Aunque parezca repetitivo gracias por sus comentarios, los dejo con la siguiente parte de la historia esperando que sea de su agrado y que me dejen su opinión (:
Ya no quieren ver sufrir a Lena y lo entiendo, no he visto la última temporada de la serie pero más o menos me mantengo al tanto de lo que pasa y me siento indignada por lo que le están haciendo al personaje, pero no lo voy a discutir aquí porque me llevaría horas jajaj
OK, aquí está la continuación de esta historia, espero que la disfruten, todavía nos quedan un par de capítulos más:
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PARTE VI.
- Hola.
Lena no podía evitar sonreír cada vez que escuchaba la voz de Kara. Al principio (y suponía que era en parte por los medicamentos que le administraba Amy) era complicado mantener la ansiedad bajo control, una lucha constante y agotadora contra el miedo, que por lo general terminaba perdiendo. Escuchar a Kara conseguía calmarla, concentrarse en otra cosa que no fuera la angustia de la oscuridad, de no saber si sería para siempre, y la ponía a flote con la certeza de que ella se encontraba a su lado. Era cierto que la oscuridad seguía ahí, pero al menos ya no se encontraba sola.
De todas las cosas que en algún momento imaginó que le podían suceder (y la lista era larga), perder la vista no había estado en sus planes. ¿Atentados contra su vida? Claro. ¿Secuestros? Muy posiblemente. ¿Ser manipulada por su familia? Totalmente. Pero ser privada del sentido de la vista la había tomado totalmente por sorpresa, y estaba de más decir que era como estar en una pesadilla todo el tiempo. Lo raro era, que a veces la oscuridad no era total. De vez en cuando su cerebro la regalaba una especie de destello colorido, pero era sólo eso, colores sin forma definida, azules, marrones, violetas, y era curioso pero la voz de Kara era como una luz sutil en su campo de visión, algo que estaba en todos lados pero era imposible de tocarse. Por eso sonreía al escucharla, porque le daba tranquilidad, era un respiro en medio de la pesadilla.
Sin embargo, en ese momento la voz de Kara tenía una inflexión que no le había escuchado antes, o quizá sí pero nunca había puesto especial atención. Identificar las emociones en su voz cuando no podía tener como referencia las expresiones de su rostro era difícil, pero estaba mejorando. Suponía que era una especie de nerviosismo o inseguridad lo que predominaba en su voz.
- Hola.
Le respondió y hubo un silencio incómodo, Lena no quería pensar demasiado en las causas. A veces no le gustaban mucho los silencios de Kara porque le era imposible saber la manera en que la rubia la observaba, y eso la frustraba. Después de todo, ella estaba tratando de ignorar lo que había sucedido horas antes y había conseguido convencerse de que todo había sido producto de su imaginación. Que lo había malinterpretado, que Kara nunca había estado a punto de besarla y que ella no lo había deseado tanto en ningún otro momento. Pero la cercanía de su cuerpo, la calidez de sus brazos y su aliento tibio acariciando su rostro habían sido tan reales que cada vez que lo recordaba era como estar ahí otra vez.
- Traje algo para distraernos.
- ¿Si?
- Es un ajedrez, las piezas tienen marcas sensibles al tacto y el tablero tiene algunas perforaciones para que embonen y puedas hacer los movimientos sin tirar el resto de las piezas.
Lena sonrió otra vez. Los esfuerzos de Kara para mantenerla alejada de pensamientos deprimentes la hacían sentir una calidez especial en el corazón.
- Genial. - le respondió, y escuchó a la rubia exhalar como si se sintiera aliviada y contenta al mismo tiempo.
No hablaron mucho después de eso. Se enfrascaron en el juego y Lena descubrió que Kara era mucho más hábil de lo que decía ser. En algún momento se preguntó si no la había dejado ganar la primera partida, pero no pudo identificar hipocresía en la exclamación de Kara cuando se dio cuenta de que había perdido.
- P-pero... ¿cómo?
La imagen de Kara con la mirada confundida apareció en su mente, divirtiéndola.
- Necesita más práctica Señorita Danvers. Y ahora entiendo perfectamente la expresión de que cuando eres bueno en algo, puedes hacerlo hasta con los ojos cerrados.
- Vamos a hacer esto más interesante. – le dijo Kara en un tono pícaro, y Lena alzó las cejas.
- ¿Como el strip póker pero con ajedrez? ¿Por prendas? No es justo, ¿cuál es el punto si no te puedo ver?
Cuando haces una broma que puede parecer fuera de lugar existe un segundo en el que el corazón te da un salto y deseas no haber abierto la boca ni por accidente. Eso fue exactamente lo que sintió Lena cuando el silencio de Kara se prolongó más de lo debido. Ese silencio que la hacía sentir insegura acerca de lo que Kara pensaba de ella, quizá había cruzado una línea que deseaba que no estuviera ahí.
- ¿Yo sólo estaba pensando en apostar comida y tú en quitarme la ropa? ¡Tu mente perversa no tiene límites! – le respondió Kara.
