Lux in tenebris.
Hola. Muchas gracias a quienes comentaron el capitulo anterior.
Gracias : Zero59Mine, LaV3nus6, nvghyuga, Dark Amy-chan, atziig, kdelunasanchez, Arialys85 , Karalove y Bloody Renan.
Gracias por darle una oportunidad a esta extraña historia que se pondrá cada vez mas y mas rara XD.
LaV3nus6, sobre tu pregunta. Ichimatsu no se presento en forma Fontus, solo quería ser tocado XD. Y claro que habrá mas momentos asi. *Cejas cejas*
Aviso! He cambiado el capitulo 1 un poco. En realidad quería cambiar algunas palabras y termine borrandolo accidentalmente, pero lo escribí de nuevo. Realmente solo tiene unas cuantas cositas nuevas así que no es necesario leerlo otra vez para entender la historia. Sin mas que agregar les dejo el capitulo.
Espero que les guste.
Resumen: Él era un sacerdote, "ella" una monja... Era común verlos juntos luchando contra los demonios pero ¿Que relación tenían? Habían sido destinados el uno para el otro desde que nacieron, sus destinos habían sido unidos ¿y sus sentimientos? IchiKara / KaraIchi [AU]
Advertencias: —Au Karamatsu Padre, Ichimatsu monja (aun siendo hombre)
—KaraIchi e IchiKara (Sukes (?))
—Cosas raras...
—Emm... no se que más poner.
Lux In Tenebris.
III
"Para un Vesta lo más importante siempre debe ser su Fontus, ya que gracias a ella puede ayudar a todos"
Eran las palabras que te había dedicado la antigua Fontus, la madre de Karamatsu. Ella era una mujer espléndidamente hermosa, sus ojos azules iguales a los de tú futuro Vesta era una de las cosas que más te gustaban de ella, su cabello azabache era suave y tan largo que llegaba hasta sus rodillas. Cuando ella te hablaba siempre usaba un tono amoroso y comprensivo, siempre te explicaba las cosas de manera que pudieras entender sin tratarte como idiota, a diferencia de tus padres.
Te gustaba pasar tiempo con ella, desprendía una esencia igual a la de Karamatsu. Cuando te abrazaba te imaginabas que era él quién lo hacia.
Te sentías un poco patético... No entendías muy bien lo que sentías por Karamatsu, era algo raro. A penas compartía unas palabras contigo y tú corazón se sentía extraño, era como sí lo hubieras extrañado toda tú vida. A veces cuando lo veías dormir te daba un sentimiento de añoranza, querías tocarlo, necesitaba que te tocara y su rechazo te dolía en lo más profundo.
Cuando expresaste tus inquietudes a la señora Matsuno ella trato de tranquilizarte. Ella aseguraba que Karamatsu iba a aceptarte tarde o temprano, ya que eras su Fontus y por esa razón tú siempre serías lo más importante para él.
Ella era amable... Y también te mentía por su amabilidad.
Tú no eras lo más importante para Karamatsu, eso lo supiste desde el día de su ceremonia cuando trato de cambiarte por tú hermana. Y lo confirmaste la noche en la que los demonios los atacaron y él protegió a tú hermana antes que a ti.
"¿Estas bien? Ichiko. Quédate detrás de mí, yo voy a protegerte" -escuchaste que le decía, ni siquiera estaba viendo en tú dirección, no estaba tratando de protegerte incluso cuando un demonio te atacó por la espalda. ¿Te estaba viendo ahora? Ahora que tenías una herida mortal, ahora que su fuente corría peligro, la cara de miedo que ponía era digna de recordar. Claro. Tú sólo le servías con vida.
Entonces lo entendiste... Eras sólo un objeto para él.
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III.-Aberración.
Cambiar de iglesia era algo aburrido, nunca había mucho que hacer. Bueno, estaba lo de exorcizar el lugar, sacudir el polvo y asegurar las entradas con sellos protectores y esas cosas aburridas.
No. Por eso tu preferías dormir que hacer alguna de esas cosas, dormir era mas importante.
Cuando despertaste por la tarde Karamatsu ya se había encargado de todas esas tareas fastidiosas. Habia puesto el lugar un poco mas agradable para el tiempo que iban a pasar viviendo allí. En ese momento estaba preparando la comida, no llevaba su traje usual, pero si una camisa de manga larga blanca y un pantalón de vestir negro. Todo normal excepto por sus espantosos zapatos.
