Rasen ha llegado con una actualización sensualona, tanto para este fic como el de Guilty Pleasure (para las entendidas que saben de lo que hablo). Espero lo disfruten y se rían de las desgracias de la GoM por andar haciendo cosas que no deben XD Todo en esta vida se paga.

Capítulo 132

Dulce venganza

Los chicos habían perdido un partido y tan vital apuesta, pero no por ello iban a quedarse de brazos cruzados, viendo cómo el día se les iba. No, claro que no. Ellos eran hombres de acción, y, por ende, analizarían desde una zona segura lo que pasaba en tan particulares citas; sencillamente no iban a permitir que esos chicos se salieran con la suya tan fácilmente.

Fue así como como ese par terminaron accediendo a la segunda planta de un establecimiento de comida, mirando todo con ojo vigilante.

—¿No crees que nos ven desde aquí? —preguntaba Kagami en tono quedito a Kuroko. Este simplemente le hizo seña de que se callara.

—Dudo que alguien sea capaz de notarme.

—Obviamente, pero…—simplemente suspiró y se quedó callado. Al menos su mesa se encontraba detrás de un pilar, por lo que no estaban tan a la vista.

—Y cuéntame, ¿qué es lo que más te gusta? ¿Sales a divertirte? —preguntaba muy animadamente el chico. Sus raspados habían sido traídos y el momento de la charla surgió.

—…Umm…Lo que más me gusta indudablemente…es Tetsu-kun —respondió con esa usual vocecilla endulzada que poseía—. Y bueno, supongo que sí es con Tetsu-kun, no me importaría salir a cualquier lado.

—Y-Ya veo… Contemplo que quieres mucho a ese tal "Tetsu-kun" —su intento por conseguir información sobre ella, había fallado.

—¿Quieres que te hable sobre él? —cuestionó curiosa, inocente, pero con una idea perversa en mente.

—No creo que sea necesario —denegó de inmediato.

—Ya veo… De todas maneras, déjame decirte que es un jugador increíble, considerado como el sexto jugador de la Generación de los Milagros. Y eso no es todo… —si el joven lo que deseaba es que ella hablara, lo había hecho. El problema es que solamente conversaba de una sola cosa: Kuroko Tetsuya.

—Como que no está disfrutando de la cita, ¿no te parece? —Taiga contemplaba el creciente rostro de agobio en el pelinegro.

—Kagami-kun, si guardaras silencio, podríamos escuchar de lo que están hablando.

—Eso es imposible. Hay mucha gente ruidosa aquí —objetaba. Como si no fuera suficiente el hecho de acompañarlo, también debía soportar sus quejas.

—El contacto visual es excesivo —si antes estaba serio, ahora podría ser visto como una piedra andante.

—¿Ah? ¿De qué hablas? Solamente se están mirando normalmente.

—Tsk…

—¿No me digas que te ha molestado que haya intentado tomarle de la mano? —se burló.

—Kagami-kun, si tú estuvieras en mi lugar, ¿qué harías?¿De qué manera reaccionarías? —ya estaba jugando con su mente para obtener la respuesta que ansiaba y así quedar bien.

—Mmm…Sinceramente…—su mente proceso rápidamente el escenario y la resolución le llegó en un santiamén. Estaba completamente seguro de la reacción final—…Kiyoe le hubiera hecho una llave en ese preciso momento y ahora estaría tumbado sobre el suelo, muy adolorido —claramente su novia no era una florecilla ni toleraba las pasadas de mano, que por algo la expulsaron de su última escuela.

—Hmm…—Tetsuya había pasado por alto la violenta personalidad que la pelinegra poseía. Así ni siquiera daba pauta para que Kagami se pusiera medianamente celoso.

—¿Quieres que los sigamos? —su voz trajo de nuevo la mente del peli azul a Tierra. Ese par estaban marchándose ya; por lo visto el voleibolista cambiaría su ruta de acción.

—La respuesta es obvia, Kagami-kun.

El segundo equipo de control no se hallaba demasiado lejos de allí. De hecho, se encontraba cerca de esa tienda de souvenirs, y gracias a que a alguien se le ocurrió cubrir cierta llamativa cabeza, pudieron perderse fácilmente entre la clientela. Eso sí, con un ojo puesto en lo que acaecía cerca de donde estaban los estantes de joyería.

