Los personajes de Candy Candy pertenecen a sus autoras Mizuki e Igarashi. Esta historia es de mi autoría como todas las que he escrito y lo hago sin fines de lucro, solo por entretención.
La Dama y el Ranchero
CAPITULO IV
Visitas en el rancho Andrew
Una fuerte bofeteada se escuchó en toda la casa, cuando Candy rompió aquel beso que su esposo le había robado. Sus labios estaban enrojecidos y sus ojos llenos de lágrimas, pensando en que se creía ese ranchero bruto para besarla de esa manera. Nunca un hombre había tocado sus labios, que él lo hubiera hecho de esa manera tan brusca le causaba una profunda rabia. Si antes lo detestaba, ahora sí que lo odiaba de verdad.
—¡Bruto! ¡Salvaje! –le gritó Candy con ganas de darle otra cachetada, pero él la detuvo tomándole el brazo.
—Lo siento, no debí hacerlo…-se disculpó Albert soltándola.
—¡No le creo nada! ¡Usted no sabe tratar a una mujer!
—De verdad lo siento. Además usted se lo busco, nunca debió decirme ranchero con olor a vaca.
—Es lo que pienso señor Andrew…
—Claro, me desprecia porque soy un hombre de campo, no como esos señoritos de Londres.
—Usted lo ha dicho, nunca podrá compararse con ellos –le dijo levantando la barbilla y mirándolo con despreció.
Él se acercó a ella y la tomó por la cintura.
—Puede ser que jamás sea como ellos, pero esos señoritos nunca la van a besar como lo acabo de hacer yo, como un hombre de verdad.
—Déjeme y no se atreva a volverme a besarme ranchero bruto con olor a vaca - le gritó Candy yéndose a su cuarto, donde se echó a llorar.
...
Una semana despúes...
Pasó una semana de aquel beso entre los rubios, no volvieron a compartir el mismo cuarto y ni siquiera se dirigían la palabra. Candy se lo pasaba encerrada en su habitación y el dedicándose a las labores del rancho. Ella se moría del aburrimiento, solo platicando con Dorothy, que se estaba trasformando en una buena amiga para ella y en la única persona en la que podía confiar. Se sentía tan sola en aquel rancho, lejos de su familia a la que a pesar de todo extrañaba mucho. En las noches antes de ponerse a dormir recordaba como era su vida en Londres, sobre todo cuando era una niña traviesa y hacia miles de travesuras que hacían rabiar mucho a su padre, en cambio a su madre la hacían reír. Como deseaba tenerla cerca, pero ella había muerto hace como tres años atrás producto de una pulmonía. Fue uno de las cosas más dolorosas que le había ocurrido, su relación con su madre había sido maravillosa, ella siempre la entendió y siempre le decía que tenía que hacer lo que le dictaba su corazón. Pero no había podido hacer eso, su padre la había casado sin su consentimiento y ahora se encontraba atrapada en una vida que no quería.
—Señora Andrew le traje un rico vaso de leche –le dijo Dorothy entrando al cuarto, donde la rubia estaba sentada al lado de la ventana leyendo un libro.
—Gracias Dorothy, pero te he dicho miles de veces que no me vuelvas a llamar señora Andrew, solo Candy. ¿Acaso no somos amigas?
—Claro que lo somos, Candy –sonrió la sirvienta - Pensé que le estabas escribiendo una carta a tu familia.
—No tengo ganas de escribirle…
—Pero tu padre te ha escrito y tú no le has respondido. Debe estar muy preocupado por ti.
—No lo creo…yo no le importo a mi padre o sino no estaría aquí –comentó Candy con tristeza –Por su culpa estoy viviendo con un bruto que no soporto.
—Es una lástima que no se lleven bien con el señor Andrew, harían una bonita pareja.
—¡Yo jamás podría llevarme bien con ese salvaje! –protestó Candy –¡Lo odio tanto!
