¡Buenas noches! Ya ni sé cuándo fue la última vez que actualicé, así que me imagino que va siendo hora para una actualización XD Lo único que diré es que un par de misterios se esclarecieron, pero a cambio les entrego un poco de angst y les aviso de la tormenta que se avecina. Sin más, disfruten y nos volveremos a encontrar cuando los astros se alineen de nuevo y me permitan darles otro capítulo.
Capítulo 142
Nuestros errores
Desde que entró a esa habitación todo se tornó demasiado silencioso y hasta cierto modo, incómodo. Y gracias a su ausencia total de sueño no pensó dos veces en abandonar la cama y tomar una buna bocanada de aire fresco. Sus acompañantes sencillamente guardaron silencio y permitieron que hiciera lo que deseaba.
Intentó ser lo más sigiloso posible para no despertar a nadie. Y para cuanto se halló afuera, tuvo una fugaz idea; si se dirigía hacia esa zona seguramente nadie le encontraría y perturbaría sus pensamientos.
O eso era lo que creía hasta que se encontró con él, sujetando ese envase de café y un cigarrillo en su otra mano.
—¿Problemas con conciliar el sueño? —mencionó, tras una bocanada de humo de cigarrillo. Y aunque se dirigía hacia su persona, sus celestes ojos solamente miraban esa primorosa y enorme ciénaga; en ese lugar sólo los sonidos de la naturaleza permanecían constantes.
—Algo debe de estar mal contigo para consumir tanta cafeína y nicotina por un día, ¿no lo crees Kai? —mantuvo su distancia del blondo, limitándose a meter sus manos dentro de sus bolsillos.
—Necesito calmar mis nervios después de saber que Craig se unirá a mi familia, ¿sabes? Mi hermana podría haber elegido a otro.
—…Estuve pensando muchas cosas desde hace rato…Meditando tus palabras…—se había emparejado hombro con hombro, sin dedicarle ni un gesto más. De ese modo estaban bien y podían charlar sin dificultad alguna—. Tienes toda la razón… No la he superado... Fui un vil mentiroso cuando le dije a Daiki que ya no la veía de esa manera.
—Se debe tener valor civil para irle a decir algo como eso al novio de la chica a la que quieres…—sonrió disimuladamente tras sorber un poco de su casi congelado café.
—Solamente para ello lo tuve…—chasqueó la lengua con notorio cabreo. Incluso sus suaves facciones se tornaron marcadas y llenas de desdén—. Ya han pasado más de ocho años desde ese verano…¿Por qué demonios duran tanto cosas como estas?
—¿Te piensas que soy el gurú del amor o algo por el estilo? —remarcó, arqueando su ceja y mirándolo un tanto divertido—. El primer amor se supone que sea de esa manera, ¿no? —espetó un tanto serio—. Ya sabes, es la primera vez que sientes ese revoltijo de emociones contradictorias y un mundo de cosas absurdas rondan por tu cabeza… La emoción de ese primer amor es incomparable… Es una locura agradable pero terriblemente agridulce. Una extraña mezcla que te hace sentirte invencible.
—Bueno, esto de los primeros amores es un asco —admitió, casi en un bufido—. Al menos espero que los demás no sean igual que ésos…—siseó, un tanto serio.
—Son más estables y menos emocionantes —aseguró—. No cometes los mismos errores y de alguna manera son mucho más plenos… Pero desde mi punto de vista, son un tanto aburridos. Especialmente después de haber experimentado algo que te sacudió hasta la médula.
—¿Sabes que te odié por varios años?
—No es algo que cueste deducir… Aomine también pasa por lo mismo —soltó burlón—. Pero sus razones difieren enormemente.
—Quise que terminaran en numerosas ocasiones…—se sinceró, clavando sus doradas miradas en él. El blondo simplemente le observó, inmutable; era como si ya lo hubiera sabido de hace tiempo y únicamente aguardara a que se lo dijera al fin—. Si ella lo hubiera sabido…me hubiera aborrecido.
