¡Buenas tardes! Ya llegué y traje conmigo un capítulo bastante curioso XD Lo que me resta por decirles es que todo en exceso es malo : D

Capítulo 133

Al gusto de cada uno

Creer que ese amante de los dulces era demasiado inocentón y que nunca en su vida desearía ser atendido y mimado por tantas chicas de manera simultánea, fue un grave error de cálculos. El verlo tan normal y encantado de la vida al tiempo que sus parejas le hacían plática y le ofrecían ese mundo de golosinas mientras parecían estárselo pasando increíblemente bien, levantó cierta alarma. Y obviamente ellos estaban de más en el cuadro.

—…Atsushi resultó ser un verdadero gigoló…—Hadrien casi lloraba de la emoción y felicidad; todos sus esfuerzos habían valido la pena.

—Te recuerdo que Sora también está mimándolo —informó Moto.

—No soy un hombre celoso, Motoharu —espetó lleno de confianza—. Y Atsushi es un buen tipo —todos voltearon a verlo con perplejidad total. Suponían que al ser tan mujeriego dejó los celos a un lado por ser innecesarios y un estorbo total.

—Bueno, esa es TU opinión muy personal, idiota —Aomine de verdad estaba considerando que haber ido a Hokkaido fue uno de los más graves errores de su vida.

—Si vamos y les decimos algo, solamente se enfadarán más. Es como echarle más leña al fuego —Leo tan sabio como precavido.

—Y estoy seguro de que Murasakibaracchi no se irá por su cuenta…Especialmente con tantas cosas que ama a su alrededor —ni a él lo trataba tan bien su amada Aoi.

—Pues se me ocurre una idea, aunque no sé si sea buena opción…—todos estaban atentos a lo que el italiano fuera a decirles—. Podríamos buscarle alguna chica o cita para que no sea el único que esté solo.

—Aprobado —Akashi había dado el visto bueno y todos sabían lo que eso significaba.

Y al tiempo que esos chicos se retiraban temporalmente con una serie tarea en manos, las féminas estaban sumamente interesadas en lo que el chico les comentaba. Es que no se esperaban que les relatara algo como eso.

—De modo que la conociste en la tienda de golosinas —Axelle se veía un tanto pensativa al respecto.

—Ambos íbamos por la misma marca de panecillos. Y sin querer tomamos la caja al mismo tiempo —mencionó con una tenue sonrisa de alegría.

—Así que es fanática de las cosas dulces como tú —Amaya escuchaba el relato más que interesada. El resto estaba igual.

—Fue algo así como un flechazo inmediato —soltó emocionada Lia—. ¡Eso es tan romántico!

—¿Y cómo era ella? —la curiosidad picó a ambas gemelas.

—Tenía una bonita sonrisa. Era agradable —dijo como podía, ya tenía la boca llena de gomitas ácidas.

—Espero podamos conocerla —expresó Sora. Por alguna razón estaba emocionada por conocer a la chica que llamó la atención del peli morado.

Al fin llegaron a una zona en la que consideraron podrían probar suerte y seleccionar a la afortunada que consolaría el solitario corazón de Murasakibara. Así que se posicionaron justo en el centro, para tener una panorámica de todo el sitio y comenzaron a dar sus propuestas.

—Esa del bañador rojo parece muy buena opción —Seijuurou fue el primero en nominar. Instintivamente todos enfocaron su atención en la susodicha.

—Parce una mujer culta —espetó Kise, agudizando su mirada para tratar de leer el título que poseía el libro.

—Pone "Geometría Analítica Avanzada"… Mi vista es muy buena, Kise —se jactaba Hadrien.

—Pero ¿quién viene a la playa a leer esa clase de cosas? —Motoharu no comprendía a las chicas o específicamente hablando, a esa mujer.

—Supongo que eso no le molestara a Murasakibara-kun. Aunque…

—Creo que es imposible que congenien —advertía el danés—. ¿Ya vieron lo que está comiendo?

—Seguramente lo obliga a seguir una dieta rica en vegetales y le prohíbe los dulces —Kasamatsu sabía del poder de convencimiento de las mujeres.