—No creo que debamos preocuparnos por mi hermana, Ryouta —comentaba Moto detrás del mapa de la ciudad que tenía extendido entre ambas manos.

—Los hombres pueden saber cuándo las intenciones de otros no son buenas, Motocchi —nada como ir por allí infraganti, con lentes de sol y una gorra de béisbol.

—¿Alguno que te guste en particular?

—En realidad ninguno. No me gustan este tipo de cosas… ¿O es que acaso me ves portando esa clase de accesorios? —refutó con esa mirada calma. Ni siquiera se enfocaba en el chico, solo en la vitrina en la que se conservaban los aretes.

—¿Qué tal un bonito bolso o algún lindo traje de baño?

—Los bolsos son estorbosos y por eso, imprácticos. Y no requiero más trajes de baño más de los que ya poseo; sencillamente no me gusta despilfarrar dinero de esta manera —criticó con su indiferente todo de voz—. Si esto es lo mejor que tienes que hacer, me deprime en verdad.

¡Pero si ya le he llevado a todas las tiendas que las mujeres aman y nada le parece! Únicamente está allí parada sin inmutarse por nada. Ni siquiera mis piropos han surtido efecto…

—¿Te has quedado sin ideas? Puedo comprarte esto para tu próxima cita —el chico abrió los ojos cuando se percató del título de aquel libro: "Cien maneras para no ser un hombre patético"—. Descuida, puedes considerarlo un regalo de mí para ti.

—¡Pero si eres…!

—¿Y este? También puede ayudarte…—el otro grueso libro ponía: "Cómo lograr conquistar una mujer sin verse como un ruin patán".

—Mmm… ¡Quiero saber de qué están hablando! —a los ojos de Ryouta, ese par estaban teniendo una interesante conversación y él no toleraba ese ambiente "cordial" que había entre los dos.

—Pues al parecer están hablando de libros…¿Estarán compartiendo opiniones al respecto? —al castaño tampoco le estaba claro del todo.

—¡Sshhh, escóndete ahora mismo, vienen para acá! —el blondo no pidió permiso alguno y tomó al pobre chico del brazo. Apenas y pudieron esconderse detrás de los exhibidores para no ser avistados.

—¿Sucede algo? —el del paliacate simplemente enfocó su mirada en la castaña, parecía como si hubiera escuchado un ruido familiar.

—Nada —agregó secamente—. Puedo casi jurar que escuché la voz de Ryouta. Seguramente ya estoy escuchando cosas que ni al caso.

—Ryouta, ¿ya viste para dónde se dirigen?

—¿Hacia la playa? —no cachaba el punto de Motoharu.

—Además de eso, Ryouta. Usa tu cabeza… Recuerda lo que llevaba en esa bolsa ese chico.

—Lo siento, pero no vi nada —el pequeño suspiró y sujetó el mentón del chico entre sus manos, enfocándolo hacia la bolsa traslúcida que llevaba el hombre.

—¡¿Protector solar?!

—¿Y sabes lo que eso significa, no es así? —en ese preciso instante ambos salieron a toda marcha, ocultándose entre la gente. Debían evitar que la razón de ser de ese filtro solar nunca se llevara a cabo.

Las aguas tampoco parecían estar calmas del otro lado de la playa, no con esos dos personajes mirándolo todo desde una sombrilla distante y esos binoculares en mano. La situación que estaban apreciando no era para ser pasada por alto. Por lo visto había quienes gozaban de un ingenio perverso para deleitarse de las maravillas del mundo.

—¡Ese canalla está haciéndolo a propósito! —chasqueó la boca con notorio cabreo y apretó con fuerza sus prismáticos.

—Hemos elegido una buena área para observar… Aunque concuerdo totalmente contigo, Kasamatsu —Leo se había unido al equipo del pelinegro. Nada como un poco de espionaje discreto.

—Más le vale no quererse pasar de listo.

—Vigilemos un poco más, si hace algún movimiento sospechoso, intervendremos —nada como la sobreprotección de un hermano y los celos de un novio.