¿De donde carajos había sacado esos zapatos tan brillantes?
—¿Dormiste bien? Ichimatsu. —pregunto con una sonrisa, volteando su mirada color zafiro hacia ti. Desviaste la mirada sin contestar, era casi doloroso verlo a penas acababas de despertar, el bastardo parecía brillar. ¿o acaso eran sus zapatos?
Como sea él no insistió en que le respondieras. Ya debía imaginarse que estabas de mal humor cuando recién despertabas. Te pusiste las botas antes de acomodar tus hábitos, era extraño que aun pudieras sentir el tacto de los dedos de Karamatsu. Querías que te tocara mas...
—Karamatsu. —lo llamaste, él se giro hacia ti de inmediato. —Mira. —susurraste levantando la falda mostrando tus piernas, Karamatsu abrió los ojos grandes antes de desviar la mirada un poco.
—Estas usando unas medias de gatito. Que lindo. —te dedico una sonrisa nerviosa y luego se volteo siguiendo lo que estaba haciendo.
Querías matarlo. ¿Acaso ese tipo no tenia libido? Frunciste el ceño llevando tu mano derecha hasta tu nuca tocando la marca de Fontus que estaba grabada en tu piel, invocando de ella una luz que termino convirtiéndose en una hoz la cual arrojaste directo a la cabeza del sacerdote. Karamatsu la esquivo con relativa facilidad moviendo un poco la cabeza, el filo del arma se clavo con fuerza en la pared frente al Vesta, él se cruzo de brazos antes de girarse hacia ti.
—Ichimatsu, te he dicho que dejes de tratar de atacarme con tu hoz. Si tienes algún problema dímelo directamente antes de que intentes matarme. —parecía estar tratando de ser severo... no lograba en lo absoluto.
—Follame ahora mismo. ¡Sobre la mesa! —le ordenaste atrayendo de regreso a tu hoz, apretándola con fuerza entre tus manos.
—Amm, es que... estoy haciendo esto y es muy importante... entonces. —parecía nervioso de pronto, le arrojaste tu arma de nuevo. Ni siquiera te quedaste a ver si le habías dado o no.
—¡Vete al diablo Kusomatsu! —Le gritaste mientras salias. A pesar de que no hacia nada para hacerte enojar, parecía que había algo en Karamatsu que te mantenía el 99% del tiempo enojado con él. Por eso te gustaba mas cuando estaba en su modo Vesta, así no se quejaba tanto y si le decías que te tocara se quedaba idiotizado por tus ojos y hacia lo que le pedías. (Aunque siempre despertaba antes de que fueras muy lejos)
Frustrado y refunfuñando saliste de la iglesia, tal vez si tenias suerte podrías encontrar algunos gatos. Los gatos te alegraban la vida! No como Karamatsu. Los gatos eran lindos contigo... no como Karamatsu. Y los gatos te amaban... No como Karamatsu. Estampaste tu frente contra la puerta de la iglesia. Deberías dejar de pensar en cosas innecesarias.
Recorriste las ruinas de lo que alguna vez fue una importante ciudad, no parecía haber ninguna alma. Cuando pensabas en regresar escuchaste unos gritos espantosos, una chica pidiendo ayuda. Tu no eras bondadoso como el idiota de Karamatsu, no ibas a ir corriendo a ayudar a alguien solo porque si... Era una molestia que preferías evitar.
Dando vuelta sobre tus pasos empiezas a alejarte pero los gritos se acercan a tu dirección.
—Por favor ¡ayúdame! —pidió una mujer corriendo hasta tus pies, sujetándote con fuerza por la pierna. Trataste de alejarla pero solo conseguías que se apretara mas a ti.
—¡Suéltame, maldita sea! —pusiste tu mano en su cabeza pero la chica se abrazaba de tal forma que era imposible moverte y alejarla. Gruñiste poniendo mala cara, esperando que tu aura de "no me jodas" funcionara con ella, pero del lugar donde había venido la extraña chica apareció una criatura deforme que parecía ser una persona . Una persona muy fea.