—Así que está descartada totalmente —sentenciaba Kagami sin mayor dilación.

Habrían de pasar no más de cinco minutos antes de que alguien ofertará a una posible pareja del grandote.

—¿Qué les parece ella? No luce como alguien que se preocupe por las calorías —Taiga fue el siguiente en aportar su granito de arena a la noble causa.

—No lo sé, Kagamicchi….Creo que come…demasiado…—la joven en cuestión tenía un mundo de comida frente a ella y los degustaba felizmente sentada y con una cerveza en mano.

—Más allá de su apetito, luce como alguien que le atraería a Atsushi —el alemán ya conocía a su grandote amigo como para salir con comentarios como esos—. Podría funcionar.

—¿Pero se dan cuenta de que entre los gastos de Atsushi por sus dulces y los que ella genere por su amor por la comida, será algo así como su perdición financiera? —Marko tocó un buen punto—. Dudo que alguno quiera renunciar a su amor incondicional por el otro.

—La gente que se obsesiona con esta clase de cosas, es difícil que lo deje y más por un tercero —¿por qué Kuroko estaba mirando a Kagami y a Aomine? ¿Cuál era su motivo? ¿Les estaba echando una pedrada acaso?

—Creo que te has buscado alguien que es tu versión femenina, Bakagami —y posiblemente Daiki tuviera razón.

—Una relación como esa está condenada al fracaso absoluto —expresó explícitamente Akashi. Si él lo decía es porque tenía la jodida razón.

—¿Y qué hay de aquella joven de allí? La que está recogiendo caracolas —Midorima, sin más remedio, eligió.

—¿Otra vez con tu fetichismo de las mayores, Shintarou?

—¡Claro que no, Akashi!

—A mí parecer es muy buena —Ryouta dio su sello de aprobación.

—Posee la altura adecuada y es bonita —Hadrien asintió y felicitó al peli verde—. Pensaba que haber elegido a Amaya había sido un golpe de buen gusto fortuito.

—Parece normal —agregaba Taiga—. Y al parecer tiene una buena amiga.

—Las amigas pueden ser una gran aliada o tu peor enemigo —Turletti sabía de eso; ya había pasado por malos momentos por no ser del agrado de las amigas de sus ex parejas.

—Seguramente nuestro Atsushi se la echa en la bolsa —si ya se había ganado a sus novias, ¿por qué no a una más? Era así como pensaba el buen alemán.

—Saben… creo que son demasiado cercanas —la cara de Yukio estaba rápidamente poniéndose roja como la grana. Y cuando le dieron otro vistazo a la joven, entendieron el porqué.

—Olvídalo viejo, va a odiarlo en cuanto lo conozca —Zabeck parpadeó un par de veces antes de asimilar lo que sus dorados ojos estaban admirando—. ¡Está claro que son algo más que súper mejores amigas!

—¡Se están….! —Motoharu ya no venía nada más, Ryouta le había cubierto los ojos.

—¡Motocchi, no debes ver esta clase de cosas! —claro, él sí podía admirar la escena sin problema alguno.

—Esta clase de experiencia es nueva para mí.

—Akashi-kun, me daría miedo de que dieras una respuesta diferente.

—¡Y ustedes cuatro dejen de estar de pervertidos y con esa cara de idiotas! —soltó "amablemente" el italiano mientras les daba unas "suaves patadas" a esos pasmados hombres que seguían tontos por haber visto a dos chicas demostrarse su cariño.

—Maldito puritano que no sabe de los placeres terrenales…—el alemán sobaba su espalda. Él igual que Aomine, Kasamatsu y Kagami.

—¡Soy tu senpai, respétame mocoso! —Yukio le devolvió el gesto al castaño. Era tan raro ver al pelinegro golpear a alguien que no fuera Kise.

—Golpéalo más —demandaba el moreno.

—Idiota, pegas como una mula —a Kagami le había tocado un seco puñetazo en su estómago.

—Haciendo esto a un lado… ¿Qué tal la chica de allá? Es bastante agraciada y no parece tener gustos diferentes —Ryouta habló y todos analizaron a la nueva prospecto.

