Los personajes de Candy Candy pertenecen a sus autoras Mizuki e Igarashi. Esta historia es de mi autoría como todas las que he escrito y lo hago sin fines de lucro, solo por entretención.


La Dama y el Ranchero

CAPITULO XI

Una pareja de verdad

Pasaron varios días desde que Candy y Albert estaban viviendo como una pareja de verdad, bueno casi de verdad porque todavía no dormían juntos. Candy se moría de ganas de ser su mujer, pero era una pequeña venganza por lo que la había hecho sufrir, así que iba a esperar hasta que el tomara la decisión de sacarse esa barba. Ya llegaría ese momento que ambos estaban esperando, un momento que los uniría por el resto de su vida y hasta podría traer un nuevo integrante a la familia.

Albert apenas se levantó se fue a la biblioteca, donde se puso a revisar la correspondencia, ahí se encontró con varias cartas entre ella una de su tía Elroy, donde le preguntaba cómo iba su relación con Candy. Con una sonrisa terminó de leer la carta, pensando en la repuesta que le daría a su tía, ya que como ella esperaba aquel matrimonio estaba funcionando. También se encontró con otra carta que era del administrador de una fábrica de fierro que tenía en Chicago. Al parecer las cosas no estaban marchando muy bien, así que era preciso que el viajara lo antes posible a la ciudad. Eso lo enfado un poco porque lo que menos le gustaba era viajar a Chicago, le cargaba el ritmo de la ciudad, pero tendría que hacerlo.

En eso entró Candy que le traía un café que él le había pedido a Dorothy.

—Señor Andrew le traje su café –le dijo la rubia dejándoselo encima del escritorio.

—Vaya no pensé que el café me lo traería na hermosa dama de Londres –le comentó mirándola embobado.

Candy rio.

—Gracias por lo de hermosa dama.

—Ven acércate…-le dijo él estirándole la mano.

Candy se acercó y el la sentó en sus piernas.

—Tengo algo que contarte…

—¿Sobre qué…?-le preguntó Candy acariciándole el cabello a su esposo.

—Tengo que viajar a Chicago a resolver un asunto de una fábrica

—¡A Chicago! –repitió ella parpadeando rápidamente –Me vas a dejar sola.

—Te quedaras con mis sobrinos y con Patty.

—Pero no es lo mismo…

Él sonrió.

—¿Quieres venir conmigo?

Los ojos de la rubia se iluminaron.

—¡Me encantaría! Hace tiempo que no veo una ciudad.

—Jajajaja lo se…te servirá para salir un poco del rancho.

—Oh Albert gracias –lo abrazo.

—De nada presumida…eso si hay una condición para que te lleve a Chicago.

—¿Cual…?

—Que esta noche…

—Oh de ninguna manera, ya sabes cuál es mi condición para que nosotros consumamos nuestro matrimonio –le dijo Candy apartándose de él.

—Lo siento, pero no pienso sacarme mi barba, es lo que más me gusta de mí.

—Jajajaja está horrible –rio Candy –Estoy segura que sin ella te verías mucho mejor.

—Bueno… lo voy a pensar…

—De acuerdo, cuando tomes la decisión me buscas –le dijo tirándole un beso con la mano antes de marcharse de la biblioteca.

Albert le sonrió, pensando que no le quedaría más remedio que sacarse su querida barba.

Candy se dirigió hacia la cocina para preguntarle a Pony que iba a preparar de almuerzo. Sin imaginarse que su amiga Dorothy se encontraba con Niel, el hombre que la había secuestrado.

—Ya Niel es mejor que te vayas –le pidió Dorothy al romper el beso –Sabes que prefiero que nos veamos en otro lugar.

—Dorothy deja de temerle a mi tio William.

—No quiero que me despida, el me paga muy bien. ¿Neil quiero hacerte una pregunta?

—¿Que pregunta?

—Tu sabias que el señor Steven tenía los caballos escoceses que se le perdieron al señor Andrey.

Neil trago seco.

—Claro que no…-mintió –¿Por qué me preguntas eso?

