Los personajes de Candy Candy pertenecen a sus autoras Mizuki e Igarashi. Esta historia es de mi autoría como todas las que he escrito y lo hago sin fines de lucro, solo por entretención.


La Dama y el Ranchero

CAPITULO V

Enfrentamiento y celos

Albert llegó en su caballo al rancho del señor Steven. Se sentía tan furioso, pensando en porque a esa chiquilla se le antojó aceptar la invitación de su enemigo. Claro seguramente ella no lo sabía, pero antes de aceptar cualquier invitación debía habérselo preguntado primero. El conocía muy bien al señor Steven, algo estaba tramando, siempre hacia cosas para perjudicarlo y ahora estaba utilizando a su esposa para alguna artimaña en contra de él. Desde la época donde su padre estaba vivo siempre existió una rivalidad entre los Steven y los Andrew, a pesar que su padre siempre fue un hombre pacifico, pero por alguna razón el viejo Steven siempre lo odio, el recodaba eso de las tierras que su padre le gano a Steven, pero estaba seguro que también había otra razón para que ese viejo ranchero sintiera tanto despreció por su familia.

Apenas llegó al rancho Steven, Albert luciendo una camisa estilo escocesa y pantalones cafés, se bajó de su caballo y se acercó a la cerca que cubría el rancho. Ahí se encontró con su sobrino Niel, al que no veía desde que él lo había expulsado del rancho Andrew.

—¿Tio que haces aquí? –le preguntó Niel burlón, ya que él sabía que el señor Steven había invitado a cenar a la esposa de Albert.

—Así que estás trabajando para el señor Steven.

—Sí, ya que tú me echaste de tu rancho–le reprochó Niel con una mirada inundada de rabia.

—Tuve mis razones, no quiero gente que me esté robando.

Niel apretó los puños.

—¡Yo nunca te robé!

—Ha no, crees que no me di cuenta que me estaba sacando dinero de la caja fuerte –lo increpó Albert -Te vi con mis propios ojos Niel.

—Yo solo estaba tomando lo que a mí también me pertenece, se te olvida que soy tu sobrino.

—Sí, pero eso no te daba ningún derecho de robarme, te costaba mucho pedirme dinero.

—¡Para que me dieras puras miserias! –expresó Niel con desprecio.

—Para que querías más dinero para gastártelo en licor y mujeres. Pero bueno no vine aquí para hablar contigo, vengo a buscar a mi esposa.

—Esta cenando con mi patrón –le dijo Niel colocándosele enfrente para que no entrara a la casa.

—Si no me dejas entrar entró a la fuerza.

—No te atreverías…

—Claro que me atrevería –dijo Albert dándole un empujón que provocó que Neil cayera al suelo.

El rubio ingresó al comedor, donde se encontró con Candy sentada en la mesa. Se acercó a ella y la sacó a la fuerza.

—Vámonos de aquí -le ordenó.

—¡Suélteme! –le reclamó ella –Yo no me voy de aquí.

—¡Andrew como se atreve a entrar a mi rancho de esa manera! –le reclamó el viejo ranchero colocándose de pies.

—¡Y usted como se atrevió a invitar a cenar a mi esposa! ¿Qué es lo que pretende?

—Yo no pretendo nada, Andrew.

—Yo no estaría tan seguro de eso, algo pretende.

—Señor Andrew por favor cálmese –le pidió Mery –Fui yo la que le sugerí a mi esposo que invitara a cenar a su esposa para conocerla.

—Señora Steven usted se merece todo mi respeto, siempre la encontrado una mujer correcta, pero no le voy a permitir que venga a intervenir frente a su esposo. Así que lo siento mucho, pero yo me llevo a mi esposa –dijo Albert sacando a Candy del comedor.

Al llegar a las afuera ella se soltó.

—¡Qué le pasa? ¿Cómo me trata de esa manera! –le reclamó furiosa.

—Usted que tiene en la cabeza en venir a cenar a casa de ese viejo, no sabe que es mi enemigo.

—El señor Steven ya me dijo la clase de persona que es usted.

—No sé qué le habrá dicho, pero es lo que menos me importa, nos vamos de aquí –le dijo Albert colocándola en su hombro como a un costal de trigo.

En eso llegó el señor Steve apuntándole con un arma a Albert. Detrás venia su esposa e hijo Tom.

—Thomas por favor baja esa arma –le pidió Mery muy angustiada con lo que estaba pasando.

—Suelte a su esposa y enfréntese a mi como un hombre –lo desafió el viejo ranchero sin escuchar la petición de su mujer.

Albert soltó a Candy y se acercó al señor Steven.

—Aquí me tiene, máteme si es lo que tanto desea –le dijo Albert sin importarle el riesgo que estaba corriendo.

