Sé que me desaparecí unos días, pero ya regresé :v Anduve ocupadilla, pero ya que tuve un respiro, aquí estoy y les traigo un poco de salseo a sus vidas. Nada como reírse de la desgracia ajena; lo entenderán cuando lean el capítulo XD No cabe duda, cosechas lo que siembras.
Capítulo 131
La vida se trata de apuestas
Las cosas iban bastante bien. Los pequeños papelitos con números telefónicos se acumulaban unos tras otros en la caja de madera. Apenas iban quince minutos desde que el desafío había dado inicio y los chicos ya sentían la victoria entre sus manos.
—Kise es como la miel para las abejas —los astutos ojos de Hadrien iban y venían entre los chicos. Cada uno de ellos se encontraban agrupados—. Si seguimos con este ritmo tendremos la victoria.
—Lia cree que le dejaré esta victoria solo porque somos pareja, pero está equivocada.
—Es así como se habla, Akashi. Hay que demostrarles quiénes mandan —sonrió cínicamente—. Aunque me preocupa un poco ese grupo...—a la distancia estaba un ignorado Kuroko, un Atsushi comiendo polos y un Kasamatsu un poco aterrado.
—Sus características podrían ser su encanto natural. Solamente debemos canalizarlas adecuadamente.
Y mientras los chicos se dormían en sus laureles, esas mujeres perfectamente organizadas estaban haciendo lo suyo.
En aquella área casi céntrica permanecían esas tres chicas sentadas cómodamente sobre unos tapetes playeros.
—Lo mejor será que te ponga un poco de bloqueador, Amaya-chan —se ofrecía amablemente Mila. La pelinegra se recostó boca abajo mientras soltaba el cordel de su sujetador.
—Se siente bastante bien —mencionaba la chica. Nada como un bonito masaje en la espalda con protector solar.
—Tu piel es muy suave. Espero no ser demasiada brusca.
—Por supuesto que no.
—Cuando termines, te pondré un poco, Mila-chan —Sora tampoco quería quedarse atrás.
La escena en sí era de lo más habitual en una playa. Sin embargo, ellas lograron captar la atención de los incautos que pasaban por allí.
Miraban desde la sugestiva postura que se creaba por la peli blanca en su labor de colocar adecuadamente el bronceador en la prácticamente descubierta espalda de esa chica, así como las justas curvas de la castaña que no dejaba de sonreír y reír ante los comentarios de sus acompañantes.
—Parece que se están divirtiendo, chicas —se aventuró a decir un joven.
—Quizás podríamos ir a comer algo —secundaba el acompañante.
—Estamos algo ocupadas de momento —mencionó Amaya, con una pequeña sonrisa—. Quizás después.
—Ya que en un momento saldremos a comer con nuestras amigas —notificaba Mila, enfocada aún en su tarea.
—Así que...—Sora no dijo nada más, allí estaban esos chicos dándoles sus números en una servilleta.
—Llámennos cuando estén desocupadas. Y si sus amigas están, llevaremos a otros amigos —sonrió victorioso el chico. A su parecer había ligado.
No muy lejos de allí, había dos bonitas chicas en bañador, jugando inocentemente al volleybol. Una situación de lo más ordinaria. Pero esas dos hacían de esa actividad, algo mucho más recreativo; porque no únicamente eran bonitas, sino que contaban con los atributos necesarios para hacer babear a todos los hombres que estaban mirándoles.
—Creo que estoy bastante sudada —comentaba Momoi, sujetando su rosácea cabellera en una coleta alta.
—Ni que lo digas. Pero no hay nada mejor que hacer deporte —Elin simplemente agitó su largo pelo.
—Chicas, ¿quisieran venir con nosotros a tomar algo? —dos nuevas víctimas habían picado el anzuelo.
—Lo siento, pero no estamos interesadas de momento... Pueden llamarnos después si quieren y quizás lo pensemos —la danesa sonrió con picardía y burla. Incluso estaba empezando a retirarse al lado de Momoi.
—¡E—Esperen! Llamen cuando estén libres y prometemos que se divertirán —esas pequeñas notas las hicieron sonreír ampliamente.
