Lux in tenebris.

Hola. ¿Como han estado? Espero que muy bien.

Mi teléfono me odia, así que espero que no se me borre todo otra vez.

Antes que nada quiero agradecer a quienes se han tomado el tiempo de leer y comentar, seguro que ya ni recordaban que habian comentado este fic porque han pasado meses XD pero aun así

Muchas gracias: Momokamatsu (que para mi siempre seras Sushimatsu) PukaSaotome13 , atziig ,vampire tree , LaV3nus6, Karinio , hitomi79, Sbloccare, ALTRELAU , Saki, Matrix ,Karamatsugirl y Lanekopandicorniosauriolvl3mil

Espero que les guste.


Lux In Tenebris.

VIII.- Reminiscencias del pasado.

Parte I - Vita et Morte.

La primera vez que abriste los ojos te encontrabas en un lugar oscuro y frío, cuando tus ojos miraron a tu alrededor no encontraron nada mas que oscuridad y por un tiempo viviste entre las tinieblas. No sabias cuanto había pasado, el tiempo en la oscuridad parecía una eternidad o quizás fue de ese modo, hasta que cierto día un brillante hombre/ente apareció.

Al principio no era más que una pequeña orbe de luz blanca que iluminaba todo a su alrededor, cuando tus ojos vieron por primera vez esa luz casi quedaste cegado por ella, aquellos ojos nunca habían captado nada más que oscuridad de pronto se habían encontrado con algo tan radiante que no podías hacer nada más que admirarle de lejos.

Poco a poco el mundo lleno de oscuridad se fue aclarando gracias a ese nuevo ente, su lado de aquel mundo que compartías con él estaba repleto de colores claros, verde, azul, rosa, amarillo, violeta y muchos más mientras el tuyo estaba repleto de rojo, negro y gris. El suelo que pisabas ardía constantemente y su suelo estaba repleto de vida.

Él era luz, tú eras la oscuridad. Los dos eran totalmente opuestos.

Aun así lo encontrabas tan enigmático, con esa vestimenta blanca, esos racimos de olivo en su cabello negro como tu túnica, la primera vez que esa luz tomo forma lo viste salir de ese lago cristalino en el cual había nacido y crear de la nada pequeñas flores multicolores tan solo con pasar los dedos por la superficie de la tierra.

Él se veía tan intrigado y confundido como tú en ese momento que no pudiste evitar invadir su espacio y caminar hasta ese lago de agua cristalina.

—¡Eso fue genial! ¿Como lo hiciste? —al escucharte rápidamente volvió a entrar al fondo del lago, te acercaste a la orilla tratando de encontrarlo nadando entre aquella agua cristalina, pero lo que te regreso la mirada fue tu reflejo. Era la primera vez desde que "fuiste creado" que veías tu aspecto, tu cabello era de color negro, tu piel era pálida y tus ojos eran de color escarlata oscuro. Era como si estuvieras viendo a el ente del lago.

¿Por qué eran parecidos?

Era algo que no podías comprender. Pero como si esa duda no fuese importante desapareció completamente de tu mente cuando tu reflejo en el agua se rompió para dejar salir a el hombre que vestía de blanco. Sus ojos eran del color de las olivas y en su rostro se dibujaba una mueca de preocupación, al verlo te daba un sentimiento de añoranza que no sabias explicar del todo.

—¿Quien eres tú? —pregunto con un tono de desconfianza en la voz.

—Bueno...no lo sé. —lo pensaste un momento, en realidad no tenias idea de quien eras. Simplemente habías aparecido allí un día y a parte de la voz misteriosa y susurrante que escuchabas en la oscuridad no sabias nada en lo absoluto. Te encogiste de hombros negando moviendo ligeramente la cabeza. El de ojos verdes no te reprocho nada ya que estaba en las mismas condiciones.

Alguien, (aun no sabían quien) los había puesto en ese lugar sin decirles con que propósito, solo estaban los dos. Sin saber que hacer, sin saber que o quienes eran; excepto que eso ultimo estaba un poco nebuloso. Y cada vez que tratabas de pensar en algo sobre eso no obtenías nada más que oscuridad. Aun así había algo que sobresalía entre aquella oscuridad en tu cabeza.

[Osomatsu]

¿Qué era? ¿Por qué era lo único que estaba en tu cabeza? ¿Por qué te provocaba ese sentimiento de añoranza y te hacia sentir incompleto? No lo sabias.

—Osomatsu... puedes llamarme así...creo. —el hombre en el lago parpadeo confundido, su mirada paso rápidamente del agua hacia tu rostro en varias ocasiones antes de volver a hundirse lentamente susurrando una sola palabra.

—Choromatsu...

Un poco de la soledad que habías estado sintiendo hasta ese momento se disipo. Aunque no lo entendías del todo ese mismo momento algo empezó a surgir.