—Es lo que voy hacer –contestó apuntándole.

En eso llegó Sandra que desde su habitación había escuchado todo el alboroto y se puso delante de Albert.

—Tio por favor no lo mates, sino tendrás que matarme a mí también.

—Con gusto lo haría por involucrarte con mi enemigo. Andrew vas a pagar muy caro haber colocado tus ojos en mi sobrina –le dijo apretando el gatillo.

Albert se sorprendió al darse cuenta que el tio de su amante sabia la verdad. ¿Ahora sí que se pondría peluda la situación?

Candy sentía que estaba a punto de ocurrir una desgracia, así que algo tenía que hacer para impedirlo, rápidamente se le ocurrió hacerse la desmayada para que terminara la pelea.

—¡Se desmayó la señora Andrew! –exclamó Tom.

Albert se volteo y se dio cuenta que su esposa estaba tirada en el suelo. Rápidamente se acercó a ella y la tomó en sus brazos.

—Lo siento señor Steven, pero la pelea tendrá que quedar para otro dia –dijo subiendo a Candy al caballo.

—Cobarde –dijo el viejo entrando a la casa con su esposa e hijo.

Sandra se quedó muerta de celos al ver a Albert yéndose con su esposa.

En el camino Candy abrió los ojos.

—¿Cómo se siente? –le preguntó Albert mientras conducía el caballo.

Ella iba sentada frente de él y de lado, con su rostro pegado al fuerte pecho de su esposo.

—Estoy bien, no se da cuenta que fingí el desmayo.

—¿Y por qué hiso eso?

—Para que ese hombre no lo matara.

—¡Vaya usted hiso eso por mí!

—Sí, aunque pensándolo bien habría sido mejor que lo matara, así me libraba de usted de una vez por toda.

—Jajajaja, tiene razón.

Ella también rio.

Albert la observó viendo que era la risa más bella que había visto en su vida.

—A pesar que es una presumida tiene una risa muy bella.

La rubia se sonrojó.

—No juegue conmigo señor Andrew, yo no soy la tal Sandra a la que puede conquistar.

—Claro que no, usted es una chiquilla todavía.

Candy frunció el ceño, ya que no le gustaba que su esposo la siguiera tratando de esa manera.

—Yo no soy una chiquilla, ya soy una mujer.

—Entonces no haga cosas de una chiquilla inmadura.

—¿Se refiere a porque acepte la invitación del señor Steven?

—Sí, nunca debió venir. No se da cuenta que ese hombre me odia.

—Y tiene sus razones para odiarlo. ¿o me equivoco?

—No sé qué le habrá contado de mí el señor Steven, pero todo lo que dijo es falso. Entienda que ese hombre es peligroso, así que es mejor que no lo vuelva a ver.

—Y usted con que moral me dice eso, si tiene una relación amorosa con la sobrina de ese señor -le reprochó Candy como si eso le molestara.

—Eso es parte del pasado, ya no tengo nada con Sandra.

—Pero ella se ve muy enamorada de usted, no vio como lo defendió delante de su propio tio.

—Sí, ella me quiere no se lo puedo negar. Pero yo no, no soy de los hombres que se enamoran. ¿Me cree?

—Sí, porque también yo soy de las mujeres que no se enamoran.

—Jajajaja, al parecer tenemos algo en común.

—Si al parecer –dijo Candy riéndose también.

Llegaron al rancho Andrew donde en las afueras los estaba esperando Anthony, Stear y Patty preocupados por lo que pudo haber pasado.

—Tio que bueno que llegaron –le dijo Anthony acercándose a ellos.

—No se preocupen, no pasó nada malo –contestó Albert ayudando a la rubia a bajar del caballo.

—¿Candy estas bien? –le preguntó Anthony preocupado.

—Sí, estoy bien…gracias –le sonrió la rubia.

Albert los miró frunciendo el ceño.

—Ya entremos a la casa…-dijo.

—Si entremos tio –apoyó Stear –Aquí está haciendo mucho frio.

...

Al otro dia Candy se levantó cerca de las diez de la mañana. Después de darse un rico baño se fue a desayunar al comedor donde solo se encontró a Anthony.

—Buenos días Anthony –lo saludó sentándose frente de él.

—Buenos días Candy –contestó el joven.

—¿Y los demás…?

—Tio Albert trabajando en el rancho y Stear y Patty fueron al pueblo.

—¿Y tú porque no fuiste con ellos?

—Querían estar solos, ellos son novios y el próximo año se van a casar.

—¿Y tú tienes alguna novia en Chicago? –le preguntó Candy bebiendo un poco de jugo.

—Bueno algunas admiradoras, pero novia no tengo.

—Qué extraño, eres un chico muy guapo.