A Aoi también estaba yéndole de maravilla. Para ella no era complicado seducir a un hombre y obtener lo que se le diera la gana para salirse con la suya. Por lo que llevaba más de seis teléfonos en mano. Lo único malo es que debía comportarse como una dama delicada y soportar las estupideces de los hombres.
—Ya he traído mi cuota —la castaña había llegado hasta donde permanecía aquella sombrilla y demás cosas.
—Lo has hecho excelente, Aoi —a Kiyoe le había tocado cuidar primero la caja con tan importantes papelitos.
—Ha sido muy simple. Los hombres solamente piensan con una cabeza —agregó con saña—. Ya van muchísimos —apenas notó que más de la mitad de la caja estaba repleta.
—Más del 50% han sido traídos por Lia. A los hombres les basta verla contonearse cerca de ellos para querérsela ligar —agregó haciendo un gesto infantil—. Y el otro bonche lo trajo Ju.
—¿Ju-chan? —en definitiva, estaba sorprendida.
—Yo también me sorprendí. Al parecer es muy buena haciendo esto, y también está el hecho de que es una belleza...—suspiró.
—¿Sucede algo? —preguntó tras poner su aporte—. Te ves y oyes amedrentada —no le gustaba meterse en la vida de los demás, pero presentía que quería desahogarse.
—Bueno, me siento intimidada por mujeres como Lia... Ella es la ex de Taiga después de todo.
—Pero ella no se ha medito contigo y no ha sacado el tema siquiera. Además, tampoco interactúa más de lo necesario con él.
—Ya sé. Soy una tonta —ahora estaba enfadada con ella misma.
—Todas alguna vez nos hemos sentido de ese modo, Kiyoe —y Aoi no mentía. Tuvo su época en donde sentía esa inseguridad por culpa de Kise.
—Gracias por escuchar mis tonterías.
—¡He traído más números! —Axelle interrumpió la charla con su bolita de papeles.
—Vaya, te fue bastante bien. Seguro eres toda una experta seduciendo hombres —se burlaba la pelinegra.
—Ah...en realidad no dije nada ni hice nada en particular... Se dieron cuenta de que soy modelo y entonces todo se volvió un descontrol —lloriqueó.
—Sinceramente esos hombres son ingenuos al pensar que nos van a ganar —Aoi no quería perder, deseaba machacar al ególatra rubio y que sintiera un poco de decencia por sus actos.
Lo que había comenzado bien, estaba empezando a irse rápidamente en picada. Esa era la fatídica historia que envolvía rápidamente al grupo de orgullosos hombres.
—Estamos jodidos. Dudo que alguien llegue a notar a Kuroko. Midorima y Kasamatsu son un caso totalmente perdido, así que dudo contar con ellos... Atsushi exclusivamente le coquetearía a una persona y es a ese tipo vestido con botarga de crepa...y obviamente intentaría comérselo —Hadrien masajeó su frente e intentó no perder los estribos—. Bakagami y Ahomine son un desperdicio de cuerpo...Aunque si hacen lo que les digo pueden llegar a ser casi tan populares como yo. Leo, Marko y Akashi, creo...creo que están bien...—aclaró su voz y miró a los dos que formaban su equipo—. Motoharu, es hora de poner en práctica todo lo que te he enseñado, y Kise...deja de lloriquear, que eres...muy a mi pesar, de los sólidos de este equipo.
—¡Pero Hadricchi!
—Deja de quejarte por una vez en tu vida, idiota.
—Es que ya no hay más chicas a las cuales pedirles sus números —Moto le abrió los ojos al alemán. Estaba tan concentrado en buscar una manera de incrementar sus cifras que no notó que ya no había carne fresca.
—Podemos ir a las partes que nos faltan —recomendaba el rubio.
—Ya que el resto son unos completos ineptos, hagámoslo y salvemos al equipo de la desgracia.
Su travesía les condujo rápidamente a una cancha de voleibol playero. Allí seguían Momoi y Elin conquistando a los pobres diablos que se dejaban engatusar por sus atributos femeninos.
—Muy astuta, Lia.