—Por qué el señor Andrew los encontró en uno de los pueblos donde estuvo vendiendo su cosecha de trigo. El mismo hombre que tenía los caballos le contó que un señor llamado Thomas Steven se los había vendido.

—Vaya que suerte que los encontró –comentó Neil sintiendo rabia –De verdad no sabía que el señor Steven los tenia.

—La cosas están marchando muy bien para tu tio, hasta su relación con su esposa está mejorando.

—¿En serio se están llevando mejor?

—Si…se ve que se aman de verdad.

—Bueno ya me voy.

En eso entró Candy a la cocina.

—Oh disculpen –dijo al ver la presencia de Niel.

—Candy…-la nombró Dorothy nerviosa que la hubiera encontrado platicando con su novio.

—No te preocupes, no te quise interrumpir –dijo la rubia sonriendo –Este joven es tu novio. ¿Verdad?

—Si…se llama Neil legan.

—Mucho gusto Niel –lo saludó Candy.

Él se puso pálido ya que la rubia lo podía reconocer.

—Gusto en conocerla señor Andrew –contestó incomodo - Bueno yo ya tengo que irme. Permiso.

Candy se quedó pensativa, sintiendo que la voz del novio de Dorothy era muy parecida a la de uno de los hombres que la habían secuestrado. Pero no, debió ser su imaginación el novio de su amiga no podía ser su secuestrador.

—Candy por favor no le digas al señor Andrew que viste a Niel aquí –le pidió la sirvienta.

—¿Por qué…?

—Es que…él no sabe que tengo novio.

—Pero si eso no tiene nada de malo.

—Es que Neil es sobrino del señor Andrew y no se llevan muy bien –le dijo Dorothy para no contarle que Niel le había robado a Albert, no quería dejarlo mal.

—Vaya no lo sabía, no te preocupes no le diré nada.

Neil regresó al rancho Steven, donde de inmediato se fue hablar con su patrón.

—Señor Steven necesito hablar con usted –le dijo al entrar a la casa, donde el viejo ranchero estaba leyendo el periódico.

—¿Que sucede Neil?

—Mi tio William encontró sus caballos escoceses.

—¡Que! –exclamó el señor Steven parándose bruscamente del sillón.

—Me lo contó mi novia Dorothy, dice que los encontró en uno de los pueblos que anduvo vendiendo su trigo.

—¡Maldición! –expresó Steven apretando los puños –Que suerte tiene Andrew.

—Lo peor que se enteró que usted los tenia.

—Yo los tenía, pero fuiste tú el que me los trajo hasta aquí, así que si me viene a reclamar le diré la verdad.

—¡Usted no puede hacer eso! –protestó Neil.

—Lo siento, pero tengo que defenderme. Ahora retírate…

—Si patrón –dijo Niel mirándolo con rabia.

Salió a las afuera de la casa, donde se encontró con Sandra que venía bajando de un caballo, donde había salido a dar un paseo.

—Neil lleva mi caballo al establo –le ordenó.

—Si señorita…-le contestó serio.

—¿Qué te pasa…? Tienes una cara.

—Nada…

—Apuesto que mi tio te regañó.

—Eso a usted no le importa.

—Haber…no me hables en ese tono, no olvides que eres un siempre empleado y yo soy la señorita de esta casa.

—Yo soy un Andrew…así que no me menosprecie.

—Jajajaja jamás podrás compararte con tu tio William –le dijo mirándolo con despreció –Tu no le llegas ni a los talones.

—Hablando de mi tio, sabía que las cosas están marchando bien con su esposa.

—Eso no es verdad…

—Lo es…señorita, una persona que trabaja ahí me lo contó, así que va quedarse con las ganas de casarse con él –le dijo Niel marchándose dejando a una Sandra intrigada, preguntándose si era verdad lo que él empleado de su tio le había dicho.

Por la noche Candy preparó la cena, un rico estofado de carne el plato favorito de Albert. Quería sorprenderlo, así que se había esmerado mucho para que la cena le quedara riquísima.

