¡Muy buenas tardes! Y lo sé, es un increíble milagro el que esté aquí. Pero ya ven, a veces estas cosas pasan cuando menos te lo esperas C: Sólo vine a dejarles un capítulo, a decirles que lo disfruten y pues ya nos quedan unos cuantos más antes de decirle adiós a este fanfiction. ¡Saludos y excelente fin de semana!
Capítulo 144
Un hasta pronto
Había perdido totalmente la noción del tiempo. Lo único que le constataba que las manecillas del reloj habían avanzado más rápido de lo que creía, era esa enorme y opaca luna. Había estado tan absorta en sus cavilaciones, que ni siquiera se dio cuenta en el momento en que el cielo se oscureció y que la única compañía que le quedaba era el de esos estruendosos grillos.
Estaba sola y eso inesperadamente era lo mejor que pudiera tener en ese momento.
Sus mejillas seguían frías, tan salinas como amargas. Su garganta le dolía consistentemente y su visión estaba cansada por el sobreesfuerzo que conllevaba mirarlo todo con ese efluente de emociones humanas. Pero no podía sentirse de otra manera; era así como debía experimentarse una cruda verdad que se mantuvo oculta por años.
—…Necesito recomponerme. No puedo dejar que él me vea en este estado tan patético…—sonrió con cierta premura. Se puso de pie y sacudió sus ropas. ¿En qué momento se supone que terminó recordando sobre ese muelle de madera? —…Es patético, no sé qué hacer ahora…Hay un horrendo vacío en mi interior, sin embargo…lo que necesito es…
Su rostro palideció por completo en cuanto vio esos carmesí ojos. ¿Hacía cuánto que estaba allí? ¿Por qué toda la fortaleza que hasta ese momento poseía se hundió por completo? ¿Cuándo creía que le quedarían fuerzas para correr y prendarse a él como si fuera una niña pequeña en busca de protección?
—…No tienes por qué guardarlo todo para ti sola. Está bien que lo dejes salir. Así podrás estar mejor cuando decidas reunirte una vez más con él —recomendó Craig, pasando su brazo alrededor de su nuca de manera fraternal.
—Y-Yo no quería…que esto sucediera de esta manera… No deseo que…—le era imposible poder decir palabra alguna cuando su voz se escuchaba tan embebida por el llanto.
—No es como si hubieran podido evitarlo. Pero al menos lo hicieron antes de que fuera demasiado tarde y las pérdidas fueran más graves —expresó seriamente—. Solamente deben saber que eligieron a la mejor persona para entregar el corazón por primera vez…y que fue mutuo —dijo con un tono amable y enternecedor—. Así que llora hasta que ya no tengas más motivos para entristecerte por recordar lo que hoy ha pasado…
Sin importar el buen argumento que le propinara, él sencillamente no hizo caso. Pasó de largo de cualquier advertencia y sentido común. Estaba demasiado enfadado por todo, con todos, consigo mismo, que quería estar un tiempo a solas, meditando sobre la absurda pero dura verdad.
—Y allá va…—suspiró Marko, mirando la lejana silueta del moreno. Había elegido irse a disipar su malhumor lejos de allí, en esa zona de pantano que bordeaba en parte a la comunidad de chalets.
—¿Dónde se ha ido?
—¿Kai? —fue más una exclamación que un cuestionamiento incompleto. ¿Les había estado seguido acaso?
—Dime para dónde se fue Aomine —ordenó sin atisbo de paciencia.
—No lo haré si no me dices tus intenciones —se opuso. Podría ser todo lo amable y calmado que quisieran, pero si lo provocaban era alguien de cuidado.
—Necesito hablar con él —sus serias pupilas no mentían.
—Prefieres descargar tus frustraciones con él antes que con Axelle, ¿no?
—La pregunta es ofensiva hasta para mí –—soltó con enfado—. Claro que prefiero hacerle daño a él antes que a Axelle.
—Presiento que van a terminar dándose un buen par de golpes —y juraba que así iba a ser.
—No creo que seamos tan incivilizados para caer en eso.
—Como si no los conociera…—se hizo a un lado, señalándole el camino que el moreno tomó.
—¿Por qué lo haces si sabes que terminarán las cosas de ese modo? —curioseó.