—¡Suelta a mi cena! —grito la criatura. La chica que te abrazaba chillo aferrándose mas a ti. Pff, contuviste tus ganas de reír. —¿De que demonios te estas riendo? Voy a hacerte sufrir a ti también.
—Lo estas haciendo ahora... dios, eres tan fea que mis ojos duelen solo con verte. —respondiste en tono monótono.
—¡Voy a matarte, humano insolente! —La cosa fea esa a la que habías decidido llamar "cosa fea" se acerco a donde estabas, con un montón de raíces puntiagudas creciendo desde la tierra. Era uno de esos demonios que poseen a las plantas. No querías pelear, estabas aburrido y hambriento. Levantaste la pierna y la agitaste tratando de quitarte a la chica de encima. La chica cayo revolviendo su corto cabello castaño.
—Toda tuya. —susurraste dispuesto a alejarte. Pero la mujer suplico llorando.
—¡Por favor ayúdame! ¡Estoy embarazada, no puedes dejarme! —te detuviste en seco y te giraste hacia ella.
[Estoy embarazada... y es tuyo. ]
La visión de una mujer a la que no podías identificar apareció delante de ti como si de un sueño se tratase. La mujer estaba sentada sobre sus rodillas en el suelo acariciando su vientre aun plano, había un ventanal enorme detrás de ella y por allí entraba solo la luz de la luna que aunque te dejaba ver que ella tenia un largo y lacio cabello negro y llevaba un vestido blanco por la posición en la que estaba oscurecía su rostro sin dejarte identificarla.
Pestañeaste confundido incapaz de pronunciar palabras, Detrás de la mujer unas filosas espinas aparecían destruyendo todo a su paso, la mujer movió un poco el rostro hacia la luz, su blanca piel estaba cubierta de moretones, sus largas pestañas negras se abrieron mostrándote el azul mas hermoso que conocías bien.
El azul de los ojos de Karamatsu, eso te hizo reaccionar de inmediato. Apareciste tu hoz en un rápido movimiento cortando las espinas antes de que tocaran a la chica, la visión se desvaneció como humo, la chica a la que habías protegido era la castaña que antes se aferraba a tu pierna. Por alguna extraña razón estabas de peor humor que al despertar.
El demonio con forma de mujer fea se acercaba atacando con sus espinas, con el manejo que tenias de tu hoz fue fácil deshacerse de todos sus ataques. Decidido a acabar con todo de una vez por todas empezaste a acercarte en lugar de solo desviar los ataques, en menos de un minuto el filo de tu ama estaba contra el cuello del demonio.
—Deja de joderme. No estoy de humor hoy. —ni nunca, pero eso no importaba ahora. El demonio tembló viendo en tu dirección, ahora que la veías de cerca te resultaba mas fea. Habias visto uno de esos antes, era una planta carnívora venenosa, sus espinas despedían un veneno que te hacia tener alucinaciones con las cuales te atraía hacia ella.
Entonces lo de antes...
—¡Lo siento Lord, n-no sabia que usted estaba de regreso! —la molesta y temblorosa voz del demonio llego hasta tus oídos. ¿Que había dicho? No recordabas haber estado en ese lugar. —Lamento haberme entrometido en sus planes, si esa chica es suya le dejare en paz.
—No tengo idea de que mierda estas hablando. —respondiste rodando los ojos.
—No sabia que este era su territorio Lord Ichi...
—¡Cuidado! —el grito de la castaña te alerto a tiempo para esquivar el ataque por la espalda que el demonio planeaba, Tu hoz corto las espinas sin problemas pero cuando iban cayendo una se clavo en tu muñeca. Cuando te giraste hacia el demonio este había desaparecido dejando solo una flor en el suelo.
Estúpida flor. La pisoteaste un poco mientras tu arma desaparecía.
Ese demonio no era ni siquiera nivel 5, pero te había causado demasiados problemas. Mas que nada porque tu cabeza estaba llena de la imagen de esa misteriosa mujer, también estaba su manera de referirse a ti. Iba a decir tu nombre. Habia algo que no te gustaba en todo ese asunto.
—¿Estas bien? —la castaña se acerco para ayudarte con la herida de tu mano. —¿Puedes ayudar también a mis amigos?
