Los personajes de Candy Candy pertenecen a sus autoras Mizuki e Igarashi. Esta historia es de mi autoría como todas las que he escrito y lo hago sin fines de lucro, solo por entretención.


La Dama y el Ranchero

CAPITULO XII

El viaje a Chicago

El viaje en tren hacia Chicago estaba siendo maravilloso para Candy, a diferencia de la primera vez que viajó en tren cuando iba junto a Elroy, en un viaje donde conocería a su esposo. Ahora iba junto a él, pero todo era tan diferente, porque aquel matrimonio tan extraño impuesto por sus familias se estaba transformando en algo que ni en sus mejores sueños se pudo haber imaginado. Ese ranchero bruto se estaba convirtiendo en el hombre de su vida, un hombre con una personalidad y costumbres muy diferentes a las de ella, pero que a estas altura era lo que menos le importaba. Lo amaba como era, así un poco bruto, pero muy valiente y apasionado. Sobre todo apasionado por todas las cosas que la hacía sentir cuando estaban juntos. Con emoción recordaba su primera vez con él, todo había sido tan hermoso, la había tratado con tanto amor y pasión que la hiso sentirse como una reina, su reina. Sin duda era lo mejor que le había pasado en su vida, y aunque en algún momento llegó hasta odiar a su padre por haberla casado sin su consentimiento ahora se lo agradecía.

Después de varias horas de viaje Candy y Albert llegaron a la ciudad de Chicago. Ella se sintió fascinada de volver a ver la ciudad, después de haber estado un par de meses en el campo. Apenas bajaron del tren le pidió a Albert que la llevara a recorrer las tiendas. Para él no era muy agradable, pero con tal de ver feliz aquella chiquilla que le había robado el corazón, era capaz de cualquier sacrificio. Candy aprovechó para comprarse muchas cosas y Albert todo cargado la llevó al hotel donde se quedarían.

—Si no te detengo te compras todas las tiendas –comentó Albert dejando los paquetes encima de la cama.

Ella coqueta se acercó a él y lo abrazo por el cuello.

—Es que tenía la necesidad de comprar miles de cosas, además no todo es para mí sino también regalos para Dorothy, Patty, Anthony, Stear…

—Jajajaja si ya lo sé…¿No te sientes cansada?

—No, me siento con muchas energías para salir de nuevo a la ciudad.

—¿Y a dónde quieres que te lleve?

—Qué te parece si nos vamos a comer a un bonito restaurante.

—¿Y por qué no comemos en el hotel?

—No seas malo llévame a un restaurante…Anda dime que sí.

—Está bien…mi hermosa dama –le dijo dándole un corto besos en los labios –Pero antes podríamos quedarnos a descansar un rato.

—Me parece muy bien señor Andrew.

Sonrieron mutuamente y comenzaron una danza de besos que terminó en la cama, donde con el mismo amor y pasión se amaron una vez más.

Cerca de las ocho de la noche los rubios llegaban a un bonito restaurante de Chicago. Candy lucía un elegante vestido de terciopelo en tono azulado que la hacía verse como una reina. Sin embargo Albert que era un hombre sencillo, no vestía tan formal para la ocasión, aunque eso no significaba que se viera atractivo.

—Albert no sé qué plato pedir, hay tantas cosas ricas.

—Son bien raras estas comidas –comentó él mirando el menú.

—Jajajaja es que es comida francesa.

—Con razón no entendía nada…

—Jajajaja no te preocupes, yo te ayudo a elegir.

—Gracias mi bella dama –le sonrió - Mientras elige yo voy a ir al baño.

—Ve amor…

En ese instante una mujer muy elegante se acercó a la mesa donde estaba la rubia.

—¡No puedo creerlo Candice White! –exclamó la voz de la mujer.

Candy la miró reconociéndola de inmediato. Era Lilian la prima de su ex prometido Alexandre.

—Lilian –la nombró asombrada de verla–No pensé encontrarte en Chicago.

—Es que ando de luna de miel.

—¿Te casaste?

—Sí, mira en esa mesa está mi esposo –le indicó –Es Leopoldo el sobrino del duque de.

Candy observó hacia aquel lugar, donde el esposo de su amiga le hiso una seña.

—¡Felicidades Lilian!

—Gracias querida. ¿Y tú? ¿Es verdad que tu padre te casó con un ranchero americano?

