¡Buenas noches! Sí, ya aparecí tras un ratillo sin manifestarme :v Pero ignoremos el abandono que les hice y concentrémonos en la historia, en lo que está pasando y en el nuevo personaje que se nos viene y que de un modo u otro complicará las cosas entre algunas parejas *ríe malvadamente mientras come bombones con chocolate*. Bueno, dejando mis delirios a un lado, disfruten n_n Nos leemos en la próxima actualización…See u later, babys :v
Capítulo 134
Fuera de personaje
Como bien pudieron esos chicos llevaron a sus respectivas parejas hacia el hostal en el que iban a pasar la noche, pensando la manera en que las pondrían a dormir y evitar así evidentes problemas. La verdad es que la situación no se miraba nada bien, especialmente por la manera tan contrastante en que se comportaban ahora gracias a la ayuda del alcohol.
La primera habitación fue para esas dos explosivas mujeres que querían hacer de todo menos ponerse a dormir.
—Quédate quieta, si te mueves demasiado terminarás cayéndote de lo borracha que estás —recomendaba Kagami por quinta vez desde que se adentró en la habitación.
—Vamos Taiga, no seas tímido. Yo sé que tú también quieres —la mujer simplemente no se recostaba. Ya estaba prendada del cuello del pelirrojo, colgando como un llavero.
—Lia, tienes que ser razonable. Debes descansar, ya mañana hablaremos de lo que quieras —Akashi tampoco es como si estuviera teniendo el mayor de los éxitos.
—Pero Sei-chan, aún es demasiado temprano para dormir —chilló, mirando con esa mirada de niñita abandonada a su pareja.
—Es lo que menos interesa, tienes que dormir. Ahora —demandó con cierta amabilidad al tiempo que volvía a recortarla sobre el futón.
—Kiyoe, no lo diré nuevamente. Tienes que dormir, inmediatamente —como pudo logró librarse de su agarre y ponerla en su lecho.
—Me niego rotundamente —volvió a levantarse, recriminando a su pareja—. Eres un mal hombre, insensible, egoísta, cabezote —y la serie de insultos continuó. Kagami solamente respiró y contó hasta cien para no explotar como vaporera.
—Mañana haremos todo lo que quieras si te vas a dormir en este preciso momento —propuso Seijuurou seriamente.
—¿Lo que yo quiera? —la idea le seducía enormemente.
—Por supuesto —le sonrió confiado en que no conmemoraría nada por la mañana.
—Quiero que vayamos a comer juntos y me acompañes a comprar algunas cosas —enunciaba felizmente. Ya estaba haciendo los planes.
—Lo que tú quieras —la italiana lo abrazó repentinamente, antes de besarle en la mejilla y recostarse sin objetar nada más.
—¡¿Así tan fácil?!
—Únicamente debes saber qué decir —estipuló, mirándolo de reojo y sintiendo algo de pena por su situación.
—¡¿Te estás burlando de mí?!
—Las posibilidades de que conmemoren lo que suceda bajo el efecto del alcohol es remotamente baja, especialmente por la gran cantidad que ingirieron. Además, esa misma condición posibilita que se duerman en un santiamén —no lo decía sólo porque sí, Lia ya estaba en el profundo mundo de los sueños.
—En eso tienes cierta razón —miró a la hiperactiva chica, masajeó suavemente su cabeza y enfocó sus carmesí pupilas en ella—. Anda a descansar y ya mañana podremos hacer todas esas que te gustan y que me ponen de nervios.
—¡Estás mintiendo! —gritó molesta.
—¡Claro que no!
—El Taiga que conozco jamás sería tan bueno conmigo —dramatizó como una profesional—. El idiota con el que ando sólo piensa en él y no me acompañaría a comprar ropa y demás.
—¿Por qué demonios no funciona con ella también? —se auto lamentó Kagami. A este paso el que iba a terminar con resaca sería él.