—Esto es más complicado de lo que podría haber pensado…—mencionaba Elin tras haber dejado escapar ese balón playero justo hacia su derecha.

—Solamente tienes que poner un poco más de tu parte. La última vez estuviste a punto de lograrlo —felicitaba el de gafas. La danesa puso mala cara.

—Ya me aburrí de todo esto…—soltó con fastidio. Incluso se había cruzado de brazos, denotando que no iba a seguir con ese tonto jueguito por más tiempo—. ¿Nos vamos a vivir haciendo esto toda la tarde?

—Claro que no. Solamente está bien que te ejercites un poco.

—¿Insinúas que soy una vaga y obesa que requiere ejercitarse para no estar como un costal?

—Por supuesto que no —mencionó rápidamente. No quería dejar que los malentendidos surgieran tan prontamente—. De hecho, estás perfecta tal y como estás; eres hermosa, posees un cuerpo envidiable y una personalidad encantadora —halagó, sonriente y confiado de su buen efecto en las mujeres.

—No sé cómo tomar eso, si como un cumplido…o como un comentario machista que viene de un sujeto que lo único que mira de una mujer son sus pechos. Entonces, ¿cuál de las dos?

—Obviamente es un cumplido —dijo tan claramente como le era posible.

—Pues podrías haberlo dicho de mejor forma. Es de lo más plano y predecible —deliberó muy dignamente. El pobre hombre no sabía qué decir para dejarle satisfecha.

—Todo por culpa de esos idiotas que aceptaron la apuesta —es que Kasamatsu estuvo en contra de ese susodicho trato. Sin embargo, esos hombres necios y su orgullo lo arruinaron todo.

—De igual modo ellas iban a enfadarse con nosotros, aunque les dijéramos que no tuvimos nada que ver con todo ese asunto —si bien agradecía que Noa y Mila quedaran fuera, todavía quedaba su otra hermanita.

Aquel tradicional restaurante de fideos estaba ofertando a sus comensales todo un espectáculo. Uno que no se veía diariamente; concisamente porque no todos poseían un apetito tan aterrador como el que estaban contemplando. Lo único que observaban eran esas pilas de platos y a esa mujer pidiendo el postre.

¿Cómo podía comer tanto? ¿Cómo mantenía esa envidiable figura?

—Come…demasiado…—a Midorima casi se le cae la quijada contra la mesa.

—Ella es de muy buen apetito —mencionaba Turletti con sus esmeraldas puestas en la contra esquina del establecimiento.

—Yo diría que es algo más que eso…—susurraba.

—Ese sujeto parece de lo más estupefacto —sonrió burlonamente el chico—. Seguro que con eso estará más que perplejo, sin mencionar que su cartea estará mucho más ligera.

—Pues aun cuando él le está haciendo plática, ella pasa monumentalmente de él.

—No es alguien que hable demasiado con personas que apenas y conoce o que le resulten aburridas. Tiene una personalidad quisquillosa.

—Siendo tan opuestos, me sorprende que se hayan atraído mutuamente.

—Fue algo sin duda complicado —mencionó, evocando unos meses atrás y todos sus intentos fallidos por hacer que ella aceptara siquiera tener una cita con él—. Podría decirse que hay satisfacción en obtener algo con tu propio esfuerzo.

—¿N-No crees que has comido demasiado? Terminarás vomitando…—agregaba el castaño. Estaba anonadado; fácilmente ella comía lo de tres personas.

—La comida es uno de los placeres más grandes que pueden existir en este mundo —alegó, limpiando su boca con una servilleta—. Es más triste tu caso, porque prácticamente no comiste nada.

—Soy de poco apetito…—soltó con nerviosismo obvio. Lo que pasaba es que si pedía más no podría hacerse cargo de la cuenta.

—Mmm…Puedo prestarte dinero si no te alcanza —decía ella campante. Su banana Split había llegado y bueno, no demoró nada en hincarle el diente.

—No es necesario. Además, ¿qué clase de hombre hace que su cita pague cuando le ha invitado?

—Dejaré la propina para que no te quedes en la calle.

—¿A-A dónde quieres ir después de aquí? —prefería cambiar de tema.

—…A una librería…—ese hombre se atragantó con su propia saliva. Ella tenía que estar de broma.