—Sí…

—Eso te pasa por haber rechazado a mi primo Alexandre, un joven fino, hijo de un conde, ahora estas casada con un hombre de campo.

Candy frunció el ceño, ya que no le pareció el comentario de su amiga.

—Sí, pero ese hombre de campo como tú lo llamas me ha hecho muy feliz, a diferencia que lo hubiera hecho tu primo.

—Te has vuelto bastante grosera, querida.

—Siempre he sido igual –le sonrió Candy –Digo las cosas de frente, no como la alta sociedad de Londres que todo lo hablan por detrás.

Lilian suspiró ofuscada.

—Permiso Candice, no deseo seguir platicando contigo. Es más me iré a cenar a otro restaurante.

—Como quieras –le dijo Candy irónica–Si ves a tu primo Alexandre me lo saludas mucho.

Lilian dio la media vuelta y se marchó junto a su esposo.

En eso llegó Albert.

—¿Candy quién es la mujer que estaba hablando contigo?

—Una conocida de Londres –contestó – Ella es prima del hombre con el que me iba a casar mi padre.

—¿Nunca me has hablado de él?

—Para que…ni siquiera nos alcanzamos a comprometer, lo dejé plantado en medio compromiso.

—¿En serio hisite eso?

—Sí, arme un escándalo, por eso mi papá me castigó casándome contigo.

—Jajajaja eres una malvada. Ahora entiendo por qué tu padre hiso eso, yo habría hecho lo mismo.

—¡Albert! pero valió la pena o sino nunca nos habríamos conocido.

—Eso es verdad –le dijo Albert dándole un beso en la mano –Lo mejor que me ha pasado en esta vida es ha sido conocerte.

—A pesar que al principio nos llevamos muy mal.

—Si, a pesar de eso.

—¡Te amo Albert!

—Y yo a ti mi bella dama.

—¿Me amas más que a Sandra?

—Candy por favor…no hablemos de ella, esa mujer es parte de mi pasado.

—Pero la quisiste mucho. ¿Verdad?

—No, lo de ella fue una aventura. Lo que siento por ti es muy diferente.

—¿En serio? –le preguntó emocionada.

—Si…¿acaso no te lo he demostrado?

—Sí. Disculpa por dudar.

—No te preocupes, quiero que tengas muy presente lo que siento por ti, y que pase lo que pase nunca olvides que te amo.

—Nunca lo olvidare mi amor….

Albert se quedó pensativo sintiendo un poco de temor, ya que si era verdad que Sandra estaba esperando un hijo de él, las cosas se iban a complicar y eso podría arruinar su relación con su esposa para siempre.

A la mañana siguiente Sandra se había levantado más temprano que lo de costumbres. Tenía algo muy importante que hacer que la tenía preocupada. Sin que nadie la viera salió del rancho de su tio para viajar a un pueblo cercano a Lakewood y hablar con el medico que había visto por lo de su embarazo.

Al llegar la enfermera que trabajaba con el doctor la hiso pasar de inmediato.

—Señora Andrew –le dijo el doctor desde su escritorio.

Ella se había colocado ese nombre, haciéndose pasar por la esposa de Albert, para que nadie supiera su verdadera identidad.

Caminó hasta el escritorio y un poco nerviosa se sentó frente de él.

—Doctor vengo hablar con usted algo muy importante.

—Si es por su embarazo, lo siento mucho, pero ya le dije que no está esperando ningún hijo.

—¡Es que necesito estar embarazada! –expresó Sandra un poco alterada.

—Cálmese señora Andrew, no se desesperé, es una mujer joven de seguro que pronto va quedar en cinta.

—Usted no me entiende, a mi esposo le dije que estaba esperando un hijo.

—Va tener que decirle la verdad…

—No puedo, usted no lo conoce se pondrá como loco. Por favor doctor ayúdeme.

—¿Cómo quiere que la ayude?

—Que le diga a mi esposo que estoy esperando un hijo.

—Señora Andrew, que clase de profesional cree que soy –protestó el doctor sintiéndose ofendido.

—Es que…

—Es que nada, es mejor que se vaya de aquí, yo no me presto para eso.

Sandra se marchó de la consulta del doctor, pensando que algo tenía que hacer para que Albert no descubriera su mentira, era la única oportunidad que tenía para que el dejará a su esposa y se casara con ella, así que iba seguir con ese engaño hasta el final.

