Los personajes de Candy Candy pertenecen a sus autoras Mizuki e Igarashi. Esta historia es de mi autoría como todas las que he escrito y lo hago sin fines de lucro, solo por entretención.
La Dama y el Ranchero
CAPITULO X
Aprendiendo hacer una esposa
Ese dia después que Candy tuvo esa conversación con su esposo, se la pasó todo el resto del dia encerrada en su cuarto, ni siquiera había querido comer. Se sentía tan triste que lo único que hacía era estar tirada en la cama llorando, recordando lo mal que la había tratado Albert. Era un bruto que siempre la estaba lastimando y ella la muy tonta había caído rendida en sus besos, esos besos que la hacía tocar el cielo. Pero que ya no podía permitir que volviera a ocurrir. Lo que tenía que hacer era tomar sus cosas y marcharse de una vez por toda del rancho, pero ni siquiera tenía ánimos para eso. Se sentía derrotada, derrotada por un ranchero que le había robado el alma y el corazón.
—¿Candy puedo pasar? –le preguntó Dorothy entrando con una bandeja en la mano.
—Si pasa –contestó la rubia acomodándose en la cama.
Dorothy caminó hasta ella, donde le dejo la bandeja con un vaso de leche y unos panecillos.
—Aquí te traje algo de comer, no has comido en todo el dia.
—No tengo hambre Dorothy.
—¿Te peleaste con el patrón?
—Sí, es un bruto que no se da cuenta de nada, ahora sí que lo odio más que antes.
—Jajajaja eso ni tu misma te lo crees, te enamoraste de él. ¿Verdad?
Candy se echó a llorar como una niña pequeña. Dorothy la abrazó con cariño para consolarla.
—Si me enamoré de ese bruto con olor a vaca –admitió sintiendo una gran rabia en su interior, al haberse enamorado de un hombre que no la merecía.
—Pero eso es maravilloso…es tan bonito estar enamorada.
—¿Hablas como si tú lo estuvieras?
—Lo estoy Candy, nunca te lo había contado yo tengo novio.
—¿En verdad?
—Sí, es un muchacho muy guapo que me quiere mucho. Eso si no se lo cuentes a nadie.
—Me alegro mucho por ti que tengas un novio que te amé. Mi caso es muy diferente, mi esposo me desprecia, esta mañana se portó tan grosero conmigo, olvido todo lo que ocurrió a noche. Me dijo que quería que me fuera.
—¿Y qué ocurrió?–preguntó Dorothy con una risita, imaginándose a lo que se refería su amiga.
Candy se sonrojó al recordar lo que había pasado entre ellos.
—Bueno…nosotros casi…tú me entiende Dorothy.
—Oh sí, ya comprendo. ¿Pero si casi pasó eso entre ustedes por que el señor Andrew quiere que te vayas?
—Por qué debe pensar que nunca voy hacer una buena esposa para él.
—Entonces tienes que demostrarle que si lo puedes ser.
—Como si fuera tan fácil –comentó Candy apretando una almohada - En el fondo él tiene razón, yo no sé ser una buena esposa. No se cocinar, no se lavar, planchar, limpiar…no se hacer nada de todo eso.
—Candy ser una buena esposa no es algo tan difícil, yo te puedo enseñar aprender hacer todas esas cosas.
—Para que si me voy a marchar de aquí.
—¿Y tú quieres irte?
La rubia suspiró pensando en la respuesta que le daría a su amiga, una respuesta que hasta ella la sorprendía.
—Nunca pensé que iba decir esto, pero no deseo irme nunca de este rancho.
—Entonces déjame ayudarte para que te quedes para siempre como la señora de esta casa.
—¿En serio harías eso por mí Dorothy? –le preguntó la rubia ilusionada.
—Claro que sí.
—¿Y cuándo me puedes enseñar?
—Qué te parece mañana mismo. El señor Andrew se va por unos días a vender unos sacos de trigos a otros pueblos, así que cuando regrese te va encontrar convertida en toda una ama de casa.
—De acuerdo Dorothy –dijo Candy con entusiasmo –Le voy a demostrar a ese ranchero bruto que puedo ser la mejor esposa del mundo.
Ambas se echaron a reír.
…
Al dia siguiente Albert emprendió su viaje, en compañía de su amigo George, que se ofreció a acompañarlo. Era un viaje largo, donde recorrerían varios pueblos para vender la producción de trigo, como lo hacía todos los años. Ese viaje no solo le iba servir para vender su trigo sino para pensar en su vida, en el último tiempo le habían ocurrido muchos sucesos, que tenía que analizar para tomar una decisión. De un momento a otro su tranquila vida de campo cambió completamente y ahora tenía que pensar si quería que volviera hacer la de antes o aceptar su destino.
