¡Buenas tardes! Estoy de vuelta y les traigo una buena dosis. De momento diré, que cosechas lo que siembras y que estos hombres se metieron con las mujeres equivocadas jajaja.
Capítulo 130
Por nosotros, por ellas, por nuestro orgullo
Perdieron la cuenta de a cuántos clubs nocturnos tuvieron que acceder para buscar a las extraviadas chicas, así como el número de veces en que cierto hombre quiso quedarse y dejar que continuaran la búsqueda solos.
Incluso llegaron a ese glamuroso club llamada BlackCat, pero nada. No había señales de ninguna de ellas. ¿Pues en dónde se habían ido a meter?
—Hemos caminado por dos horas y nada —a Hadrien ya le dolían los pies.
—Todo es tu culpa por hacernos perder tiempo en lo que te sacábamos de esos lugares —Kagami literalmente estaba arrastrando al hombre.
—Esperen un momento... —habló Kise y todos se detuvieron de lleno—. Me ha llegado un mensaje de Aoi —sus ojitos brillaban de la emoción, aunque para cuando terminó de pillar lo que la chica le decía, volvió a desanimarse—. "¿Dónde demonios están? Llevamos más de media hora esperándolos".
—"Y como nos moríamos de hambre, cenamos y nos fuimos a dormir" —proseguía Marko con la segunda parte del mensaje.
—"Así que no cometan estupideces o mañana lo sabremos" —era el turno de leer para Kagami.
—"Les dejamos la llave abajo del tapete de la entrada" —inalizaba Midorima.
—Por lo visto se encargaron de mandarles el mismo mensaje a todos —mencionaba el alemán tras escuchar todo el informe.
Fue ese divertido momento en que todos se voltearon hacia el alemán con deseos de asesinarlo. Por su culpa habían dejado la casa y ahora cenarían solos como perros.
—N—Nos tenemos los unos a los otros...Podemos tener una velada divertida. Además, ¿no les dije? Mañana saldremos temprano para divertirnos en la playa —comentó con cierto nerviosismo.
—Yo le tapo la boca. Leo tú te encargas de agarrarlo junto con Taiga y el resto lo golpea —proponía Marko y todos parecían complacidos con la idea.
—¡¿C—Chicos...?!
Después de haber liberado todo ese cúmulo de negativas emociones de la manera más sana y deportiva posible, retornaron a casa, resignados a comer solos.
Efectivamente para cuando llegaron todo era calmo y silencioso. Y por si las dudas los abordaban se asomaron a las habitaciones de las chicas; estaban en el mundo de Morfeo. Así que sin más se fueron a cenar tranquilamente.
—Yo quería cenar con Aoi —lloriqueaba Kise.
—No creas que cenar con once chicos me hace muy feliz —replicaba Hadrien.
—Mira que no la jugaron bonito —porque Aomine no era ingenuo y sabía que todo eso había hecho con alevosía y ventaja.
—Supongo que es lo que nos ganamos por ser desconfiados, inmaduros, celosos y posesivos —o que les dolía a esos chicos es que recibieran el sermón de un chiquillo como Moto.
—Al menos la cena quedó bien —comentó con resignación, Yukio.
—Mañana iremos a la playa —reiteró Hadrien—. Ya les comenté a las chicas cuando veníamos de camino acá.
—Idiota, en Sapporo no hay playas —expresaba Kagami con la boca llena.
—IDIOTA, iremos a la playa de Zenibako —le inquiría el alemán—. Así que alisten sus cosas porque pasaremos la noche y después de allí iremos a…—ya no dijo más, Kagami le interrumpió.
—¿Por qué habrán regresado tan pronto? —el pelirrojo tenía un buen punto en manos.
—¿Se aburrieron quizás? —probaba suerte el rubio con su aparente afirmación.
—Es muy extraño que hayan vuelto a casa temprano. Quizás algo pasó —siseaba Marko.
—Mañana podemos preguntarles. Más que nada por seguridad —mencionaba ladinamente Leo.