—Oh, está jugando a eso que los japoneses aman hacer en verano…—decía Leo intrigado por el afán de los nipones en romper una sandía con un bat para después comerla.

—Yo quiero hacer eso —soltó tal cual niño chiquito, Marko.

—Yo también —terciaba Hadrien. Todos les miraron como bichos raros; extranjeros al fin y al cabo.

—¿No creen que le está dando demasiado duro a esa pobre sandía? —cuestionó Moto. No quería ser esa fruta por nada del mundo.

—Creo que ya no es comestible siquiera…—Shintarou empezaba a temer por esa mujer. Era demasiado violenta.

—Por lo visto, Kise-kun eligió a alguien que inconscientemente le recuerda a Kimura-kun —Kuroko el analista se hizo presente—. Ya saben que tiene ciertos y extraños fetiches.

—Ah, hablas de su masoquismo. Sí, posiblemente tengas razón. Pero a Atsushi no creo que le guste eso, así que está descartada —Hadrien continúo con las bromitas de Tetsu.

—No a todos nos gusta el maltrato físico, idiota —Kasamatsu le dio su bien merecida patadita.

—Dejando a un lado el caso perdido que es Ryouta, enfoquémonos en lo que estamos —pedía Akashi a todos. Nuevamente Kise fue ignorado en su lloriqueo.

—¿Y qué tal ella? Luce bastante bien y no parece ni violenta, ni lesbiana, ni ñoña, ni troglodita —el alemán ya se estaba tardando en nominar a su favorita

—Me da miedo el contemplar que has elegido tan bien –el peli blanco simplemente no podía pasar la oportunidad para burlarse.

—No creo que sea buena influencia para Atsushi —habló Moto.

—Solamente se está tomando una cerveza, no es para tanto.

—Sí, bueno, también tiene un cigarrillo en su otra mano —señalaba Kagami.

—Sería total contraproducente —remarcaba Akashi y todos estaban de acuerdo con él; menos Hadrien.

—Malditos moralistas…

—¿Y la de allí? Esa pelirroja —Moto sorprendió a todos por sus buenos gustos.

—Te felicito por tan buena elección –el alemán sonría de oreja a oreja—. Fácilmente es copa D, es tan alta como Ju y claramente se ve que le gusta cuidar su apariencia… Una pelirroja ardiente con una mirada seductora.

—¿Siempre es así cuando busca mujeres? —preguntó casual Yukio.

—Está siendo decente porque están aquí —respondía Turletti tras suspirar.

—¿Y cómo demonios podrá hacer que una mujer como esa le haga caso siquiera? —Daiki no se imaginaba a Murasakibara cautivando a esa mujer ni de coña.

—Ese es un buen punto, Aominecchi. Podríamos darles consejos y rezar porque todo salga bien…

—Necesitaríamos algo más que eso con ese idiota de los dulces.

—Si alguien como Kagami-kun y Aomine-kun lograron que dos chicas como Kiyoe-kun y Axelle-kun les hicieran caso y se interesaran por ellos sentimentalmente hablando, no creo que Murasakibara-kun tenga problemas con esa chica.

—¡Maldito bastardo! —los intentos de esos dos ases de Tokio por darle su escarmiento a Kuroko por ofenderlos tan abiertamente, fueron inútiles.

—Mmm… Creo que será una misión imposible —Hadrien analizó mejor la situación y sin importar lo que pensara, Atsushi simplemente no iba a estar a la altura—. Hasta a mí me costaría conseguirla.

—Mejor sigamos el plan B —mencionaba el rubio. Y ese consistía en comprarle las golosinas suficientes para que Murasakibara se enfocara en ellas, muy lejos de sus chicas.

Para cuando llegaron, las chicas no estaban en donde las habían dejado, sino también el ambiente estaba de lo más movido. La llegada de la tarde no solo había logrado que se dieran cuenta de que las horas habían volado, sino que también significaba que el ambiente en la playa estaba por ponerse mucho mejor.

Se escuchaba la movida música colarse desde una sola dirección. La misma que marcaba el camino que debían de seguir.