—A lo mejor ahora que vamos a tener visitas las cosas mejoran entre ustedes.
—¿Qué visitas Dorothy?
—Los sobrinos del señor Andrew, ellos todos los años vienen al rancho a pasar sus vacaciones. Anthony y Stear son jóvenes muy simpáticos.
—Qué bueno, al menos tendré con quien platicar. Si no fuera por ti me quedaría muda.
Dorothy rio.
—Las cosas que dices Candy.
—Es la verdad. ¿Y ellos cuando llegan?
—Esta tarde, el señor Andrew los fue a buscar a la estación. Podría ponerte un vestido bien bonito para recibirlos.
—¿Tú crees Dorothy?
—Claro, después de todo eres la señora de esta casa. Bueno voy a terminar de preparar el almuerzo, Pony amaneció un poco resfriada, nos vemos más tarde.
—Si Dorothy.
...
Dorothy se dirigió a la cocina, donde se puso hacer el almuerzo, cuando sorpresivamente entró un hombre moreno que la tomó por detrás.
—Hola preciosa –le susurró en el oído.
Ella se volteo.
—¿Neil que haces aquí?–le preguntó sobresaltada.
—Vine haberte, hacen días que no nos vemos.
—Si el señor Andrew te encuentra aquí voy a tener problemas. Por suerte se fue a la estación a buscar a sus sobrinos…
—¡Esos antipáticos!
—Son buenos muchachos. Además no olvides que son tus primos.
—Desde que apoyaron a su tio a que me echaran de aquí, dejaron de ser mis primos. Igual que esa vieja de Elroy me dio la espalda y me dijo que no me iba a dejar nada cuando se muriera.
—Es que tú no debiste robarle al señor Andrew.
—Entiende que yo no le robe –protestó Neil –Ese dinero también me pertenecía, pero claro él se adueñó de todo.
—Ya Neil, no te enojes.
—Entonces no me hagas enojar. Ya no hablemos más de ese asunto, mejor cuéntame ¿cómo es la esposa de mi tio William?
—Es una joven de Londres muy fina y agradable, aunque no se lleva nada de bien con el señor Andrew, se la pasan peleando. Fue un matrimonio por mandato hecho por la señora Elroy y el padre de ella, así que imagínate.
—Que interesante Dorothy –dijo Niel tomándose la barbilla.
—¿Y tú por que deseas saber tanto de la esposa del patrón?
—Curiosidad mi amor…Bueno ya tengo que irme.
—Niel hablaste con el señor Steven sobre el terreno que le quieres comprar para construir nuestra casa.
—No he podido, pero pronto lo voy hacer.
—Bueno…pero no vayas a gastar el dinero que te di, es para nuestro terreno.
—Tranquila cariño, lo tengo muy bien guardado –le dijo dándole un beso en los labios -Ya tengo que irme.
—¿Cuándo nos volvemos a ver ...?
—No te preocupes, cuando tenga un tiempo te busco…
…
Una hora después Albert llegó con sus dos sobrinos Anthony, hijo de su fallecida hermana Rosemary y su otro sobrino Stear y la novia de él Patty Obrian, junto a una dama de compañía que la estaba acompañando.
—Tio cada vez que vengo a este rancho me gusta más –comentó Anthony al bajarse del carruaje.
—¡La pasaremos genial aquí! –exclamó Stear eufórico.
—Están rico el olor a campo –añadió Patty -El año pasado la pasamos muy bien. Lástima que este año no pudieron venir Archie y Annie.
—Sí, pero va estar la esposa de tio William–dijo Anthony –Tio ¿y dónde está tu esposa?
—Entremos a la casa para que conozcan a esa presumida.
Todos ingresaron a la sala, donde Candy los estaba esperando luciendo un bello vestido en tono rosa que le sentaba muy bien. Albert no dejo de sorprenderse por lo hermosa que se veía su esposa.