—No cabe duda de por qué es la novia de Seijuurou.
—Momocchi y Elicchi son de temer.
Se fueron de allí al no ver a ninguna fémina. Pareciera como si hubieran desaparecido repentinamente y solamente hubiese chicos.
—¡Miren, esa es Axelle! —señalaba Moto cerca de la orilla de la playa. La blonda permanecía sentada, mirando sin interés el mar.
—Parece que se lo toma con calma —Kise sonrió con alivio. Una menos dentro de la competencia.
—Idiota, fíjate mejor... Está siendo acechada por esos tontos —musitó el alemán. Ese par vio a esos chicos que veían a la francesa desde lejos con bastante emoción.
—Es mi turno de cuidar los números telefónicos —se puso de pie, sacudiendo la arena y marchándose a paso consistente, ignorando que Zabeck y asociados andaban cerca.
—Sabes Hadrien, me preguntaba algo...
—¿El qué?
—¿Te le vas a declarar a Sora sí o no? —el tan directo como siempre.
—Es mi plan —soltó casi en un susurro inaudible.
—¿Por qué te oyes como si dudaras, Hadricchi?
—Son imaginaciones tuyas, Kise. Sigamos con lo nuestro.
Incluso cuando buscaron hasta la última chica que pudiera hallarse escondida a lo largo de la playa, los resultados hablaban por sí solos. Les habían ganado y por mucho.
—¡¿Cómo demonios consiguieron tantos?! —Kagami miró a su pequeña novia y esta simplemente pasó de él olímpicamente después de arrojarle la camisa a la cara.
—Nunca subestimes a una mujer, Taiga. Creí habértelo enseñado hace tiempo atrás —le indicaba Lia con esas bonitas camisetas entre brazos.
—Acepten que perdieron y úsenlas —demandaba Kimura.
—¡Pero Aoi! —Ryouta entró en modo berrinchudo.
—Una apuesta es una apuesta, Ryouta —aunque el tono de voz era dulce, el rubio sabía que estaba enfadada y no era para menos.
—Elin...—Yukio recibió esa bonita sonrisa que tanto le gustaba y su respectiva camisa.
—Olvídalo, van a estar así por largo rato —Hadrien suspiró y miró a cada una, deteniéndose en Sora; ella vio en otra dirección—. Así que ellas fueron el equipo "Kawaii"...—hacía referencia a Amaya, Sora y Mila—. Nosotros también teníamos el nuestro —decía, señalando a Kuroko, a Akashi y a Moto.
—¡Yo no soy lindo! —se quejaba el castaño. Su novia le había dado muy cortésmente su camisa, pero después se fue como alma que lleva al diablo—. Mila-chan...—le faltó poco para ponerse a lloriquear como cierto rubio.
—Aquí tienes Shintarou, úsala —demandaba con cordialidad Amaya—. Suerte con las burlas —dio media vuelta y se fue.
—¿Por qué...tienes esa cámara contigo? —Leo miraba a su querida novia grabándole mientras él sujetaba su camisa.
—Guardo los mejores momentos conmigo —ironizó.
—Supongo que también me odias, ¿no? —preguntó Marko sin pizca alguna de alegría.
—Odiar es dar demasiada importancia a algo o a alguien —aseveró—. Ya no siento incomodidad al respecto, pero es satisfactorio ver que usen esto y todos los miren —le entregó la prenda y sonrió burlonamente antes de marcharse.
—Es de tu talla, Kuroko-kun —para Momoi había sido difícil llamar al peli azul de esa manera, pero no le quedaba más elección.
—Momoi...—se limitó a mirar su camisa. Ella ya se había reunido con el resto.
—Seguramente te quedará bien, Akashi —le entregó con amabilidad aquella camisa y se despidió con su usual naturalidad.
—Tsk... Logró derrotarme...—él seguía sin asimilar por completo la aplastante victoria de esas mujeres. Él no podía perder.
—Que la disfrutes Daiki —Axelle extendió la vestimenta y el moreno la tomó de mala gana.
—Más te vale que no le hayas dado tu número a ninguno de esos chicos.
