¡Buenas tardes! Sí, ya sé que pensaban que Rasen estaba descansando en el Mitlan, pero no :v Solamente surgieron una infinidad de contratiempos a lo largo estos últimos meses, y entre ellos que mi laptop muriera; pero ya revivió, sólo que no tiene paquetería XD Así que ando probando un programa de escritura gratuito mientras dejo la pobreza y me compro el office x_x Pero sin más dilación, les dejo la actualización. Nos estamos acercando al final, así que disfruten lo poco que queda de esta historia.

Capítulo 145

Promesa

No le importaba en ese momento el estado deplorable que tenía o que todavía pudiera apreciarse la hinchazón y el tono carmín que indicaban claramente que había estado sollozando por más horas de las que podía haber soportado. Lo único que tenía en mente era terminar de sacar sus pertenencias de su habitación y retirarse de ese lugar; tenía muchas cosas en que pensar aún y debía mantenerse firme ante lo que él mismo decidió para poder sanar y recuperarse.

Sin embargo, en cuanto transitó por aquel angosto corredor, su mirada se detuvo en esas esmeraldas; ambos estaban sorprendidos de encontrarse. Pero quizás ella era la que estaba más anonadada de los dos. Nunca creyó ver a ese hombre en ese estado, pero no le fue demasiado difícil determinar el motivo de ello.

—Tú... —era difícil para ella asimilar el estado tan desastroso en que estaba el alemán, y es que no imaginaba que alguien con su carácter terminaría así de lamentable —¿Te vas?

—Claramente. No es como si pasear las maletas fuera divertido a estas horas de la noche —intentó sonar gracioso, como siempre lo hacía, pero no pudo hacerlo. Sólo obtuvo un gesto de molestia por parte de la castaña—. A veces es mejor viajar en madrugada.

—Tratándose de ti puedo esperar cualquier cosa. Eres todo menos alguien cuerdo —alzó los hombros, intentando seguirle la corriente. Le miró por unos segundos a los ojos, percatado ese peculiar enrojecimiento—. No pretendas sonar tan ligero cuando te ves así de mal. No es necesario ocultar lo que sientes... Y no es como si hubiera pasado desapercibido para todos.

—Vaya, así que todos lo han notado. ¿No se supone que duermen o están tan aburridos como para husmear en mi vida personal? —suspiró. No tenía fuerzas ni ganas para pelear por una causa pérdida—. No es como si quisiera hacerlo lucir ligero, pero no tiene caso exagerar en cosas...que ya pasaron...

—No han pasado... Y lo sabes porque de ser así no estarías llorando —podía sonar como un regaño, pero intentaba ser comprensiva con su situación—. ¿Tienes unos minutos para charlar afuera?

—...Supongo que puedo retrasar mi salida unos minutos más. Creo que hasta a Kai le sentaría bien descansar un poco de mi presencia...—simplemente se encaminaron hacia el exterior; no había más razones para permanecer allí y ser posiblemente la comidilla de todos.

Poco les interesaba el descenso de la temperatura o el casi aterrador mutismo que envolvía a la madrugada. Ellos solamente tenían una idea en mente y eso era más que suficiente como para continuar avanzando, dejando atrás rápidamente la protección de aquella edificación.

El pequeño camino de piedra que decidieron tomar les parecía mucho más interminable que cuando lo conocieron hace horas atrás cuando decidieron hacer un picnic en esa zona. Pero sabían que allí no se toparían con absolutamente nadie que pudiera representar una amenaza para su charla.

—Cuando Sora vino a mí y me dijo que estaba interesada en ti no lo podía creer —relataba como si estuviera recordando un chiste muy bueno, pero casi de inmediato sus facciones perdieron esa relajación— Sé la manera en que te sientes porque ya he estado en tu posición... Amar tanto a alguien de tu pasado que no le puedes olvidar así de fácil —suspiró de manera muy cansada—. Cuando me dijiste en Italia que tenías un sentimiento así obviamente no sospechaba que se tratara de... Ella.