Las cosas no estaban precisamente mejor del lado de Kasamatsu y Motoharu. Ellos estaban teniendo sus propias dificultades y no estaban logrando estabilizar la situación de manera eficiente.
—¡Moto! –exclamó Yukio en el momento en que escuchó un ruido seco a su lado. El castaño había caído tal cual costal, pero ése no era el problema.
—¡Yukio, ¿qué se supone que haga bajo esta clase de situaciones?! —bajo su espalda descansaba el suave futón, pero sobre él residía algo igual de reconfortante: su querida novia.
—¡Pues quítala de encima! —soltó con obviedad.
—¡Ayúdame, no puedo quitármela de encima solo! —no bromeaba, la chica había enroscado sus brazos alrededor de su cuello y restregaba juguetonamente su mejilla contra la suya.
—Sabes que eso es imposible…—no había dado ni un paso y ya sentía la rigidez de su cuerpo impidiéndole realizar algo tan simple como eso—. Tendrás que hacerlo de alguna manera. Además, yo también tengo un problema aquí…
—Quién pensaría que en estado de ebriedad terminaran intercambiando personalidades…—Moto miró de reojo a la gemela mayor; estaba en la esquina inferior izquierda de la habitación, mirándolos con recelo.
—Es tarde para lamentarse por haberlas dejado participar en ese concurso…—nuevamente intentó acercarse a su novia, pero otra vez esta le arrojó lo que tenía a la mano para que mantuviera su distancia—. ¡Oye!
—No te acerques. Los hombres son bestias peligrosas que solamente piensan en una cosa…—replicó, torciéndole el ceño y ya con otro objeto contundente en su mano derecha.
—Yo no tengo esas intenciones contigo. Únicamente quiero que te recuestes y duermas tranquilamente. No es bueno que andes en ese estado —dio un paso más, apuradamente pudiendo evadir lo que le lanzó.
—Creo que es mejor esperar a que se duerma allí, Yukio —opinaba el castaño. La danesa de vez en cuando se cabeceaba; caería tarde o temprano.
—Podrías tener razón, pero no quisiera dejar las cosas de ese modo —sentía que era en parte su culpa el que estuviera así, por no haberle impedido que participara en ese tonto concurso.
—¡Mila, pero ¡¿qué estás haciendo?! —indudablemente sus gritos podrían escucharse a varios metros de donde estaban—. ¡No, no…no eso no, ¿pero qué?!
—¡¿Ah…?! —exclamó el moreno en cuanto sintió aquella prenda sobre su cabeza. Se trataba de la camiseta del castaño—. ¡Mila-chan, no debes hacer algo como eso! —la peli blanca ya se había encargado de sacar fuera aquella prenda y tenía intenciones puntuales de seguir deshaciéndose del resto.
—¡Yukio, ayúdame, si esto sigue no podré seguir pensando cuerdamente! —el rostro del castaño se llenó de muchos gestos, apareciendo y desapareciendo una y otra vez a la vez. Sin mencionar que estaba cada vez más colorado. Alguien debía salvarlo rápidamente.
—Te ayudaré, sólo aguanta un poco más —su valentía se fue al caño en cuanto sintió el tacto de sus manos sobre las suyas en el instante en que quiso tomarla por los hombros para quitarla de Motoharu. Sí, tan poco y ya estaba fuera el hombre.
Al menos había quienes no estaban sufriendo un calvario para encargarse de sus novias. Ese era el caso muy particular de esos dos extranjeros que ya veían a ese par de chicas, profundamente dormidas y tranquilas. Cuánta paz y tranquilidad se aspiraba en ese cuarto.
—No pensé que fuera tan efectivo ese método —mencionó Leo aun con la sorpresa.
—Bueno, yo no me quejo. Ju cayó totalmente dormida en cuanto acabó el concurso, así que yo la tuve fácil.