Las golosinas se fueron contra el suelo por buenas razones que no sabían cómo asimilar adecuadamente.

Quien pensara que Murasakibara no podía divertirse y gozar del ritmo de la música, en este momento estaba tragándose sus palabras. Es que estaba allí, en medio de esa pista improvisada rodeado ni de nada menos que por ciertas chicas. Incluso alguien como Aoi que no era partidaria de ese tipo de cosas, estaba intentando ambientarse tanto por el hecho de que Sora le ayudaba a bailar de manera más espontánea, como por Mila, que también la había llevado a la pista.

Amaya que apenas se acostumbraba a ese mundo no estaba incomoda en lo más mínimo, Noa y Lia se encargaban de orientarla adecuadamente.

Y bueno, estaba de más decir que Axelle y Ju parecían estar en su ambiente nativo y no les incordiaba que muchas miradillas se fueran hacia ellas y su excelente maestría para el baile.

—¡¿Qué?! ¿Por qué nadie me dijo que iba a haber fiesta? No se diga más —a Hadrien esas cosas le podían mucho, así que sin más se fue en busca de alguna bebida y se unió al alegre ambiente.

—Así es como debe de ser una visita a la playa —Marko tampoco se resistía a esos tópicos, y se fue de allí junto con Motoharu y Leo. Ellos sí sabían cómo divertirse.

—Se han ido…—suspiró Kise. Aunque sus doradas pupilas observaban a Aoi y sus torpes movimientos en un intento casi fallido de bailar; pero admitía que le gustaba apreciar esa facete nueva en su persona.

—¿Y qué se supone que hagamos ahora? —cuestionaba Yukio, claramente embobado en su novia, quien se movía bastante bien.

—Unirnos a la fiesta —Akashi, sorprendiéndoles de maneras inesperadas.

A Kise no le había costado trabajo alguno incorporarse a la fiesta. Lo verdaderamente difícil había sido el no ser hostigado por las damiselas que le reconocieron y quisieron coquetearle; una ventaja que Aoi estuviera cerca y les indicara sutilmente que ese hombre no venía solo.

—Nunca creí vivir lo suficiente para verte bailar, Aoi —mencionó con esa sonrisa tan maravillosa que adornaba sus labios cada que le dirigía la palabra.

—Cállate —bufó, atravesándole con una miradilla digna de ella—. No estoy haciéndolo por gusto. Es que no podía dejar sola a Sora y que alguien intentara sobrepasarse.

—Igual es genial que intentes cosas nuevas –y ahí estaba una vez más ese bonito tono que tanto le calaba y doblegaba su orgullo—. Disculpa por lo de la mañana, fui un completo idiota y me dejé llevar —expresó tan sinceramente que la castaña se quedó callada y no dijo nada.

—…Qué injusto eres…—odiaba que tuviera ese poder sobre ella. Aunque tampoco podía negar que lo extrañó en todo el tiempo que estuvieron en guerra.

—Vamos, podemos bailar algo menos movido —la pobre chica fue tomada por sorpresa. La había cogido de la cintura y tomaba su mano libre entre la suya; nada como un baile entre pareja, con la distancia dictada en centímetros.

—¡Ryouta! —se ruborizó tenuemente. Estaba demasiada próxima al blondo que podía sentir prácticamente su respiración sobre sus labios—. Tonto.

—¿Por ponerme un poco romántico? —siseó, agudizando su mirada. Ella le piso el pie a propósito para que dejara ese rollo y cesara de avergonzarla y hacerle pensar cosas cursis.

Marko por su lado le había pedido a cierta amiga suya permiso para que le dejara llevarse consigo a Ju y pudieran disfrutar un poco de la fiesta en pareja.

—Sé que mi comportamiento ha sido espantoso en este día, Ju. Pero nunca ha sido mi intención hacerte sentir mal al respecto, sabes…—ya no podía seguir hablando, no cuando ella había decidido ofertarle su opinión a través de un pausado pero profundo beso.

—Tú no eres tan inconsciente como el resto de tus amigos, así que está bien…—le susurró. Ya se había encargado de hacer de su baile algo más lento. Era como un pequeño vals entre ambos.