—La conoces prácticamente de toda la vida y me dices algo como eso. Es una conclusión ridícula, Hadrien. Por demasiadas razones —suspiró con cierta exasperación—. Ella jamás te odiaría, ni siquiera si en estos momentos le dijeras que quieres que termine con Aomine… Eres demasiado importante para ella como para que le despiertes ese sentimiento…—mencionó casi en un gruñido. ¿Estaba molesto? ¿Por qué?
—¿Por qué me estás diciendo cosas como éstas…? —él no comprendía sus consideraciones hacia su persona, ni las razones por las que estuviera ayudándole a entenderse a sí mismo y sus sentimientos.
—¿Aburrición quizá? —ironizó—. Quiero dejar todos mis asuntos saldados. Es por eso que estoy haciendo esto.
—¿Y desde cuándo soy parte de esos asuntos? —curioseó.
—Esos son temas aparte, Hadrien.
—No ignores mi pregunta —soltó con mejor humor.
—Como sea. ¿Qué es lo que tienes pensado hacer a partir de ahora?
—No lo sé en realidad…—tomó asiento sobre el suelo, cruzando sus brazos alrededor de sus rodillas. La parte lógica no estaba funcionando, sólo la sentimental que le decía que debía hacer lo que seguramente era una locura.
—Eso es fácil de resolver…—aseguraba. Incluso tampoco estaba en contra de tomar un lugar a su lado—. ¿Quieres seguir sintiéndote infeliz, lleno de arrepentimientos y fingir que tu vida es perfecta mientras continúas teniendo relaciones vacías para olvidarte de tus sentimientos hacia ella? ¿O prefieres enfrentar tus sentimientos, contarle lo que durante tantos años has callado y poder darte una nueva oportunidad de seguir sin remordimiento? Las dos conllevarán un camino prácticamente insufrible, pero la segunda puede darte la oportunidad de ser feliz…
Esas ambarinas pupilas se agitaron abruptamente ante el planteamiento de esas dos posibilidades, de esos dos mundos. Su garganta se le hizo un completo nudo y se quedó callado más tiempo del que siquiera su mente pudo calcular.
Él tenía toda la razón y simplemente tenía miedo de elegir el camino más doloroso de los dos.
—…¿Y si deja de dirigirme la palabra?¿Si no quiere volver a saber nunca nada de mí? Incluso si este afecto desapareciera por completo…no quiero perderla —su voz era temblorosa, prácticamente frágil como el cristal más endeble que pudiera sostenerse entre manos.
—Lo más lejos que llegarían sería a distanciarse un poco durante un tiempo para asimilar la situación y recomponerse… Después volverían a estar juntos, cuando hayan podido saldar esa vieja cuenta. ¿O acaso me equivoco? —sonó desafiante. Hadrien por su lado, descendió la mirada hasta sus zapatos.
—…Suena a algo que ella haría…
—Todos temen al rechazo… Y aunque no nos agrade, es algo que siempre está presente en nuestras vidas…
—Ya lo sé, no soy estúpido —criticó severamente—. Pero para sujetos como tú, esa clase de rechazos no deben significar nada.
—¿Ahora vas a atacarme a mí? —rio divertido, antes de recobrar su actual compostura—. Jamás he sido rechazado por una mujer —el alemán hizo una mueca de disgusto, ya que incluso alguien de tan buen verbo y apariencia como él había sufrido la amarga decepción de no ser correspondido—. Pero eso es porque les gustaba mi apariencia y creían que con eso era suficiente para soportar lo que venía tras una relación.
—…Sí, recuerdo que Axelle te describió como alguien raro con una mentalidad particular —sonrió a medias, como recordando ese justo momento—. Contéstame algo —Kai le miró brevemente, como si eso fuera el indicativo para que continuara hablando—. ¿Por qué la elegiste a ella? Nunca me lo expliqué…
—…Me gustaba la sonrisa que tenía cuando estaba al lado del chico del que estaba enamorada…—Hadrien no estaba preparado para una respuesta como ésa. Es que sencillamente no era algo que alguien considerara siquiera.
—¿Su….sonrisa?