El despertar fue duro para esos chicos. Desvelarse hablando de tontería y media no fue la idea más brillante del mundo, menos cuando debían pararse a las 6 de la mañana. Así que mientras iban más dormidos que despiertos, emprendieron su viaje hacia la afamada playa.
Para ellos la travesía se resumió en un abrir y cerrar de ojos. Sus novias no tuvieron esa suerte y no les quedó más remedio que admirar la vista y seguir conociéndose. En cuanto llegaron a su destino, notaron de inmediato que el clima era más agradable y que seguramente un rato en la playa no iba a matarlas.
Haciendo que los chicos se encargaran de las maletas, ellas caminaban tranquilamente, esperando llegar al hostal en el que estarían hasta mañana temprano.
—Lamento que nos hayan sacado por nuestra culpa —confesó al fin Kiyoe. Aoi suspiró.
—Nos colmaron la paciencia y al que no entiende con palabras —añadía la castaña.
—Bueno, lo que importa es que a ninguna le haya pasado nada —sonrió felizmente Lia.
—Igual el ambiente era demasiado flojo para mi gusto —decía Axelle con desánimo total.
—Las bebidas tampoco eran buenas —apuntó Ju.
—Los de Tokio son mucho mejores —señalaba Elin.
—Pero allí es difícil que nos dejen entrar, hermana.
—¿No creen que ellos pasan mucho tiempo de calidad juntos? —Noa no era la única que lo notó.
—¿Hadrien—kun en el fondo los ha extrañado mucho y por eso no se separa de ellos? —la idea de Momoi era muy tentativa.
—Hadrien es muy ocurrente. Seguramente se divierten estando con él —comentaba amenamente Sora.
—No puedes imaginarte lo mucho que se han de divertir —la francesa simplemente se tragó las carcajadas. Sabía que esos hombres en realidad vivían un infierno.
Tras registrarse y desempacar se dirigieron a su destino turístico. Gracias a la buena puntada de Hadrien, la playa les quedaba bastante próxima.
—Ha llegado nuestro momento de brillar —el alemán fue el primero en iniciar plática. Todos le seguía el paso mientras las chicas iban un poco atrás, charlando sobre la noche de ayer.
—¿No me digas que has planeado algo? —Marko no quería más dolores de cabeza.
—No seas idiota. Es el momento para que cada uno de ustedes cree la ocasión para estar a solas con su mujer —esos chavales podían ser algo lentos o él demasiado avivado.
—Hasta que dices algo que me agrada —farfulló Aomine. La verdad es que quería su tiempo a solas con Axelle.
—Entonces piensen cómo lograr sus citas a solas.
—¿Hadricchi, no deberías pensar tú también en algo?
—Mi hermana no dejará que te acerques demasiado a Sora.
—Chicos, chicos, no estamos en la misma liga –les notificó—. No se angustien por mí, yo tengo mis propias artimañas.
Si bien esa playa no era tan amplia y espectacular como muchas que habían logrado visitar hasta ese momento, era bonita y poseía unas vistas envidiables que disfrutarían de principio a fin. Tampoco estaba de más mencionar que ya contaba con una cantidad apreciable de turistas y lugareños; cosa rutinaria en días de la Golden Week donde se podía disfrutar de una escapadilla al mar.
Mientras avanzaban entre la tibia y juguetona arena, apreciaban los numerosos establecimientos de comida que había para los que desearan probar algo local o sencillamente no trajeran nada consigo. Asimismo, se apreciaba la venta de souvenirs y equipamiento acuático.
En el momento en que llegaron a los vestidores, sus caminos se separaron. Y como era de esperarse, los chicos salieron primero.
—Tomemos asiento que esto seguramente demore un rato —sugería Hadrien. El resto simplemente movió su humanidad hacia una zona menos transitada. Incluso optaron por poner un par de sombrillas, tender el mantel y colocar un par de cestos llenos de apetecible comida.
Y aunque permanecían sentados sobre la arena, con la vista puesta en el lejano océano, pareciera como si sus existencias no hubieran pasado desapercibidas por unas cuantas miradas curiosas y que gustaban de admirar de las pequeñas y buenas cosas de la vida.