—Seguramente el resto está pasándola muy mal —estableció. Es que ya se imaginaba los cuadros de cada uno—. Daiki ya tiene experiencia manejándola borracha, así que no creo que tengamos que preocuparnos por él.
—Que uno de nosotros se quede aquí y que el otro ayude a los demás.
—¿Por qué estás tan preocupado de un momento a otro, Marko? —es que se le hacía un tanto raro que quisiera ayudarles a todos en vez de darse una buena divertida con sus situaciones.
—Digamos que nos irá mal si llega a enterarse de todo el lío que se armó aquí, Leo —soltó con cierto nerviosismo. El danés miró el celular del italiano, leyendo la conversación que le desplegó en la pantalla.
—Quédate con Noa y Ju, yo me encargó del resto. Tenemos que preparar todo lo antes posible para que no haya prueba alguna.
Aomine no sabía qué era lo peor que podía pasarle, tener que lidiar una vez más con Axelle pasada de copas y su actitud desinhibida o tener que estar en la misma habitación que cierto rubio fastidioso que ahora más que nunca estaba irritándole con su repentino comportamiento temeroso.
—Aoi, vamos, debes dormir —lo soltó por décima vez. La castaña por su lado estaba abrazándole como si fuera un oso de felpa y no estaba deseosa de abandonarlo, ni siquiera para irse a dormir.
—¿Pero qué tonterías estás diciendo, Ryu-chan? No hemos pasado tiempo juntos este día, así que tenemos que recuperarlo, ¿no? —mencionó en un tono de cero hostilidad y cien por ciento ternura. El blondo sintió un escalofrío recorriéndole todo el espinazo.
—L-Lo sé…pero eso podemos dejarlo para mañana, ¿qué te parece?
—No quiero. Quiero que sea ahora —infló los mofletes de manera infantil—. ¿Es que acaso ya no me quieres y por eso odias pasar tiempo conmigo? Yo te quiero mucho, Ryu-chan. Eres un chico maravilloso y genial.
—¡¿…?! —Kise estaba aterrado. Estaba feliz de escuchar sincerarse, pero no estaba acostumbrado a que lo tratara tan bien o que no le golpeara por estar tan cerca de ella frente a terceros; sin duda, había algo mal en él.
—Reacciona, imbécil —las palabras no eran suficientes, así que le dio un buen zape.
—¡Auch, Aominecchi, no seas violento conmigo!
—Pues parece ser lo único que funciona contigo, porque el que te traten bien te deja con cara de pavor —y cuánta razón tenía, al menos con referencia a Aoi.
—Daiki, deja de molestar al tonto de tu amigo y hazme caso —refunfuñaba la rubia mientras pendía colgada de su cuello, descansando el resto de su cuerpo sobre su espalda.
—Si al menos no estuvieras aquí, Kise. Esta podría ser una buena noche —gruñó, mirando con odio puro al blondo.
—¡Pero es que no quiero estar a solas con Aoi en este estado! —lloriqueó, nuevamente—. Eres mi amigo y debes ayudarme en estos duros momentos.
—¡De ninguna manera! Por lo que lárgate de aquí.
—Aprovecharse de una chica borracha, habla muy mal de ti Aominecchi —mencionó a su favor. Como un modo para permanecer allí, incordiándole.
—Ryu-chan, vayamos a pasear a la playa y miremos las estrellas… Un paseo romántico a la luz de la luna —pedía añorante la castaña.
—Hazlo —demandaba con más prontitud el moreno.
—Tu amigo es muy amable contigo, Ryu-chan. Creo que me simpatiza un poco más —tarareó alegremente.
—¡Él solamente quiere quedarse a solas con Axelle-chan!
—Que también nos acompañen a dar un paseo nocturno —cambió la propuesta. Kise miró a Aomine con desasosiego y Aoi, ella estaba llenando de besos la mejilla de su blondo.
—En serio, verte así me hace creer seriamente que lo llorón no lo sacas para molestar a la gente… Maldito maricón de clóset.