—La sonrisa que le ofertaba cuando estaba a su lado, aun cuando ya le había rechazado sin siquiera él estar consciente de ello… Ese gesto que solamente le dedicaba a él, lo quería para mí —puntualizó secamente. Su mirada había optado por alzarse hacia ese cielo que pronto perdería su efímera oscuridad—. Sabía que jamás iba a ser correspondida y, sin embargo, estaba allí para él, si le necesitaba. Escuchaba pacientemente sus charlas acerca de la mujer de la que él estaba enamorado. Se autodestruía para que él pudiera estar en pie…
—Axelle…—esas palabras le dolían, demasiado.
—La mayoría de las mujeres que había logrado conocer deseaban ser desesperadamente correspondidas cuando caían en ese juego sucio conocido como amor. Incluso cuando lo intentaran negar… Querían soportar todo ese dolor innecesario y esperar a ser recompensadas con la aceptación. Pero ella simplemente no era así…—sonrió fugazmente, con añoranza—…Le pedí salir incluso sabiendo que tenía otro interés y que probablemente no me miraba siquiera con atracción física.
—Yo…no sabía algo como eso…
—Pero eso no es lo importante o lo que tenga que ocupar tu mente en estos momentos. Después de todo, eso es historia, al fin y al cabo.
—¿Qué quieres decir con eso?
—…Que ella sólo vio a alguien más en ese chico… Realmente no lo quería a él, sino a la persona que inconscientemente anhelaba y se asemejaba a su persona.
—¿Cómo…dices? —estaba seguro de no haber entendido absolutamente nada de esas dos oraciones.
—…Ella únicamente buscó a alguien que le recordara a ti, Hadrien…
Las palabras se le fueron de los labios, su garganta se cerraba con velocidad aterradora y sus pensamientos eran un total descontrol. Tenía miedo del poder que tan simple revelación tenían en él. Pero sobre todas las cosas, estaba lleno de pavor de que todo eso no fuera más que una dolorosa mentira.
Después de todo, ¿cómo podría él saber algo como eso?
—…Mientes…—fue la única palabra que pudo decir, con enorme dificultad.
—No lo hago… Ella misma te lo confirmará si no crees en mi palabra —¿que ella se lo aclararía? ¿Qué se supone que debería decir en ese instante? Aquello lo tomó totalmente en curva. Ni siquiera estaba frente a ella y sentía que todo se desmoronaba a su alrededor—. Ve a hablar con ella, Hadrien. Ambos lo necesitan.
Para cuando atravesó el umbral, sólo hubo una escena que captó de lleno su atención. Al fin pudo sentirse totalmente tranquilo. Ella al fin estaba completamente dormida, recostándose del lado contrario a su lesión.
Cerró la puerta, suspiró y asimiló la idea de que debía compartir la habitación con semejantes personalidades. Ese había sido el trato que le impuso Craig para poder estar al lado de Axelle esa noche.
—Ya quita esa mala cara, Daiki. Estamos en confianza —mencionaba Marko quien estaba botado boca arriba de la cama adjunta a la derecha de la de la blonda—. Incluso compartiré la cama con Byron.
—Pero tú duermes espantosamente mal —estipulaba el moreno, dejándose caer sobre su cama—. Todo porque ya no había más habitaciones disponibles.
—Y nadie puede compartir la cama con Axelle o podría lastimarla —comentó Byron, sorbiendo de aquel jugo enlatado. Ya había corrido las cortinas para impedir que los rayos del sol no perturbaran su descanso; después de todo, faltaba poco para que la noche fuera sustituida por la mañana.
—…Pensaba que le daría un sermón más largo…
—Craig sabe cuándo debe ser conciso. Además, no quería hacer sentir culpable a ninguno de los dos…—mencionaba el italiano para Aomine.
—Hasta ahora no sé por qué razón Tatsuhisa y él se volvieron tan cercano —dio un gran bostezo y tomó su lugar dentro del lecho.
—Ah, eso es porque Craig se va a casar con su hermana mayor —la revelación del blondo hizo que ese par se pararan de golpe, casi espantándoseles el sueño—. ¿No lo sabían? —negaron, viéndose totalmente incrédulos—. La boda será este verano, a finales de Agosto —soltó muy frescamente. Ese par continuaban en el estupor.