—¡¿A la librería?! ¿Estás…bromeando…verdad? –ella debía estarle tomando el pelo.

—La biblioteca no abre hoy, así que lo más próximo es una librearía —comió su cereza pacíficamente. Ni su voz, ni su mirada mostraban cambio alguno ante los gestos del chico al asimilar su idea.

—¡¿Querías que fuéramos a la biblioteca?!

—Me gustan los lugares silenciosos acompañados del olor a café y libros —gesticuló apuradamente con esa pequeña sonrisa—. Un libro es una aventura, hilarante y refrescante. ¿Eres capaz de entender algo tan simple como eso?

—S-Sí…puedo darme a la idea…—mintió patéticamente—. ¿Pero no quisieras, no sé, ir a otro sitio más divertido?

—No estoy interesada. Los lugares divertidos para sujetos de tu edad mental involucran clubs, cantinas, sitios de enorme concurrencia humana. Mismos que me atraen, pero no me place que me acompañes.

—Eres algo…

—Ya que hemos terminado aquí —mencionaba tras ponerse de pie y colocar la propina sobre la charola que tenía la cuenta—. Vayamos a la librería, hay muchas cosas por ver y comprar —ella hablaba en serio y él simplemente no sabía qué demonios hacer.

—Lo tiene totalmente controlado —Midorima agradecía haber hecho equipo con alguien del temperamento de Marko. A diferencia del resto de sus ex compañeros, era menos molesto.

—Veamos hacia dónde va, por si pretende algo sospechoso.

A diferencia del resto de sus amigos, ellos habían tenido que abandonar lo concurrido de la playa para dirigirse hacia las cercanías, justo donde se vislumbraban varias tiendas departamentales, que estaban llenas de visitantes. Gracias a ellos, incluso alguien como Murasakibara pasaba desapercibido.

—Aka-chin, ¿no crees que deberíamos dejar que Lia-chin tenga su cita tranquilamente? —el hombre escondía su rostro detrás de un catálogo de ropa de la tienda.

—Confío plenamente en ella, no obstante, no tengo esa misma percepción por el sujeto que la eligió. Aunque no cuestiono sus buenos gustos.

—Pero si solamente ha estado probándose ropa. No hay nada malo en ello. Es lo que vivo cuando acompaño a mis hermanas.

—Atsushi, nunca subestimes a las personas. Siempre hay una doble intención tras un buen acto —indicaba claramente. El otro simplemente no parecía entenderle—. Eres demasiado inocente —suspiró. Ese hombre no le entendía.

—No puedo decidirme. Ambos me gustan —Lia ya estaba con sus dilemas sobre la moda. Ambos vestidos que tenía en manos le parecían divinos.

—El azul te quedó mucho mejor —dio su opinión. Aunque no parecía satisfacer a la chica.

—Siendo el caso. Me llevaré los dos —el pelirrojo le dio un repentino episodio de tartamudeo—. ¿Sucede algo? —interrogó con sumo interés—. Dijiste que podría llevarme lo que quisiera de esta tienda —pronunciaba dulcemente.

—¡Sí, claro que sí! No hay problema, llévate los dos, Lia-chan —soltó bastante nervioso. Más que nada por la cuenta que se volvía más grande.

—Entonces iré a probarme estos dos —sí, ya había hallado otras prendas que le habían encantado y el pobre tío de solo ver las etiquetas de los precios casi se desmaya—. Ahorita vengo —se fue feliz de la vida.

—D-Debo…detenerla…Con lo que quiere que le compre me quedaré sin absolutamente nada…—y es que a su lado había ya una pila de bonita ropa, toda deseosa de ser llevada por la italiana—. Me llevará a la bancarrota.

—Lia-chin le gusta mucho comprar ropa. ¿Por qué no le llevas algo? Puede que así te perdone, Aka-chin —a saber de dónde había sacado la manzana acaramelada que estaba engulléndose en ese preciso momento.

—Simple, porque nada de lo que hay aquí me complace para ella —reveló muy seriamente, entrecerrando sus heterocromáticos ojos—. No creo hallar una tienda que se ajuste a mis estándares.

