Los personajes de Candy Candy pertenecen a sus autoras Mizuki e Igarashi. Esta historia es de mi autoría como todas las que he escrito y lo hago sin fines de lucro, solo por entretención.
Nota : Quiero dar un saludo especial y agradecimiento a Mayra Exitosa que tuvo la gentileza de hacerme una portada para el fic. Muchas gracias Mayra por tu bello gesto, te quedo presiosa la portada, asi que te felicito tu gran talento.
La Dama y el Ranchero
CAPITULO III
Soportándose
Esa misma noche Albert le pidió a Dorothy que llevara su ropa a la habitación de su esposa. Candy no sabía qué hacer, caminaba de un lado para otro en el cuarto, sintiendo que de un momento a otro ese hombre llegaría a tomarla como su mujer, algo que por supuesto no estaba dispuesta a permitir. Antes de llegar al cuarto había sacado un cuchillo que dejó debajo de la cabecera, eso le serviría para enfrentar a su atacante. Cuando sintió unos pasos que venían en dirección a la habitación, rápidamente se metió a la cama y se puso a leer un libro para disimular su nerviosismo.
Albert entró a la habitación bruscamente, cuando vio a la bella rubia en la cama. La observó fijamente, después de todo su esposa era realmente hermosa, así que no le iba ser difícil consumar su matrimonio con ella. Se sacó la chaqueta y camisa. Ella lo miraba de reojo, viendo el pecho fuerte de su esposo que la puso más nerviosa de lo que estaba, era la primera vez que veía a un hombre así casi desnudo que sus mejillas se sonrojaron en el instante. Él se sacó las botas y los pantalones quedando solo con la ropa interior. Candy trago seco cuando Albert se iba meter a la cama, dejo el libro de lado y saco el cuchillo apuntándolo.
—¡No se atreva a colocarme una mano encima!–exclamó dispuesta a todo.
Albert se echó para atrás al ver la navaja.
—Deje eso –le pidió.
—No lo are hasta que se vaya de mi cuarto.
—Parece que no entiende que desde ahora en adelante va ser mi esposa, y que yo sepa una pareja de casados comparten la misma cama.
—¡Pero yo no lo voy a permitir!
Albert bruscamente la tomó por ambas muñecas y logró quitarle el cuchillo.
—No juegues conmigo muchachita, soy mucho más fuerte que tu –le dijo con una voz ronca que hiso templar a Candy.
Ella se sintió tan vulnerable frente a ese hombre tan fuerte, que no podía hacer nada para luchar contra eso.
—Por favor no me haga nada –le pidió temerosa.
El la soltó, tampoco quería tomarla así, él no era esa clase de hombre.
—No se preocupe no le are nada…pero igual dormiremos en la misma cama –le dijo tapándose con la sabana.
—Y si usted…
—Tranquila, jamás la tomaría por la fuerza, puede dormir con confianza.
—Está bien –dijo ella acostándose bien a la orilla de la cama, dando un suspiro de alivio que la tranquilizó.
A la mañana siguiente Candy se despertó más tarde que lo de costumbre. Durante la noche le había costado conciliar el sueño, no solo por estar acostada con un hombre, sino porque este no dejó de roncar. Al despertar por suerte el ya no estaba. Serena se levantó de la cama, cuando llegó Dorothy para prepararle el baño.
—Buenos días señora Andrew–la saludó la sirvienta.
—Buenos días Dorothy –le contestó ella.
—¿Cómo durmió?
—¡Horrible! ¡Ese hombre roncó toda la noche!
—Jajajaja me imagino señora, he escuchado como ronca el patrón –rio Dorothy.
—¡Ronca peor que un animal! –exclamó Candy con ganas de matarlo –No lo voy a soportar.
—No se altere señora Andrew, voy a prepararle su baño para que se relaje un poco.
—Gracias Dorothy…
—Le voy a echar unas flores aromáticas.
—Oh mejor todavía, en Londres siempre mis baños eran con flores aromáticas.
—Extraña mucho su vida de haya ¿verdad?
—Si mucho –suspiró Candy con melancolía –Pero ya no puedo volver, mi familia no me quiere.
—¿Y es cierto que su padre es un barón?
—Si…
—Oh señora usted debía haber vivido como una princesa en Londres.
—Algo así Dorothy.
—¿Y por qué su padre la casó con el señor Andrew? Si se puede saber.
—Por qué dice que soy muy rebelde y que no me quería casar, la última que hice fue negarme a comprometerme con el hijo de un conde.
—¿En serio señora?
—Sí, imagínate el escándalo que armé–le contó Candy echándose a reír.
