
—¿Y a dónde estamos yendo ahora? –interrogaba un tanto curiosa Ju. Por el momento prefería enfocar su atención en el camino que en el italiano; él estaba divirtiéndose molestando a Kagami en compañía de Kuroko.
—Hadrien mencionó algo de que iríamos a un mercado a comprar pescado fresco para la cena de esta noche –hacía memoria Lia.
—Sí que vamos a necesitar mucho, especialmente por todos ellos –comentó Satsuki. Una parte de ella estaba emocionada, ya que quería experimentar en la cocina lo que había aprendido en esos últimos meses.
—Lo importante es que se diviertan –habló Sora para todas las presentes.
—De alguna manera u otra así es –comentaba Aoi, suspirando y pensando que Kise era más infantil de lo que ya le parecía.
—Me pregunto si dejaran que los ayudemos con la cena –meditaba Elin. Ella simplemente quería mostrarle sus dotes culinarios a cierto pelinegro.
—No creo que Hadrien nos deje meternos en la cocina. Creo que con él, Marko, Leo y Taiga se las arreglarán –y seguramente Mila no estaba lejos de esa verdad.
—Las cosas están bien de esta manera. No hay nada mejor que un hombre preparándote la comida –sentenció vilmente Axelle—. Así que dejemos que ellos se hagan cargo de eso.
Sin embargo, las cosas del lado de los varones distaban de la delicadeza y diplomacia de las féminas.
—¿Cómo hiciste para que Ju fuera tu novia, eh Marko? Yo lo intenté varias veces y nunca me hizo caso —contaba su amarga experiencia Hadrien.
—Kai me dio algunos consejos —respondió. El otro simplemente mostró más extrañeza.
—Es algo muy raro. Kai no ayuda a nadie sin conseguir nada a cambio… Su egoísmo no se lo permite —siseó.
—No lo sé. Supongo que ha preferido ayudarme para que Ju le dé menos atención —prosiguió.
—Leo, jamás creí que andarías con la hermanita de Tohma —dramatizaba el alemán.
—Mira quién lo dice… —se unió a la charla Aomine—. El que se metió con la hermana de Jomei.
—Pudimos haber sido algo así como primos, Daiki —el moreno simplemente bufó ante ello.
—Pero estoy muy sorprendido de que anden con las hermanas de los ex de Axelle-chan —añadió Kise, quien estaba atento a esa charla pese a que iba un par de pasos delante de ellos.
—Bueno, cada quien tiene algo así como su "favorito" o mejor dicho, con quien congenió mejor… Marko con Kai, Leo con Tohma y yo con Jomei —le informaba Zabeck al blondo. Este simplemente no lo comprendía del todo—. Y como Axelle tiene buena relación con todos ellos, no hay conflicto.
—Aominecchi, debe ser duro para ti —le compadecía Ryouta. Daiki se limitó a suspirar, no podía hacer nada al respecto y tampoco es como si esas dos chicas le hubieran caído mal.
—Shintarou.
—¿Qué es lo que pasa, Akashi? –él junto con el amante de las tijeras, iban hasta adelante junto con Murasakibara.
—Espero que esté viaje te haga liberarte un poco más. A nadie le agradan las personas demasiado herméticas y con costumbres anticuadas.
—¿Estás insultándome, no es así? –ajustó sus gafas, mirando de reojo al tranquilo chico.
—Mido-chin, debes despabilar. A Maya-chin seguramente le gustaría conocer otra faceta de ti menos aburrida e insípida –Murasakibara también se unía a la plática, con sus siempre asertivos comentarios.
—Sigue la recomendación de Atsushi, Midorima —repentinamente el alemán le había echado el brazo encima al desconcertado peli verde—. Estás reunido con chicos que ya disfrutan de esos placeres esenciales de la vida, bueno, Atsushi no vale porque es…como que asexual…y Kise solamente piensa en el cannoli perdido de Marko… Pero el punto es que…no seas tan apretado y dejes que tus instintos actúen.
—¡Zabeck! —si el alemán no tuviera tan buenos reflejos, ahora ya tendría esa secadora metida en la boca.
—Todos se divierten mucho —para Motoharu el modo en que esos sujetos se trataban era visto como una amistad casual entre chicos.
—Creo que no es del todo cierto. Es más bien su deseo por molestarse mutuamente —Yukio sabía muy bien lo que decía.
