¡Buenas noches! Ya llegué a traerles un poco de alegría a sus vidas C: Era hora de que les trajera el primer capítulo de este fanfic en el 2018. Lamento la demora, pero andaba corta de ideas y también el vicio de los videojuegos me consumió la poca alma que todavía me queda :´v Y para quienes también leen Guilty Pleasure, paciencia, estoy pensando en el siguiente capítulo que ya es el penúltimo (porque soy especial y ya escribí el final XD). ¡Pero mientras actualizo esa, disfruten mis amadas lectoras! Y nunca lo olviden, Hadrien es amor y es quien le da sabor a este fanfic /3
Capítulo 140
Confesiones: Sus dos caras
Debieron de haberse percatado de que todo sonaba demasiado bien para ser real. Debieron haber sospechado más del organizador y de quien estaba ayudándole a realizar aquel evento. Sin embargo, su ingenuidad y ansía de la victoria los llevaron a ignorar las señales de alarma que había y por ello, terminaron sin vencedor y con una serie de traumas agregados a su ya dañada existencia.
—N-No…más…No más…perros…por favor…—es todo lo que balbuceaba Kagami tras haber sido sacado de un centro de concentración canino en el que fue al dar después de haber sido perseguido por un gran danés mientras Amaya trataba inútilmente de detenerlo.
—Necesitará mucha terapia después de esto —Amaya era ahora, literalmente, la almohada humana que abrazaba el pelirrojo para liberar el estrés emocional del que era víctima. Una escena que resultaba graciosos para muchos.
—No quiero saber en qué fuimos bañados…—Kise, el compulsivo de lucir bien a cada momento, no dejaba de limpiarse con una esponja. Lo que fuera que cayó sobre él y Ju en el instante en que entraron al templo para luego resbalar hacia el fondo, era demasiado pegajoso y apestaba a especies con ajo—. ¡Esto no va a salir!
—Tan siquiera tú tienes el cabello corto, pero yo…—claramente ella sufría más por aquella trampa en la que cayeron—. Y al final valió para nada. Porque ese no era el templo al que debíamos llevar el amuleto.
—No hablen de tortura cuando no estuvieron en mis zapatos esta noche —Midorima estaba con las venitas saltadas. Su amuleto de la fortuna había sido destrozado en el instante en que Kiyoe lo tomó para arrojarlo contra lo que fuera que estaba moviéndose entre los arbutos.
—Yo cómo iba a saber que se trataba de un gato callejero. Pensé que era un animal salvaje agresivo que iba a comernos vivos —fue lo que la castaña dijo en su defensa—. Deberías sentirte agradecido de que una mujer te protegiera.
—Menos mal fuiste capaz de percibir las trampas antes de que entráramos al templo —Mila fue sin duda de las más afortunadas por tener a alguien tan confiable como Akashi de pareja.
—Desde un inicio supe que esto no sería fácil. Y mucho menos si era Kai quien estaría detrás de las trampas —el pelirrojo sonrió ligeramente, con cierto entusiasmo—. Es una pena que sin importar por dónde quisiéramos entrar, alguna trampa se armaría y terminaríamos del mismo modo que Hadrien.
—Bueno, siempre es un gusto ser el chivo expiatorio —expresó con cabreo el alemán al mismo tiempo que intentaba despintarse; porque ahora lucía como un gran manchón de tinta negra con otras sustancias lodosas.
—Y de igual modo no sirvió de nada. Ya que en cuanto estuvimos cerca, pisamos una trampa y el piso cedió y terminamos en aquel charco de fango —Aoi tampoco estaba nada feliz del modo en que terminaron.
—No deberían quejarse. Al final a todos nos lograron jugárnosla —Craig no estaba en las mismas sucias condiciones que el resto, pero la placa de perdedor también estaba colgada alrededor de su cuello—. ¿Cómo demonios se te ocurrieron tantas trampas? No había ni un maldito lugar seguro —recriminó al único que se había divertido de lo lindo aquella noche. Sí, ese mismo rubio que estaba sentado de piernas cruzadas viendo a cada una de sus víctimas morder el polvo y retirarse sin llevarse nada a casa.
—Hay que admitirlo, haz superado al maestro —Turletti miraba a su amigo con una sonrisa campante. Y es que hasta le estaba haciendo una seña de aprobación pese a que había acabado con un afro envidiable.
—Ciertamente hace ver a nuestras bromas como meras travesuras de aficionados —Leo estaba cubierto de los pies a la cabeza de plumas blancas.
—Es cuando me alegra que nos hayamos quedado en el mismo punto, Kasamatsu —el enorme pavor de Axelle por el mundo paranormal le impidió que se moviera mucho del punto en que se detuvo al lado del moreno.
—S-Sí…—Yukio tampoco pudo hacer nada porque la francesa lo sujetó tan fuerte, que lo dejó fuera de combate; demasiadas emociones fuertes para un hombre como él.
—De modo que no hay un ganador —mascullaba Aomine con molestia—. Tanto para nada.
—Es algo frustrante, pero las cosas son de ese modo —habló Craig para Daiki—. En teoría se suponía que todos llegarían. Había un vencedor y un perdedor, pero al final las bromas de este pelmazo nos llevaron a todos a perder.
—Y como bien saben, los perdedores debían hacer algo, ¿no? —Tatsuhisa les estaba dedicando la sonrisa más adorable jamás antes vista—. Y ustedes son personas de palabra, ¿verdad?
