Los personajes de Candy Candy pertenecen a sus autoras Mizuki e Igarashi. Esta historia es de mi autoría como todas las que he escrito y lo hago sin fines de lucro, solo por entretención.
La Dama y el Ranchero
CAPITULO XV
De vuelta en Londres
Un mes después…
—¡Barón de White! ¡Barón…!-gritó una sirvienta entrando al salón de la lujosa mansión.
—¿Que ocurre Matilde? –le preguntó preocupado, pensando que algo malo había ocurrido.
—Acaba de llegar la niña Candy.
—¡Mi hija aquí!–exclamó el barón parándose de un elegante sillón color verde.
—Sí, acaba de llegar en un carruaje.
El barón rápidamente salió a las afuera de su residencia, encontrándose con su rebelde hija, a la que no veía desde que ella se había marchado con Elroy América.
—Candy me viniste a visitar –le dijo observándola impresionado, viendo que estaba más adulta y más bella que nunca.
—¡Papá! ¡Papá! –exclamó ella lanzándose en sus brazos como una niña pequeña.
A pesar de todo había extrañado mucho a su padre, que volver a estar junto a él, era como un alivio a su decepcionado corazón.
—¿Hija que te ocurre? –le preguntó el barón acariciándole el cabello.
Se apartó de él y lo miró con sus ojos llenos de lágrimas.
—¡Oh papá perdóname por todas mis locuras¡ Por favor no me eches de tu casa.
—Candy como crees que te voy a echar de aquí, esta también es tu casa. Mejor entremos, tenemos mucho de que platicar.
Ingresaron al salón, donde ambos se sentaron en un sofá que estaba junto a la chimenea. Candy de inmediato le contó a su padre todo lo que había pasado con su esposo en el rancho Andrew. Algo que enfado mucho al barón.
—No puedo creer todo lo que me has contado, sobre todo que tu esposo vaya a tener un hijo con otra mujer –expresó el barón con enojo –Si hubiera sabido la clase de persona que era, jamás te habría casado con él. Mañana mismo le voy a escribir una carta a Elroy a Escocia para contarle lo que ocurrió con su sobrino.
—Papá no hagas nada, ya no vale la pena. Yo lo único que quiero es olvidarme de ese ranchero y continuar mi vida aquí contigo.
—Hija perdóname, todo esto es mi culpa.
—Papá no digas eso, tu querías lo mejor para mí –le dio un beso en la mejilla –Además me lo merecía por todo lo que te hice rabiar.
—Mi niña, te ves muy cambiada…
—Al menos esa estadía en el rancho sirvió para algo ¿verdad?
Él sonrió.
—Si mi niña –la abrazo con cariño –Me alegra tanto que estés aquí conmigo.
—A mí también papá….
En eso apareció Flammy la esposa de Michael el hijo mayor del barón.
—¿Cuñada que haces aquí?–le preguntó asombrada de verla.
Candy se paró del sofá y se acercó para darle un abrazo.
—Flammy ¿cómo has estado?
—Bien. ¿y tú Candy…?
—Flammy, mi hija tuvo problemas con su esposo, así que decidió regresar a Londres -dijo el barón.
—¡Oh lo siento mucho cuñada!
—No te preocupes, estoy bien –dijo aunque en el fondo no lo estaba, su corazón estaba tan dolido con Albert que sabía que esa tristeza le iba a durar mucho tiempo –¿Y dónde está mi hermano y sobrino?
—Pasaron a comprar unos dulces. Se pondrán muy contentos cuando te vean.
—Hija no te gustaría ir a descansar un rato –le sugirió el barón notando que la rubia se veía cansada.
—Si papá, me siento cansada.
—Yo te acompaño –le dijo Flammy.
Ambas se dirigieron a la habitación de Candy. Una habitación amplia y luminosa que estaba decorada con finos muebles y cortinas blancas que cubría el alto ventanal. La rubia se sintió feliz de volver a estar en su hogar, sin embargo no dejo de recordar el rancho Andrew, donde pasó los días más felices de su vida, junto al hombre que siempre iba amar.
—¿Candy quieres que le diga a una de las sirvientas que te preparen un rico baño con flores aromáticas?–le preguntó Flammy.
—Por favor, me vendría muy bien –dijo tomándose la cabeza.
—¿Que te ocurre? Te colocaste muy pálida.
—No sé, sentí un fuerte mareo.
—¿Y antes que había sucedido?
—Si, en el barco lo sentí varias veces. Últimamente me he sentido muy extraña –confesó Candy un poco preocupada por su salud.
—Cuñada no será que estas embarazada.
—Flammy que cosas dices –protestó más pálida de lo que estaba - ¡Yo esperando un hijo!
—Candy es lo más normal. ¿Acaso entre tu esposo y tú no pasó nada?
—Bueno…si paso…
—Entonces tiene toda lógica que vayas a tener un hijo.
—¿Tú crees Flammy?