—Bueno, no le hacen mal a nadie…—Ryouta quería defender un poco la actitud de sus amigos.
—Kasamatsu, sé que no he tenido la oportunidad de entablar una conversación larga contigo, pero creo que hoy es un buen día para ello —el alemán ya se había trasladado al lado del moreno, tomándolo por sorpresa.
—Zabeck…
—Pensándolo bien a este paso Kasamatsu te ganará, Midorima —comentó lo suficientemente fuerte como para que el aludido le escuchara. El otro simplemente rechinó los dientes.
—Lo que le espera a Kasamatsu —Kagami sentía un poco de pena por la nueva víctima de su querido amigo.
—Y mira que tiene material de sobra para molestarle —secundó Aomine.
—Aomine-kun, Kagami-kun, no deberían estarse burlando de las desgracias de Kasamatsu—kun. Solo porque sea tímido y nada versátil con las mujeres no significa que deban meterse con él.
—Tetsu, tú mismo acabas de meterte con él…
—¿Y cómo van las cosas con Elin? Sé que te va a visitar los fines de semana –soltó con picardía. Incluso no dudó codear al chico, insinuándole cosas que quedaban más que claras para Yukio.
—¡No he hemos hecho nada de eso! —bufó ligeramente sonrojado.
—Umm… Considerando tu personalidad introvertida hacia las mujeres, que te paralizas cuando están demasiado cerca de ti… Supongo que aunque pudieras llevar las cosas hacia ese punto, te quedarías tieso como piedra.
—¡Claro que no! —se defendió. No quería quedar como un tonto y menos en esos temas.
—Kasamatsu-senpai, vamos…Todos aquí sabemos que eres malo con las mujeres y que Eli-chan es la que siempre toma la iniciativa en todo —Kise recibió unas hermosas patadas por parte de su senpai.
—Si ponemos las cosas en esa perspectiva… ¿Alguna vez le has dado un beso tú? —y es que esa pregunta parecía haber robado la atención de todos. Quizás no estaban mirándoles, pero tenían la oreja bien puesta.
Yukio guardó silencio, desviando su mirada. La respuesta la sabía mejor que nadie, pero no quería decirla allí y menos frente a todos esos tíos que no tenían problema alguno con las mujeres.
—Descuida Kasamatsu —Hadrien colocó su mano amiga sobre su hombro—. Midorima tampoco se ha encargado de darle ni un solo beso a Amaya y míralo, ni siquiera se incomoda o se siente patético al respecto. Al menos tú estás excusado, pero él no.
—Si pones las cosas de ese modo, Midorima queda muy mal parado —apoyaba Kagami, mirando al que habían arrastrado a la charla.
—¡¿Pero qué demonios dices Zabeck?!¿Quién te ha dicho semejante sandez? —al diablo las apariencias. Ahora se limitaba a corretear al alemán escurridizo mientras literalmente le daban de vueltas a ese grupo de chicos.
—Ryuusei me lo contó todo, Midorima —agregó campante.
—¡Ese pequeño bastardo, ya me las pagará! —cesó su odio hacia Hadrien y se enfocó en llamar. Por lo que en poco tiempo ya estaba lanzando injurias al bocón gemelo; por lo visto ese había sido su manera de vengarse por llevarse a su hermana consigo a Hokkaido.
—Y como te iba diciendo Kasamatsu… No creo que te vaya nada mal en el futuro. Elin sabe lo que quiere y bueno…tú eres ese algo que ella quiere. ¿Sabes a lo que me refiero? —el otro simplemente abrió sus ojos como charolas—. Tú coopera y verás que te irá bien.
—Prácticamente le está diciendo que…van a abusar de él…—Aomine sonrió burlonamente. Es que sin importar por dónde se viera, era gracioso y todos allí concordaban con él.
—Kise, no te burles de Kasamatsu. Tú tienes la carne y solo te dan hojas de lechuga —se burlaba Hadrien en la bonita cara de Ryouta.
—A veces ni eso… A veces únicamente un vaso de agua…—Moto ya se había aliado con el alemán.
—¡¿Motocchi, tú también?! —lloriqueó al sentirse agredido por esos dos.
—Otro herbívoro como tú, Shintarou.
—¡¿Tú también vas a seguirles el juego?!
Incluso con todas esas discusiones y contratiempos que vivieron ese grupo de problemáticos chicos, llegaron hasta una enorme zona comercial de productos del mar. Dirigiéndose de inmediato a conseguir todo lo que su larga lista poseía.