—C-Claro…—espetaron todos, con cierto pavor. Pero hacían bien en temer.
—¿Qué es lo que haremos? —preguntó valientemente Byron.
—Dinos de una vez —exigía Motoharu.
—Descuiden, ya han pagado por perder —ninguno entendió nada hasta que vieron la cámara de vídeo que sacó de su mochila. Oh sí, alguien los había grabado a todos desde que la prueba de valor dio inicio hasta el momento exacto en que fueron pisoteados.
—Demonios…Esto no va a acabar nada bien —el alemán supo de inmediato interpretar las palabras del blondo. Como pudo buscó su celular y se puso a teclear a máxima velocidad—. Con grabarnos no sería suficiente para ti. Tu maldad va más allá de esto… —todos veían la pantalla del chico y observaron el vídeo que fue subido a redes. Era material de calidad que ya había sido visto y compartido por miles de personas en el poco tiempo que llevaba en internet—. Todo estaba fríamente calculado, ¿verdad Kai?
—En esa página pagan muy bien por las visitas —obviamente iba a defenderse—. Puse sus nombres para que vean que no quise quedarme con todo el crédito.
—¡Pequeño bastardo! —Daiki, Taiga, Hadrien y Motoharu ya estaban intentando inútilmente darle su escarmiento al rubio.
—Ey, a mí no me puso en el vídeo —Axelle era la única que se quejaba de no aparecer en el vídeo viral de Tatsuhisa.
—…No deberías estar molesta por algo como eso…—susurraron el resto de las féminas.
—Ya fue suficiente diversión por esta noche —Craig llamó la atención de todos con un par de palmadas. Era como el adiestrador de todas esas bestias salvajes que estaban a su cuidado—. Vayan a bañarse, alisten sus cosas y duerman. Saldremos en unas cuentas horas a nuestro siguiente destino.
Habían salido desde temprano, hasta el punto en que continuaba estando oscuro. Sin embargo, no les interesó mucho porque pudieron dormir durante el trayecto y así recuperar fuerzas. Y cuando llegó el momento de descender del autobús el sol brillaba en todo su esplendor y tenían energías renovadas.
—¿Por qué estamos en medio de la nada? —preguntaba Kagami en cuanto se vio en una parada de autobús donde toda la panorámica circundante involucraba majestuosos árboles.
—Porque al lugar al que nos dirigiremos está en medio de la naturaleza —le aclaraba Craig—. A partir de aquí caminaremos y llegaremos aproximadamente tres al lugar que les comenté anoche.
—¿Tres horas caminando? —expresó con sorpresa Midorima—. ¿Qué pasa con los vehículos? ¿Acaso no podemos tomar un taxi o algo parecido?
—Es un sitio donde no se permiten los coches particulares —Kai tomó la palabra—. El lugar tiene sus propios automóviles, pero en este momento están en mantenimiento y no podemos emplearlos.
—Por lo que tendremos que llegar hasta allá por nuestros propios medios —Byron estaba feliz por ello. El resto de los chicos no tanto.
—Si no quieren caminar tanto hay una vía alterna que solamente cuenta con un camino marcado por los lugareños. Si toman esa vía llegarán en una hora —fue la solución que el inglés les dio a esos muchachos perezosos y poco pacientes.
—¿Ven aquellas dos entradas que tenemos frente a nosotros al otro lado de la carretera? —les preguntaba Tatsuhisa. Tomó su silencio como un sí—. La que está a mano derecha es la que nosotros tomaremos. La izquierda la que ustedes usarán si prefieren ahorrarse tres horas de trayecto.
—¿Están seguros de que quieren irse por ahí? —Axelle veía a Daiki con cierta preocupación.
—Podría ser peligroso ya que no está pavimentado —razones de sobra tenía Elin para angustiarse.
—Hay osos hambrientos por aquí que podrían querer comérselos —Kiyoe tan alentadora como siempre.
—Dejen de ser tan vagos —Aoi no expondría claramente que no quería que Ryouta se fuera y se expusiera a riesgos innecesarios.
—Mujeres, estaremos bien —comentó Hadrien con el pecho hinchado y las miradas confiadas del resto de los chicos como apoyo—. Sabemos perfectamente lo que hacemos. No pasará nada malo —aseguró—. Llegaremos antes y las estaremos esperando con un gran festín —después de todo, ¿qué es lo peor que podría pasar?
Sus estómagos gruñían al punto en que todos escuchaban sin dificultad alguna el hambre que cada uno poseía. Pero no les quedaba más elección que soportarlo. No había nada comestible a su alcance; sus últimos peces habían pasado a los estómagos de un par de osos glotones y era casi un milagro divino el que la fogata que hicieron aún se mantuviera en pie, dándoles un poco de calor en esa fría noche que sólo amenazaba con ofertarles temperaturas más bajas.
Y por si eso fuera poco, apestaban a mofeta.
—Es la segunda noche, ¿verdad? —preguntaba un Kise irreconocible. No solamente estaba zarrapastroso, sino también su cabello era como un nicho de pájaros—. Siento como si lleváramos toda una vida aquí —lloró, ahora sí, con razones de peso.
—Mejor cállate imbécil, que fuiste tú el que descuidó la única comida que teníamos y esos osos se la comieron —regañaba Kagami. Si no estuviera tan fatigado lo apalearía.
