¡Muy buenas noches gente bonita! Ya llegué para traerles salseo del bueno C: Así olvidarán que no he actualizado este fic a saber desde cuándo. Pero olvidémonos del pasado y disfruten de lo que les he traído. Esto se está descontrolando lol

Capítulo 139

La Prueba de la Valentía

Su demanda de oxígeno no había sido tan grande como en ese momento que recién había terminado la carrera. Los latidos de su corazón no era más que un desenfrenado torbellino de palpitaciones y su piel se hallaba aperlada por esas presurosas y numerosas gotas de sudor.

Todo ese esfuerzo y determinación hubieran valido totalmente la pena si la diosa de la victoria hubiera decidido sonreírle esa tarde. Pero quizás subestimó totalmente a su enemigo.

—Lo hiciste muy bien, Kimura —profesó el indiscutible ganador; uno que se veía totalmente impávido a su lado. Apenas y se le notaba agotado.

—Eres...bueno —reconoció con enorme esfuerzo. Su orgullo estaba herido y demoraría en recomponerse—. Pero no te duermas en tus laureles, vendré por mi revancha.

—Está bien —mencionó tras percatarse de que el pequeño chico estaba decidido a devolverle el favor algún día.

—Moto...—se aproximó tímidamente la danesa al chico. La castaña mirada pasó de esos celestes ojos a la botella de agua que descansaba entre sus manos—. T-Te traje esto...

—Gracias —en verdad que estaba sediento. Aunque en realidad le alegraba más el hecho de que al fin enfocara su atención solamente en él.

—Byron, toma —el inglés había ofrecido una bebida energizante. El rubio la tomó gustoso.

—Es bastante bueno para su edad —le comentaba.

—Su padre fue un gran deportista. Es normal que haya heredado alguna de sus actitudes —mencionaba Craig un tanto motivado—. Además, aún es pronto para que la diversión concluya —las miradas de todos se enfocaron en el inglés. ¿Qué es lo que pretendía ahora?

Ya hacía más de media hora que había abandonado la comodidad y ambiente de esa fiesta. No tanto por su voluntad, pero no podía oponerse si era precisamente él quien se lo pedía.

Así que ahora ambos disfrutaban del hermoso y vivido atardecer mientras la brida marina removía suavemente los mechones de su cabello.

—¿Sabías que Murasakibara tiene una chica que le interesa?

—Seguramente está mintiendo —mencionaba vilmente, Daiki—. Las amigas imaginarias no valen.

—¡Daiki, no seas grosero!

—¡Auch! Deja de golpearme —la muy canija le había dado justo en las costillas—. Primero te olvidas de que tienes novio y ahora me golpeas.

—No me olvidé de ti, tonto —chasqueó, mirándole con cierto desdén—. Sabes que necesito mi espacio de vez en cuando. Y ahora debía organizar la fiesta y todas esas cosas —se defendió—. Si todos ustedes fueran buenos amigos, hubieran ayudado a Kagami —ahora le estaba reclamando por ser un gilipollas.

—¡¿Ah?! ¿Por qué deberíamos ayudarle? Él fue el idiota que se metió en ese problema.

—¿Ves? Por esa actitud nosotros nos encargamos de ayudarle —concluyó casi de manera intransigente—. Así que si te vas a enojar con alguien que sea con tus amigos de secundaria y contigo mismo.

—Tsk... Ya, dejemos este tema en paz. Cuando te pones en este plan estamos horas discutiendo.

—Pues si ya lo sabes, no sé para qué me provocas —ya se escuchaba más relajada, incluso había dejado caer su cabeza sobre su hombro—. ¿Qué haré contigo y tus celos...casi enfermizos? —ironizaba.

—Amarme tal cual soy y alejarte de tus ex parejas —a ella ya no le sorprendía el cinismo con que le decía las cosas, sino más bien le daba risa y cierta ternura—. Ey, no te burles! Hablo en serio.

—Tú también tienes que amarme tal cual soy, y aceptar que debes compartir mi tiempo con los demás.

—...Lo hago. Pero su tiempo es limitado —dictaminó seriamente, clavando esa profunda y oscura mirada celeste en ella.

—A todo esto... Hay algo que aún no te escucho decirme —afiló su vivaracha mirada y le examinó cuidadosamente.

—No sé a qué te refieres —en ese momento mirar en otra dirección era mucho mejor que verla directamente a los ojos. Él sabía a qué se refería.

—Yo ya te lo dije, así que merezco mi respuesta —objetó, subiendo el tono de su voz.

—Los hechos son mejor que las palabras —alegó firmemente—. Ya te lo demostré y quedaste más que satisfecha con ello.

