Hola otra vez.
Una vez más, gracias por sus reviews :D
¡Ah! Y olvidé mencionar que el título del fic "Videre" significa Ver en latín :)
Los dejo con el siguiente capítulo que es posible me haya quedado un poquito nerd y cursi... pero no me arrepiento xD espero que les guste.
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PARTE III
- ¿Puedes creerlo?- preguntó Kara a su hermana mientras devoraba la quinta rosquilla glaseada de la caja que le había llevado Alex. - Es claro que no está bien, no puede dormir, tiene ataques de pánico, Amy la está medicando, casi no come, no quiere otra opinión médica, está pensando en vender acciones de L-Corp y-
- Kara, respira. - le recordó Alex colocando una mano sobre su brazo.
La rubia detuvo su frenético discurso y mordió la rosquilla mientras se las arreglaba para mantener el gesto angustiado en su rostro.
- En algunos casos los medicamentos pueden ayudar, eso no es algo necesariamente malo. - le dijo Alex - Pero es importante vigilar las dosis porque pueden causar adicción. Se supone que la están tratando profesionales así que no creo que tengas que preocuparte. Respecto a lo de su compañía y lo demás... dale tiempo, no está viviendo algo fácil. Es normal que se sienta sobrepasada por todo esto. Sólo puedes estar ahí para ella.
- ¡Lo estaría si me dejara! Todo el tiempo. Pero todavía no estoy segura de que me haya perdonado.
Alex sonrió mientras la observaba tomar la sexta rosquilla, esta vez de chocolate.
- ¿Vas a verla hoy?
La rubia asintió.
- Espero que lo que tengo pensado la distraiga un poco.
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- Kara, si vas a jugarme una broma te juro que-
- Por supuesto que no.
Lena suspiró, se acomodó en el sofá y extendió la mano que no tenía lastimada.
- Sólo son pequeños muñecos de felpa casi del tamaño de tu mano, y tienes que identificar cuál es tan solo tocándolo.
- Esto es estúpido.
- ¡Hey!
- Lo siento.
- Me gasté una fortuna en esto, y no quieres jugar conmigo. Los guardias en la entrada de tu edificio me retuvieron más de lo necesario para revisarlos.
Era cierto, aunque las caras del personal de seguridad cuando tuvo que vaciar la bolsa y se encontraron con unos treinta animales de felpa había sido lo mejor. El tono ofendido de Kara al parecer consiguió hacer sentir culpable a Lena.
- No quise decir eso, perdóname.
- No hay problema- le dijo Kara, tocando levemente su brazo para reafirmárselo. -Vamos a empezar. Si aciertas más de diez veces tienes derecho a elegir la comida.
- Trato hecho.- respondió Lena.
Kara le entregó el primer muñeco, Lena lo tomó entre sus manos y lo tocó durante varios segundos, sintiendo la forma, textura y tratando de guiarse por los pequeños detalles para adivinar qué tipo de animal era.
- ¿Es un oso?- le dijo.
- Correcto. Siguiente.
Kara retiró el pequeño oso y colocó el siguiente muñeco entre las manos de Lena, que se tardó varios segundos en identificarlo.
- Supongo que es un gato...
- ¡Es un jaguar!
- ¿Cómo se supone que voy a saber eso?
- Voy a ser generosa y te concederé el acierto. Además te voy a dar una pista si se te complica. Pero solo tienes derecho a tres.
- Creo que eso lo acabas de inventar. Improvisar las reglas de juego es prácticamente trampa.
- Voy a ignorar tu comentario porque repito, estoy siendo generosa.
- Dame el otro muñeco antes de que me arrepienta de esto. – le dijo Lena, fingiendo un tono ofendido.
Kara se lo dio con una sonrisa a medias.
- Esto es un pulpo.
- En realidad es un calamar…
- Este juego está arreglado. – se quejó Lena, y Kara se rió abiertamente.
- Como es un molusco voy a concederte el acierto.
- Eres muy generosa. – respondió Lena con voz azucarada.
- Lo sé. – respondió Kara con una sonrisa. – pasemos al siguiente.
Kara le entregó el muñeco de felpa.
- Dame una pista.
- ¿Estás segura?
- Sí.
- Bien... ¡wof wof!
- Es un perro.
- Bien, siguiente.
- No estoy segura, dame una pista.
- De acuerdo. ¡Bbrrrrr! - exclamó con tono agudo. Lena ahogó una carcajada.
- Es un elefante.
- No entiendo cómo no adivinaste ese.