—Gracias –sonrió Anthony –Tu eres una chica muy hermosa, tio Albert es muy afortunado de tener una esposa como tú.

—Lástima que él no lo valore…-comentó Candy con un tono de tristeza.

—Lo que pasa que ninguno de los dos se ha dado la oportunidad de mejorar las cosas.

—No es tan fácil, Anthony…

—Tampoco es algo tan difícil, es cuestión de que ambos se lo propongan. ¿Candy que vas hacer después…?

—Nada importante ¿por qué…?

—Por qué podríamos salir a dar un paseo a caballo, el dia esta precioso para salir a cabalgar –le propuso Anthony con entusiasmo.

—Es que yo no sé montar…

—Es verdad se me había olvidado, pero podemos hacerlo caminando, hay lugares muy bonitos por estos lados.

—De acuerdo Anthony. Termino de desayunar y nos vamos.

...

A la hora de almuerzo llegó Albert como lo hacía todos los días, al entrar a la casa se encontró con Stear y Patty que acababan de llegar del pueblo.

—Hola tio –lo saludó Stear.

—Hola sobrino ¿qué hacen?

—Acabamos de llegar del pueblo, la pasamos muy bien ¿verdad Patty?

—Si, además aprovechamos para comprar unas cosas que necesitábamos –añadió la joven.

—¿Y Anthony fue con ustedes?

—No, el salió con Candy, fue lo que nos dijo Dorothy –contestó Stear.

—¿Y saben dónde fueron?

—No.

Albert salió a las afuera de la casa, cuando a lo lejos vio a su sobrino y esposa que venían caminando tranquilamente y riéndose como si fuera una pareja de enamorados.

El caminó hasta ellos.

—¿Y ustedes donde estaban? –les preguntó serio.

—Salimos con Candy a dar un paseo por aquí cerca –respondió Anthony.

—Anthony me llevó a un lugar muy bonito, un pequeño lago que está cerca de aquí -añadió la rubia.

—No me digan…-dijo Albert mirándolos con desconfianza –¿No debieron salir solos?

—Yo no le veo nada de malo –dijo Candy inocentemente.

—Usted no le vera nada de malo, pero la gente de estos lados es muy habladora y si la ven con un hombre que no es su esposo se va echar mala reputación.

—Lo que menos me importa es mi reputación señor Andrew.

—A usted no le importará, pero a mi si –expresó Albert con molestia.

—Tio por favor no te pongas así -intervino Anthony viendo que su tio estaba bastante molesto con aquel paseo –Nunca pensé que te enfadaría que saliera con Candy.

—Ahora lo sabes Anthony…que sea la última vez que los vea solo por ahí. ¿Entendido?

—Si tio…no volverá a pasar…

—De acuerdo, ahora entremos a la casa –dijo Albert tomándole el brazo a su esposa.

—Suélteme, no soy una niña para que me esté llevando.

—Como quieras presumida…-dijo Albert adelantándose.

—¿Qué hombre tan insoportable?–comentó Candy cerrando su sombrilla –No entiendo por qué se molestó tanto que hubiéramos salido a dar un paseo.

—Lo que pasa que se puso celoso –expresó Anthony riéndose.

—¡Celoso! –exclamó Candy asombrada.

—Sí, sintió celos de que tú salieras conmigo.

—No lo creo…el jamás sentiría celos de mí.

—A mí me pareció que si, a lo mejor te está comenzando a mirar como su esposa de verdad.

Esa noche Candy se la pasó pensando en lo que Anthony le había dicho sobre su esposo, acaso era verdad que había sentido celos. No, eso era imposible, él nunca la vería como su esposa, su relación era horrible, la miraba como a una chiquilla, siempre se lo decía y más encima él tenía una amante. Por qué ella no se creía el cuento que él había terminado su relación con Sandra, esta lo había defendido frente a su tio sin impórtale nada y si una mujer hacia eso, era por un hombre que la quería de verdad. Sin embargo la idea de pensar en que Albert su esposo sintiera celos de ella, no dejaba de cautivarla, aunque no sabía por qué…Ella odiaba a ese ranchero bruto, lo único que quería era terminar su matrimonio con él, pero en el fondo no podía negarse que era un hombre muy interesante, diferente a esos señoritos ricos de Londres. La noche de la pelea que tuvo con el señor Steven se dio cuenta lo valiente que era Albert, enfrento a ese viejo ranchero arriesgando su propia vida, ya que el hombre estaba dispuesto a matarlo. Eso no lo hacía cualquiera y aunque jamás se lo diría sintió admiración por él. Por otro lado durante la cabalgata de regreso al rancho Andrew, se sintió tan bien junto a él, ni si quiera había tenido miedo del caballo, sabía que iba al lado de un hombre fuerte que no iba permitir que nada malo le pasará, por primera vez en su vida se sintió protegida y eso no dejo de sentir una emoción en su corazón. Pensando en eso se comenzó a quedar profundamente dormida.