—Puedes ser, pero mejor vamos a ver un doctor para que te lo confirme.
Candy dio un fuerte suspiro, sintiendo un gran temor de poder estar embarazada de ese ranchero que solo había jugado con sus sentimientos, causándole una gran herida en su alma, algo que nunca le iba poder perdonar.
…
En América Albert trataba de seguir con su vida, trabajando duro como siempre y haciendo todo los esfuerzos para olvidar a una mujer que había llegado a interrumpir en su vida. Ahora se encontraba solo nuevamente, como siempre ha querido estar, pero en el fondo sabe que nunca volverá hacer lo mismo, que Candy esa chiquilla que odio y amo con todas sus fuerzas se le había metido en lo más profundo de su ser, y que no iba ser nada de fácil poder arrancársela. Los momentos que había vivido con ella, habían sido únicos, tantos cuando discutían por sus diferencias, como cuando el amor tocó sus corazones convirtiéndolos en una pareja de verdad. Todo había sido tan extraño, pero tan maravilloso a la vez que le provocaba salir a buscarla por donde fuera, sin embargo su orgullo de hombre lo retenía, pensando que no podía humillarse así, que ella no había valorado su amor.
Como todos los días se había levantado muy temprano para recorrer sus tierras y ver que todo estuviera marchando bien. En compañía de Jimmy había salido a visitar sus cosechas que en un par de meses más serian explotadas. Cerca de las doce del dia regreso al rancho, ya que recordó que ese dia sus sobrinos Anthony, Stear y Patty se regresaban a Chicago. Sus vacaciones habían terminado y cada uno tenían que volver a retomar sus actividades.
—Stear y Patty comemos y nos voy a dejar a la estación –le dijo Albert.
Todos se encontraban en el comedor de la casa.
—Si tio, tenemos listas las maletas –le contestó Stear.
—Nos da mucha tristeza marcharnos –comentó Patty.
—Saben que pueden venir cuando quieran.
—Eso será después de nuestra boda con Stear.
—Tio me imagino que asistirá -le dijo Stear.
—Stear sabes que no tengo tiempo para esos eventos, pero voy a tratar de asistir.
—Si Candy estuviera habría asistido encantada –comentó Patty sintiendo nostalgia por su amiga.
—Pero no está Patty y no estará nunca más –dijo Albert con molestia - ¿Stear Anthony dónde está?
—No se tio –contestó un poco nervioso.
—El joven Anthony salió y no ha regresado –dijo Dorothy que estaba sirviendo los platos.
—Qué extraño que haya salido ahora que se va regresar a Chicago -comentó Albert.
—Tio, lo que sucede que mi primo Anthony no se va con nosotros.
—¿Como que no se va…Stear?
—Es mejor que él te lo explique.
...
En la cascada Anthony y Kelly se habían encontrado como lo hacían cada vez que podían. Llevaban más de un mese de relación y hasta el momento ninguna de sus familias lo sabían. Anthony en varias ocasiones tuvo la intensión de hablar con su tio, pero no encontraba el momento de hacerlo, ya que después de la partida de Candy su tio William había quedado muy afectado y no estaba para pasar un mal rato.
—Anthony quería mucho verte –le dijo Kelly abrazándolo.
—Yo también, mi amor…pensé que no llegabas.
—Me costó escaparme de la casa, mi padre anda muy desconfiado conmigo. Después de lo que le paso a mi prima Sandra tiene miedo que me pase lo mismo.
—Algún dia se va a enterar de lo nuestro.
—Se pondrá como loco cuando lo sepa–expresó Kelly con temor, imaginándose como iba reaccionar su padre cuando se enterara que ella se había enamorado del sobrino de su enemigo.
Anthony la abrazo.
—Tranquila amor, tenemos que ser fuertes –le dio un beso en la frente - Sabes hoy se regresa a Chicago mi primo Stear con su novia Patty.
—¿Y tú te vas con ellos? –le preguntó Kelly mirándolo a los ojos.
—Claro que no…-le respondió sonriéndole -Yo me quedo en el rancho de mi tio.
—Pero él va encontrar extraño que te quedes.
—Lo se…por eso hoy mismo hablaré con mi tio y le contaré que te amo.
—No lo hagas Anthony, va impedir que me veas –le pidió Kelly abrazándolo con fuerza –No soportaría no verte nunca más.
—Ha pasado mucho tiempo Kelly, tengo que hacerlo. Es mejor que lo sepa por mi boca a que se entere por otro lado.
—Si tienes razón…
—Tienes que estar tranquila, yo no voy a permitir que mi tio me separe de ti –le dijo un corto beso en los labios.
…
Minutos después regresó Anthony para hablar con su tio William de una vez. Ambos se encerraron en la biblioteca para que nadie los molestara.
—Anthony dime de una vez por que no quieres regresar a Chicago -le preguntó desde el escritorio - No es que quiero que te vayas, pero tienes obligaciones que cumplir en la ciudad.
