¡Muy buenas tardes! Ya llegué, no desesperen XD Sé que me volví a perder. Pero la verdad es que no noté cómo se fue el tiempo de rápido e_e Y dejando eso a un lado, les traigo más momentos divertidos, más enredos y un nuevo OC que les robará el corazón :D Sin más, lean y amen la estupidez y celos de estos hombres Jajajaja.
Capítulo 135
Es como estar en familia
—Gracias —ese rostro de total alivio, significaba que había recibido buenas noticias. Y ese gesto alivió a los presentes.
—¿La encontraron, no es verdad? —preguntó por mera formalidad.
—Sí, Daiki —sonrió con soltura—. Aunque la persona que la halló no es un problema en sí, pero sí las que vienen con él.
—¿A qué te refieres? —el moreno no comprendía del todo la situación.
—Que tendremos invitados inesperados —terció Leo.
Aunque ya estaban más relajados, no por ello demoraron en volver al lugar donde se hospedaban. No cuando dos de ellos sabían lo que podría estarles aguardando en cuanto cruzaran la entrada principal; debían dar la cara a las inclemencias antes de que se tornaran aún más violentas.
Y justo, cruzando el estacionamiento del lugar, hallaron un único vehículo. Ese Jeep Liberty de tono carmesí resaltaba sin demasiado esfuerzo; aunque juraban que antes de irse ese automóvil no estaba allí y eso les presionó a que se apuraran.
Antes de subir hacia el segundo piso, donde se hallaban sus habitaciones, decidieron darse una última vuelta por el comedor, que aunque ya no contaba con servicio, la gente podía sentarse plácidamente y servirse aunque fuera una taza de café.
Eso es justamente lo que esos tres hombres estaban haciendo.
—Tengo muchas preguntas que hacerles a ustedes tres —carraspeó el peli rosa, con sus carmesí pupilas puesta en los extranjeros.
—Todo tiene una excelente explicación, Craig —habló Marko.
—…Tatsuhisa…—Aomine sencillamente no podía quedarse callado cuando su camino se cruzaba con el rubio. Aunque a diferencia de unos meses atrás, ya no le guardaba la misma saña; pero eso no significaba que eran los mejores amigos del mundo—. ¿Qué estás haciendo aquí?
—No conduje desde Tokio hasta aquí por gusto —mencionó con esa elocuencia que le caracterizaba—. Es
Estos dos tontos me inmiscuyeron en sus planes de fin de mes.
—Lo que hacemos aquí, es lo que menos interesa de momento, Aomine —genial, allí estaba el otro al que no podía manejar adecuadamente—. Te escucho Marko.
—¿Quién se supone que es él? —las celestes pupilas del moreno se encontraron con esas claras amatistas que le miraban con la misma curiosidad.
Su estatura oscilaba entre la de Craig y Kai, aunque su complexión era ligeramente apenas más robusta que la de esos dos, por lo que podría deducirse sin demasiado esfuerzo que se ejercitaba diariamente sin falta alguna.
El rubio claro cenizo que le daba color a su corta pero revoltosa cabellera le embonaba de maravilla; hasta el punto en que aquella bandana verde ocre no desentonaba en lo más mínimo, y realzaba su flequillo central.
Más allá de su chamarra negra de piel, su holgada camisa blanca y esos pantalones marrón, esa particular figura que se veía tatuada sobre su cuello, le evocó ciertos recuerdos.
—Ah, cierto. Qué descortés he sido contigo, Aomine. Él es Byron –Craig sacó de sus pensamientos al moreno.
—Aomine Daiki…—el blondo se puso de pie, extendiéndole la mano en señal de saludo—. ¿Este es el "otro" rubio del que me hablabas, Hadrien? —preguntó tras devolverle el gesto al chico.
—Sí, es él. Pero no hay nada de lo que debas preocuparte. Aunque no sé si…—se quedó callado al sentir la mirada de ese par de hombres. No debía salirse del tema.