—Pequeño bribón insensible —de lo que él se quejaba no era de sus palabras, sino del duro jalón de mejillas que me estaban haciendo.

—D-Deja de hacer eso...—odiaba cuando se ponía así de infantil y fastidiosa. Pero sabía que esa idea no iba a salírsele de su cabeza hasta que la consolidara.

—Hasta que no lo escuche textualmente de tu boca, no habrá nada entre los dos —le soltó sólo para ponerse de pie y echarle de esas miradas serias que pocas veces contemplaba en su rostro.

—¿Como que nada? ¿A qué te estás refiriendo con eso? —se puso de pie, mirándola de manera expectante.

Pues eso mismo...N-A-D-A —le deletreó diestra y lentamente—. Ni besos, ni abrazos, ni tomadas de manos y mucho menos ya sabes qué.

—¡¿Qué?! —eso sí que no le gustaba en lo más mínimo. Literalmente lo estaba dejando en la zona del amigo que quiere con la chica y solamente tiene derecho a mirar—. ¡No puedes hacerme eso! Suficiente tengo con no poder hacer nada de eso en toda esta semana —era hombre, al fin y al cabo, y compartía más cosas en común con Hadrien de lo que pensaba.

—Pues piensa que el que se está auto-castigando eres tú mismo, no yo —añadió con esa sonrisa engreída y cargada de socarronería. Lo estaba haciendo a posta para escuchar lo que quería. Y eso para Daiki era una oferta directa a un reto.

—Lo haré antes de que acabe este viaje, ¿entendiste? —Axelle apreció lo serio que se puso mencionando tales palabras; siendo incapaz de discernir si eso fue motivado por su orgullo de no querer sometido por sus dictaduras o porque en verdad quería trasmitirle esas palabras.

—Estaré esperando ansiosa —nada como pretender que se iba a llevar acabo un beso únicamente para mosquearle y luego marcharse cándidamente.

—¡Pequeña bribona! —le gritó un tanto cabreado.

—¿Ves que si necesitabas ayuda, Aomine-kun? —Kuroko casi mata de un infarto al moreno. De hecho, hasta saltó ante la casi misteriosa intromisión del joven.

—¡Tetsu, deja de espiarme!

—Yo solamente paseaba casualmente por aquí y escuché tu conversación por accidente —mencionó, tranquilamente y con esos ojos de muñeco puestos en él. Sentía que le miraba el alma.

—No te creo que en lo más mínimo —discrepó, frunciendo el ceño.

—Y entonces, ¿qué fue lo que hiciste en esta ocasión?

—Nada. ¿Por qué siempre creen que el culpable de todo lo malo que pasa en mi relación, soy yo? —se quejó abiertamente.

—Porque siempre eres el origen de los problemas que hay en tu relación, Aomine-kun… En términos simples, eres como un grano en la cara y admiro día a día a Axelle-kun por soportarte y quererte a pesar de cómo eres, y teniendo a mejores partidos a su alrededor —a veces y sólo a veces, Aomine creía que ese chico le guardaba un enorme resentimiento por esos días en Teiko en que no chocó puños con él y le hizo a un lado pese a ser su sombra.

—¡Tetsu cabrón!

La noche recién había caído y la temperatura se tornaba mucho más baja conforme transcurría el tiempo. Sin embargo, eso no era motivo para desperdiciar un día libre de prácticas y deberes universitarios; por ese motivohabían decidido abandonar su cómodo resguardo y dirigirse hacia una zona mayoritariamente boscosa que conformaba uno de los tantos parques que había en la ciudad y que poseía la particular de llegar hasta uno de los recintos más sagrados con los que contaba ese tranquilo lugar.

—Buenas~ —Murasakibara había sido el último en llegar. Y se había retrasado por una clara razón, una que se encontraba parada a su lado; era la pelirroja de la que tanto hablaba el chico y que todos consideraron como ficticia.

—Así que de verdad existe…—susurraron Kise, Midorima, Kagami y Aomine por igual.

—Obviamente existe, tontos —regañó Axelle a ese grupo de "buenos amigos"—. Me alegra que la hayas traído contigo, Murasakibara.

—Mukkun —Momoi estaba entusiasmada por conocer el tipo de chica que había encandilado a su amigo.

—Yo sigo sorprendido de que haya podido conquistar a una tía tan bu…—calló, sintió el peligro. La mirada de Aoi le observaba y estaba aguardando a que saliera con alguna guarrada—. Como dije, estoy orgulloso de mi amigo. Al fin halló a una chica a la cual amar, cuidar y mimar —fingió estar conmovido por el logro de su gigantón.