—Con razón su padre hiso eso…
—Sí. Me caso sin mi consentimiento y con un hombre tan bruto.
—El señor Andrew no es bruto, lo que pasa que tiene que aprenderlo a conocer. Además es muy guapo y admiradoras no le faltan en el pueblo.
—¿No me digas Dorothy?
—Es verdad señora, en especial una que se llama Sandra, es una coqueta que soñaba con casarse con el patrón, pero él nunca quiso hacerla su esposa.
—¿Y de dónde es? –preguntó Candy con interés.
—Es la sobrina del señor Steven. Es un ranchero que vive cerca de aquí, es un hombre prepotente que siempre ha odiado a los Andrew.
—¿Y por qué los odia?
—No sé muy bien, pero parece que tuvo problemas con el padre del patrón en el pasado.
Candy se quedó pensando en lo que Dorothy le había contado sobre aquel señor Steven y su odio hacia los Andrew, pero sobre todo de aquella mujer, preguntándose ¿cómo sería la tal Sandra?
—Bueno la dejo señora Andrew, tengo que arreglarle el equipaje a la señora Elroy, se va esta tarde.
—¿Cómo que la señora Elroy se va? –le preguntó Candy espantada.
—Sí, fue lo que me dijo hace un rato, que se regresa a Escocia.
…
Por la tarde Elroy tenía todo listo para marchase del rancho. Tenía ganas de quedarse más tiempo, pero debía atender muchas cosas en Escocia. Por otro lado era bueno que dejara a su sobrino solo con su esposa, así quizás podrían llegar a arreglar su relación. Esperaba que ese matrimonio terminara bien y que en un tiempo no muy lejano ese rancho estuviera rodeado de niños.
—¿Por qué tiene que irse señora Elroy?–le preguntó Candy afligida.
—Debo irme Candice, tengo cosas que atender en Escocia.
—Por favor no se vaya, no quiero quedarme sola con su sobrino.
Elroy le sonrió tomándole la barbilla.
—Tranquila, él se portará bien contigo…
—No lo creo, es un bruto…
—Ya lo aprenderás a conocer, aunque no lo creas tengo fe que ustedes se terminaran llevando bien.
Candy suspiró pensando que eso nunca iba ocurrir.
Albert entró a la casa.
—Tía ya te vas –le dijo sintiéndose contento que su tía se marchara, ya que por nada del mundo quería que ella se llegara a enterar de lo que tenía con Sandra y menos que podría estar esperando un hijo de él. sería un escándalo para su tía, el la conocía muy bien y si se enteraba de su falta no se lo perdonaría nunca.
—Sí, compórtate bien con tu esposa –le pidió.
—Tía me estas tratando como si fuera un salvaje –se quejó Albert.
—No es eso, es que tienes que ser más cariñoso con tu esposa.
—Tía si soy cariñoso con ella esa chiquilla me mata…-dijo mirando a la rubia y recordando la escena del cuchillo.
Candy lo fulminó con la mirada, con ganas de matarlo por su comentario.
—¿Qué cosas dices sobrino?–sonrió Elroy – Mejor aféitate esa barba, pareces un ermitaño.
—Me gusta mi barba tía…
—Te verías mucho mejor sin ella. ¿No lo crees Candices? –se dirigió a la rubia.
—A mí me da lo mismo –contestó Candy con indiferencia. Aunque en el fondo pensaba lo mismo que Elroy, pero claro eso jamás lo iba admitir y mucho menos frente de él.
—Bueno ya me voy, William. Acompáñame al carruaje.
—Si tía…
—Adiós Candice. ¿Quieres mandarle decir algo a tu padre?
—No –dijo Candy que se sentía dolida con él –Que tenga buen viaje.
—Gracias –le sonrió la anciana marchándose.
Albert acompañó su tía hasta el carruaje y espero hasta que se fuera. Entro a la casa nuevamente, encontrándose con Candy que estaba parada junto a la ventana con una cara de temor y preocupación.
—Salga de la ventana, no pienso hacerle nada ahora que mi tía no está –le dijo Albert notando lo incomoda que se sentía.
—Más le vale, sabe perfectamente de lo que soy capaz.
—Claro…aunque no es muy hábil con el cuchillo –dijo Albert en tono de burla –No me fue difícil quitárselo la otra noche.
Candy se acercó a él.
—No seré muy hábil con el cuchillo, pero si se hacer otras cosas.
—Si ya me di cuenta, gracias a usted perdí dos finos caballos, ahora quizás en que manos deben estar –le reprochó Albert con molestia.
