Ranma ½ y todos sus personajes son propiedad de Rumiko Takahashi. Este fic está escrito con el único fin de homenajear a su obra.
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Fantasy Fics Estudios presenta:
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ALAS DE MISAWA
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Los cazadores del Pacífico
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Era bueno. Jamás mi viejo amigo me había fallado antes. No importando si nos encontráramos empapados bajo la lluvia, cubiertos de lodo al cruzar un pantano, o fríos hasta los huesos y con una capa de escarcha cubriendo nuestros cuerpos en el mortal invierno de Mongolia; mi amigo nunca había errado una sola vez.
Quizás era culpa del endiablado calor de las costas del pacífico. No, ya no tiene sentido seguir buscando explicaciones, eran excusas, lo de verdad importante es que jamás mi amigo había fallado antes, y ahora sí. Todo el mérito se lo daría a ese chico. Sí, él era realmente bueno.
Acaricié con cuidado a mi amigo. El metal quemaba un poco, tras habernos encontrado quietos bajo el sol casi toda la mañana, no podía esperar menos. Te he maltratado, amigo mío. ¿Cómo puedo echarte ahora la culpa tras tantos minutos de espera y preparación? Era sencillo, imposible errar desde mi posición aventajada en lo alto de esta colina, oculto entre los largos pastizales. El viento del océano cubre cuerpos como una caricia.
Me dejé llevar por los recuerdos y la impaciencia me ha superado. Lo siento, amigo, es mi culpa el haber errado el disparo, ha sido mi responsabilidad esta demora, cuando tanto has hecho por mí para que regresemos pronto a casa. Mi mujer me espera, y mi también pequeña Peonía. Finalmente la conocernos, amigo, y te daré las gracias por haberme protegido hasta este día.
Al fin conoceré a mi hija. Ella nació semanas después de haberme enlistado por obligación. Sólo tengo fotografías de ella que me envió mi querida mujer. ¡Oh, no te pongas celoso, amigo mío! Puede que la vida me haya unido a ella, pero en la muerte tú siempre fuiste mi único compañero.
Debo concentrarme. Mi trabajo no es perder la cabeza en el momento más importante de todos. Uno más, sólo uno más me queda por cazar y entonces tendré mi merecido descanso, mi oportunidad para regresar finalmente por una temporada a casa. ¡Conoceré a mi hija! Te la presentaré, amigo mío, y le diré: "éste viejo pedazo de chatarra fue el que salvó la vida de papá muchas veces, en tantas aventuras, luchando contra el enemigo". Verás que ella crecerá queriéndote tanto como lo hago yo.
El viento sopla desde el este. Será un poco más difícil ahora. Al haber fallado mi presa debe conocer el lugar desde donde lo he atacado. Sin embargo, es una presa: como un conejo ante un lobo. ¿Qué armas le quedan? Sólo su destreza para evadirme. Lo lamento por él, pero mi triunfo es cuestión de tiempo y paciencia.
Y paciencia tengo mucha. Aunque debo reconocer que destreza tampoco le falta a ese chico, no por nada me ha conseguido evitar a lo largo de estos últimos dos días.
Amigo mío, ¿qué piensas ahora? En momentos como estos, en que tu sucio metal cubierto por tierra y lodo para que tu resplandor no nos exponga a ambos ante los ojos enemigos, es que te ves tan silencioso como yo. Ninguno de los dos puede pensar cuando debemos actuar solamente. Y sabemos dónde está nuestra presa ahora, oculta detrás de ese tronco a los pies de la colina.
Pobre insensato, tuvo suerte. ¿O quizás yo tuve la mala suerte por haber escogido mal a mi primera presa? Estaban esos dos hablando, mi viejo amigo con su calma que me inspira paz colocó el centro de la mira justo en la cabeza de uno de los dos. Y disparé.
Sí, fue hermoso y escalofriante, como siempre sucede en esos momentos. Lo lamento por ese desdichado, no fue nada personal. Después perseguí a su compañero y cuando creía haberlo tenido, ¡falle el tiro! Y desde ese momento han sido dos días jugando al gato y al ratón por los bosques y colinas de esta maldita pequeña isla.
No, compañero, no intento culparte por nada. Sé que ha sido mi culpa. Mi impaciencia me está superando de nuevo, el deseo de volver a casa también, la mano me tiembla; eso jamás me había sucedido. Acabemos con esto rápido y seremos felices otra vez.
¿Te dije que mi hija ya va a cumplir seis meses? Y todavía no la conozco en persona.