Lena se encogió de hombros y argumentó que sólo quería asegurarse, así que Kara le entregó el siguiente muñeco.
- Mmm... Definitivamente necesito una pista.
- Lena...
- ¡Son tus reglas!
- De acuerdo... ahí va... uoaaaaaaiiiioooouuuuuu.
- ¡Jajaja!
- ¡Lena!
- Es una ballena y no sabía que hablabas cetáceo.
- ¿Te estás burlando de mí?
- Fue genial, ¿no tienes una guacamaya?
- Creo que vamos a cancelar esto.
- Es una lástima, estaba empezando a gustarme.
Kara sonrió, el gesto de Lena se veía más relajado y aunque su mirada era ausente su postura casi despreocupada le decía que había conseguido lo que quería: hacer que Lena se olvidara un momento de sus problemas.
Siguieron jugando durante varios minutos hasta que los muñecos se terminaron y Lena ganó su derecho a elegir lo que quería comer. Fue un alivio para Kara verla probar alimento y aunque le hubiera gustado que se alimentara un poco más, cualquier cosa era un avance.
- Fue divertido, es una lástima que se me hayan terminado las pistas cuando llegamos al cerdo.
- ¡Afortunadamente!
Dedicaron el resto de la tarde a ponerse al tanto de las noticias financieras en la televisión, con Lena escuchando atentamente casi sin pronunciar palabra, algo que aburrió enormemente a Kara y la hizo dormitar en innumerables ocasiones. Después de eso, Lena le pidió ayuda para leer algunos correos referentes al trabajo. Ahí se enteró que había pedido que se desarrollara un programa para que su computadora los leyera y redactara de manera asistida, a través de su voz, dado que leerlos y escribirlos por sí sola resultaba casi imposible. Era algo que estaba en desarrollo y aún hacían falta varias pruebas.
- ¿No hay algo similar en el mercado? Es decir, ese tipo de software de redacción por voz… - preguntó Kara.
- Entiendo que hay muchas herramientas para gente invidente… - le dijo Lena - pero ahora que me encuentro de este lado me doy cuenta que no son suficientes, hay cientos de cosas que te harían la vida más fácil cuando no puedes ver. Alertas sonoras, sensores de proximidad, redacción y lectura asistida, las posibilidades son enormes. Me siento un poco mal por no haber hecho algo antes de que esto me sucediera.
Kara sonrió sintiéndose orgullosa de Lena. Podía imaginarse la cantidad de cosas que su amiga podía crear para ayudar a las personas que sufrían lo mismo que ella, ya fuera de manera permanente o temporal.
El tiempo se le escapó y para cuando se dio cuenta el sol ya se había ocultado y era bien entrada la noche, Lena bostezaba a cada instante y Kara decidió que era momento de partir.
- Tengo que irme.
La muchacha de cabello negro asintió y jugueteó con el pequeño perro de felpa que prácticamente no había soltado desde que su juego había terminado.
- De acuerdo.
Le pareció identificar cierto grado de decepción en la voz de Lena, y quizá no era tan desacertada su percepción a juzgar por el gesto acongojado en su rostro.
Un relámpago seguido de un trueno la sobresaltó por un segundo. Parecía que se avecinaba una tormenta.
- ¿Quieres que te acompañe a tu habitación? - preguntó Kara.
- Estoy intentando hacer eso sola pero... sí, la última vez casi me rompo el otro brazo, así que agradecería un poco de ayuda.
- Vamos. - le dijo Kara, poniéndose de pie y acercándose a ella para después tomarla de la mano y ayudarla a levantarse.
Caminó delante de ella guiándola con facilidad a través de la sala, el pasillo y finalmente su habitación. Un trueno se volvió a escuchar y Kara percibió la mano de Lena aferrándose con más fuerza. Fue algo que duró dos segundos pero que sólo se hizo más notorio porque Lena retiró la mano de manera súbita, torpemente y a destiempo como si hubiera querido disimularlo. Kara decidió no hacer comentarios.
- ¿Necesitas algo? - le preguntó Kara, observándola con atención.
- No. Gracias. Procuro acomodar las cosas en el mismo lugar siempre. La ropa para dormir siempre debe estar aquí.
Lena se dio media vuelta y dio algunos pasos de manera lenta y calculada hasta un clóset que contaba con varios cajones. Kara no quería entrometerse demasiado así que mantuvo distancia sin dejar de observarla en caso de que necesitara asistencia. Finalmente su amiga llegó y colocó una mano sobre el clóset buscando la agarradera del primer cajón. Otro trueno se escuchó y Kara observó por la ventana. Iba a tener que volver en taxi porque sinceramente no quería mojarse. Para cuando regresó la mirada a Lena era evidente lo afectada que estaba. Había dejado de buscar la ropa y aferraba el borde del cajón con fuerza.