Patty, Anthony y Stear le ayudaron a colocar la mesa, mientras ella se arreglaba un poco. Se colocó un hermoso vestido en tono damasco y se arregló el cabello. Una vez lista se fue al comedor para ver si todo estaba listo. En ese momento tocaron la puerta y como Dorothy se encontraba ocupada en la cocina se dirigió abrir, llevándose una desagradable sorpresa.

—¿Sandra Steven que haces aquí ¿–le preguntó mirándola con molestia.

—¿Cómo esta señora Andrew? –le dijo la joven con una sonrisa burlona y entrando a la casa sin permiso.

—¿Sandra a que has venido?

—Hablar contigo…

—¡Yo no tengo nada que hablar con una mujerzuela como tú!

—Cuida tus palabras chiquilla, no te voy a permitir que me trates así.

—Acaso una mujer que persigue a un hombre casado no es una mujerzuela, porque eso es lo que ha hecho tú con mi esposo. Entiende que él ahora está casado conmigo.

—No por mucho tiempo, él se va divorciar de ti para casarse conmigo.

—Eso solo será en tus sueños.

—No querida, él se va casar conmigo porque yo…

—¡Sandra! –le gritó Albert al entrar a la sala.

Ella se volteo para ver la silueta del rubio.

—William estaba a punto de contarle a tu esposa lo que tú no te has atrevido a decirle.

El caminó hasta ella.

—¡Sandra sal ahora mismo de mi casa!–le pidió tomándola por el brazo.

—No cariño, no me iré hasta decirle a tu esposa…

—¡Cállate Sandra! ¡No te atrevas…!

—Albert que es lo que tiene que decirme esta mujer –le preguntó Candy dándose cuenta que algo estaba pasando que ella no sabía.

—Nada…esta mujer está loca –respondió Albert sacando a Sandra de la casa.

Al llegar a las afuera la soltó.

—¡Cobarde! Déjame decirle a tu esposa que estoy esperando un hijo tuyo –le gritó Sandra enfurecida.

—Eso lo voy hacer yo, cuando compruebe que es verdad lo de nuestro hijo.

—Dudas de mí.

—De ti me espero cualquier cosa, Sandra Steven.

—¡Jamás te mentiría en algo así!

—Entonces me vas a llevar a ver al médico que te confirmó el embarazo.

—Ver al médico –dijo ella nerviosa.

—Si…quiero conocerlo y me diga que estas esperando un hijo.

—Está bien…¿cuándo quieres ir?

—Después de que regrese de Chicago.

—¿Te vas a Chicago?

—Si…tengo que resolver unos asuntos.

—¿Te vas con ella…?

—Eso a ti no te importa. Ahora vete y nos vemos cuando regrese –le dijo Albert entrando a la casa.

Sandra sin tener otra alternativa se marcho.

Cuando Candy vio a Albert se le acercó.

—¿Y esa mujer se fue? –le preguntó.

—Sí, ya se fue…

—Albert por favor dime que está pasando con ella.

—Nada, no se convence que yo la dejé.

—De verdad que no tienes nada con ella.

—Claro que no, la única mujer en mi vida eres tu –le dijo dándole un beso en los labios.

—Vamos a comer, te preparé un rico estofado.

—¿En serio lo preparaste tú?

—Aunque no lo creas si –le sonrió ella.

—Muero por probarlo, pero antes me voy a dar un buen baño.

—Ve, yo te espero en el comedor con los demás.

Minutos después todos estaban esperando a Albert que llegara a la mesa.

—Tio William se está tardando mucho –comentó Archie comiendo un poco de pan.

—Todavía debe estar en la tina, para sacarse el olor a vaca –comentó Stear riéndose.

—Jajajaja –rio Candy –Yo lo único que deseo es que se saque esa horrible barba.

—Sus deseos son ordenes mi bella dama –le dijo Albert al entrar al comedor.

Todos se voltearon a verlo, quedando muy sorprendido al ver que ya no tenía la barba, en especial Candy que se quedó con la boca abierta viendo lo atractivo que se veía su esposo, que le dieron ganas de comérselo a besos.

—Tio te sacaste la barba –le dijo Stear.

—Te ves mucho mejor…-añadió Archie –Hasta más joven.

—Parece otra persona tio William –dijo Patty.