—Si te soy sincero, estoy cansado de que todos ustedes estén en este vaivén de problemas sin resolver, de pasados sin concluir y sean incapaces de avanzar… Sólo están allí, estancados, dando un par de pasos antes de que algo los vuelva a la línea de salida —confesó seriamente, con esa aparentemente calmada mirada, cabreada.
—Te preocupas demasiado por los demás, Marko, aun cuando ni siquiera los conoces. Hasta echaste a perder a Kise…—¿eso era un halago a su muy particular modo de ser? —. Y por esa razón, eres el indicado para estar con esa revoltosa hermana mía…
—¡Yo no lo eché a perder! —le gritó vehemente al tiempo que se alejaba—. Únicamente pido que no se maten mutuamente…
Encontrar a Aomine no era tarea complicada. Ya que estaba allí, lanzando piedrillas contra la superficie de esa turbia agua mientras lo usaba como una manera banal de liberar su estrés. Y debido a su propia introspección, no se dio cuenta de su presencia cuando ya fue demasiado tarde.
—¿Qué demonios estás haciendo tú aquí, eh? —la pregunta vino después de cogerle del cuello de su camisa y prácticamente obligarle a que intercambiaran miradas.
—Creía que necesitabas a alguien que escuchara tus problemas —se burló. Esa ofensa le costó un certero y bien puesto golpe en su rostro.
—A la última persona a la que quisiera contarle algo sería a ti.
—¿Es así como me pagas el haberte contado todo lo que sabía sobre Axelle? Podías ser más agradecido —limpió la tenue línea carmesí que corrompía la comisura de sus labios—. En este estado solamente harás que ella empeore.
—No necesitas decirme algo que es obvio, idiota —bufó. Justo lo que le faltaba, que él llegara y volatizará aún más su ya perturbado estado de ánimo—. Adelante, si vas a burlarte por mis inseguridades y lo estúpido que es que dude de Axelle, hazlo y lárgate cuanto antes.
—¿Burlarme? Quizás hace años lo hubiera hecho y pensando que es estúpido, pero no hoy…—Daiki guardó silencio ante lo dicho, y prefirió mirar hacia ese paisaje húmedo y desolador.
—¿Entonces? Tú y yo no tenemos nada de qué hablar en realidad.
—No estaría tan seguro de ello. En realidad, hay algunas cosas que quisiera decirte.
—¿Ah?¿Tú a mí? Nuestros comentarios siempre terminan en riña y ofensas… No podemos llevarnos bien por demasiado tiempo —y era verdad. Sus personalidades eran tan parecidas que entraban en fricción ante el más mínimo detonante.
—Sólo escucha y deja de estar de gilipollas, irritándome —chasqueó la lengua con fastidio.
—Hmp…Maldito narcisista.
—Planteemos las cosas así, Aomine… Axelle tiene tres grandes amigos, pero uno de ellos no la mira de esa manera fraternal y ella tampoco lo trata igual que a los otros dos. Uno se vuelve consciente de sus sentimientos, ella solamente cree que es normal, porque siempre han estado juntos y han sido así de unidos… Pasa el tiempo, ella conoce a un bocazas del que se enamora, al que le cambia la vida, son felices por un tiempo y después le rompe el corazón…
El tiempo y las subsiguientes relaciones se encargan de borrar cualquier rastro de esa relación —calló por unos cuantos segundos para dejar que esa amarga sonrisa se instalara en sus labios—… Luego llega un tosco y nada amable sujeto, y ante la incredulidad de muchos, la conquista… Él creía que tendría las cosas fáciles, que sería una mera conquista temporal, nada sustancial…pero estaba enormemente errado. No sólo se inmiscuyó con ella más allá de lo permitido, sino que también cometió el suicidio de enamorarse.
—Bueno, no es como si supiera que tenía tan interesante y extensa historia romántica de trasfondo —bramó, guardando sus manos dentro los bolsillos de su pantalón—. De haberlo sabido antes…
—Te hubieras ido, ¿no? —el silencio de Aomine le dio la respuesta—. Menos mal que no lo hiciste o te hubieras arrepentido el resto de tu vida —dictaminó secamente, pero no podía ser de otro modo—. ¿O qué piensas tú? ¿Crees que estarías mejor sin ella en tu vida? Aunque si lo pensamos más fríamente, podría ser la mejor situación tanto para Hadrien como para mí.