Durante la noche se levantó de la cama, se colocó unas zapatillas en sus pies y una bata encima de su camisón. Sintió un poco de sed así que decidió salir a la cocina a buscar un poco de agua. Cuando iba atravesando la sala de la casa, vio a Albert que estaba sentado frente a la chimenea con las piernas estiradas y una copa de licor en la mano. Se quedó observándolo unos minutos, viendo lo atractivo que se veía con ese cuerpo tan varonil y esos ojos azules cautivadores que se reflejaban por la luz del fuego, pero también noto que se veía preocupado por alguna razón.

—¿Parece que usted tampoco puede dormir esta noche? –le preguntó Candy caminando hasta él.

—Yo siempre me quedo dormido más tarde –respondió echándole una rápida mirada–¿Y usted que hace levantada?

—Iba a buscar un vaso de agua…-se aproximó más a él -¿Señor Andrew se siente bien?

—¿Por qué me pregunta?

—Por qué lo noto preocupado.

Él sonrió.

—Estoy bien, solo un poco cansado…

—A mí me parece que algo le sucede. ¿Es por el enfrentamiento que tuvo con el señor Steven o porque hoy salí de paseo con su sobrino?

Albert bebió un poco de licor y se acercó a ella.

—Lo que pasó con el señor Steven me tiene sin cuidado, y sobre lo de mi sobrino si me molestó que saliera sola con él, por su reputación.

—¿Por mi reputación o por qué sintió celos? –le preguntó Candy directamente.

—Jajajaja celoso yo, por favor señorita no sea tan presumida, no voy a negar que es muy hermosa, pero es una chiquilla y a mí me gustan las mujeres.

—Yo soy una mujer señor Andrew. ¿Quiere que se lo demuestre?

—Estaría dispuesta…-le preguntó Albert mirándola intensamente.

—Por supuesto que si…

Albert se aproximo mas a ella y con una de sus manos le acarició el rostro llegando hasta sus labios, los observó por un instante y lentamente agachó su cabeza acercándose poco a poco a los labios de su joven esposa, esos labios que templaban de temor, pero que al mismo tiempo ansiaba por ser besados. Sin pensarlo más la boca de aquel ranchero se posesionó en la boca de la bella dama, y ella sin poner ninguna resistencia comenzó a disfrutar de aquel beso tan cálido y apasionado, que estaba provocando que su corazón latiera de una manera que ella no podía controlar. Albert con una de sus manos la tomó por la cintura y la atrajo más a su cuerpo, la rubia coloco sus delicadas manos en el pecho de su esposo, mientras seguía embrujada por aquel beso que la estaba haciendo perder la razón.

—Buenos días Candy –le dijo Dorothy abriendo las cortinas de la habitación, provocando que el sol de la mañana se reflejaba en el bello rostro de la rubia que despertó bruscamente.

—¿Dorothy que haces aquí? –le preguntó sobresaltada.

—Vine a prepararte tu baño.

—¿A esta hora...?

—Pero si es tarde.

—¿Y donde esta...?

—¿De quien hablas? Candy.

—De nadie, no me hagas caso.

—Bueno voy a buscar el agua caliente para el baño -dijo la sirbienta saliendo de cuarto.

—Fue un sueño –expresó Candy tocándose los labios con una de sus manos, sintiendo que aquel beso que se había dado con su esposo había sido muy real, pero no, fue un sueño, solo un sueño.

Continuará…


Hola mis lindas chicas

Espero que se encuentren muy bien y agradecerles sus lindos reviews. La semana pasada no pude actualizar, pero ahora les dejo otro capitulo, que espero que les gusten.

Cariñosos saludos para todas las chicas que me comentaron el capitulo anteriro :

Kata78, elenharket2, Serenity usagi, Kecs, Adriana Garca, elbroche, pelusa778, YAGUI FUN, RORE, Mizty mend, Elo Andrew, Lucy M, Stormaw, Kumi Kinomoto, Adoradandrew, Isasi, Guest, venezolana lopez, Ana isela Hdz, Yuleni Paredes, White Andrew, MollyPay, Balderas, Guest, Pivoine3, Patito1978, tutypineapple, Luz, Glen, Iris.

Un saludo especial para mis dos amigas Tuty que ha tenido a su esposo delicado de salud, mucha fuerza amiga, sigue confiando en Dios para que tu esposo se recupere completamente.

Y el otro saludo es para mi amiga Stormaw que esta emferma, deseo de todo corazon que te encuentre mejor, cuidate mucho.

Mil besos para todas si Dios quiere nos leemos pronto.