El caminó hasta la cabecera de la mesa donde se sentó.

—Gracias por sus alagos, aunque no me fue fácil sacármela, todo lo hice por mi esposa –le dijo mirando a la rubia -¿ Y tu Candy no me vas a decir nada?

—Oh si…te ves guapísimo –contestó ella sonrojándose.

—Gracias…pero ya comamos que muero por probar el estofado que preparo mi esposa.

La cena estuvo exquisita y después de platicar un poco todos se fueron a sus habitaciones a descansar.

Candy se fue a la suya donde antes de meterse a la cama, se sentó en el tocador para cepillar su cabello. Cuando en ese momento la puerta de su cuarto se abrió y una alta silueta comenzó a caminar hasta ella.

—Me vienes a dar las buenas noches –le preguntó Candy mirándolo por el espejo del tocador.

Él le sonrió y se le acercó al oído de ella.

—Vengo a cobrarte…

—¿Cobrarme que…?

—Tu sabes a lo que me refiero, yo ya cumplir mi parte ahora te toca a ti.

Ella con coquetería se levantó del tocador y lo abrazo por el cuello.

—Puede cobrarse señor Andrew…

Ambos se miraron intensamente y Albert la tomó en sus brazos para depositarla en la cama, donde unos apasionados besos se comenzaron a escuchar. Lentamente comenzaron a desprenderse de sus ropas hasta quedar completamente desnudos, viéndose sus cuerpos iluminados por una suave luz que entraba por la ventana de la habitación. Ambos sentían que tocaban el cielo, su entrega no era tan solo de cuerpos sino también desde lo más profundo de sus almas, consumando el inmenso amor que se tenían en total plenitud.

Albert estaba con sus sentidos a flor de piel amando a su esposa, envuelto en una pasión que nunca había sentido por ninguna otra mujer. Sentía que el cuerpo de Candy vibraba en sus brazos, que se mojaba con el sudor de su traspiración, y que disfrutaba tanto como él mientras la hacía suya, tratando de controlar sus impulsos, para no causarle mucho dolor. Sabía que era la primera vez de Candy y deseaba que fuera una noche inolvidable para ella, que fuera una experiencia que nunca olvidara en su vida.

—Eres tan hermosa… —murmuró Albert acariciándola por completo.

Candy lo abrazaba con fuerza, enterrando sus dedos en la espalda de él. Sintiendo el aroma masculino de ese ranchero bruto, que amaba con todo su corazón.

—Te amo Albert —le susurró con su voz agitada - Te deseo demasiado.

—Yo también te deseo mi bella dama –le dijo él enloquecido de pasión.

La rubia dio un gemido con una mescla de dolor y placer cuando suavemente Albert la convirtió en su mujer. Candy le tomó la cara entre las manos, besándolo apasionadamente, diciéndole que solamente iba ser de él.

Al terminar de hacer el amor, se quedaron los dos tumbados, mirándose enamorados, cuando la noche recién está comenzando. Candy se apoyó en el fuerte pecho de él, sintiendo una sensación de asombro al comprobar que sus cuerpos habían nacido el uno para el otro. Ella sintió una gran felicidad en su corazón al pensar que todo era perfecto y que Albert era el hombre con el que quería pasar el resto de su vida.

Continuará...


Hola lindas chicas.

Espero que se encuentren muy bien. El viernes pasado no pude actualizar, pero ahora les dejo otro capitulo que espero que les guste. Muchas gracias por su apoyo y sus lindos reviews.

Venezolana lpez, Lucy M, elenharket2, Adoradandrew, RORE, Kata78, Guest, Gabriela Infante, Elo Andrew, Serenity usagi, Enamorada, Ana isela hdz, Jhana Marti, MollyPay, elbroche, chidamami, CONEJA, Kumi Kinomoto, Stormaw, Guest, pivoine3, tutypineapple, Yuleni Paredes, Kecs, White Andrew, dwfEx, Chickiss SanCruz, PydBk, Guest, CaHLX, gloria Monroy, Luz Nelly,Guest.

Besitos para todas y que tengas un lindo fin de semana.