—No se supone que lo supiera alguien. De hecho era prácticamente un secreto. Únicamente lo conocían esos dos tontos de Marko y Leo, y claro, Craig...Jamás se le escapa nada —chasqueó la lengua con malhumor y desgano. No pensaba que terminaría hablando justamente con esa mujer sobre ese tema—...Y bueno, luego cometí el suicidio de comentárselo a Daiki. Algo no muy brillante por mi parte... Creo que ayer quedó muy obvio lo que sentía hacia ella —suspiró con exasperación.

—Por la cara de idiota que tenías cuando la observabas en el espectáculo de luciérnagas, créeme que quedó muy claro —aún con todo ese sentimentalismo de por medio no iba a perder la oportunidad de echarle bronca. Para el infortunio de Hadrien aquel momento no había pasado desapercibido para Aoi—. Supongo que todos tenemos un amor imposible en nuestras vidas. Tal vez sea un tipo de requisito para vivir —comentó con burla, hasta una ligera risa se le escapó.

—¿Cara de idiota...? Joder, yo mismo me condené sin siquiera darme cuenta —se auto regañó. Incluso aceptó sin chistear el insulto de la castaña—. Sabía que había actuado patéticamente, pero no pensé que a ese nivel...—sacudió la idea de su cabeza, sonriendo por mera inercia—. Pues no es nada agradable tener un amor imposible...y más si este lo ves con frecuencia y en vez de tratarte mal por tus malas acciones y forma de ser, te acepta, te trata bien y empeora tu estado emocional... No sé cómo es que tú lo lograste, pero...no tengo tantos pantalones como para considerar que es un mal necesario.

—Quién diría que vería de una manera tan patética a un gigoló de primera. Debe ser el karma —agregó con satisfacción, hasta le dio una palmada en la espalda—. No es fácil, pero debes hacerte una idea de que es lo mejor para ti... Créeme que tú y yo no somos tan diferentes en nuestros métodos de olvidar el pasado. Ya te ha quedado claro que eso no funciona, ¿cierto?

—No esperaba escuchar algo como eso de una santurrona como tú. Por eso dicen que hay que tenerles miedo a las calladitas que suelen ser las más...golosas...—su bromita le costó un buen golpe directo al estómago. Aunque no era ni la mitad de fuerte que los que solía acomodarle usualmente—. No...en realidad jamás funcionó. Siempre lo supe, pero aun así continuaba cayendo en el mismo juego... Estoy tan cegado en estos momentos que no sé si es lo mejor para mí...pero en cuanto me pongo a pensar en lo feliz que está al lado de él, considero que entonces sí es correcto... Lo sé, no estoy viendo ni siquiera por mí. Pero no puedo pensar de otro modo...—se encogió de hombros e intentó no estancarse demasiado en su sentimentalismo. No quería que ella le viera llorar.

—No eres tan malo como piensas que eres —expresó con firmeza, incluso se atrevió a revolver su cabello. Hadrien la miró de manera atónita. Estaba siendo demasiado bueno con él, y eso era debido a que ante los ojos de la castaña él era un chiquillo problemático que había topado con pared—. ¿Ya estamos lo suficientemente lejos, no? —tras haberse adentrado aún más en ese bonito y bien cuidado lugar, se percató de que el chalet en el que se hospedaban se había convertido en un punto lejano—. Hagamos algo...

El alemán no entendía a qué se refería cuando la vio subirse a aquella roca de más de medio metro. La miró por unos segundos y justo cuando iba a preguntarle si se había vuelto loca un grito le robó las palabras de la garganta.

—¡Tsubasa, eres un idiota por haberme engañado! —las palabras siguieron tan altivas—... ¡Aun así te doy gracias por todos los momentos juntos! ¡Es por ti que estoy dónde estoy ahora! ¡Y te quiero por eso!

Había dejado salir todo espontáneamente sin pensarlo dos veces. Bajó de un salto a donde él estaba, y quien no dejaba de contemplarla como un bicho raro.

—Es tu turno de gritarle a Axelle lo que quieras. Sácalo —le empujó para que subiera a la roca.