—¡Qué no lo soy! —rectificó su postura como el hombrecito que era—. Por cierto…¡¿Dónde está Axelle-chan?! —Kise no fue el único
—¿Axelle…? —sí, mientras estaban concentrados echándose tierra mutuamente, alguien había sido más lista y escurridiza que ellos, escapándose de la habitación. Y eso no era nada bueno.
Para los que se habían salvado de vivir esa clase de inclemencias, no estaban menos relajados. De hecho, estaban en el comedor del rústico y hogareño hostal terminando de cenar y pensando cómo iban a ser las cosas cuando llegara la mañana.
—Menos mal que tú estás integra, Amaya —agradecía profundamente Hadrien.
—Únicamente debo evitar comer cosas dulces después de eso o estaré igual —confesó con pena.
—Akashi seguramente ya tiene la situación controlada, Kagami tal vez… Austerliz y Turletti igualmente.
—Pero eso nos lleva a Moto-kun, Kasamatsu-kun, Aomine-kun y Kise-kun —numeraba la pelinegra.
—Al menos Momoi ya se quedó dormida después de estar llorando como por media hora por el abandono de Kuroko durante todo el día —el alemán nunca imaginó que todas se volvieran de ese modo.
—Hadrien, así que aquí estás, perdiendo el tiempo —nada como Leo saludándole tan amenamente.
—¿Qué hay? Pensé que estarías en tu habitación.
—Estoy algo inquieto por un par de cosas que necesito consultar contigo…en privado.
—Ya voy —se levantó de la mesa, excusándose con todos. Pronto se perdieron de la vista de todos.
—Me pregunto si Motoharu estará bien —a buena hora Sora se iba acordando de su hermanito menor.
—Algo me dice que deberíamos irlo a ver —propuso Miura.
—¿Qué tan mala puede ser su situación? —lanzó en tono de burla, pero para cuando todos dirigieron sus pasos hacia las habitaciones respectivas, Midorima se tragó cada una de sus palabras.
—¡Motoharu! —la primera en pegar el grito en el cielo fue la hermana.
El castaño todavía seguía tendido sobre el piso con la danesa encima, sólo que todo su rostro estaba lleno de ese indiscutible tono cereza que Mila plasmó en su piel con la ayuda de sus labios. No llevaba más su camisa y su cara no podría estar más roja. A poca distancia de él continuaba el moreno intentando acercarse inútilmente a la otra gemela.
—Mila-chan, Mila-chan, tenemos que llevarte a descansar —se acercó hasta la chica, empezando a jalarla lentamente para que se levantara y pudiera dejar enfriar los pensamientos de Motoharu.
—¡No quiero! Yo quiero quedarme con Motoharu —replicó. Incluso se había soltado del agarre de la chica y vuelto a su posición.
—Sora, haz algo por favor. Estoy llegando a mi límite —es que el que invadiera su espacio personal de esa manera estaba acelerándole el ritmo cardiaco.
—E-Esto es mucho peor de lo que imaginaba…—Shintarou quedó asombrado. Menuda suerte que se cargaba con una mujer como Amaya que podía tomar todo eso y estar como si nada.
—Elin-chan, ¿quieres dormir conmigo? —invitó cordialmente Amaya, sonriéndole.
—No quiero estar aquí con estos dos hombres, me dan mucho miedo —prácticamente se arrojó a los brazos de su salvadora. Estaba temblando del miedo.
—Descuida, no dejaré que ninguno te ponga una mano de encima —reconfortó—. Podemos llevarnos a tu hermana con nosotras, así podrás sentirte mejor y no te preocuparás por lo que estos malos hombres puedan hacerlo.
—¿Harías eso por mí? —sus ojos suplicantes no podían mover a decir una negativa.
—Por supuesto —en cuanto escuchó eso, le fue inevitable ponerse de pie y tomar de la mano a la pelinegra.