—Descuida, no hice nada por el estilo —le hizo saber. Y aunque parecía estar poniendo atención a las palabras de Aomine, su mirada y sonrisa estaban puestas en la pantalla de su celular—. Que no les torturen mucho cuando los vean usando eso —mencionaba felizmente.
—¿Por qué está tan contenta? —Hadrien también se lo preguntó.
—Lia, Mila, Elin, Il est ici —mencionaba la rubia para las tres jóvenes. Ellas intercambiaron miradas y observaron la serie de mensajes que Axelle había estado manteniendo desde hace media hora atrás.
—Seguramente Craig debió haberle informado al respecto y no pudo resistirse —profesaba Lia con un ánimo recuperado.
—¿Qué vas a responderle? —soltó con mucho interés Mila.
—Está clara cuál va a ser la respuesta, hermanita.
—¿Sucede algo? —Kiyoe movida por la curiosidad, les interrogó. Las demás también mostraban interés.
—Un viejo amigo del que tiene rato que no sabemos nada nos ha mandado saludos y pregunta cómo estamos —la italiana se tomó el atrevimiento de responder.
—Y nos ha dado una sorpresa inesperada.
—Por eso nuestro humor mejoró —alegaba Mila.
—De ahí en fuera estamos igual que ustedes por lo que "ciertos hombres" hicieron —y si a esos chicos no les quedó claro que no querían verles ni en pintura, ahí estaban ellas regalándoles una mirada empapada con su más sincera aversión.
Las chicas decidieron dedicarse a tomar un poco el sol, a relajarse tras lo que tuvieron que hacer para poner a sus parejas en su lugar y tratar de olvidarse del motivo por el que sus buenos ánimos se fueron a la basura. Los chicos por su lado permanecían apartados de ellas, a unos cuantos metros de distancia, portando esas "bonitas y llamativas" camisas de las que todo el mundo que se cruzaba en su camino se reía de la manera menos disimulada posible; y claro, también había quienes los señalaban como los hombres inmundos que eran.
Bonita manera de iniciar su segundo día libre.
—Akashi, voy a decirte algo muy seriamente…no vuelvas a cabrear a Lia en lo que te resta de vida —mencionaba muy seriamente—. Por TU culpa, esto nos pasó. Si únicamente hubieras provocado a las demás, esto no hubiera llegado tan lejos.
—Odio admitirlo, pero Hadrien tiene razón —apoyaba Kagami.
—Manipuló a todas para que accedieran a esto, llegándoles seguramente desde su ego —continuaba Marko.
—Si lo pones de ese modo, es idéntica a Akashi –bufaba Aomine.
—Admitiré que se ha ganado mis respetos por haber hecho algo como eso –sonrió tenuemente.
—No es para que te alegres, Akashicchi. Ahora ninguna de ellas nos hace caso… La comida se la llevaron y todos los restaurantes están repletos, por lo que no podemos ir a comer nada.
—Son las únicas que están disfrutando de todo –suspiraba largamente Leo.
—¿Y si vamos y les pedimos disculpas? –Moto sí sabía lo que se debía de hacer, pero no consideraba que esos hombres eran orgullosos y que en su pequeño mundo creían que no habían hecho nada malo; y por ende, no tenían por qué disculparse.
—Se acabaron mis dulces, Ha—chin~.
—Ya vaciaste todas las máquinas expendedoras, idiota –habló Midorima. El grandote estaba extrayendo lo último que quedaba de su bolsa de gomitas.
—¿Y qué se supone que hagamos ahora? –la pregunta del millón, expuesta por Yukio.
—¿Y si vamos a jugar hacia esa zona? –Kuroko hacía referencia a donde se encontraban las canchas de voleibol playero—. Podríamos sacar un poco de estrés y matar tiempo en lo que se desocupa algún restaurante.
—Kurokocchi, ¡esa es una buena idea!
Por suerte lograron apañar una cancha libre y gracias a que los chicos de junto eran amables, les prestaron un balón para que pudieran jugar. Después de todo, tenían la cantidad adecuada de chicos para poder jugar los unos contra los otros.
