Los personajes de Candy Candy pertenecen a sus autoras Mizuki e Igarashi. Esta historia es de mi autoría como todas las que he escrito y lo hago sin fines de lucro, solo por entretención.
La Dama y el Ranchero
CAPITULO II
Te detesto
Todas las mañanas Candy se despertaba con el sonido de los gallos y el rumiar de las vacas. Llevaba dos semanas viviendo en el rancho y aun no se podía acostumbrar aquella vida de campo, que no tenía nada que ver con su vida en Londres. Una vida que tanto extrañaba, donde vivía en una hermosa mansión, tenía un bello cuarto rodeada de lujos y sirvientes que estaban a su disposición y donde también podía disfrutar de los beneficios de la ciudad, las tiendas, los teatros y las reuniones sociales. En el rancho no tenía nada de eso, que iba ser de su vida en aquel lugar tal alejado de la civilización y ni de hablar viviendo con un hombre que apenas le dirigía la palabra.
Sin poder volver a conciliar el sueño se levantó de la cama, luciendo un fino camisón blanco. Caminó hasta la ventana de la habitación, donde al abrir las cortinas se dio cuenta que ya estaba amaneciendo y que los empleados del rancho comenzaban otra jornada de trabajo. Cerró las cortinas y se colocó una bata de levantarse para ir a la cocina a buscar a Dorothy. Con paso lento salió de la habitación cuando en el pasillo se encontró con su esposo que venía saliendo de su cuarto. Ambos se miraron con una rabia que ninguno de los dos podía disimular.
—Buenos días –lo saludó Candy con voz seria.
—Buenos días –contestó él -¿Que hace tan temprano levantada?
—No me levanto por gusto, en este rancho no se puede dormir hasta tarde.
—Verdad que no estamos en Londres, donde me imagino que usted se levantaba a la hora de almorzar –comentó Albert en tono de burla.
—¡Se está burlando de mí!
—No, claro que no -sonrió él.
—Nunca había conocido a una persona tan desagradable como usted –expresó Candy cruzando los brazos.
—Y yo una tan presumida…
—¡Yo no soy ninguna presumida!…-le aclaró ella con enojo –Mejor me voy a buscar a Dorothy. Con usted no se puede hablar.
—¿Para que la quiere…?
—Para que me preparé mi baño.
—¿Y por qué no lo hace usted? Dorothy no está para eso, ya suficiente trabajo tiene con las labores de la casa para que la esté atendiendo a usted. Entienda que aquí las cosas cambiaron, no estamos en Londres. Así que desde ahora en adelante usted va tener que aprender atenderse sola le guste o no–le dijo Albert marchándose.
Candy lo miró roja de la rabia, pensando en cuanto detestaba a ese ranchero. ¿Que se creía para estar hablándole en ese tono? Pero eso no se iba quedar así, algo iba hacer para vengarse de las humillaciones que le estaba haciendo pasar.
Se dirigió a la cocina donde Dorothy estaba preparando el pan para el desayuno, junto a Pony la cocinera de la casa, una mujer mayor de carácter bonachón.
—Señora Andrew –la saludaron ambas sirvientas.
La rubia hizo una mueca por más que había intentado que la servidumbre la llamara por su nombre de soltera, no lo logro hacerla cambias.
—Buenos días –contestó Candy.
—¿Necesita algo señora? –le preguntó Dorothy.
—Vengo porque necesito agua caliente para darme un baño.
—No se preocupe, término de hornear el pan y le voy a preparar su baño.
—No es necesario yo quiero hacerlo –le dijo Candy recordando lo que Albert le había dicho.
—¿Usted?
—Sí. Tú tienes mucho trabajo para estar molestándote en eso.
—Oh señora Andrew para mí no es ninguna molestia atenderla.
—Ese hombre no quiere que te moleste.
—¿Qué hombre…?-preguntó la sirvienta sin saber a quién se refería la rubia.
—El señor Andrew…
—¿Su esposo?
—¡Ese mal educado no es mi esposo! –expresó Candy con molestia.
Pony rio al escuchar las palabras de la esposa de su patrón, viendo que era igual obstinada que él.
—No le haga caso yo le preparo el baño.
—¿En serio Dorothy?
—Si señora.
—Gracias, eres muy amable…-le sonrió Candy.
—Vaya a su cuarto y me espera.