Mientras tanto en el rancho, Dorothy comenzó a enseñarle a Candy las labores de la casa, con la ayuda de Pony, la cocinera que también quería que la rubia se convirtiera en la mejor esposa para su patrón. Candy estaba colocando todos sus esfuerzos para aprender, aunque en ocasiones sentía que nunca lo lograría. Se sentía una inútil que no sabía hacer nada, sobre todo a la hora de cocinar que era lo más difícil para ella. No había caso que le quedaran las verduras bien cortadas y con buena sazón, y ni de hablar a la hora de hornear el pan, siempre se le terminaba quemando, pero todos la animaban para que continuara y no se diera por vencida. No le estaba siendo fácil ser una buena esposa, pero con tal que ese ranchero bruto la aceptar era capaz de cualquier sacrificio.
…
Días después Albert venia de camino de regreso a su rancho, sintiéndose muy contento por haber vendido todos los sacos de trigo que había llevado. Durante el regreso Albert y su amigo George pasaron a una posada para descansar y comer un poco.
—Gracias George por haberme acompañado, no quería hacer el viaje solo –le dijo Albert bebiendo una copa de vodka.
Ambos estaban sentados en una mesa.
—De nada amigo, aparte de acompañarte hemos platicado de muchas cosas.
—Si…
—¿Y qué has pensado de lo que hemos hablado?
—No lo sé…me siento tan confundido.
—Confundido de que amigo, si está claro que te enamoraste de tu esposa.
—George como puedes decir eso, es una chiquilla.
—William, tal vez se comporta como una chiquilla todavía, pero de ti depende que sea toda una mujer. ¿Acaso no te ha hecho sentir cosas cuando la besas?
—Sí, tiene unos labios fascinantes, pero no sé si podría vivir con ella toda mi vida, siempre he sido un hombre solitario que me gusta mi independencia –le explicó Albert bebiendo más licor –Tu mejor que nadie sabes que a mí nunca me interesó el matrimonio, fue mi tía quien me casó sin mi consentimiento.
—Pero amigo eso puede cambiar, aunque no lo creas es bonito tener una familia, es solo que te lo propongas.
—Una familia –repitió Albert con una sonrisa irónica –Nunca pensé que de un dia para otro tendría una esposa y quizás hasta tenga un hijo.
—Qué problema si es verdad que Sandra está esperando un hijo tuyo. Vas a tener que responderle.
—Claro que le voy a responder, a mi hijo no le faltara nada, pero no me casaré con ella. A mí ni Sandra ni Candy me van a quitar mi libertad.
—Jajajaja eso está por verse querido amigo –le dio una palmada en el hombro -Bueno ya vamos, que nos queda mucho por recorrer.
Albert y George se marcharon de la posada y se subieron a la carreta para seguir con el viaje de regreso. Cuando iban en el camino se encontraron con un carruaje que iba conducido por dos hermosos caballos, que Albert reconoció de inmediato.
—George mira son mis caballos escoceses –le dijo deteniendo la carreta.
—¿Estás seguro, William…?
—Sí, son ellos.
Albert se bajó de la carreta y se acercó al carruaje para hablar con el cochero.
—Buenos días señor –lo saludó.
—Buenos días. ¿Qué necesita? –le preguntó el hombre.
—¿Quiero saber de dónde saco estos caballos?
—¿Por qué quiere saber eso?
—Porque estos caballos son míos.
—Eso es imposible –protestó el cochero -Estos caballos se los compré a un señor respetable que los trajo de escocia.
—¿A quién…?
—A un señor llamado Thomas Steven.
—¡Ese viejo tenia mis caballos! –Albert apretó los puños –¿En cuánto se los vendió?
—A un precio muy alto.
—Le pagare lo mismo para que me los devuelva.
—Lo siento, pero eso no podrá ser a mí no me costa que estos caballos sean de usted. Además son buenos animales y si se los entrego me quedo sin caballos.
—Tiene que creerme, estos caballos son míos a mí se me desaparecieron de mi rancho y ahora veo que el viejo Steven los tenia. Mire hagamos un trato, yo le pago el doble de lo que usted pago por los caballos y le entrego esto que ando trayendo en mi carreta para que siga su viaje. ¿Qué me dice?
El hombre se quedó pensando un momento.
—Está bien, acepto…
Albert hiso el trato con el cochero sintiéndose muy contento de volver a recuperar sus caballos escoceses, que una vez perdió por culpa de una chiquilla presumida que llegó a interrumpir en su vida.