—Yo creo que ella estaría feliz con cualquier cosa que tú le dieras, Aka-chin. No tiene que ser costoso… Por ejemplo, yo amo las gomitas de frutas, y son económicas —ahora era el turno de una bolsa de papas fritas.

—Los razonamientos simples suelen ser muy prácticos, pero no creo que sea su caso. Ella es diferente y no quiero darle cualquier cosa.

—Aka-chin, eres muy complicado~.

No muy lejos de ese sitio se erigía una bonita y vistosa cafetería que atraía a bastante público, especialmente a acarameladas parejas que deseaban pasar tiempo de calidad al tiempo que pedían menús compartidos.

Música adecuada, un buen servicio y todo el lugar bellamente cuidado. La conjunción perfecta que ponía malhumorado al moreno.

—Hay que admitir que el chico sabe a dónde traer una mujer —Daiki no es como si hubiera querido que el alemán le acompañara, pero lamentablemente las cosas concluyeron así.

—Cállate, idiota.

—No fui yo quien apostó a Axelle —mencionó para echarle más leña al fuego—. Mira, sino volvió con Kai cuando lo vio, no creo que se vaya con este chico.

—¿Tenías que mencionar a ese rubio idiota justamente ahorita? —gruñó.

—Hay muchos rubios en la vida de Axelle, pequeño Daiki —exponía alegremente—. Ya conociste a dos de los tres.

—¿Qué quieres decir con eso? —al fin les habían llevado sus papas fritas y hamburguesas.

—Dejemos ese tema para después de que logremos hacer que esos dos concluyan su pequeña cita —sonrió socarrón.

—¿Y entonces, qué cosas te gustan? — interrogó, incluso mientras cortaba su buen trozo de carne.

—Me gustan las historias BL —comentó felizmente. Para ella aquel filete de salmón era perfecto.

—¿BL? ¿Es un nuevo género…acaso? —posiblemente en breve se arrepentiría de haber preguntado.

—Para nada —dio un bocado antes de proseguir—. Es la abreviatura para Boys Love…—soltó inocente y divertida, agregándole una sonrisa de oreja a oreja. Él por su lado dejó caer los cubiertos contra la mesa.

—¿B—Boys…Love…?¿Te estás refiriendo a….? —apenas y podía gesticular palabra alguna.

—A relaciones sentimentales o de índole sexual entre dos hombres —porque había que ser claros para ese tipo de cosas. Que no quedara duda alguna—. Ningún hombre en su sano juicio aceptaría que la chica que pretende le guste esta clase de cosas turbias que son recriminadas por la sociedad moderna. A que te has quedado sorprendido, ¿verdad? Ni siquiera es capaz de decir nada. Con esto estaré más próxima a ser libre —sonrió internamente, mentalizándose que pronto podría irse de allí—. ¿Sucede algo? ¿Te molestan mis gustos? —clavó sus ojos en él, ansiando su respuesta.

—Me sorprende conocer a una chica que le gusten esa clase de cosas… Pensaba que mi hermana era la única —ofreció un largo suspiro. Incluso se le veía con mejor color que hace rato atrás—. Si vieras cómo se pone cuando consigue un nuevo manga, te asustarías indudablemente.

—¿Ah…? ¡¿Qué tiene una hermana a la que le gustan estas cosas?! Eso significa que está curado de todo espanto…Quizá, quizá finge ser duro…Una de mis amigas se dedica a hacer ese tipo de cosas, por lo que sigo su trabajo. Incluso tuvo la idea de tomar como ejemplo a mi pareja y un ex… Me pareció muy divertido "shippearlos", que hasta le daba ideas para su historia —relató con fascinación fingida—. Esto sin duda aterraría a cualquiera y provocaría que se alejara antes de que quieran relacionarlo con otro hombre para hacer especulaciones sobre "su relación".

—Uno se acostumbra después de tener a una loca adolescente que está enamorada de esos hombres y sus relaciones perfectas. Un tiempo no podía dejar de ver las cosas y pensar quién era el dominante y cuál era el pasivo —relató con pesar. Axelle se quedó helada de pies a cabeza, su mejor as bajo la manga había sido abatido.

