Los personajes de Candy Candy pertenecen a sus autoras Mizuki e Igarashi. Esta historia es de mi autoría como todas las que he escrito y lo hago sin fines de lucro, solo por entretención.


La Dama y el Ranchero

CAPITULO VIII

El dinero de Tom Steven

Después de pensarlo por muchos días, Candy tomó la decisión de pedirle dinero a Tom Steven, como el mismo se lo había ofrecido. Era la única manera que tenía para poder huir del rancho Andrew y terminar con ese matrimonio de una vez por toda, un matrimonio que cada dia que pasaba le estaba haciendo más daño. Ya no solo era la convivencia con un hombre que no tenía nada que ver con ella, sino que su corazón estaba sintiendo cosas por aquel ranchero bruto. Cosas que odiaba sentir, porque lo que menos quería en la vida era enamorarse de él, pero que sino huía lo antes posible del rancho lo terminaría haciendo.

Esa mañana apenas se levantó busco a uno de los empleados del rancho y le pidió que le llevara una nota a Tom, claro sin que su esposo Albert lo supiera. Le regaló una bonita pulsera para que le hiciera el favor, y esa misma mañana el sirviente hiso lo pedido por la rubia, trayéndole otro papel donde Tom le decía que en la tarde la esperaba cerca de la cascada.

—Señora Andrew la estaba esperando –le dijo Tom dándole un beso en la mano.

—Me tarde un poco, es que no quería que nadie me viera salir.

—No se preocupe, yo entiendo. Le traje el dinero que me pidió –le dijo pasándole un sobre.

La rubia lo abrió encontrándose con una buena cantidad que le permitiría irse lo más lejos posible del rancho Andrew.

—Oh gracias Tom –le dijo Candy agradecida –No sabe cuánto lo necesito. A penas pueda se lo voy a devolver.

—No es necesario, tómelo como un regalo.

—No, apenas pueda se lo mandaré.

—Como quiera, lo importante que deje a Andrew, ese hombre solo la va ser sufrir. No sé si sabrá, pero él hace tiempo que tiene una relación con mi prima Sandra.

—Si lo se…-dijo Candy con tristeza.

En ese momento Anthony y Stear que andaban dando un paseo a caballo vieron a Candy y a Tom. Ambos se miraron sintiendo que algo extraño estaba pasando, así que de inmediato se fueron al rancho de su tio.

...

Al llegar se encontraron a Albert que estaba ordenando unos sacos de trigo de su última cosecha.

—Hola tio –Stear le hiso una seña con la mano.

Albert caminó hasta ellos.

—Muchachos. ¿Dónde estaban?

—Salimos a dar un paseo…

—Qué bueno…

—Tio hay algo que tenemos que contarte –le dijo Anthony sin saber cómo iba decirle lo que habían visto.

—¿Que sucede?

—Cerca de la cascada nos encontramos a Tom Steven con tu esposa.

—¡Con Candy¡ -exclamó frunciendo el ceño.

—Sí, ella estaba en ese lugar en compañía de Tom Steven –añadió Stear.

—¿Están seguros?

—Por supuesto tio, los vimos platicando –confirmó Anthony.

—Tio tienes que cuidar más a tu esposa, no es bueno que ella hable a solas con otro hombre y menos con el hijo de tu enemigo –le dijo Stear.

Albert apretó los puños preguntándose que estaría haciendo su esposa con Tom Steven.

Minutos después Candy llegó al rancho Andrew, sintiéndose contenta por el dinero que Tom le había dado y que le permitiría irse lo antes posible. Pero al entrar al salón de la casa se encontró con Albert que la estaba esperando.

—¿De dónde viene?–le preguntó.

—Salí… a dar un paseo…-respondió ella titubeante.

—En la cascada. ¿Verdad?

Los ojos de ella se abrieron como plato.

—Bueno…si ¿cómo lo sabe?

—Mis sobrinos la vieron acompañada de Tom Steven. ¿Qué hacía con él?

Ella trago seco, viendo que el rostro de su esposo estaba completamente enfadado. Si antes lo había visto furioso, ahora sí que lo estaba de verdad.

—Nos encontramos por casualidad en ese lugar…

—¡No le creo! ¿Qué tiene con ese idiota? –le preguntó Albert tomándola por el brazo –¿Acaso le gusta?

—Si me gusta, es mucho más caballeroso que usted –contestó Candy mintiendo.