—¿Ah...? —parpadeó varias veces antes de que pudiera siquiera mover su humanidad hacia esa piedra. Juraba que esa noche era una especie de ilusión, porque jamás alguien como Aoi podría comportarse de esa manera—...Bien, supongo que...podría —rascó su nuca y miró detenidamente a la castaña. Claramente no sabía qué decir, pero debía hacerlo o seguramente lo apalearía. Tomó aire y se preparó para soltar todo lo que en mente cruzara en ese justo instante— ¡Axelle, el haberte conocido ha sido lo mejor que me ha pasado en la vida, jamás te olvidaré y siempre te querré por todo lo que significaste para mí...! —mordió su labio inferior, hizo de sus temblorosas manos, puños incapaces de disipar todo su intranquilidad y arraigo. Intentó contenerse antes de que su visión comenzara a nublarse ávidamente—. Gracias a ti, soy una mejor persona y entendí que las personas que te aman con sinceridad son capaces de aceptarte tal cual eres y estar allí, a tu lado, protegiéndote a su manera, incluso sin pedir nada a cambio... ¡Así que muchas gracias por haberme...—sonrió, tan amplia y dulcemente como nunca antes lo había hecho; porque lo hacía desde adentro, desde el corazón— amado durante todos estos años del modo en que lo hiciste. Nunca lo olvidaré! ¡Así que espero que seas inmensamente feliz! ¡Yo te prometo que lo seré, que lo seremos, incluso tomando caminos diferentes!

—Ayuda mucho el no quedarse uno solo con todo lo que siente —lo miró aún sobre esa piedra, aguantando las ganas de llorar por milésima vez ese día.

—Podrías tener razón, pero ya eres como la quinta persona con la que hago esto, y no veo que las ganas de aventarme a un estanque de agua helada se me quiten —limpió esos penosos inicios de lágrimas y tomó asiento sobre la dura piedra. Estar allí le daba cierto momento de paz—...Lamento haberle roto el corazón a tu hermana...pero no estoy para ninguna clase de relación en este momento. Sólo quiero estar solo y recomponerme por mis propios medios... Así que perdón por ello. Después de todo, la hice venir a este viaje, incluso sabiendo que Axelle iba a estar aquí.

—De alguna manera sabía que terminaría así —dijo seriamente tomando lugar a la izquierda del chico, recargándose en aquella roca que era testigo de su confesión—. Es por eso que no te quería cerca de ella. Es mi hermana y no puedo evitar preocuparme —miró sus pies, pensativa—. No creas que no tengo ganas de romperte los brazos por ello... Pero ella sabía a qué estaba jugando. Eras una apuesta nada segura, y bueno, le tocó perder.

—Sí, es normal tener ese sentimiento de asesinato si le hacen algo como eso a alguien que valoras demasiado, y te dejaría hacerlo, pero soy uno de los As de Hokkaido y debo jugar este verano —mencionó con tono un poco más relajado, más propio de él—. La vida misma es una apuesta en sí misma y a todos nos toca irremediablemente probar la amargura de la derrota...—por breves segundos se quedó callado, analizando lo que iba a decirle ahora—. Por esa razón me encargué de aclararle todo para que no sigan existiendo malos entendidos ni esté esperando sin garantía de éxito... Así como tú encontraste al irritante de Kise después de que perdiste tanto, ella hará lo mismo y se dará cuenta que haber pasado por este amargo trago, valió la pena, para mejor...—no era bueno dando sermones y sabía que la sutileza no formaba parte de su forma de ser, pero se esmeró en no sonar tan duro con su opinión.

—Menos mal por qué en definitiva no estás en mi lista de prospectos para cuñado —se atrevió a bromear ahora que el alemán estaba más relajado.