Había alegría en el tono de su voz. Así que Lena entendió que la broma había sido bien recibida y la preocupación se esfumó. ¿Hasta dónde podía llegar con esos comentarios sin que Kara se incomodara? Era como caminar en un lago congelado sin saber si el siguiente paso la hundiría irremediablemente en la frialdad de su amiga. Pero coquetear era algo que también podía hacer con los ojos cerrados, era divertido e inofensivo. Al menos siempre lo había sido para ella, un simple jugueteo que conducía a dónde Lena quería que condujera, y en este caso se sorprendió un poco cuando no supo exactamente a dónde quería llegar.
- Cuando dijiste interesante no pude pensar en otra cosa. – continuó, preguntándose por qué no podía dejar de hablar a pesar de que su cerebro le decía que cerrara la boca.
- Debería tomarte la palabra, porque la verdad es que no tengo tanta hambre.
- Mentirosa. Siempre tienes hambre.
- No cuando existe otra opción más apetecible.
Un momento, ¿qué? Kara siguiéndole el juego era algo que no estaba en sus planes. ¿En dónde estaba el botón de emergencia para salir huyendo de la situación?
- Si te vas a inventar las reglas como con el juego de los animales de felpa, déjame decirte que el traje de Supergirl cuenta como una sola prenda. Y como persona con desventaja sensorial, si no puedo ver, entonces puedo tocar. – le dijo Lena, porque como empresaria y mujer de negocios su botón de emergencia era tomar decisiones arriesgadas. Una audacia que constantemente dejaba a otros sorprendidos, y a ella sintiéndose en control de la situación.
La carcajada de Kara fue como música para sus oídos.
Kara no era ningún negocio, o un trato a punto de cerrarse ¿a quién estaba tratando de engañar? El control de todo lo que estaba pasando con ella lo tenía perdido desde hace tiempo. Se le había empezado a ir de las manos en el momento en el que la otra joven le sonrió con sinceridad en uno de sus primeros encuentros.
Uno de los detalles con Kara era que solía provocarle, algunas veces, comportamientos impulsivos. Y los impulsos no estaban bien, los impulsos eran actos en donde intervenía más el sentimiento que la razón, y cuando la razón se le nublaba terminaba haciendo tonterías como ir a tomar a un bar sola, o golpear a un desconocido en la nariz, o comprar tantas flores como fueran posibles para desbordar la oficina de una persona en señal de agradecimiento, ¿qué otra cosa se suponía que tenía que hacer?
Para ella, una amistad sincera era como un país lejano y desconocido en donde no entendía las reglas y costumbres que se tenían que seguir, y entonces iba aprendiendo a tropezones. Pero los límites se borraron con Kara, en algún momento se perdió y empezó a confundirse con lo que sentía. ¿Era normal querer estar con ella todo el tiempo? ¿Era lógico sonreír al instante en cuanto la veía, sin importar la basura de día que estuviera teniendo? ¿Era razonable que le encantara verla sonrojarse, desviar la mirada y tartamudear cuando la halagaba o la observaba con una intensidad que no era propia de una amiga? ¿Era de esperarse que de pronto sus abrazos se convirtieran en un bálsamo para sus problemas, y que incluso ella, buscara iniciarlos? No, no lo era. Recordaba haberse bebido una copa de whisky en cinco segundos cuando se dio cuenta de que lo que sentía por Kara había dejado de llamarse amistad. Una y otra vez se preguntó en que momento había terminado en esa situación, como una diminuta partícula incapaz de escapar a una fuerza gravitacional masiva llamada Kara. Pero se guardó los sentimientos, como hacía siempre que le resultaban un estorbo para funcionar como ser humano frío y distante. Se lo había dicho a Brainy: guárdalos en cajas y olvídate de ellos. ¿Pero lo que sentía por Kara? Flores, inundando su oficina. Cancelar citas y juntas para estar con ella. Libre acceso a su oficina. Cientos de millones de dólares en una compañía donde ella trabajaba. "Muy bien Lena." - se decía, incapaz de detenerse – "Estás traspasando todos los límites conocidos para una amistad." Y aun así, Kara no se daba cuenta. A veces le causaba risa. Otras no podía dejar de llorar con una copa de vino en la mano, porque ¿cómo demonios dejaba de sentir eso por su mejor amiga que nunca le iba a corresponder? Pero después había sucedido lo del casi beso en el DEO y ahora estaba terriblemente confundida, sin rumbo.
- ¡Lena Kieran Luthor! ¡Vas a pagar por eso porque mi traje no lo vas a involucrar en tus jueguitos!
De repente, percibió a Kara acercarse más a ella, y después sintió las manos de la rubia jugueteando a sus costados para hacerle cosquillas. Soltó un pequeño grito ahogado seguido de un "¡No!" y colocó la mano que no tenía lastimada al frente para alejarla, pero no lo hizo con la fuerza suficiente (o sea que ni siquiera se esforzó) y Kara continuó con su castigo. Se rio como no lo había hecho en mucho tiempo, con su amiga prácticamente encima de ella mientras oponía poca resistencia.