Ese dia Albert se levantó temprano para ir a la fábrica y resolver el asunto que lo había hecho viajar a la ciudad. Candy se quedó esperándolo en el hotel y cuando el regresó le pidió que lo acompañara a la residencia de los Cornwell, donde viven los padres de Stear.

Ahí pasaron una tarde muy agradable, platicando con los señores Cornwell y su hijo Archie y la esposa de él Annie Britter que estaba esperando su primer hijo.

—William si no hubieras traído a tu esposa, no habíamos creído que estas casado –le comentó el señor Cornwell sirviéndole una copa de brandi.

—Bueno…fue mi tía Elroy quien me caso sin mi consentimiento.

—¿Y eso se puede hacer? –preguntó Archie.

—Si sobrino, lo hiso con el padre de Candy por mandato.

—Vaya que interesante tio.

—¿Y tú Candy no querías ese matrimonio? –le preguntó la señora Cornwell que estaba fascinada con aquella historia.

—Para nada, como Albert odiaba el matrimonio –respondió con una risita –Cuando llegue al rancho fue horrible porque nos pasábamos peleando.

—Pero ahora se les ve muy bien.

Candy y Albert se miraron con amor.

—Es que ahora todo está marchando bien entre nosotros –dijo él.

—Solo les falta que tengan hijos –añadió Annie –Es muy bonito estar embarazada Candy.

—Bueno…yo antes no quería tener hijos, pero ahora sí.

—Entonces tendremos muchos –comentó Albert divertido.

—Oh no tantos, no sé si sería capaz de tener tantos hijos –expresó Candy preocupada.

Todos se echaron a reír.

—¿Y cómo está mi hijo Stear lo extraño tanto? –preguntó la señora Cornwell.

—La está pasando muy bien en el rancho junto a su novia Patty y Anthony.

—Voy a mandarle unas cosas que debe necesitar.

—De acuerdo, se pondrá contento cuando le cuente que los vinimos a visitar.

—William ¿y cómo te fue con el asunto de la fábrica? -le preguntó el señor Cornwell.

—No muy bien, tiene muchos problemas, así que voy a venderla.

—Es una buena decisión, si quieres te puedo ayudar en eso.

—Precisamente a eso venia.

—No te preocupes yo te ayudo con eso, pero es preciso que te quedes un par de días mas en Chicago.

—Está bien…

—Genial Albert –exclamó Candy entusiasmada –Así seguiremos disfrutando un poco más de la ciudad.

—Lo se…amor con esto tu eres las mas feliz.

Dos horas después Sandra llegó al rancho de su tio, donde todos la estaban esperando para almorzar.

—¿Sandra donde te habías metido? –le preguntó el señor Steven que estaba sentado fumando su pipa.

—Salí…al pueblo.

—Qué extraño no te vi en el pueblo, yo acabo de llegar –le dijo su primo Tom.

—¿Sandra di la verdad dónde estabas? –le preguntó su tía Mery –Saliste sin avisarnos, nos tenías preocupados.

Ella se puso a llorar.

—¿Por qué lloras?–le preguntó el señor Steven.

—¡Oh tio me vas a matar! –le dijo ella acercándose a él donde se puso de rodillas y lo abrazo.

—¿Que locuras cometiste ahora Sandra?

—Tio…estoy esperando un hijo de William.

El bruscamente se paró del sillón.

—¿Estas segura…?

—Si tio, hace tiempo que sabía que estaba embarazada, pero me daba miedo decírtelo.

—Lo último que me faltaba –expresó tomándose la cabeza con una de sus manos –Esperando un hijo de ese desgraciado.

—¿Sandra el señor Andrew sabe lo de tu embarazo?–le preguntó Mery.

—Si lo sabe, pero no me cree y lo peor que no va dejar a su esposa.

—No Sandra ahora sí que William Andrew va tener que casarte contigo, ahora mismo voy hablar con él.

—Tio él se fue a Chicago con su esposa.

—Pero cuando regrese me va a escuchar, ese desgraciado va tener que responderte o sino soy capaz de matarlo –dijo el señor Steven con seguridad.

Continuará...


Hola mis lindas chicas.

Espero que se encuentren muy bien. La semana pasada no pude actualizar asi que les pido disculpa. Aqui les dejo otro capitulo que espero que les guste.

Besitos para cada una de ustedes y gracias por seguir apoyandome con el fic.

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