Cierto día mientras estabas acostado frente al lago del lado de Choromatsu el dios creador que los había puesto en ese lugar se apareció.

Si antes habías pensado que la luz de Choromatsu al nacer había sido segadora, ahora, con esa luz que no te dejaba ver lo que había frente a ti (y por lo tanto mantenía la apariencia de el creador en anonimato) te hacia cambiar totalmente de opinión.

"Dios" les dios por fin un rol que cumplir y les explico la razón por la que habían sido creados. Hizo que olvidaran el nombre que ustedes mismos se habían dado y los renombro como Vita y Morte.

Choromatsu era la vida y su lago cristalino se convirtió en el lugar donde blancas y puras almas eran creadas.

Por tu parte tú fuiste llamado Muerte, la oscuridad de tus dominios te vistió de una túnica negra que desintegraba y volvía a formarse como humo y del fuego que era tu lago una guadaña de enorme tamaño apareció, con un filo capaz de cortarlo todo. Tu lago no tenia nada más que fuego, pero en algún momento estaría lleno de almas "corrompidas" que se purificarían en sus llamas para regresar al lago de la Vida.

Seguían siendo tan contrarios, él la vida, tú la muerte.

Él el principio, tú el final.

Él una hermosa mentira y tú una horrible realidad.

Lo detestabas. No a Choromatsu, lo que detestabas era la idea de ser algo tan opuesto...Querías ser lo mismo que él.

Las primeras épocas fueron tranquilas, Choromatsu creaba vida nueva, animales, plantas y algo llamado "humanos", estos últimos eran sus favoritos, Vida les daba la apariencia, la bondad, los creaba siendo puros y Dios los corrompía con miedos, inseguridades, malicia. Los volvía "humanos". Tu trabajo era ir a la tierra cuando se les terminaba el tiempo y recolectar sus almas, pero aquellos primeros humanos vivieron demasiado porque estabas distraído y embelesado con todo lo que hacia Vida.

Aun si Dios arruinaba todo lo que Vida hacia, tú seguías admirando su trabajo y la dedicación que ponía en hacer diferente a cada humano. Choromatsu era como un dios y eso no le gusto para nada al creador.

Cierto día, sin avisar, una tormenta arraso con todos los humanos que Choromatsu había creado. Por 40 días y 40 noches completas el lugar donde se había asentado la primer oleada de vida en la tierra fue arrasada por el agua.

Un evento que los humanos creyentes de ese dios sádico conocieron luego como "el diluvio universal" y en el cual, según historias inventadas, un hombre llamado Noe había salvado a su familia y a dos animales de cada especie por ordenes de Dios. Viles mentiras. El creador no hablo con ningún humano, no les dio oportunidad de arrepentirse de nada ya que ellos no habían hecho nada malo, simplemente desquito su ira con las creaciones de Vida.

No conforme con eso, durante ese periodo de lluvia (y los años después que tardo en secarse) el creador recubrió de grueso hielo el lago de la vida, logrando así no solo que las almas purificadas que buscaban regresar murieran para siempre, sino también que no se pudiera crear más vida por ese tiempo y lo peor de todo que Choromatsu no pudiera salir del lago por mucho tiempo.

Por un tiempo indefinido, después de que el creador los dejara solos de nuevo, empezaste a tratar de quebrar el hielo para liberar a Vida.

—Se podría decir que, estoy tratando de romper el hielo contigo. —le diste un guiño coqueto a Choromatsu y aun a través del hielo podías ver como te lanzaba una mirada que parecía decir "eres un estúpido".

Aun si no podías escucharlo te imaginabas como sonaría su voz en ese momento. Estuviste intentando liberarlo hasta quedarte sin fuerza, cansado te dejaste caer sobre tus rodillas, no habías logrado ni un avance y eso te enfurecía. Con frustración golpeaste el hielo un par de veces con los puños hasta que el transparente hielo se tiño de rojo, te preparabas para dar otro puñetazo más fuerte pero te detuviste al ver la mano de Choromatsu ponerse en el hielo bajo el cual estaba tu mano.

Extendiste tu palma justo como él, casi parecía que estabas tocándolo y sin embargo estaba tan lejos. Era doloroso, incluso más que tus huesos rotos... era como si te estuvieran arrebatando a Choromatsu. No pesabas permitir eso, no otra vez. Tu guadaña que todo podía cortar se negaba a cooperar para romper la superficie del lago congelado, sospechabas que algo tenia que ver el creador en todo eso.

Necesitabas una arma más poderosa que esa guadaña.

—Volveré, no te pajees en mi ausencia. —Choromatsu aparto su mano del hielo lanzándote una mirada furiosa. Una mirada que te parecía reconocer, como si lo hubieses visto en otra vida. (cosa que creías imposible).