—Axelle está en su habitación —decía Kai para cierto sujeto—. Así que ve a hacer bien tu trabajo, para variar —se burló un tanto divertido.
—Ya te sermonearé después a ti, Aomine —ese inglés no bromeaba, así que simplemente se limitó a irse de allí.
El relato de los hechos no se extendió más allá de veinte minutos. Y a ninguno de esos tres les sorprendió que no le creyeran en lo más mínimo; su mala fama les antecedía. No podían intentarle verle la cara a alguien que los reprendía desde críos, incluso cuando estaban diciendo la verdad.
—Antes dabas mejores excusas, Hadrien —sonrió tenuemente el inglés.
—Pero no es ningún pretexto. Ninguno de nosotros las emborrachó ni las obligó a tomar. Entraron a ese concurso por su propio deseo —explicó otra vez.
—Sé que Kai está de acuerdo con nosotros –el italiano miró al aludido, esperando que dijera algo a su favor.
—Sabes de antemano que Axelle nunca hará nada que ella no quiera al igual que Lia y Ju. Debieron haber entrado por su propia cuenta y más por un motivo tan simple como lo es ganar —apoyaba Tatsuhisa.
—Estoy de acuerdo.
—Ustedes dos no deberían ser tan permisibles —criticó a los dos rubios que apoyaban a esos tres.
—Hadrien, escuché que ya encontraste…—Sora se quedó callada por completo en cuanto notó que llegó al comedor en el peor momento posible. La tensión se cortaba con un cuchillo—. L—Lo siento…
—Descuida, no has llegado en mal momento —habló el peli rosa, enfocando su atención en ella—. Dudo que sepas quién soy, así que me presento, Austerliz Craig. Él del medio es Byron, el de la esquina Tatsuhisa Kai.
—Hibari Sora —se presentó rápidamente, pasando su castaña mirada en cada uno de los recién llegados. Podía sentir la cordialidad en ese chico de la bandana, incluso en la del peli rosa, pero no podía decir lo mismo del último; él sólo parecía forzarse para darle un gesto cordial.
—Y como iba diciendo, tendrán su merecido castigo por ser tan irresponsables e inmiscuir a mis dos hermanas en sus locuras —dictaminó secamente. Esos tres se sobresaltaron tenuemente pero no podían objetar nada más; ese hombre no les creía en lo más mínimo.
—Perdonen que me meta, pero…ellos no tuvieron nada que ver. De hecho, ninguno de los chicos presentes tuvo relación alguna. Las chicas decidimos participar en el evento, sin el consentimiento de nadie —expresó seria y claramente, aún con lo intimidante que le resultaban esos carmesí ojos.
—Sora…—susurraba el alemán. No se creía que estuviera metiendo las manos por los tres.
—Hm… No parece del tipo de chica que taparía la mentira de alguien, así que les creeré —se puso de pie, dejando su taza medio llena—. Leo, encárgate de cuidarlas mejor la próxima, no puedes dejarle toda la carga a Motoharu y a Yukio.
—Por supuesto.
—A todo esto, ¿qué hacen aquí? Los tres… Es sospechoso —decía Hadrien.
—No es sospecho nuestro encuentro. Íbamos de paso hacia el destino que este adicto a las emociones fuertes quiere conocer —señaló vilmente Kai al otro blondo.
—Sí, están aquí por mi petición —agregó el otro.
—Asuntos personales, Hadrien. Los sabrás pronto, así que despreocúpate —mencionaba al tiempo que se marchaba y esos dos le seguían los pasos—. Vendremos a verlos mañana para ver cómo están todas —y pronto estuvieron a solas nuevamente.
—Sentí que el alma se me iba —suspiró aliviado el alemán; los otros estaban igual.
—¿Asuntos personales que no tengan que ver con mis hermanas o conmigo? ¿Qué podría ser?
—No lo sé, pero seguramente nos sorprenderá con algo —Turletti ya estaba más relajado.