- Lena...
- Dame un minuto.- le respondió.
Ella sabía que eso no era suficiente. Se acercó a ella y la tomó de una mano para apartarla del mueble.
- Oye, tranquila... no pasa nada.
La condujo con calma al borde de la cama y la sentó ahí sin dejar de trazar delicados círculos con su pulgar en el dorso de su mano.
- Respira.
- Es sólo... el sonido... – le dijo con voz entrecortada, justo en el momento en el que se escuchó otro estruendo. - Diablos. - murmuró inclinándose y haciendo una mueca de dolor porque sus lesiones en las costillas aún no sanaban por completo. Kara tuvo que arrodillarse para mantenerse cerca y hablarle.
- Escúchame, es sólo la lluvia. Trata de incorporarte, te vas a lastimar más.
Pero Lena perdió la batalla contra el pánico, se encogió aún más y empezó a hiperventilarse, Kara la sostuvo e intentaba calmarla pidiéndole que regulara su respiración, mientras había pasado de sostener sus manos a acariciar suavemente su nuca, esperando que eso la relajara un poco.
- Lena escúchame, estoy aquí. Tranquila.
Aquello pareció surtir efecto. La menor de los Luthor se incorporó un poco y buscó el rostro de Kara con una de sus manos, con un sentido de urgencia que sobrepasó un poco a la rubia. Era como si quisiera asegurarse de que realmente estaba ahí. Temblaba y tenía las manos heladas. Encontró su mejilla y a Kara no le importó la ausencia de delicadeza cuando deslizó su mano temblorosa por casi todo su rostro. Lena tenía la cara pálida y sudorosa, los músculos del cuello tensos y parecía que intentaba por todos los medios contenerse para no aferrarla demasiado fuerte.
- Está bien, no voy a romperme. - le dijo, sin esperar una respuesta, así que cuando Lena soltó una risa ahogada intentando atenuar la desesperación, ella no pudo evitar sonreír aunque con cierta tristeza. - Ya está. No pasa nada.
Le llevó un par de minutos más volver a la normalidad, mientras Kara permanecía hincada sobre el piso y observándola con atención.
- Kara...
- ¿Cuánto tiempo llevas así?
- Desde que salí del hospital.
- ¿Pensabas decírmelo?
- Esperaba que disminuyeran con el tiempo...
- Claramente no es así. Lena, no tienes que lidiar con esto sola. No está bien. - Ella permaneció en silencio. - Dime algo.
- Estoy asustada.
Kara permaneció en silencio, no quería decirle que eso era obvio.
- Todo el tiempo recuerdo el accidente, el estruendo del choque...
- ¿Por eso te asustan los sonidos fuertes?
Lena asintió con la cabeza.
- No puedo... dejar de tener miedo Kara, entré en esta oscuridad y no encuentro la salida. Servirme un poco de agua en un vaso es una tarea difícil, bañarme, vestirme, no derramar los alimentos. Todo el tiempo Amy me tiene que ayudar. Si no puedo hacer eso yo sola, ¿cómo voy a retomar las riendas de mi compañía?
Las lágrimas corrían libres por las mejillas de Lena, y Kara, incapaz de mantener distancia, la abrazó con fuerza para intentar consolarla.
- Te conozco y sé que hallarás una manera. – le dijo, dejando que Lena hundiera el rostro en su cabello. – Y voy a ayudarte, te lo prometo. No estás en esto sola, vamos a encontrar una solución... eso sin contar el hecho de que aún no sabemos si tu condición es permanente o temporal. Ya sé que lo he mencionado varias veces, pero el DEO nos puede ayudar. ¿Qué dices?
- ¿Qué pasa si me dicen que no volveré a ver?
- Eso no lo sabemos todavía.
La muchacha se separó lentamente de Kara y sus ojos verdes permanecieron inmóviles, como si estuvieran observando el piso. Aunque Kara sabía que no podía ver, de alguna manera Lena conseguía imprimirle intensidad al gesto.
- De acuerdo.
La rubia sonrió y se puso de pie. De pronto la idea de dejar a Lena sola ya no parecía tan conveniente. Buscó las palabras para proponer lo que estaba pensando.
- Kara… ¿Te quedarías esta noche?