Se me ha ocurrido algo más para que se asuste de mí y se vaya corriendo de aquí…Hipotéticamente hablando…si ese castaño de allí saliera con el pelinegro que degusta ese pastelillo. ¿Cuál de los dos sería el pasivo y por qué? —agradecía toda esa charla informativa que Rieta le proporcionó sobre ese mundo oscuro conocido como Yaoi.

—Indudablemente el pasivo tiene que ser el castaño. Por el modo en que se comporta con la chica, es fácil notar que no es de los que llevan la iniciativa y que gusta de complacer a su pareja; alguien con esa personalidad no puede dominar a nadie. Y bueno, el pelinegro es bastante extrovertido y no ha dejado de hacer contacto visual con su chica, así que es alguien seguro de sí mismo que no desea que las cosas se salgan de su control. ¿He acertado? —sonrió victorioso.

—E-E…Estás en lo cierto…¡N—No puedo creérmelo, es un jodido experto!¡¿A qué nivel lo traumatizó su hermana para hacer un análisis como este?! Siento que estoy perdiendo la batalla y él me lo restriega en la cara con esa sonrisa. Tengo que planear otra cosa que sí funcione.

—Axelle tiene cara de que le han fastidiado el plan —comentó Hadrien, observando la situación minuciosamente—. Quizás por algo es el capitán.

—No sé qué tanto hace. Simplemente debería ponerse de pie e irse —no le gustaba mirar esa escena porque sencillamente sus celos y culpabilidad le podían más. Si no hubiera apostado, no tendría por qué cederle tiempo de calidad a otro—. Ni siquiera yo he tenido tiempo a solas con ella…—vaya jodido día el que estaba teniendo.

—Yo tampoco estoy feliz. Gracias a esto no he podido hacer mis planes.

—¿Ligarte a la hermana de Kimura? Ella ya está loca por ti —centró su atención en las patatas restantes, adicionándoles un poco de kétchup—. Te dirá que sí sin que te esfuerces.

—¿Lo crees? Soy un sujeto con mala fama y seguramente Aoi ya le dijo hasta lo que no de mí —soltó.

—Supongo que hasta alguien tan liberal y despreocupado le pueden algunas cosas —se terminó su refrescante soda y prosiguió—. Y si ya le dijiste lo relacionado con Axelle, dudo que haya algo más que tenga que tenerte tan tenso.

—Simplemente no quiero que pase con ella como con el resto —aseveró—. Ya sabes, está criada a la antigua y no es muy liberal que digamos. De las pocas cosas que tenemos en común, es nuestro amor por el prosciutto.

—Pues no seas idiota y punto…Y deja el tema del jamón ese por la paz.

—Es que ya sabes… Nos volvemos novios y después querré hacer ciertas cosas, y seguramente ella no quiera. Y habrá conflictos…

—¿Por qué me estás contando estas cosas tan jodidamente personales? —replicó cabreado.

—Porque se ve que eres del mismo tipo que yo.

—¿Qué demonios estás insinuándome?

—…Que no puedes pasar demasiado tiempo sin hacerlo…—Daiki ya no sabía por qué se sorprendía. Sabía que iba a salirle con algo como eso, lo sabía y aun así no estaba preparado para ello.

—¡No me pongas en la misma categoría que tú! —solo eso le faltaba.

—¿Quieres apostar, Daiki? Si soportas todo un mes sin ponerle una mano encima a Axelle, me raparé y quedaré como un monje tibetano —indudablemente la apuesta era seductora por semejante recompensa; no dejaría de burlarse del pobre chico, sin embargo.

—Tsk… Olvídalo… —denegó totalmente la jugosa apuesta. Sabía que no iba a poder cumplir con algo como eso.

—¿Ves? Simplemente no puedes tolerar tanto tiempo cuando gozas de semejantes permisos —se burló de él cínicamente.

—¿Estás diciéndome que no das el paso porque no sabes si tendrás "esos permisos"? —Hadrien comió una patata en silencio—. Kimura tiene razones de peso para no dejarte ser su novio.

—No le haré nada que no le vaya a gustar —decía muy digno.

—¡Ese no es el punto, idiota!