- ¿Te rindes? - le preguntó Kara. El movimiento de los dedos sobre su estómago y costados era suave pero certero, conseguía arrancarle carcajadas sin parar.
- ¡N-no!
- ¿No? ¡Te vas a arrepentir!
Por un momento los movimientos fueron tan rápidos que no tuvo duda de que estaba haciendo uso de sus superpoderes. Le sorprendió un poco que pudiera moverse con tanta precisión al mismo tiempo que velocidad y delicadeza. Ni un solo movimiento más allá del límite, ni un solo contacto fuera de lugar.
- ¡Basta! - le dijo entre risas.
Kara se detuvo de inmediato. Ambas con la respiración agitada. Sentía el peso de la rubia sobre ella, su propio cabello revuelto sobre la cara. La empujó de un hombro para darle media vuelta, pero en el sofá no había espacio suficiente y cayeron por el borde hacia el piso alfombrado. Por un instante sintió los brazos de Kara rodearle el cuerpo para protegerla de la caída, pero el golpe fue imperceptible y tuvo la extraña sensación de haber flotado en lugar de caer al piso, algo que a estas alturas ya no le sorprendía. Sentirla tan cerca era nuevo. Mientras estaba encima de ella, podía percibir los músculos firmes de Kara, su tórax subiendo y bajando a causa de su respiración, como una marea relajante, y la firmeza y calidez del resto de su cuerpo.
- Basta. - repitió, deseando poder ver el rostro de Kara. ¿Estaría sonrojada? ¿Sonriente? ¿Sus pupilas tendrían ese color celeste que la hacían preguntarse cómo era posible que el cielo se percibiera un poco menos brillante que sus ojos? Porque si había algo que extrañaba desde que no podía ver, eran los colores de Kara. Ojalá existiera una manera de sentir el azul de sus ojos. ¿Qué tal si nunca la podía volver a ver? Odió que ese pensamiento arruinara el momento.
- ¿Estás bien?
También odió no poder controlar la tristeza que se apoderó de ella y que seguramente invadió su rostro porque el tono preocupado de Kara se lo indicó.
- Sí...
Acercó una mano al rostro de Kara y sintió su piel cálida con las yemas de sus dedos, su mejilla era suave y deslizó la mano ligeramente hacia arriba, cerca de sus ojos, sobre sus párpados y después la frente. Lo hizo con delicadeza, como si tuviera miedo de hacerle daño aunque sabía que una bala no podía atravesar esa piel. Pero no podía verla y nunca se hubiera imaginado que la frustración y la tristeza pudieran sentirse con tanta intensidad. Apretó los ojos y se inclinó para poder acomodar el rostro entre el espacio que formaban el cuello y hombro de Kara. La abrazó con toda la fuerza que pudo conseguir.
- ¿Lena?
Sólo entonces se percató de que estaba llorando.
- ¿Te lastimé? Lo siento creo que no medí mi fuerza ¿estás-?
- Estoy bien.
No la había lastimado, pero tampoco estaba bien. Intentó contener su llanto y soltó un patético sollozo que la avergonzó. No estaba haciendo nada bien si de ocultar sus sentimientos se trababa, pero Kara tenía ese efecto sobre ella. Mostrarse vulnerable con alguien a veces era mil veces más difícil que aparentar fortaleza al resto del mundo.
- Dime qué pasa.
Ella negó con la cabeza, lamentando haber empapado el hombro de Kara con sus lágrimas. Podía sentir sus brazos alrededor de ella y quería alejarse y quedarse al mismo tiempo. Le había dicho a Alex que hablaría con Kara y no pensaba incumplirlo.
- Tengo que irme.
- ¿A dónde?
- A casa, no puedo quedarme más tiempo aquí.
El silencio que siguió fue casi sepulcral, Lena sintió a Kara incorporarse y ella hizo lo mismo. Se sentaron en el piso con la espalda apoyada en el sofá, y Lena sintió el frío extendiéndose por su cuerpo en cuanto se separó de ella.
- ¿Por qué?
- Porque esto no está bien para ninguna de las dos, necesitamos… recuperar el ritmo normal de nuestras vidas. Tan normal como pueda llegar a ser la mía sin poder ver. Hablé con Alex para que aceleren los trabajos de las reparaciones.
- Ya veo. Entiendo que no estés del todo cómoda aquí, solo creo que por el momento es mejor que estar sola.
El tono de Kara era serio. Y Lena quiso decirle que no tenía nada que ver con comodidad, que la semana que había pasado con ella había sido genial, que nunca nadie la había hecho sentir como si valiera la pena el esfuerzo de estar a su lado. Al mismo tiempo había una voz que le decía que tarde o temprano cualquier persona terminaría por cansarse de tener que lidiar con sus demonios internos, esos que incluso a ella le costaba trabajo combatir.