—¡¿Pero…cómo?!¡¿Cuándo pasó eso?! —si así sentía Marko, ni imaginarse cómo dejó a Tatsuhisa en cuanto le soltaron eso de golpe.
—Al parecer se conocieron hace tiempo atrás, cuando acompañó a Kai a París —relataba.
—Es cierto, la primera vez que lo conocimos, su hermana fue con él para evitar que fuera a hacer algo estúpido…—el castaño relataba ese acontecimiento bastante lejano—. Se llevaron bien…pero no pensé que tanto.
—Tener a alguien como él de cuñado…debe ser duro…—se burlaba ampliamente el moreno.
—Y pues eso es prácticamente el asunto personal que trajo a Craig hasta aquí.
—¿Y cuál fue el tuyo? —ese cuestionamiento tomó por sorpresa a esos dos. Pero no se podía esperar algo diferente por parte de Aomine.
—…Axelle…—respondió rápidamente—. Pero hay una razón importante para ello, que creo necesaria contarte para que no estés con esa espina. Además, quiero llevarme bien con todos, especialmente contigo —sonrió tímidamente, clavando sus violáceas pupilas en él.
—¿Se lo vas a contar?
—¿Por qué no? No creo que a Axelle le moleste y ciertamente sería más cómodo para los tres —habló para el italiano; y este sencillamente se encogió de hombros.
—Suena como si fueras a decirme algo de verdad delicado —bromeó el moreno.
—Bien, eso depende de tu moralidad y forma de ver las cosas —señalaba—. Y ya que estamos metidos en tema, supongo que está bien —tomó asiento en la orilla de la cama más cercana, removiendo la bandana que llevaba consigo. Incluso revolvió un poco su blondo cabello—. ¿No te recuerdo a alguien?
Daiki empezó a hacer memoria, yendo de sus recuerdos más frescos hasta los que se hallaban meses atrás.
Postró su atención en esos violáceos ojos. Pasó directo a su rubia cabellera y ahora que aquella tela no estaba presente, pudo notar algo que pasó desapercibido por él durante todo este tiempo. Él era idéntico a esa persona, a ese hombre en particular.
¿Pero qué demonios significaba eso?
—Te pareces…demasiado a Logan… Tanto que me da miedo…—tragó saliva pesadamente. Sus celestes pupilas vibraban sin control alguno y juraba que estaba pensando de más las cosas; su comparación no podría ser cierta.
—¿Ya tuteas a tu futuro suegro, Daiki? —nada como las burlas del italiano para amenizar la situación.
—Quizás…porque soy…su hijo —la pausa con la que soltó cada palabra fueron como bombas para el moreno. ¿Pero qué demonios estaba pasando allí? ¿Estaba de broma, no?
—¡Eso es imposible…! —se levantó, claramente alterado e incrédulo. Debían de estarle tomando el pelo—. Ella me dijo que era hija única….—y no mentía.
—Ah, eso es porque en realidad…así lo creía. Al menos hasta hace casi cinco años atrás —Byron sencillamente masajeaba su nuca, sin saber muy bien cómo continuar lo que él mismo inició—. Un par de citas exprés, un par de copas, ser jóvenes, ser imprudentes y creer que nada pasaría tras ese encuentro casual… Combina todo eso y date a la idea de qué fue lo que pasó.
—N-No…puedes estar hablando en serio…
—Aunque lo veas todo recto y chapado a la antigua. Logan, de joven, era…algo así como Hadrien. Sólo que agrégale que su madre era permisiva en exceso y que él tenía demasiada libertad con sus acciones —soltó Marko para ampliar el conocimiento de Aomine sobre cierto padre—. Y si es como es ahora, es porque no quiere que a su hija le vaya a pasar algo como eso.
—Simplemente no puedo creer que él haya sido tan….