—Tch. ¡¿Tengo alguna otra maldita opción?!
No la tenias, aunque querías evitar ser bueno al final siempre terminabas ayudando. Te alejaste junto con la castaña hasta donde estaban sus amigos, era una pareja de novios que a penas podían moverse. Al parecer la chica con la que te encontraste iba a buscar ayuda para ellos y termino siendo atacada por el demonio. Te daba igual, cargaste a los novios con dificultad, con un poco de ayuda de la castaña (no demasiada ya que no querías que su bebé se lastimara.) Cuando ibas acercándote a la iglesia Karamatsu fue a ayudarte.
—¿Que paso? ¿Estas herido?
—Un demonio planta ataco. Te he dicho que dejes de regar todas las estúpidas flores que encuentras pero eres un idiota. —no pudiste evitar gruñir de pura frustración, la verdad era que te estabas sintiendo un poco mal desde que esa espina pincho tu mano.
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Una vez a salvo dentro de la iglesia dejaste que el Vesta se encargara de darles algo de comer y los atendiera. No parecían tener heridas graves y eso tranquilizo al sacerdote. Su sonrisa estúpida al informarte que tus invitados estaban bien te daban ganas de golpearlo en la cara. Cuando oscureció te quedaste viendo la luz de la luna entrar por las grandes vidrieras de la iglesia, te recordaba un poco a la alucinación de aquella mujer.
—Aun no le he agradecido por su ayuda. —la dulce voz de la castaña te saco de tus pensamientos. —Muchas gracias.
—Da igual. —respondiste, no sabias que mas sabias como ser amable con la gente. —Espero que tus amigos no se mueran. —no tenias tacto para las palabras. Moviste un poco la adolorida mano en su dirección, susurrando un "shuu, shuu" en señal de que se fuera.
—¡Tu herida! ¿Que tal esta? —pregunto tocando a penas la punta de tus dedos, no pudiste ocultar la mueca de dolor que te ocasiono un simple rose. —Lo siento! ¿Te duele mucho?
—No es como si no pudiera soportarlo. —gruñiste, aunque internamente estabas feliz de tener la atención de alguien.
—Voy a ayudarte. No te asustes ¿esta bien? —pidió tímidamente.
¿Asustarte? ¿Acaso no vio que te enfrentabas a un demonio con una arma que invocaste desde la marca de tu cuello? Nada podía asustarte.
Observaste atento a la chica, como con cuidado quitaba el vendaje que habías puesto en tu mano. La herida tenia un aspecto mas feo ahora, ya no estaba sangrando pero al rededor se había puesto ligeramente morado. Seguramente las mismas toxinas que provocaban las alucinaciones también envenenaban lo que tocaran, menos mal que tu eras "casi" inmune a esas cosas. Tu lado Fontus te protegía un poco contra los demonios. Tu mirada violeta paso de tu mano herida a la temblorosa chica.
—No te vayas a asustar. —repitió en un susurro, mordiéndose ligeramente el labio luego.
—No lo haré. —respondiste en tono neutral. La castaña desabrocho los botones inferiores de su blusa blanca, dejando ver su ligeramente abultado vientre. Con cuidado tomo tu mano y la puso contra su estomago. Respiro profundamente cerrando los ojos. Te preguntabas que carajos estaba haciendo, te sentías un poco incomodo por estar tocando a otra persona. Querías alejar tu mano, pero de pronto una luz te sorprendió.
Abriendo los ojos grandes por la sorpresa te quedaste atento a la escena, la chica resplandecía con una enigmática luz dorada, era como un montón de luces color oro cayendo desde el cielo iluminando y moviéndose en forma de un pequeño remolino sobre la chica, cubriendo tu mano, llenándola de calidez y un repentino alivio.
Levantaste la mirada hacia el techo, allí flotando sobre sus cabezas, casi invisible estaba un hombre de grandes alas blancas, sus ojos color ámbar veían con tanto amor y devoción a la chica que incuso tu podías darte cuenta del fuerte lazo de amor que los unía.
Un ángel.
No te asustaste, pero definitivamente si te sorprendiste.