- Tarde o temprano tendré que irme. ¿Cuánto tiempo más quieres que esté aquí? – le preguntó Lena.
- El que sea necesario.
- No puedo quedarme aquí para siempre.
- No dije eso… pero ya que tienes tanta prisa por irte, presionaré a Alex para que terminen cuanto antes.
- Kara, no me malinterpretes-
- ¿Entonces que se supone que tengo que pensar? Si estás cansada de estar aquí sólo dilo y ya.
- Nunca dije-
- Sí, ese es tu problema últimamente, nunca dices lo que realmente estás pensando. Me ocultas cosas.
- Oh, ¿ahora vamos a hablar de ocultar cosas Señorita doble identidad? – No es que le guardara resentimiento por lo de su identidad, pero lo dijo porque necesitaba finiquitar esa discusión, antes de que las cosas tomaran un rumbo poco agradable para ambas. Pero entendió que con ese comentario sólo lo había empeorado.
- Es diferente. – le respondió Kara, no tenía que ser capaz de observar su rostro para darse cuenta del tono herido en la voz de su amiga.
- Entiende que te estoy liberando de una carga, es por tu bien.
- No. Tú no decides lo que es una carga para mí, o lo que es por mi bien. ¿Crees que hago esto por obligación y culpa? Dime que no te he dicho suficientes veces que lo hago por… porque quiero acompañarte y estar contigo.
La voz de Kara tenía el tono de una plegaria desesperada.
- Sí, ¿y qué va a pasar cuando decidas que no vale la pena? – Continuó, alzando el tono de voz sin poder evitarlo - Ya te lo dije una vez, ¡no vale la pena! ¡Deja de intentarlo! Vas a cansarte, ¡no puedes cuidarme para siempre!
- ¡Sí puedo!
El silencio en la sala volvió a inundarlo todo y Lena tan solo escuchó la respiración agotada de Kara. Quizá lo había logrado, finalmente la había convencido de que no estaba dispuesta a lidiar con esto de tiempo completo. Lena odiaba el desastre de su incapacidad para demostrar sus sentimientos como ella lo merecía.
- Escucha. Necesito decirte algo.
No era precisamente lo que quería, pero era justo escuchar lo que Kara tenía que decir.
- ¿Sabes que últimamente no puedo dejar de pensar en ti?
Lena contuvo la respiración un par de segundos y apretó la mandíbula para evitar que le temblara a causa del nerviosismo. Eso seguramente no podía significar lo que ella quería que significara. Si hubiera podido desviar la mirada lo hubiera hecho, pero todo lo que pudo hacer fue agachar la cabeza para que al menos Kara no fuera capaz de observarla de frente y darse cuenta de su evidente sorpresa.
- ¿Sabes que he tenido tanto miedo a perderte que a veces quisiera envolverte en mi capa todo el tiempo para que nadie te haga daño? Pero sé que no lo puedo hacer, que eres lo suficientemente capaz de cuidarte sin mí, y luego me doy cuenta de que sólo basto yo, para echarlo todo a perder, que pensé que podía controlarme y ahora cada vez me resulta más difícil evitar verte de otra manera que no sea como mi mejor amiga.
Lena se sentía incapaz de decirle que sentía lo mismo, a excepción de lo de la capa, porque la única manera que se le ocurría para proteger a un ser que era prácticamente invencible era alejándola, porque en ocasiones parecía que todo lo que tocaba un Luthor terminaba desmoronándose, por muy buenas que fueran sus intenciones, y no quería eso para Kara. Y tampoco para Supergirl, que tendría que tener un millón de cosas más importantes por las que luchar.
- Dime Lena, ¿lo sabes? ¿Sabes que esta batalla para no enamorarme de ti la tenía perdida mucho antes de darme cuenta?
¿Había dicho enamorarse? Lena se quedó en silencio por temor a que en el momento en el que hablara, se le quebrara la voz, intentó contener todas sus emociones, resguardarlas debajo de un rostro impasible en el que cada vez era más complicado que no se notara el peso del sufrimiento que llevaba encima. Pero los ojos le escocían a causa de las lágrimas, y las manos le temblaban, y cuando habló su voz sonó exhausta.
- Ahora lo sé.
- Si piensas que eso no es suficiente entonces no hay nada que pueda hacer para evitar que te vayas. Dime que no sientes lo mismo y lo entenderé… puedo alejarme de ti si es lo que quieres, si es lo que necesitas.
Algo en la manera en la que Kara pronunció la última frase, la que hablaba de alejarse de ella, le dijo que estaba mintiendo.
- Por favor dime algo.
La voz de la rubia sonaba desesperada, teñida de nerviosismo y esperanza al mismo tiempo. Parecía que estaba llorando, o a punto de hacerlo. Lena tenía un nudo en la garganta pero era experta en ocultar emociones, o quizá era incapaz de perder el control, quizá realmente había algo que estaba muy mal en ella, en el fondo, enraizado en lo más profundo sin que nadie pudiera hacer algo para extirparlo. Y si Kara, la única persona capaz de demostrarle tanto afecto de manera incondicional no era capaz de erradicar esa oscuridad, entonces estaba realmente perdida.