¿Qué sucede compañero? ¿Por qué vibras en mis manos húmedas? Ah, ya veo, nuestra presa se mueve. A pesar de la larga distancia que nos separa, puedo percibir incluso la tensión de los músculos de ese soldado enemigo. Ni siquiera es un soldado, no es más que un desgraciado que creía haber sobrevivido a su caída; pero como su desafortunado amigo sufrirá la misma suerte, por haber sido tan descuidado al creerse a salvo en la isla equivocada. Esta tierra nos pertenece ahora. A nosotros, a ningún maldito enemigo, sólo a nosotros.
Puedo ver, por un momento en que se asomó, quizás para provocarme a que dispare otro tiro por error, que no está armado más que con una pequeña pistola. Chico tonto, así no se gana una guerra, menos contra un tirador. Mi amigo no te perdonará esa ofensa, ¡enfrentarlo a él con una pequeña pistola!
¡Te mueves! ¿Corriendo crees que escaparás de mi y de la puntería de mi amigo?
El grito de guerra de mi furioso amigo me ensordeció… no es posible, ¡volvimos a fallar! ¿Cómo? Juraría que él se estaba moviendo en la dirección correcta, pero… apenas lo he rozado.
Después buscaremos responsabilidades, amigo mío, ¡luego me regañarás por haberme equivocado dos veces! Primero debemos buscar refugio. Conoces las reglas: un disparo y nos pondremos en peligro; con dos, la muerte acechará a nuestras espaldas si nos quedamos en el mismo lugar. Maldeciremos después la mala suerte que nos ha acompañado desde que llegamos a esta isla. ¡Fallar dos veces!, jamás nos había sucedido. Debemos movernos, correr, ocultarnos bajo el follaje, jugar al tigre y el venado dentro del bosque. No puedo dejarlo escapar, pero tampoco permitir que me embosque. Hemos perdido la ventaja, amigo mío, pero no la vida.
Ten fe, saldremos de ésta. Él está casi desarmado, asustado, es una presa; no es un cazador como nosotros, no un sobreviviente como lo hemos sido nosotros dos. Podemos con esto, y cuando termines con su vida, amigo mío, finalmente regresaremos a casa. Conocerás a mi esposa y a mi hija, ambos la conocernos al fin. Podré escuchar su voz, he soñado con ella desde el día en que mi mujer la puso al teléfono, ¡cómo se reía al escuchar la voz de su padre! Es hermosa, podría llegar a ser una gran cantante. Pronto la conoceremos, mi leal amigo.
Una sombra aparece ante mí, ¡no es posible! No era más que un niño para nosotros, pero se nos ha adelantado y en lugar de escapar dándonos la espalda, tuvo la osadía de salir a nuestro encuentro.
¡Chico astuto!
Pero yo todavía cuento contigo, compañero, y mis reflejos superiores. Nos apuntamos mutuamente. ¡Él no dispararía antes que yo!, puedo verlo, el brillo de duda en sus ojos, ¡él no es un soldado, no es un cazador como nosotros, tiene miedo a matar!
Ese niño nunca ha visto la muerte de cerca, no como nosotros. Lo lamento por él. ¡Dispara compañero!
¡Fallé! A poco menos de seis metros, he fallado, mi disparo dio en el árbol, ni siquiera pasó cerca de ese chico.
Ahora lo entiendo, finalmente lo comprendo todo. Fuiste tú, compañero, tú fallaste todas esas veces, no yo. ¡Maldito, maldito seas, yo que te había creído un amigo, un hermano!
Siempre estuviste celoso de mi esposa e hija, nunca deseaste que regresara a casa con ellas.
Tú me traicionaste, amigo.
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Disparó dos, tres, hasta seis veces. Siguió disparando hasta que vació el cargador de su pequeña pistola semiautomática, la única arma con la que contaba en su uniforme de piloto. El miedo que sentía se mezcló con la rabia, al recordar como la cabeza de su amigo Keichi había explotado como una calabaza ante sus ojos, cuando ambos se encontraban sentados y creyéndose a salvo alrededor de una fogata.
Siguió presionando el gatillo a pesar que ya no salían más balas.
Y ese soldado, aquél francotirador que los había descubierto mientras intentaban escapar del enemigo en una isla del pacífico, tras haber sido derribados, se tambaleó con cada disparo sacudiéndose violentamente. Sus tiros fueron erráticos, le dio en las piernas y los brazos, y sólo dos balas impactaron el pecho de ese enemigo. Fue suerte, mala o buena, que una de las balas cruzara justo la cabeza del tirador enviándolo directamente a la muerte.
Se acercó lentamente al cuerpo apuntándolo con la pistola, a pesar que el arma tenía el riel hacia atrás revelando que ya no le quedaba munición. Respiraba agitado, asustado por lo que había hecho. Era un soldado, ¡maldición, estaba entrenado para eso! Pero matar en el cielo, donde todo lo que veía era un avión enemigo, era muy distinto a haber matado de frente a un hombre que lo miró directamente a los ojos, con una rabia y decepción que no podría olvidar fácilmente.