Al fin después de tanto esfuerzo y de contar con el apoyo incondicional de Midorima, pudieron salvar la castidad de cierto castaño.
—¡Bájame, bájame! —pataleaba sin control alguno la danesa. Shintarou se la había echado sobre el hombro como un costalito.
—Y pensar que era la callada y seria —suspiró el peli verde, movilizándose en compañía de Amaya.
—¡Sora, gírate, gírate inmediatamente! —vociferó en el justo instante en que estuvo libre. La chica demoró en captar la indirecta, pero rápidamente atendió a la petición de su hermano; su rostro estaba rojo de la vergüenza.
—Gracias por llegar a tiempo…un poco más y no hubiera resistido…—ya podía respirar adecuadamente. Incluso Yukio estaba más relajado sentado en el suelo.
—Te lo agradezco, Hibari —Kasamatsu tenía algunos vestigios de los golpes que no pudo evadir satisfactoriamente.
—Lamento no haber llegado a tiempo —se disculpó sinceramente—. Me pregunto si mi hermana estará bien.
—Descuida, Ryouta la ha de estar cuidando muy bien —Moto estaba seguro de la buena voluntad del blondo.
—¿Ey, alguien ha visto a Axelle por aquí? —una cuarta voz cortó su plática. A la puerta estaba Aomine, un tanto agitado.
—En lo absoluto, no le hemos visto por ninguna parte —respondió de inmediato la castaña.
—¿Sucede algo? —interrogaba Yukio.
—La perdimos de vista solo un momento y se fue de la habitación —fue lo último que dijo antes de irse y continuar buscando.
—Deberíamos ayudarle a buscarla, que ande así por allí sola, es peligroso —hablaba Motoharu y sus acompañantes parecían estar de acuerdo.
En la cocina las cosas también estaban un tanto movidas por el par de intrusos que por lo visto estaban muy entretenidos cocinando algo a esas horas de la noche. Y lo que fuere que estaba en esa cacerola no tenía ni buena apariencia y su olor tampoco motivaba a nadie a querer servirse y probar.
—Con esto será suficiente para que todas beban algo mañana y puedan olvidarse de la resaca —Hadrien es quien estaba moviendo cuidadosamente ese extraño brebaje espeso y de ingredientes sospechosos.
—Más nos vale que así sea. Al menos ellas dos. No creo que arme escándalo por las demás.
—Dudo que nos crea que ellas fueron las que quisieron participar. Y si así lo hiciera, nos tacharía de irresponsables por no detenerlas a tiempo.
—¿Daiki? —Leo estaba desconcertado de ver al chico allí, mirando en todas direcciones.
—¿Qué pasa? ¿Se te perdió Axelle? —bromeó activamente. El silencio del moreno le hizo callar.
—Me distraje un momento peleando con Kise y de repente ya no estaba. Ya revisé por todos lados y no la encuentro —el lugar no era demasiado espacioso, apenas y tenía dos pisos. No era como para que alguien pudiera esconderse muy bien.
—Hay una piscina en la parte trasera. ¿Ya revisaste allí? —por un lado, iba diciendo esto y por otro, ya estaba empezando a moverse. Y el alemán no demoró en hacer lo mismo.
Sus rápidos pasos los condujeron a la amplia piscina que había dentro del hostal, pecando de limpia y ordenada. Pero eso nada les interesaba a los recién llegados, para ellos existía otro tema de mayor trascendencia, por lo que sin perder mayor tiempo empezaron a sondear la zona, encontrándose con dos situaciones, una más grave que la otra.
No estaba por ninguna parte y la puerta trasera que facilitaba el acceso a la piscina estaba alegremente abierta, rechinando con el viento nocturno.
—Dime que no se salió…—pedía Hadrien.
—Entre que sí y que no, tenemos que salir y buscarla por los alrededores —Leo era un hombre de acción y ya estaba dirigiéndose hacia la susodicha salida—. Si nos dividimos podremos abarcar más terreno.