—¡Pero yo soy su esposo y no voy a permitir que me esté engañando con él¡ -gritó Albert envuelto en unos celos que no podía controlar.

—Con que moral me reclama eso si usted se besa en esta casa y frente de mi con su amante.

—Eso no volverá a ocurrir –dijo Albert más calmado y soltándola –Sandra no regresará a esta casa.

—Claro. ¿Cómo no?…-dijo Candy sin creerle –Me va seguir diciendo que no es su amante.

—¿Por qué le molesta tanto que me haya besado con Sandra?

—¡Me da lo mismo que se haya besado con esa mujer!

—¿Parece que estuviera celosa? –le preguntó Albert mirándola fijamente.

—Jajajaja celosa yo de usted.

—Si celosa.

—Ni que estuviera loca sentir celos de usted –expresó la rubia dando unos pasos hacia atrás –Usted no me provoca nada ranchero con olor a vaca.

El comenzó a seguirla.

—Reconozca que lo está.

—No lo estoy…

—Si lo está…–la siguió hasta que ella quedo arrinconada en una pared.

—No digas cosas que no son.

—Acaso no le gustaría que la besara –le dijo él tomándole la barbilla y acercándose a los labios de ella.

Candy lo miraba parpadeando rápidamente, sintiendo que su corazón se le iba salir por la boca.

—No se atreva a besarme…

—Tengo todo el derecho de besar a mi esposa y lo voy hacer -dijo besándola sin que ella lo pudiera evitar.

Candy quiso romper el beso, pero no pudo y se dejó llevar por aquellos labios tan cálidos que la estaba llevando a tocar el cielo y la hiso recordar el beso del sueño. Aunque odiaba a ese ranchero tenía que reconocer que ese bruto besaba divinamente.

En ese momento a Candy se le cayó el sobre con dinero.

Albert lo miró y recogió de inmediato.

—¿Y este dinero de donde lo sacó? –le preguntó.

—El dinero…

—¿No me diga que se lo dio Tom?

Ella al verse descubierta cerro sus ojos y trago seco.

—¿Dígame se lo dio Tom Steven...?

—Si el me lo dio, para irme muy lejos de aquí.

—Lo último que me faltaba que tenga que recibirle dinero a esa gente –protestó Albert indignado –Pero esto no se va quedar así.

—¿Que va ser…?

—Poner en su lugar a Tom Steven –contestó marchándose al rancho Steven.

Candy se puso a llorar sintiendo que podía ocurrir una desgracia. En ese instante llegaron Anthony y Stear.

—¿Candy porque estas llorando? –le preguntó Anthony.

—Es que tu tio fue al rancho del señor Steven.

—Con razón iba tan apurado –dijo Stear.

—Por favor vayan a buscarlo…

—Tranquila, nosotros lo vamos a buscar.

Tom acaababa de llegar a su rancho, donde de inmediato se fue a la biblioteca para hablar con su padre, este se encontraba con su sobrina Sandra.

—Papá ya estoy aquí –le dijo al entrar.

—Cuéntame. ¿Cómo te fue con la señora Andrew?

—Muy bien, le di el dinero, quedo muy agradecida.

—Estúpida, por fin me libre de ella –expresó Sandra –Ahora sí que me voy a poder casar con William.

—Eso espero sobrina –le dijo el señor Steven con una mirada severa –No estoy dispuesto a esperarte más.

—Tranquilo tio, William se va casar conmigo, eso te lo doy firmado.

—¿Tanta seguridad tienes prima?–le preguntó Tom.

—Es que lo estoy…-sonrió ella –Así que desde ahora voy a comenzar con los preparativos de mi boda con William.

—Y después de eso yo volveré a tener mis tierras –comentó el señor Steven con alegría.

—Así será tio –Sandra le tomó un hombro –Apenas me case con William te voy a devolver tus tierras, es una promesa.

En eso entró Neil interrumpiendo la conversación,

—Señor Steven afuera esta mi tio William.

Todos se miraron preocupados.

—¿A que habrá venido –se preguntó el viejo ranchero.

—Papá a lo mejor se enteró que yo…

Sandra se acercó a la ventana y vio la silueta de Albert bajando del caballo, viéndose realmente furioso.

—Parece que si por la cara que trae…

—Papá ese ranchero me va matar –expresó Tom temeroso.