Se quedó con la boca abierta cuando la pregunta salió de los labios de Lena, que malinterpretó su silencio de algunos segundos.
- Solo era una sugerencia... no tienes que-
- ¡Es-está bien! Claro, sí. ¿Por qué no?
Se hubiera querido dar un golpe en la frente para dejar de tartamudear.
- Además el clima está horrible. - agregó Lena.
- No es agradable volar con lluvia. - complementó.
Lena sonrió. No hubiera sido la primera vez que volaría con lluvia, y por supuesto que peores situaciones había enfrentado, pero eso no lo dijo.
Los siguientes minutos fueron una explicación de Lena acerca de donde se encontraba todo lo que pudiera necesitar Kara durante la noche en la habitación donde se quedaría. Kara trato de poner atención pero en realidad sólo podía pensar en lo poco que había comido durante el día teniendo como consecuencia un hambre atroz en ese momento.
- En el segundo cajón hay ropa limpia para que puedas dormir.- Lena avanzó con cautela hasta el clóset y tocó el segundo cajón para abrirlo. - No estoy segura del tamaño... – le dijo, revolviendo las prendas para identificar cuál era cuál - Espero que sea de tu talla, a mí me quedan un poco grandes... - continuó, extrayendo un pantalón rojo de algodón y una camiseta blanca del mismo material.
Kara se acercó para tomar las prendas y le aseguró que sería suficiente para una noche, sin embargo una risa se le escapó de manera inevitable cuando se dio cuenta de que la camiseta llevaba el emblema de la Casa de El.
- ¿Qué pasa? – le preguntó Lena, frunciendo el ceño.
- La camiseta, tiene el emblema de la Casa de El.
El rubor en el rostro de Lena fue evidente, y la joven tan sólo atinó a abrir la boca para explicarlo pero fue incapaz de formar una oración coherente.
- Es que… no lo sé, tal vez… no recuerdo… tal vez alguien…
- Oye está bien, no me molesta. Aunque verlo en rosa no es precisamente algo que hubiera elegido.
- Ugh… - farfulló Lena, llevándose una mano a la frente y tratando de ocultar el rostro que ahora tenía tan rojo como la capa de Supergirl.
- Creo que es la primera vez que voy a dormir con algo así. – le dijo Kara, extendiendo la camiseta para observarla mientras sonreía.
- Por favor no me avergüences más. – murmuró Lena.
- Te la puedo autografiar. – susurró Kara, con el mejor tono vanidoso que pudo conseguir.
Lena extendió el brazo y alcanzó a propinarle un leve golpe en el abdomen con el puño cerrado. Kara tan sólo sonrió.
- En fin, estoy pensando en ordenar algo para cenar... - le dijo Kara, que empezó a quitarse la ropa. Sabía que no la podía ver, pero pesar de eso, desvestirse frente a Lena resultaba extraño.
- ¿Por qué no me sorprende?
- ¿Estás diciendo que como demasiado?
- Es justo lo que estoy diciendo.
Ella hizo un gesto parecido a un puchero que por supuesto Lena no pudo ver, pero continuó desvistiéndose mientras observaba a la otra joven mujer permanecer de pie regalándole una sonrisa.
- ¿Qué haces? - le preguntó, ladeando la cabeza.
- Poniéndome la ropa que me diste. - le dijo, terminando de ponerse el pantalón.
- Oh.
Quizá fue producto de su imaginación cuando notó un leve rubor ascendiendo por el cuello de su amiga hasta sus mejillas. Lena dio un paso hacia atrás tropezándose con un par de zapatos que se encontraban en el piso, trastabilló y después intentó recuperar el equilibrio solo para encontrarse con el cajón abierto del clóset. Kara alcanzó a sostenerla justo antes de que cayera.
- ¡Cuidado! - exclamó, cuando la tuvo bien sujeta de la cintura.
Lena tenía los ojos bien abiertos y una de sus manos sobre su hombro. Se quedó así más tiempo del necesario, hasta que Kara se separó un poco sin dejar de aferrarla de la cintura y Lena permaneció con la mano sobre sus hombros.
- ¿Estás bien? - preguntó Kara, incapaz de apartar la vista del rostro de Lena y preguntándose por qué estaba hablando en voz baja.
Lena asintió, deslizando la mano desde su hombro hasta su bícep... Rao, ¿por qué de pronto tenía tanto calor?
- Si necesitas algo más puedes decirme.- le dijo Lena, después de aclararse la garganta.
- Gracias.
Solo entonces fue capaz de dejarla ir.