- No sé… cómo hacer esto. – terminó confesando Lena.
- ¿Qué cosa?
- Demostrarte lo que siento… lo he intentado con otras personas. Con Jack. Con James. ¿Sabes qué fue lo que me dijo James? Que no lo quería. No es suficiente, ¿entonces qué es Kara? ¿Qué es suficiente? ¿Por qué parece que cada vez que me esfuerzo un poco más empeoro las cosas? Voy a hacer algo lo sé, voy a hacer algo que te va a decepcionar y te voy a lastimar, y no voy a dejar que eso suceda porque jamás he querido proteger a alguien de la misma manera que a ti, y si para hacerlo tengo que alejarte antes de que cometa algún error, es justo lo que voy a-
No pudo decir nada más porque de inmediato sintió los labios de Kara sobre los suyos. El contacto fue sorpresivo y torpe. Se quedó inmóvil y cerró los ojos por reflejo, asimilando la humedad y calidez de la boca de Kara. No le había mentido a Kara, sus experiencias con mujeres no eran demasiadas, y habían estado marcadas simplemente por deseo físico, por la necesidad de sentirse conectada con alguien más, aunque fuera de manera temporal y superficial. Pero definitivamente los labios de la rubia eran los más suaves, tibios y deliciosos que alguna vez había probado. El corazón se le aceleró cuando la rubia abrió ligeramente la boca pero aumento la presión, buscando más profundidad en el contacto. Ahogo un gemido cuando la lengua de Kara acarició sus labios, pidiendo permiso para ir más allá, un permiso que Lena concedió con gusto porque… ¿en qué estaba pensando hace unos segundos? Tenía el cerebro aturdido y sólo una cosa en mente: Kara, Kara, Kara, Kara. Cuando la lengua de Kara tocó la suya y empezó a moverla lentamente para acariciarla, Lena terminó por irse a las nubes y los argumentos enteros para no estar con ella se esfumaron tan fácil como el vapor de agua. La otra joven la aferró de la cintura para atraerla más hacia ella, y Lena terminó cediendo al contacto hasta que, de alguna manera, Kara consiguió levantarla y acomodarla sin esfuerzo en su regazo para terminar a horcajadas sobre ella. Eran las ventajas de besar a alguien con superpoderes, suponía.
La besó con unas ganas incontrolables de perderse en las sensaciones que estaba experimentando, sabiendo de inmediato que nadie había sido capaz de provocarle tanto, que ningún hombre o mujer se habían sentido así, como Kara, que la tocaba con delicadeza pero la besaba con intensidad, como si no existiera nada más en el universo. Era un punto luminoso en su ceguera.
Interrumpieron el contacto para respirar pero Lena no fue capaz de prolongar eso por mucho tiempo, porque cuando sus pulmones decidieron que tenían suficiente aire, volvió a besar a Kara, sujetándola del rostro, deslizando la mano que no tenía lastimada por su cuello y acariciándole la nuca para regocijarse en la suavidad de su cabello. Kara emitió un gemido que le erizó la piel a Lena, e hizo una pausa porque de haber seguido dudaba que hubiera podido detenerse. Besarla, finalmente besarla, era como dejarse llevar por un tren a toda velocidad con los frenos averiados. Con los ojos cerrados, colocó la frente sobre la de Kara y respiró profundamente, para calmar sus jadeos, sus exhalaciones se mezclaban con las de Kara, que la tenía aferrada de la cintura de manera firme, como si tuviera miedo de que se esfumara.
- Cansarme dijiste… - susurró la rubia, besándole el cuello y sintió su respiración agitada golpeándole la piel en pequeñas bocanadas. Lena dejó escapar el aire que tenía en los pulmones de manera temblorosa. - ¿Cómo voy a cansarme de esto?
- Kara…
- Deja de tener miedo. – le dijo, con un beso fugaz sobre sus labios.
¿Miedo? No estaba segura de que lo que estaba sintiendo era miedo.
- ¿Confías en mí?
Lena asintió con la cabeza de inmediato. De eso si estaba segura.
- Entiende que no hay manera de que lo que sientes te lleve por mal camino, porque yo voy a estar ahí en cada paso que des.
Lena sonrió, y se le escaparon un par de lágrimas. En algún momento haría una broma acerca del hecho de que la persona indicada para ella, hubiera tenido que llegar de otro planeta.
- Algo tuve que haber hecho muy bien para que te enamoraras de mí.
- Pfff… ¿quieres una lista? Nunca pienses que no eres suficiente. Eres mucho más de lo que hubiera podido necesitar. Además, no estás aquí para cubrir las expectativas de nadie. Y te juro que la próxima vez que vea a James voy a patearle el-
- Kara...
- De acuerdo, no.