O él era demasiado explosivo o Kai había mejorado su manía para sacarle de sus casillas sin la necesidad de ponerle demasiada creatividad a sus agresiones verbales. Lo único que sabía es que ese golpe contra su estómago lo había logrado doblar y ponerle de cuclillas contra el suelo.
—Ungh… ¿Es que tengo que esperar a que todas tus respuestas sean en forma de golpes? —le había logrado sacar el aire sin problema alguna. La fuerza empleada muy posiblemente sobrepasaba el límite de lo justo y necesario—. Únicamente te sientes acorralado por las circunstancias, esas que no son inherentes a ti…No quieres dejarla, porque la amas…pero tampoco quieres seguir soportando esta clase de escenarios ni esa inseguridad que está creciendo dentro de ti por más tiempo, una y otra vez, sin descanso alguno…—enfocó sus altivas pupilas en él, con ese sentimiento quemante que demandaba que se callara y le escuchara hasta el final—. Tampoco te agrada esa sensación de debilidad, de dependencia, esa asfixiante sensación que te hace creer que en el momento que se aleje de tu vida todo lo que hay dentro de ti se desmoronará… Quieres volver a ser el mismo de antes, tener de vuelta "esa libertad", dejar a un lado tu estúpida vulnerabilidad… Ser simplemente tú una vez más… Pero esto no lo haces por razones tan nobles —ironizó con malicia pura—, sino porque tienes miedo. No quieres salir dañado y optas primero por alejarte del juego antes de pasar por algo como eso…
Se abstuvo de levantar el puño y hacerle callar una vez más. No lo hizo por condolencia ni porque sintiera lástima por ese hombre, sino porque había hablado con la más dolorosa verdad de todas.
No podía negarlo, no podía refutar algo que era tristemente cierto. ¿Cuándo se supone que las cosas cambiaron de esa manera y pasó a ser él, el más vulnerable de los dos? No se suponía que él debía sentirse tan afectado por una simple relación sentimental.
Las cosas se le habían ido de las manos sin siquiera haberse dado cuenta.
—…Jamás pensé darte la razón, nunca en mi vida. Y menos sobre algo como esto…—no estaba calmado. De hecho, podría decirse que estaba peor que hace unos momentos atrás, pero negar su situación no iba a cambiar en nada las cosas.
—Espero que no seas tan estúpido como pensé y vayas a tomar la salida fácil —recriminó, ya de pie, frente a frente al moreno.
—Sabes lo mucho que me molesta que sigas teniendo estas consideraciones hacia ella —frunció el ceño y trasladó sus manos nuevamente hacia ese arrugado cuello—. ¿Por qué tienes que estar metiendo tus narices, inclusive ahora? —su timbre de voz se elevó y esa mirada se volvió mucho más peligrosa.
—¡Porque no estoy dispuesto a ver a nadie más romperle el corazón a esa mujer, a la mujer que amé y aún sigo amando, por eso! —al fin había explotado, al fin había dejado esa exasperante máscara de sosiego y mostraba esa parte de su humanidad que había estado en él por demasiado tiempo—. Eres el que está con ella ahora, el que aun llegando tan lejos quiere dar media vuelta y tirar todo a la basura… ¡El que puede hacerla feliz o destruirla, todo al mismo tiempo…!
Estaba completamente conmocionado por la manera en que había reaccionado que ni siquiera se percató del momento en que lo tumbó contra el suelo, con ese semblante descompuesto y un claro y hambriento deseo de golpearlo.
Sólo apretó la mandíbula tan fuerte como pudo o ese embiste resultaría mucho más doloroso de lo que podría llegar a ser.
—¡¿Crees que me divierte verte a su lado y saber que podría ser yo quien estuviera con ella y no tú?! ¡¿Consideras que tanto Hadrien como yo podíamos dejar los celos a un lado, así como así?! No…Aomine, tú no comprendes, porque nunca has estado de este lado… Y dudo que quieras estarlo, ¿verdad?