Como si un relámpago lo hubiera sacudido, volvió en sí. Con el deseo de sobrevivir impulsando cada uno de sus huesos cayó de rodillas ante el cadáver y hurgó entre sus ensangrentadas ropas. Lo despojó de una segunda pistola de calibre distinto a la propia, se la quedó y tiró la suya al no servirle ya de nada. Vació los bolsillos de ese enemigo guardándose los cartuchos en sus propios bolsillos. Miró el fusil de francotirador, y como si no le tuviera confianza, lo apartó de la mano del soldado muerto. Siguió buscando, con la esperanza de encontrar una radio o algunas raciones. ¡Maldición, ya no podía pensar que estaba saqueando a un muerto! No parecía creer que fuera él mismo, sino era como si estuviera viendo a otra persona hacerlo mientras que su conciencia se mantenía muda, y su terror por su propio crimen ausente.
Encontró un pequeño trozo de papel cerca del pecho perforado. Una mancha carmesí tintaba una esquina de la fotografía. Escuchó un segundo bramido en los cielos, las nubes rápidas en el océano comenzaron a cubrir el horizonte hace poco despejado y de sol intenso. Tembló al sostener la fotografía en alto. Miró el rostro del soldado enemigo al que había abatido. Recién lo vio como a un ser humano descubriendo lo que había hecho.
En la imagen aparecía una joven mujer en la cama de un hospital, sosteniendo a un pequeño bebé en los brazos. Ella sonreía a la cámara con un resplandor de esperanza y anhelo.
Ranma Saotome dejó caer la fotografía y tembló. ¿Qué había hecho?
Los dos días sin dormir, huyendo, asustado, cargando con la imagen de su compañero muerto en la memoria mezclándose con la rabia asesina que lo había consumido; y ahora esto. Se inclinó y ya no se contuvo.
Vomitó.
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Fin por ahora.
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Notas del autor: Advertí que esta historia no sería bonita. La guerra es muy romántica cuando se habla de vencer al enemigo. ¿Pero quién es ese enemigo? ¿Quién es el malo, quién el bueno? ¿Quién merece morir o vivir? ¿Qué nos arrincona a actuar como animales intentando sobrevivir? Ni siquiera animales, porque ellos matan para comer o protegerse, sólo los seres humanos matamos por razones que no entendemos.
Ha sido un poco difícil escribir un capítulo donde veríamos a un protagonista no siendo el bueno final de la historia. Porque no lo es, ninguno lo es. El que vive tiene suerte, el que muere no contaba con ninguna. Mi propósito al escribir esta historia era justamente alejarme de los ideales románticos que tanto me gusta desplegar en mis otros trabajos.
Ésta es una trama que he creado para exorcizar a todos mis demonios, esas tramas que odio, que ya dije me cuesta mucho imaginar, y a veces me torturan. He aquí mis peores historias, y no sé si es que conseguiré salir entero o no de esta triste aventura.
Por cierto, tras haberme torturado todo un fin de semana, ya he conseguido armar el final de Alas de Misawa en mi cabeza. Así que no demorará mucho el trago amargo. También lamento que tendré que agregarle la etiqueta de "tragedia" a la historia. Perdónenme si esto puede desagradar a más de alguno, además que quizás mi estilo de tragedia nunca esté a la altura de otras obras y me quede corto, por lo que quizás los estoy asustando inútilmente, aunque a mí mismo me desagrade lo que puedo llegar a crear.
Y sí, la belleza del nombre del fic fue intencional. La hermosura y soledad, la paz que inspiran los cielos, como la imagen que escogí de portada, es un contraste a los horrores que se viven en la tierra.
Por cierto, también es posible que agregue un poco de acción y ligeros toques de ciencia ficción en esta historia. No estaba muy seguro al principio si escribiría a lo menos una escena de combate aéreo de manera directa, lo que también sería un interesante desafío pues jamás he probado hacer algo semejante y además en un medio escrito, no creo que tenga otra mejor oportunidad que en Alas. Pero no es mi propósito final convertirla en una trama de acción. De llegar a hacerlo sería muy acotado y puntual, sin detalles ni mis acostumbradas sosas introducciones, sólo para efectos de la historia.
Pero no deben fiarse, pues el centro de esta trama no es la acción, ni los actos heroicos, sino la desgracia misma de la humanidad. Y quizás, como me conocen, encontrar una manera de luchar en contra de ello.
Gracias por sus críticas, mis queridos amigos, me ayudan mucho para seguir adelante.
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Noham Theonaus.-