La rubia suspiró y mientras la aferraba de la cintura, la levantó con suavidad para acomodarla en su regazo y entre sus piernas. Lena lo agradeció porque estar a horcajadas sobre ella estaba empezando a ponerla nerviosa, el tipo de nerviosismo que le provocaba un cosquilleo casi placentero en el abdomen.
- Quisiera verte. Y que no fueras un rostro de contornos borrosos en mi mente.
- ¿Qué pasó con "si no puedes ver, entonces puedes tocar"?
Kara sujetó su mano y la colocó sobre su rostro. Lena la dejó ahí unos segundos. Era imposible no encontrar consuelo en el tacto suave de su piel. Kara le besó la palma de la mano y después el dorso, la calidez de sus labios provocaron una sonrisa en Lena.
- Entonces… - le dijo Kara, dejando que Lena acomodara la cabeza sobre su hombro y acariciándole el brazo con delicadeza - ¿Esto significa que vas a quedarte?
- Hablaba en serio cuando dije que tenemos que recuperar el ritmo normal de nuestras vidas.
- ¿Normal? Estás hablando con Supergirl, soy Kara Zor-El y mi vida desde que llegué a este planeta ha sido todo, menos normal. Y tú… Lena Luthor, eres la mujer más influyente de la ciudad, inteligente, millonaria, hermosa, que no es fan de NSYNC porque algún defecto tenías que tener-
- Ya basta. – le dijo Lena, dándole un pellizco que sólo le hizo cosquillas a Kara.
- No creo que normal sería la palabra que utilizaría para describir nuestras vidas.
Lena suspiró. Sonrió. Dejó de tener un poco de miedo.
- Tal vez unos días más. – claudicó.
La risa ahogada que soltó Kara no pasó desapercibida para ella, tampoco la manera en que la aferró un poco más fuerte, y mucho menos el beso húmedo que colocó en su mejilla derecha.
Lena suspiró y trató de asimilar la idea de que sus sentimientos eran correspondidos y que acababa de besar a Kara. Se sentía un poco abrumada, y tan feliz que por momentos no podía creer del todo que esto fuera su vida.
El sonido de un teléfono celular se escuchó distante e imaginario, como en otra dimensión, y Lena decidió ignorarlo, pero el molesto ruido continuó y ambas se separaron mientras Lena intentaba averiguar de dónde provenía.
-Es mío. - le dijo Kara, - Lo siento. - continuó, exhalando aire con exasperación y moviéndose para responder. - ¿Qué pasa? Sí, entiendo... ¿justo ahora? De acuerdo. No. Todo está bien.
Cortó la comunicación y hubo un silencio incómodo, seguido de un suspiro cargado de responsabilidad.
-¿Es una emergencia? - le dijo Lena, sonriendo resignada.
-Sí...
-Tienes que irte.
-Pero...
- Kara, vete ya.
- ¿Podemos hablar después? Te prometo que regresaré tan rápido como - Lena colocó sus dedos sobre los labios de Kara, interrumpiéndola.
- Claro, después. Date prisa.
Sintió los labios de Kara curvarse en una sonrisa debajo de sus dedos. La rubia le sujetó la mano, le dio un suave beso en los labios (no dejaba de besarla, y a Lena no le molestaba en absoluto), y se elevó en el aire con ella entre sus brazos, para acomodarla en el sofá. Aunque no era la primera vez que lo hacía (jamás podría olvidar aquella vez que le salvó la vida después de haber sido empujada por la terraza de su oficina), la experiencia fue un poco irreal para Lena. La levantaba con la misma facilidad y delicadeza que un ser humano a una flor. Después, se fue tan rápido que generó una oleada de viento que le revolvió el cabello oscuro, y ella se quedó ahí, despeinada y con una sonrisa inevitable en los labios.
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- Vas a quedarte ahí por lo menos tres horas más, es una orden.
Kara, acostada en la cama solar, soltó un gemido acongojado. La llamada de emergencia fue para contener el ataque de un alien y todo había salido más o menos bien, a excepción de que le había drenado un poco los superpoderes y ahora debía permanecer en la cama solar para "recargarse".
- ¡Alex! ¿Puede ser menos tiempo?
Su hermana alzó las cejas.
- ¿Por qué tienes tanta prisa? Tus poderes no están al cien por ciento, sabes el riesgo que eso implica, sólo te estoy pidiendo tres horas de tu tiempo.
Su hermana se cruzó de brazos y puso cara de querer estar en cualquier otro sitio menos ahí. Pero después sonrió y la expresión de la rubia no pasó desapercibida para Alex. Parecía que su mente estaba muy lejos de ahí, y si no tuviera plenamente identificadas las consecuencias de la lucha en contra del alien de hacía unos minutos, estaría segura de que esa sonrisa era algún efecto secundario de la pelea. O que simplemente se había golpeado muy fuerte la cabeza. O que acababa de probar su platillo favorito por la manera en que constante, y al parecer inconscientemente, se pasaba la lengua por los labios como saboreando algo, tan sólo para volver a sonreír con cara de satisfacción. Tal vez su hermana estaba bajo el influjo de alguna sustancia desconocida, a juzgar por la expresión de su mirada. Era como si estuviera viendo colores que no sabía que existían.