No solamente iban a cenar un verdadero festín, sino que habría suficiente comida para servirse por triplicado. Y bueno, existían ciertas personas a las que esa idea les resultaba terriblemente seductora.
Y mientras los chicos se encargaban de los mariscos y demás cosas, las mujeres se hacían cargo de las verduras para las ensaladas, así como de los ingredientes para los postres.
—Estos repollos están frescos y tienen un buen tamaño —comentó la italiana, evaluando esas llamativas plantas que sostenía en manos.
—Haremos ensalada de repollo y zanahoria con limoneta, así como mix de verduras con salsa de limón y ensalada de pepino y betarraga –continuaba hablando Elin, buscando las zanahorias más grandes y coloradas de todas.
—Cocinaremos mousse de café con almendras, ¿verdad? –preguntaba con interés Amaya.
—Le pregunté a Hadrien si podíamos hacer unos cuantos postres adicionales y me ha dicho que sí. Solo que no me decido cuáles.
—¿Cuáles tienes en mente? —interrogaba Aoi a Axelle.
—Pues tenemos Tiramisú, Tarta de melocotón y queso, Tarta fría de queso, Tarta de chocolate blanco, Tarta de tres chocolates, Flan de café y natillas caseras —leyó Noa a las chicas.
—Son bastantes…—susurraba Kimura.
—Pero tenemos tiempo suficiente. Además, somos varias manos, por lo que será pan comido para nosotras —animaba Lia a las chicas.
—Me gustaría cocinar la mitad de bien que todas ellas…—suspiró con el corazón roto, Mila. Esas chicas estaban a unos metros de ellas, decidiendo sobre la elaboración de los postres y quién haría qué cosa.
—No nos dejaron que metiéramos las manos en esto —Kiyoe sabía que no era buena cocinando y siempre la excluían de ello. Aunque al menos ahora compartía el dolor con cuatro chicas más.
—Yo quería prepararle algo a Tetsu, no es justo —mencionó de manera chillona la peli rosa.
—Esto me hace sentir un poco inútil. Me gustaría poder ayudar en algo —comentó Sora. Jamás se había lamentado tanto el no saber cocinar como en ese momento; ella también quería prepararle un rico postre a cierta personita especial.
—Bien, podemos ayudarles a llevar todas las bolsas —agregaba Ju. Y bueno, era un buen punto el que manejaba, pero que no tenía contentas a las demás.
—¿Así que tú eres esa Sora? —la castaña fue tomada por sorpresa en cuanto contempló esas carmesí pupilas sobre ella.
—¿Daishi-san? —respondió casi en un tartamudeo.
—Llámame Axelle, odio los honoríficos —refunfuñó—. Jamás podré llevarme bien con esos modismos de los japoneses.
—¿Sucede algo? —cuestionó curiosa. La verdad es que únicamente conocía a esa chica por comentarios que Hadrien soltaba ocasionalmente.
—Solamente quería platicar contigo un poco —la castaña se olía los motivos que la condujeron hasta su persona. Iba a darle el clásico interrogatorio y sabía que de su veredicto muchas cosas podrían acabar bien o terriblemente mal.
—Por supuesto. No tengo problema alguno con ello —sonrió con confianza. La rubia le devolvió el gesto.
—¿Cómo fue que te fijaste en alguien tan problemático y controversial como Hadrien? —preguntó entre una mezcla de seriedad y burla. Sora por su lado se quedó callada cerca de un minuto, meditando la manera más apropiada para responderle.
—…Pues fue algo así como…Amor a primera vista —esa simple confesión provocó que la mirada de Axelle se tambaleara ligeramente—. No me refiero a su atractivo…Hadrien es muy apuesto, pero eso no fue todo. Su mirada… Había algo en ella que me indicó que era diferente a todos los chicos que había conocido hasta ese momento…No sé cómo explicarlo, pero creo que la gente solamente se limita a ver lo superficial de su persona cuando tiene más cosas buenas que no se molestan en ver —confesó con cierto malhumor, más que nada porque todos parecían juzgar al alemán de la peor manera.
La francesa sonrió fugazmente y dio un breve suspiro, para simplemente cruzarse de brazos y enfocar su atención en la chica.
—Es una respuesta plausible. Supongo que está bien… Ya se verá cómo prosiguen las cosas.
—¿Te trajo recuerdos esa contestación, Axelle? Es como vivir un déjà vu —decía Ju con una apenas perceptible sonrisa.