Las miradas iban y venían entre cada uno de esos despistados chicos. No solamente tenían un rostro agraciado que ninguna chica pasaría por alto, sino también esculturales cuerpos que estaban muy por encima de cualquier hombre que estuviera dentro de esa playa.
La idea de portar solamente esos shorts fue lo mejor que esos atractivos hombres pudieron haber hecho por el bien de cada fémina que se pasaba por allí y recorría sin escrúpulo alguno cada centímetro de su básica anatomía.
Bíceps que fascinarían a cualquiera y les harían desear dar un tendido paseo por la playa aferradas a sus brazos. Un delirante abdomen que merecía ser mostrado a todo el mundo por lo perfecto y casi paradisiaco que resultaba ser. Eran sencillamente la combinación perfecta y picante entre un apuesto rostro y un cuerpo de pecado.
—¿No sienten como que…nos observan? —el sexto sentido de Kise parecía haberse activado. No por nada era un modelo con años de experiencia.
—Yo no siento nada —Kagami ya tenía hambre y estaba devorando una bola de arroz.
—Quizás comiste algo que te hizo daño, Kise-kun.
—No creo que sea eso Kurokocchi.
—Llevan más de media hora y aun no llegan —Midorima era un hombre paciente, pero tenía sus límites.
—Quieren lucir bien para nosotros, déjalas que se tomen todo el tiempo del mundo —criticaba Hadrien al peli verde.
—Ha—chin, quiero unas galletas~
—¿Cómo que hay muchas chicas por la zona que elegimos para poner nuestras sombrillas, no? —Marko miró hacia atrás, hacia los lados y un poco al horizonte; había varias féminas y todas parecían muy contentas intercambiando palabras.
—¿Y si jugamos un poco para matar el tiempo? —propuso el buen Moto. En sus manos había un balón de futbol.
—¿Por qué trajimos eso? ¿Y el de basquetbol? —se preguntaba Yukio.
—Bakagami tomó la maleta equivocada y por eso tenemos eso…—nada como Aomine burlándose del pelirrojo.
—Las reglas del futbol no son complicadas. Además, tenemos el número exacto de jugadores —mencionaba Akashi—. Así qué dicen, ¿jugamos un poco mientras las chicas llegan? —todos asintieron, dispuestos a jugar con todo.
Después de haber pasado un largo rato en los vestidores y encargarse de guardar muy bien sus cosas en las taquillas que rentaron para guardar sus pertenencias, abandonaron al fin aquel sitio, dispuestas a tener un poco de diversión playera.
Y no estaban en lo más mínimo sorprendidas de que no hubiera señas por ningún lado de sus queridos novios. Así que se dispusieron a buscarles.
—Qué descortés de su parte no esperarnos —Kiyoe sabía que Kagami no era paciente, pero hubiera sido bueno que para variar se hubiera quedado a esperarla.
—Dudo que sea muy complicado el encontrarlos. No es una playa muy grande y son bastante llamativos —tanta razón en las palabras de Noa.
—Seguramente a Tetsu le encantará mi nuevo traje de baño —la peli rosa fantaseaba con los discretos piropos que su hombre le haría en cuanto la viera.
—Estoy deseando que desayunemos pronto. Quiero saber el veredicto de Akashi para esta ocasión —sonreía animadamente de pensar en el pelirrojo probando lo que se molestó en hacerle para ese día.
—Mila, no te sientas mal. Hiciste lo que pudiste…—le reconfortaba la mayor.
—No hay nada malo en que le hayas preparado esos sándwiches. La comida es comida —le apoyó a su modo muy particular la coreana.
—Muchas gracias —suspiró la gemela menor. Todas haciéndoles un rico desayunos a sus parejas, y bueno, ella se esforzó. Pero al final todo fue un caos total.
—No fuiste la única frustrada —le susurró Sora. Ella había terminado haciendo lo mismo que la danesa.
