Los personajes de Candy Candy pertenecen a sus autoras Mizuki e Igarashi. Esta historia es de mi autoría como todas las que he escrito y lo hago sin fines de lucro, solo por entretención.
La Dama y el Ranchero
CAPITULO XVI
El embarazo de Candy
Días después Candy en compañía de su cuñada Flammy fue a visitar a un doctor, que le confirmó que estaba esperando un hijo, dejando a la rubia helada con la noticia.
Esa tarde Flammy al ver a su joven cuñada muy confundida con lo que le estaba sucediendo, la llevó a caminar por una hermosa plaza que estaba cerca de la mansión, para que Candy se distrajera un poco y despejara su mente.
—¿Candy cómo te sientes?–le preguntó Flammy.
—Oh cuñada no lo sé… me siento tan confundida –respondió la rubia apesumbrada.
—No te lo esperabas ¿verdad?
—Claro que no, yo quería tener un hijo con Albert, pero en estas circunstancias no es lo mismo.
—Te entiendo, están separados y más encima él va tener un hijo con su amante.
—Si, por eso es mejor que él no sepa nada sobre mi embarazo.
—Es el padre del bebé, tiene todo el derecho de saberlo.
—Lo se…pero se portó muy mal conmigo –contestó Candy dolida –Yo ya lo dejé, que se quede con el hijo de esa mujer.
—¿Estas segura…?
—Sí, esta criatura va ser solo mía. Albert nunca se va a enterar de su existencia.
—Bueno si es tu decisión…yo siempre te voy a poyar en todo.
—Gracias Flammy –le dijo Candy agradecida –Quiero pedirte que no le cuentes nada a mi padre.
—Mi suegro tiene que saberlo.
—Sí, pero no quiero que lo sepa todavía, yo después hablo con él.
—De acuerdo, no le diré nada.
Candy y su cuñada regresaron a la mansión, donde al llegar esta se encontró con su padre que estaba en compañía del hijo del Conde de Sheffield, Alexander el joven con el que ella estuvo a punto de comprometerse.
—Hija que bueno que llegaste, mira quien te vino a visitar –le dijo el barón indicándole a su ex pretendiente.
—¡Alexander! –lo nombró asombrada.
El joven que vestía elegantemente se acercó a ella y le dio un beso en la mano.
—Candice, estas realmente hermosa.
—Gracias, Alexander. ¿Qué haces aquí? Después de lo que ocurrió en nuestro compromiso me debes odiar.
—Jajajaja si debería, pero no…
—Alexander no es rencoroso, apenas se enteró que tu habías regresado quiso venir a saludarte –comentó el barón.
—¿No te molesta Candice? –le preguntó el joven a la rubia.
—No, claro que no…-contestó un poco incomoda, ya que no se sentía animada para andar atendiendo a visitas y menos a un ex pretendiente.
—Flammy porque no le dices a una de las sirvientas que me triga una botella de wisky para compartir con Alexander –le pidió el barón.
—Si suegro…
Flammy se dirigió a buscar una sirvienta, mientras que Candy, su padre y Alexander se sentaron en los sillones de la sala para conversar.
—Candy no sabes cuánto me alegre que hayas regresado –le dijo Alexandre mirándola fijamente –Tu padre me contó que dejaste a tu esposo.
—Si lo deje –contestó con tristeza.
—Fue lo mejor, no creo que un ranchero te hubiera hecho feliz.
—Alexandre preferiría no hablar sobre eso.
—Entiendo, mejor déjame contarte que la próxima semana será mi cumpleaños, usted barón y tu Candice están invitados.
—Gracias muchacho, ahí estaremos ese dia.
—Yo no creo que sea prudente que asista a tu cumpleaños, al conde le puede dar algo si me ve llegar a tu mansión -comentó Candy.
—Jajajaja no te preocupes Candice, él se encuentra de viaje.
—De todos modos es mejor que no vaya.
—De ninguna manera, tienes que asistir. Si no lo haces me voy a enfadar mucho contigo –le dijo mostrándole una sonrisa.
—Hija acepta la invitación de Alexander, te hará bien distráete un poco.