—Lamento que hayas tenido que ver este espectáculo —le habló el alemán a cierta castaña que andaba distraída en sus pensamientos.
—Descuida. Me alegra haber sido de ayuda… No sabía que tenías otro hermano, Leo.
—Es algo como un secreto, pero bueno, no importa decírtelo a ti —tomó asiento, el resto hicieron lo mismo.
—¿Y Byron-san?¿Tatsuhisa-san?
—Byron es un viejo conocido, un buen amigo —Marko se encargó de esa aclaración—. Kai es un amigo nuestro igual y el ex de Axelle —sonrió efímeramente.
—Ya veo… Siento haber sido entrometida y preguntar por cosas que no debía —se disculpó. La verdad es que estaba sorprendida de que alguien con la personalidad de la francesa pudiera tratar con quien claramente lucía tan frío y distante.
—Para nada. Es normal hablar de todo esto —le animaba Hadrien—. Gracias a ellos hallamos a Axelle y nos ahorramos una buena paliza por esos tres.
—¿Ah? —a su parecer lucían muy civilizados como para caer en eso.
—Aunque te parezcan tranquilos, no lo son —el italiano le bastaba recordar ya fuera a Craig o Kai impartiéndole justicia traducida en golpes.
—Como dije, las apariencias engañan —Zabeck se veía más pensativo de lo usual—. De verdad quiero saber por qué vino a Japón si no fue para visitar a las gemelas.
—Apuesto todo lo que quieras que está relacionado de un modo u otro con Kai.
—¿Pero de qué manera? —al danés no le quedaba claro la vinculación de cada parte.
—Deberías ir a dormir, Sora. Ya pasa de la 1 de la mañana.
—Estoy bien, descuida. Quiero quedarme charlando un poco más si no les molesta —estaba claro que quería permanecer allí y hablar con él un poco más, por el escaso tiempo que compartieron durante todo el día, por esa sensación de celos que no desaparecía de sólo pensar que salió corriendo de allí para buscar a su querida amiga de la infancia.
La mañana llegó y con ello la cruel realidad que azotó sin compasión alguna a cada una de las que consideraron que haber hecho aquella apuesta fue buena idea.
Ninguna quería levantarse del lecho, tanto por la luz que les resultaba un martirio, como por el taladrante dolor de cabeza, pero debían al menos intentar enderezarse y tomarse lo que fuera que contuviera aquella taza.
Olía fatal, era glutinoso y muy posiblemente el sabor sería terrible.
—No quiero tomarme eso, Hadrien —Axelle sencillamente volvió a meterse entre las cobijas.
—Craig está abajo, en el comedor.
—¡¿Craig?! ¿Qué hace aquí? —se sentó de golpe. Lo lamentó en breve tras sentir el dolor punzante—. Pensé que vendría a ver a las gemelas hasta junio, por lo del acuerdo y esas cosas… Ungh…
—Cállate y bébete esto —nada como que Aomine la sujetara y se encargara de mantenerle la boca abierta para que cierto cabrón le diera esa horrenda bebida—. Con esto te sentirás pronto en poco tiempo.
—S—Sabe…nauseabunda…—su cara verde del asco abalaba su breve descriptiva.
—Nunca más vas a tomar ni una gota de alcohol —sentenciaba Daiki—. Nunca.
—Mientras esté lejos del whisky y los shots…no hay problema —proclamó muy segura de sí misma.
—Ahora iré a seguir repartiendo estas cosas —mencionó frescamente. Estaba divirtiéndose con todo el asunto—. Y esperaré a que Lia y Akashi vuelvan~
—¿Ah? —Axelle sentía que se había perdido de algo trascendental.
—Después de que te perdiste, ellos desaparecieron "misteriosamente" —continuó el relato el moreno. No se requería ser un genio para saber los motivos.
—Él fue el único que tuvo una buena noche —se fue riéndose vilmente.