—Sabía que este día inevitablemente llegaría —Akashi, siempre tan confiado en sus predicciones—. Creo que ahora estamos todos.

Tras la pequeña conmoción que Shiina provocó en cada uno de esos chicos tras su repentina llegada al lado del As de Hokkaido, recuperaron su compostura y enfocaron su atención en la persona a la que debían atender en ese preciso instante o podrían lamentarlo después.

—¿Por qué nos has reunido aquí, Craig? —preguntó casual Hadrien, mirando a ese joven y sus dos ya casi secuaces de fechorías.

—…Kimomadeshi…—respondió seriamente, como si fuera un tema trascendental que mereciera tanta atención de su parte. Alguien parecía estar curioso sobre esas afamadas pruebas de valor que tanto gustaban hacer los adolescentes japoneses. Y por ese simple hecho había logrado arrastrar a todo hasta allí.

—Te refieres a la Prueba de Valentía, ¿no? —ladeó su cabeza el italiano. Suponía que la curiosidad del inglés por las costumbres niponas no iba a desembocar en nada bueno.

—¿Nos has traído hasta aquí para que hagamos una? —curioseaba Leo.

—Exactamente —espetó tranquilamente. En ese momento todos intercambiaron miradas, sin saber cómo reaccionar adecuadamente y que el hombre no se cabreara y quisiera enterrarles vivos.

—Recuerdo que me la perdí por el entrenamiento —se lamentaba Marko—. Me parece muy buena idea —soltó sonriente para esos tres mayores.

—Yo también me animo a participar —pronunciaron Leo y Hadrien a la par, como niños chiquitos a los que se les va a comprar algo en una enorme juguetería.

—Igual yo —allí estaba Axelle igual de motivada—. Jamás he hecho ninguna prueba de este tipo.

—¿Están demasiado grandes para la prueba o es que tienen miedo? —y como sus palabras no fueron suficiente para inquietarles, nada como una repentina pero gélida brisa nocturna para estremecer la copa de los árboles.

—Extrañamente…todo empezó a ponerse más tétrico, ¿no les parece chicos? —Kise por primera vez en mucho tiempo no estaba exagerando. Por alguna razón el ambiente se había tensado y no entendía el porqué

—Y la luna se ha ocultado por completo…—susurraba lentamente Motoharu.

—Incluso está haciendo un poco de frío, ¿no creen? —Kasamatsu se estremeció ligeramente ante el descenso de temperatura. Había sido un error irse tan ligero de vestimenta.

—¿Ustedes también van a participar? —la carmesí mirada de Taiga se posicionó en los dos rubios que permanecían parados a los lados; parecían prácticamente los guardaespaldas de ese chico.

—En realidad solamente nosotros dos. Kai se encargará de esperar a cada una de las parejas en el templo abandonado al que irán a colocar esto —en su mano derecha permanecían pequeñas flechas de madera que tenían una connotación clara en Japón—. Son Hamaya…Artilugios que aparentemente destruyen a los demonios y esas cosas… Pero necesitan ser "renovadas" cada determinado tiempo, así que van a llevarlas al templo que hay a un par de kilómetros de aquí.

—Que yo recuerde las pruebas de valor no son tan prolongadas. Aunque lo de ir y dejar un objeto está correcto —cuestionaba Midorima.

—Pues me parece una idea entretenida —Amaya estaba muy interesada en la actividad.

—Nosotras también participaremos —soltaron en armonioso coro Momoi, Noa y Ju.

—No suena mala idea. Es la primera vez que haré algo como esto —Sora no estaba familiarizada con esa clase de actividades, por lo que quería experimentar—. Vamos Aoi, Moto —incitó a ese par de hermanos suyos a participar; simplemente no pudieron negarse.

—Suena interesante. Y considerando que has organizado todo esto tú, supongo que todavía tienes alguna sorpresa guardada.

—Las parejas serán elegidas al azar para que la competencia sea justa y no por tener determinada pareja, obtengan ventaja alguna —y si no le creían allí estaba ese vasito con varios palillos de madera en su interior—. Cada uno está marcado con números. Quien tenga el mismo, hará pareja. ¿Alguna duda? —como nadie objetaba nada, continuó hablando—. Ah, por cierto, quien gane podrá elegir entre dos recompensas.

—¿Premio? ¿De qué va? —preguntaba Aomine con curiosidad.

—Podrán elegir entre usar mi tarjeta de débito durante tres horas y comprarse todo lo que quieran —esto motivó a algunos cuantos, especialmente a Murasakibara; de imaginarse cuánto dulce podría comprar en ese período de tiempo, se emocionaba—. O que les cuente un secreto vergonzoso de mi persona con el que indudablemente podrán chantajearme y tenerme a su santa merced —eso era música pura para ciertas personitas que querían vengarse de él.