Esos eran sus planes hasta que llegó un nuevo equipo, uno que parecía tener deseos de desafiar a alguno de esos grupitos de chicos que permanecían ahí. Y aunque parecía que iban a desafiar a sus vecinos, al final detuvieron su atención en ellos.
—Ey, ¿ustedes vienen con ese grupo de chicas, no es verdad? –preguntó muy directamente el más alto de ellos, un moreno con gafas de sol.
—Hay muchas chicas por esta playa, sean más específicos –mencionó casualmente el alemán.
—El grupo que tiene a esa bonita rubia –espetó un segundo, un pelirrojo de cabellera alborotada.
—Y bueno, creo que lo cachan. No hay ni una rubia más en esta playa más que esa chica –terció un pelinegro de coleta de caballo.
—¿Y qué con eso? –cuestionó Aomine con su voz áspera y esa mirada intimidante—. Es mi novia de la que están hablando.
—Y el resto las nuestras –agregaba con mucho valor el joven Motoharu.
—Entonces creo que es hora de hablar de voleibol –el cuarto en hablar era un tipo con un paliacate naranja alrededor de su cabeza y una sonrisa socarrona—. ¿Qué les parece una apuesta, chicos?
—No tenemos interés alguno en caer en un trato como ese con ustedes —aclaraba Midorima, manteniendo su usual semblante de seriedad.
—¿Acaso los niñitos tienen miedo? –se burló el quinto de los recién llegados. Se trataba de un castaño de cabellera larga—. Entendemos que se sientan intimidados por nosotros y crean que no pueden ganarnos.
—Después de todo, por la manera en que estaban jugando, se ve que darán pena ajena y nadie disfrutaría de un buen espectáculo —mencionó el último de ellos, quien parecía ser el capitán. No había manera de que pasara desapercibido con esos lindos tatuajes sobre sus hombros.
—Está claro que los derrotaríamos sin problema alguno —expresó Kise bastante enfadado. Nadie venía a jactarse frente a él, así como así.
—Indiscutiblemente les daríamos una paliza –gruñó Kagami, torciendo el ceño.
—Haremos que se traguen sus palabras –aullaba Daki.
—Esa voz me agrada, chicos –espetó sonriente el de las gafas—. Entonces vayamos al tema. Si ustedes ganan podrán jactarse de habernos vencido y les pagaremos a todos lo que consuman en cualquiera de los restaurantes que hay por la zona.
—Pero si pierden, nos dejarán tener una cita con cualquiera de sus adorables novias; la que cada uno de nosotros elija –siseaba el capitán. Esos chicos intercambiaron miradas y comentarios silenciosos antes de ofertarle respuesta.
—Queremos que sea un juego limpio –ese fue el modo particular de Kuroko para aceptar la oferta.
Y mientras el partido estaba a punto de dar comienzo, las chicas habían desistido de permanecer por más tiempo estáticas y optaron por irse a refrescar un poco. Al fin y al cabo, estaban en la playa y tenían que aprovechar; aunque una parte de ellas estaba inquieta, especialmente por no ver a los tontos que las acompañaban.
—¿Y ahora a dónde demonios se metieron todos? –Kiyoe había terminado de inflar un par de flotadores, ofertándoselos a las chicas que no sabían nadar.
—Pues hasta hace unos momentos estaban sentados cerca de nosotras –hizo memoria Momoi.
—Posiblemente hayan ido a comer –proponía Ju.
—Pero todos los sitios están atiborrados de gente que dudo que hayan encontrado hueco –Noa estaba en lo cierto.
—Volverán después –fue el comentario de Aoi para apaciguar a todas.
—¿Han notado que hay mucha gente dirigiéndose hacia las canchas de voleibol? –Elin no fue la única que notó ese detalle.
—Quizás una competencia entre dos buenos equipos –apostó Lia.
—¿Y si vamos a ver? De cualquier modo no tenemos nada mejor que hacer y bueno…los chicos quién sabe en dónde anden…—proponía Amaya. Todas terminaron asintiendo.