—Está bien…
Más tarde Candy luciendo un hermoso vestido en tono rojo, acompañado de un pequeño sombrero del mismo tono y guantes blancos se fue al comedor a desayunar con Elroy. Después de comer salió a conocer el rancho. Desde que había llegado no había querido salir a conocerlo, pero encontraba que ya era tiempo que lo hiciera, no podía pasarse todo el tiempo encerrada en su cuarto como si fuera una prisionera.
Con una sombrilla salió a caminar por los alrededores del rancho, disfrutando del sol de la mañana y el olor a campo. Llegó hasta un árbol de durazno, donde había una banca. Ahí se sentó para disfrutar del paisaje, un paisaje que a pesar de todo le llamaba mucho la atención, por la naturaleza que la rodeaba. No sabía que era lo que más le impresionaba del lugar, si eran las altas colinas, los inmensos árboles o el pasto verde mesclado con flores silvestres y hierbas. Dio un suspiro pensando en eso, cuando sus ojos verdes se desviaron hacia otro lugar del rancho, posando su mirada en un hombre alto y rubio, que para su disgusto era su esposo. Él se encontraba cepillando unos finos caballos que le habían acabado de traer de Escocia y por los que había pagado mucho dinero. Junto a él se encontraba a un muchachito de cabello castaño de nombre Jimmy, que la miraba de reojo. Seguramente estaban hablando de ella.
—Bonita su esposa patrón –le dijo el jovencito mirando a la rubia.
—Ella no es mi esposa –le aclaró Albert con molestia sin ni siquiera tener la intensión de mirarla –Nos casaron sin nuestros consentimientos.
—¿Y eso se puede hacer patrón?
—Sí.
—¿Y por qué no la acepta? Después de todo no es tan malo tener una esposa –dijo Jimmy pícaramente.
—Jajajaja ¿Que sabes tú de esas cosas? Nunca te has casado.
—Pero he tenido muchas novias y la he pasado muy bien con ellas.
—Tus novias no han sido como esta muchacha presumida e insoportable, a mí no me gustan las mujeres así –dijo Albert con desagrado -Y ya no hablemos más de ella, mejor guardemos los caballos. Tengo que ir al pueblo a comprar unas cosas.
—Si patrón.
Guardaron los caballos y Albert se subió a una carreta, para dirigirse al pueblo más cercano al rancho, que quedaba como a una hora de viaje.
Candy aprovechando que su esposo se había marchado se fue al establo, donde todavía estaba Jimmy con los caballos.
—Señora Andrew –la nombró el muchachito sacando su sombrero de paja.
—Nada en especial, solo vine a ver estos bellos caballos –dijo acariciando uno con una de sus manos –¿De dónde los trajeron?
—De Escocia señora, el patrón dice que son muy fino y que le costaron mucho dinero.
Candy levantó una ceja.
—¿En serio le costaron mucho dinero?
—Sí, hizo una inversión muy grande para comprarlos.
—Bueno me voy, nos vemos después Jimmy –dijo Candy pensado en que ya había encontrado en la manera de vengarse de su esposo.
…
Albert llegó al pueblo, donde compró las cosas que necesitaba en el almacén de su mejor amigo George Johnson, con el que tenía una relación de amistad de hace muchos años. George era un hombre honesto que le tenía un gran cariño a Albert por lo que lo miraba como a un hermano menor.
—Jajajaja Albert no puedo creer que tu tía haya hecho algo así –rio George pasándole una copa de vodka.
Ambos se encontraban en un pequeño cuarto que estaba en la tienda.
—Lo hiso George…me trajo una esposa, una chiquilla insoportable, que reclama por todo, no te imaginas cuanto la detesto.
—¿Y es bonita?
—Sí, pero todo lo que tiene de bonita lo tiene de presumida –comentó Albert bebiendo el licor con brusquedad de la rabia que sentía.
—¿Y qué vas hacer…?
—No lo sé…George.
—¿Ya consumaste tu matrimonio con ella?
—No.
—Bueno si es así no sería difícil anularlo.
—¿Tú crees amigo?
—Si el matrimonio no se ha consumado pasaría hacer no válido. Así que no te preocupes, busca un abogado para que lo anule.
—Es lo que voy hacer, no quiero permanecer ni un minuto más casado con esa chiquilla.