Y su charla podría seguir eternamente, pero recordaron que habían ido a dar a ese sitio por una razón. Y esa misma razón ya no se encontraba allí; se habían marchado en sus narices y ellos ni siquiera se dieron cuenta.

—¡¿Pero a dónde se fueron ahora?!

—Salgamos y busquémoslos —animaba Hadrien.

Únicamente había trascurrido hora y media desde que esas citas exprés iniciaron, y ya las solicitadas chicas se encontraban reunidas con el resto de sus amigas. Y claramente, sus nada discretos espías estaban cerca de ellas, previniendo futuros acercamientos indeseados.

—Al fin terminó todo —suspiró aliviado Kise. Su novia estaba más que entretenida hablando con Sora.

—Todo salió perfecto. Mi hermana logró que ese chico se sintiera frustrado por no saber qué hacer o decir para complacerla y que dejara de ser hostil.

—…Recuerdo cuando me trataba de esa manera…—oh esos dolorosos recuerdos que asolaban a Kise.

—Al final el pobre hombre salió corriendo de la librearía —se burlaba amenamente Marko.

—Normal. Estuvieron allí la mayor parte de su cita —a Midorima le daba risa de recordar al tío saliendo a toda marcha, gritando incoherencias.

—Indudablemente un buen plan de su parte —Akashi estaba complacido con el resultado. El joven al final terminó huyendo graciosamente tras ver que no le alcanzaba para comprar todas las cosas que la italiana le pidió.

—Lia-chin se compró muchas cosas. Incluso me dio todas estas bolsas con chocolates~.

—Pobre chico, seguramente lo menos que quiere volver a escuchar en su vida, es tu nombre, Kuroko.

—No creo que haya sido tan malo, Kagami-kun. Hay muchas cosas buenas sobre mi persona —defendía el chico.

—¡Claro que no! –exclamaba Taiga ya suficiente mosqueado por pasar tanto tiempo de calidad a su lado.

—Mi hermana al final supo librarse de ese hombre. Quién diría que tendría que comportarse tan exigente e irritante —Leo sonreía ampliamente. Las cosas concluyeron maravillosamente bien.

—Es bueno verla lejos de ese sujeto —Kasamatsu era ahora un hombre feliz.

—¿Sucede algo, Mine-chin, Ha-chin? —cuestionó en el instante en que llegaron esos dos mirando en todas direcciones.

—¿Axelle no ha llegado aún? —Aomine no hallaba esa rubia cabecita por ninguna parte.

—No. Ella es la única que falta —respondía Seijuurou.

—Nosotros vimos que se dirigía hacia la zona de renta de lanchas —mencionó Yukio, haciendo uso de su buena memoria.

—¿Su cita aún continúa? —Ryouta estaba algo sorprendido por ello—. Pensé que haría algo como el resto.

—Seguramente falló y quizás…—siseaba el alemán—. Como sea, vayamos a buscarla para que la traigamos junto al resto.

Ese par de hombres emprendieron la retirada, aunque no avanzaron siquiera un par de metros antes de contemplar a la personita que estaban buscando. Y claramente el hombre continuaba a su lado.

—Sí, como te digo. Él tiene un tatuaje de un dragón chino que empieza desde su antebrazo y concluye cerca de su cuello. Se le ve genial —contaba.

—El cuello es una zona muy delicada. Indudablemente debe tener un buen umbral del dolor —prosiguió—. Hasta me dieron ganas de conocerlo.

—¿A qué sí? Él es muy divertido, aunque se requieren muchos nervios de acero —comentó cómicamente—. Creo que han venido por ti —detuvo sus pasos, sonriéndole a esos dos que claramente exigían respuestas.

—Daiki, Hadrien —les saludó cordialmente.

—Bueno Axelle, me divertí mucho. Cuando vuelvas a venir a Hokkaido y te sientas aburrida, no dudes en llamarme —le proponía cándidamente—. Y chicos, ya no vuelvan a apostar a sus novias, habla mal de ustedes —claramente se burló de esos hombres por última vez antes de retirarse sin más.

—Con que te divertiste, ¿eh? —el moreno se cruzó de brazos, notoriamente enfadado. Desaprobaba totalmente que fuera tan amable con ese pedante capitán de voleibol.