No podía salir de su propio asombro y ya se encontraba contemplando algo que consideraba prácticamente imposible de ser. ¿Qué tan mal podría sentirse ese hombre como para importarle tan poco el dejarle en descubierto su propia vulnerabilidad? ¿Por cuánto tiempo había estado callando todo eso?¿Qué tanta culpa podía experimentar para que él lo frenara de cometer su misma estupidez?
Aomine lo sabía, era una mezcla ácida entre culpa y amor. Nadie que no sintiera alguna de esas dos cosas, no podría siquiera hacer la mitad de lo que él había hecho.
No tenía palabras de aliento ni nada por el estilo, pero al menos podía escucharlo mientras se desahogaba diciendo todo lo que en esos años calló y que requería sacar de su sistema.
¿Alguien tan orgulloso como él llorando?
—…Incluso a este punto, prefieres venirme echar la bronca a mí antes que a ella… Pero acepto que ha sido una idea acertada. Dudo que ella pudiera con una bomba como esta…
—No puedo hacer nada por recuperarle, y tampoco tengo derecho a mancillar su felicidad sólo porque quiero volver a esos tiempos —sonrió con amargura y pesadez. Seguía siendo tan egoísta como siempre—.
Porque uno tiene que enfrentar las consecuencias de sus actos y esto…es lo que me tocó a mí pagar por escapar cuando sentí lo mismo que tú experimentas en estos momentos…—se levantó con prontitud, clavando su atención en el tendido muchacho—. Si no quieres verte así de lastimero, te aconsejo que pienses mejor las cosas, porque la otra persona de la que pudiera enamorarse ella, podría tener las agallas que a todos nosotros nos faltaron.
—¿Y dejarles el camino libre a alguno de ustedes dos? Debes estar bromeando, idiota —se levantó de manera automática, encarándole—. Admito que…tus palabras me abrieron los ojos, pero me niego rotundamente a darte las gracias.
—No es como si lo hiciera por ti, Ahomine —replicó, cruzándose de brazos. Allí estaba de nuevo el Tatsuhisa Kai que conocía de siempre—. Por mí podrías ahogarte en ese pantano y no me importaría en lo más mínimo.
—Me sorprende que tengamos los mismos planes —gruñó con humor ligeramente recompuesto.
—Pero solamente uno puede obtener ese dulce sabor de venganza, Aomine —para cuando el moreno escuchó eso, descubrió el bajo nivel del agua estancada y su inmundo olor. El muy cabrón le había sorprendido con una patada directa hacia su espalda para mandarlo directo al pantano—. Aprende a no levantarle la mano a tus mayores, Ahomine —expresó risueño. El moreno estaba que se lo quería comer vivo, importándole un comino la tregua temporal que hicieron.
—¡Maldito bastardo! —precipitarse nunca es bueno. No cuando la otra persona estaba nuevamente serena y lúcida. Lo siguiente que supo es que ese idiota sabía cómo acomodar un buen gancho en el estómago y dejarlo botado sobre el suelo, sufriendo de un palpable dolor.
—…Ese fue mi "de nada", Ahomine —el peli azul se limitó a maldecirlo tanto como su ímpetu y facultad de habla se lo permitieran—. No te mataría ser más sincero y buen samaritano de vez en cuando, ¿sabes?
—¡Eso es lo que TÚ deberías ser, maldito bastardo! —no es como si no quisiera pararse, pero todavía permanecía bastante tocado.
—Espero no le hayas roto ninguna costilla, Kai —lo que le faltaba a Aomine: alguien más que contemplara su humillación—. ¿No es genial cuando todos logramos entendernos y llevarnos armoniosamente?
—¡Claro que no, Craig!
—Si ya tienes esa malicia de siempre, supongo que debiste de haber aclarado las cosas —añadía el inglés, mirando con cierta diversión el estado en que Daiki estaba.
—Uno tras otro, no son más que molestias innecesarias —siseó. Había dado media vuelta con la clara intención de marcharse y olvidarse de todo lo que había tenido lugar en ese sitio.
—¿La…has visto? —preguntó al callado peli rosa—. ¿Qué…tan mal se veía? —aunque estaba de pie, su mano continuaba resguardando el área afectada por aquel golpe.
—Tienen una maldita suerte de que un grupo de pelmazos como ustedes se hayan fijado en alguien que tiene un aplomo como ella o seguramente se hubiera deshecho de todos ustedes hace tiempo —se burló con ese clásico humor negro que le caracterizaba—. ¿Quieres que te diga dónde encontrarla?