—Eres la primera que no arma todo un drama por Axelle, ¿sabes?

—La conozco desde hace años y estuvimos dándonos ánimos mutuamente después de que nos rompieron el corazón —mencionó sin emoción alguna al respecto.

—Sí, creo que eso es de gran ayuda —sonreía de oreja a oreja, ella simplemente le devolvió el gesto.

—Sería divertido que de vez en cuando fueras un poco más celoso —notificó deliberadamente.

—Sabes que no puedo —se disculpó—. Además, tú los mandas directo a la "friendzone". Como lo hiciste conmigo el año pasado —mencionó casual.

—Había que ponerte a prueba —bromeó cínica.

Yukio por su lado estaba totalmente inmóvil. Sin importar lo mucho que le animara su pareja para que se pusiera a bailar, sencillamente la rigidez no le abandonaba y claro, tenerla tan cerca tampoco estaba ayudándole.

—¿No me digas que tienes nervios? —inquirió divertida—. Vamos Yukio, debes recompensarme por tu mal comportamiento.

—¡Yo lo…lo…l—lo siento, pero no puedo hacer esa clase de cosas! —tartamudeó como si apenas aprendiera a hablar. Y claro, también estaba algo rojo; ella estaba muy cerca con ese lindo traje de baño.

—Si sigues así no te perdonaré por dejar que otras mujeres se te estuvieran restregando —le reclamó claramente y él suspiró, sintiéndose miserable; después de todo lo que esa chica le soportaba y le salía con una bajeza como esa.

—Haré lo que me pidas para que me perdones, Elin —mencionó, ya recompuesto y sonriéndole.

—Dame un beso —pidió. Él por su lado abrió los ojos a no más poder.

—¡¿B—Besar…Besarte?! —es que él nunca había hecho algo como eso. Ella siempre la de la iniciativa, siempre.

—Si lo haces, retiraré mi ley de hielo contra ti, Yukio —él sabía que hablaba muy en serio, pero lo que le pedía era complicado para él sabiendo cómo reaccionaba ante las mujeres. Pero se estaba quedando sin opciones.

—E—Está bien…—tomó aire hasta donde sus pulmones se lo permitían. Hizo de sus manos temblorosos puños y miró fijamente a su chica. Solamente sentía cómo se le aceleraba el corazón con cada paso que daba hacia ella; sin embargo, debía de ser firme—. N—No soy…demasiado bueno, así que no…te burles —pidió notoriamente apenado.

—Claro que no —le ofertó una sonrisilla.

—B—Bien…—ya estaban a nada de distancia y podía apreciar detalladamente el rostro de la danesa. Ella era sencillamente hermosa y se sintió aún más nervioso.

—Vamos Yukio, me impaciento —mencionó pícaramente. Al otro el corazón amenazaba con salírsele del pecho—. Me alegra que no hayas perdido uno de tus mayores encantos —lo siguiente que experimentó fue la suavidad de esos labios con los suyos. Había sido prácticamente efímero, pero lo había disfrutado—. Tontito —el pobre chico estaba anonadado y tembloroso; demasiado para un solo día.

Kagami indudablemente no servía para el baile porque ya había pisado a Kiyoe en más de una ocasión y esta simplemente le devolvía la gracia golpeándole el abdomen.

—Tarado, fíjate por dónde mueves tus enormes pies —le gruñó.

—Tú fuiste la que quería que bailara, ¿no? —chasqueó.

—Pensé que habías mejorado —se quejó—. Eres un idiota troglodita, hasta el tonto de Ahomine es mejor hombre que tú.

—¿Ah?¡¿Pero qué rayos estás diciendo?! ¡Es un maldito pervertido que solo piensa en grandes pechos!

—Pues ese pervertido está intentando arreglar sus cosas con Axelle, no como "otro" que conozco.

—Tsk… Eres una pesada —suspiró con cansancio. Esa chica le sacaba de sus casillas fácilmente—. Ya, lo siento… Lamento haberme dejado llevar por esas chicas y haberte apostado como si fueras moneda de cambio —cabía mencionar que lo dijo de mala gana y torciéndole la cara.