—¿Irresponsable y haya dejado regado un hijo por quién sabe dónde? —Aomine asintió lenta pero firmemente—. Cuando eres joven, cometes estupideces, y siempre son los terceros los que pagan las consecuencias de ello —aseguró, desapareando cualquier gesto sobre sus labios. No es como si le resultara sencillo hablar sobre ese tema—. Pero eso no signifique que lo odie o tenga resentimiento alguno hacia su persona… Mi madre me lo explicó, me contó sus razones por las que prefirió dejar las cosas como estaban y criarme ella sola… Al igual que él también encontró a una persona con la que deseaba pasar el resto de su vida. Si ambas partes eran felices, entonces, ¿por qué arruinarlo? —sonrió efímeramente, como si hubiera sido un mero espejismo momentáneo.
—No es difícil saber de la vida de una persona de la cual cuya familia es de lo más conocida en toda Italia, ¿verdad? Para cuando ella regresó a Italia, Logan ya estaba con Ayumi y Axelle tenía unos meses de haber nacido —continuó hablando el castaño, mirando interrumpidamente a uno y otro—. Y bueno, esa mujer también se enteró y te imaginarás lo que hizo.
—…Esa mujer…—Aomine sabía a quién se refería. No le sorprendía que hasta en algo como eso hubiera metido las narices.
—Mi madre quiso evitarse problemas. Conocía la fama que esa familia poseía y era mejor mantenerse callada, más por mi propio bien que nada… —forzó algo ridículamente parecido a una sonrisa.
—¿Pero al final cómo te decidiste para conocerlo?
—Tenía curiosidad sobre él… Y supongo que me sentía un poco solo después de haber perdido a mi madre en ese accidente…—su mano acariciaba aquel escurridizo tatuaje que se mantenía cubierto por la prenda que llevaba puesta. Se aferró a él como un gesto inconsciente que denotaba una punzante y tangible tristeza—…Apenas y pude salvarme… Y odiando la cicatriz que quedó, decidí ocultarla…Olvidarme de alguna manera de ella…
Aomine guardó largamente silencio. ¿Cómo se supone que pudiera responder a eso? Lo único que le quedaba claro era que ese hombre que estaba sentado prácticamente frente a él, había pasado por demasiados tragos amargos y dolorosas experiencias a tan corta edad. Y que él había estado actuando estúpidamente mal.
—Hubieras visto a Axelle cuando nos contó que tenía un hermano mayor… No cabía en sí misma —Turletti comprendía la tensión que en esa habitación se vivía, así que debía hallar una manera para hacer que todo volviera a ser igual que hace unos minutos atrás—. Estaba demasiado nerviosa y no sabía cómo dirigirse hacia Byron… Y bueno, él creía que no quería saber de él.
—Sería una reacción normal si de pronto te enteras que tienes un hermano nacido de un romance de una sola noche —espetó con cierto humor—. Pero me alegra haber tenido el valor para ir a conocerlos.
—¿Por qué razón decidiste contarme todo esto? —cuestionaba Aomine seriamente.
—Principalmente porque eres muy celoso con ella y no quería que su relación se viera perjudicada por mí. Segundo, eres su pareja actual y quiero tener la fiesta en paz con el hombre del que está enamorado mi pequeña hermana —decía ya más relajado.
—…Aún sigo sin creerlo totalmente. Pero eres el vivo retrato de ese hombre…
—Es lo que todos dicen —sonrió cándidamente.
—Este es el momento en que te sientes estúpido por sentir celos del hermano de tu novia —ni Marko ni Byron pudieron evitar echarse a reír suavemente mientras el moreno simplemente intentaba no explotar allí
El día había comenzado tarde para todos. No podía ser de otro modo cuando la hora de dormir había llegado justamente cuando el amanecer se cernía en lo alto del cielo. Y por esa razón cada quien terminaba comiendo de acuerdo a la hora que despertara.
Y aunque sus intenciones eran llamar por teléfono y pedir algo para comer, su idea pasó a segundo término en cuanto escuchó todo el trajino de la cocina. Alguien por lo visto tenía las ganas de cocinar.
—¿Hadrien? —sus carmesí pupilas le miraban, sosteniendo aquella pala.
—¿Huevos benedictinos para comer?