—Omitamos la parte en que fue amor a primera vista —le siguió el juego con humor.
—Axelle, ayúdanos a decidir qué postres dejar. Al final hemos hecho la lista más larga —le llamaba Noa. La francesa se despidió y continúo con su tarea.
—Creo que de momento la he librado —Sora suspiró más aliviada.
—No creo que debas angustiarte demasiado —retomó la palabra la peli blanca—. Si estás dispuesta a aceptar sus demonios, sin juzgarlo ni intentar cambiarlo, tienes la mayor parte de la guerra ganada.
—Ciertamente las cosas son así —asentía repetidamente Mila—. Hadrien es un buen chico, solamente ha tenido malas experiencias en el camino.
—A todo esto, creo que tu hermana no está muy complacida con tu elección…—alegaba Kiyoe.
—Ciertamente…—apoyaba Satsuki.
—Si tu hermana conociera a mi hermano, reconsideraría su posición y vería a Hadrien con buenos ojos —mencionaba Hye calmadamente.
—¿Hablas sobre Tatsuhisa-kun?
—Así es, Momoi —su sonrisa se ensanchó, quizás por razones adicionales a las que insinuaba—. Pero no todos tienen la suerte de volver a encontrar a una persona así –sentenció sin miramiento alguno.
—Eres algo dura con tu hermano político…—hasta Kiyoe sentía un poco de pena por el rubio.
—¿Por qué? No es mi culpa que haya dejado ir a la mujer que amaba sin siquiera luchar. Los cobardes deben responsabilizarse por las consecuencias de sus actos. Solo de esa manera madurarán un poco y se darán cuenta de sus errores —prosiguió con su aquieto tono.
—Marko-kun la tiene realmente difícil…—susurraba suavemente la peli rosa.
—No es una chica…precisamente fácil de sobrellevar —la novia de Kagami sonrió burlonamente. Esa tal Ju ya le caía de maravilla.
—¿Aburridas? —la juguetona voz de Hadrien interrumpió el parloteo que tenía—. Ya casi terminamos, así que no se preocupen.
—Hadrien, ¿podemos pasar por helado de camino a casa? —pedía Mila.
—No veo el problema. ¿Pero segura que quieres? Escuché de Elin que subiste de peso —la danesa se puso roja como tomate y se abstuvo de responder.
—Hadrien-kun, no debes mencionar nunca algo como eso frente a una chica —allí estaba el bonito dedo índice de Momoi estampándose contra el pecho del alemán.
—Es de mal gusto, Hadrien —criticaba Kiyoe.
—Por eso sigues soltero —mencionaba la coreana con una sonrisa cínica. Se burlaba de él.
—Muero de ganas por escuchar la historia que hay entre Marko y tú, y que les llevó a ser pareja —sonrió.
—El mundo está repleto de misterios a los que el ser humano no ha podido darles una respuesta convincente. Considéralo como algo así y saca tus propias conjeturas, Hadrien —habló animadamente. Era la primera vez en todo el trayecto que se le veía salir de su estado estoico y mostrar un poco de su personalidad.
—Conozco maneras de hacer que Marko hable —se jactó.
—¿Crees que dejaré que pases el suficiente tiempo a solas con él para llevarlo a cabo? —le amenazó sutilmente—. No me subestimes, Hadrien —mencionó campante, dándole una palmadita sobre el hombro.
—Sigues siendo tan malvada y fría como cuando nos conocimos —dramatizaba humorísticamente.
—Todavía no has conocido mi mejor cara —añadió antes de marcharse.
—Te llevas muy bien con ella —esos rosáceos ojos se posicionaron en Hadrien.
—…Tengo historia con su hermano y todo lo que le rodeó….—mencionó tajantemente. Kiyoe entendió que ese tema le incomodaba y no emitió palabra alguna—. Siento que todos sean demasiado ruidosos y haya demasiada gente que no conoces, Sora —ofreció su humilde disculpa a la chica.
—Descuida. Todos son muy particulares y divertidos… Nunca está de más conocer a gente nueva y más si son tan amigos tuyos.
—Me alegra escuchar eso —soltó frescamente—. Espero que tu hermana no me mate uno de estos días —su presencia no había pasada desapercibida por Aoi; literalmente podía sentir que le atravesaba con la mirada.