—No los encuentro por ninguna parte —explicaba Aoi. Ante sus esmeraldas solo pillaba a un montón de tías aglomeradas en una determinada área, gritando como locas fans y diciendo quien sabe qué incoherencia.
—¿Pues dónde se habrán metido? —Axelle tampoco tuvo suerte buscando por los alrededores.
—Es difícil de creer que no los veamos, siendo tan altos —comentaba Amaya con cierta burla.
Estuvieron a punto de retirarse, sin embargo, en cuanto escucharon aquel particular tono de voz, dieron vuelta a sus pasos y se movilizaron hacia esa densa área de mujeres. ¿Pero qué rayos es lo que estaba ocurriendo?
Estaban que no se lo creían. ¿Esos chicos jugando algo que no fuera baloncesto? Eso valía oro y merecía ser grabado y guardado para la posteridad. Especialmente porque resultaban un asco total y más sobre una superficie tan demandante y cansina como era la arena.
—Luego me das una copia, Noa —le pidió amablemente la rubia a la particular chica que llevaba una mini cámara de vídeo.
—Sabes que no puedo salir de casa sin alguna de mis pequeñas —sonrió felizmente mientras grababa a todos esos torpes hombres.
—Aunque creo que no eres la única con esa idea, Noa-chan…—Satsuki miró hacia su derecha con interés. Todas tenían sus móviles ya sea en modo de vídeo o cámara; estaban de lo más emocionadas por el partido.
—Ciertamente el ambiente es un poco…asfixiante y molesto —ese tono de pocos amigos surgido de la linda boquita de Lia no podía ser augurio de nada favorable.
—Si me lo preguntan, están aquí más por nada para comérselos con la mirada —espetaba Elin de mala gana.
—Motoharu es genial jugando futbol —Mila no le echaba flores porque sí al castaño, en realidad era bueno y el resto igual podría serlo si no estuvieran peleándose dentro del mismo equipo.
—Concuerdo totalmente contigo, Elin.
—Solamente son un grupo de idiotas jugando con una pelotita —refunfuñaba Kiyoe, cruzándose de brazos con hosquedad.
—Parece que son sorprendentemente populares —las castañas pupilas de Sora estaban impresionadas por la cantidad de jóvenes que admiraban algo más que el partido. Y no pudo evitar sentir un cierto malestar en cuanto contemplaba que el alemán era de lo más popular.
—Pero por lo visto ninguno de ellos se ha dado cuenta de que son vistos como pedazos de carne —mencionó Aoi con tranquilidad. Ya había pasado por momentos como esos con Ryouta y no iba a sulfurarse por tan poco.
Fue en ese momento en que Kimura se tragó cada una de sus palabras. Una tras otra y sin agua para poder quitarse esa sensación de que algo permanecía atorado a través de su esófago.
Claramente cada uno de ellos sabía muy bien que estaban siendo observados y eso no era todo. Por lo visto también les habían ofertado su nombre a esas preocupadas y detallistas chicas, porque no solamente les tuteaban, sino también los llenaban de halagos y bebidas energéticas para que recuperaran los electrolitos perdidos.
A Ryouta le bastaba sonreír un poco para que todas se pusieran a admirarlo como el adonis que presumía ser y lo peor del asunto es que continuaba con esa amabilidad condescendiente ante quienes seguramente serían sus nuevas fanáticas.
Incluso la agresividad y hostilidad nativa en Daiki y Taiga era del encanto de otras cuantas. Mismas que no se quejaban de la buena vista que tenían gracias a que iban por allí con una prenda tan cómoda y que dejaba muy poco a la imaginación femenina.
Aunque Seijuurou conservaba cierta distancia de las jovencitas que se animaron a abordarle y platicarle como si le conocieran de toda la vida, no dejaba de ser incómodo lo sonriente y feliz que se le veía; como si estuviera acostumbrado a las adulaciones de otras mujeres.
Incluso Shintarou y Atsushi tenían su pequeño séquito de admiradoras, mismas que no les molestaba escuchar sus aburridas y bizarras conversaciones; porque más allá de su particular personalidad y manías, eran bien parecidos y tenían lo suyo le molestara a quien le molestara.