La luz poco a poco empezó a desaparecer al igual que el ángel, pero antes de irse en su totalidad miro hacia ti, te dedico una sonrisa y susurro "Gratias tibi." Y después desapareció junto con la luz. La castaña abrió los ojos, miro tu mano y una pequeña sonrisa apareció en sus labios. Hiciste lo mismo, encontrándote con la sorpresa de que tu mano estaba completamente curada.
No había duda ese niño era...
—¿El padre de tu hijo... ?—te dabas una idea de que era el padre de ese niño.
—Es un ángel. —respondió la chica con las mejillas sonrojadas. —Un ángel que me ha estado cuidando desde que tengo memoria. Se que es extraño. —se toco la muñeca antes de volver a abrochar la blusa. —Pero él me ha salvado en mas de una ocasión. Siempre lo siento junto a mi y aunque no siempre puedo verlo se que él nos cuida.
—Mm... —asentiste, estabas intrigado. —¿Sabes lo que es tu hijo? —ella negó. — Cuando un humano y un ángel tiene un hijo... Nace un Curandero, un ángel de una ala. No es un humano totalmente, pero tampoco un ángel. Ellos tienen la capacidad de curar a los humanos, darles fuerza. Lo contrario seria el hijo de un demonio y una humana. Entonces nace un su... —negaste, ella no necesitaba saber eso. —Gracias, por curarme.
—Era lo menos que podía hacer por usted, después de todo nos salvo. Se que Jyushi... él. —señalo hacia arriba haciendo referencia al ángel .—Se que el también se lo agradece.
Después de eso la mandaste a dormir. Lo ultimo que te dijo antes de desearte buenas noches era que se llamaba "Homura". Era la primera vez que conocías a la madre de un curandero, normalmente ellos vivían demasiados años. Los suficientes para quedarse sin familia. Casi sentías pena por el futuro del niño.
Tarde esa noche sintiendo que la fuerza te faltaba te arrastraste hasta la habitación de Karamatsu. No habías hablado con él apropiadamente. Porque "Tengo hambre" "Vete al diablo Cacamatsu" y "Muérete bastardo" No contaban como hablar.
Despacio abriste su puerta y entraste, Karamatsu estaba dormido. Te acercaste a la cama quitando de en medio la sabana que lo cubría. Subiste a la cama, poniendo tus rodillas a cada lado del cuerpo del vesta, tus manos recargadas a cada lado de su cabeza. Te quedaste unos segundo en silencio, viendo su expresión relajada.
—Vesta... —le susurraste alejándote un poco quedándote casi sentado, casi de inmediato se sentó viendo en tu dirección. Pasaste los dedos por sus hombros. —Voy a tocarte.
—Esta bien. —Ya que no había objeción al menos mientras aun estaba dormido y en su modo "vesta" aprovechaste para tocarlo.
La punta de tus dedos tocando a penas su rostro antes de que tus labios atraparan los suyos en un beso que inicio lento pero que fuiste aumentando hasta hacerlo rudo. Lo tocaste por encima de la ropa, por su parte él también empezó a recorrer las manos por tus piernas debajo de la ropa. Detuviste sus manos mientras mordías ligeramente su labio inferior, Karamatsu soltó un ligero gemido. Le sacaste la camisa antes de empujarlo acostandolo de nuevo en la cama, su mirada añil brillaba ligeramente con la luz del ventanal, recorriste tus manos por su pecho inclinadote sobre él para besarlo nuevamente, aprovechando también la posición para mover tus caderas contra su cuerpo.
Besos, uno tras otro, besos húmedos, rudos y calientes. Tu lengua luchaba contra la del mayor en una sensual danza hasta que alguno tenia que separarse para recuperar oxigeno. Karamatsu fue el primero en hacerlo, aprovechaste el momento para atacar su cuello, dejando marca de besos y mordidas a tu paso. Sabias que al día siguiente Karamatsu estaría molesto por las marcas que estabas haciendo, pero eso secretamente te motivaba a dejarle aun mas marcas. En ningún momento habías dejado de mover tus caderas contra el cuerpo del Vesta, las manos de Karamatsu estaban puestas sobre tus glúteos ayudando a los movimientos de tus caderas, creando mas fricción.
Dejaste de morderlo/besarlo y te incorporaste ligeramente, tu mirada violeta fija en el azul que eran los ojos de Karamatsu. Aun viéndolo fijamente te quitaste la ropa haciendo presión con tu cuerpo contra su dureza. Volviste a besarlo mientras le quitabas la ropa con desesperación, por suerte también estaba poniendo de su parte así que fue mas fácil.