Un mensaje fue todo lo que necesitaba para saber hacia dónde debía encaminar sus pasos en ese justo momento y aunque mientras transitaba por las calles, se topó con algunos rostros familiares, desistió de hacerles plática y continuó, inmutable.
La noche seguía avanzando lenta y pesada para él, para quienes estaban conscientes de lo que estaba pasando. Pero era rápida para los que ignoraban todas esas trivialidades sentimentales.
Para cuando halló el hotel y encontró la habitación indicada, sólo tocó un par de veces y se encontró justo con la persona que le había señalado hacia dónde ir.
—¿Has arreglado tú también tu asunto pendiente, Kai? —preguntó cortésmente Leo.
—Le di unos buenos golpes y lo arrojé a un pantano. Por lo que diría que así fue —se burló—. ¿Ahora dónde demonio está él?
—Entró al baño para lavarse la cara….
—¿En qué momento nuestra vida se volvió tan melodramática?
—Desde el día en que se enamoraron de la misma mujer, ¿quizás?
—Olvidaba lo perverso que puedes llegar a ser, Leo —comentó casualmente. La verdad es que ese humor no le molestaba y, de hecho, iba bien con el momento para no caer en el pesimismo.
—¿Kai…? —¿quién estaba más sorprendido de ver al otro? ¿El rubio que miraba detenidamente el fantasma de lo que alguna vez fue un inmutable y seguro de sí mismo chico? ¿O el peli vino al toparse con ese descompuesto hombre que no podía ocultar que había estado llorando?—. Te ves espantosamente mal.
—Gracias, tú también te ves miserable —sonrió campante.
—¿Has venido a consolarme? —arqueó una ceja, divertido—. Aun no llego a ese punto de mi vida en que me atraen los tíos. Pero si es el caso te consideraré en los primeros puestos.
—Si no estoy en el primer puesto, no me involucres. No me gusta ser plato de segunda mesa —le siguió el juego. El danés simplemente se echó a reír ante sus locuras.
—Saldré un momento, así que no hagan una tontería —el peli blanco no bromeaba. Así que se fue tranquilo con esa amenaza en el aire.
—Te dije que no estaba mintiendo.
—¿Por qué tuve que ser tan cobarde y nunca decirle lo que sentía por ella antes de que hallara alguien más a quien amar? —se reprochó a sí mismo como un vago arrepentimiento—. No dejo de pensar en todo lo que pasamos juntos, lo maravilloso que pudo haber sido y lo contradictoriamente feliz que me hizo saber que ella también…se enamoró de mí de la misma manera… Lucho contra todo eso y pienso si podré dejar totalmente todo esto atrás y seguir como si nada.
—Jamás podrás arrancar algo como eso de tu vida, Hadrien. Solamente te queda asimilarlo y continuar moviéndote —sonrió a medias, rascando brevemente su nuca—. Imagino que lo que tienes en mente es distanciarte —pronunció.
—Si no lo hago sé que me volveré loco y estos sentimientos se volverán aún más fuertes. Y no quiero eso, por el bien de los dos —mencionó con un extraño tono de madurez.
—Desintoxicarte, ¿eh? —había optado por tomar asiento dentro de la mini sala que poseía el cuarto. Y dejándose caer sobre el pequeño sofá, llevó su celeste mirada hasta Hadrien.
—Aunque antes de ello necesito aclarar algo más
—¿Con esa chica, no es así? —el alemán se limitó a asentir y tumbarse boca arriba en la cama—. Me sorprende tu nivel de madurez.
—Podría decir lo mismo de ti, Kai —se mofó—. De los dos era el que tenía más oportunidad de tenerla y sin embargo no quisiste meterte entre esos dos.
—¿Yo, más oportunidad? —no sabía si reír o qué sobre algo como eso—. Me estás sobreestimando, Hadrien. Pero agradezco el cumplido que no pedí.
—Ya lo he hecho y no tengo más esa pesadez, sin embargo...—cubrió sus ojos con sus antebrazos. La luz del cuarto le molestaba y también deseaba mitigar el sonido de su fortaleza haciéndose añicos—. P-Pero yo...