—Ni tú en la mía, eres demasiado salvaje y presentarte ante el resto de mis amigos y familiares sería vergonzoso... Pobre Kise, lo que tiene que soportar —sopesó vilmente, mirando en otra dirección—. Solamente encárgate de que no se fije en otros tipos como yo; no vaya a ser una especie de fetichismo. Y no todos serán claros con ella; y sé que entiendes eso. Así que cuídala y aléjala de esa clase de pasos —se levantó, sacudiendo sus pantalones con cierta pereza—. Ahora debo irme o Kai si me va a romper el brazo por haberlo dejado esperando —le miró de reojo y le dedicó una breve sonrisa antes de retornar su atención al frente—. Gracias por escucharme y lamento el espectáculo de esta noche. Descansarás de mí un largo tiempo.

—Hadrien —le llamó con premura. Las doradas pupilas del chico miraron la silueta de la mujer que durante tanto tiempo había sido hostilidad pura hacia su persona realizar aquel acto que nunca le había pasado por la mente. Estaba ahí, inclinándose ante él; lo más raro de todo era que no sabía ni por qué—. Gracias por ser sincero con Sora. Ella nunca tuvo una queja sobre ti, siempre mencionaba que le tratabas con respeto, eso también te lo agradezco mucho. Gracias por tomarla en cuenta, incluso en este punto. La cuidaré de los malos sujetos, no te preocupes por ello.

No creo que tengas malas intenciones, igualmente tampoco creo que tengas buenas todo el tiempo, pero... no vayas con la idea que por siempre serás esta clase de hombre —no sabía ni de dónde salía a flote tanta sinceridad hacía Zabeck, pero de una forma u otra toda esa situación le dejaba en claro que él necesitaba todo el apoyo del mundo para salir adelante, no porque no pudiera hacerlo por sí mismo, sino porque así resultaría más fácil: simplemente el hecho de saber que hay gente afuera que cree en ti puede llegar a significar demasiado para alguien—. Tú me apoyaste cuando me sentía deprimida, así que si te sientes triste y no sabes con quién hablar, yo... podría soportar una o dos películas románticas si llevas helado —tal vez ni a Ryouta le había dicho algo tan penoso como eso. Tomó aire para reunir valor y verlo de nueva cuenta. Jodido alemán que le hacía odiarlo y medio quererlo al mismo tiempo—. Saldrás adelante —le sonrió apresuradamente—. No dejarás de ser un idiota, pero creo que serás un idiota mejor. Te deseo lo mejor Hadrien Zabeck.

Y era raro que estuviera ofreciéndole su puño derecho como si se tratase de Kuroko y Kagami. Era un clara señal del "bro fist", y eso sólo significaba un pacto de confianza entre ambos.

—…Estoy en shock, pero…—le devolvió el gesto, chocando puños en una clara señal de que las cosas habían quedado bien entre ambos y que de un modo u otro se apoyaban. Ciertamente un gesto como ese le enterneció, pero no se lo diría porque seguramente lo hostigaría con eso—. Gracias por tu oferta, la consideraré –espetó burlonamente—. Cuídate y no cometas demasiados salvajismos. Ya sabes que a Kise le gusta que le pegues, así que no te cortes y dale todo tu amor~ A ver si ya le quitas la dieta para que deje de ser un quejica —la castaña estuvo a punto de mallugar su humanidad, pero este se escapó. Y aunque deseaba hacerle pagar por sus lascivas insinuaciones, solamente sonrió ante el Hadrien que conoció y le despertaba el instinto asesino—. Au revoir, mademoiselle —fue su despedida, mientras retomaba los pasos que le condujeron hasta allí.

Aquellas lágrimas caían lentamente sobre sus mejillas mientras sus manos enroscaban con fiereza sus ropas en un intento desesperado por calmarse. Aún, por más que deseara suprimir ese nudo en su garganta no podía simplemente deshacerse de él. Era un sentimiento muy doloroso que se acompañaba de una indescifrable satisfacción de haber conocido la verdad.

Cuando menos lo imaginó aquella mano se encargó de posar su cabeza sobre su hombro. Y fue entonces que la gruesas líneas de llanto que estaba intentando aguantar saltaron de sus ojos como si una fuente se tratase. ¿Así era el amor siempre? ¿Debía sufrir de esa manera hasta encontrar la felicidad? Incluso en esas circunstancias, pese al rechazo directo, su mente únicamente tenía un pensamiento fijo.