—Y gracias a eso ahora estamos muriéndonos de hambre —bufaba el moreno.
—Pero al menos estamos completos y juntos —mencionó Motoharu intentando levantar los ánimos.
—Y perdidos en medio de la nada, sin celulares, sin gps, sin nada…—completaba Hadrien.
—Tenemos que ser positivos. Seguramente deben estarnos buscando —recapitulaba Midorima.
—Vamos Midorima, han pasado 48 hrs 35 min y 25 segundos desde que nos perdimos en este sitio y no he visto señales de personas buscando a un grupo de basquetbolistas —la exactitud parecía ser una parte fundamental del alemán.
—Odio ser pesimista, pero lo mejor que podríamos hacer en estos momentos es estar conscientes de lo que podría pasar si nadie nos encuentra —todos guardaron silencio tras las palabras de Akashi. Sabían que era muy cierto.
—Aka-chin, suenas como si todos nos fuéramos a morir y nuestros cuerpos fueran a ser encontrados meses después, cuando ya fuéramos esqueletos —todos pusieron una cara azul de imaginarse esa proyección futura; una tristemente no muy alejada de la realidad.
—¡Cállate idiota, no digas esas cosas! —le gritoneaba Shintarou a todo pulmón.
—Agrego que el de los pensamientos sombríos y bromitas de mal gusto, es Tetsu —recriminaba Aomine.
—Ni siquiera podemos conciliar el sueño…—mascullaba Yukio, suspirando y mirando a todos. Así como él, lucían desvelados, mugrientos y con las esperanzas sobre el piso.
—¿Y si platicamos sobre algo para olvidarnos de lo que sucede? —la mirada de todos se postró en Kuroko.
—¿Sobre qué? —preguntaba Leo con interés.
—Que las historias de terror no fue muy buena idea si consideramos que después…los ruidos del bosque no nos dejaron dormir —algaba Marko. De recordar la noche de ayer prefería no escuchar nada más.
—No, en lo absoluto Marko-kun. Más bien podríamos hablar…sobre cosas que no han contado a nadie, ya saben, confesiones que han guardado para sí y que no creyeron que a alguien le interesaría escuchar… Esas cosas de las que te arrepentirías de no contar antes de morir.
—Mmm…Tienes un buen punto, Tetsuya. Podría hacernos bien olvidarnos de nuestra situación y escuchar lo que el resto tenga que confiarnos…
—Si nadie saldrá vivo de este bosque, entonces no hay de qué preocuparse.
—¡¿Ey Tetsu, qué demonios estás insinuando?! —vociferaba Aomine. Ya estaban dándolos por muertos a todos.
—Que es posible que seamos comida por osos —la franqueza con la que decía semejante cosa era lo que poco importaba. Que se viera tan tranquilo e imperturbable es lo que en verdad daba miedo.
—Hablar de otros temas alejará los pensamientos suicidas y caníbales que rondan nuestra cabeza —Hadrien fue el tercero en acceder. El resto meramente se resignó—. Entonces, ¿quién será el primero? —el dedo índice se detuvo en el blondo.
—¿Yo? —sencillamente no quería ser el primero, pero ante la presión social, terminó aceptando—. Pues verán…esto es algo que he callado por muchos años y creo que es un buen momento para decirlo… Verán, cuando estaba en Teiko, Aominecchi y yo…jugábamos béisbol con un par de escobas…pero…—rascó su nuca, evadiendo la mirada de todos. Incluso sonrió de recordar su travesura— éramos demasiado buenos, así que hicimos muchos home round…
—Pues no suena para nada trascendental —le regañaba Yukio.
—Es que la cosa no acabó allí… Por accidente rompimos algunas ventanas…como unas diez…—sonrió con nerviosismo—. Y pues, estábamos seguros que nos iban a dar una gran reprimenta…por lo que cuando los profesores nos preguntaron quién había sido…dijimos que había sido Midorimacchi…—soltó, liberándose de un gran peso. Incluso sonreía como un renovado sol—. Ya que él era tan aplicado y todos los maestros lo veían con buenos ojos, seguramente su castigo iba a ser menos grave que si nos lo hubieran aplicado a nosotros.
—¡K-I-S-E! ¡¿Así que por eso fue llevado a la dirección esa tarde sin siquiera poder alegar nada?!¡Ustedes! —el de gafas había renacido en fuerzas y ahora estaba correteando a esos dos, deseando alcanzar su cuello.
—¡Idiota, ¿para qué demonios le dijiste eso?! ¡Era nuestro secreto! —se quejaba Daiki.
Y aunque quisieron detenerlos, sabían que en menos de un minuto cesarían su lucha. El cansancio les podía más y preferían ahorrar energía. Así que pronto estuvieron de nuevo en su lugar, alrededor de la pequeña fogata.
—Elige Kise, quién será el siguiente —le indicaba el alemán al modelo.
—Mmm…Kurokocchi, es tu turno —sonrió victorioso. Posiblemente creía que escucharía alguna revelación de ese maquiavélico chico.
—…Confieso que accidentalmente hice algo que Midorima-kun probablemente no haga en muchos años más —agregó, mirando al implicado.
—¡¿Por qué demonios están metiéndose conmigo ahora?!¡¿Y a qué te refieres con eso, Kuroko?!
—En el festival cultural de Tohoku, "accidentalmente" tropecé con Miura-san y toqué cosas que no debería —continuó.