—Sé que ella verá lo bueno que hay en ti, Hadrien —mencionó con una pequeña sonrisa. Los gestos que ese hombre hacía eran graciosos y un tanto bobos, pero lindos al fin y al cabo.
—Sí…supongo que pasará algún día… Aunque creo que primero le quitará la dieta a Kise…—sus doradas pupilas miraron de reojo a las esmeraldas de la castaña—. Agradezco enormemente que ustedes dos no se parezcan en lo más mínimo…Ella es una salvaje, una bestia que Kise debe volver mansa.
Hadrien ya estaba nuevamente callado y sobre el piso. Aoi le había mandado a callar con una zanahoria que mandó directo a su boca.
—Alguien tiene que enseñarte modales —sentenciaba Kimura muy dignamente.
Después de tan movida tarde de compras, al fin llegaron a casa con un mundo de bolsas plásticas y de papel. Y aunque quisieran descansar, alguien no deseaba dejarles respirar ni un momento.
Antes de que se dieran cuenta ya se encontraban meticulosamente repartidos en la gran cocina. Al parecer esos cuatro chicos fungirían como sus jefes de cocina.
—Ya que son completamente incompetentes para la cocina, harán cosas básicas que hasta idiotas como ustedes pueden realizar —hablaba Kagami, mirando particularmente a Aomine.
—¡Deja de mirarme solamente a mí, idiota!
—Al final decidimos que nos encargaríamos de toda la cena. Y eso incluye los postres —continuaba hablando el buen Marko.
—De vez en cuando hay que devolverles su amabilidad por sus comidas y atenciones —decía campante Leo.
—No se les va a caer nada si se ponen un mandil y pican un poco de verduras —añadía de lo más divertido el buen Hadrien.
—¡Pero estos mandiles son demasiado...! —Kise ni podía definir el "encanto" de su mandil.
—¿De qué te quejas? Es rosado y tiene una vaquita de estampado. Pega con tu personalidad —se burlaba cómicamente Aomine.
—Ciertamente tiene un aire a ti, Kise-kun.
—¡¿Kurokocchi?! —como a ellos les había tocado que sus mandiles fueran de un azul parecido al tono de su cabello y un estampado decente, podían burlarse de su desgracia.
—Este verde no está tan mal —por alguna razón a Midorina le había tocado una bonita zeta.
—Me da curiosidad cómo eligieron esto —Akashi no estaba inmutado con lo que el suyo decía: "Lover Scissors".
—Es la primera vez que uso algo como esto —a Moto poco le interesaba que el suyo tuviera un cerdito.
—Si no hay más remedio... —Yukio se tranquilizaba sobre su mandil con estampado de gatito en cuanto miró el de Kise.
—Ignorando los lloriqueos de Kise, pongamos manos a la obra.
—¡Deja de ignorarme, Hadricchi!
Y de alguna manera las cosas avanzaron más que bien con la dirección de esos expertos de la cocina. Esos mismos que no permitían que estuvieran de vagos o cometieran errores por mínimos que estos fueran.
Y aunque solo se encargaban de cosas mínimas se enfocaron en hacerlo bien.
—¡Auch!
—¿Otra vez te cortaste picando la cebolla? —Kasamatsu suspiró. Los dedos de ese chico tenían varias banditas y lloraba a mares por el efecto de la cebolla.
—Se ve fácil, pero resulta que no es así. No sirvo para esto —dramatizaba.
—Pues hasta Motoharu lo hace mejor que tú, Ryouta —Akashi era capaz de dominar todo en poco tiempo y eso incluía picar lechuga de manera fina.
Y sí, el castaño ya había picado la cebolla y Leo estaba enseñándole a empanizar los filetes de pescado.
—Mejor cállate y sigue haciendo lo que te pidieron —Daiki amablemente le metió una manzana en la boca.
—Kise-kun, me recuerdas a Navidad —sonrió sombríamente Kuroko.
—¿Por glamuroso y genial? —preguntó muy recompuesto el rubio.
—No precisamente, Kise-kun.
—¿Por el lechón que se sirve al horno con una manzana en la boca? —comentaba inocentemente Atsushi.
—Exactamente —apoyó Tetsuya.
—Está algo desabrido este lechón —se mofaba Taiga.
—Lo mejor es que esté tierno para que pueda ser apreciado —le seguía el juego el danés.
—¡Son demasiado crueles conmigo! —el pobre blondo salió de allí, corriendo a toda marcha, como un fugitivo que escapa de la ley.