—Esto te va a tomar bastante tiempo, así que no intentes hacerte el que ya lo superó... Que no hay nada de malo en que te pongas a llorar —mencionaba seriamente, sin atisbo de recriminación.
No podía creer que su juicio vacilara en el instante en que estuviera frente a esa puerta y analizara de mejor manera lo que había detrás de ella. ¿Abandonaría tan rápidamente ante su propia sugestión? Porque una cosa era imaginárselo y otro totalmente diferente afrontarlo y vivirlo en carne propia.
—No puedo escapar justo ahora...—tocó y esperó hasta escuchar el seguro siendo removido. Tomó una bocanada de aire y entró.
En cuanto cerró la puerta detrás de sí y enfocó su atención en ella. No supo cómo reaccionar.
—...Axelle...
Allí estaba, sentada en el centro de la modesta cama matrimonial, con esas claras señales de que había estado llorando hasta que no pudo más.
¿Cuántas horas habían transcurrido desde que se separaron? Seguramente más de seis. Lo único cierto es que la manecilla más chica del reloj marcaban las diez de la noche.
—Daiki —le saludó tímidamente. Él se limitó a acercarse y tomar asiento en la esquina inferior derecha de la cama.
—No soy bueno para estas cosas. Así que lamento no traer un discurso preparado para sortear este asunto.
—Es un asco que tengas que verme en esta clase de estado —él sintió el avance de ella hacia donde estaba. Pronto estuvieron hombro con hombro.
—¿Se dijeron todo lo que habían callado...? ¿No quedó nada pendiente por decirse? —no la enfocó, no tenía el valor suficiente para ello; no de momento en que tenía tantos sentimientos encontrados.
—Por supuesto... No iba a irme de allí sin decirle todo. Porque las cosas debían quedar claras y sin dejar nada a medias —con mesura llevó su mano hacia la izquierda del moreno, esa misma que era un inconfundible puño.
—...Sé de lo que sentías por él —pudo sentir el estrés que sus palabras causaron en ella. Su tibia mano le agarraba con cierta fuerza—. Pero no tiene caso replicarte por ello, ya que él llegó mucho antes que cualquier otro.
—Ya veo... Así que te lo han dicho —decir que estaba aliviada no era una exageración. Y si bien sabía que eso le competía a ella, sabía que podría flaquear durante su explicación.
—¿En qué hemos...quedado tú y yo? —interrogó, mirándole fijamente, como si quisiera hallar su respuesta en el carmesí y transparente mundo de sus ojos.
—Si quieres terminar conmigo...dímelo y no me hagas pasar por esa pregunta...—Aomine calló, no lo había dicho en ese sentido. Pero debió prever que ella se sentiría culpable por haberle ocultado algo tan importante.
—No planeo terminar contigo, tonta —le sonrió con cierta dulzura y comprensión—. No voy a dejarte tan fácilmente —amenazó juguetonamente.
—Yo tampoco quiero hacerlo, así que no pienses que tras vivir algo como esto, esté planeando...irme lejos y tirar toda nuestra relación... Que no he sufrido tanto para nada.
—¿Ah? Soy yo el que debería usar esa línea —espetó con cierta seriedad—. Empiezo a notar que lo que se te hace, se paga con intereses.
—Perdóname por hacerte pasar estos amargos tragos... No es como si me gustara hacerte sentir inseguro ni opacado por nadie más.
—Deja de disculparte. No hay necesidad de ello —aseguró firmemente. Incluso aquella mano que le mantenía cautiva bajo su agarre, estrechó la de ella suavemente—. Sólo quiero saber si...aún con todo lo que has vivido hasta este momento quieres continuar soportándome —ella no pudo evitar sonreír ante semejante declaración—. Ey, estoy siendo serio.
—Perdona, pero me pareció tierno —su voz se suavizó y le hizo saber que no quería burlarse de su interrogante—. No podía elegir a nadie más que no fuera mi presente, Daiki y ese no es nadie más que tú...