Shintarou se puso de pie sin saber cómo reaccionar ante esas palabras; estaba rojo, pero no por la pena, sino por el coraje. Lo que le siguió fue un largo grito con su nombre y más de la mitad de las aves nocturnas que allí permanecían salieron volando.
—Fue una sensación extraña, pero admito que fue una experiencia que amplió mis horizontes. Así que sentí que debía confesártelo y darte las gracias, Midorima-kun –no sólo Shintarou estaba en shock, el resto compartían su misma postura. Sus palabras podían malinterpretarse de tantos modos posibles.
—Tetsuya, jamás dudé de tu capacidad de adaptación. Ha quedado demostrado que lo llevas a todo aspecto de tu vida.
—Gracias, Akashi-kun.
—Oe, oe, eso significa que…—Aomine empezaba a odiar su mente tan abierta y pervertida cuando Kuroko salía con cosas como esas y recordaba que salía con su mejor amiga.
—Hemos perdido a Midorima-kun —Leo pasó su mano frente al pobre chico y nada. Había sido demasiado para alguien tan puritano y recto como él.
—Kuroko, elige al siguiente —Hadrien estaba muy curioso sobre la víctima que seguiría.
—Kagami-kun, por favor, ilústranos —el alemán sonrió de oreja a oreja, era justo el individuo que estaba esperando.
—Tsk…Si no queda más remedio…—se quedó callado por largos minutos, meditando sus opciones y cuando al fin parecía haberse decidido, alguien le frenó.
—No, no nos interesa saber por qué le tienes fobia a los perros. Danos algo más sustancial.
—Sí, sí…Algo como por qué terminaste con cierta "novia perfecta" —le echaba leña al fuego el cabrón de Aomine.
—¡Malditos!
—Oh, así que tuviste una novia así, Taiga. Cuéntame al respecto —justo la persona que no debía atender a esos locos, lo hizo. Akashi Seijuurou estaba curioso y Kagami sabía que obtendría su respuesta quisiera o no.
—Está bien, está bien…—llenó sus pulmones de frío y natural aire, y cogió todo el valor que todavía le quedaba. Enfocó su hosca mirada en Akashi y se mentalizó para lo que iba a suscitarse—….Anduve con Lia hace unos años atrás… Solamente quería que lo supieras —todos guardaron silencio, miraron la reacción del ex capitán de Teiko y se toparon con un semblante tranquilo y por ende, el augurio de muerte y destrucción.
—Me sorprende que hayas dejado ir a una mujer como ella —habló, con una pequeña sonrisa en labios. Incluso se cruzó de piernas y enfocó sus llamativos ojos en él.
—Ah…Bueno, eso es un tema aparte… Era demasiado demandante…
—Habla claro, idiota —Zabeck habría de darle un buen golpe en la cabeza.
—¡Le gustaba hacerlo muchas veces y experimentar! ¡¿Ya, contentos?! —no costaba demasiado hacerlo explotar, pero a causa de todo lo que había estado viviendo en ese bosque, su temple era de papel sumergido en agua.
—Has hecho bien en taparle los oídos a Marko, Leo. El pobre ya tiene muchos traumas emocionales —Hadrien miraba con lástima al italiano—. Sabía que era una traviesa.
—Idiota, puedo leer los labios… Por cierto, Hadrien, ve y tírate del peñasco que está más adelante —le gruñía con enorme recelo al burlón chico.
—Pero quizás de lo que deberíamos preocuparnos…es…—los celestes ojos del danés confrontaron a Seijuurou; lucía estoico, como si lo dicho por Kagami no significara nada. Y también olía el peligro.
—Akashicchi se ve…muy relajado —tragó saliva pesadamente y agradecía profundamente que esas tijeras ya no estuvieran más con él.
—No creo que esté bien. Ningún hombre reaccionaría de manera cabal si escuchas algo como eso sobre tu actual novia —comentaba Yukio seriamente. No quería estar en los zapatos de Taiga.
—Sólo diré algo, Bakagami. Ni se te ocurra dormirte.
—Además, esa noche que salimos de fiesta, tú dijiste que no habías hecho nada de nada —objetaba Hadrien, mirando despectivamente a Taiga.
—Cierto —apoyaba Marko.
—Ah, eso… Solamente fingí que estaba borracho y les seguí la corriente —así que además de lengua suelta les salió excelente actor.
—Fue un movimiento astuto de tu parte —le felicitaba Leo.
—Aka-chin, ¿qué piensas hacer? Gami-chin le ha hecho eso, el otro y aquello a Lia-chin~ —hablando de los mete aires.
—Ya me había comentado que había salido contigo hace tiempo, sin embargo…no mencionó algunos detalles —Kagami sintió en ese justo momento ese instinto asesino serial sobre su persona—. Aunque claramente todo esto demuestra quién de los dos es mejor —esa pequeña sonrisa burlona dejó a todos helados. No se requería ser un genio para saber lo que esa simple y aparentemente inofensiva oración daba a entender.
—Viejo, eso debe doler e ir directo a tu ego…—compadecía el alemán a su atacado amigo.
—Akashicchi siempre va en pos de la victoria —agregaba el blondo. Sabía que si iba en contra de los ideales de Akashi su sangre correría.
—Ahora elige a la siguiente víctima.