- ¿Habías mencionado algo acerca de cenar?
Aquello consiguió alejar un poco sus pensamientos de lo que fuera que estuviera sucediendo en ese momento, y el rugido de su estómago evaporó la tensión entre ambas.
- ¿Gyozas? - preguntó Lena, alzando las cejas.
- Esa es una idea genial.- respondió Kara, prácticamente salivando con la sola imagen mental.
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- No te creo, ¿quién pensaría que alguien atorado en un columpio amerita la presencia de Supergirl? – le dijo Lena, comiendo cuidadosamente una empanadilla, sentada en posición de flor de loto sobre uno de sus sofás. Kara estaba frente a ella observándola comer y contándole cuál había sido uno de sus rescates más graciosos en su vida como Supergirl. Se lo estaba contando como si Kara Danvers hubiera estado ahí, en caso de que Amy estuviera escuchando la conversación.
- Una niña de seis años lo pensó. Era su mamá, y pidió ayuda a gritos. Por eso Supergirl la escuchó y pensó que era una situación grave.
- Que ternura.
- Dfefinifivamenfe – respondió Kara masticando uno de los gyozas y hablando al mismo tiempo. Tragó el bocado, tomó otro, y continuó con su historia. – Pero su mamá no estaba nada contenta, te aseguro que se puso de todos los colores cuando vio llegar a Supergirl. Ya estaban ahí los bomberos y la policía. Resulta que quería pasar un buen rato con su hija, pero los columpios no eran para adultos. ¡Se quedó con el trasero atorado!
Lena soltó una carcajada y Kara asintió, tomando otra gyoza y comiendo con entusiasmo.
- ¿Cómo la ayudaron? ¿Supergirl la rescató?
Kara asintió con la cabeza mientras comía, ¿por qué había comida terrícola tan deliciosa? Era un misterio del universo.
- Te juro que si no hubiera tenido consideración por la pobre mujer, me habría dado un ataque de risa. Sólo fue necesario que la levantara un poco para que jalaran el columpio con cuidado y se desatorara, obviamente no lo podía hacer a nivel de piso porque la cadena del columpio no era lo suficientemente larga. Yo sólo ofrecí apoyo moral y les tomé una foto con Supergirl, la mamá y su pequeña. Bueno, fueron dos. El antes y el después.
- ¿Una foto con la mamá atorada en el columpio?
- ¡La niña insistió!
- Eres mala, Kara Danvers. – le dijo Lena, encogiendo los ojos.
Ambas rieron.
Lena bostezó y Kara decidió que era momento de descansar, por mucho que Lena quisiera disimular su cansancio y a pesar de que apenas eran las diez de la noche.
- Creo que es momento de ir a dormir. - dijo Kara, y Lena tan sólo se limitó a asentir de manera ausente.
Afuera la lluvia no paraba pero al menos los truenos y relámpagos habían dado tregua.
Lena se puso de pie y Kara de inmediato saltó de su lugar en el sofá hasta ella.
- Yo me encargo de recoger esto, ¿te acompaño?
La muchacha de cabello negro negó con la cabeza.
- Esto lo tengo casi dominado, no soy del todo inútil.
Kara se movió un poco hacia atrás.
- No quise... sabes que no es eso.
- Lo sé. Sólo... por favor no me trates como si no pudiera hacer nada.
- De acuerdo. - respondió Kara, sintiéndose ligeramente avergonzada, sin embargo entendía la actitud de Lena.- Buenas noches - agregó Kara, mientras la observaba caminar lentamente hasta su habitación.
La rubia la siguió con la mirada hasta que desapareció detrás de la puerta deseándole buenas noches.
Kara suspiró y observó a su alrededor, decidiendo por dónde empezar a ordenar el lugar.
- Yo me encargo señorita.
Amy había aparecido casi de la nada y de inmediato empezó a ordenar el lugar.
- No es necesario... estaba a punto de-
- ¡No se preocupe! Es parte de mi trabajo.
- De acuerdo...
Después de eso, Kara entró en la habitación contigua a la de Lena dispuesta a descansar.
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A través de los años, Kara había desarrollado una especie de sexto sentido para detectar ruidos inusuales aun estando dormida. Era algo que a veces la ponía de mal humor porque ser despertada a mitad de la noche e interrumpir su sueño nunca era agradable. A veces se ponía a escuchar con atención y resultaba ser alguna situación que podía ser atendida por la policía local, otras veces tenía que salir de su cama con el traje de Supergirl para salvar la vida de alguien. En el resto de las ocasiones en las que no percibía ningún sonido, el DEO siempre estaba para alertarla.