—No me digas que usted es Candy –le dijo Stear acercándose a ella y dándole un beso en la mano.
—¿Sí y usted?
—Stear Cornwell y mi novia Patty Obrian.
—Gusto en conocerte Stear, a ti también Patty.
—Lo mismo digo Candy...-contestó la joven.
—Yo soy Anthony Brown, soy sobrino directo de tio William. Un placer conocerla señora...-se presentó dándole otro beso en la mano.
—Gracias Anthony -le sonrió Candy simpatizando con el guapo joven.
—Stear ¿por qué no vino Archie? –preguntó Albert refiriéndose a su otro sobrino.
—Mi hermano no pudo venir su esposa va tener un bebé –comentó Stear -Eso de casarse cambia la vida.
—Jajajaja –rio Albert –Por eso a mí no me gusta el matrimonio.
Candy le hechó una fulminante mirada por su comentario que la risa de Albert se borró rápidamente.
—¿Tío podemos ir a nuestras habitaciones para darnos un baño? –le preguntó Anthony.
—Claro vayan, tienen las misma del año pasado.
—Después nos vemos Candy –le dijo Anthony guiñándole un ojo.
Ella le sonrió y Albert la miró serio como si le hubiera molestado la química que se produjo entre su esposa e sobrino.
Todos los invitados se fueron a sus habitaciones, donde en una de ella se quedaron Anthony y Stear y Patty en otra con su dama de compañía.
Candy y Albert quedaron solos en la sala.
—Simpáticos sus sobrinos, son tan distinto a usted –le comentó la rubia –Se ve que son jóvenes educados.
—Y Patty es tan distinta a usted –contestó Albert con molestia por su comentario.
—Yo soy mucho más hermosa que ella –le dijo Candy en un tono coqueto.
Albert se le acercó.
—Sí, es muy hermosa…-le dijo tomándole la barbilla y acercándose a los labios de su joven esposa –Puede enloquecer a cualquier hombre…pero a mí no. Permiso, tengo cosas que hacer.
Candy suspiró, por un minuto pensó que el la iba a besar, pero no lo hiso. ¿Que se creía ese ranchero que la despreciaba de esa manera?
...
Al dia siguiente Anthony su primo Stear y Patty salieron a dar un paseo a caballo por los alrededores del rancho, invitaron a Candy, pero como ella no sabía montar no los pudo acompañar. En ese momento lamentó no saber cabalgar, pero le tenía tanto miedo a los caballos que no se atrevía a subirse a uno. Candy decidió tomar su sombrilla y salió a caminar a las afueras del rancho, cuando llegó a una hermosa cascada donde se estaba bañando Albert vestido con la ropa interior de abajo. Al verlo se escondió detrás de unas ramas y se quedó observándolo por unos minutos, viendo el cuerpo tan atlético de su esposo que estaba debajo del agua. No podía negar que era un hombre atractivo y que si no fuera por esa horrible barba se vería mucho mejor. En ese instante sacudió su cabeza, que tontería estaba pensando, ese hombre era su enemigo y a los enemigos se tenía que despreciar. Albert en ese instante tuvo intención de sacarse su ropa interior, cuando Candy emitió un grito de horror.
—¡Nooooooooo! –gritó la rubia tapándose la cara con sus manos.
Albert escucho el grito y salió de la cascada para averiguar de quien provenía, llevándose la sorpresa de su vida.
—¡Usted! –exclamó mirando a la rubia.
Ella lo miró nerviosa parpadeando rápidamente.
—¿Se puede saber qué hace escondida aquí? ¿Acaso me estaba espiando?
—¡Por supuesto que no! –protestó ella roja de la vergüenza.
—Entonces. ¿Porque está aquí?
—Por qué…yo salí a dar un paseo y llegue hasta este lugar.
—Jajajaja y usted piensa que yo le crea, apuesto que me siguió hasta aquí porque se muere de ganas de darse un baño conmigo.