—Tranquilo hijo, yo voy hablar con él.

—No tio, déjame hacerlo a mí, yo sé cómo manejarlo -le dijo Sandra.

—Esta bien, ve tú...

La joven salió de la casa y se dirigió hasta Albert.

—Mi amor me viniste haber –le dijo con ganas de abrazarlo por el cuello, pero él no se dejó.

—No vengo haberte a ti. ¿Dónde está el desgraciado de tu primo?

—Tom salió con mi tio -le mintió - ¿Qué ocurre con él?

—El muy desgraciado le dio dinero a mi esposa para que se fuera del rancho. Claro seguramente el viejo ese de tu tio está detrás de todo esto.

—¿En serio hicieron eso? -se hiso la asombrada.

—Por favor Sandra no te hagas, apuesto que tú lo sabias.

—Claro que no mi amor…aunque es lo mejor que tu esposa te deje. No olvides que estoy esperando un hijo tuyo y que tienes que casarme contigo.

—Eso no me costa Sandra…

—William piensas que te estoy mintiendo…

—Tu eres capaz de cualquier cosa…ahora déjame buscar a tu tio y primito sé que están en el rancho.

En eso llegaron Anthony y Stear.

—Tio vámonos de aquí…-le pidió Anthony tomándolo por los brazos.

—¡No me iré! Tengo que darle su merecido a ese idiota de Tom Steven.

—Tio por favor vamos, no vale la pena que te peleas con el –le dijo Stear.

—Si William vete, ya te dije que mi primo y tio no están.

—Está bien, pero dile a tu primito que no se atreva acercarse a mi esposa por que la próxima vez lo mato –le advirtió Albert y se marchó con sus sobrinos.

En solo minutos llegaron al rancho, donde Candy junto a Patty los estaban esperando.

—Qué bueno que llegaron –dijo Patty acercándose a su novio –Que pasó.

—Llegamos a tiempo, por suerte Tom no se encontraba en el rancho, sino tio William no habria matado.

Candy se acercó a ellos.

—Yo siento mucho lo que sucedió –se disculpó apenada.

Albert la miró sintiendo ganas de darle una buenas nalgadas.

—¿Cómo se le ocurre pedirle dinero al hijo de mi peor enemigo? ¿Qué tiene en la cabeza? ¡Ya me tiene harta con sus niñerías!

—No volverá a ocurrir -dijo Candy arrepentida por la locura que había cometido.

—Claro que no volverá a ocurrir, yo mismo le voy a dar el dinero para que se vaya de aquí cuanto antes.

—Pero usted me dijo que si los caballos…

—Olvídese de eso, quiero que se vaya de aquí lo antes posible. No estoy dispuesto a aguantarla más.

—¿Está hablando en serio?

—Sí, acaso usted no quiere irse también.

—Por supuesto que quiero irme de aquí, es lo que más deseo.

—Entonces lo antes posible se ira del rancho Andrew para siempre.

Días después Candy tenía todo listo para irse del rancho. Sin embargo no se sentía completamente feliz, a pesar de las circunstancias que había llegado al rancho lo iba a extrañar y mucho. Durante todos los meses que había vivido en aquel lugar había aprendido a acostumbrarse un poco a la vida de campo, claro eso no significaba que no deseara volver a la ciudad, pero sabía que una parte de ella se quedaría en ese paisaje de colinas y árboles que siempre tendría en su memoria. Por otro lado las personas que había conocido, sus queridas amigas Dorothy y Patty, el simpático Jimmy y los sobrinos de su esposo Anthony, Stear muchachos encantadores que se habían ganado un lugar en su corazón. También aunque se odiaba admitirlo iba a extrañar a ese ranchero bruto que muchas veces la hiso rabiar con su actitud, pero que también la hiso sentir cosas que tocaron lo más profundo de su corazón. Estaba segura que nunca lo iba olvidar y que si su matrimonio con él hubiera sido de otra manera, se habría quedado en aquel rancho junto a el para siempre.

Unas lágrimas cayeron por sus mejillas antes de salir de su cuarto, lo observó por última vez y se dirigió hasta la sala donde todos la estaban esperando.

—Candy te vamos a extrañar mucho –le dijo Anthony dándole un abrazo

—Yo también a ustedes, ha sido un placer haberlos conocido.

—Escríbenos cuando puedas –le dijo Patty.