Era por esa peculiar habilidad que se había despertado durante la madrugada escuchando sollozos y una respiración irregular en el cuarto de al lado. Saltó de la cama y corrió hacia la habitación de Lena, deteniéndose un instante antes de abrir para tocar la puerta.
- ¿Lena? ¿Estás bien?
Recibió como respuesta un gemido ahogado y decidió entrar sin su permiso explícito. Tenía que ser horrible soportar dos ataques de pánico en tan sólo un par de horas. Su amiga estaba sentada en la cama con las piernas encogidas y las rodillas tocando su pecho. Kara subió a la cama y se movió cerca de ella.
- Hey, tranquila...
Se dio cuenta de que Lena aferraba con una mano el pequeño perro de tela con el que habían jugado, cerraba los ojos y temblaba incontrolablemente.
- ¿Necesitas espacio?
Apenas fue capaz de negar con la cabeza y fue todo lo que Kara necesitó para abrazarla. A partir de ese momento se limitó a acariciar su espalda y repetirle una y otra vez que todo estaba bien, que no la iba a dejar sola y que intentara respirar con regularidad. Lena se calmó tras unos minutos de constante consuelo por parte de Kara, pero no se separó de su abrazo porque quizá el silencio de ambas no daba lugar para otra cosa. En el proceso Kara había terminado recostada con ella entre sus brazos y ahora se estaba preguntando si era normal sentirse así de cómoda en esa posición. Aunque comodidad no era la palabra del todo adecuada. Era más bien un sentimiento de pertenencia que creía no haber sentido nunca, como encajar en un lugar luego de una eternidad sin rumbo.
- Será mejor que vayas a descansar.- le dijo finalmente Lena y Kara sonrió un poco.
- Estoy bien. - murmuró - ¿estás mejor?
- Sí... gracias.
Kara se apartó un poco para darle un beso en la sien.
-Si vas a quedarte aquí estarás mejor debajo de las sábanas. - le dijo Lena, con un poco de esa seguridad que Kara le había escuchado sólo cuando negociaba con algún empresario que se resistía a cerrar un trato. Por alguna razón, a la rubia se le aceleró el corazón.
Se levantó y sin decir una palabra se metió debajo de las sábanas junto con ella y volvió a abrazarla esperando que no opusiera resistencia. No tenía claro quien estaba buscando más el contacto, si ella que se acomodó para que Lena colocara su cabeza sobre su hombro, o Lena, que se las arregló para hundir el rostro en su cuello y pasar un brazo alrededor de su cintura, mientras Kara la atraía tanto como era posible sin estrecharla demasiado para evitar lastimarla. Lena suspiró y su respiración sobre su cuello le causó un escalofrío. Esto era nuevo, confuso e incluso un poco emocionante.
- ¿Lena?
- ¿Si?
- ¿Podrías perdonarme el no haberte revelado mi identidad?
Aunque era evidente que ya no estaban en tan malos términos, Kara seguía necesitando escuchar que Lena no le guardaba resentimiento.
- Hubo un momento después del accidente en que pensé que iba a morir. – le dijo, y la sintió tomar aire y exhalar como si quisiera deshacerse de ese pensamiento. - ¿Sabes qué fue lo peor de eso? –Kara le dijo que no y Lena continuó – que no dejaba de pensar que una de las últimas cosas que había hecho había sido pelear contigo, prácticamente la única persona que puedo considerar mi amiga… así que rogué por otra oportunidad, y prometí que no lo arruinaría si se me concedía.
- Entonces…
- Te perdono… y también quiero que me perdones por haberte ocultado lo de la kriptonita.
- Está bien… sé que no lo haces para dañarme.
Hubo un silencio que se prolongó durante varios segundos y el único sonido era el de una ligera lluvia en el exterior. Kara se sentía más ligera, era como si le hubieran retirado algo del pecho que no la dejaba respirar bien.
- ¿Había tormentas en Kripton? - le preguntó Lena, y a Kara le sorprendió un poco la pregunta, al mismo tiempo que la invadió un sentimiento de nostalgia.
- No. No como aquí. Generalmente eran sólo fuertes ráfagas de viento acompañadas de algunos relámpagos. Y polvo. Mucho polvo. Si me pongo a analizarlo, prefiero las tormentas terrícolas. La furia en una tormenta es un tanto liberadora. - continuó Kara.
- Claro, lo dice alguien que no puede morir si le cae un rayo encima.