—Suena bastante bien, cualquiera de las dos —Daiki sonrió lleno de confianza. Era momento de cobrarse la broma de mal gusto que le hizo el inglés el año pasado.

—Bien, podré comprar suficiente comida con eso —Kagami tenía bien claros sus gustos.

—Aunque… también hay un castigo para el que sea el último en llegar —indudablemente eso alarmó a todos por igual. Él era perverso de tantos modos posibles.

—¿Qué clase de castigo…? —Kuroko fue el valiente en preguntar.

—Lo sabrán en cuanto se establezca al último que llegue —esa bonita sonrisa no engañaba a nadie. Temían por su integridad física, así que estaban más convencidos de no ser los últimos; ahora poco o nada importaba ser el primer puesto.

—Ya dejen de perder el tiempo y tomen su número —demandaba amablemente Kai a todos esos pasmados chicos. Tras reaccionar se fueron acercando.

—Me ha tocado el número 7 —Kise estaba ansioso por ver quién sería su pareja. Aunque rogaba para que fuera Aoi.

—El 4 —Kiyoe fue la siguiente en sacar el susodicho palito de madera—. Espero que quien me toque no me desquicie.

Tras haber sacado hasta el último palillo, todos se quedaron completamente fríos de pies a cabeza. ¿Cómo pudo suscitarse semejante serie de emparejamientos? ¿La vida se estaba burlando de ellos? ¿Era una prueba divina? ¿O alguien había manipulado los resultados?

—Bien, nos ha tocado juntos, Murasakibara —la única que había quedado con quien deseaba.

—Hagamos nuestro mayor esfuerzo para ganar y poder comprar golosinas~ —esa pareja era la única satisfecha, feliz y llena de un ambiente intolerablemente afable.

—Intentas algo extraño y te disloco un hombro —con palabras tan alentadoras, Aoi provocó que el alemán se arrepintiera de haber aceptado la propuesta de Craig.

—Y-Yo me portaré bien… Soy un hombre renovado —afirmó seriamente.

—¿Y por eso estabas mirando lascivamente a la pareja de Murasakibara-kun? —el hombre calló. Esa mujer lo había analizado cuidadamente—. Estás loco si crees que dejaré que te acerques a Sora.

—Pero si yo no pretendo…—ya estaba de nueva cuenta contra el suelo. Todavía ni empezaba la condenada prueba y ya estaba imposibilitado para seguir.

—Así que me tocó ser pareja de la novia de Markocchi —él consideraba que podría congeniar con alguien como Ju; era calmada y no parecía mala chica.

—Enfoquémonos en no perder. Seguramente el castigo debe ser…vergonzoso —decía la joven, clavando su dorada mirada en el blondo—. Espero no seas un estorbo.

—¡¿Ah?! ¿Pero Hyucchi, qué dices?

—Abstente de llamarme de esa manera tan desquiciante y poco convencional, Kise-kun. Dime Ju, pero no agregues un honorífico como tal, ¿comprendes? —Ryouta asintió lentamente. La juzgó mal. Creyó que tenía un carácter manso, pero era un lobo disfrazado de oveja.

—Por lo visto hoy el Oha-Asa ha estado en lo correcto en decir que sería un día bastante complicado y lleno de obstáculos —Midorima suspiró, mirando a la pequeña amenaza que iba a ser su pareja en la prueba de valor.

—¿Estás insultándome, Midorima? —sus rosáceas pupilas, llenas de recelo, se le clavaron como agudos puñales—. Que sepas que la altura no es problema —porque ella apenas y llegaba al metro cincuenta y ocho.

—Por supuesto que no —ajustó sus lentes y alejó su ítem de la suerte del día, lejos de ella—. Pero nunca está de más prevenir.

—¿Por qué has traído esa calabaza contigo? ¿Cuál es el fin de tener todos esos ítems? A veces siento que eres el más raro de todos, seguido del friki de las tijeras —la brutal honestidad de Himuro podría acabar con la frágil paciencia de Shintarou.

—¡Mantente lejos de ella!

—¿De la calabaza o de Amaya?

—¡De las dos!

—Bueno, esto no estaba esperándomelo… Espero podamos hacerlo bien, Kasamatsu —esa era Axelle estirando su mano hacia el pelinegro. Este un poco tieso y con reacción aletargada le devolvió el cordial apretón de manos—. ¿Ka…samatsu? —ella parpadeaba incrédula ante lo que veía. El hombre literalmente era un manojo de nervios.

