Los personajes de Candy Candy pertenecen a sus autoras Mizuki e Igarashi. Esta historia es de mi autoría como todas las que he escrito y lo hago sin fines de lucro, solo por entretención.


La Dama y el Ranchero

CAPITULO IX

El secuestro de Candy

El secuestrador de Candy había sido Niel. La razón para hacer tal fechoría, había sido porque de alguna manera quería vengarse de su tio por haberlo echado del rancho y otra por que necesitaba conseguir una buena cantidad de dinero para pagar unas deudas de juegos. Así que el plan era secuestra a Candy con ayuda de un amigo y después pedir una suma considerable de dinero para dejarla libre.

Ese dia Niel llevó a Candy a una vieja casa abandonada, que estaba en medio de un bosque, un lugar alejado donde no se podía llegar tan fácilmente.

Al entrar con ella a la vieja casa, donde salía un olor a humedad. La acerco a una silla donde la sentó y le coloco una venda en los ojos, le amarro las manos y los pies.

—¿Dónde estoy? –preguntó la rubia al reaccionar –¿Por qué no veo nada y estoy amarrada?

—Por qué está secuestrada –le contestó Niel prendiendo un puro.

—¡Secuestrada!–exclamó horrorizada.

—Sí, señora Andrew.

—¿Quién es usted? –le preguntó.

—Eso no importa…

—¿Por qué me secuestró…?

—No haga tantas preguntas si no quiere que le haga daño.

—¿Me va matar? –preguntó alterada –Por favor no me mate, soy muy joven para morir.

—Jajajaja y muy hermosa también. No se preocupe si mantiene la boca callada no le haré nada.

Salió a las afuera de la cabaña, donde se encontraba el amigo que lo había ayudado.

—Neil esto me está dando miedo –dijo el joven preocupado –¿Si nos descubren nos van a meter a la cárcel?

—Eso no va ocurrir si hacemos las cosas bien.

—¿Cuál es el otro paso?

—Quiero que vayas al rancho Andrew y tires una piedra con una nota.

—¡Estás loco Niel! ¿Qué pasa si me ven?

—Tiene que ser cuando oscurezca para que nadie te vea. Además no creo que haya mucha gente en el rancho, deben andar como locos buscando a la esposa de mi tio.

—Está bien, pero prométeme que no le harás nada.

—Como se te ocurre, mi intención no es matarla, solo quiero sacarle una buena cantidad de dinero a mi tio –dijo Neil tomándose la barbilla con una sonrisa imaginándose todo el dinero que iba conseguir.

Las horas pasaban y Albert junto a sus empleados, no podían encontrar a Candy, habían recorrido miles de lugares donde la rubia podría estar, pero en ninguno encontraron ni una pista de su paradero. Ya estaba anocheciendo y no podrían seguir buscando hasta mañana. Eso lo angustió mucho el solo hecho de pensar que ella se encontraba por ahí con unos malhechores, le hiso sentir horrores de que su esposa estuviera en gran peligro. Por otro lado no dejaba de preguntarse quién habría sido capaz de tal fechoría, Lakewood era un lugar tranquilo, nunca ocurrían ese tipo de sucesos, sin embargo tenía que pensar en una posibilidad que el señor Steven estaba detrás de todo eso. Él lo odiaba y con tal de hacerle daño era capaz de cualquier cosa.

Enfurecido le dijo al capataz con los otros hombre que siguieran buscando mientras él iba al rancho Steven.

—¡Thomas Steven donde tiene a mi esposa! –le gritó Albert desde su caballo.

El viejo ranchero que se encontraba en la sala junto a su esposa, al escuchar la voz de Andrew salió a su encuentro.

—Tu esposa no está aquí –le contestó con un rifle en la mano.

—Yo sé que usted la mandó a secuestrar.

—No sé de qué estás hablando.