Kuroko por su parte parecía haber perdido esa escasa presencia que le caracterizaba por arte de magia, ya que todas esas chicas lo apreciaban muy claramente, hasta el punto de no despegar su atención de él. Y aunque eran pocos los vocablos que escapaban de su boca, parecía estar disfrutando de la sana convivencia.
Yukio estaba hecho una piedra por completo, apenas y podía gesticular palabra alguna; aunque eso no impedía que un par de señoritas gustaran de tomarle por los brazos y prácticamente restregarles sus encantos por los costados. Y Motoharu tampoco estaba exento; incluso él tenía sus conquistas y se le veía muy relajado siendo todo un parlanchín con ellas.
Hadrien era carismático por naturaleza y que fuera así de atractivo, como esos dos viejos amigos suyos, no ayudaban en lo más mínimo. Y era así como ese grupo de extranjeros se encontraba rodeado por aquellas chicas, mismas que estaban muy interesadas en conocer las costumbres y cada pequeño detalle del país del amor en boca de esos franceses.
—No sé ustedes, pero repentinamente me dieron ganas de cambiar de locación. De este modo no disfrutaremos de la comida que hemos preparado —soltó casual Lia con una pequeña sonrisa en sus labios.
—Opto por ir hacia la parte este. El sol pega muy bien en esa zona y disfrutaremos mejor de la comida —continuaba Noa.
—Supongo que…era una reacción obvia…por parte de ellos —Kiyoe se dirigió a desenterrar la sombrilla, importándole un bledo que casi le duplicara el tamaño—. Para que no digan que somos malas, les dejaremos las otras tres.
—¿Quieres que te ayude con esa canasta, Ju—chan? —preguntaba cortésmente Satsuki a la peli blanca. Ya se había encargado de tomar el cesto más grande y lo llevaba entre sus brazos.
—No, descuida. Estoy bien. Pero podrías llevarte la otra —señaló con la mirada el otro canasto.
—Creo que al final hemos cocinado demasiado, considerando que no tenemos tanto estómago —suspiró Elin apreciando a esas dos que cargaban con la comida.
—Siempre podemos ofrecerle a alguien desafortunado que no tenga nada que comer —la idea de Noa fue bien aceptada por todos.
—Quizás deberíamos comprar un flotador…—soltaba Amaya.
—¿Tampoco sabes nadar? —cuestionó Mila mirando con ojitos de cachorro triste a la pelinegra. Ella le afirmó con una sonrisa.
—Movámonos chicas, antes de que nos ganen el lugar y tengamos que deambular por una mejor vista —indicaba Aoi. Sora solamente suspiró, dio un último vistazo a esos chicos y emprendió la retirada junto a las demás.
Y efectivamente el lugar recomendado por Noa era de lo más apacible. Casi no había personas por allí, se escuchaba el oleaje del mar sin dificultad alguna y el lejano sol había entibiado maravillosamente la arena. Así que tendieron un par de tapetes y se sentaron, formando un compacto círculo.
—Esto sabe muy bien —felicitaba Noa. Había decidido probar lo que Lia había preparado—. ¿Cómo dices que se llama?
—Mozarella de Bufala. Su sabor es único y lo recordarás para toda tu vida —mencionó orgullosa de haber preparado algo tan particular. Ella por su lado degustaba yakisoba—. Amaya, esto te ha quedado estupendamente bien. Sigo sin ser buena en la comida oriental.
—Únete a mi club —mencionaba Axelle. Ella estaba más que feliz comiendo del plato mixto de embutidos y quesos.
—Este sándwich sabe bien —felicitaba Ju a esas dos que se encargaron de esos pequeños pero llenadores aperitivos.
—Hermana, tus rollitos de sushi saben deliciosos.
—Gracias, Sora —le sonrió con amabilidad.
—Axelle, ¿podrías servirme un poco más de esa tarta? —Momoi ya le había cogido el amor a la comida francesa.