—H-Haga…Hagamos…¡Hagamos un gran esfuerzo! —soltó repentinamente, sin pensárselo, logrando atraer la atención de todos a su persona. Provocándole que se pusiera aún más nervioso.

—No seas tan penoso, Kasamatsu. Estamos en confianza —le sonrió con naturalidad y ese hombre, inútilmente falló en su intento de encararla; ya estaba a tres metros lejos de ella.

—Posiblemente las cosas vayan bien teniéndote en el equipo…—Kagami miraba de reojo a la joven que emprendería con él, el reto de valentía. Ironías de la vida que había sido emparejado con Miura.

—Esforcémonos por lograr llegar en los primeros lugares, Kagami-kun –le sonrió animadamente.

—Por supuesto —le devolvió el gesto, lleno de sed de victoria.

—Esto sí que fue de lo más inesperado. Pero no creo que tengamos ningún problema para trabajar en equipo y obtener la victoria, Mila —Akashi estaba seguro de que podría trabajar con cualquier persona y aun así salir triunfante.

—Te dejo en mis manos, Akashi-kun. Que soy inexperta en esta clase de cosas.

—Craig, me siento mucho más tranquila teniéndote de compañero —expresó Lia con enorme sinceridad.

—No bajes la guardia. Recuerda que cualquier cosa puede pasar y estoy seguro de que Kai hará algo para divertirse esta noche.

—Por lo visto tomó de muy buen humor la noticia que le diste —se burló. Él por su lado simplemente suspiró con cansancio.

—Es tres años menor que yo y actúa como un verdadero crío…

—Vamos, vamos…Ya tendrán tiempo de calidad para hacer las paces —comunicaba, picando la mejilla del inglés. Únicamente ella tenía ese nivel de atrevimiento y valor moral para cruzar el espacio personal de ese hombre.

—Quién diría que terminaríamos emparejándonos, Noa —Marko estaba aliviado de haber quedado con alguien con quien pudiera congeniar.

—No hay problema… ¿Aunque crees que haya de verdad espíritus…? Ya sabes, hay muchas leyendas urbanas que cuentan que este sitio fue un lugar donde se desató una sangrienta y cruel guerra, por lo que las personas que fueron asesinadas penan durante las frías noches, buscando el descanso eterno…

—Así que por eso traes esa cámara…—a muchos podría asustarle que esa mujer quisiera grabar a los condenados a penar en el mundo terrenal por la eternidad, pero al italiano le seducía la idea—. Tenemos que grabar todo.

—Por supuesto —sonrió de oreja a oreja, feliz de hallar un cómplice.

—Cuento contigo, Momoi-kun —Leo había tenido la suerte de tener a alguien lista y confiable como esa peli rosa. O eso era lo que él ingenuamente creía.

—Haré todo lo posible por dar lo mejor de mí, Leo-kun –expresó animosamente—…Aunque me hubiera gustado…hacer la prueba con Tetsu…—y allí estaba su mirada de cachorro triste mirando a su novio, con otra que no era ella.

—…Va a ser una noche larga…—suspiró el danés.

—Cuento contigo y tus sabios consejos, Kuroko —Elin no había tratado demasiado con ese silencioso y casi fantasmal joven, pero consideraba que era un buen chico. Grave error.

—Déjamelo a mí —se veía tan confiable y buena gente.

—Bueno…No creo que haya problema… Tu hermana es una golpeadora y se le dan los deportes, por lo que supongo que es tu caso también —miró fijamente a la castaña. Por azares del destino le había tocado con Sora.

—Es la primera vez que hago algo como esto, así que espero que me tengas paciencia, Aomine-kun —ciertamente le daba un aire de confianza y que fuera pasiva, también le ayudaba. No quería terminar como Hadrien.

—Tenemos que ganar, ¿entendido? —la joven asintió rápidamente.

No obstante, existía una persona que lo único que deseaba era cambiar su pareja a como diera lugar, sin importar a quién tuviera que sobornar para ello. Pero se quedaría en un mero anhelo, ya que Craig le advirtió que los cambios no eran admisibles y debía competir con quien le tocó.

—Es irónico que nos emparejaran —siseaba Byron, mirando al silencioso castaño.

—No es como si esté contento de tenerte de compañero. Pero la suerte no me sonrió…este día —su mirada estaba en su querida novia. Ahora sabía lo que eran los celos y no le agradaba lo que le hacían sentir y hacer; maldito enamoramiento juvenil.

—Enfoquémonos en no ser los últimos y hacerlo lo más rápido posible. Así no tendrás que sentirte incómodo por mi presencia —el otro simplemente bufó y miró en otra dirección.