—Al menos regálame flores o algo, gran idiota.

—Yo no sé de esas cosas —aulló. Aunque inmediatamente sonrió solamente para llevar a cabo su pequeña travesura. Ahora su escandalosa novia estaba calladita, disfrutando del sabor de sus labios.

Lo único que ella sabía es que estaba siendo alejada de la pista de baile sin que pudiera ejercer lucha alguna. La habían tomado del brazo repentinamente que para cuando reaccionó se encontraba apreciando esos hermosos ojos azules.

—Daiki, quiero seguir bailando. Así que lamento mucho que a ti no te guste, pero…—él era de esos que tomaban lo que deseaban cuando querían y del modo que más les placiera. Esa era la razón principal por la que había pasado de sus palabras a sus labios.

—No me hace gracia que todos ellos te estén mirando de esa manera y no va a terminar este día sin tener mi tiempo a solas contigo —aseveró seriamente—. Así que te quedarás aquí te guste o no —antes de que un monosílabo pudiera escapar de sus labios, ya había logrado que se sentara sobre la suave arena, entre sus piernas y envolviéndole entre sus brazos.

—Pues deberías decirle eso a todas esas chicas que querían atenderte hace unas horas atrás —de repente sintió sobre su hombro su mentón. Allí estaba esa mirada burlona, mosqueándole.

—Olvida eso, ¿quieres? No me interesa ninguna otra mujer —su cintura había sido rodeada por los brazos del moreno. En definitiva, él no iba a dejarla ir hasta que así lo quisiera.

—Estoy esperando mi disculpa, Aomine Daiki —mencionó alegremente. Su novio por su lado únicamente torció el ceño. Las disculpas no iban bien con su orgullo.

—No volverá a pasar si tú no le coqueteas a todo hombre que se te cruce en el camino.

—¿Estás amenazándome? Tienes agallas —soltó, desviando su mirada con enfado—. Coquetearé con quien yo quiera si sigues con esa mentalidad y sabes que hablo en serio.

—Lo sé, eres una vengativa de lo peor —suavizó un poco su voz y respiró hondamente—. No volverá a pasar —sintió la cabeza de la rubia descansando sobre su pecho; esa era su manera de aceptar su particular disculpa.

—Calla, tú me haces ser así —confesó sin mucho ánimo.

—Entonces está bien que seas de ese modo —claramente estaba sonriendo con orgullo por ponerle en tan precaria situación.

Incluso alguien como Hadrien estaba disfrutando del entorno aun cuando había parejitas por doquier. Por lo menos contaba con una amena compañía que estaba en el mismo predicamento que él.

—Es bueno ver que todos han logrado reconciliarse —sus castañas miradas iban entre cada parejita. Todos estaban en paz al fin.

—A Kuroko le bastó con una disculpa y llamarle al fin por su nombre de pila —le dio un trago a su naranjada preparada y prosiguió—. Akashi como siempre, con el buen verbo. Midorima al menos es bueno disculpándose —todavía le daba risa el recordar al enorme tirador hacer esa reverencia para pedirle perdón a Amaya—. Motoharu sabe cómo arreglar sus problemas y bueno, Leo es Leo y es imposible no disculparlo.

—Tus amigos son muy divertidos y particulares Fue una gran idea el venir al viaje. Gracias por invitarme —expresó. Su mirada estaba puesta sobre el contenido de su vaso plástico.

—No hay de qué. Este viaje es más divertido entre más seamos —sonrió ampliamente—. Me alegra que te la estés pasando bien, aun con las locuras que has visto y a las cuales seguramente no estás acostumbrada.

—Descuida, no es cosa del otro mundo.

—Aprovechando que tu hermana no está atenta, ¿te parece si bailamos un poco? —le invitó. Ella se quedó sin ideas durante unos largos segundos antes de sacudir su cabeza; se sentía ridícula.

—P-Por supuesto —fue así como se aproximaron nuevamente hacia la pista, lejos del campo de visión de Aoi y Kise.