La media sonrisa que dibujaste en tu rostro le hacia saber que hoy tu mandabas. Recorrió sus manos por tus piernas, las paso por tu abdomen y continuo subiendo hasta tus hombros, sus dedos se entrelazaron en tu nuca atrayéndote nuevamente en un beso mientras te acomodabas entre sus piernas.
No se suponía que fuese así, tu eras su Fontus. Eras su fuente de energía, se suponía que tu debías ser suyo, no se supone que fuese él quien debía estar contra la cama, arqueando la espalda en una mezcla de dolor y placer mientras tus dedos mojados entraban y salían de su cuerpo. No se suponía que fuese él quien contenía los gemidos y rogaba con la mirada que ya estaba listo para algo mas que tus dígitos. No debía ser él quien se retorciera de placer cuando después de unos cuantos envistes encontrabas ese punto dentro de él que lo volvía loco, que provocaba que tu nombre saliera a gritos de su garganta.
No se suponía que fuese así, pero eso era lo que pasaba. Ya que Karamatsu nunca te había echo esas cosas a ti, tu las hacías. Dejabas marcas en su cuerpo, lo embestías con fuerza, gozabas de eso. La sensación caliente que te envolvía cuando entrabas en su cuerpo, la manera en la que trataba de contener su voz , sus dedos presionando contra tu espalda, su forma de jadear, de moverse, la sensación de su piel erizándose bajo tus dedos, los húmedos besos que te dejaban sin respiración. Disfrutabas de todas y cada una de esas cosas, a pesar de que "no debería ser así" estabas complacido y si Karamatsu quería hacerte las mismas cosas, estarías igual de complacido.
Haciendo chocar sus cuerpos, sus dedos entrelazado con los tuyos, sus piernas abrazándote.
"Ahh, I-Ichimatsu Mmn ahh, Ichi... Ahh! " ¿Habia algo mejor que poder escuchar a Karamatsu diciendo tu nombre así? Seguramente escucharte a ti causaba lo mismo en él.
Su cuerpo tensándose, su espalda arqueándose de placer mientras dejaba su esencia en tu mano. Si había algo mejor definitivamente era lo que venia después, Su cuerpo atrapándote de manera tan deliciosa que era imposible dar mas que unas ultimas estocadas antes de terminar también.
Después de eso tomaste el rostro de Karamatsu entre tus manos y lo besaste con desesperación, tenias que aprovechar mientras aun era dócil.
"Te adoro" "Te amo..." Frases que pensabas decir y que sin embargo nunca podías sacar de tu garganta. Porque antes de que pudieras tener el valor de decirlas Karamatsu te alejaba como si fueses la peste en persona.
—Deja de hacer estas cosas. Agotas mi energía innecesariamente.-
"Entonces ven y follame tu" seria lo que responderías normalmente, pero hoy no. Hoy tu cabeza estaba llena de imágenes borrosas sobre Karamatsu y alguien parecido a él, hoy tu corazón dolía en una añoranza que no podías comprender. Hoy no tenias fuerzas para soportar su indiferencia.
Quizá tu expresión demostró lo quebrado y jodido que estabas por dentro, porque Karamatsu no volvió a reclamarte nada y se limito a abrazarte. Karamatsu estaba agotado, se quedo dormido casi de inmediato abrazándote aun contra su pecho.
Se suponía que tu debías darle fuerzas, tu eras su fuente ¿no? Entonces ¿porque hacías lo contrario?
Habia algo mal contigo, lo supiste desde que empezaste a tener conciencia de ti mismo y ahora por alguna razón mientras pensabas en esa mujer de largo cabello negro y ojos color zafiro estabas seguro.
No solo estabas roto, Eras una aberración...
¿Que tal?
*El demonio era la planta que Karamatsu salva, bueno mi versión extraña de ella.
**Jyushimatsu aparecerá pronto en su forma física y no solo como lo hizo.
***Ya que los novios de navidad no tienen nombre solo los mencione.
Espero que les guste, hay muchas cosas misteriosas que descubrir.
Saludos y nos leemos pronto.
