Los personajes de Candy Candy pertenecen a sus autoras Mizuki e Igarashi. Esta historia es de mi autoría como todas las que he escrito y lo hago sin fines de lucro, solo por entretención.
La Dama y el Ranchero
CAPITULO VI
Fiesta en el pueblo
En el pueblo se realizó una fiesta costumbrista y como todos los años los empleados del rancho asistían. También quisieron participar Albert junto a sus sobrinos Anthony, Stear y su novia Patty. Candy no quería asistir, pero Patty la convenció para que fuera. Al llegar se pusieron a disfrutar de la música, los juegos, artesanías y ricas comidas que los habitantes del pueblo habían preparado. Stear y Patty se colocaron a bailar y Anthony a jugar los típicos juegos de las ferias. Candy y Albert se quedaron solos, mirando a la gente como se divertía. Mientras eso ocurría, ella de reojo miraba a su esposo recordando el sueño del beso. Habían pasado varios días de eso, y sin embargo era como si hubiera ocurrido la noche anterior. Había sido tan real aquel sueño, que aun sentía en sus labios ese beso que la hacía sentir cosas que le daba un gran temor admitir. No quería ni imaginarse si ese beso ocurriera en la realidad, de seguro que terminaría cayendo en los brazos de ese ranchero, y eso no lo podía permitir. Tenía que mantener la cabeza fría y sobre todo su corazón, porque si llegara a sentir algo por su esposo o mejor dicho enamorarse de él, sí que estaría perdida, porque él nunca la iba querer como ella se lo merece.
—Me imagino lo aburrida que debe sentirse en esta fiesta tan diferente a la que usted asistía en Londres–le dijo Albert al ver la cara de la rubia, aunque él ni se imaginaba lo que ella realmente estaba pensando.
—Se equivoca, no estoy aburrida –le contestó cruzando los brazos –El que esta aburrido es usted.
—Jajajaja, yo la estoy pasando muy bien.
—¿Y por qué no se divierte como los demás?
—La estoy acompañando. ¿Acaso no es mi esposa?
—Usted sabe perfectamente que nuestro matrimonio es una farsa.
—Eso lo tengo más que claro señorita –sonrió Albert –Usted jamás sería una buena esposa para mí.
Candy lo miró frunciendo el ceño.
—¿Que me quiere decir con eso?
—Que le falta mucho para ser una esposa de verdad.
—Si me lo propongo puedo serlo –expresó Candy con altives.
—Jajajaja me gusta su confianza, pero eso no es tan fácil.
—Tampoco es algo tan difícil, señor Andrey.
—Haber dígame. ¿sabe cocinar…?
—No…
—¿Lavar?
—Tampoco…
—Cocer, barrer, trapear el piso, hornear pan, cuidar de las gallinas…
—¡Ya no siga! -le pidió Candy alterada –¡Me quiere volver loca!
—Jajajaja, yo solo estoy comprobando que nunca será una buena esposa para mí.
—Y usted tampoco sería un buen esposo para mí. Es un bruto sin modales que no sabe tratar a una mujer.
—Sandra Steven no opina lo mismo -comentó Albert maliciosamente.
—¡Grosero!…-exclamó Candy con una mueca divertida –Váyase de mi vista. No necesito su compañía.
—Bueno si es así, voy a saludar a un amigo –dijo Albert caminando hasta donde se encontraba George.
Candy sintió ganas de cachetearlo.
...
—William que bueno que viniste –le dijo George cuando el rubio llego hasta él.
—Necesitaba distraerme un poco.
—¿Y cómo van las cosas con tu esposa?
—Iguales, esa chiquilla es insoportable.
—Pero muy hermosa, acaso no te has dado cuenta.
—Claro, si no soy ciego –sonrió Albert echándole una mirada a la rubia, viendo lo hermosa que era con su cabello rubio y esos ojos verdes, como dos luminosas esmeraldas –Lástima que tenga un carácter tan complicado.
—Tú también lo tienes amigo.
—Jajajaja en eso tienes razón. Ninguno de los dos nos soportamos, somos muy diferentes.
—Eso no me cabe duda, ella es una bella dama y tu un ranchero.
—Estás hablando igual que ella, sabes ¿cómo me dice?
—¿Cómo? William.
—¡Ranchero bruto con olor a vaca!
—Jajajaja, esa chiquilla se las trae. Adivina a quien vi dando vueltas en el pueblo.
—¿A quién?
—A Sandra. ¿Has hablado con ella?
—No, aun no me ha confirmado si está esperando un hijo mío.
—Ten cuidado con Sandra, puede ser una mentira, a toda costa quiere que te cases con ella.