—Claro que lo voy hacer, además tienen que invitarme cuando te cases con Stear.

—Claro que te invitaremos –le dijo Stear.

—Candy mira te preparé unos panecillos para el viaje –le dijo Dorothy pasándoselos.

—Oh Dorothy, gracias, te quiero mucho.

—Yo también Candy, cuídate mucho.

—Ya vamos, se hace tarde –le dijo Albert.

—¿Usted me va llevar a la estación?

—Si vamos…

Candy se despidió por última vez de sus amigos y se subió a la carreta con Albert, donde comenzaron el viaje hacia el pueblo donde estaba la estación. Ambos iban en silencio solo mirándose de reojo ninguno de los dos se atrevía a hablar, quizás porque ambos tenían miedo de decir lo que realmente estaban sintiendo.

—Parece que va llover –comentó Candy mirando el cielo que estaba lleno de nubes.

—Albert también lo observo.

—Sí, tenemos que apresurando antes que caiga la lluvia.

—¿A qué hora sale el tren para Chicago?

—Como en dos horas más, llegaremos a tiempo. Cuando llegue a Chicago se tomara un barco hacia Londres ¿verdad?

—No pienso irme a Londres –contestó ella con una voz segura.

—Entonces. ¿Dónde va ir?

—A viajar por el mundo.

—¡Viajar por el mundo! –repitió Albert frunciendo el ceño.

—Si es lo que siempre he querido…¿le parece muy escandaloso que una joven como yo quiera viajar?

—No, es más…a mí también me gustaría hacerlo, pero no puedo dejar el rancho.

—Vaya parece que tenemos otra cosa en común.

—Si –sonrió Albert.

—¿Y qué va pasar con nuestro matrimonio? –le preguntó Candy con interés.

—No se preocupe buscare un abogado para que lo anule.

—Me imagino que usted se va casar con la tal Sandra.

—Se equivoca, a mí no me interesa casarme con ella. No me gusta el matrimonio como a usted.

El viaje continuó tranquilamente, cuando de repente un hombre emascarado se le atravesó impidiéndole el paso.

—No se mueva o disparo -le dijo apuntándole con un arma.

Candy le tomó un brazo a su esposo sintiendo mucho temor.

—¿Qué es lo que quiere? -le preguntó Albert al bandido.

En ese instante apareció otro hombre caminando y enmascarado también, dándole un golpe en la cabeza a Albert.

Candy quiso dar un grito, pero el mismo hombre le tapó la boca con un paño con cloroformo para que perdiera el conocimiento. Ambos hombre se llevaron a Candy, dejando a Albert aturdido en el suelo.

Media hora después Albert con la cabeza rota producto del golpe que había recibido regresó a su rancho, donde inmediato mando a sus hombres para que buscaran a su esposa. Todos quedaron impactados con la noticia, preguntándose quien pudo haber secuestrado a la rubia.

—Tio tienes que curarte la herida de la cabeza –le dijo Anthony viendo como sangraba.

—No te preocupes sobrino, estoy bien, tengo que ir a buscar a Candy, si algo le pasa jamás me lo perdonaría.

—Nosotros vamos contigo –le dijo Stear.

—No, es mejor que se queden aquí, es algo peligroso.

—Cuídate mucho tio.

—Gracias Stear, voy a estar bien.

—Yo voy a estar pidiendo por usted y Candy –le dijo Patty.

—Reza mucho Patty para que encuentre a mi esposa sana y salva –le pidió Albert temeroso por esa chiquilla presumida que ya estaba ocupando un lugar en su corazón.

Continuará...


Hola lindas chicas.

Aqui les dejo el capitulos que le prometi, disculpe si no me salio mas largo es que hoy me toco varias cosas que hacer. Espero que lo difruten jejejeje.

Gracias a todas las chicas que me siguen apoyando y a las que siguen colocando mi fic en sus favoritas.

Elbroche, YAGUI FUN, venezolana lopez, Guest, Elen, Guest, RORE, Fanny, Isasi, Kecs, White Andrew, Lucy M, Kumi Kinomoto, Serenity usagi, Guest, Glen, Mahidevran Sultana, Yuleni Paredes, Pivoine3, pelusa778, Guest, MollyPay, ADRIANA GARCIA, Chickiss SanCruz, Stormaw, CONEJA.

Un cariñoso abrazo a la distancia y que tenga un lindo fin de semana.