—Lo…lo quiero tanto —apenas la ronca garganta de Sora pudo decir.

—Sí, lo sé —Aoi acariciaba la melena castaña de su hermana. Era obvio que no le dolía tanto como a ella pero sabía muy bien cómo era esa clase de sentimiento.

—¿Por qué no puedo ser yo? —más que una pregunta era una especie de súplica. Una que Aoi sabía no era dirigida para ella. Estaba ahí, llorando, diciendo todo lo que le hubiera gustado decirle al alemán.

—Ay, Sora —el consuelo no era su punto fuerte—. A veces estas cosas son así. No es algo que se haya dado en él de la noche a la mañana, lo sabes… y no hay nada que puedas hacer para cambiarlo. Algún día tú serás ese "alguien" para otra persona.

—L-lo sé… es sólo que…

—Te enamoraste de un extraño —le regañó de manera clara pero sutil—, es un idiota de primera con sólo buen físico y verbo. ¿Qué esperabas de alguien como él?

—Sí —era claro que su hermana no aceptaría a Hadrien ni bajo amenazas.

—Aun así…—aseveró con calma— él te abrió una parte importante de su vida, deberías considerar eso como suficiente para saber que no eres, al menos, otra más. Acepta los buenos y malos momentos, atesóralos y sigue adelante.

—Quisiera que al menos ese tiempo hubiera sido un poco más largo —poco a poco su llanto comenzaba a detenerse para convertirse en tímidos sollozos—. Verlo de esa manera tan dolida entristeció mucho mi corazón. Lo peor de todo es que aunque estaba ahí a su lado yo no podía hacer nada para que ese dolor se alejara de él… Fue frustrante.

—Pareces más preocupada por él que por ti.

—Dicen que cuando amas a alguien de verdad únicamente deseas su felicidad, sin importar que tú no seas esa felicidad para la persona que amas. Yo quiero que Hadrien sea feliz… aun si no es conmigo.

—Sora…—la castaña estaba que no creía lo que su hermana decía, no pensaba que sus sentimientos fueran así de profundos.

—Aun así tengo pensamientos egoístas, porque quiero que él se fije en mí —reveló con pesar entre una falsa sonrisa—. ¿No es eso contradictorio?

—Supongo que es normal —caviló Aoi—. Yo también quiero que Ryouta sea feliz… pero si es a mi lado mucho mejor.

—No tuve la oportunidad siquiera de confesarme adecuadamente. Él sabía lo que yo sentía por que realmente era muy obvia —y era inevitable no sentirse tonta por eso—. Siempre me sentí cómoda con él aunque tuviéramos diferentes caracteres y gustos. Siempre fue amable y lindo…aun en sus locuras.

—Claro…—Aoi rodó los ojos.

—Pensé en que podía, si me mantenía firme, superar ese amor pasado de él… me hice muchas ilusiones de pronto. Pero ese sentimiento volaba mucho más alto de lo que yo podía alcanzar.

—Es difícil superar ese tipo de sentimientos tan arraigados a uno —ella lo sabía muy bien.

—Hay muchas cosas que me hubieran gustado decirle… pero al final únicamente me quedé ahí, escuchando lo que tenía que decirme, aceptándolo sin objetar. Ni siquiera pude llorar, pensé en que si lo hacía sólo empeoraría su estado de ánimo y… Hadrien es más lindo cuando sonríe.

—¿Qué te hizo ese sujeto para que le quieras tanto en tan poco tiempo? —ni siquiera ella había llegado a tener tales pensamientos por Ryouta en tan escasos meses de conocerlo.

—Ni yo misma lo sé con seguridad —empleando el dorso de su mano secó los últimos restos de lágrimas—. ¿Crees que Moto se enfade con Hadrien?

—Es una broma, ¿cierto? —inevitablemente Aoi había gesticulado una cara muy fea para la otra chica— Preocúpate por ti —volvió a regañarla—. Y no, no creo que Moto vaya a cortar relaciones con ese sujeto —para su mala suerte.