—Hoy secuestraron a mi esposa y el único motivo que tenía para hacer eso era usted. Así que es mejor que me diga donde la tiene si no quiere que lo mate aquí mismo –dijo Albert apuntándole con un arma.

En eso salió Tom para defender a su padre.

—Andrew baje esa arma –le exigió - Mi padre no tuvo que ver nada en el secuestro de su esposa.

—Yo pienso que si…

—Ya le dije que no Andrew, vaya a buscarla a otro lugar -protestó el viejo ranchero - Si no quiere que mis hombres lo maten aquí mismo.

En ese momento varios empleados del señor Steven se le acercaron a Albert apuntándole con armas.

—Está bien me voy, pero si descubro que usted mandó a secuestrar a mi esposa se va a arrepentir el resto de su vida –dijo Albert marchándose en su caballo a toda velocidad.

El señor Steven y su hijo Tom entraron a la casa, donde se encontraba la señora Steven junto a Sandra.

—¿Querido que quería Andrew? –le preguntó Mery que estaba sentada en un sillón.

—Ese idiota me culpa de que secuestraron a su esposa.

—¡Que secuestraron a la chiquilla!–exclamó Sandra asombrada.

—Si…

—Jajajaja y quien habrá tenido la brillante idea de secuestrarla.

—No lo sé…pero el que lo hiso no está haciendo un gran favor.

—Querido no digas eso pobre muchacha –lo regañó Mery.

—A mí me da pena por ella –añadió Tom –Ojala que esos bandidos no le hagan nada.

—Por mí que la maten –comentó Sandra –Así me libro de ella de una vez por toda.

—Santo cielo Sandra no es bueno desearle la muerte a nadie –le dijo Mery escandalizada por los dichos de su sobrina.

—Tía es lo mejor que esa chiquilla se muera así William se casaría conmigo. No es así tio.

—Sí, lo que me gustaría saber quién está detrás de ese secuestro –dijo el señor Steven curioso por saber.

En el rancho Andrew todos estaban muy preocupados por lo que estaba pasando. Patty y Dorothy estaban sentada en un sillón rezando por Candy que apareciera con vida, mientras que Anthony y Stear caminaban de un lado para otro esperando que su tio regresara pronto y con buenas noticias.

—Ya es de noche y tio William no regresa –comentó Anthony preocupado.

—El patrón debe estar por llegar, sin luz no pueden seguir buscando–dijo Dorothy.

—¿Entonces tendrán que hacerlo hasta mañana? –le preguntó Patty.

—Si señorita…

—Dios mío que la encuentren ahora.

—Ya tranquila mi amor –se le acercó Stear y abrazó a su novia –Ella va aparecer.

En eso en la puerta se escuchó un fuerte golpe. Anthony se acercó haber cuando al abrir la puerta se encontró con una piedra envuelta en un papel.

—Miren lo que tiraron –les dijo mostrándole a los demás.

—¿Y eso que es? –preguntó Stear.

—No se…pero parece que tiene una nota.

Anthony saco el papel y lo leyó.

—Es de los bandidos que secuestraron a Candy, están pidiendo 5000 dólares para dejarla libre.

—Hay que avisarle al patrón –sugirió Dorothy.

—Pero como si no sabemos dónde está –dijo Patty -Es mejor que esperemos cuando llegue.

Una hora después Albert regresaba al rancho, donde sus sobrinos de inmediato le pasaron el papel que habían tirado en la puerta. Albert como tenía dinero en la biblioteca lo fue a buscar para llevárselo a los bandidos.

...

Al dia siguiente Albert solo fue a dejar el dinero a la dirección que decía la nota. Al llegar se encontró con su esposa que estaba en las mismas condiciones que Neil la tuvo en la casa. Eso le partió el corazón verla así, tan frágil y al lado de un bandido con el rostro cubierto para que nadie lo reconociera. Era el amigo de Neil, ya que este no podía correr el riesgo que su tio lo reconociera.