—Lo se…la conozco muy bien. Lo peor de todo que su tio ya sabe lo que hubo entre nosotros.
—¿Y intentó hacerte algo?
—Me quiso matar cuando fui a buscar a Candy a su rancho.
—¿Y tu esposa que hacía en el rancho de ese viejo?
—Te voy a contar…
...
En eso llegó Tom, en compañía de Niel y de otros empleados del rancho del señor Steven. Al ver a Candy sola de inmediato se acercó a ella.
—Que sorpresa verla aquí señora Andrew –le dijo Tom dándole un beso en la mano.
—Vine un rato a la fiesta.
—Me parece muy bien, me imagino lo aburrida que debe estar en ese rancho todo el tiempo.
—Mucho, extraño tanto mi vida de Londres –comentó Candy dando un suspiro de frustración.
—Ese ambiente no es para usted, ojala que pronto se divorcie de Andrew. Usted necesita otra clase de hombre…
—Si tiene razón…
—Espero que no la haya maltratado el dia que fue a cenar al rancho de mi padre.
—No se preocupe no me hiso nada, yo sé muy bien cómo controlarlo.
—Me alegra saberlo, todos quedamos muy preocupados por usted.
—Me imagino, pero no ocurrió nada malo.
—¿Y ahora donde está su esposo?
—Platicando con un amigo.
—¿Señor Andrew le gustaría bailar conmigo?
—No se bailar esta música…
—No es difícil, yo le enseño. ¿Bailamos?
—De acuerdo señor Steven –dijo Candy con una sonrisa.
—Llámeme Tom.
Tom llevo a la rubia a la pista de baile y se puso a bailar con ella. Para Candy era un baile nuevo, era una música country que no conocía, ella siempre había bailado valses en Londres, pero esta le estaba pareciendo muy divertida.
En ese momento Albert que estaba con su amigo George, se dio cuenta que su esposa estaba bailando con el hijo de su enemigo. Eso lo inundó de rabia que rápidamente se acercó a ellos.
—Lo siento mucho Tom, pero es hora de bailar con mi esposa –le dijo Albert quitándosela.
Tom apretando los puños se marchó de la pista de baile.
—Señor Andrew con qué derecho viene a interrumpir el baile con Tom –le reclamó Candy.
—Con el derecho que usted es mi esposa y no voy a permitir que este bailando con el hijo del señor Steven.
—La estaba pasando muy bien con él, me estaba enseñando a bailar esta música.
—Yo también puedo hacerlo…
—No creo que baile tan bien como Tom.
—Le voy a demostrar que bailo mucho mejor que Tom Steven –dijo Albert girando con ella al compás de la música.
Candy se dio cuenta que su esposo bailaba muy bien.
—Para ser un bruto no baila tan mal –le comentó la rubia divertida.
—Jajajaja se lo dije. En todo caso usted no lo ha hecho nada de mal.
Ella le sonrió.
—Gracias por el cumplido señor Andrew…
Desde otro lugar de la fiesta Sandra los estaba observando inundada de celos y rabia al ver que el hombre que ella amaba bailaba felizmente con su esposa. Eso le hiso sentir un gran temor, que pasaba si Albert se terminara enamorando de la chiquilla, después de todo era muy hermosa y podría lograr que Albert cayera en sus encantos.
"Tengo que destruir ese matrimonio lo antes posible, esa chiquilla no me va quitar a William", pensó Sandra.
…
Después de bailar los rubios se reunieron con los demás para seguir disfrutando de la fiesta. Candy se sentía contenta y por primera vez cómoda al lado de su esposo, que no era tan bruto como ella pensaba. Albert por otro lado también sentía la misma sensación, después de todo esa chiquilla no era tan presumida.
Empezaron algunas competencias, como la del saco, de tiro al arco y la del tronco la más esperada por todos.
—Tio por que no participas en la competencia del tronco –le sugirió Anthony.
—Si tío estoy seguro que ganaría –añadió Stear.
—¿Por qué no muchachos? –contestó Albert.
—Entonces vamos para que te inscriba.
Minutos después se realizó la competencia, donde participaron cuatro hombres entre ellos Tom Steven y Albert. Cada uno tenía un tronco que cortar con un hacha, el que terminaba primero era el ganador.
—Tío tu puedes –lo alentaban Anthony y Stear.
—¡Si patrón usted es el mejor! –le gritó Jimmy junto a Dorothy y otros empleados del rancho.
Candy no decía nada estaba tan nerviosa, deseando que su esposo ganara.
—El patrón va ganar le falta poco –dijo el capataz.
En eso Albert dio el último hachazo y terminó de cortar el tronco.
Todos aplaudieron felicitándolo.