—Menos mal —suspiró aliviada.

—¿Ya estas mejor?

—Un poco. Gracias.

—¿Qué vas a hacer ahora?

—Esperar…

—No tienes remedio —suspiró con desgano. Pero no había nada que pudiera hacer o decir que fuera a cambiar la opinión de una joven enamorada.

La madrugada parecía ser más fría que en noches anteriores y aunque sabía que continuaría esperando un poco más por su salida, no pudo más que esperar recargado sobre la puerta del conductor y encender el último cigarrillo que todavía conservaba consigo mismo.

Desde ayer por la tarde habían estado pasando demasiadas cosas, ninguna menos agradable que la otra. Pero a veces la vida era así, y no había manera de objetar en lo absoluto. Y al menos ya se sentía un poco más tranquilo para abandonar ese lugar.

Sin embargo, se quedó estupefacto en cuanto sus celestes ojos se encontraron una vez más con esos vívidos rubíes.

—¿Cuándo piensas dejar ese mal hábito, Kai? –inquirió con una cómica seriedad. Él lo apagó por mero acto reflejo—. ¿Y esa cara? Ni cuando nos vimos después de tres años te quedaste de ese modo.

—…Tu…cabello… Te lo has cortado y bastante…—era un cambio terriblemente notorio si se consideraba que lo tenía hasta la cintura y ahora rozaba tímidamente sus hombros.

—Necesitaba un cambio, para variar –fue la excusa que usó. Él claramente no se la creería ni de coña—. Tengo que darte las gracias, Kai.

—¿Ah, sí?¿Por qué motivo? –de nada servía que quisiera reanimar su cigarro, no iba a volver a encenderse.

—En realidad es por muchas cosas. –se recargó a un lado del jeep, a un par de metros de distancia de donde estaba él—. Pero no creo que haya necesidad de que te las enumere, porque las conoces mejor que nadie.

—Siempre fue bueno tener a alguien que era capaz de leer entre líneas y que las cosas más obvias no requerían ser dichas –sus manos habían huido del frío nocturno, deslizándose hacia los bolsillos de su pantalón—. Y como siempre, me has sorprendido.

—¿Por mi corte de pelo? –bromeó, él simplemente se echó a reír brevemente—. Me siento miserable, quisiera mandarlo todo muy lejos y encerrarme varios días mientras me saturo con carbohidratos, pero eso probablemente haga miserable a ciertas personas y no puedo permitirlo.

—¿Así que por tu orgullo y su seguridad emocional, renunciarás a desahogarte adecuadamente?

—Ya tendré tiempo para ello, cuando ninguno esté presente.

—Me recriminabas por hacer esta clase de cosas y ahora las estás aplicando.

—Muchas manías tuyas se me contagiaron, Kai –mencionó con tranquilidad—. Esta es la manera en que nosotros enfrentamos este tipo de situaciones. No es nuestro orgullo el que nos impida mostrar debilidad, sino más bien que no queremos hacer sentir mal al otro por nuestros propios errores.

—Aborrezco que me conozcas tan bien.

—Es algo normal, nos la pasábamos juntos prácticamente todo el día que luego te llamaban a ti cuando no respondía al móvil –rio ante esos buenos momentos—. Estábamos tan acostumbrados el uno al otro, que estar lejos por demasiado tiempo era asfixiante…Tan doloroso...

—Fue una buena época –no querían ahondar demasiado en ese pasado conjunto. Por esa noche ya habían tenido suficientes tragos amargos ambos y seguramente si removían algo como eso, no saldrían de hoyo tan fácilmente.

—…Procura no meterte en demasiados problemas, Kai, porque vas a ser tío pronto y debes cuidar a tu sobrinito que viene en camino~

—¡¿Qué…?!¿Sobrino…? –Axelle soltó reverenda carcajada ante la expresión que puso ante eso—. ¡Me estás tomando el pelo, ¿verdad?!

—No, en realidad no. Pensé que Eiko te lo había dicho —el blondo se quedó callado; ese par estaban disfrutando martirizarle contándole todo a medias—. ¿No es hermosa la familia?