¿Creíste que te abandonaría solamente por confrontar a mi pasado? —agachó la mirada, delatando su crimen—. No puedo culparte, porque de estar en tu lugar me sentiría igual... —podía sentir su ígnea respiración sobre sus labios, sobre su rostro y fue incapaz de reprimir el fuerte deseo que tenía de besarlo—. Sé lo que se siente que te rompan el corazón cuando creías ciegamente en que ese amor estaba destinado a ser para siempre... Sé lo que es que traicionen tu confianza y veas lo que creíste verdad, desmoronándose... Sé lo que los celos, las inseguridades y prejuicios le hacen a una relación que creías estable... Sé lo que puede pasar cuando no dices lo que sientes o piensas en el momento correcto y te llenas de remordimientos... Pero tú no conoces nada de eso, Daiki —le sonrió tan sincera y amorosamente como le era posible—, y eso está bien. No necesitas conocerlo nunca... Y yo que sí he vivido todo eso para bien o para mal, quiero evitártelo a toda costa.
Se supone que él era quien iba a darle el apoyo y estar allí para que se desahogara y estuviera mejor. Entonces, ¿cómo fue que los papeles se intercambiaron? Él no sentía justo que fuera el único que oyera lo que tanto anhelaba escuchar de su boca.
—No quiero decirlo, pero...ahora los entiendo. Ahora sé por qué razón han sido incapaces de olvidarse por completo de ti...—soltó casi en un susurro. Incluso una amplia sonrisa decoró sus labios.
Sonreía, podía sentirlo sin dificultad alguna. Y aunque sabiendo que no debía acceder a su tierno acercamiento, no pudo refrenarlo. Necesitaba de su afecto y calidez con el mismo deseo apremiante en que sus pulmones demandaban por oxígeno.
—...Te Amo, Axelle...Y ni nada ni nadie me hará desistir de ello. Ni siquiera esos fantasmas de tu pasado... No he llegado tan lejos para dejar que otro te tenga...
Le había escuchado claramente, sin problema y comprendiendo a la perfección el significado de sus palabras. Y, sin embargo, no podía creerlo del todo.
Y quizás lo que más estaba alterándola, eran esas escurridizas lágrimas. Se supone que ya no podía siquiera sollozar. ¿Por qué ahora? ¿Por qué justamente con su enternecedora confesión de amor?
Quisiera o no admitirlo, estaba conociendo lo que era llorar de felicidad.
—N-No te pongas así ahora... Ya no quiero que llores...—nunca había dicho esas dos palabras tan en serio como en ese momento, pero no esperaba una reacción como esa por su parte.
—Tonto...—añadió con infantilismo y cierta pena. Pero incluso con ese comportamiento esa sonrisa estaba allí, denotándole que la había hecho ridículamente feliz—. Yo también te amo, Ahomine.
—...Sé que esos dos son irremplazables para ti y siempre tendrán un lugar especial en tu vida, pero...odio perder... Me encargaré de tener un puesto como ese en tu vida...
—...Daiki...—no pudo evitar recargar su frente contra la de él. Y si estaba sonriendo era por anteriormente dicho. Él estaba matándole con esas palabras—. ¿Sabías que no hay algo que me ponga en más apuros que un chico que se pone de cursi y tímido? —claramente le estaba diciendo que él cumplía el patrón; cosa que no hacía en lo más feliz al moreno. Él no era de esos.
—Es tu jodida culpa —gruñó.
—Yo no he hecho nada —se defendió—. Pero es bueno ver esta clase de actitudes en ti —Aomine suspiró ante el hecho de haberle cumplido un capricho sin saberlo.
—Embustera.
—¿Yo? Jamás. Ni siquiera conozco el concepto —comentaba divertida—. Además —hizo una pausa para fijar totalmente su atención en el moreno. Él por su lado, debía abstenerse de no interrumpirle con un beso—, tú ya eres alguien irremplazable para mí, Daiki. Así que quita ese rostro de asombro y tráeme algo de cenar que muero de hambre.
—Vaya manera de romper el momento romántico —se burló ante semejante descaro que poseía. Pero no objetaría porque había recibido más de lo que esperaba.
—Soy así de espontánea, así que es lo que toca —iba a quejarse, pero había optado por callarlo, tomando sus labios una vez más en un breve, pero satisfactorio beso.
No le sorprendía que todo el lugar estuviera en completo silencio y que únicamente algunas luces interiores permanecieran encendidas. Ya era lo suficientemente tarde como para que la gran mayoría de los que ocupaban el lugar de mantuviera despierto.