—Termina de cambiarte y bajemos antes de que ese dictador venga hasta aquí —Aomine claramente hablaba de Craig. No había manera de olvidar su manera de ser y esos entrenamientos espartanos que tuvo que tolerarle.
El comedor estaba sumamente movido, tanto por sus ya numerosos acompañantes como por todas las personas que también se hospedaban en el hostal. Y bueno, también estaban allí reunidos las visitas nocturnas que causaron conmoción en más de una persona.
Cabía mencionar que prácticamente todas las chicas estaban sentadas juntas, por razones que indudablemente surgieron después de que les contaran lo que hicieron estando de ebriedad.
—N-No puedo creer que haya actuado de esa manera tan estúpida —se criticaba Aoi, aun sintiendo que las mejillas le ardían por la pena de saber de su comportamiento con Kise—. ¡¿Por qué demonios tuve que emborracharme?!¡¿Por qué me dejaron a solas con Ryouta?! —y es que lo que más le podía era que en cuanto cruzaba la mirada por Kise, incluso por breves segundos, le sonría con la clara intención de recordarle lo que pasaron.
—…Yo no puedo creer lo que hice…—Mila se ponía más roja que la sangre en cuanto escuchaba o miraba de reojo a Motoharu. Había pasado la línea de lo permitido y decente. Indudablemente no podría verlo a la cara en un largo tiempo.
—Cielos, siento demasiada vergüenza por tener un comportamiento tan infantil y hostil hacia Yukio —Elin no era de las que bajaban la mirada, pero el caso lo ameritaba. El pobre de Kasamatsu se sentía de alguna manera ignorado por su chica.
—Tetsu-kun es tan bueno…Pero…pensar que me puse a hacerle un drama incensario, resulta de lo más patético —suspiró la peli rosa, colocando su mirada en su plato de comida. De momento era mejor no cruzar palabra alguna con su querer.
—Ya se les pasará —comentaba Ju con una tostada en manos. Ella se durmió y no hizo nada que atentara contra su integridad física o emocional.
—Acepto que el brebaje de Hadrien ha sido excelente —Noa estaba como nueva. Y bueno, ella igual se había salvado de hacer un show pero igualmente se sentía incómoda ante el hecho de que el danés tuviera que cargarla de camino al hostal.
—El estúpido de Taiga no me quiere contar lo que hice estando borracha y Hadrien solamente se la vive burlándose —chasqueó con malhumor la pelinegra.
—Hadrien y sus métodos poco confiables para quitar la resaca —Lia no había tomado la "medicina" del aludido, pero no se le veían daños tras semejante cantidad de alcohol ingerida.
—Sin duda fue una noche divertida y entretenida.
—¡Sora! —regañó suavemente a su hermana.
—Solamente vean el lado positivo: están íntegras y hoy iremos a la Playa de Ōhama —les relataba Amaya a todas.
—Así que terminen pronto de desayunar y empaquen, que nos vamos —la voz inconfundible de Craig se hizo presente frente a su mesa. Aoi se relajó en cuanto contempló al inglés; sabía que él mantendría bajo control a todo quien quisiera pasarse de listo por lo que durara su estancia con todos ellos.
—Me agrada la idea de ir a otra playa —la blonda apenas había llegado y recién tomaba asiento con todas. Moría de hambre—. ¿Ya me dirás la razón por la que andas por aquí, arrastrando a Kai a tu locura?
—Él ya lo sabe. Lo está reflexionando en solitario —comentó ante de irse. Pero llevaba una sonrisa de burla total en sus labios.
Los chicos por su lado estaban ya casi por terminarse la monumental cantidad de platillos que habían pedido. Por algo eran deportistas de alto desempeño y bueno, Kagami comía por más de cuatro hombres.
—Conozco al hermano de Mila-chan, pero… ¿Y ese rubio de allí? —Motoharu señaló con sus castaños ojos a quien ocupaba uno de los tres puestos de la mesa ubicada justamente frente a la de todos ellos.
—Motocchi, es Tatsuhisa Kai.