—Quien sabe señor Andrew –dijo Candy con una sonrisa burlona.
—Señor Andrew la cena esta lista –le anunció Dorothy.
—Vamos a cenar, me muero de hambre.
—Dorothy yo ceno en mi cuarto –dijo Candy con intensión de irse, pero Albert la tomó por el brazo.
—¿A dónde cree que va…?
—A cenar a mí cuarto.
—Parece que se le olvida que desde ahora en adelante vamos a vivir como una pareja de casados, así que vamos a cenar juntos.
Ella se soltó.
—¡Yo no voy a cenar con usted…!
—Tendrá que hacerlo quiera o no. Dorothy sirva la cena.
—Si señor…
Candy a regañadientes se fue con su esposo al comedor donde se sentaron a cenar. Dorothy sirvió un rico plato de pollo con papas que Albert comenzó a degustar con la mano.
Candy lo miraba como si sintiera ganas de vomitar.
—Qué manera de comer es esa –le reclamó.
—El pollo sabe más sabroso con la mano –comentó Albert devorándoselo.
—¡Santo cielo! aparte de bruto no sabe comer.
—Ya no reclame tanto y coma antes que se enfrié la cena. Este pollo esta exquisito –dijo Albert sacando otro trozo de su plato.
—Se me quito el hambre.
—Bueno haya usted si no quiere comer, lo que es yo me voy a comer unos tres platos.
Candy se quedó mirando a su esposo, pensando cómo iba soportar vivir con un ranchero bruto. No, no quería eso para su vida, en sus planes nunca estuvo el matrimonio y menos con un hombre que ni siquiera sabía comer. "Dios ayúdame a soportar esta vida, y a este ranchero bruto", pensó la rubia con cara de frustración.
…
Una semana despues...
Paso una semana y en el rancho del señor Steven el regresaba de Chicago, después de haber estado un par de días resolviendo unos asuntos. Su esposa Mery salió a recibirlo con su hijo Tom.
—Bienvenido querido –le dijo su esposa ayudándole a sacarse el abrigo.
—¿Cómo estuvo el viaje papá? –le preguntó Tom.
—Bien. Lo importante que hice todo lo que tenía pensando –respondió sentándose en un sillón –¿Y aquí alguna novedad?
—No papá, todo tranquilo, bueno si hay una.
—¿Cuál?
—Que Andrew se casó.
—¡Que! –exclamó el señor Steven parándose bruscamente.
—Que Andrew se casó con una joven de Londres.
—¿Cómo lo supiste Tom?
—Uno de los empleados del rancho me lo contó. Dicen que su esposa es joven y muy bella.
El señor Steven rápidamente se dirigió hasta la habitación de su sobrina.
—¡Sandra! –le gritó al entrar.
Ella lo miró tragando seco.
—Tio que bueno que llegaste.
—Así que te iba a casar con Andrew y me ibas a entregar mis tierras –le dijo dándole una cachetada –Me acabo de enterar que Andrew se casó con otra.
—Tio por favor tranquilízate, déjame explicarte.
—Que me vas a explicar, que Andrew se rio en tu cara.
—Tio ese matrimonio fue arreglado por su tía Elroy, él no sabía que su tio lo había casado con una joven de Londres. Es más me dijo que va terminar con ese matrimonio y que se va casar conmigo –le dijo Sandra mintiéndole en la última parte.
—Tú crees que soy idiota que él va hacer eso.
—Lo va ser tio, William me ama a mí, sé que él se va casar conmigo, por favor ten un poco de paciencia –le dijo Sandra sabiendo que si estaba esperando un hijo de Albert quisiera o no se tendría que casar con ella.
—¿Y si no lo hace?
—Tio confía en mí, yo me encargare que ese matrimonio se terminé.
—Más te vale, te doy tres meses para eso sino mato a Andrew y a ti también –le dijo el señor Steven saliendo del cuarto.
Ofuscado salió a las afuera de la casa para tomar un poco de aire, pensando en todos los problemas que su sobrina Sandra le estaba dando, debería de haberla echado de inmediato de su casa cuando se enteró que tenía un romance con William Andrew, pero ella había sido tan astuta que lo convenció con el cuento de entregarle sus tierras. Esas tierras que una vez perdió en una partida de póker con el padre de Albert, pero él nunca pudo conformarse con eso, se juró que algún dia recuperaría sus tierras. Ya estaba cansado que los Andrew siempre le quitaba lo que él quería, ya que no solo fueron las tierras que William Andrew padre le arrebató, sino también el amor de una mujer que él amo mucho en el pasado, la madre de Albert. Pensando en eso saco su pipa para fumar. Cuando se encontró con Niel Legan uno de sus empleados.