El teléfono celular de Alex sonó, y se sorprendió un poco al ver que se trataba de Lena. Aun así contestó.
- ¿Hola? Sí... Su teléfono se arruinó en la pelea. No, tranquila, está bien. Claro Lena.
Un golpe seco hizo que Alex dirigiera la atención a su hermana. Al escuchar el nombre de Lena, Kara había intentado ponerse de pie tan rápidamente que no midió espacios y se dio un golpe en la cabeza con la parte superior de la cama solar. Le dolió bastante porque en ese momento era poco más que humana.
- ¡Ouch!
- Oye, voy a tener que atarte para que te quedes ahí. – Le advirtió Alex y regresó su atención al teléfono – Lena, está bien, tranquila. ¡Supergirl siéntate! ¿Lena? no te estoy mintiendo. ¿Eso es sangre? No no no, Lena, Supergirl no está herida de gravedad. ¡BASTA! ¡LAS DOS!
El grito de Alex consiguió que Kara regresara a la cama con cara de no tener intención de enfurecer (más) a su hermana. Alex se llevó una mano a la frente. Se acercó a la superheroína y le entregó el teléfono.
- Alguien te busca, escuchó en las noticias que Supergirl había salido lastimada en la confrontación con un alien.
Kara tomó la llamada con prontitud.
- Hola Lena. Sí, estoy bien, no te preocupes. Alex quiere que me quede tres horas más en la cama solar pero no creo que sea necesario... oh. Sí… sí. De acuerdo. ¿Estás segura? Bien, te veré en cuanto salga de aquí… podría llevar algo para cenar, estoy hambrienta. - le dirigió una mirada nerviosa a su hermana – Claro, hasta luego. Adiós. - y cortó la comunicación.
Le entregó el teléfono a Alex, se recostó en la cama y entrelazó los dedos de las manos, cerrando los ojos. Alex la observó con mirada incrédula.
-¿Es en serio? ¿Llevo media hora tratando de convencerte de que te quedes ahí y todo lo que necesitas es una llamada de Lena para obedecer?
Kara pasó saliva con dificultad pero se quedó en silencio. Alex no quiso indagar, tenía la clara sensación de que algo ocultaba su hermana, pero decidió que Kara se lo dijera cuando estuviera lista.
-Puedes irte en tres horas, descansa.
Le dijo, sin que se le pasara por alto la sonrisa en los labios de su hermana.
Casi tres horas después volvió para encontrar a Kara despierta y moviendo impacientemente los pies.
-Supongo que unos minutos no harán la diferencia, te puedes ir.
La rubia saltó de la cama al instante.
-¿Vas a decirme por qué no puedes dejar de sonreír?
Kara intentó disimular la sonrisa, lo que consiguió que sólo fuera más evidente.
-Eh...
- Asumo que es algo que tiene que ver con Lena.
Kara se llevó una mano a la cabeza, observó al suelo y sonrió con un brillo especial en los ojos. De verdad, la actitud de su hermana empezaba a parecerle en el límite de lo ridículo. Alex le sonrió cálidamente, se acercó a ella y le dio una palmadita sobre el brazo.
- Si te tiene así de contenta, dime cuando estés lista.
- La besé.
Alex alzó las cejas, hubiera querido sorprenderse pero de cierto modo lo anticipaba, después le sonrió con entusiasmo y la felicitó.
- Wow, ¡qué bien! ¿Y qué tal?
- Me correspondió, ¿¡Puedes creerlo!? No lo hemos hablado del todo... fue justo antes del ataque alienígena, y tuve que irme. Rao, Alex, ¿crees que deba llevarle algo? Como un regalo… no quiero fastidiarla con mi actitud, ¿sería demasiado? ¿Y si se arrepiente? ¿Necesito calmarme? Sí, necesito calmarme.
- Kara, tienes que dejar de hiperventilarte cada vez que hablas de Lena.
-Estoy bien. Fue maravilloso. - le dijo, sonriendo tanto que contagiaba a Alex.
Con lo que estaba a punto de decirle presentía que le iba a dar un colapso nervioso.
-Mañana tenemos los resultados de los exámenes que le practicamos.
La sonrisa de Kara se desvaneció un segundo y Alex pudo ver que el temor apareció en sus facciones como una sombra ominosa.
-Oye, no pongas esa cara... puedo decirte que hay un noventa y ocho por ciento de posibilidades de que recupere la visión. Y no habrá necesidad de arriesgarte a ti también.
Kara dio un salto, la abrazó y la cargó diciéndole que era la mejor hermana en todas las galaxias que conocía.
-Sí... - le dijo Alex, una vez que estuvo sobre el piso nuevamente y recuperó la compostura – Vamos a tener que hacer un procedimiento… una especie de cirugía. Es algo muy sencillo cuando se cuenta con la tecnología necesaria, y la tenemos en el DEO. Después de eso solo será cuestión de un par de días para que empiece a tener una mejoría y recupere la visión gradualmente.