…
Era de noche cuando Albert llegó a Lakewood, pasó a dejar a su amigo George al pueblo y se marchó a su rancho. Al llegar se bajó de la carreta y ordeno a sus empleados que bajarán unas cosas que había comprado en los pueblos que había recorrido. Con unas inmensas ganas de darse un baño entró a la casa, donde se encontró a Candy que lo estaba esperando.
Ella le había preparado una rica cena para esperarlo y hasta había ordenado un poco la sala, había cambiado algunos muebles de lugar y colocado flores para que todo se viera más bonito, con un ambiente más familiar.
—Buenas noche –lo saludó Candy con una sonrisa.
—Buenas noche –contestó él sacándose la chaqueta y el sombrero.
Ella se los tomó para colgarlo en un gancho que estaba cerca de la puerta.
—¿Cómo estuvo su viaje?
—Me fue muy bien, vendí todos los sacos de trigo que llevé.
—Oh felicidades.
—Gracias. También le tengo una novedad.
—¿Qué novedad?
—Encontré mis caballos escoceses.
Los ojos de Candy se iluminaron.
—¿En serio?
—Sí, un cochero que encontré en el camino los tenía.
—¿Y cómo llegaron a sus manos? –le preguntó curiosa por saber.
—El señor Steven se los vendió.
—Entonces el los tenia.
—Sí, ese viejo me los había robado.
—Y por mi culpa, yo deje que se escaparan. De verdad estoy arrepentida de eso.
—Ya no importa, lo que importa que los recuperé. ¿Y dónde están mis sobrinos para contarles?
—Están descansando en su habitación, igual que Patty. Me imagino que debe venir muy cansado y con hambre.
—Sí, fue bien agotador, quiero darme un buen baño.
—Le diré a Dorothy que se lo prepare, mientras se calienta la cena.
—No voy a cenar, en el camino pasé a comer con mi amigo George.
—Pero podría comer aunque sea un poquito –le insistió Candy que se había pasado toda la tarde cocinando para él.
—Ya le dije que comí, solo quiero darme un baño y ponerme a dormir. Nos vemos mañana –dijo Albert marchándose a su cuarto.
Candy suspiró sintiendo que todos sus intentos por ser una buena esposa habían sido inútiles.
…
Al otro dia Albert se levantó un poco más tarde, para desayunar junto a sus sobrinos y contarles la novedades que tenía.
—Tio así que te fue bien con la venta de tu cosecha de trigo –le preguntó Anthony.
—Sí, vendí todos los sacos.
—Lo que más me sorprende que hayas encontrado tus caballos.
—Podríamos hacer una fiesta para celebrarlo –propuso Stear entusiasmado.
—Podría ser –sonrió Albert bebiendo café.
—¿Y Candy por que no ha venido a desayunar? –preguntó Patty.
—A lo mejor lo hiso en su cuarto –contestó Albert.
En eso llegó Dorothy.
—Patrón aquí le traje sus huevos con jamón.
—¿Dorothy donde esta Candy? –le preguntó a la sirvienta que colocó el plato de huevos en la mesa.
—Debe estar en su cuarto.
—Podrías decirle que venga a desayunar con nosotros.
—No creo que quiera desayunar con usted.
—¿Por qué piensas eso?
—Es que usted no se ha portado muy bien con ella.
—¿A qué te refieres Dorothy?
—Que ella ha puesto todos sus esfuerzos para ser una buena esposa para usted y bueno…usted no lo ha sabido valorar.
—No te comprendo.
—Cuando usted estuvo de viaje Pony y yo le enseñamos a hacer una buena ama de casa, la pobre se forzó mucho para hacerlo. Cuando usted llegó anoche de su viaje ella le había preparado una rica cena y le iba contar todo lo que estaba aprendiendo, pero usted ni siquiera la tomó en cuenta.
—¿Tio tu hiciste eso? –le preguntó Stear mirándolo molesto.
—Bueno yo no sabía…
—La pobre de tu esposa se la pasó todos los días que estuviste de viaje cocinando, limpiando, aprendiendo miles de cosas. Fue muy grosero lo que hisite con ella –lo regañó Anthony -Le encuentro razón a Candy cuando dice que eres un bruto.
—Sería bueno que hablara con ella patrón –le sugirió Dorothy.
—La voy a buscar –dijo Albert parándose de la mesa.