—Si amigo o sino vas a tener problemas con Sandra.
—Con Sandra no tengo nada serio.
—Pero ella está muy enamorada de ti, cada vez que viene a la tienda solo me habla de ti. Hasta tiene planes de matrimonio contigo.
Albert suspiró pensando que esa relación oculta que tenía con esa mujer solo le iba trae problemas.
—Hace tiempo que debí haber terminado con ella -dijo con un tono de preocupación - Parece que Sandra está esperando un hijo mío.
—Vaya eso sí que es grave. No quiero ni pensar que puede hacerte el señor Steven si se entera que te involucraste con su sobrina.
—Yo no le tengo miedo a ese viejo.
—Pero tienes que cuidarte de él, no es de fiar.
—Espero que solo sean sospecha de Sandra de que está embarazada, no tengo ninguna intensión de casarme con ella.
—Tendrías que separarte de una para casarte con la otra. En los líos que te metes querido amigo -le dijo George tocándole un hombro.
—Ya me voy -dijo Albert bebiendo el ultimo sorbo de vodka -Gracias por escucharme.
—De nada amigo, ya sabes que estoy para lo que necesites.
...
Después que Albert estuvo platicando con su amigo George, se regresó al rancho, pero en el camino se encontró con Sandra. Ella hacían días que iba a la cabaña para hablar con él, por unos de los sirvientes del rancho de Andrew, se enteró que Albert se había casado con una joven de Londres. Sin embargo ella no podía creer que el hombre que amaba la hubiera traicionado de esa manera.
—¿Sandra que haces aquí? –le preguntó Albert bajando de la carreta.
—Te estaba esperando –respondió ella –Tenemos que hablar.
—Yo también deseo hablar contigo. Vamos a la cabaña.
Sandra se subió a la carreta de Albert y se dirigieron a la cabaña para hablar tranquilos y sin que nadie los viera.
—¿Por qué no has venido a la cabaña? -le preguntó Sandra al entrar.
—No he podido...
—Es porque te casaste ¿verdad?
—Si me casé…-le confirmó Albert fríamente.
Ella sintió una inmensa rabia y lo abofeteo.
—¡Cómo pudiste engañarme de esa manera! –le gritó llorando de rabia –Conmigo tenías que haberte casado, acaso se te a olvidado todos los momentos de pasión que hemos vivido.
—Las cosas no son como piensas.
—¿Cómo son entonces?
—Me casaron sin mi consentimiento. Fue mi tía Elroy que se le ocurrió casarme con una joven de Londres por mandato, yo ni siquiera me di cuenta cuando firme aquel papel.
—Entonces tu…
—Si Sandra todo fue culpa de mi tía. Yo jamás me habría casado con una chiquilla que ni siquiera soporto.
-Me dijeron que es muy bonita.
-Si no te lo voy a negar, pero ya te dije que es una chiquilla que detesto, no podría llegar a tener nada con ella.
—Oh mi amor…perdóname no te debí golpear –le dijo Sandra abrazándolo por el cuello –Yo me sentía tan dolida contigo, pero fue tu tía la que te casó. Tienes que terminar con ese matrimonio y así nos podemos casar.
Albert le sacó las manos a Sandra.
—Te equivocas Sandra, yo si voy a anular ese matrimonio, pero nunca voy a casarme contigo.
—¿Que estás diciendo?
—Que no tengo planes de casarme contigo, lo siento, pero a mí no me interesa el matrimonio ni con mi esposa, ni contigo ni con ninguna otra mujer. Así que olvídate de eso.
—¡Albert tú no puedes hacerme esto! ¡Yo te amo! -le gritó dolida - Además se te olvida que puedo estar esperando un hijo tuyo.
—¿Ya fuiste a ver a un doctor?
—No he podido ir a otro pueblo haber un médico, pero me seguido sintiéndome mal. Si estoy embarazada no me vas a dejar sola en esto ¿verdad?
—Claro que no, te voy a poyar en todo, a mi hijo no le va faltar nada, pero no me pidas que me case contigo porque no lo voy hacer.
—¡Eres un canalla!
—Sandra tú sabias perfectamente que a mí nunca me ha interesado el matrimonio, desde que nos conocimos eso te lo deje muy claro y aun así tú quisiste tener algo conmigo.
—Yo te amo William, que no lo puedes entender.