—Entendido —espetaron aquel par.
Dentro de aquel apacible hostal las cosas parecían haberse tranquilizado, pero eso no significaba que esos hombres podían pegar el ojo aún. No, la labor de cuidado se mantenía activa por si alguna de ellas hacía algo inesperado.
Y Kise agradecía que Sora fuera a auxiliarle. Al menos ahora la castaña tenía la compañía de otra chica en la que confiaba y con la que no dudó querer acaparar para ella sola.
—Está muy cariñosa —Ryouta sonrió tiernamente. El cuadro de Aoi abrazando tan vehementemente a Sora, le provocaba un sentimiento de calidez en el interior.
—Quizás deberías ir a ayudarle a Aomine-kun a buscar a su novia. Yo me encargaré de cuidar de Aoi en tu ausencia.
—Fue tu culpa que él se distrajera y la perdiera de vista, idiota. Siempre estás buscándole pelea —espetó bruscamente Yukio, quien permanecía de pie en la habitación—. Así que lo mínimo que le debes es echarle una mano.
—…Tienes razón —suspiró y se despabiló—. Me encargaré de revisar todo el lugar una vez más.
—Yo también ayudaré, idiota —rascó su nuquilla y miró burlonamente al blondo—. Indirectamente es algo así como una amiga…—mencionó un tanto penoso.
—¡Kasamatsu-senpai!
—Les deseo mucha suerte.
—Gracias, Sora-chan.
De que estaban haciendo un maravilloso ejercicio cardiovascular, lo estaban haciendo. Pero de eso a que encontraran a la persona que andaban buscando, existía un mundo de diferencia. Y es que no podía ir demasiado lejos o eso creyeron ingenuamente después de haberle dado varias vueltas a la zona donde habían estado la mayor parte del día.
Y reunidos en un mismo punto, sin frutos, optaron por replantearse la situación.
—¿Cómo demonios pudo haber ido tan lejos estando borracha? —Hadrien no se lo explicaba.
—El que esté borracha no le impide caminar como si estuviera sobria —compartió Aomine tan vital información—. En realidad, ese es un problema.
—Ni borracha se comporta con normalidad, qué rara puede llegar a ser —expresó Leo.
—¿Y si le llamamos al móvil? —ambos consideraron estúpida la idea del alemán, pero en cuanto Aomine marcó y escuchó el tic de que la llamada había sido tomada, notó que se burló de ambos.
—¿Dónde estás, eh?
—Mmmm… No lo sé con exactitud, Daiki… Frente a mí hay una tienda que vende cosas chinas y al lado un establecimiento de ramen.
—Quédate allí, Axelle. No te muevas, ¿entendiste? —al diablo que se escuchara muy demandante que lo usual. Estaba preocupado y no quería que le sucediera nada por su imprudencia.
—Pero tengo hambre, Daiki —se quejó.
—Pide lo que quieras, en un momento estaremos allí y pagaremos todo lo que te comas —mencionó Hadrien en tono alto para que la blonda le escuchara.
—¡Sí, eso suena genial! —gritó del otro lado de la bocina, perforándole el oído a Aomine—. No tarden —colgó sin más.
—¿Sabes dónde hallar un restaurante de fideos a un lado de una tienda que vende mercancía china? —le cuestionó al alemán.
—¿Me creerías que hay varios por toda la ciudad? —ni a Zabeck ni al resto le daba gracia eso—. Así que démonos prisa para visitarlos todos.
Ese teléfono no dejaba de sonar una y otra vez, como si estuviera indispuesto a dejar de manifestar su presencia en aquella habitación. El ruido simplemente se volvía demasiado molesto para el único que estaba aún despierto; y tanto por ese hecho como para no despertar a esas tres chicas que dormían tan plenamente, decidió responder.
—Lo siento, la persona con la que quieres hablar en estos momentos está dormida —Midorima había mirado el nombre que ponía la llamada entrante y no le quedó más remedio que atender. Era después de todo, una llamada de larga distancia.