Sin mayor dilación entró, pensando en la excusa que daría para entablar conversación con ella. No obstante, en cuanto se adentró a la cocina comunitaria en busca de algo que le quitara la resequedad de su garganta, su sorpresa fue enorme.
Allí estaba ella, sirviéndose un poco de café para mantenerse un rato más despierta.
—…Sora…—sus doradas pupilas enfocaron por completo a la joven. Ella se quedó muda durante un largo rato por no saber qué decir; ante sus ojos estaba claro que no estaba en lo absoluto bien—. Necesito hablar contigo.
Apretó con fuerza el cuerpo de su taza de café. Esas palabras fueron como agudas agujas que se clavaron hondamente en su corazón. Incluso sin ser nada más que amigos, una petición como esa le paralizaba y le aterraba.
—Está bien. Te escucho —aclaró su garganta y se mantuvo firme. Tenía miedo y en realidad no quería escuchar sus palabras, pero era su petición y no podía rechazarla.
—Hace unos meses atrás te conté sobre mí y Axelle —de conmemorar ese nombre, sus gestos faciales se descomponían en una perceptible señal de tristeza, pero contradictoriamente, también sonreía efímeramente. Ella lo notó y sintió cómo su garganta empezaba a contraerse, indispuesta a hablar—. Creía que nunca iba a confesarle mis sentimientos, porque tenía miedo de todo. Sin embargo, entre su accidente y que alguien terminara dándome un empujón, lo hice.
El peor temor de la castaña se materializaba lentamente. Él lo había hecho. Él había dado ese paso necesario en su vida, pero dolorosa en la suya. ¿Cómo habían terminado las cosas? ¿Qué reacción había tenido ella? Tenía demasiados cuestionamientos producto de su pavor y celos, pero no tenía derecho a preguntar; seguramente nadie poseía ese derecho.
—…Debió de haber sido realmente duro. Nunca lo he experimentado, pero…puedo hacerme una vaga idea —sonrió solamente porque quería esconder su inminente congoja. Simplemente no podía hacer nada ante algo que estuvo siempre allí desde hace años—. ¿Por qué no nos conocimos antes? ¿Hubiera cambiado algún aspecto si hubiéramos cruzado nuestro camino hace más tiempo atrás? Es demasiado egoísta lo que estoy pensando… Esta no soy yo.
—Sé que te invité a este viaje para que te divirtieras y pasáramos un bueno momento. No obstante, las cosas se salieron de control y terminaron de esta manera. Yo realmente lo lamento.
—No tienes que disculparte por nada, Hadrien —se apresuró a decir. No quería que se sintiera aún peor de lo que ya lucía y se escuchaba—. Yo acepté sin pensármelo demasiado, así que descuida.
—Agradezco tu comprensión —añadió con sinceridad—. Así que antes de que mi "chofer" se exaspere, tengo que dejar las cosas claras contigo —asintió por mera inercia. Lo único que deseaba era escuchar algo totalmente diferente a lo que presentía; es lo que más deseaba—. No podemos…seguir saliendo, Sora. De hecho, ni siquiera es sano que mantengas contacto conmigo de ahora en adelante.
—Pero yo…en realidad…—tartamudeó abruptamente. No podía gesticular palabra, no con lo que él le había soltado así de golpe. ¿Cómo le pedía algo como eso cuando lo quería tanto?
—No puedes estar esperando por alguien que no supera su estúpido pasado y que ni siquiera sabe cuándo podrá continuar adelante con su vida y buscar a alguien más, Sora…—mencionó, levantando ligeramente el timbre de su voz. Ella agachó la mirada, sintiendo la culpa evidente que su comentario despertaba; él estaba en toda la razón—. Existen más hombres allá afuera, mucho mejores que yo y que sabrán quererte y valorarte como te mereces, Sora. No tienes por qué esperar por mí… Debes seguir con tu vida y buscar tu felicidad. No sentarte a aguardar por nadie —era tan serio como pocas veces lo vio. Él no era precisamente intransigente, pero estaba consciente de que lo que había dicho no contaba con una opción negociable y eso era lo que más le mortificaba a ella. Él deseaba en realidad que lo olvidara y fuera feliz al lado de alguien más.