—¡Payaso! –expresó enfadada –¡Ni que estuviera loca de bañarme con un bruto como usted!
—El agua está muy rica, vamos para que la pruebe –le dijo Albert tomándola en su hombro y llevándola hasta la cascada.
—¡Suélteme! ¡Suélteme!–gritó Candy golpeándole en la espalda.
Albert la soltó en medio de la cascada dejándola completamente mojada.
—Jajajaja, se ve muy bonita toda mojada.
—Bruto, salvaje, juro que me las va a pagar –protestó Candy golpeándole el pecho.
Él le tomó las manos.
—Ya tranquila, no es para tanto, no se va morir con un poco de agua. Vamos al rancho para que se seque.
—Yo no voy con usted a ningún lado –le dijo empujándolo marchándose furiosa con lo que había pasado.
Albert se quedó riendo, después de todo esa chiquilla era muy divertida.
…
Candy regresó al rancho y de inmediato se cambió de ropa, sintiéndose enfurecida por la broma de su esposo. Más calmada decidió salir a las afuera de la casa para tomar un poco de aire, cuando en eso apareció un hombre maduro montado en un fino caballo.
—Me imagino que usted es la esposa de William Andrew –le dijo mirándola fijamente.
—¿Quién es usted? –le preguntó Candy mirándolo.
Él le sonrió y rápidamente bajó del caballo.
—Mi nombre es Thomas Steven y soy el dueño del rancho vecino a este.
Candy se quedó asombrada, pensando que era el hombre que por alguna razón odiaba a Albert.
—Así que usted es el señor Steven –dijo Candy intrigada de que estuviera en el rancho de los Andrew –¿Que necesita?
—Vengo hacerle una invitación.
—¡Una invitación!
—Sí, quiero invitarla a cenar esta noche a mi rancho. Me gustaría mucho presentarle a mi familia.
—No comprendo su invitación, por lo que he sabido usted no se lleva muy bien con mi esposo.
—Usted lo ha dicho no me llevo bien con él, Andrew tiene un carácter muy especial, pero eso no tiene nada que ver con usted. Se ve lo diferentes que son.
—En eso tiene razón, somos tan diferentes.
—Acepte mi invitación, mi esposa le gustaría mucho conocerla. En estos lados no hay muchas mujeres con la que puede hacer amiga, así que usted podría ser una de ella. ¿Qué me dice acepta?
—Está bien, acepto señor Steven.
—Perfecto a las ocho de la noche voy a enviar a uno de mis empleados para que la lleve al rancho –dijo el señor Steven feliz de haber logrado su objetivo, ya que después que Neil le dio la información sobre la esposa de Andrew, pensó que él se encargaría de destruir ese matrimonio para que su sobrina Sandra se pudiera casar con Albert y así el recuperar sus tierras.
—Lo voy a estar esperando –dijo Candy pensando que en esa cena iba averiguar por qué el señor Steven odiaba a los Andrew.
…
En la noche Candy vestida con un elegante vestido color verde, llegaba al rancho del señor Steven. Él le presentó a su esposa Mery y a su hijo Tom que quedo encantado con la belleza de la rubia. Sandra no se encontraba, ya que el señor Steven le pidió que esa noche cenara en su habitación porque tenía invitado, aunque no le dijo que la invitada era la esposa de William Andrew.
—Es un placer de conocerlos –los saludó la rubia quitándose los guantes.
—El placer es nuestro –le dijo Tom dándole un beso en la mano–Nunca pensé que Andrew se hubiera casado con una joven tan hermosa como usted.
—Oh gracias por su alago.
—Pienso que usted es demasiada mujer para un hombre como Andrew –añadió el señor Steven.
—Querido no hables así del señor Andrew –lo regañó Mery –Que va decir su esposa.
—Pero si es la verdad mujer, ella debe saber la clase de hombre con el que se casó.