—Bien, te toca Marko —soltó amablemente. El otro suspiró y se lamentó por haberle dado la indicación.
—Mm…No se vayan a reír…—chasqueó la lengua y miró a todos. Lucían tan serios y confiables—. Cuando iba en mi último año de primaria…le pedí a Axelle que fuera mi Valentina porque me daba pena pedírselo a otra chica… Así que fuimos una pareja ficticia…y firmamos nuestra acta de matrimonio en el festival que se hizo por esa fecha —mencionaba tan clara y pausadamente como le era posible. Hablar de algo como eso le daba demasiada vergüenza y más cuando consideraba que allí estaba el novio de su querida amiga—. Y como ambos teníamos curiosidad sobre…cómo se sentía un beso, pues decidimos hacer la prueba…—en cuanto sus esmeraldas se colocaron en todos los presentes, no sabía cómo interpretar sus reacciones faciales.
—Ey maldito Marko, ¿por qué no había sabido de esto? —si bien Hadrien estaba preguntándoselo diplomáticamente, ya estaba rodando sobre el suelo junto con su querido amigo. Sí, estaban riñendo como unos críos.
—Porque sabía que reaccionarías de esta manera —añadía el otro defendiéndose como podía del rodaje que vivían.
—Si lo ves desde otra perspectiva, es una anécdota bastante enternecedora, Markocchi —Ryouta sabía que su amigo era bueno desde la médula que hasta sus confesiones eran acorde a su personalidad.
—Por tu culpa ella no quiso ser mi Valentina. ¡Y todavía le robaste su primer beso, enano bastardo! —Hadrien continuaba picado con el pobre chico—. ¿Qué otras cosas hicieron a mis espaldas? —preguntó con drama fingido. Era como ver un Kise 2.
—El que debería reclamarme está allí, muy calmado.
—¿Por qué no le dices nada, Ahomine? Toqueteó a tu mujer —cuestionaba el alemán a cierto chico que estaba muy calmadito.
—Estoy cien por ciento seguro que lo tuyo es peor —señalaba Daiki, mirando divertido la escena—. Además, el enano no me preocupa en lo más mínimo.
—¡No te pongas de su lado!
—Ya que siguen metidos en sus asuntos, me tomaré el atrevimiento de continuar yo —proseguía Leo calmadamente, ignorando que esos dos continuaban golpeándose, terminando de ensuciarse.
—Seguramente nunca has hecho nada malo, Leo —Motoharu intentaba no reírse por la manera en que esos dos terminaron tras la tregua de su disputa.
—…Cuando estaba en secundaria…extrañamente quedé prendado de la maestra de literatura. Era joven, madura, inteligente y tenía una personalidad amable… Pensaba dejar todo en secreto, pero creí que debía expresarle mi sentir adecuadamente, incluso sabiendo que la respuesta de su parte sería obvia.
—Leo, jamás pensé que fueras así de atrevido —y Hadrien no fingía su sorpresa, de verdad estaba anonadado.
—¿Y qué pasó después de que te confesaste, Leocchi?
—Me dijo que agradecía el gesto, pero que era demasiado joven para ella…—todos suspiraron tras escuchar eso. Era lo más viable a suceder; sin embargo, callaron en cuanto vieron que el danés todavía debía contarles algo más—. Así que me dio su número de teléfono y me dijo que le llamara cuando cumpliera la mayoría de edad…Que entonces ya no habría problema alguno —sin duda, fue una bonita manera de dejar a todos conmocionados. El más serio de todos parecía tener un éxito notorio con las mujeres mayores.
—De esas maestras no tuve yo…—objetaba Hadrien.
—Bueno, creo que es turno para Kasamatsu —el peli negro sintió la miradilla del danés. Era su funesto turno.
—Ánimo, Kasamatsu-senpai —nada como las porras de Ryouta.
—Leo, tengo algo que confesarte…—todos estaban a la expectativa y más al que le dedicaban semejante revelación—….He tenido pensamientos inapropiados con tu hermana y he hecho cosas con ellos de las que no me arrepiento…
Sin excepción alguna todos se quedaron estupefactos, incrédulos de que algo como eso pudiera emerger de alguien como Kasamatsu Yukio, por lo que sencillamente no podían espetar palabra alguna. Ni siquiera el orden de sus pensamientos era coherente.
—E-Esperaba una confesión como esas de Ahomine, pero nunca de…—Kagami fue el primero en articular palabra. Estaba impactado.
—Ciertamente suena a algo que yo diría…—cinismo en toda la humanidad de Daiki.
—Kasamatsu-senpai! —a Kise casi se le atoran las palabras. Su senpai había confesado algo enormemente comprometedor y bochornoso, enfrente del hermano de la chica que despertaba sus bajas pasiones.
—Kasamatsu, eres todo un campeón. Descuida, yo entiendo tu pesar y sufrimiento constante —el alemán ya se había trasladado al lado del peli negro, echándole un abrazo reconfortante y sonriéndole como si hubiera hecho una proeza digna de ser reconocida por todos.
—Leo, ¿qué dirás sobre esto? —Marko miró a su amigo, estaba totalmente callado, analizando todo lo anteriormente dicho por el moreno.
—¿Por qué me estás mirando como si yo hubiera hecho lo mismo, Daiki? —quién diría que hasta Hadrien Zabeck podía tartamudear un poco. Quizás porque conocía sus pequeños pecadillos—. Bien, bien…solamente fueron un par de veces, nada grave… No es mi culpa que las japonesas usen esos bonitos uniformes y a Axelle se le vieran tan bien…—se defendió tan digno.