En eso llego Sandra se acercó a él y le dio un apasionado beso delante de todos.
—Yo sabía que ibas a ganar mi amor –le dijo al terminar el beso.
Candy se murió de celos con aquel beso que Sandra le había dado a su esposo, que sintió ganas de agarrarla de las mechas, pero se contuvo después de todo esa mujer era la amante de Albert. Furiosa se marchó de la fiesta.
—¿Candy a dónde vas? –le preguntó Patty.
—Me voy, no quiero seguir aquí –respondió yéndose.
—¡Sandra que hiciste! –le reclamó Albert.
—Mi amor…tenía que felicitarte por tu logro.
—Pero no así…
—Patrón vamos para que vaya a recibir el premio son dos yuntas de huelles –le dijo Jimmy.
—Si vamos…¿Y dónde está Candy? –preguntó Albert a no verla en el grupo.
—Ella se fue, dijo que se aburrió de la fiesta –contestó Patty.
Albert se decepciono y Sandra se rio había conseguido lo que quería.
...
En ese momento una fuerte lluvia comenzó a caer y el viento a soplar fuerte. Todos se fueron a sus casas y Albert y los demás al rancho, pensado que Candy ya había llegado, pero no ella no se encontraba en la casa.
—Señor Andrey su esposa no está en la casa –le anunció Dorothy.
—¿Como que no está?
—Fui a su habitación y no se encuentra, la busqué en toda la casa y tampoco.
—¡Maldición! Debió haberse perdido.
—Tío vamos a buscarla…-le sugirió Anthony.
—Si vamos…Hay que buscar unos caballos.
—Yo también voy con ustedes –dijo Stear.
Albert junto a sus sobrinos y algunos de los empleados del rancho salieron a buscar a Candy, que se había perdido en el camino al rancho. La lluvia comenzó caer intensamente mientras Candy iba caminado en medio de un camino de tierra, ya que había tenido la brillante idea de irse del pueblo caminando, sin pensar que se podría perder. Pero se había sentido tan furiosa al ver que Sandra Steven había besado a su esposo, que no quiso permanecer ni un minuto más en la fiesta. Sentía una rabia tan grande en por que Albert permitía que esa mujer lo besara y más encima en presencia de ella, claro por qué seguía siendo su amante, a pesar que siempre se lo negaba.
Ahora por su culpa se encontraba sola de noche y en un lugar que no conocía, más encima lloviendo a cántaro. Siguió caminando hasta que encontró un árbol donde se refugió.
Minutos despues Albert desde su caballo la vio a lo lejos, se bajó y corrió hasta ella.
—Así que aquí estaba. ¡Como se le ocurre venirse sola de la fiesta!
—No tenía ganas de estar en esa fiesta.
—La estábamos pasando bien.
—Se equivoca, estaba muerta del aburrimiento.
—Claro demasiado vulgar una fiesta de pueblo para una dama de Londres.
—Usted lo ha dicho –confirmó ella con orgullo –Y para que se preocupa que yo me haya venido sola, si usted lo estaba pasando muy bien con la mujer esa de su amante.
—¡Sandra ya no es mi amante!
—Y el beso, acaso lo soñé.
Él levanto una ceja.
—Habla como si estuviera celosa.
—¡Yo jamás sentiría celos por un ranchero como usted!
—Dejemos esta tonta discusión y vámonos al rancho –le dijo tomándola del brazo.
—¡No quiero volver…!- protestó soltándose de él.
—¡Tendrá que hacerlo!
—¡Le digo que no…!
—¡Y yo le digo que sí! No se da cuenta como llueve.
—No me importa –dijo cruzando los brazos como una niña caprichosa.
En ese momento una rama de un árbol se estaba desprendiendo e iba caer con dirección a Candy. Albert la saco de ese lugar provocando que la gruesa rama golpeara fuertemente su cabeza, dejándolo aturdido en el suelo.
Candy se quedó mirándolo horrorizada.
Continuará...
Hola lindas chicas
Aqui les dejo otro capitulo de regalitos, varias de ustedes quedaron con ganas de leer mas de la historia, asi que espero que la difruten.
Un cariñoso saludo para las chicas que comentaron el capitulo anterior :
elenharket2, Cascia, elbroche, Yuleni Paredes, glen, Elo Andrew, YAGUI FUN, Kata78, RORE, Lucy M, pelusa778, gloria Monroy, CONEJA, Isasi, White Andrew, Serenity usagi, Guest, Jhana Marti, pivoine3, Stormaw, Gaby LezU, venezolana lopez, Kumi Kinomoto , Ana isela Hdz, Kecs.
Besitos para todas y gracias por todo su apoyo.