Después de que las parejas fueran conformadas y el objeto a depositar en el viejo templo estuviera en las manos de alguno de los dos participantes, cada grupo se dirigió hacia un punto dado; después de todo, se podía llegar a ese abandonado y austero templo desde diferentes direcciones ya que se habían construido varios caminos opcionales para la comodidad de la gente.

El primer equipo en aventurarse había sido el del italiano y cierta pelinegra. No parecían estar en una prueba de valor, sino más bien, en una excursión en busca de lo paranormal.

—Estoy muy emocionado. Nunca había caminado por un lugar tan tenebroso a estas horas de la noche —Turletti era como un niño a quien llevaban por primera vez a un parque de atracciones.

—Todo está muy normal hasta ahora —Noa por su lado estaba grabando su caminata. Nada como enfocarlo todo con ese lente especializado en filmaciones nocturnas—. Imagino que Leo debe estarse divirtiendo.

—Seguro se la están pasando tan bien como nosotros.

Leo no tenía problema alguno con manejar los senderos estrechos, rebosantes de naturaleza en constante movimiento por las criaturas que allí residían. Incluso toleraba magníficamente bien los ruidos que se producían entre el roce de las hojas y el viento, pero estaba seguro de que la vida no le había preparado para lidiar con cierta peli rosa.

—¡Ah, pero, ¡¿qué ha sido eso?! —exclamó con su aguda voz, atolondrando al danés un par de segundos.

—Solamente ha sido una ardilla. Nada del otro mundo —le aclaró, para hacerle sentir mejor y continuara avanzando.

—Menos mal que has visto que ha sido…—suspiró aliviada—. Eres tan confiable, Leo-kun —le sonrió.

—Kuroko me pidió que te cuidara y no dejara que nada malo te pasara, así que estoy cumpliendo con mi parte del tra…—se calló en cuanto sintió su brazo aprensado por la joven, observándole con una felicidad incomparable.

—Tetsu… Se preocupa por mí, aunque no esté cerca… Es tan lindo~. Es imposible no amarlo cuando tiene esos gestos conmigo —y el mundo de cursilería hacia Tetsuya dio inicio mientras ambos continuaban caminando por el oscuro sendero de la noche.

El alemán se mantenía un par de metros delante de la castaña, no por caballerosidad, sino porque ella así se lo había ordenado. No quería que le saliera con una gracia; así lo tenía vigilado y perfectamente controlado.

—¿No es peligroso que te deje atrás? Podría ocurrirte algo malo, Kimura —esa mirada dorada le apreciaba de reojo. Ella por su lado estaba como si nada.

—El único peligro en este mundo eres tú —le expresó sueltamente, sin humor ni nada. Allí de nuevo su tono plano.

—¿Por qué no confías en mis buenas intenciones?

—Porque no las tienes… Así que deja de parlotear y apresura el paso, que no quiero que terminemos en el último puesto.

No habían pasado ni siquiera diez minutos desde que dio inicio esa loca aventura, y el silencio entre ambos se estaba volviendo de lo más incómodo. Es que eran tan incompatibles que no tenían tema de conversación.

—…Así que creciste con Kagami…—Midorima fue valiente y se atrevió a dar el primer paso.

—Somos amigos de la infancia… Ya saben lo que dicen sobre eso, ¿no?

—No en realidad —no mentía. Él no sabía de esos tópicos.

—Los amigos de la infancia son amantes en potencia —señaló.

—De ser eso cierto, Aomine y Momoi hubieran quedado juntos…y nunca hubiera conocido a Daishi, y por ende a ninguno de esos locos amigos suyos…y entonces no estaría metido en esta estúpida prueba de valor… En términos simples…—¿por qué nunca lo había pensado? ¿Por qué jamás analizó las cosas desde esa perspectiva? Todo era cuestión de romper algunos lazos y sabotear un par de relaciones—. Todavía hay tiempo para que esa profecía se cumpla con Aomine…—caviló seriamente, ignorando la mirada de estupefacción que ella tenía.

—¡¿De verdad vas a sabotear dos relaciones?!

Todo había sido un tortuoso silencio desde que se adentraron en ese mundo lleno de oscuridad, animales silvestres y esa atmósfera que incitaba a cualquiera a pensar que un asesino serial emergería en cualquier momento para decirle adiós a sus efímeras y frágiles existencias. Kise Ryouta no podía soportar tan torturante silencio.

—…Ju, no te apartes mucho de mi lado. Podrías tropezarte y hacerte daño…—mencionó galante el chico. Era la novia de su querido amigo. Ese que lo había malcriado en exceso.