- No tienes idea de lo contenta que se va a poner.
- Creo que me doy una idea. Mañana temprano la espero aquí para darle la noticia.
Kara asintió con la cabeza, y suspiró con satisfacción.
-Tengo que irme.
-¿A ver a Lena?
Alex se cruzó de brazos y alzó una ceja dirigiéndole una mirada sugerente.
- Estamos viviendo en el mismo departamento por el momento, así que eso es obvio.
- Lo sé. Y tienes que pensar que ahora que va a recuperar la vista ya no será necesario que siga quedándose contigo.
Kara apretó los labios.
- Claro, lo entiendo… está bien.
- ¿Segura?
- Claro, Lena recuperando la vista es lo mejor que pudo haber pasado, eso significa que las cosas volverán a ser como antes. Excepto por… bueno, lo nuestro…
- Es tu novia. – le dijo Alex, dándole un golpe en la cabeza.
- Mi novia. – afirmó Kara, con una sonrisa en el rostro. Alzó la cabeza orgullosa y los ojos le brillaron. – Es mi novia. Lena Luthor. Mi novia.
Alex puso los ojos en blanco.
- Por cierto. ¿Alex? Quisiera pedirte… un favor.
- Te escucho.
- El salón donde solemos entrenar, tiene cierta tecnología para privarme de mis poderes de manera temporal y sin efectos secundarios.
- Así es. ¿Por qué?
- ¿Hay manera de tener acceso a esa tecnología fuera del DEO?
Alex lo meditó un segundo y enseguida una expresión de reconocimiento pasó por su rostro.
- Oh no. No. Ni lo pienses. ¡Kara Zor-el Danvers! ¡Lo quieres para estar con Lena!
- ¡No dije eso!
- Es obvio. Y no, lo siento. Es tecnología exclusiva del DEO, no la puedes utilizar para tus… encuentros pasionales con tu novia.
- En-encuentros pasionales - Tartamudeo Kara - Nunca dije que… ¿sabes qué? Olvídalo.
Kara desvió la mirada y Alex se sintió un poco mal cuando observó el rostro sonrojado de su hermana y la expresión de enfado. No debía ser agradable tener que preocuparse de hacerle daño físico a alguien de manera no intencional, y mucho menos a alguien tan importante como lo era Lena para Kara.
- Lena es muy inteligente y tiene los recursos, pídele ayuda con ese asunto. – Agregó Alex, con un tono mucho más benevolente - Estoy segura de que trabajará gustosa en algo así. ¿Y por qué ahora te preocupa? No recuerdo que tus poderes hayan sido antes un problema.
- No, pero tuvimos una conversación. Y cuando la estaba besando me di cuenta de que no quiero arriesgarme… ¿Qué tal si todo este tiempo he estado conteniendo algo que no tendría que contener? No quiero lastimarla, sé que no podría dejar de pensar en eso al estar juntas, y quiero que todo esto, estar conmigo, sea maravilloso para ella. Y cuando digo estar conmigo no sólo me refiero a la parte física.
Alex se quedó en silencio observándola fijamente, con expresión neutral.
- Realmente estás… perdidamente enamorada.
Kara se limitó a sonreír, sintiendo que no había nada que agregar.
- Pero lo siento, no puedo ayudarte con eso… la tecnología que utilizamos aquí es muy delicada, mucho más que armas militares.
- ¡Agente Danvers! Tenemos una situación.
Un agente del DEO interrumpió su conversación y Alex se acercó a él para saber qué estaba sucediendo.
- Tenemos reportes de que hay un grupo de aliens y humanos en el exterior del apartamento de Kara Danvers.
Kara y Alex intercambiaron una mirada preocupada.
- ¿Hay algún enfrentamiento?
- No por el momento, sólo discusiones de palabra. Pero todo parece indicar que están ahí porque de alguna manera se enteraron de que Lena Luthor ha estado viviendo temporalmente con Kara Danvers, y a pesar del mensaje que Supergirl dirigió hace unos días, aún hay cierta resistencia a creer que no existe ninguna rivalidad entre ella y la joven Luthor. Además, existe el rumor de que la ceguera Lena Luthor es una farsa.
- ¿Qué? – preguntó Kara, indignada.
- Dicen que es un truco para manipular la opinión pública y causar lástima. Que lo está utilizando para ocultar sus verdaderas intenciones de acabar con Supergirl.
- Tengo que estar ahí. – les dijo Kara, caminando decidida hasta el balcón para trasladarse hasta donde se encontraba Lena. La sola idea de que estuviera sola con un grupo de alienígenas que tenían diversas habilidades sobrehumanas la ponía en extremo nerviosa.
- Kara, si no la han atacado hasta este momento, es poco probable que busquen hacerle daño. – le dijo Alex, antes de que se marchara.
- Lo sé, pero no quisiera arriesgarme.
Sin decir nada más, salió volando en dirección a su departamento.
...
