Prólogo:

Sombras

Bloom, a pesar de haber sido criada mediante las reglas tradicionales de los Sagrados Veintiocho, nunca había creído del todo en lo que predicaban. Quizá el que sus padres hubiesen muerto por los seguidores de la pureza había influido en su infancia para cuestionarse todo lo que le decían, otra parte le decía que tras conocer a talentosos magos y brujas que no eran sangre puras; todas esas ideas habían cobrado fuerza y ahora formaba parte de la resistencia.

Su hermano la había llevado a vivir a un departamento que tenía en Cambridge- en la zona mágica- pues no quedaba muy lejos de la facultad en la que llevaba estudiando algunos años. Londres era un campo de guerra sin estallar y no tenía dónde quedarse, con su tío Severus trabajando con Voldemort no podía regresar a la casa de la familia Snape en Spinner's End- había ido en compañía de Remus Lupin y su hermano a recoger unas últimas pertenencias que quería tener con ella- pero eso fue un par de días después del regreso de Hogwarts.

Tampoco había tenido noticias de Draco Malfoy, en El Profeta no había más que intentos de artículos que intentaban producir un sentimiento de esperanza en la población mágica. Lamentablemente todo era en vano, se había comunicado con Ginny por vía flú pues querían que les ayudase con la boda de Bill y Fleur pero no podía salir sola de aquel lugar, no con los mortífagos atacando y secuestrando a los que se oponían a las ideas y ella era partidaria de la Orden del Fénix.

Al ser de los miembros más recientes no muchos estaban enterados de aquello ni lo hablaban. Sirius le había dado la bienvenida a la orden antes del quinto curso pero aún así no lo contó a nadie, por lo tanto Snape no lo sabría y era una ventaja con la que contaba, por el momento.

Entre tantas sombras que asediaban a la población un momento de felicidad apareció. Remus y Tonks se habían casado unos días antes y ella le había pedido a Bloom que fuese su dama de honor, había sido una ceremonia muy sencilla y especial. Los únicos invitados había sido la familia Tonks, ella y Cygnus. Los nuevos señores Lupin estaban felizmente enamorados. La rubia estaba feliz por ellos, merecían felicidad en sus vidas.

Odiaba estar encerrada, Cyg tenía pendientes en la facultad y ella no podía salir de aquel lugar. La hacía pensar en cosas que no quería pensar, no podía comunicarse con Harry o Hermione, estaban fuera de su alcance en el mundo muggle y no confiaba en el hecho de enviar una carta que les comprometiera y sospechasen de ellos. No causaría líos en esta ocasión.

O.o.O

Llevaba media mañana recostada en su habitación, su hermano tenía clases en la facultad y no volvería hasta esa misma tarde. Había leído la declaración de Rufus Scrimgeour en El Profeta antes de lanzarlo al fuego, ella no le creía ni una sola palabra. Aunque el Ministerio lo negase había mortífagos infiltrados; Theo, Blaise y ella habían dejado fuera de combate al imbécil de Yaxley- el cual trabajaba en el Ministerio- y ese testimonio era clave para la Orden del Fénix. Ya no confiaban en los aurores lo suficiente como para trasladar a Harry.

Jugueteó con la cadena de la cual colgaba el anillo que Draco le había dejado la última noche que le vio. No se lo quitaba nunca pero siempre lo llevaba debajo de la ropa para ocultarlo de los demás. Extrañaba a su novio, no sabía como la estaba pasando y eso no le dejaba dormir por la noche, las pesadillas estaban de regreso y no podía abusar de las pociones para dormir sin sueño. El curso pasado las noches de insomnio desaparecieron cuando dormía con su novio, era la única manera en la que se marcharon.

Un golpe en la puerta hizo girar sus ojos- ¿Quién?

-Cygnus, ¿estás bien?

-Adelante, está abierto.

La mirada preocupada de su hermano apareció.- ¿Pudiste dormir un poco? Debo tener por ahí un poco de poción para dormir sin sueños.

Ella negó.- He consumido varias dosis en los últimos meses, las pesadillas están de regreso. Creí que volverías más tarde.

-Deberías intentar dormir un poco, mañana en la tarde iremos a Diagon Alley a buscar un regalo para la boda de los Weasley y puedes buscar un vestido si gustas.- se sentó en la cama frente a ella- sólo he venido a ver como estabas.

-¿Realmente iremos? Pensé que no iríamos.