—Alguien a quien no creí volver a ver en un tiempo —agregaba Akashi. Recordó la faena que representó el derrotarlo en ese festival cultural.
—¿Y por qué no lo invitamos a desayunar con todos nosotros?
—Porque muerde, Moto. Y, sobre todo, es el ex de Axelle y Daiki se pone sentimentalón cuando lo tiene junto —Hadrien el comunicativo cabrón del grupo—. Por eso.
—¿El ex de Axelle? Se ve agradable.
—Tiene su lado bueno…muy en el fondo…—habló Marko—. De momento no te le acerques porque por ese semblante de pocos amigos que se carga no debió pasar una buena noche al lado de Craig.
—Puedo sentir el ambiente de cero cordialidad que esos dos viven —Leo miró que en cuanto su hermano se sentó al lado del blondo, este se limitó a ignorarlo por completo.
—¡Otro rubio! Ryouta, Kai y ahora ese chico… Algo así como una lluvia de rubios —se burlaba tendidamente Motoharu.
—A ese no lo conozco —mascullaba Taiga con la boca llena de comida.
—Su nombre es Sacheri Byron –les aclaraba Turletti—. Ha venido a Japón, al parecer arrastrado por Craig. Lo cual no me sorprendería.
—¿Se van a comer sus postres? Los quiero~ —Murasakibara, como siempre, prestando nula atención a lo que sucedía a su alrededor.
—¿Listos para el espectáculo? —canturreaba Hadrien.
—¿A qué se refieren ustedes? —Midorima temía por la respuesta, pero gracias a ellos se había tornado un curioso de lo peor.
—Tres…Dos…Uno….—inició el conteo, Leo.
Lo primero que escucharon fueron esas tres sillas estampándose escandalosamente contra el suelo. Lo siguiente que ocupó su campo de visión fueron esas tres jóvenes que estaban repentinamente muy felices y animadas. La causa: aquel recién aparecido blondo. De alguna manera recordaba al efecto que Kise tenía en sus queridas fans.
—¡Byron, nos alegra mucho el que estés aquí! Si nos hubieras dicho que vendrías, te hubiéramos traído con nosotras al viaje desde el inicio —extrañamente Lia se comportaba de una manera encantadoramente natural.
—¿Qué tal te ha ido? Seguramente has hecho cosas aún más emocionantes desde que nos vimos la última vez —Elin mostraba ese mismo entusiasmo, incluso le sonría de oreja a oreja.
—Pensábamos que ibas a ir esta Navidad a casa —mencionó con pesar Mila.
—Lo lamento, mis abuelos me pidieron que me quedara con ellos y luego tuve mucho trabajo. Supongo que el mensaje fue insuficiente, así como mi mal gusto para los regalos —espetó con una sonrisa ladina.
—Descuida, me gustó mucho lo que me diste, Byron —soltó risueña la italiana.
—A nosotras también —mencionaron las danesas en armonía.
—Creía que Hadrien me mentía cuando me dijo que habías venido con Craig —una cuarta voz se unió. Era la francesa, quien también tenía una sonrisa digna de fotografía—. ¿Te quedarás con nosotras? ¿Qué te ha parecido Japón?¿Quieres que desayunemos juntos?
El resto guardaba silencio, esperando a que esos tres rompieran el hielo.
—¿Pero qué demonios…? —Axelle no se ponía tan feliz ni siquiera cuando pasaban tanto tiempo sin verse y se encontraban.
—Se ve muy emocionada de verlo…—Yukio parpadeó un par de veces. Estaba embobado con la escena de su novia siendo muy amable con un completo desconocido para él.
—…Mila-chan…actúa como una chica normal…—su pequeña novia era penosa, incluso con él, pero con ese rubio se mostraba extrovertida y nada temerosa.
—Mmm… No sé si decir si sus conocidos son interesantes o de difícil trato —espetó secamente Akashi. Algo le producía molestia al observar al fresco chico interactuar de ese modo con su novia.