—Ponle mucho tocino y acepto —agregó burlonamente. Él por su lado le dio luz verde a su pedido.
Al final el alemán terminó haciendo más que simples huevos escalfados. Sobre el comedor se apreciaba pan francés, fruta picada y panqueques.
—Quédate quieto, pequeño tocino —comer con la izquierda no estaba rindiéndole frutos. Apenas y había podido engullir algo.
—No vas a terminar a este paso, Axelle —sonrió tenuemente el alemán. Le causaba mucha ternura el contemplarla peleando con el tocino en su lucha fallida por comérselo—. Deja que te eche una mano.
—Descuida, puedo hacerlo —una cosa era decirlo, y otra hacerlo.
—Sólo deja de ser orgullosa y come —notificó ya con un trozo de comida sujeta a un tenedor—. ¿Ves? No es tan difícil.
—Es más bien vergonzoso —chasqueó, evadiendo su burlona mirada—. Ya no somos unos niños…
—Ah, cierto. Solíamos hacer esta clase de cosas cuando teníamos diez. Cuando estabas de obstinada en que te dieran un hermano.
—Sí, sí, ya sé. No digas esas cosas penosas sobre mi persona —le encaró, sonriéndole abiertamente—. ¿Quieres que cuente cuando te pusiste a llorar por todos esos escarabajos que Leo dejó caer sobre ti?
—¿Quién se disfrazó de mayordomo en mi cumpleaños número 18, eh?
—Te recuerdo que TÚ quisiste que los tres fuéramos tus mayordomos como regalo de cumpleaños —no decía nada más porque ya le habían atipujado el siguiente bocado.
—Fue muy divertido…. ¿Cómo era que me llamaban?
—Me niego rotundamente a repetirlo —de nuevo su boca estaba llena de esos deliciosos huevos con bacon.
—¿Recuerdas esa vez cuando Lia nos hizo actuar para su casa de terror?
—Por supuesto. Pierrot y Anton se murieron del miedo…—le fue imposible sofocar esa risa burlona que le daba musicalidad al ambiente—. Pero no pudimos asustar a Craig.
—A veces pienso que ese hombre no es normal.
—Podrías tener razón —decía muy quitada de la pena, con un hotcake en su mano izquierda como si fuera un biscocho—. Pasan de las cuatro de la tarde y nadie más se ha despertado.
—Seguro demorarán un par de horas más —continuaba tapujándole más comida a la blonda.
—No estoy en engorda…
—Mira, crepas~
—Sólo un par…—la comida le seducía como el dinero al codicioso.
¿Por qué las cosas no podían ser siempre como en ese instante en donde sólo estaban ellos dos, disfrutando de una afable comida y conmemorando todos esos bellos recuerdos que conformaban sus vidas? ¿Qué había de malo en desear que ese momento se prolongará hasta el punto de que se volviera entrañable?
Ella sonreía ante sus ocurrencias, ante las anécdotas que los conectaban y que no le competían a nadie más. Ella era feliz estando a su lado mientras invertía su tiempo con su persona.
—Para no tener hambre te has comido lo de dos personas…—siseaba el alemán, mostrándole los platos vacíos, logrando que ella quisiera golpearle con su mano buena.
—Calla. Es tu culpa por haber hecho un desayuno tan delicioso —elogió.
—Ahora que recuerdo, ¿por qué aprendí a cocinar?
—Porque los reté a que, si aprendían a cocinar algo antes de que hiciera el primer año en Japón, haría cualquier cosa que me pidieran durante un día entero.
—Cierto. Fue por eso...—sonrió con cierta perversión ante ese acontecimiento—. Todavía recuerdo a esa chica con una linda botarga de gatito dando de vueltas por la plaza.
—¡Hadrien, no menciones eso nunca más en lo que resta de vida! —es que no podía golpearlo porque su brazo lastimado era el que yacía al lado de él.
—Sabes que no le contaría a nadie esa clase de momentos vergonzosos. Siempre y cuando no lo hagas tú —sus palabras recibieron una miradilla asesina—. Me conoces, sabes que estoy bromeando.