—¡Maldito pervertido!
—Aomine-kun, no creo que seas la persona para decirlo.
—Aominecchi, cálmate, o asesinarás a Hadricchi —Kise había quedado entre esos dos hombres, impidiendo que el moreno lograra su objetivo.
—Sé que tú también lo hiciste, Daiki. ¿Eso no nos hace como hermanos de la misma causa? ¿Cómplices? ¿Hombres sanos que no temen explorar su anatomía?
—A veces pienso que Hadrien no valora su vida lo suficiente —murmuraba Turletti. Aunque igualmente disfrutaba del espectáculo.
—Lo mismo pienso de Kise-kun –expresaba con cierta alegría el silencioso de Kuroko.
—Estoy sorprendido de lo que has dicho, Yukio —Moto era un mar de emociones. No sabía de qué manera reaccionar adecuadamente.
—Además, era inevitable… Elin tiene un par de cosas que Kasamatsu ama de las mujeres. Así que debe ser dinamita pura para él —continuaba hablando cierto alemán.
—La sinceridad es un buen atributo… Pero —casi todos apostaban por un sermón que los mantendría despiertos por dos horas al menos. Yukio tragó saliva y aguardó por su castigo—…espero te responsabilices si algo llega a pasar –en definitiva, ese tono de severidad y esa mirada autoritaria calaban a cualquiera—. Pero también lo lamento por ti.
—¿Lamentarlo por mí? ¿Por qué? –a Kasamatsu no le quedó claro eso último.
—Conociendo a mi hermana, seguramente sea la que te arrastre a hacer alguna locura sin que estés preparado —suspiró hondamente—. Si hay algo que haga y te ponga incómodo, no lo pienses dos veces y dímelo. Yo me encargaré de hablar con ella —indudablemente para reacciones particulares, ese hombre se pintaba solo. Yukio estaba mucho más pasmado que todos esos chicos cuando escucharon su confesión.
—Elin es como una Axelle en potencia, nunca lo olvides Kasamatsu —le susurraba Hadrien al chico que continuaba hecho una piedra de la conmoción—. Así que aprovecha y pásala bien.
—Vamos Kasamatsu-senpai, escoja quién será el siguiente.
—Moto —fue lo único que emergió de sus labios. El castaño agitó un poco sus ideas y se dispuso a hablar.
—Esto me pasó a inicios de mi primer año de secundaria —su voz sonaba seria y a la vez algo bromista—. Unos amigos míos me hablaron sobre "cierto lugar"...
—Oh...Así que cierto lugar...
—Deja fe mal pensar todo, Hadrien —le regañaba el italiano.
—Se trataba de un sitio de citas a ciegas. Un lugar al que muchos chicos de mi edad solían recurrir. Así que, movido por la curiosidad, me dirigí hacia ese establecimiento.
—¿Y qué pasó? —curioseaba el blondo.
—Tomé mi turno y esperé pacientemente por mi cita a ciegas... Cuando llegó quedé bastante complacido, porque era una chica bonita y en cuanto empezamos a hablar vimos que teníamos muchas cosas en común.
—Eso suena bastante bien. No veo de dónde lo traumático —mencionaba Kagami.
—Al congeniar tan bien, decidimos llevar la cita fuera de ese lugar y entonces...—su cuerpo se tensó y empezó a perder color—...fuimos al cine y vimos una película romántica.
—¡¿Moto, no me digas que tú?! —Hadrien estaba entre feliz y una fingida sorpresa—. A tu edad también llevé a un par de chicas al cine. Nice job!
—Déjalo continuar —regañó amablemente Leo tras golpearlo.
—En medio de la película, justo en la escena romántica...ella tomó mi mano entre la suya, y entonces...—tragó saliva lenta y dolorosamente. Hablar de esa experiencia aún lo dejaba en shock—. Entonces...Entonces pensé que sólo era muy atrevida...
—¡Esa mujer corrompió a Motocchi!
—De modo que ella...—a Aomine no se le iba ni una.
—Y gracias a eso descubrí...del peor modo posible que no era ella...sino "él"...—su cara se había vuelto azul del terror y asco. Estaba claro que era un trauma profundo arraigado a su adolescencia y que seguramente nunca superaría.
—Eso debió dejar marca en más de un sentido...—Yukio tenía una cara de espanto total
—Las apariencias pueden ser muy engañosas...—mascullaba Kuroko. Siempre con sus dobles sentidos.
—Moto-kun, has tenido una experiencia...espantosa —compadecía el peli blanco.
—Pobre Moto, mira que tocar un pedazo...—el alemán le ofertó un abrazo de condolencia. Eso hasta que Leo y Marko empezaron a arrastrar su humanidad hacia el peñasco más próximo.
—Si sobrevivimos y alguien pregunta por él, se lo comió un oso...
—Por estar de impertinente y no huir a tiempo —Leo terminó la propuesta del castaño.
—¡¿Pero por qué?! ¡Yo sólo ofrecí mi opinión!
—¡Tus opiniones son un peligro para la sociedad, idiota! —Kagami apreciaba cómo se llevaban a su amigo contra su voluntad.
—Sigues tú, Shintarou —esos castaños ojos enfocaban al serio chico. Este suspiró con resignación.