—¡Ya no sigas! Y no se te ocurra regresar a la cabaña, esos encuentros no volverán a pasar –le dijo Albert saliendo de la cabaña para buscar su carreta y marcharse.
—¡Imbécil no te vas a librar de mi tan fácilmente!–le gritó Sandra sintiéndose acorralada.
…
Sandra muy angustiada por lo que estaba pasando se regresó al rancho de su tio. Se sentía furiosa Albert estaba casado con otra mujer y ella con las sospecha de que estaba embarazada. Lo que más quería era tener un hijo de Albert, sabía que con eso lograría él que se casara con ella, pero aun así él se negaba a casarse, si eso ocurría se iba meter en serios problema con su tio. Las cosas se le estaban escapando de las manos y no sabía cómo las iba controlar. Sin que nadie la viera entro a su cuarto, cuando se encontró con el señor Steven que la estaba esperando.
—¿Sandra donde estuviste toda la tarde? –le preguntó con una voz autoritaria que retumbó en todo el cuarto.
—Fui al pueblo… a comprar unas cosas…-respondió ella nerviosa.
—¿Y dónde está lo que compraste? –le preguntó el señor Steven mirándole las manos que no tenía nada.
—Es que… no encontré lo que estaba buscando.
Él se acercó a ella.
—¡No seas mentirosa! –le gritó dándole una cachetada –¡Crees que no sé qué te estuviste revolcando con el desgraciado de Andrew!
Ella se sobo la cara mirándolo asustado al verse descubierta.
—¿Tio cómo te enteraste?
—Te mandé a seguir, hace tiempo que tenía las sospechas que tú y ese imbécil tenían algo. ¡Cómo pudiste involucrarte con mi peor enemigo!
—Lo siento tio, pero yo me enamoré de él.
—¡Cállate! ¡Acaso te volviste loca, tu enamorada de Andrew!
—Sí, aunque te duela lo amo.
—Ahora mismo tomas tus cosas y largarte aquí. Yo voy a matar ese desgraciado de Andrew –expresó el señor Steven sacando su arma.
—Tio por favor no le hagas daño a William –le pidió tomándolo por el brazo.
—¡Suéltame! –se zafó de ella –Es lo menos que se merece por haber colocado sus ojos en ti.
Sandra estaba aterrada, ella no podía permitir que su tio le hiciera daño al hombre que amaba, algo tenía que hacer para impedirlo. En ese momento recordó una vez que su tio le contó de por qué odiaba a los Andrew, y había sido por que el padre de Albert en una apuesta le quito unas tierras que eran de él.
—Tio recapacita, no te das cuenta que si me logro casar con William tu podrías recuperar tus tierras –le dijo Sandra.
—Recuperar mis tierras…-expresó el pensativo.
—Si tio, esas tierras que años atrás perdiste por culpa del padre de William. Si me caso con el esas tierras también me pertenecerían como su esposa y yo podría cedértelas.
El señor Steven mostro una sonrisa lo que más quería era recuperar sus tierras, así que estaba dispuesto a todo para conseguirlo aunque eso significara emparentarse con los Andrew.
—Está bien voy aceptar tu propuesta, cásate con Andrew y entregarme mis tierras, pero si no lo logras te mato a ti y a el–le advirtió con seguridad.
Sandra suspiro cerrando sus ojos, que iba hacer ahora más que nunca tenía que lograr casarse con Albert, su tio sabia la verdad y estaba dispuesto a todo, pero para eso lo primero que tendría que conseguir que Albert anule el matrimonio con esa chiquilla lo antes posible.
…
Por la noche Candy aprovechó que todos se quedaran dormidos para dar su golpe. Se colocó un rebozo y salió a los establos alumbrada con una vela que llevaba en sus manos. Entró al establo donde estaban los finos caballos escoceses. Con un poco de temor los sacó y les golpeo el lomo para que salieran huyendo. Mostrando una sonrisa llena de satisfacción se regresó a su habitación, donde se metió a su cama para dormir tranquilamente.
A la mañana siguiente Albert estaba desayunando, cuando Jimmy entro muy apresurado al comedor.
—¡Patrón¡ ¡Patrón¡ –lo llamó el muchacho.
—¿Que sucede Jimmy? –le preguntó Albert.
—Se robaron los caballos de escocia.