—¿No deberíamos ir por él? —alegaba Murasakibara ya con la quinta de barra de chocolate en su boca.
—Regresará cuando tenga hambre. Así que le dejaremos la puerta abierta —mencionaba Hadrien sin preocupación alguna.
Las chicas por su lado se encontraban bastantes cómodas en la sala de estar, con el televisor mostrando un show de comedia y todas las golosinas que quisieran sobre la mesa de roble que yacía en el centro de la habitación.
—Espero que no hagan un desastre en la cocina —comentaba Kiyoe con una bolsa de papas en manos.
—Si lo hacen, probablemente lo limpiarán —proseguía Elin.
—Al final no nos dejaron hacer nada —añadía Lia con frustración—. Yo quería prepararle su postre favorito a Sei-chan.
—¿Está bien que comas tanto, Juu-chan? —preguntó la peli rosa con enorme incredulidad. La chica ya iba por su tercera bolsa de frituras.
—No hay problema. Cenaré adecuadamente —comentó.
—Ella es de buen apetito, más que el mío —Axelle por su lado prefería comer esos panecillos rellenos de crema pastelera.
—Es tan raro que un hombre cocine para mí —Noa torció el entrecejo.
—Ciertamente... —para Mila igual era una experiencia nueva.
—Espero que lo que hagan sea comestible al menos —Aoi era la que tenía el control remoto y buscaba algo que ver.
—¿No deberías ir a buscar a Kise-kun? Salió corriendo bastante atormentado —allí la única que se preocupaba por el bienestar de Kise, era Amaya.
—Si se pierde nos llamará o pedirá un taxi —expresó Kimura sin más.
—¿Y qué hacemos? —Lia lanzó la pregunta global a todas.
—¿Qué les parece si vamos al club que había de camino acá? Ese llamado BlackCat —a todas les sorprendió esa propuesta por dos razones; la primera, por el lugar a visitar, y segundo, por la persona que lo propuso.
—¡¿Sora...?! —esas bonitas esmeraldas rodaron. Aoi flipó.
—Me parece una excelente idea —felicitaba la italiana.
—Me gustan esa clase de lugares —mencionaba Ju con cierto entusiasmo.
—Hace bastante tiempo que no voy a uno —la francesa estaba igual de motivada.
—¿No habrá problema con nosotras? —preguntaron en armonía las gemelas.
—Nos encargaremos de ello — Noa les guiñó el ojo a sus pequeñas cuñadas.
—Sora, pero si a ti no te gustan esa clase de lugares —mencionaba Aoi en tono quedito a su hermana. Y de hecho a ella tampoco.
—Lo sé, pero sería grosero de mi parte el quedarme aquí. Se supone que vinimos a divertirnos todos —tenía un buen punto en manos. Kimura suspiró y se resignó; iría aunque no quisiera para cuidar a su hermana y a esas dos gemelas.
Para cuando esas dos se dieron color, estaban totalmente solas en la sala. Al parecer el resto ya se habían ido a ponerse presentables para la ocasión.
—¡Qué rápidas! —espetaron a la par.
En menos de media hora ya estaban fuera de casa. Los chicos no se habían percatado de su salida a causa de lo ocupados que estaban en la cocina por lo que todo marchaba a la perfección.
El club no solo era bastante glamuroso desde la fachada hasta cada pequeña fracción que lo conformaba, sino también su interior era digno del precio de admisión.
No sorprendía nada que Sora, Aoi y Amaya se sintieran fuera de sitio, incluso tras llevar ropa acorde al lugar.
—Ellas están tan normales en este ambiente —comentaba Amaya caminando en compañía de esas dos.
—Es la primera vez que entro en un sitio como este —relataba Sora. Había buena música de fondo y mucha gente platicando amenamente.
—Solo espero que esto no dure demasiado —bufaba Aoi.
Era de esperarse que esas tres mujeres que nada tenían que ver con la vida nocturna, permanecieran sentadas con un par de bebidas suaves y unos platillos ligeros para mitigar su hambre. El resto ya estaba en la pista bailando animadamente con la mirada de varios hombres sobre ellas.
—Parece que están un poco aburridas, hermosuras —Aoi chasqueó la lengua con enfado. Ya habían llegado los típicos hombres con aires de gigoló.
—Si quieren podemos acompañarlas e invitarles algo más? —el segundo miraba a Sora con interés.
—No es bueno que estén solas y menos entre tantos que intentan aprovecharse —pronunciaba el tercero.