Se dirigió hacia la habitación de la rubia donde al entrar se puso a buscarla con sus ojos celestes. Pero ella no estaba en ningún lado, en ese momento se dio cuenta que el ropero estaba abierto y no estaba su ropa. Todo indicaba que se había marchado.
Albert rápidamente tomó uno de sus caballos y salió a buscar a su esposa. Sintiéndose un miserable por haberse portado tan mal con ella, realmente era un bruto que no sabía tratar a una mujer.
Recorrió un camino de tierra, cuando a lo lejos vio a una joven rubia que caminaba hacia el horizonte. Rápidamente se apresuró con el caballo hasta ella.
—¡Candy! –la nombro.
Ella se volteo encontrándose con su esposo.
—¿Que hace aquí?–le preguntó dejando la maleta en el suelo.
Albert se bajó del caballo y se acercó a ella.
—¿A dónde cree que va?
—Me voy, no es lo que tanto desea –le dijo bajando la mirada.
Él le tomó la barbilla para que lo mirara a los ojos.
—Si lo deseaba, pero ya no…Dorothy me contó todo lo que hiso cuando estuve de viaje.
—No lo hice por usted…-expresó ella con orgullo.
—No me mienta…sé que desea ser una buena esposa para mí.
—Ya no, usted nunca me va aceptar. Siempre nos vamos a llevar como el perro con el gato.
—Jajajaja sí, pero eso puede cambiar.
—¿Usted cree que podamos tener una relación más civilizada?
—Tendríamos que intentarlo –le dijo acariciándole el cabello –Yo estoy dispuesto hacerlo.
—No le creo –le dijo apartándose de él.
Él la tomó por el brazo y la acerco a su cuerpo.
—Va tener que creer…
—No juegue conmigo señor Andrew…-protestó molesta –No estoy para eso. La otra noche estuvimos a punto de consumar nuestro matrimonio y después hiso como si nada hubiera pasado.
—Si me equivoque porque no quería tener una esposa, pero ahora es diferente no quiero que se vaya, quiero que se quede aquí conmigo –le dijo besándola sin previo aviso.
En un beso largo que duro varios minutos.
—¿Esta seguro que quiere que me quede? –le preguntó la rubia al terminar el beso.
—Si seguro…a no ser que usted no quiera quedarse conmigo.
—Es lo que más deseo…-le sonrió dulcemente.
—Aunque sea un ranchero bruto con olor a vacar.
—Jajajaja sí.
—Señora Andrew regresamos al rancho.
—Encantada señor Andrew…-le dijo tomándole el brazo.
Ese mismo dia se hiso la fiesta para celebrar que Albert había vendido toda su cosecha de trigo, que había encontrado sus caballos y los más importante que Candy no se iría del rancho. La celebración duro hasta la media noche, hasta que todos se marcharon a sus habitaciones satisfechos con la velada que habían tenido.
—Yo también me voy a dormir –dijo Candy dando un bostezo.
Albert la tomó por la cintura.
—Dirás nos vamos a dormir…-le susurro en el oído.
—No señor Andrew, esta noche dormiré sola –le aclaró apartándose de él.
—Y que no vamos hacer una pareja de verdad…¿No crees que es tiempo que consumamos nuestro matrimonio?
—Sí, pero eso será cuando yo quiera…
—¿Y cuándo va a querer?
—Cuando se saque esa horrible barba.
—¡Sacarme mi barba! –exclamó Albert tocándosela con una de sus manos.
—Esa es mi condición.
—Eso no se vale –se quejó como un niño.
—Ya le dije esa es mi condición. Buenas noches amor, que descanses –le dijo dándole un corto beso en los labios y se marchó riéndose, pensando que era una buena manera de hacerle pagar un poquito lo que la había hecho sufrir.
Continuará...
Hola lindas chicas.
Espero que se encuentren muy bien. Agradecerle como siempre sus reviews que me manda en cada capitulo, mucha gracias por todo su apoyo. Aqui le dejo otro capitulo, espero que lo difruten.
Saludos para :
Elbroche, fandcya, venezolana lopez, Lucy M, Serenity usagi, YAGUI FUN, Guest, Elen, Chickiss SanCruz, White Andrew, Elo Andrew, Stormaw, Gabriela Infante, Yuleni Paredes, Candy candy, Mary silenciosa, tutypineapple, Ana isela Hdz, chidamami, Gaby LezU, gloria Monroy, RORE, Balderas, pivoine3, Adoradandrew, gloria Monroy, Kumi Kinomoto, Isasi, Fanny, CONEJA, Glen, Selenetyneza, Jhana Marti, Guest, pelusa778, Enamorada.
Besitos para todas y muchas bendiciones.