- Tú eres la científica, ¿cuáles son las probabilidades reales de que te mate un rayo?
- Una en tres millones.
- Casi las mismas de que me gane la lotería y me vuelva millonaria.
- Eso no es tan imposible.
- Lo dice alguien que en un día gana más dinero de lo que yo he ganado en toda mi vida.
Lena soltó una risa y le dio un leve golpe en las costillas. Se quedaron en silencio, respirando tranquilamente.
- Es curioso.
- ¿Qué?
- La manera en la que se agudizan tus demás sentidos cuando pierdes uno.
- ¿Lo es?
- Sí, el tacto por ejemplo. No solo se trata de poder percibir texturas o formas. Hay ciertas zonas del cuerpo que son muy sensibles y otras no tanto.
- ¿Como los dedos? – preguntó Kara, moviendo las yemas de los dedos sobre el brazo de Lena.
- Si, o los labios.
Kara desvió la mirada hacia los labios de Lena, pensando que era una suerte que la otra mujer no pudiera darse cuenta de que permanecía más tiempo del necesario observándolos.
- ¿Has escuchado hablar de las células de Merkel? – le preguntó Lena, lo que consiguió que Kara apartara la mirada de sus labios.
- Creo que no.
La verdad era que las recordaba de algún lado pero aún estaba pensando en los labios de Lena.
- Son las que transmiten los estímulos mecánicos a las neuronas más cercanas y así podemos experimentar texturas y detalles muy finos de los objetos que nos rodean. Pero sólo están en ciertas partes del cuerpo que se utilizan para sentir algo realmente sutil… como en las puntas de los dedos y los labios.
- ¿Algo tan sutil como un beso? Esas células deben ser muy felices.
¡En qué diablos estás pensando! Se reclamó mentalmente Kara, moviéndose un poco inquieta y respirando profundamente para tranquilizarse.
- Eh... sí. – respondió Lena, divertida con el comentario pero titubeante. – Por otro lado… – continuó, aclarándose la garganta y cambiando de tema, algo que Kara agradeció - No te relacionaba del todo con el tipo de persona que eligiera la lavanda.
- ¿Me estás olfateando?
- Kara...
- Sí, bueno... debe ser el shampoo.
- Pero hay algo más.
Kara se estaba poniendo nerviosa sin razón aparente, Lena hablaba en voz baja y respiraba cuidadosamente, al parecer tratando de identificar su aroma.
- Hueles a flores. - murmuró, y Kara quiso hacer una broma para aligerar la tensión en su pecho.
- ¿Plumerias?
- No… jazmín, lavanda, ¿y alguna vez has olido la naturaleza en campo abierto?… es algo así.
- Nunca me he puesto a pensar si huelo a lavanda, en lo que a mí respecta puedo oler a pizza, gyozas, café con vainilla y caramelo y creo que no me daría cuenta.
Lena soltó una risa, y continuó.
- Eso es porque nuestro cerebro eclipsa el olor personal, porque ese ya lo conoce, y da más importancia al resto de los aromas, a factores exteriores, lo hace como una especie de mecanismo de defensa. La nariz sigue advirtiendo nuestro olor natural, pero no procesa la información, porque, una vez identificado, prefiere centrar sus esfuerzos hacia nuevos estímulos olfativos. Tu cerebro kriptoniano debe funcionar de manera muy similar.
Kara estuvo a punto de decirle que cuando hablaba así se escuchaba bastante sexy, pero se preguntó enseguida de dónde diablos había sacado ese razonamiento y guardó silencio sintiéndose, otra vez, un poco agitada. Esta conversación semi-científica en medio de la madrugada estaba tomando un rumbo extraño.
Afortunadamente Lena continuó con su cátedra del sentido del olfato.
- Algunos científicos creen que los seres humanos somos capaces de identificar diez mil aromas diferentes. Aunque hay otros que creen que pueden ser muchos más. Billones.
Kara sonrió, el tono ligeramente somnoliento de su amiga le causó una sensación de tranquilidad.
- ¿Billones?
- Ajá – balbuceó Lena, luego de bostezar - Porque es una cuestión de combinación. Una rosa, por ejemplo... tiene muchos compuestos aromáticos.
- Eso suena muy interesante.
- ¿Tu olfato es diferente? Es decir, con eso de los superpoderes...
- Tal vez sea capaz de identificar más que los humanos... pero mis superpoderes me dan la habilidad de percibir un olor por mínimo que sea. Hablando de combinaciones, ¿es posible que cada persona tenga un aroma distinto?