—¿Trajo el dinero? –le preguntó apuntándolo con un arma.

—Si aquí lo tiene –le contestó Albert mostrándole el morral con el dinero.

Candy sintió un gran alivio cuando escuchó la voz de su esposo. Ese ranchero bruto había llegado a rescatarla y eso la hiso sentirse muy feliz.

—Déjelo en el suelo….

Albert hiso lo que el bandido le pidió.

—¿Ahora entrégueme a mi esposa…?

—No tan rápido…primero quiero tener el dinero en mis manos.

Sin dejar de apuntar a Albert el bandido se acercó a donde estaba en dinero, pero cuando se agacho para tomarlo, Albert le dio una patada provocando que al hombre se le cayera el arma.

—Te tengo desgraciado, te vas arrepentir de haber secuestrado a mi esposa –le dijo sacando un arma que el traía.

—Por favor no me mate –le pidió levantando las manos.

—Es lo menos que te mereces desgraciado…pero no lo voy hacer te voy a llevar a las autoridades para que te hagan pagar lo que has cometido.

El amigo de Neil saco una navaja que traía en un bolsillo de su pantalón y se acercó a Candy apuntándole en la garganta.

—Si lo hace…mato a su esposa.

Albert tiro el arma.

—Está bien usted gana, llévese el dinero y váyase…

El bandido tomó el dinero y se fue rápidamente en una carreta donde había traído a Candy.

Albert se acercó a Candy y el saco la venda de los ojos y la boca.

—¿Cómo se siente? –le preguntó sacándole las amarras de los pies.

—Con mucho miedo, pensé que esos hombres me iban a matar –se puso a llorar en los brazos fuertes de su esposo.

—¿Como hay otro hombre involucrado en su secuestro?

—Sí, eran dos, pero no sé qué paso con el otro.

—Apenas lleguemos al rancho se lo contaremos a las autoridades para que busquen a esos bandidos.

—No sabe lo feliz que me siento de verlo –le dijo la rubia mirándolo a los ojos.

Albert le sonrió.

—A mí también me hace feliz verla sana y salva.

Llegaron al rancho donde con la ayuda de Dorothy Candy se dio un baño, comió un poco y se metió a la cama a descansar. Quería dormir y olvidar todo lo que había ocurrido, había sido horas angustiantes que quería borrar de su memoria para siempre, sin embargo durante la noche soñó que la secuestraban nuevamente.

—¡No! –gritó aterrada.

En eso Albert que iba caminando hacia su cuarto la escuchó y entro para ver que le ocurría a su esposa.

—¿Candy que le pasa? –le preguntó acercándose a la cama.

Ella lo abrazo aferrándose a él.

—Me quiere secuestrar ese hombre…

—Tranquila, fue un mal sueño, yo no voy a permitir que nadie le vuelva hacer daño.

—Prométame que no va permitir que ese hombre me lleve.

—Claro que no –le acaricio el cabello con mucha ternura –Siga descansando.

—No se vaya quédese conmigo –le pidió Candy tomándole una mano.

—¿Está segura…? No me va apuntar con una navaja como la otra vez que quise dormir con usted.

—Jajajaja le prometo que eso no va ocurrir.

—Y si me atrevo a besarla…

—No me voy a oponer –contestó ella con ganas de sentir esos cálidos labios de ese ranchero bruto.

Albert comenzó a besarla, mientras que con una de sus manos comenzó a acariciar una de sus mejillas. Candy sentía la fuerte mano sobre su rostro y sus labios poseyéndolos con facilidad. Ella se sentía en las nuves, disfrutando de la boca de su esposo, que le provocaba sensaciones no antes vividas.