—Parece que se llevan muy bien. Seguramente comparten profundos y lindos lazos que van más allá de la amistad —Atsushi únicamente era partícipe de las charlas cuando andaba de mete aire. A cambio recibió unas bonitas miradas de odio puro.
—Esto ha pasado desde hace dos años atrás —indicaba el alemán—. Así que deben acostumbrarse.
—Si tienen seguridad en sí mismos, no tienen por qué sentirse desconfiados y temerosos —claro, como nadie iba a hostigar a Amaya hablaba fácil.
—Si se descuidan, claramente irán a los brazos de ese chico —Kagami también gustaba de joderles la vida a todos.
—Este viaje sin duda está resultando sumamente entretenido —claro, para Kuroko únicamente. El resto que les den por saco.
Tras terminar de desayunar, fueron por sus maletas y abandonaron el hostal que les dio cobijo por un puñado de horas. Era momento de continuar no tanto por su gusto, sino porque el inglés así se lo había impuesto y no había muchos que tuvieran el valor moral para ir en contra de sus deseos.
Lo que sí resultaba curioso es que ahora ya contaban de un transporte que al menos se encargaría de llevar sus cosas.
—Listo, con esto las maletas han sido aseguradas —Craig se había encargado de poner un cierto número de petacas sobre el techo del jeep, mientras el resto iban en la parte trasera del mismo—. Y ya que solamente caben cinco personas aproximadamente…
—Ya me hiciste el botones de estos críos —estipuló, torciendo el ceño.
—No te quejes y aprende a relajarte —mencionó cándido—. Iré con los chicos, así que si ustedes quieren pueden ir en el coche de este amargado —su atención se enfocó en las chicas, quienes se miraron.
—No se peleen por subir —Hadrien intervino, echándole el brazo al rubio—. Te ves fatal, ¿no dormiste?
—Tu querido amigo me dio un sermón de dos horas de cómo ser un buen hermano. Y como eso no le bastó me paró a las seis de la mañana a contarme el porqué de su visita y gracias a ello no pude conciliar el sueño —gruñó, reservándose las ganas de tomar un cigarrillo de su cajetilla.
—Subiré —Aoi fue la primera en abordar.
—Creo que tomaré la oferta que mi querido hermano ha dado —Ju disfrutó su camino hasta el interior del vehículo. Kai le atravesó con la mirada.
—Vamos Amaya, subamos tú y yo —Kiyoe arrastró a la pelinegra consigo. Incluso Noa se les unió. Sabiendo acomodarse, cabían perfectamente bien.
—Para que Dai-chan no se ponga celoso, ocuparé el último puesto —quizá las intenciones de Momoi eran buenas, quizá sólo quería ser la más cómoda e ir de copiloto.
—…Si su autobús se interpone en mi camino, lo estrellaré —Zabeck se moría de la risa al tiempo que empujaba al chico a la zona del conductor.
Los chicos que no contaron con tanta buena suerte tuvieron que tomar el autobús que les permitiría llegar a su siguiente destino. Aunque ya no contar con todas esas maletas era una bendición, misma que dejaba de tener valor en cuanto se acordaban de que el inglés iba con él y que el otro extranjero continuaba acaparando la atención de esas cuatro chicas.
—Esto apesta…—farfullaba Aomine.
—¿Otra vez con esa clase de problemas, Aomine-kun?
—¡No idiota! —Kuroko ya estaba de chistosito con él. Para su mala suerte quedó del lado del bus en donde debía compartir su espacio vital con Tetsuya, Kagami, Midorima, Kise y Akashi.
—¿Por qué he tenido que ir a dar a este sitio? —Yukio no tuvo mucha suerte y estaba en medio de dos fortachones chicos, teniendo casi en frente a su novia, quien estaba entretenida en rubios asuntos.
—A Craig se le ha ido la mano arrastrando a Kai en todo esto —meditaba el oji violeta.