—…No…—soltó vilmente—. Ojalá se vayan a vivir a París o en otro continente, y críen a sus hijos lejos de aquí.

—Para eso existen los parvularios —comentaba la francesa y él estaba claramente pensándoselo.

—No me importa trabajar doble turno con tal de pagarlo.

—¿Qué vas a mandar a quién a un parvulario? –por lo visto la persona menos apropiada había logrado escucharlos, por lo que esa fría mirada se clavó en ambos.

—Creía que estarías esperando junto a los chicos…—la francesa escondió perfectamente su nerviosismo. Aunque esos dos queridos amigos suyos yacían al lado del inglés, divertidos con la escena.

—Me preocupa saber el futuro incierto que tendrían sus hijos teniendo a padres como ustedes dos –los observó detenidamente, uno a uno—. Porque estoy seguro que aunque lo hayan dicho de broma son capaces de mandar a sus hijos a lugares como esos para no lidiar con ellos.

—Jamás haríamos algo tan inhumano como eso —que lo dijeran a la vez solamente despertaba aún más sospechas.

—Como sea, iré a dormir. Que mañana será muy cansado y lleno de viajes –Craig no demoró en marcharse, dejando a ese grupo de cuatros totalmente solos.

—Supongo que si están aquí es por…—Kai calló en cuanto escuchó al recién llegado. Era la persona que había estado esperando por más de media hora atrás y que indudablemente lo menos que deseaba era verla a ella, no de momento, porque era doloroso en tantos sentidos.

—…Axelle…Chicos…—casi en automático colocó sus cosas sobre el suelo—. ¿Qué es lo que…?

—Solamente veníamos a decirte un par de cosas, antes de que te vayas y cortes todo contacto con nosotros –Marko fue el primero en tomar la palabra. No había ni ápice de ironía en sus palabras.

—Antes de que pienses cosas que no deberías, porque tiendes irte hacia el fatalismo –secundaba el danés, con su seria mirada en él.

—Nosotros cuatro odiamos las promesas por sobre cualquier otra cosa… Cuando la gente nos pedía algo como eso, les decíamos que era una pérdida de tiempo y que preferíamos actuar sobre la marcha e intentar no decepcionar a nadie –habló Axelle, observándole detenidamente.

—Pero incluso así, hace casi nueve años atrás, hicimos una promesa. Tras regresar de ese tonto internado –los brazos del italiano se cruzaron tras su nuca, y su mirada se tornó altiva y emotiva.

—Sin importar el tiempo, las circunstancias, la distancia o los problemas que pudieran surgir entre nosotros con el paso de los años…

—…Permaneceríamos juntos, como en los viejos tiempos…—concluía Axelle, con esa dulce sonrisa en sus labios y esa férrea decisión en su mirada—. Tienes prohibido totalmente romper la única promesa que hemos hecho en esta vida, Hadrien…Tómate todo el tiempo que requieras, porque ambos lo necesitamos…pero encárgate de regresar cuando estés listo.

—Te estaremos esperando, viejo –la suave palmada de Marko acarició fugazmente el hombro del alemán, dándole ese pasivo aliento que bien requería en ese instante.

—No hagas ninguna estupidez en nuestra ausencia –amenazaba sutilmente Leo, tras haberle dado un par de buenas palmadas.

—…Cuídense mucho ustedes dos, ¿entendido? –sentenció antes de seguir el camino de esos dos amigos suyos.

—…Gracias, Axelle…—soltó lo suficientemente fuerte como para que ella le escuchara—. Sólo espero que no se aburran en mi ausencia.

—No tienes nada que agradecer –aunque intentara disimularlo, ese quebradizo tono en su voz estaba delatándole. Su valentía estaba a punto de caducar—. No quiero que creas que te dejaremos solo. Así que tómate tu tiempo.

—…Son una bola de idiotas… Mira que ser de este modo… Jamás podría abandonar a sujetos tan fastidiosos como ustedes…—no podía simplemente reprimir esos gimoteos que se aventuraban rápidamente desde su garganta hasta el exterior.