Hola! Ya le quedan sólo dos capítulos más a la historia, gracias a todos los que todavía están leyendo!
Sentado frente a su escritorio, Arthur se dispuso a confeccionar una lista con el siguiente encabezado: "Cosas que estoy seguro que sé de Francis". Era una necesidad hacer eso, de lo contrario no hubiera sido la primera vez que se dejaba llevar por su paranoia. Como ítem número uno anotó "Me está engañando con Alfred". Con esas solas palabras había permitido que su pulso firme descargara una buena dosis de la furia que sentía en todo el cuerpo. No podía creer que justamente Alfred fuera el otro. ¿Qué acaso no era su amigo? Aunque había alegado estar convencido de que Arthur estaba al tanto. Aun así, ¿cómo se había permitido desear al novio de su amigo? Debió haberlo visto venir de parte de Francis, estaba claro que la amnesia era falsa y todavía lo resentía. No es que él estuviera celoso ni nada por el estilo, sólo lo estaba usando. Pero eso no explicaba por qué le dolía tanto.
Con una sacudida de cabeza intentó alejar esos pensamientos indeseados de su mente y añadió otra línea. "Francis recuerda todo". Era la única explicación para su comportamiento, la caída no lo había hecho cambiar de actitud como él ilusamente creyó en un principio, su supuesto novio había estado fingiendo. Arthur frunció el ceño y escribió: "Francis ya no tiene el hechizo". Esto último era reciente, pero debió haber influido de algún modo en su relación con Alfred como para que éste decidiera acudir a Arthur. Por fin Francis podía enfocarse en otra cosa que no fuera él, de seguro habían profundizado su relación gracias a eso. ¿Acaso se habían acostado? Ahora que no tenía el hechizo le hubiera resultado en extremo sencillo pensar en Alfred de manera más seria. Quizás lo había estado usando para burlarse de Arthur en un inicio y, una vez que el embrujo desapareció, acabó por enamorarse. Quizás se habían acostado y Alfred se sentía culpable. Quizás era mejor no divagar y pensar en lo que sabía con certeza.
Observó la lista y sólo pudo pensar en una cosa que tenía ganas de añadir pero no se atrevía. No debí haberle dicho que lo amaba. Sentía ganas de arrugar el papel y tirarlo a la basura, en lugar de eso lo dobló en dos y lo metió en una pequeña caja, junto con la carta recibida de parte del señor Brown y las que él mismo había escrito pero no había enviado. Acto seguido, cerró la caja con una llave que luego pegó con cinta debajo de la mesa del escritorio. Definitivamente no se estaba dejando llevar por la paranoia. En su defensa, debía tomar precauciones después de que Francis hubiera leído aquella carta. Guardó la pequeña caja entre su ropa en el armario. Arthur se recostó en su cama para pensar. Las cosas se le habían salido de las manos, una parte suya deseaba que todo volviera a ser como en un principio, antes de haber hechizado a Francis. Por el otro...
Estuvo tentado a tomar un nuevo papel y escribir una carta, a pesar de que en el pasado le había traído problemas. La única razón por la que no lo hizo fue porque ya había guardado la caja. En cambio, imaginó que escribía. Cerró los ojos. Querido Ferdinand, inició. ¿Acaso tenía seguir escribiéndole a él? La verdad ya no importaba, era su imaginación. Querido Ferdinand, las cosas jamás han estado más complicadas que ahora. Ojalá jamás hubiera cometido el error de hechizar a Francis. Sin embargo, no puedo negar que disfruté tenerlo a mi lado. Al menos al principio, cuando no se había vuelto completamente loco. Creo que lo que en verdad deseo es que hubiera un punto medio, en el que pudiera tenerlo conmigo pero siendo él mismo. No es que lo quiera, no. O tal vez sí. No importa ya, ha estado con Alfred a mis espaldas. Sus sentimientos hacia él han de ser genuinos y no producto de un hechizo. ¿Estoy equivocado por querer vengarme al respecto? Si él quiere lastimarme, yo puedo hacerlo también. ¿Cuándo pensaba restregarme en la cara su nueva relación? ¿O acaso planeaba que lo descubriera por mi cuenta? No, no lo planeaba, tengo eso a mi favor. Maldita rana. Hacía tiempo que no lo llamaba de esa forma, recuerdo haberlo bautizado así cuando no éramos más que niños. Tal vez sea hora de volver a usarlo. Rana, sapo, anfibio. La rana volverá. Sí, esa va a ser mi venganza, Ferdinand. Francis volverá a ser la rana, literalmente.
Todavía faltaba para el fin de semana y Francis se preguntaba si no sería mejor cancelar la cena con Alfred y sus padres. Había estado completamente seguro cuando se lo propuso, pero eso quizá había sido un impulso producto de haber oído las palabras de Arthur. En serio ese chico no tenía escrúpulos. Al menos el hechizo ya no estaba, podía sentirlo, pero también era consciente de esa odiosa sensación en su interior cada vez que se encontraba con él. Lo vería en unos minutos, aguardaba oculto tras los arbustos, junto al alambrado que daba con el exterior. Lo vio acercarse y finalmente detenerse a su lado. Salieron en silencio, caminaron hasta estar lejos del instituto y, como si lo hubieran planeado, se sentaron en la vereda.
—No dijiste nada el otro día —espetó Arthur de repente, sin mirarlo a los ojos.
—¿Cómo?
—Sabes de qué te estoy hablando.
No tuvo respuesta.
—Cuando te dije que... Cómo me sentía.
—Bueno, yo ya te lo había dicho hace tiempo —comentó Francis, intentando actuar lo más natural posible.
—Sí, pero...
Pero quería que lo dijeras sin el hechizo.
—¿Pero qué? —preguntó.
—Nada, olvídalo.
Francis se encogió de hombros y volvió la vista a la calle, hasta que escuchó a Arthur decir:
—Rana.
—¿Rana? ¿En serio? —exclamó, con una mueca jocosa.
Arthur lo miraba también divertido, con una sonrisa, por más minúscula que fuera. Tenía la pócima en el bolsillo, todo lo que debía hacer era invitarlo a tomar algo y verter el contenido en su bebida. Pero Francis le sonreía, con esa expresión genuina.
—Hacía años que no me llamabas así, cejudo.
Sencillamente no podía hacerlo, no todavía.