—Resultó ser un sujeto divertido y con muchas desaventuras entretenidas —les dijo con cierto ánimo—. Mis jugarretas para que terminara la cita, no funcionaron —se encogió de hombros.

—¿No es divertido? Axelle ahora tiene otro amigo, Daiki —cayó del dolor que sintió cuando el moreno le dio un bien merecido golpe en la cabeza.

—Deja de coquetear con medio mundo.

—Teóricamente no coqueteé, solamente tuve una conversación decente con el hombre con el que me apostaste, Daiki —ese era un reproche bonitamente maquillado. El moreno lo supo y no dijo nada más—. Y no, hoy no hay besos ni nada para ti —se la sentenció vilmente antes de irse con sus amigas.

—…Así que Ley Seca… Esta semana será dura para ti, mi amigo.

—¡Que te calles!

Aun cuando las chicas ya no estaban tan enfadadas con sus queridas parejas, todavía mantenían su distancia hacia ellos. Incluso si consideraban como un gesto un tanto lindo el que las espiaran tanto por celos como por estar preocupadas de que se sobrepasaran con ellas, no iban a dejárselo saber tan fácilmente; merecían sufrir un poco más.

Así que mientras el resto al fin se fueron a comer, ellas permanecieron en la playa con la persona menos esperada haciéndoles compañía.

—Debí suponer que terminarías lleno de puras golosinas, Mukkun —rio tenuemente. Su amigo simplemente no se componía.

—Sabes Murasakibara, haces bien en no tener una pareja. Son problemáticas y muchas veces hacen cosas estúpidas —mencionaba Kiyoe, suspirando.

—Así puedes hacer lo que quieras, cuando quieras sin tener que darle explicaciones a nadie —terciaba Lia.

—Y por supuesto, no tienes que compartir tus comidas favoritas con nadie más. Ni cuidar tu peso y esas cosas —Ju simplemente permanecía botada sobre el área, con su atención puesta en el ancho cielo.

—Estoy segura de que no disfrutarías de tener que dejar tus amados dulces solamente porque a tu pareja no le pareciera esa actitud —señalaba Noa, jugueteando con su Ipad.

—¿Murasakibara-kun, no hay nadie que te guste? —preguntó tímidamente Mila.

—Ciertamente sería interesante conocer qué tipo de gustos tienes —Elin intentó visualizar un tipo de chica para Atsushi, pero nada. La imaginación no le daba para tanto.

—Mmm… Nunca he pensado en ello.

—Pero algo debe de gustarte en una mujer, ¿no? —intervenía Amaya.

—Que sepa preparar cosas dulces como…pasteles, galletas y esas golosinas que tanto amo —relataba entre lo que masticaba esas galletas y se las pasaba por la garganta.

—¿Ese sería el único requisito? —Sora también se unió a la charla.

—Que se amable conmigo y mis amigos, que posea buenos modales y que no le importe pasar mucho tiempo a mi lado. Y, sobre todo, que no sea más alta que yo.

—¿Solamente eso? —Aoi estaba sorprendida por lo sincero que se le escuchaba. Además de que pedía cosas bastantes puntuales y particulares.

—Sí. No necesito nada más —agregó con una ligera sonrisa—. A veces siento un poco de envidia por los chicos por tener tan buenas novias, aunque ellos no sean adecuados para ustedes —su cumplido fue simple y directo, pero gracias al tono un tanto infantil que empleó, así como esa mirada de profunda sinceridad, logró que esas chicas se sintieran halagadas y contentas; la persona que menos creyeron, las apreciaba como mujeres.

Los chicos retornaron de su bien merecido receso para comer, solamente para sentir que todo lo que se habían engullido les iba a sentar mal. ¿Por qué motivo? Porque a menos de un metro de distancia estaba ocurriendo algo que consideraron imposible.

Eso era alta traición, una puñalada directo a la espalda. ¿Cómo podía ser posible que tuviera semejante descaro? Es que ni siquiera se había opuesto y lo peor, lo estaba disfrutando enormemente.

—¡¿Murasakibaracchi, pero por qué…?!

—¡E—Ellas están…! —Midorima estaba con la quijada contra el suelo. El resto se habían transformado en una bonita hilera de estatuas vivientes.