—Estoy particularmente curiosa sobre él y Craig. ¿Habrá pasado algo serio? —decía Lia.
—No lo sabemos, ni a nosotras nos ha dicho nada —Elin tenía las mismas dudas.
—¿Y has estado bien? Espero no te hayas metido en problemas —preguntó Byron a la francesa; ella estaba sentada frente a él.
—Todo ha marchado bien, aunque hay muchas cosas que debo contarte —expresó, clavando sus pupilas en las de él—. Así que hoy aprovecharé.
—Por supuesto —le sonrió amablemente—. Tendrás toda mi atención este día.
Y por otro lado estaba Motoharu con su siempre confiable cuñado.
—Craig, por cierto. Gracias por el préstamo que nos hiciste a mi familia y a mí —Motoharu permanecía de pie al lado del inglés y no le importaba tutearlo aún con los años que le llevaba—. ¿Cómo está la familia? ¿Y qué relación hay entre ese tal Byron y Mila?
—No hay problema. Además, Leo me pidió el primer favor desde que nos conocimos, así que no podía rechazarle… Y la familia está bien, supongo…—antes de responder su última pregunta, enfocó su mirada en él—. No creo que sea la persona adecuada para responder a ello, así que tendrás que preguntárselo a ella personalmente —el castaño debía suponer que sacarle información a ese hombre era un intento fallido antes de siquiera plantearse la idea.
—Pero es que ni siquiera me hace caso ya…—suspiró con desolación—. Ya sé que todos aman a los rubios, pero no mi Mila-chan…
—Tienen su historia —estipuló, devolviendo su atención en el paisaje de la ventana—. Supongo que aun eres joven para saber lidiar con esa clase de inseguridades —miró hacia la esquina, topándose con ese trío de burlones chicos y su nuevo desafío de quién se pasaba una cucharada de canela sin ahogarse en el proceso y suspiró; la edad valía para dos cosas—. Por cierto, a ella no la conocía —hizo referencia a Sora, quien solamente se reía de esos tres.
—Es mi hermana… Bueno, mi media hermana, para ser precisos. Nos hemos reencontrado y recobramos el tiempo perdido —sonrió un poco más contento.
—Comprendo —bueno, muchos podrían ser ingenuos, pero él no lo era y gracias a que era bueno observando le fue fácil dilucidar una verdad un tanto evidente—. No sé si decir que ha tenido un gusto valiente o muy particular.
—¡¿Te has dado cuenta?! —estaba pensando en que debería comportarse de mejor modo al lado de ese hombre.
—No es evidente, pero está claro que no lo mira con ojos de amistad —sonrió fugazmente.
Tras haber soportado el ir de pie durante toda la travesía y tener que soportar los comentarios de ciertas personitas fastidiosas, podría decirse que todo había valido la pena. Por lo menos ya estaban más frescos y el olor a humanidad había quedado atrás.
Ahora se limitaban a buscar lugar donde pasar la noche; al fin y al cabo, esa tarea les fue asignada y después debían de reunirse con el resto.
Agradecían que el clima estuviera mejor que el día de ayer, pero no estaban contentos por tener que caminar hasta donde quedaba la playa. Y tras una caminata de media hora al fin llegaron.
Habían hecho bien en reservar aquella playa para segundo día de visita. No sólo le doblaba el tamaño a la anterior, sino que sus arenas lucían mucho más finas y blancas a la vista. También se apreciaban más establecimientos de comida y actividades acuáticas típicas.
—Allá están las demás —la vista de lince de Hadrien se encargó de localizar a las chicas. Estaban disfrutando de un apetecible polo.
—Kai se ve tan divertido —Marko se echó a las risas.
—Veo que estás de mejor humor —Craig podría ser muy serio, pero también gustaba de calentarle los humos al rubio.
—Tu concepto de diversión no me agrada y se interpone con el mío —mencionó un poco menos cabreado—. De igual modo, sigue de niñero, que yo me mantendré lejos de tu tiranía —sacó sus gafas de sol de su bolsillo derecho, colocándolos sin más y se retiró.