—Claro que me interesa saberlo –lo apoyó Candy –Quiero que me cuente todo sobre mi esposo.
—Se lo contare todo señora Andrew. Pero primero pasemos al comedor.
El señor Steven guio a la rubia hasta el comedor de su residencia donde se sentó al lado de Tom.
—Es muy bonita su casa señor Steven –comentó Candy mirando la decoración que aunque no era muy elegante tenia buen gusto, el estilo de los muebles y los adornos que estaban encima de ellos.
—Es una labor de mi esposa, ella se ha encargado de decorarla a su gusto.
—Tienen un muy buen gusto señora Steven.
—Gracias –sonrió la mujer –Aunque me imagino que esta casa no se compara con las residencias que hay en Londres.
—Bueno…si en Londres hay mansiones maravillosas.
—¿Y usted vivía en una de ellas verdad? –le preguntó Tom.
—Así es…mi mansión muy bella, le fue heredara a mi padre cuando se convirtió en barón.
—¡Su padre es un barón! –exclamó Mery sorprendida.
—Si…
—¿Y cómo su padre siendo barón permitió que su hija se casara con un simple ranchero? –preguntó el señor Steven.
Candy bebió un sorbo de agua antes de responder.
—Porque yo no quería casarme…así que junto con la señor Elroy hicieron el matrimonio por mandato sin nuestros consentimiento.
—Qué barbaridad, podría haberle escogido otra clase de hombre.
—Es lo mismo que pienso yo señor Steven –dijo Candy dando un suspiró –Pero no me ha dicho que tiene que contarme sobre mi esposo.
—Que tiene que cuidarse mucho de él es un bandido.
—¡Un bandido! –repitió Candy asustada.
—Sí, los Andrew tienen una reputación espantosa, el padre de su esposo me quito una tierras de mala manera, yo que usted me alejaría de él lo antes posible.
…
En la noche todos estaban listos para cenar, menos Candy que sin decirle a su esposo se fue a cenar al rancho del señor Steven.
—¿Y dónde estará Candy? –preguntó Anthony.
—Debe estar en su cuarto, ella siempre cena ahí –respondió Albert.
Dorothy entro a la sala de la casa.
—Señor Andrew la cena esta lista –le anunció.
—Qué bueno, tengo mucha hambre –dijo Albert parándose del sillón –Muchachos vamos a cenar.
—Les preparé un rico estofado de carne.
—¿Que rico Dorothy? ¿Candy ya ceno?
—No patrón, ella no se encuentra en el rancho.
—¿Como que no se encuentra?¿dónde fue?
Dorothy trago, ya que sabía que lo que le iba decir a su patrón no le iba a parecer nada de bien.
—Fue a cenar al rancho del señor Steven. El mismo la vino a invitar.
—¿Qué le pasa a esa chiquilla? ¿Cómo se le ocurre ir a comer a la casa de ese hombre? –protestó Albert indignado –Esto no se va quedar así, ahora va saber Candy White quien soy yo.
Continuará...
Hola lindas chicas
Espero que todas se encuentren muy bien. Muchas gracias a cada una de las chicas que me han mandado sus reviews, he leido cada uno de ellos y me alegra saber que esten difrutando de la historia. Aqui les dejo otro capitulo, para que sigan viendo que sigue pasando con los rubios jejejeje.
Saludos para :
Elbroche, Silvia, venezolana lopez, Kecs, Pivoine3, elenharket2, Guest, Stormaw, Guest, mabolla15, Patty Martinez, tutypineapple, Adoradandrew, Elo Andrew, Gaby LezU, Jhana Marti, adriana garcia, Guest, White Andrew, CONEJA , Lucy M, Serenity usagi, Kumi Kinomoto, Yuleni Paredes, Guest, Guest, Karito, Isasi, Balderas, RORE, Mahidevran Sultana.
Mil gracias por todo su apoyo.