—Ya que es mi turno y esto es a fuerza, les relataré lo que me pasó... Esto inició a finales de enero de este año, justo cuando...
—¿No puedes resumir un poco, Midorima-kun? —como si fuera poco ser interrumpido por Tetsuya, ahora le estaba pidiendo una síntesis de su confesión.
—Como iba diciendo —tosió para llamar la atención de todos una vez más—. Perdí una estúpida apuesta contra Takao y tuve que usar un ridículo, vergonzoso, rosado y afelpado mameluco durante toda la sesión de entrenamiento de ese día —quedaba claro que eso le cabreaba demasiado y le ponía de todos los colores habidos y por haber. Incluso sus deseos asesinos eran tales que seguramente Kazunori podía sentirlos hasta donde estaba.
Todos se mantuvieron callados solamente un par de segundos antes de romper en estruendosas carcajadas. Incluso Kuroko y Akashi reían de manera conservadora pero bastante obvia.
—Pensaba que Akashi no sabía lo que era reír —alguien parecía haberse escapado del intento de asesinato de ciertos extranjeros.
—Pero la pregunta fundamental en todo esto es... ¿Hay evidencia fotográfica al respecto? —Taiga sonrió de oreja a oreja con la posibilidad.
—¡Aunque la hubiera nunca se las daría! —solamente eso le faltaba, que quisieran pruebas para burlarse aún más en su cara.
—Midorimacchi, no seas aburrido.
—Mido-chin, seguramente el rosa sea tu color~
—¡Deja de fingir inocencia, idiota!
—Bueno, bueno, sigamos que me está dando sueño y si nos dormimos con este frío, moriremos de hipotermia —Hadrien recordándoles a todos que iban a morir.
—Aomine, tu turno —habló con malhumor notorio.
—Tengo mucha curiosidad sobre lo que dirás, Aomine-kun. Seguramente tienes tantas cosas que no saber qué elegir.
—¡Ni que fuera un troll como tú!
—Apuesto a que es algo pervertido —el alemán ya estaba haciendo apuestas a costa de alguien más, otra vez.
—¡Deja de hacer eso!
—Sólo suéltalo y asunto arreglado —mascullaba Taiga.
—...Medí la longitud de "cierta" área de mi cuerpo —entre hombres con eso era más que suficiente para saber a qué se refería.
—No me sorprende viniendo de ti —señalaba Kagami.
—Además...—mencionó seriamente Hadrien.
—...No es como si...no lo hubiéramos hecho nosotros...—confesaron prácticamente todos en total armonía. Murasakibara estaba en su bola y no parecía captar bien el tema.
—¿...Comparamos medidas? —cuestionaba casual el alemán.
Cinco minutos después, alguien estaba arrepentido de su idea.
—Te odio Daiki. Ojalá Axelle te deje a dieta lo que resta del año —objetaba el alemán, mirando de manera inquisidora al moreno.
—Idiota, TÚ fuiste el que propuso todo en primer lugar —Marko se encargó de refrescarle la memoria.
—Y de qué te quejas de todos modos? Tsk...Ahomine nos ganó a todos...—chasqueaba Taiga frunciendo el ceño. A él tampoco le hizo gracia haber perdido contra él.
—Siento que mi orgullo está por los suelos —suspiraba añorante y con desánimo total, Kise.
—El tamaño no es importante, sino el cómo lo usas —Hadrien buscó otro ángulo por donde atacar al moreno. Este se limitó a sonreírle con complacencia antes de darle su respuesta.
—Puedes preguntarle a Axelle si tanta curiosidad tienes —ese tono de engreído estaba allí, acribillando el ego del alemán—. Ella puede decirte que no sólo soy un As en el básquetbol —esa fue la cerecita del pastel de Hadrien. Nadie hasta ese momento le había hablado en ese tonito pretencioso e insinuado indirectamente que él no estaba en la misma liga.
—¿Te das cuenta que te está diciendo indirectamente que no sólo está mejor dotado, sino también que sabe darle mejor uso que tú? —por si al alemán no le quedaba claro, Turletti estaba allí para traducirle todo.
—Aún te queda mucho que aprender, Hadrien —Leo también estaba en su contra.
—¡Solamente me odian por haber quedado en segundo lugar! —gruñó.
—Murasakibaracchi y Kagamicchi también —Kise también contribuía al bullying.
—¡Calla que tú quedaste después de Midorima y Kasamatsu! —él también podía echarle leña al fuego.
—¡Pero estoy por arriba de Kurokocchi y Akashicchi! —se defendió.
—Corrección, hay una diferencia importante de un centímetro —aclaró Seijiuurou.
—Soy del tipo B —notificó Tetsu y Ryouta no sabía a qué se refería.
—De los que saben sacarle jugo a su talla —le tradujo Hadrien—. No olvides que la práctica hace al maestro y que incluso cosas como esas se estropean si no las usas...—veneno, eso era lo único que salía de la bonita boca del alemán—. Y tu mano no cuenta.
—¡Hadricchi! —Kise estaba rojo ante esas palabras descaradas.
Y después de calmarse y dejar temas tan delicados y controversiales de lado, continuaron.
—Ya que te la vives parloteando, es tu turno, idiota —Daiki nominó a Hadrien para hablar.