—Seguramente solamente sabes bailes de salón —ella asintió apenada. Él tan bueno para esos temas y ella tan torpe—. Así que hagamos eso —Sora se sentía nerviosa, teniendo tan cerca al chico mientras le guiaba y podía oler su loción en combinación con su piel; demasiado para su frágil corazón.

—E-Eres bueno para esto también –le felicitó.

—Mi hermana me obligaba a que fuera su pareja de salón —recordó con desgano—. Es por eso más que nada.

—Imagino cómo debiste de haberte divertido —se burló.

—Era como ver crecer el pasto —le siguió el juego—. Esto sin duda es más entretenido. Únicamente espero que ninguno haga nada para que esas mujeres quieran volvernos a poner esas camisas.

—Lia es muy ingeniosa y astuta.

—Si eres lista, no la harás enfadar. Le gusta hacer llorar a las chicas —mencionó entre una mezcla de seriedad y broma.

—¿De verdad? Me parece muy buena gente, alegre y dedicada.

—…Estás rodeada de gente cuya apariencia es engañosa —habló tanto por sus amigos como por él mismo.

Para cuando la noche había caído, parecía ser que se llevaría a cabo un pequeño pero concurrido evento. Uno que muchos no deseaban perderse, especialmente por el premio que ofertaban y claro, el método que se emplearía para acceder a este.

Pero esto podría pasar desapercibido por ellas, sino fuera porque hubo alguien que empezó a desafiar a un par de chicas.

—Estoy segura de que si tuviéramos una competencia entre las dos, ganaría.

—¿Tan segura estás de ello, Ju? —lanzaba Axelle con una sonrisa burlona.

—Así que una competencia de Shots —Lia contempló que ya había empezado la ronda de los chicos. Nunca había participado en algo como eso—. Participemos, Axelle. Quiero intentarlo.

—¿Estás segura, Lia? —Elin no se lo creía.

—Por supuesto. Suena bien…Nada como competir entre nosotras.

—Yo también quiero intentarlo —decía animosa Mila.

—No tengo demasiado aguante con las bebidas alcohólicas —suspiraba Noa. Eso le quitaría ventaja.

—Hagámoslo por diversión, chicas —incluso Momoi deseaba participar. ¿Pero cómo no? Estaba demasiado feliz de que Tetsu al fin la llamara por su nombre de pila.

—¿Qué dices Aoi, te nos unes? –curioseaba la francesa.

—Mmm…. No soy fanática de estas cosas, no obstante…—en cuanto miró la jugosa cantidad de dinero que daban a quien aguantara más shots, las cosas cambiaron. Aún tenía pendientes que pagar—. Creo que participaré.

—¿Qué es lo que tienen planeado ahora? —Kagami no se fiaba de ese grupo de mujeres y mucho menos cuando se aproximaron hacia esa especie de barra libre improvisada.

—Van a participar en el concurso de shots —Hadrien siempre iba un paso delante de todos.

—Recuerdo cuando participamos en uno —relataba Marko con plena calma.

—Han tenido una vida…muy salvaje —soltó temeroso Kise.

—No podemos dejar que participen en algo como eso —Yukio velaba por la seguridad de su danesa.

—Demasiado tarde, ya se inscribieron y el concurso está por comenzar —les notificaba el alemán. En ese momento todos notaron a esas descaradas mujeres sentarse al tiempo que iban colocando esos condenados vasos llenos de tequila.

—¡Aoi! —gritó inútilmente Ryouta. La ronda había dado inicio teniendo a Sora de árbitro; claramente la castaña no la iba a dejar participar.

Era una apuesta contra reloj. Era ver cuántos caballitos se empinaban en un período de cinco minutos. Algo así como una manera rápida y efectiva de subir los niveles de metanol en la sangre.

Los chicos solamente podían mirar estupefactos la fiera competencia. Ninguna quería ceder ya fuera por orgullo o por el premio. Solamente veían cómo los vasos se vaciaban.

—Lo veo y no lo creo…—Motoharu no sabía quién le daba más asombro, Mila o su hermana.