—Estaré bien, Kise. Tenemos dos lámparas de mano para alumbrarnos, por lo que no deberíamos temer a la oscuridad y todo lo que se oculte en sus entrañas —bueno, ahora solamente les quedaba su valentía innata; esas dos lámparas se apagaron.

—¿Serán las baterías? –el blondo removió las baterías para volverlas a poner. Pero nada, el resultado era el mismo—. No es que esté muy oscuro, pero nos harán falta…

—…"El grupo de adolescentes de ese tranquilo pueblo jamás podría haber imaginado que aquella simple ocurrencia, iría a terminar en una serie de hechos espeluznantes…" —narró con una elocuencia digna de un orador consumado. Ryouta se estremeció ante cada palabra, que se ajustaba tenebrosamente a lo que estaban viviendo.

—¡Ju, no digas esas cosas tan feas!

—Es un fragmento de un cuento de terror llamado El juego de la Copa… ¿Lo conoces? —el otro simplemente negó con la cabeza—. Va a ser una noche muy cansada para mí.

Aomine estaba consciente de que en ese lugar nada malo podría ocurrir, por lo que transitaba seguro, confiando en sus instintos, excelentes reflejos y el alumbrado que ese objeto de mano le permitía. No estaba de más decir que la joven iba detrás de él, siguiéndole como bien podía.

—No te quedes demasiado atrás —no es como si fuera muy caballeroso, sino más bien que Sora llevaba el objeto en cuestión a entregar.

—Todo está demasiado oscuro…—apenas y podía ver con su lámpara.

—Y se pondrá aún más conforme la noche se adentre, así que hay que darnos prisa —nuevamente aumentó el paso y la pobre chica sólo podía dar grandes zancadas para estar a su ritmo.

—Ungh… —Daiki estaba que no se lo creía. Esa chica se había caído al tropezarse indiscriminadamente con una gruesa raíz salida. ¿No la había visto o era alguien torpe?—. L-Lo siento…No soy muy buena para las prácticas de campo.

—¿Prácticas de campo…? –él ladeó la cabeza y la miró como bicho raro—. ¿Cómo pudo fijarse en alguien tan opuesta a Axelle? No me lo explico…

Como era de esperarse de Akashi Seijuurou, ya tenía todo un plan meticulosamente trazado, por lo que Mila se limitaba a seguirle cuidadosamente. Eso sí, sin soltar ni su linterna ni aquel amuleto de la buena suerte.

—Así que siguiendo en este camino podremos llegar más rápido —la danesa estaba asombrada de lo calculador y bien preparado que era ese chico.

—Claramente. Tenemos que ganar a toda costa —sonrió animadamente.

—La victoria es importante. Mi papá siempre dice que hay que demostrarle a los demás las buenas aptitudes que uno posee y esforzarse por ser siempre el mejor.

—Tu padre es un hombre sabio, que seguramente ha sabido prosperar —espetó, mirándole de reojo—. Por cierto, creo que hay un miembro de la familia de los licósidos en tu hombro.

—¿Lico…qué?

—Una tarántula —soltó frescamente tras alumbrar al feliz arácnido caminar por la tersa piel de la joven. Lo siguiente que conmocionó al bosque, fue el grito de pavor de cierta peli blanca.

Kagami quien se encontraba caminando lado a lado de la pelinegra, se detuvo en cuanto escuchó aquel desgarrador grito perforándole los tímpanos y crispándole cada pelo de su ser. Incluso Amaya se quedó pensativa al respecto.

—¿Crees que…se trate…? Ya sabes, de…fantasmas…—no es como si Taiga temiera a esas cosas, pero en verdad ese grito fue desgarrador.

—Los fantasmas forman parte del folclore de muchas culturas, incluida la nuestra. Y aunque se ha intentado comprobar su existencia, nada ha quedado totalmente establecido. Muchos consideran que no son más que el cúmulo de emociones humanas que alguna vez formaron parte de un cuerpo sólido… Pero son meras especulaciones, así que no deberías preocuparnos al respecto, Kagami-kun.

—Ah… Creo que he entendido algo… Los fantasmas no existen.

—No hasta que la ciencia lo compruebe o deniegue.

—O sea…que existen, pero a la vez no. ¿Eso es lo que quieres darme a entender?

—Justamente —ese hombre no entendía su razonamiento. Alguien era demasiado lista para él.

Elin iba prendada del brazo del joven Kuroko, no por sentir un terrible temor, sino porque sabía que lo perdería de vista en el momento en que cortara cualquier contacto con su persona, y entonces sería él quien se encargara de darle el peor infarto de su vida.

—¿Tienes miedo, Elin-kun? —preguntó casual, sin despegar su atención del camino.