Posiblemente esa decisión haya sido la peor que pudieron haber tomado en lo que llevaban de vida. No porque admirar un buen partido de voleibol fuera malo, sino más bien por lo que estaban a punto de contemplar sus bonitos ojos.
Miraron el deprimente marcador. Daba verdadera lástima; aunque lo más triste de todo era ver a esos hombres empapados en sudor tras una actuación tan patética. Estaban prácticamente seguras de que no solo era el hecho de que no dominaran ese deporte, sino que probablemente no se coordinaron como equipo y que sus enemigos en realidad eran oponentes dignos.
—Aplastaron a esos pobres chicos… —se escuchó por las cercanías.
—¿Es que como se les ocurre desafiar al equipo local? Ganaron el torneo pasado –añadía alguien más. Los murmullos estaban a la hora del día.
—Los masacraron –fue el único adjetivo que escapaba de la pulcra boca de Kiyoe.
—Tetsu-kun…—Momoi miraba con cierta ternura a su querido novio. Estaba exhausto.
—Ya que barrieron el piso con ustedes, vayámonos de aquí –decía Lia. Desde el punto de vista de los chicos ya no se veían tan enojadas y el que les dirigieran la palabra lo avalaba; una pena que estuvieran a punto de enterarse de la apuesta.
—Nos han ahorrado el viaje de irlas a buscar –hablaba el capitán, el tatuado de cabellos aguamarina.
—¿Cuál debería de elegir? Todas son demasiado bonitas –se preguntaba el de lentes de sol.
—Lo importante es el volumen, el volumen –agregaba muy motivado el chico del paliacate.
—La verdad es que la decisión es difícil –el de cola de caballo suspiró. Estaba muy indeciso.
—Creo que están algo estupefactas –habló el pelirrojo.
—Es algo normal, no saben lo que sus parejas hicieron –sentenciaba el de cabellos largos.
—¿Q—Qué…están diciendo estos sujetos? –Kiyoe exigía respuestas ahora mismo y le importaba un bledo dirigirse hacia donde esos callados hombres permanecían.
—¿Por qué pareciera como si les debieran algo y estuviera relacionado con nosotras, Ryouta?
—Porque lo está, mis estimadas señoritas –todas miraron al que fungía como líder de aquel equipo, esperando a que se aclarara—. Desafiamos a estos chicos a un partido con apuesta de por medio. Si ellos ganaban, nosotros les pagábamos todo lo que se comieran, pero si perdían…nos dejarían salir con alguna de ustedes.
Adiós a la paz que pudieron haber tenido. Adiós a su oportunidad para que las cosas marcharan nuevamente bien y pudieran estar a solas con sus queridas novias. Hola a la indiferencia eterna, al odio profundo y destructivo. Hola de nuevo a la soledad.
Esas mujeres lucían serenas, pero eso una engañosa fachada. Estaban por demás furiosas, decepcionadas y sobre todas las cosas, se sentían como un vil objeto que puede ser apostado en cualquier instante por esos infames hombres.
Pudieron haber explotado y encargarse de esos chicos por sus propias manos, porque eran mayoría y no eran precisamente indefensas, pero se les ocurrió una idea colectiva mucho mejor y que igualmente serviría de escarmiento para esos capullos.
—Entonces, ¿cuál va a ser su elección? –lanzó Lia con su tono neutral.
—Dense prisa, ya que queremos hacer algo más que estar bajo el sol –se quejaba Ju, agudizando su dorada mirada.
—Yo elegiré….—el dedo índice del pelinegro iba de un lado a otro, hasta detenerse en cierta peli rosa—. Tú serás con quien salga este día.
—Está bien –Satsuki respondió con una sonrisa.
—Yo en definitiva iré con ella –el del paliacate se inclinó por Aoi—. El volumen siempre es importante.
—Ryouta es un verdadero imbécil…—su mirada trasmitía unos fuertes instintos asesinos—. Como sea.
—Creo que ella estará más que perfecta. Me gustan justo como tú –el alto de lentes le sonrió pícaramente a Elin.
—Encantada –expresó la danesa.
—Tú serás mi cita este día –alegaba sonriente el castaño clavando su atención en Ju.
—Sí así lo quieres –respondió secamente.