Por unos segundos recargaste tu frente en el hielo, y tu mano recorrió despacio como si estuvieras tocando al de ojos verdes a través de el hielo.

—Volveré y te sacare de allí. —Le dijiste con convicción y después, en un susurro que no pudiera escuchar agregaste. —Te amo...

Y por dulce la mirada que te dedico, te parecía que movía los labios susurrando un "y yo a ti".

Sin perder un segundo más te levantaste del hielo y te dirigiste hasta el lugar más oscuro que existía con el objetivo de encontrar al único que podía ayudarte la deidad conocida como :Tenebris.

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El territorio de Tenebris era solo oscuridad, parecido al lugar donde habías nacido. Algunas veces antes de que Choromatsu apareciera al único al que tenias para hablar era Tenebris, pero este ente no hablaba mucho y siempre parecía que estabas completamente solo.

Al igual que el creador, Tenebris no tenia una forma definida como los humanos, normalmente aparecía como una pequeña luz de color violeta envuelta en humo negro y espeso. El era una deidad, la representación de la luz en la oscuridad. Existía mucho antes de que fueses creado, incluso antes de que el creador existiese.

Era una deidad guardiana, encargada de que todo "funcionara".

Su voz era como un susurro constante y aun si no podías verlo del todo, sentías que era imponente y poderoso.

—Necesito tu ayuda. —hablaste viendo fijamente el fuego de color morado aparecer y desaparecer de un lado a otro, rodeándote. Entre las rápidas muestras de luz de aquel fuego te parecía ver a un hombre con capucha negra pasearse por la oscuridad. —Necesito una guadaña más poderosa.

—Eso seria interferir con tu creador, Morte. No quiero interferir. —sus ojos brillaban de el mismo color violeta de el fuego dejando pequeñas estelas de luz al moverse rápidamente de un lado a otro.

—Atrapo a Choro...—negaste corrigiendo de inmediato. — A Vida dentro de el lago de almas. No puedo dejarlo allí.

—Puedes y lo harás... Ir contra tu creador solo te traerá problemas. —la luz se alejaba dando la conversación por terminada, pero le seguiste.

—El creador es un mal Dios, convertirá todo en un caos. Tu eres más fuerte que él, tienes más poder y has vivido por más eras que nadie, debiste ser nuestro Dios. —Tenebris se detuvo, clavando su mirada sobre ti.

—Yo tuve mis mundos y los eche a perder... no soy nadie para juzgar el trabajo de un creador. Ninguno de los mundos que cree resulto bien, es por eso que elegí el destierro...—Eso te tomo por sorpresa, no sabias que Tenebris de verdad era un dios desterrado y que por esa razón no podía interferir.

—¿Y como eran esos mundos que creaste? —el ente volvió a desaparecer envuelto en cenizas moradas.

—Eran mundos donde tu eras un humano... al igual que yo. —te pareció que por casi un segundo la luz de Tenebris dibujaba a seis bebés exactamente iguales antes de desaparecer. —Pero nunca pude salvarlos... no importaba cuanto lo intentara. Incluso en el mundo donde decidí no nacer... Todo siempre termina siendo un caos. —Por alguna razón que no comprendías tu pecho se apretó con dolor, y del nudo que se formaba en tu garganta solo un nombre escapo.

—Ichi... —el fuego violeta incremento violentamente iluminando la oscuridad, dejándote ver por primera y única vez la forma de Tenebris, un pequeño niño de ojos violetas hecho un ovillo y temblando de miedo. Fue solo un segundo antes de que la oscuridad volviera y ese pequeño niño se transformara en una aterradora criatura cien veces más grande que tu.

—¡Largo de aquí! —la criatura tomo entre su gran mano el fuego de color violeta formando con ella una ráfaga que te arrastro lejos de su territorio y te atravesó el pecho con algo largo y delgado.

Cuando estuviste de pie sobre el fuego rojo que era tu territorio sacaste el objeto clavado en tu pecho. Era una hoz de color violeta: La guadaña de Tenebris.

Con la poderosa arma de Tenebris fue fácil romper el hielo que aprisionaba a Choromatsu, él estaba tan débil que ni siquiera podía salir por su cuenta. Así que sin pensarlo mucho metiste tus brazos al lago para sacarlo. Fue una mala idea, habías sido ingenuo al pensar que el hielo era lo único que había puesto el creador en el lago.

Cuando tus manos tocaron el agua esas almas empezaron a disolverse y desaparecer, con cada una tus dedos empezaron a desaparecer hasta convertirse solo en huesos. Eso no solo te debilito a ti, sino que la perdida de esas almas hizo sufrir a Choromatsu.

Había sido una trampa... o al menos así lo creías.