—Sabe muy bien, ¿qué es? —Kiyoe tampoco estaba quedándose atrás.
—Una tarta de queso, beicon y jamón. La llaman quiche lorraine si mi memoria no me falla.
—Bueno señoritas, después de haber degustado todo lo que preparamos esta mañana para ciertas personitas, creo que llegó el momento de disfrutar de nuestra visita en la playa —mencionaba la oji azul muy campantemente, con ese tono impecable que le caracterizaba—. Así que disfrutemos de volley playero, aprovechando que hay una cancha cerca de aquí —se puso de pie, agitando su ondulante cabellera—. Las estaré esperando chicas.
—Akashi se ha hecho enojar a la persona menos indicada —fue el comentario de Daishi en cuanto apreció que la silueta de esa chica se volvió muy lejana.
—Todas estamos igual o peor que ella —chasqueó furiosa Kiyoe.
—¿Cómo se atreven a hacernos esto? Y dejar que cualquier…tipeja se acerque y restriegue esas cosas así como así.
—Lo sé, pero…
—Para Lia esto es un insulto de proporciones épicas. Una cachetada con guante blanco —completaba Ju el comentario de la blonda.
—En eso tienes razón —proseguía Mila—. Los hombres que han salido con Lia nunca miran a ninguna otra mujer. Y cuando ella ha ido tras algún chico, ninguna mujer ha sido competencia para ella.
—Hermosa, inteligente, carismática, buen cuerpo, adinerada, una famosa modelo y que siempre acapara la mirada de los chicos sin problema alguno… —enumeraba Axelle con una sonrisa burlona en sus labios. Ella mejor que nadie conocía a la italiana—. Para Lia esto es más una cuestión de honor, que de celos como tal… Ya saben… Es como si un día cambiaras tu Lamborghini por un Beetle… Ella es esa clase de mujeres —alzó sus hombros tras ponerse de pie—. Así que seguramente tiene algo en mente.
—Indudablemente es así —Aoi pudo percatarse con el poco tiempo que la trató, que meterse con ella era algo arriesgado y que contaba con los medios y una personalidad torcida para quitar las molestias de su camino; una digna novia de Akashi Seijuurou—. Esas chicas han firmado su sentencia.
—No suena mala idea un partido para la digestión —Kiyoe ya estaba más que motivada. Ahora solo pensaba en que la italiana tenía un plan maquiavélico en manos que ayudaría a devolverles la caballerosidad a sus parejas.
—Cuenten con nosotras —porque Sora, Amaya, Mila y Momoi estaban más que listas para la acción.
Fue en el momento en que sus estómagos empezaron a gruñirles que les dio por apartarse de la muchedumbre y dirigirse hacia el área en donde habían dejado sus sagrados alimentos. Sin embargo, lo único que encontraron fue arena y sus sombrillas ladeadas.
Lo primero que pensaron es que alguien les había hurtado sus cosas en sus narices, pero después de meditarlo y contemplar que esas chicas nunca aparecieron, las cosas empezaron a cuadrar de una manera aterradora.
—Seguramente optaron por irse a otro lugar —el comentario de Kagami era acertado, pero no por los motivos que él ingenuamente creía.
—Un mensaje nuevo…—la voz de Hadrien fue lo suficientemente clara y fuerte para que todos pusieran su atención en él—. Esto no suena nada bien.
—¿Qué pasa Hadricchi? ¿Las chicas están en problemas? —habló con suma preocupación.
—Yo diría que es más bien al revés…—les mostró el mensaje a todos por igual. Sus caras mostraron diversas expresiones ante aquel reto.
—"Ya que han demostrado ser tremendamente populares, no creo que tengan objeción alguna en aceptar mi pequeño desafío. El reto consistirá en conseguir la mayor cantidad de números telefónicos en el período de una hora. Y ya que ustedes perderán, tendrán que usar esto. Y en el remoto caso de que ganaran, nosotras haremos todo lo que ustedes quieran por el resto del día".