-Nunca he estado del todo cómodo que formases lazos con ellos, siendo sincero… tampoco es como si haya creído en toda esa tontería de la pureza. Pero debo admitir que cuentan con mayor protección en sus casas a diferencia de la que yo tengo en este departamento y si tengo que recurrir a ellos para ponerte a salvo, lo haré.

Ella le observó confusa.

-Algunas casas de la Orden tienen mayor protección por parte del Ministerio y salvaguardas muy potentes, he contactado con el Ministerio Francés para fortificar Ethel's Place y Viktor ha trabajado en ello también. Las de este lugar no servirán para detener por siempre a los mortífagos ni mucho menos a Quién-tú-sabes.

-No confío en el Ministerio, Cyg. Yaxley trabajaba ahí y estaba con los mortífagos en Hogwarts.

Él observó al buró y la fotografía de su hermana con su novio.- ¿Quieres acompañarme a la facultad? Tal vez encuentres algo más interesante ahí que aquí encerrada.

La rubia le dirigió una mirada incrédula.- Podrías haberlo sugerido antes, quería invitar a Daphne una de estas tardes.

Su compañera de habitación en el colegio le había visitado en las semanas pasadas, y por algún motivo cuando está con su hermano haciéndoles compañía; pues la única condición para que las chicas pudiesen encontrarse era que nunca estuviesen solas y Cygnus se veía obligado a siempre salir con ellas. La heredera Greengrass se sonrojaba cuando el joven le sonreía o hablaba directamente.

-Te estaré esperando en el salón- dice antes de salir, él está sumamente sonrojado.

Cogió unos pantalones negros al igual que sus botines cortos de tacón, su abrigo azul marino favorito y salió de su habitación.- ¿Entonces puedo llamar a Daphne?

O.o.O

Los hermanos Prince surgieron de las llamas de la vía flú en la chimenea del Caldero Chorreante. La rubia salió de prisa para sacudirse las cenizas de su abrigo en tonos burdeos, su hermano- con expresión seria- observó el establecimiento; había un par de magos ebrios en una mesa. Tom estaba detrás de la barra y le dedicó una mirada al cantinero.

Uno de los magos ebrios le dirigió una mirada a la rubia quien seguía sacudiendo las cenizas, Cygnus le colocó la mano en el hombro y ella detuvo su actividad.- Debemos ir a Gringotts antes de buscar el obsequio.

Ella asintió antes de empezar a caminar hacia la pared de ladrillos de Diagon Alley, tocó la superficie con la punta de la varita y se desvaneció dando paso a un paisaje sumamente desolado.

-Esto está tan desolado- susurró la rubia, únicamente para que su hermano le escuchase.

-Hay que darnos prisa- respondió guiándola- esto no me da buena espina.

O.o.O

Tras haber visitado la bóveda de la familia Prince en el banco habían paseado por Diagon Alley en búsqueda de un adecuado regalo de bodas para el futuro matrimonio Weasley. La situación en el lugar era tensa, Bloom había visto nuevas tiendas en las que habían cerrado hacía meses. Ollivander's había cerrado y una capa de polvo ahora cubrían las ventanas de la heladería de Florean Fortescue.

Un triste suspiro salió de sus labios, en menos de un par de meses la situación había empeorado y el antes abarrotado Diagon Alley se había convertido en un triste y desolado lugar, que había perdido aquella chispa de vida.

-Bloom…- susurró su hermano, la llevaba del brazo en un elegante paseo. El regalo para el matrimonio lo habían enviado a Ethel's Place.- Mantente alerta y sígueme.

El sonido de una aparición atrajo la atención de los hermanos, un par de figuras encapuchadas de negro empezaron a avanzar en dirección a los Prince. Cygnus apresuró el paso y ocultó a su hermana tras una esquina, sacó su varita y la blandió hacia el pasillo.

Un par de hechizos impactaron en la pared frente a ellos, seguidos de nuevas apariciones. Mortífagos. Bloom lanzó un par de hechizos antes de refugiarse en la oscuridad de aquel pasillo.

-Son al menos siete- murmuró Cygnus después de lanzar un hechizo que fue desviado.

-Expulso- la voz de la rubia sonó al mismo tiempo que una figura negra se acercaba a ellos.- Dudo que podamos con ellos, son demasiados.

Un maleficio no verbal salió de la varita del mayor y despejó el área.-Sujétate, debemos salir antes de que pase el efecto.- le cogió con fuerza del brazo y se aparecieron lejos del lugar.

Fecha: 25 de agosto de 2018

Hora: 02:20 am, Tijuana, México.