Albert no lo pudo resistirse más, sus instintos de hombre lo llevaron a exigirle más a su esposa, para explorar su boca completamente diciéndole en cada beso que esos labios tan dulces eran solamente de él. La trajo más a su cuerpo sintiendo el cuerpo tan frágil de ella y ese fino perfume que lo estaba enloqueciendo. Con una de sus manos la acaricio completamente encima del camisón, ese camisón que quería que despareciera de su cuerpo de una vez por todas. Cegado por la pasión comenzó a sacárselo por los hombros que también comenzó a besar. Ambos estaban cayendo en la redes del amor, que estaban dispuestos a dejarse llevar olvidándose de sus diferencias.

—¿Tio William estas aquí?–le preguntó Stear tocando la puerta.

Albert con dificultad se apartó del cuerpo de la rubia.

—¿Que sucede Stear?

—Te busca tu amigo George.

—Dile que voy enseguida –dijo Albert parándose de la cama –Tengo que atender a mi amigo.

—Si vaya…ya me siento más tranquila -contestó Candy con una sonrisa nerviosa.

Esa noche Candy a pesar de todo lo que había pasado con lo del secuestro, se sintió realmente feliz en los brazos de ese hombre tan varonil que le salvo la vida. Su corazón latía como un torbellino recordando los besos las caricias que su esposo le había dado. Había sido un momento tan maravilloso, donde por primera vez tuvo una conexión tan bonita con él. Albert la había tratado tan bien, cariñoso y muy apasionado, que si no hubiera sido por la interrupción de Stear habían consumado su matrimonio en ese instante.

Al otro dia Dorothy le fue a dejar el desayuno.

—Dorothy. ¿Dónde está mi esposo? –le preguntó Candy comiendo una tostada.

—Está en uno de los establos arreglando el follaje para los animales.

—Quiero hablar con él. Debo agradecerle lo que hiso por mí.

—Fue muy valiente con haberte salvado.

—Si –suspiró Candy –Se portó como todo un príncipe conmigo.

—Estaba muy angustiado por ti.

—¿En verdad?

—Si Candy…

La rubia terminó de desayunar y se fue al establo donde Albert se encontraba trabajando.

—Buenos días señor Andrew –lo saludó un poco sonrojada al recordar lo que había pasado entre ellos.

El coloco un follaje encima de otro antes de responderle.

—Buenos días. ¿Cómo amaneció?

—Bien, yo quiero agradecerle todo lo que hiso por mí.

—De nada, lo habría hecho por cualquiera -le dijo Albert con una voz fria.

—Me imagino, de todos modos arriesgo su vida por mí y eso siempre se lo voy agradecer.

—Espero que no le vuelva a ocurrir cuando se vaya.

—Irme –repitió Candy desconcertada, ya que después de todo lo que había ocurrido no tenía ninguna intención de irse.

—Si, por que me imagino que su viaje sigue en sus planes. ¿verdad?

—Usted quiere que me vaya –le preguntó Candy con sus labios temblorosos y sintiendo una gran decepción en su corazón. Al parecer lo que había ocurrido entre ellos no había significado nada para él.

—Es lo mejor…ninguno de los dos quiere este matrimonio. ¿O me equivoco?

—¡No se equivoca! ¡Yo odio este matrimonio y a usted! –le gritó Candy saliendo corriendo del establo con el corazón completamente destrozado.

Continuará…


Hola lindas chicas.

Espero que te encuentres muy bien. Aqui les dejo otro capitulo de este fic, espero que le gusten y lo difrunten.

Muchas gracias por todo su apoyo y a las chicas que comentarón el capitulo anterior.

Lucy M, RORE, venezolana lopez, Guest, Guest, Ana isela Hdz, Stormaw, Gladis, elbroche, MollyPay, Serenity usagi, White Andrew, Lidia Andrew, Guest, Gaby LezU, Kumi Kinomoto, Adoradandrew, Elo Andrew, Yuleni Paredes, Isasi, Glen , pelusa778, tutypineapple, Pivoine3, chidamami, gloria Monroy.

Que tenga un lindo fin de seamana, nos leemos pronto si Dios quiere.