—Tengo tantas cosas que no sé cuál de ellas decir —y a nadie le sorprendió eso. Seguramente se podía escribir una nueva biblia con sus confesiones—. Así que me remitiré a algo que se relacione con alguno de ustedes —suspiró y miró a Aomine.
—¡¿Por qué demonios tiene que ver conmigo?!
—Sé que no existirá mejor momento que el hoy y el ahora, así que antes de que seamos devorados por los osos y no seamos más que carroña para las aves de rapiña... Quiero confesarte que espié un par de veces a Axelle en ropa interior y que la mayor parte de la lencería que se ha comprado se la recomendé yo...—lo siguiente que todos veían era a Aomine zarandeando al alemán mientras este intentaba continuar hablando—. T-También intenté sabotear tu relación con ella un par de veces —y el hombre seguía y seguía. Todos admiraban su osadía y estupidez.
—Eso de que estemos cerca de la muerte lo volvió muy sincero —Leo estaba asombrado de cómo Hadrien se soltaba.
—Más bien creo que no quiere irse sin contar todos sus pecados —Turletti prefirió no intervenir mientras Daiki arrastraba al alemán hacia el bosque.
—Ya que ese idiota esta indispuesto, elegiré por él. Murasakibara, es tu turno —habló Taiga.
—Mmm... Me pregunto qué será bueno —meditaba el grandulón—. ¡Ya sé! —la verdad nadie tenía muchas esperanzas de que les contaran algo revelador—. Esto pasó el verano pasado, cuando iba en busca de nuevas tiendas de golosinas~. Fue así como di en una bonita tienda, sumamente llamativa, llamada "SugarParadise".
—Ese nombre es sospechoso —Hadrien era el ejemplo vivido de que si se tenía convicción se podía sobrevivir a todo, incluso si alguien como Aomine Daiki te apaleaba.
—Deja de pensar que todo es algo pervertido, imbécil —le llamó la atención el pelirrojo.
—Entré y una señorita muy amable me llevó a una habitación bastante bonita. Me dio el menú y me dijo que tomara mi tiempo. Todo se oía delicioso~
—¿Qué ponía, Murasakibaracchi?
—CherryKiss, BluePassion...—y la lista seguía. Y todos estaban sorprendidos tanto por el hecho de que recordara todo el menú como de que no hubiera descubierto que esos no eran nombres de dulces.
—Puedo ver para dónde fue todo esto...—susurraba el italiano.
—¿Y cuál fue el que pediste? —ya nadie miraba a Hadrien. Se habían rendido con él.
—...Todos...—guardaron silencio y miraron al inocente hombre de dos metros—. Pero...—frunció el ceño con amargura y enojo—, mis dulces jamás llegaron, sólo vi entrar a muchas chicas una tras otras… Y al parecer tenían calor porque iban con poca ropa o eran demasiado pobres para comprarse algo~
—Fue a dar a un burlesque...
—¿Por qué me miran todos así? Yo no he dicho nada, fue Moto —se defendía un ofendido Hadrien.
—Me fui a quejar con la encargada de que mis dulces no llegaban —continuó—. Al menos las señoritas fueron amables conmigo y me compraron golosinas. Me felicitaron por ser el único hombre en mirarlas a los ojos y decirles que se pusieran algo encima.
—Contemplo que tu propósito de año nuevo va a ser algo complicado de realizarse, Hadrien —decía burlonamente Leo.
—Es demasiado puro...que me dan ganas de emborracharlo y llevarlo a uno de esos sitios para que sepa que hay otra clase de "dulces" —proclamó como un credo.
—Lo peor es que lo creo capaz de hacerlo —Midorima miró al peli morado y se cuestionaba su edad mental.
—Creo que aún nos falta alguien más... Akashi-kun —nombró Kuroko.
—Bien, ha llegado el momento de que les confiese algo que a nadie más le he contado —aclaró su garganta, les dedicó unos cuantos segundos de atención a cada quien y habló—...Los considero más allá de acérrimos enemigos, más que meros compañeros de la misma pasión...son algo así como otra definición de hermandad y familia. Sé que siempre estarán a mi lado y que nuevas experiencias se irán adicionando a nuestro repertorio de buenos recuerdos —al diablo esa bonita sonrisa de revista, o ese tono cordial y convincente; lo que ellos deseaban escuchar era alguna de sus anécdotas en las que hizo sufrir a alguien más.
Y aunque quisieron objetar al respeto, el regreso de esas legendarias y temidas tijeras los hizo callar a todos.
—Puede matarnos a todos y fingir que nos tragaron los osos —profesaba un temeroso Hadrien.
—¿Alguien más sabe de dónde sacó las tijeras? —Marko no se lo explicaba.
—Kagami-kun y yo las enterramos...pero allí están...
—Tal vez sean una extensión de su cuerpo...—la hipótesis de Kagami era absurda, pero les pareció ridículamente viable a todos.
—¡Que alguien nos saque de aquí! —fue el grito de más de setenta decibeles expresado por Kise en cuanto sintió realmente que iba morir allí, seguramente a manos de un objeto punzocortante.
Todos callaron al blondo en cuanto escucharon pasos acercándose hacia ellos. Y quizás pensarían que se trataba de osos hambrientos, pero una luminaria les hizo concluir otra cosa.
Alguien se aproximaba. Alguien parecía haber dado con su paradero.
—¡Alguien ha venido a salvarnos! —exclamaron todos por igual. Era la mejor noticia de todas.