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Antes cuando a penas se te había asignado el nombre de Morte, podías estar cerca de las creaciones de Vita, podías incluso tocarles y ellos seguirían con su curso hasta que fuese el momento de reclamarlos. Pero desde que habías desobedecido al creador habías sido desterrado hasta tu lago de almas y eras incapaz de salir de allí. Cada vez que tocabas una creación de Vita esta perecía y le causaba dolor a Choromatsu. Era un cruel castigo que te mantenía lejos de tu gran amor.

Habias estado enamorado de Vita desde siempre, se podría decir que Morte estaba enamorado de Vita y Vita estaba enamorado de Morte... Desde más tiempo del que las palabras pudieran expresar.

Ya que no podían estar juntos, los dos habían encontrado un "método" para demostrarse cariño.

Todos los días, a todas horas Vita enviaba regalos, pequeños regalos que crecían con el tiempo y llegaban hasta ti para que los guardaras para siempre.

Al crearlos Vita les dejaba un beso en la frente y cuando llegaban hasta ti lo reclamabas igual con un beso. Pero lo amabas tanto, era tanta la desesperación de tenerlo lejos que a veces te apresurabas a ir por los regalos antes de tiempo. Solo para ver la sonrisa de Choromatsu, solo querías tenerlo más cerca. Pero reclamar la vida de sus creaciones antes de tiempo, aunque te permitía estar más cerca de él, también provocaba que le hicieras llorar. Que lo hirieras y esa sonrisa que tanto querías ver desaparecía dando paso a lagrimas que te rompían el corazón.

¿Cuanto tiempo habías pasado por ese tormento? Las cosas serian más fáciles si no le amaras de la manera en la que lo hacías.

Al pasar del tiempo la duda en tu cabeza fue cada vez más constante. ¿Por qué tengo que respetar las reglas de un maldito "dios"? ¿Por qué tengo que quedarme aquí mientras ese maldito es alabado por humados idiotas que no se dan cuenta que adoran a un monstruo?

¿Por qué no puedo ser libre de estas ataduras?

Llego el día en el que no pudiste tolerarlo más. Invocaste la guadaña de Tenebris y cortaste las cadenas que te ataban a el lago de almas. El rencor y el odio acumulado de tantos siglos te dio la fuerza necesaria para hacerlo, te arrastraste fuera del lago de almas mientras tu túnica negra empezaba a desaparecer. Continuaste arrastrándote por el suelo mientras el fuego rojo que siempre te había acompañado se pegaba a tu cuerpo formando largas alas negras y vistiéndote. Cada centímetro que recorrías dolía como mil espadas clavándose por tu cuerpo y aun así el odio que sentías era tanto que te permitía soportarlo. A lo lejos podías ver a Choromatsu mirarte con una expresión de terror puro. Pudiste ponerte de pie al llegar a su territorio.

A tu paso las almas que estaban por purificarse se convirtieron en seres oscuros iguales a lo que ahora eras. Te acercaste en un rápido movimiento, antes de que Choromatsu pudiera hundirse en su lago lo tomaste por la cintura. El agua del lago te dejo ver tu nueva apariencia, tu rostro parecía ser el mismo, pero ahora unos colmillos sobresalían un poco en tu boca, unos largos cuernos habían aparecido entre tu cabello y dos largas alas revoloteaban volviendo borrosa la visión del lago.

Choromatsu te veía con una expresión de miedo y preocupación.

—¿Qué has hecho? Osoma...—no dejaste que terminara la frase, con fiereza estampaste tus labios contra los suyos y lo besaste con fuerza. Lo habías deseado por tanto tiempo te parecía haberlo hecho antes. Querías más de él, lo querías completo.

Pero antes ibas a encargarte de algo.

—Voy a destruir al creador. —le informaste a la diosa de el lago.

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[Ichimatsu]

"Quiero que termines con el ejercito de Choromatsu, para que así él se rinda ante mi"

La voz de el dios de el inframundo resonó en tu cabeza, tenias una misión que cumplir, por ese motivo habías sido enviado a la tierra. ¿En que punto te habías desviado de la misión?

Habían pasado tantas cosas desde que llegaste a ese lugar que no te dejaban comportarte como el lord del inframundo que eras.

—Este es para ti. —la voz de una mujer te traía a la "realidad". Tu mirada violeta se encontró con el azul que eran sus ojos, acomodo un mechon de su largo cabello negro detrás de su oreja antes de acercarse y poner sobre tu cabeza una corona de rosas azules.

—Es ridículo, Karako... —gruñiste, te cruzaste de brazos y desviaste la mirada, porque si seguías viendo esa encantadora sonrisa que te dedicaba no podrías evitar querer besarla (y eso no era algo normal para un demonio).

—Creo que te queda genial, Ichi. —respondió abrazándose a ti. Te quedaste callado aprovechando la cercanía para respirar su dulce aroma.

Habias sido enviado para matarla.

Pero... te habías enamorado de ella.


Espero que les guste.

Saludos~