—Patrón que bueno que regresó de Chicago.
—¿Cómo has estado Neil?
—Bien. Tengo algo que contarle
—¿Qué cosa?
—Tiene que venir conmigo al establo para mostrárselo.
Con paso firme y haciendo sonar sus largas botas el señor Steven de contextura gruesa y piel morena llegó hasta el establo junto a su empleado.
—¿De qué se trata Niel?
—Mire lo que me encontré, este par de bellos caballos.
El señor Steven los observó detenidamente viendo que eran de buena raza.
—¿Dónde los encontraste? –le preguntó.
—En sus tierras patrón, entraron por la parte que hay que reparar. Me imagino que se debieron escapar de algún lugar.
—Estos caballos deben ser de Andrew, recuerdo que escuché que había comprado unos finos caballos de escocia –sonrió el señor Steven –Insiste muy bien en traerlos.
—No se lo va a devolver ¿verdad?
—Por supuesto que no Niel, estos caballos se quedan aquí. Yo no tengo la culpa que a ese idiota de Andrew se le hayan escapado.
—Puede venderlos patrón.
—Sí, les voy a sacar un buen dinero –dijo el señor Steven levantando una ceja –Déjalos aquí, que nadie los vea.
—Si patrón…
—Buen trabajo Niel –le tomó el hombro –Hice muy bien en contratarte, me has servido de mucha ayuda.
—Siempre le voy a estar agradecido que me haya dado trabajo, cuando mi tio William Andrew me echo de su rancho –dijo Niel apretando los puños.
Neil era sobrino de Albert y estuvo viviendo varios años en el rancho Andrew, pero un dia Albert lo encontró robándole y lo hecho. Desde entonces niel le tomo un gran odio a su tio y como sabía que el señor Steven era su enemigo se acercó a él para pedirle trabajo y unirse para vengarse de Albert.
—De nada, pero claro sabes que tienes que ayudarme a destruir a tu tio.
—Usted sabe que estoy dispuesto a todo para eso.
—Entonces quiero que me ayudes averiguar todo sobre la esposa de Andrew.
—Si patrón tengo a alguien que me puede informar todo sobre ella –dijo Neil pensando en la persona que lo iba ayudar.
…
Al dia siguiente Candy le pidió a Jimmy que la acompañara al pueblo, para comprar unas cosas que necesitaba. El muchacho gustoso la llevó al almacén de George Johnson, que era el único que había en el pueblo y donde vendían de todo lo que una persona podría necesitar. Candy bajo a la tienda, mientras que Jimmy se quedó esperándola en la carreta.
Al entrar Candy se puso a mirar unos libros, los que había traído de Londres se los había devorado en sus momentos de ocios que ya no le quedaba nada para leer. Después que escogió como tres libros y unos ricos chocolates que se le antojó probar, se dirigió hasta el mesón donde estaba George. Él la había estado observando todo el rato, presintiendo que aquella joven rubia de apariencia de fina dama, era la esposa de su amigo William. No le había sido difícil reconocerla por la elegante apariencia de joven, muy diferente a la de las muchachas del pueblo.
—Señor voy a llevar esto –le dijo Candy colocándole las cosas en el mesón.
—Necesita algo más señora Andrew –le preguntó George para ver la reacción de la rubia.
—Yo no soy ninguna señora Andrew, mi nombre es Candice White.
—Qué extraño estaba seguro que usted es la esposa de mi amigo William.
—¿Usted es amigo de ese hombre?
—Sí, desde hace muchos años.
—Entonces le habrá contado que nuestro matrimonio fue impuesto por nuestras familias.
—Si me lo contó, aunque no me dijo que su esposa fuera tan bonita y fina –comentó George con una sonrisa.
—Gracias, se ve que usted es un caballero, podría enseñarle modales al salvaje de su amigo.
—Jajajaja voy a tratar –dijo George envolviendo los libros y los chocolates –Aquí tiene.
—¿Cuánto es?
—Nada, es un regalo para usted.
—Es muy amable –le sonrió Candy - Hasta pronto señor George.
—Hasta pronto señora Andrew.
En eso entro Sandra a la tienda alcanzando a escuchar que George llamaba a Candy señora Andrew.
—Así que tú eres la esposa de William –le dijo mirándola de pies a cabeza.
Candy también la miro, preguntándose quien era esa joven de cabello castaño y ojos almendras.
—¿Quién es usted? –le preguntó.