—Me pareces la mejor de todas, así que te quiero para mí –confesaba sin miramiento alguno el pelirrojo. Su elección fue la italiana.
—Te felicito por tan buen gusto –le sonrió con encanto, provocando que el chico se sonrojara.
—La verdad es que estoy dudoso entre dos –el tatuado sencillamente se enfocaba en las jóvenes que no habían sido elegidas.
—¡Ey, no se las van a llevar! –Kise explotó al fin. Había quedado en shock, como el resto, por la manera en que ellas actuaron.
—Una revancha aquí y ahora –alegaba Kagami. Todavía quedaba un puesto y podría ser Kiyoe.
—No permitiremos que se vayan de aquí sin haber otro juego antes –continuaba Kuroko. Podía ser todo lo calmado del mundo e inexpresivo, pero cuando alguien le tocaba las narices, no se cortaba para hacérselo saber.
—No se saldrán con las suyas –se unió a la grilla, Yukio.
—Lo siento muchachos, pero un trato es un trato y debe ser cumplido. Esto habla muy mal de ustedes –y claramente ese capitán estaba en todo lo cierto.
—Sí. Un apostador jamás se retracta de lo prometido, aun cuando pierde. Eso habla muy mal de su honor —intervino quien menos se lo esperaban—. Como la apostadora que soy, odiaría que me salieran con una tontería como esta.
—Ustedes no son los afectados, así que no tienen derecho de parlotear nada –Himuro simplemente apoyaba a Axelle.
—Así que no se metan en este asunto –pedía Amaya sin amabilidad alguna.
—Ya suficiente han hecho por este día –sentenciaba Noa.
Se callaron porque ellas estaban en toda la razón. Las habían apostado como si fueran cualquier cosa, creyendo que ganarían fácilmente. Estaban en su derecho de reprochárselo y hacer lo que se les diera la gana; pero simplemente no podían tolerar la idea de que estuvieran con otros.
Así que les resultaba imposible no ponerse como fieras ante lo que estaban viendo. Sí, sus mujeres se estaban yendo con unos completos extraños. Y lo peor, es que todavía quedaba la elección del capitán.
—Me gustan las chicas que no temen apostar ni abrir la boca para dar su opinión —sonrió victorioso—. Tú te irás conmigo, nena.
—Espero que puedas aguantarme el ritmo —se burló magistralmente la francesa, antes de emprender la retirada.
—¡Ey, Axelle! –como si perder no fuera suficiente para su persona, ahora debía ver cómo su novia se iba con otro—. Suéltenme, idiotas –bramó colérico en cuanto sintió el agarre de Marko y Hadrien.
—Incluso los que no pasamos por lo que ustedes, estamos igual, Daiki —le notificaba el alemán, con esa mirada jodidamente enfadada.
—Pero irles a montar el espectáculo solamente nos traerá problemas a nosotros. Especialmente porque ellas decidieron seguir con esto —hablaba Marko, ocultando maravillosamente bien su molestia.
—Metimos la pata en grande…y este es el modo en que ellas piensan cobrárselo…—esos temblorosos puños volvían más obvio el enfado del blondo..
—En vez de estarnos lamentando, debemos pensar la manera de hacer que esta situación se arregle —agregó secamente Akashi. Tampoco estaba nada feliz y gracias a su personalidad fría y calculadora, no había estallado como Aomine.
—Pues estoy abierto a tus planes, Akashi —mencionaba Kasamatsu.
—No creo que sea necesario que requieran hacer algo, posiblemente terminen empeorando todo —y la mirada de todos se colocó en Atsushi. Ese gigantón apenas había abierto el pico desde que se sentó a apreciar el partido.
—¿Por qué lo mencionas, Murasakibara? —quiso saber Shintarou.
—Porque claramente ellas tienen un plan —comunicó. Todos estaban sorprendidos por su conclusión—. Y de igual modo merecen ser castigados por sus actos —sentenció con esa mirada de no rompo ni un plato. El cabrón estaba burlándose de su desgracia y simultáneamente aplaudiendo las medidas que esas mujeres tomaron.