—¿Midorima? —por lo visto alguien tenía muy buena memoria.
—El mismo. Tus dos hermanas están durmiendo en la habitación de al lado. Dejaron olvidado el móvil cuando estuvieron aquí platicando con Amaya —mintió impecablemente. No quería desatar una catástrofe de dimensiones épicas sabiendo cómo era ese hombre.
—Comprendo. Agradezco que hayas atendido el celular, Midorima.
—No hay de qué. Además, molestaría al resto de los que se hospedan aquí —mencionó tranquilamente.
—Ciertamente, pasan de las once ya. Buenas noches —colgó sin mayor rodeo.
—Es normal que sepa la hora que tenemos aquí, ¿no? —por alguna razón sentía desconfianza al respecto.
—Midorima, ¿qué sucede? —la castaña cabecita de Marko se coló al interior al cuarto, tras entre abrir la puerta—. Estuve tocando, pero no me escuchaste.
—Estaban llamándole a una de las gemelas y antes de que las despertarán a todas, atendí. No esperaba que se tratara de su hermano mayor.
—¿Hablas…de Craig…? —siseó, sujetando aquella taza con café entre sus manos.
—Sí. Bueno, supongo que está preocupado de que sus hermanas estén en otro país y hayan salido de su ciudad.
—Es que…él no lo sabía…—Midorima le miró perplejo, y el italiano estaba igual—. Se enteró por accidente que íbamos a organizar un viaje a Hokkaido y que vendrían con nosotros…
—Así que por eso ha llamado…—suspiró. Menos mal que no metió la pata—. No te debes preocupar hasta que regresen a su país y les eche el sermón.
—Jajajaja…Otro país…—rio nerviosamente.
La francesa había seguido al pie de la letra las indicaciones que le habían dado, por lo que su mesa estaba llena de un par de platillos y estaba de lo más contenta cenando a semejantes horas de la noche. Sin embargo, una chica que está sola nunca pasa desapercibida para quienes desean un poco de compañía nocturna. Y claro, ese era el caso de esos tres chicos que se acercaron hasta la mesa de la rubia.
—¿Podemos hacerte compañía? Es que ya no hay lugares libres —mintió. Detrás de él y sus amigos existía una mesa desocupada.
—No molestaremos, te lo prometemos —hablaba el otro, sonriéndole. Ella los miró por unos cuantos segundos antes de negar su oferta con un movimiento de su cabeza.
—Vamos, no seas tímida —insistía el tercero—. Pagaremos tu cena en compensación por tu buena voluntad.
—No lo necesito —su única ocupación eran los fideos que había pedido y que comía gustosa.
—No te hagas la difícil —estipuló el primero el abordarla. Incluso se había sentado—. Sé que quieres divertirte como el resto de nosotros —el resto pronto repitieron su acción.
—…Están demorando…—lo único que hizo fue bostezar. El sueño parecía estarle mermando las fuerzas y lo peor es que consideraba como viable el acurrucarse en el borde de la mesa.
—Seguramente está pasada de copas —sonrió burlón uno de los tres.
—Esto va a ser muy divertido —secundaba otro.
—¿Les parece divertido sobrepasarse con una chica que no está en sus cinco sentidos?
Esos tres chicos se sobresaltaron en el momento en que esa mano se estampó tan bruscamente contra la mesa, agitando desde los platillos hasta sus endebles pulsos. Y el contemplar la hostil mirada de quien les interrumpió, solamente les provocó que todos sus aires de galán se les bajaran hasta los pies.
Y antes de que dijera algo más, esos tres salieron corriendo de allí. No querían problemas, no cuando se contemplaba que ese joven no era de buenas pintas, no con ese tatuaje asomándose desde el cuello de su chaqueta.
—Hadrien, la he encontrado —fue lo único que dijo tras haber respondido el celular de la blonda.