—Sandra Steven...¿Acaso William no le hablado de mí?
Candy levantó una ceja dándose cuenta que esa era la mujer de la que Dorothy le había hablado.
—¿No me hablado de usted? -le respondió.
George rápidamente salió del mostrador y se acercó a Sandra para evitar que cometiera una locura.
—Sandra por favor es mejor que te vayas de la tienda.
—No me voy a ir hasta que me escuche esta señora…
—Déjela George, quiero escuchar lo que me va decir esta señorita –dijo Candy desafiándola.
—Para que te enteres entre William y yo hace mucho tiempo que existe una relación. Y cuando anule ese matrimonio con usted se va casar conmigo.
—Eso si yo permito que el anule nuestro matrimonio, así que no se haga tantas ilusiones señorita –dijo Candy solo para molestarla, ya que lo que más deseaba era separarse de ese ranchero bruto.
Sandra se enfureció con esas palabras.
—Para que se empeña en seguir con un matrimonio que no tiene sentido. William jamás la va querer, el solo tiene ojos para mí, comprenda que una chiquilla no es una mujer para un hombre como él.
—Yo tampoco creo que una cualquiera como usted sea mujer para el –le gritó Candy dándole una cachetada.
Sandra se tomó la cara y después con otra de sus manos le rompió a Candy una manga del vestido.
—¿Cómo se atrevió a pegarme…?
—¿Y usted como se atrevió a romper mi vestido?
Ambas estaban tan furiosas que estaban a punto de golpearse.
—¡Ya basta por favor no quiero ningún escándalo en mi tienda! –les pidió George con autoridad.
—No se preocupe señor Johnson, yo ya me voy –dijo Candy marchándose.
Sandra le hecho una fulminante mirada a la rubia, pensando que eso no se iba quedar así. Ahora con mayor razón iba ser todo lo posible para que ese matrimonio de los rubios se terminara.
...
Una hora después Candy regresó al rancho, echando chispas por los ojos por lo que había pasado con la tal Sandra. Al entrar a la sala se encontró con Albert que estaba sentado frente a la chimenea.
—Qué bueno que lo encuentro –le dijo ella acercándose a él.
—¿Dónde estaba? –le preguntó Albert.
—Salí a comprar unas cosas al pueblo.
—Qué bueno que haga algo útil. ¿Cómo le fue?
—Mire como me fue –le dijo ella mostrándole la manga del vestido.
—¿Y qué le pasó a su vestido?
—¡Me lo rompió su amante!
—¡Mi amante! –exclamó Albert parándose.
—Si la tal Sandra, me la encontré en la tienda de su amigo George. No se imagina las barbaridades que me dijo. He pasado la peor humillación de mi vida, y todo por su culpa –le contó Candy con ganas de llorar.
—Yo no tengo la culpa que Sandra la haya insultado, además yo terminé mi relación con ella –le aclaró Albert.
—A mí me parece todo lo contrario, me dijo que cuando anule nuestro matrimonio usted se va casar con ella.
—¡Eso no es verdad! –protestó Albert –No tengo intensión de casarme con ella.
—Debería de hacerlo…
—¿Por qué acaso le dijo algo más?–le preguntó Albert pensando que Sandra le había contado que podría estar esperando un hijo de él.
—No. ¿Tendría que haberme dicho algo más?
—No…
—Lo digo porque son tal para cual. Es la mujer ideal para un ranchero con olor a vaca como usted.
Albert se sintió tan ofendido por las palabras de su esposa, que bruscamente la tomó por el brazo y la arrinconó en la pared.
—¡Déjeme!–se quejó Candy tratando de zafarse de él -¡Me está lastimando!
—No la dejaré hasta demostrarle que no soy ningún ranchero con olor a vaca.
Albert se acercó a los labios de ella y la besó.
Continuará….
Hola lindas chicas
Espero que se encuentren muy bien, aqui les dejo otro capitulo de este fic, que gracias a todas ustedes a tenido una buena acogida. Muchas gracias por todo su apoyo a cada una de la chica que me mando sus reviews y coloco el fic en sus favoritas.
Saludos para :
Nina, elbroche, elenharket2, Guest, mabolla15, Mary silenciosa, Lucy M, Stormaw, Fabiola R, Adoradandrew, Alebeth, Balderas, Yuleni Paredes, Isasi, Guest, tutypineapple, Elo Andrew, Guest, Pivoine3, White Andrew, Adriana garcia, Guest, Ana isela Hdz, Ana isela Hdz, Yuleni Paredes, Kumi Kinomoto.
Besitos y que tengan un lindo fin de semana