—Ju tiene bastante aguante para estas cosas. Aunque no sé si eso sirva para el tequila —el italiano notó que su novia iba en los cuatro primeros puestos.

—Axelle está dando la batalla —parpadeaba Aomine perplejo.

—Lia tampoco lo hace nada mal —habló Akashi.

—Mi hermana está que arrasa —Moto le echaba porra a su novia y hermana con enorme ahínco.

—Pero quien sin duda me tiene sorprendido…es Amaya —a Hadrien estaba a punto de caérsele la quijada al suelo—. Ella no parece esa clase de chica.

La campanilla de término resonó, dejando a un sorpresivo ganador.

—¡La ganadora indiscutible es Miura Amaya! —habló el organizador fuerte y claro. Todos aplaudieron a la joven.

—La garganta me quema un poco —murmuraba tras dirigirse hacia los chicos. Aparentemente las demás querían permanecer un tiempo más sentadas a la barra; y eso no era una buena señal.

—¿No está sin ligeramente…mareada, Amaya? —interrogó un Midorima incrédulo de verla en todos sus sentidos.

—Aunque suene raro, sí, lo estoy. Pero no sé si sea el mismo caso para cada una de ellas —indicó, viendo de soslayo a sus amigas.

—Vayamos a ver cómo están —proponía Motoharu.

Era imposible que esas chicas no experimentaran secuelas después de haber consumido tanto alcohol en tan breve período de tiempo. Era casi un hecho de que al menos estarían mareadas y desconcertadas. Y bueno, no les quedaba más elección que sacarlas de allí.

—Andando, Axelle. Tenemos que irnos ya —el moreno movía a la somnolienta chica que quería dormirse sobre la barra.

—No quiero caminar, así que llévame cargando —soltó, poniéndose de pie rápidamente y pegándose al moreno tal como estrella del mar a una roca marina.

—Maldita sea, estás…borracha —suspiró. Sabía de qué iba a ser la noche.

—Aoi, hora de irnos al hostal —la chica a diferencia del resto estaba sentada de frente, clavando su mirada en el blondo.

—Debes pedirme las cosas con mayor amabilidad, Ryou-chan —que le llamara así lo dejó patidifuso y que luego se le lanzara a sus brazos como una damisela en apuros, dispuesta a ser abrazada protectoramente, prácticamente lo hizo colapsar.

—¡¿Quién eres y qué le hiciste a mi novia?!

—Ju, tenemos que irnos ya –era inútil, la joven se había quedado profundamente dormida después de los dieciocho shots que se tomó—. Al menos está tranquila.

—Mila, vamos, hay que marcharnos —Moto ahora tenía el sabor del tequila abriéndole las pupilas gustativas. Ella había atendido a su llamado, pero a cambio obtuvo un efusivo y repentino beso. Ella jamás había hecho eso antes—. ¡¿M—Mila?!

—Lia, diste una buena pelea —lo siguiente qué pasó dejó confusos al resto. La mujer estaba hablando en italiano mientras abrazaba amorosamente a Akashi.

—Por tu cara no creo que esté diciéndole frases de amor —Hadrien miró a Marko con los ojos abiertos como platos soperos mientras cargaba a la peli blanca en brazos.

—No, no voy a traducirte lo que está diciendo —agregó con otro trauma más a su lista. Y que Akashi le sonriera y le respondiera en el mismo idioma no ayudaba a su frágil corazón.

—¿Elin? —Yukio estaba más que extrañado por el comportamiento que la danesa estaba teniendo. No quería que se le acercara; era como si tuviera pavor de los chicos.

—¡Deja de golpearme, tonta! No te obligué a que participaras y te emborracharas —porque Kagami no se salvaba, esa mujer continuaba siendo violenta. Pero con exceso de copas, lo era aún más.

—No estés como idiota y vamos a hacerlo –la mujer ya estaba arrastrando a Taiga hacia quién sabe dónde.

—Menos mal que nosotros estamos íntegros, porque estos sujetos van a necesitar toda la ayuda posible —habló Hadrien viendo lo que el alcohol le había hecho a cada una de esas mujeres. La noche iba a ser larga y probablemente nadie dormiría.