—Lo se…tio, pero tengo un motivo muy importante para quedarme.
—¿Qué motivo?
—Es por una chica que conocí.
—¿Esa que conociste en la cascada?
—Sí, ella…
—Pensé que ya no la veías, como nunca más me volviste a hablar de ella.
—Ella es mi novia y si no te volví a hablar de ella fue porque…cuando te enteres de quien es realmente esa joven, te va causar una gran impresión.
—¿Anthony quién es esa joven? –le preguntó Albert impaciente por saber.
Anthony suspiro pesado antes de responder.
—Esa joven… es la hija del señor Steven.
Albert bruscamente se levantó del escritorio, con una cara de pocos amigos. ¿Qué locura era eso? Su sobrino enamorado de la hija de su enemigo.
—¡Te enamoraste de la hija de ese viejo!
—Si tio…yo sé que esto no es fácil para ti…
—Claro que no es fácil –protestó Albert golpeando en el escritorio - ¿Cómo pudiste enamorarte de esa joven? No sabes lo que significa el señor Steven siempre a odiado a nuestra familia, cuando sepa que andas con su hija lo hará mucho más.
—Yo lo se tio… pero son cosas que pasan, en el corazón no se puede mandar.
—Tienes que alejarte de ella, esa familia es de lo peor, ya viste todo lo que ha pasado con Sandra, no quiero que te pase lo mismo con la hija del señor Steven.
—¡No tio! Kelly es diferente, ella es una chica buena que me ama de verdad –le explicó Anthony tratando de hacerlo cambiar de opinión.
—¡Anthony por favor no me contradigas! ¡Tienes que dejarla! Ahora mismo arregla tu maleta y regresa a Chicago con Stear.
—No tio, no me vas a separar de Kelly. Si quieres me voy de tu rancho, pero de ella no me vas alejar –le aclaró Anthony saliendo bruscamente de la biblioteca.
Anthony vuelve aquí, no hemos terminado -le grito Albert pensando que algo tenía que hacer para separar a su sobrino de esa joven.
…
Sandra se encontraba viviendo en un pueblo cercano a Lakewood, en una posada que pagaba con unos pocos ahorros que tenía, sin dinero no podía ir a ningún lugar, pero tampoco quería hacerlo todavía hasta vengarse de su tio por haberla echado del rancho sin contemplación. Sin embargo sabía que sola no podría hacer mucho, así que tendría que encontrar a alguien que la ayudara. Después de pensarlo bien, se le ocurrió contactar a Neil Legan, era una persona sin escrúpulos, así que sería el aliado perfecto para su venganza.
Ambos se reunieron en la posada donde Sandra se estaba quedando.
—¿Que desea señorita Sandra? –le preguntó Neil bebiendo una copa de licor.
—¿Quiero que me cuentes que sabes de William?
—El sigue en el rancho, solo, su esposa no ha regresado.
—Al menos mi mentira sirvió para separarlo de esa chiquilla, si él no fue para mí tampoco lo fue para ella –comentó Sandra con satisfacción.
—Señorita si me mandó a buscar para hablar de mi tio, la verdad no me interesa…
—Niel no te llame solamente para eso. Quiero que me ayudes a vengarme de mi tio.
—¿Y yo por que tendría que ayudarla?
—Porque estás cansado de las ordenes de mí tio. Además te voy a pagar muy bien.
—Jajajaja con qué dinero, si el señor Steven la echó a la calle sin nada.
—Bueno…tú me puedes ayudar a conseguir ese dinero –le dijo Sandra con una leve sonrisa - Es mas de eso se trata mi venganza.
—¿Como…?
—Robándole a mi tio. En su habitación tiene una caja de madera llena de dinero y joyas, si las robas una parte será a para ti y la otra para mí.
—No se…es muy arriesgado –dijo Niel parándose de la mesa –Si su tio me descubre es capaz de matarme. Mejor pídale a otra persona que la ayude.
—Por favor Niel ahora te acobardas, después que fuiste capaz de secuestrar a la esposa de William para sacar dinero.
Niel la miró asustado y se volvió a sentar.
—¿Cómo se enteró?
—Un dia fui a tu cuarto para preguntarte algo, cuando llegue tú estabas hablando con un amigo que te había ayudado a secuestrar a la chiquilla.
—¿Por qué no me denunció?
—Por qué me gusto lo que hiciste. Pero si ahora no me ayudas lo puedo hacer –le dijo Sandra con una mirada desafiante que atemorizó a Niel.
—Está bien señorita… usted gana. ¿Cómo tengo que hacerlo?
—Yo te voy decir bien lo que tienes que hacer. Mi tio se va arrepentir toda su vida haberme echado de su rancho -dijo Sandra con una malévola sonrisa.
Continuará…
Hola mis lindas chicas.
Espero que todas se encuentren muy bien, muchas gracias por sus lindos reviews apoyando la historia.
Saludos y besitos para cada una de ustedes.
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