—¡Que¡ –exclamó Albert parándose de la mesa.
—Se robaron los caballos patrón. No están en el establo, ni en ningún otro lugar del rancho.
—¡No puede ser¡ Vamos a buscarlos. Esos caballos tienen que aparecer.
Albert junto con él capataz del rancho el padre de Jimmy y los otros empleados salieron a buscar los caballos por todo el rancho, en sus alrededores y en las afueras también de las tierras de los Andrew.
Candy se levantó presintiendo lo que estaba pasando, sabía lo que había cometido y había escuchado un alboroto en las afuera de la casa. Se colocó un bonito vestido en tono coral y se dirigió a desayunar como si no supiera nada.
—Buenos días señora Elroy –la saludó sentándose a la mesa.
—Buenos días Candice –contestó la mujer –¿Ya supiste lo que pasó?
—No. ¿Qué pasó?
—Le robaron unos finos caballos a mi sobrino.
—¡Santo cielo¡ –exclamó Candy asiéndose la sorprendida –¿Cuándo ocurrió eso?
—Anoche…Mi sobrino salió como loco a buscarlos. Si no los encuentra va perder mucho dinero.
Candy sonrió para dentro, pensando que había logrado su objetivo. Ahora sí que William Albert Andrew, su esposo iba saber quién era ella.
…
Albert se pasó toda la mañana buscando los caballos con sus empleados, sin embargo no los pudieron encontrar. Cansado regresaron al rancho donde Albert no entendía como habían sido robados, ya que nunca le había ocurrido algo así. Se dirigió hacia el establo nuevamente, por si encontraba una pista de quien podría haber sido el ladrón.
—No entiendo cómo se robaron eso animales –dijo Albert mirando el lugar detenidamente.
—Yo tampoco patrón –dijo el capataz –Vamos a tener que poner vigilancia en la noche.
—Es extraño nunca habían entrado a robar.
—A lo mejor se escaparon solos patrón.
—Jimmy me dijo que los había dejado bien amarrados.
En ese momento Albert dio unos pasos, cuando en el suelo vio una horquilla de cabello que de inmediato recogió.
—Ya sé que paso con los caballos –dijo apretando la horquilla con sus manos y marchándose a la casa.
Candy se encontraba sentada en el tocador cepillando su cabello cuando Albert bruscamente entro al cuarto.
—¡Fuiste tú verdad! –le gritó tomándola por el brazo obligándola a que se levantara del tocador.
—¡Déjeme! ¿Qué le pasa? –se zafó ella.
—Ya me enteré que hiciste que mis caballos se escaparan.
—Eso no es verdad…
—¿Y esto acaso no es tuyo –le dijo mostrándole la horquilla –La encontré en el establo.
—Si es mío –reconoció ella al verse descubierta –Yo solté a los caballos para que se fueran.
Albert furioso la tomó por ambos brazos.
—¿Por qué lo hiciste mocosa mal criada…?
—¡Para vengarme de las humillaciones que me ha hecho pasar¡–le gritó ella en la cara –¡Ojala nunca esos caballos aparezcan!
Albert la soltó.
—Así que lo hiciste por eso. Sabes pensaba anular nuestro matrimonio, pero no lo are, seguirás casada conmigo y esta vez vas a tener que ser una esposa para mí en todos los aspecto –le dijo Albert yéndose del cuarto.
Candy se quedó horrorizada, pensando que ahora sí se había metido en problemas.
Continuará…
Hola mis lindas chicas.
Espero que todas se encuentren muy bien. Por la buena acogida que tuvo el fic les dejo otro capitulo, para que vayan biendo que va ir pasando con la parejita de rubios jejejeje. Muchas gracias a cada una de las chicas que me mandaron sus reviews y a las que lo colocaron en sus favoritas. Muchas gracias por todo su apoyo.
Saludos para :
Gladys, elbroche, Patty Martinez, Yessy, Balderas, Alebeth, pivoine3, Mary silenciosa, Stormaw, Naty Gomez, Elo Andrew, C.C. Suu, Balderas, Adoradandrew, Balderas, Gaby LezU, mabolla15, Guest, tutypineapple, CONEJA, Whittier Andrew, Lucy M, Kecs, Elen Harket, elenharket2, Kumi Kinomoto.
Besitos para todas, nos leemos pronto