- Sí, es un hecho. No hay dos personas que tengan el mismo olor, y ni siquiera tú te salvas de esa regla señorita kriptoniana. Sin embargo el nervio olfatorio se cansa con facilidad y para evitar procesar un número excesivo de información, decide eliminar algunos aromas, o mejor dicho, no procesarlos. Una vez más, esa es la razón por la que no puedes percibir tu aroma, o por la que te habitúas a ciertos olores a los que estás sobreexpuesta.
Se quedaron en silencio, Kara no supo en que momento había enredado las manos en el cabello de Lena, pero la sensación sedosa en la punta de sus dedos era gratificante. La muchacha gimió de manera casi imperceptible y Kara hundió la nariz en su cabello. Quiso decirle que ella dudaba cansarse en algún momento de su aroma.
- Hueles a azahar, sándalo, madera... y tú.
- ¿Yo? Eso no es un aroma. - observó Lena, al borde de la línea que dividía la conciencia del sueño.
- Lo es para mí.
No supo si Lena la escuchó, porque no dijo nada más y su respiración había caído en el ritmo propio de alguien que se ha dejado vencer por el cansancio y duerme apaciblemente. Se quedó un minuto intentando identificar ese aroma que distinguía a Lena del resto de las personas, y no pudo hacerlo del todo. Sólo sabía que era algo reconfortante, algo que le provocaba una sensación de calidez en el pecho como el aroma tibio de un incienso en una mañana invernal. Kara casi pudo sentir la manera en la que sus músculos se relajaron en el momento en el que cerró los ojos y decidió acompañar a Lena en un sueño profundo.
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- ¿Kara?
- Mmmnnoo...
- Sí.
- Nnnoo...
- Despierta.
- Mmmm...
Hubiera sido tan sencillo sucumbir a la somnolencia que Kara apretó los ojos en un intento por resistirse a esa persona que intentaba despertarla.
- Kara, en serio, necesito moverme. No tengo idea de qué hora es.
Lena. Kara abrió los ojos y se dio cuenta de la situación. Tenía a Lena aferrada de la cintura con un brazo y de inmediato le preocupó que le estuviera haciendo daño.
- ¡Lo siento!
Se separó de ella de manera tan súbita que perdió el equilibrio y cayó escandalosamente sobre un elegante buró, partiéndolo en dos. Cuando eres Supergirl un movimiento torpe y no pensado generalmente causa destrucción en mayor o menor medida.
- ¿Estás bien? - preguntó Lena, sentada sobre la cama –
- Sí, sí... lo siento, ¿te lastimé? - preguntó Kara con preocupación.
- No, nada de eso... pero llevaba diez minutos intentando despertarte. ¿Qué fue ese ruido?
- Perdón... tu buró está hecho pedazos.
Lena negó con la cabeza, pero sonrió.
- Está bien, ¿puedes decirme qué hora es?
Kara observó el reloj en la pared.
- Son las 10.
- ¿Qué? - preguntó Lena escandalizada.
Sólo hasta entonces Kara observó el aspecto de su amiga. Tenía el cabello revuelto y seguía con ojeras, pero al menos ese aire de agotamiento parecía haber desaparecido ligeramente.
- Tengo que hacer una llamada a un accionista en Alemania... - murmuró, saliendo de la cama con un poco de dificultad y buscando a tientas su teléfono móvil, el cual había terminado en el suelo durante el ajetreo. Kara se agachó y se lo entregó a Lena, que utilizó la marcación por voz para comunicarse con su asistente.
La rubia bostezó mientras empezaba a levantar los restos del buró examinando cuidadosamente cada pieza para saber si sería posible repararlo. Parecía que no, y se preguntó cuántos días de su salario necesitaría para pagárselo a Lena. Mientras escuchaba a Lena hablar con el accionista alemán y ofrecerle disculpas por el retraso en la llamada, armaba el buró tan solo para que se cayera a pedazos nuevamente. Lo dejó en un rincón de la habitación para evitar que Lena se tropezara con él y después se dirigió a la cocina, donde encontró a Amy preparando al desayuno. Le dio los buenos días y se quedó un momento sin saber qué hacer, porque no estaba acostumbrada a que alguien le preparara el desayuno y entonces decidió darse una ducha. Pero antes de eso tenía algo importante que hacer. Dirigiéndole una mirada de soslayo a Amy, se dirigió hasta donde sabía que guardaban los medicamentos de Lena y extrajo una píldora de cada una de los pequeños frascos de plástico.
Definitivamente esperaba no encontrar nada anormal.
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