—Craig, por cierto, necesito hablar contigo —Aoi se había aproximado al joven. Su moralidad le impedía continuar del viaje sin ofertarle los agradecimientos pertinentes por lo que hizo por ella y su familia.
—Motoharu ya se adelantó con ello, así que descuida —le tranquilizó—. Ahora diviértete. Sé que tendrás tu momento de alivio en cuanto reduzca el estrés global de todos —las palabras dejaron confusos a todos, pero en cuanto lo vieron llevarse a rastras a esos tres chicos la situación cobró sentido.
—Al fin alguien que me entiende —Aoi sonreía ante la partida de esos chicos.
—Y entonces, ¿qué hacemos ahora? —la pregunta del millón, hecha por Motoharu.
—¿Qué tal algo como eso? —la atención de los chicos se volcó del oji violeta hasta lo que estaba señalando.
—¡¿Paracaidismo?! —exclamaron cada uno de esos hombres sin pensárselo siquiera. Tenía que estarles tomando el pelo.
—…Algo como eso sería estúpidamente peligroso…—Midorima ajustó sus lentes, viendo al joven con seriedad. No quería morir tan pronto.
—Suena demasiado arriesgado… ¿Y si jugamos baloncesto o algo por el estilo? —Kise había apreciado que se practicaba el paracaidismo con descenso en la playa, pero no creyó que alguien le invitara a participar de ello como actividad recreativa.
—¡Quiero hacerlo! —la parte aventura de Motoharu salió a relucir.
—Tu hermana no te lo permitiría –objetaba Yukio. Y eso era muy cierto.
—Pero yo quiero…
—Bueno, era una opción. No tenían que considerarla demasiado… Está bien que no quieran subir.
—Yo quiero ir y tengo edad para subirme a esa cosa —Axelle estaba más que lista para la adrenalina.
—Pues vayamos entonces.
—Yo también iré —se anotó Aomine. No iba a compartirla con ese extraño del que se negaron a informarle Hadrien y asociados.
—Daiki, esa es una buena noticia —le sonrió, jalándolo de inmediato. Era particularmente extraño el cuadro que formaban, quedando él en medio de los blondos.
—¿No les da vergüenza que Aomine-kun esté dispuesto a saltar desde peligrosas alturas y ustedes se acobarden con tan poca cosa? ¿No se supone que hemos venido a divertirnos y olvidarnos de las prácticas de baloncesto? —pronunciaba Kuroko con una seriedad abrumadora, mirando a cada uno de esos amigos suyos—. Las experiencias nuevas son reconfortantes y como no lo ha hecho ver Akashi-kun, siempre podemos aprender de ellas.
—Tetsuya tiene mucha razón —Akashi tampoco gustaba de esa clase de actividades, pero podría no ser tan malo como parecía.
—Si Aka-chin dice que está bien, entonces supongo que podemos hacerlo. Luce divertido… La gente parece gritar de la emoción.
—¡Idiota, grita porque están aterrados! —exclamaba Kagami.
—Además no podemos quedarnos atrás —espetaba Kasamatsu. Él tenía otra clase de razones para forzar su valentía y saltar desde tan alto.
—Te comprendo totalmente, Yukio. Me siento del mismo modo… Así que —posó sus castañas pupilas en su hermana—…no intentes detenerme, lo haré. Probaré que soy igual de digno que él.
—Moto, es algo muy peligroso. No dejaré que cometas una locura como esa.
—Aoi, descuida, me encargaré de cuidar de él —prometió solemne su novio. Ella al no poderle sostener la mirada por demasiado tiempo sin pensar en su meloso comportamiento, terminó dándole el permiso con un gesto de su mano para moverse hacia otra dirección.
—Bueno, es ahora o nunca, chicos —motivaba Motoharu a todos. Había llegado de probar si eran a prueba de alturas.