—En lo absoluto. Pero si te suelto te perderé de vista.

—Eso no es cierto… Yo estaré en el mismo sitio si me sueltas. Prometo no usar mi Missdirection contigo.

—Mmm… No lo sé… Supongo que es vergonzoso que una chica de mi edad esté sujetando a alguien durante estas pruebas…—le soltó, grave error—. ¿Kuroko-kun…dónde…estás? —quizás no estaba sola, quizás el peli azul estaba allí, justo a su espalda, pero de momento no lo hallaba—. ¡¿Qué…haré ahora?!¿Qué explicación le daré a Momoi?

Lia no parecía tener problema alguno con la buena compañía del inglés. Quien pese a no conocer el lugar ni estar acostumbrado a ese ambiente, se las ingeniaba para no tropezar ni asustarse de las criaturas nocturnas que abundaban.

—Gracias, Craig. Siempre eres tan caballeroso —notificaba la castaña. El joven le había ayudado a bajar cuidadosamente de una pequeña empinada para tomar otro sendero un poco más alivianado en términos de raíces traicioneras.

—Sería un problema que algo malo te pasara estando yo aquí —tras la bajada, ambos continuaron transitando apaciblemente—. Pero igual mantente atenta, Kai no dudará en hacer de las suyas.

—Es lindo cuando se ponen a pelear de esa manera —sonrió con burla y satisfacción.

—Realmente fue una verdadera pena que no compitiera… El castigo le hubiera sacado una enorme sonrisa —sus labios esbozaron algo parecido a una gran complacencia y malicia.

La tensión no se vivía en la naturaleza que les rodeaba, ni nacía de la penumbra y frialdad de la noche, sino más bien de la relación que esos dos hombres estaban viviendo. Mientras uno quería llevar la fiesta en paz, el otro sencillamente quería guerra.

—¿No crees que debimos tomar ese cruce hacia la derecha?

—Yo sé de estas cosas, así que confía en mi palabra… Igualmente soy yo el que lleva la flecha, por lo que no puedes dejarme solamente porque crees que sabes por dónde ir.

—Vamos, solamente fue una competencia amistosa, no te la tienes que tomar tan a pecho —mencionaba el rubio.

—Pues para mí era importante —sentenció, atravesándole con esos afilados ojos castaños—. Espero hayas ido en serio y no me hayas tomado por un niño.

—Jamás haría eso —suspiró, adelantándose.

—Tomemos el sendereo de la derecha. Así no dirás que no escucho tus consejos.

Una pareja de lo más dispareja había tenido un buen inicio. Incluso habían logrado avanzar varios metros en unos cuantos minutos. No obstante, las cosas empezaron a ponerse de lo más interesantes en cuanto una de las partes estaba de lo más segura de haber escuchado algo parecido a un grito lleno de dolor y tormento.

—¿Oíste eso…Kasamatsu?

—¿E-El…qué? —indudablemente los fantasmas y esas cosas sobrenaturales lo tenían sin cuidado, pero en cuanto sentía a una mujer demasiado cerca, entonces se rediseñaba su definición de terror—. Y-Yo…no escuché nada —tragó saliva pesadamente, buscando un punto de menor tensión. La francesa le había tomado de brazo tan abruptamente que lo dejó en shock emocional.

—Estoy segura de que alguien gritó…—su mirada iba de un lado a otro, buscando inútilmente la fuente del espeluznante sonido.

—Quizás…fue tu imaginación…—su cuerpo no le respondía, aunque lo que más deseara fuera tomar distancia de la blonda.

Y ciertamente la francesa no estaba oyendo cosas de más, no cuando él también estaba captando esos sonidos que para nada se percibían como humanos ni mucho menos normales. ¿Acaso era ese estridente sonido de un afilado objeto contra una pizarra? ¿Por qué se escuchaban algo semejante a lamentos? ¿Era normal que los arbustos se agitaran de esa manera?

—K-K…Kasamatsu…Hay algo…moviéndose en los arbustos…—la temblorosa linterna se dirigió hacia esa tupida y agitada zona—. ¿Qué…Qué…crees que…sea? ¿Algo identificado…no vivo…incorpóreo?

Yukio llegaría pronto a su límite. Y es que si hasta hace unos momentos sentía que el contacto de su costado con el brazo de la joven era suficiente para dejarlo paralizado, entonces la situación subió varios niveles críticos en cuanto percibía esa femenina suavidad entre el apresado brazo; una sensación que se tornaba mucho más palpable conforme más se aferraba ella a él por el temor que estaba experimentando.

Seguramente terminaría desmayándose.