—Eso en definitiva ha sido planeado por Lia…—Taiga tragó saliva pesadamente en cuanto contempló la imagen adjunta.
—"Soy un maldito insensible que voy detrás de la primera falda que encuentro" —leyó Kise con la cara azul. No quería usar esa camisa, no lo deseaba.
—Y apuesto lo que quieran a que el resto de las camisas tienen mensajes así de positivos —mencionó Hadrien, mirando a todos—. Entonces, ¿qué hacemos?
—Claramente…hemos metido la pata —suspiró Moto. Ahora se sentía culpable por haberle hecho pasar un mal momento a Mila.
—Es obvio. Ganar —el único con ese espíritu tan hambriento por la victoria, habló.
—Si Aka-chin está seguro de que ganaremos, lo haremos —el buen Murasakibara, apoyando a Akashi desde la secundaria.
—Nos están provocando. No caigamos en su juego —advertía Marko. Conocía a su hermana, sabía que algo malo se avecinaba y que el premio de victoria era demasiado bueno para ser verdad.
—Sé que tienen miedo algunos de ustedes —mencionó para Leo y Turletti—. Pero esto es cuestión de orgullo, chicos. Están insinuándonos prácticamente que somos incapaces de seducir a mujer alguna. Un hombre de verdad no puede ir por la vida soportando esa clase de insultos.
—Esto es una mala idea, Zabeck —advertía Midorima.
—Considera que ellas podrían tener un plan en manos.
—Es muy viable, si es Lia quien ha organizado todo —agregaba Seijuurou—. Pero eso no significa que nosotros no podamos armar uno sobre la marcha y llevarnos la victoria.
—Kasamatsu-senpai, ¿qué dice?
—Apoyo a Midorima. Esto me huele a que terminará mal.
—Vamos hombres, tengan más confianza en ustedes mismos… Si se lo proponen y trabajamos juntos, lograremos derrotarlas y podrán celebrar de lo lindo —quizás la desconfianza envolvía a sus corazones, pero una parte de su inconsciente les decía que valía la pena el riesgo; eran hombres al fin y al cabo, y el poder hacer que su chica hiciera lo que se les viniera en gana les podía mucho.
Del lado de las chicas las cosas eran igualmente movidas, especialmente porque el mensaje esperado había llegado, notificándoles que estaban dentro y que la competencia daría inicio en quince minutos exactamente.
—Han mordido el anzuelo —estipulaba Lia guardando su celular entre sus pertenencias.
—Ya he traído el bloqueador solar, tal como me pediste –decía Mila con la pequeña botella en manos.
—¿Estaremos bien? Nosotras no somos buenas coqueteando con chicos —confesaba Amaya. Sora y Mila le apoyaron en silencio.
—Hay hombres que las prefieren tímidas, reservadas y con aire de inocencia —deliberaba la italiana, sonriente—. Descuiden, con la idea que les di atraerán varias miradas y lo demás sucederá sin que tengan que hacer demasiado.
—No me gusta la idea de decirle cosas bonitas a un chico desconocido, pero no puedo pasar por alto lo que nos han hecho —expresó Noa—. Así que lo haré a mi manera —sonrió.
—Me encargaré de los chicos que haya en los restaurantes, Lia —sentenció con cierta pereza Ju. Por lo visto le dio un poco de sueño estar tanto tiempo bajo el sol.
—Si eres como Marko me ha dicho, entonces esos hombres deberían de temer —se burlaba cínicamente Lia—. Axelle, sabes que no requieres hacer mucho; eres llamativa por naturaleza.
—Ser rubia será bueno para algo…Para variar —sonrió con complicidad—. Ganaremos y usarán esas bonitas camisas.
—Me encargaré del área de las canchas junto con Eli—chan —aseguraba muy confiada Satsuki.
—Cuenta con nosotras, Lia.
—Indudablemente no me gustaría tenerte de enemiga —confesó sinceramente Aoi.
—Akashi debe de entender que hay batallas que no va a ganar, sin importar lo mucho que se esmere para conseguirlo. Le daremos una probada de su propia medicina, chicas.