—Lo sé perfectamente bien, Hadrien. Jamás harías algo como eso —sonrió tímidamente.
Maldijo el instante en que enfocó su total atención en esos labios que le hablaban y le comunicaban quién sabe qué cosas. Maldijo el instante en que contempló que la distancia entre ambos pecaba de absurda.
Sencillamente debía detener sus instintos antes de que todo culminara en una estupidez. Por suerte sus plegarias parecían haber sido escuchadas.
—De saber que ya te habías levantado, te hubiera dicho que hicieras unas porciones extras —Hadrien agradecía hondamente que quien apareciera fuera Kagami y nadie más. Gracias a su escaso nivel de observación y que estuviera somnoliento, no podría haberse dado cuenta de lo que estuvo a nada de hacer.
—Puedo hacer más si quieres —para él era mejor mantener su mente ocupada en cualquier asunto trivial que continuar pensando en Axelle.
—Ey, Hadrien preparará la comida —el graciosito de Taiga había gritado para llamar a los que se habían levantado igual que él. No saldría de la cocina en un largo rato.
—Maldito bastardo…—blasfemó, deseoso de darle un buen escarmiento al pelirrojo.
Le sorprendía lo rápido que había volado el tiempo, pero no era para menos cuando se consideraba que había despertado hace menos de dos horas. Y al estar imposibilitada para hacer algo que le resultara como mínimo entretenido, se resignó a caminar por los hermosos alrededores.
Contempló la exuberante naturaleza que bordeaba al conglomerado de chalets mientras la tarde tímidamente empezaba a maquillar el celeste cielo al tiempo que admiraba la gran actividad que había alrededor; había mucha gente divirtiéndose y gozando de un día de descanso.
Se detuvo en cuanto sus ojos enfocaron al moreno, quien, para no variar, se encontraba riñendo con Marko sobre quién tomaría esa última bebida carbonatada de la máquina expendedora.
—Son como dos críos —dijo en el tono suficientemente alto como para que ambos le escucharan.
—Puedes quedártela, enano idiota. Hay algo que sabe mejor que eso —sus deseos e intenciones eran obvias, pero alguien no estaba dispuesta a dejarle hacer lo que se le placiera, así como así.
—Tenemos un trato y hasta que no lo vea cumplido, continuarás en austeridad —esos labios la única superficie que acariciaban era la palma de su mano izquierda. Bonito modo de cortar un beso.
—…Justamente sobre eso quiero hablarte, Axelle —el tono burlesco que caracterizaba a Aomine Daiki se había ido, dejando únicamente una caladora seriedad.
—Yo los dejaré hablar a solas, chicos…—el italiano comprendió de inmediato que salía sobrando, por lo que simplemente intentó marcharse. Sin embargo, en su huida terminó chocando con la persona menos inesperada.
—…Es curioso, porque yo también quiero hablar contigo en este preciso momento, Axelle.
Las miradas de ambos se enfocaron en él, en esa mirada seria y cargada de un irreconocible sentimiento de seriedad y determinación.
—…Hadrien…—Daiki tenía un claro presentimiento sobre lo que él deseaba tratar con su novia. ¿Pero por qué justamente ahora? ¿Qué le había orillado a tomar esa decisión?
—Lamento presionarte Axelle, pero elige con quién de los dos hablarás primero…—pidió con una cortesía forzada. Estaba claro que él deseaba ser el primero en tener el privilegio de hablar.
Ella se quedó totalmente estupefacta ante la petición de ambos hombres. Y temía indiscutiblemente por el contenido de cada una de esas futuras charlas.
—…Habla con él primero, Axelle —para la sorpresa de ambos, Aomine cedió el lugar que claramente le pertenecía por derecho.
—¿Estás seguro, Daiki? —la rubia se quedó perpleja ante su acción. Él jamás hubiera cedido ante un capricho como ese; él no era así.
—No lo hubiera propuesto de no quererlo así —sus celestes pupilas enfocaron a Hadrien. No le quedaba ni la más mínima duda de lo que ese hombre quería hacer. Pero incluso en su posición él no podía evitarlo, ni tampoco debía hacerlo.