—Agradecemos su oferta, pero la declinamos totalmente. No venimos solas y no requerimos acompañantes masculinos —expresó con recato la castaña.
—Así que se van a poner difíciles —gruñó el primero que habló.
—Está claro que no quieren nada con ustedes. Después de todo no tienen nada que ofrecerles —las miradas de esos hombres se fueron directo a la recién llegada.
—Es un 10/10 —habló uno muy sonriente.
—Olvidémonos de ellas y mejor invitamos a esta belleza a salir con nosotros.
—Lo siento, pero no salgo con hombres que usan colonia barata, portan trajes de segunda mano y no son ni un 4 en la escala de mis preferencias —su tono era dulce, pero esa celeste mirada era gélida como el invierno más crudo—. Y claro, si quisieran llenarme de buenos tratos, este lugar no está a mi nivel.
—¡Maldita presuntuosa...! —agregaba bastante furioso uno de ellos. Incluso cruzó el límite de lo permitido, cogiéndole por la muñeca.
—Ese es el lugar que te mereces —mencionó felizmente la italiana.
—¡¿Pero qué demonios es eso?!
—Además de fracasados, idiotas —mencionaba Ju con mofa absoluta.
—Claramente una máquina de electroshock —proseguía Noa.
—Se llama Mimi —mencionó Axelle, mostrándoles su Taser a ese par. Ya había usado su preciado objeto en el pobre incauto que estaba en el piso, quejándose.
—¡¿Eso es...?!
—Gas mostaza... Dicen que duele mucho cuando lo rocían en los ojos —expresaba Ju con notoria curiosidad.
Esos dos tomaron a su desmayado amigo y salieron corriendo de allí. Podrán ser bonitas, pero eran unas verdaderas cabronas.
—Gas pimienta...Gas mostaza...Una Taser... —Aoi subestimó a esas mujeres. Iban preparadas para todo y les importaba un bledo la integridad de esos hombres.
—Y yo que quería usar mi bolso —se lamentaba Elin.
—Le pusimos muchas piedras —agregaba Elin felizmente.
—Es que golpearlos no es una opción —Kiyoe suspiró con lamento—. Necesito sacar estrés.
—Me pregunto qué estarán haciendo los chicos —cuestionaba Momoi.
Aquel grupo de acomedidos chicos al fin habían terminado de preparar la cena y todo estaba listo solamente para que se cambiaran y llamaran a sus pacientes mujeres. No obstante, en cuanto se dirigieron hacia la sala, donde se supone que deberían estar, no hallaron más que el inmenso silencio.
—¿Dónde se supone que están todas? —preguntaba Leo en nombre de todos.
Posiblemente podrían estar arriba, charlando tranquilamente o disfrutando de sus habitaciones, pero nada. Sin importar en donde buscaran, no hallaban a absolutamente nadie. Y quizás eso no había asustado a ninguno. No obstante, cuando uno de ellos se enfocó en marcar para preguntar su localización, la perspectiva cambió totalmente.
—¡¿Dejaron sus celulares en casa?! —evidentemente Kise estaba en todo lo cierto. Esos bonitos aparatos tecnológicos estaban todos felizmente reunidos en una de las habitaciones.
—Adiós manera de saber dónde están…—soltó Moto.
—Bien, conocemos a la gran mayoría de ellas lo suficientemente bien para saber al lugar al que pudieron ir…—hablaba Hadrien un tanto pensativo—. Por nosotros no hay problema que estén en un sitio así, pero…no sé ustedes…—y por "ustedes" se refería a todos los de la Generación de los Milagros y a Kagami.
—Suenas como si fueran a meterse a un club nocturno o cosas por el…—Kagami calló. Esos tres sonrieron campantemente. Había dado en el clavo.
—Pero no debemos preocuparnos. Saben cuidarse y no es como si fueran a ver a otros hombres —mencionaba casualmente Kise.
—Nadie dijo que sería de esa forma. Sin embargo, eso no evitará que los hombres flirteen con ellas —agregaba el alemán.
Lo siguiente que supieron esos tres extranjeros es que ya estaban fuera de la casa, buscando el susodicho club en el que esas escurridizas chicas pudieran estar.
—Menos mal que no son celosos…—susurraba Hadrien antes de ser golpeado amablemente por Kagami y Aomine por estar de graciosito y plantarles ideas que no en sus cabecitas.