—Lo voy a pensar papá–dijo Candy no muy convencida.
Después que se fue Alexander, la rubia se fue a su habitación. Quería descansar y sobre todo estar sola, para pensar en lo que le estaba ocurriendo. Con paso lento caminó hasta la cama, donde lanzo su delgado cuerpo en unos finos almohadones de seda. Con la mirada hacia el techo, sentía una gran felicidad de saber que iba a tener un hijo, pero también mucho miedo de enfrentar sola su embarazo, de no poder compartir ese hermoso proceso junto al hombre que amaba. Eso le dolía en el alma, ella seguía amando a ese ranchero al que necesitaba más que nunca, pero no, él se encontraba muy lejos y al lado de otra mujer que también le daría un hijo.
Cerro sus ojos y algunas lágrimas cayeron por su mejilla, pero rápidamente se las saco con una de sus manos. No quería llorar por un bruto que solo había jugado con sus sentimientos, tenía que olvidarlo y solo pensar en su hijo al que tendría que proteger con todas sus fuerzas.
...
Niel espero un par de días para dar su golpe. Una tarde que el señor Steven salió con su esposa e hijo Tom para visitar a un amigo, entró a la habitación del viejo ranchero y como Sandra le había dicho encontró en un ropero una caja de madera llena de dinero y joyas. Sin que nadie lo viera los sacó y esa misma tarde viajo al otro pueblo para entregársela a Sandra. Ahí esta le entrego su parte a Niel para que se marchara de Lakewood lo antes posible, lo mismo haría ella, sin embargo antes de marcharse definitivamente tenía que hacer una visita a alguien que ha significado mucho en su vida y que nunca iba poder olvidar.
—Sandra Steven ¿qué haces aquí? –le preguntó Albert al ver a la mujer rondando sus tierras.
Ella con paso lento se acercó a él.
—William, vine a decirte que te sigo amando.
—Por favor Sandra, no me hagas reír, tú nunca me has amado. Una persona que ama a otra no le hace todo el daño que tú me has hecho.
—Todo lo hice por celos…me moría de rabia que tu estuvieras bien con tu esposa. Ella no te merecía.
—Tu tampoco me has merecido. ¡Me mentiste con lo de mi supuesto hijo y eso provoco que Candy me dejara! –le reclamó Albert furioso - ¡Estas feliz con eso!
—Sí, no te lo puedo negar, al menos ella tampoco se quedó contigo. Olvídate de esa chiquilla y regresa conmigo, yo te haría muy feliz.
—¡Lárgate de mis tierras Sandra! –le gritó Albert con el rostro rojo de la rabia –No sabes cuánto me arrepiento de haberme involucrado contigo.
—¡William…!
—Vete o quieres que te saque a la fuerza.
—No te preocupes, me voy para siempre…
—Eso espero…no quiero verte nunca más en mi vida –le dijo Albert marchándose en su caballo.
Sandra se echó a llorar desconsoladamente, a pesar que era una mujer caprichosa y egoísta, si amaba a Albert y saber que nunca más volvería a estar con él le causaba un gran dolor. Ese sería su peor castigo perder al hombre que amaba para siempre.
…
Dos días después el señor Steven se dio cuenta que le habían robado y que el sospechoso número uno era Niel Legan, ya que se había marchado sin decirle nada. De inmediato dio cuenta a las autoridades para que buscaran a Niel. Y en el primer lugar que lo haría sería en el rancho Andrey, donde trabaja su novia Dorothy.
Un policía en compañía del señor Steven y el hijo de este Tom llegaron al rancho Andrew, para interrogar a la joven sirvienta, que quedo muy sorprendida con lo que estaba pasando.
—No sé de qué están hablando, Niel no pudo haber robado –dijo Dorothy que se encontraba en las afuera de la casa.
—Lo hiso muchacha, tu noviecito me robó –le confirmó el señor Steven –Tu debes saber dónde se encuentra.
—Yo no sé nada…hacen días que no veo a Niel.
—¿Esta segura…?-le preguntó el policía –Sabes que si está mintiendo usted también puede ir a la cárcel por cómplice.
—¡Me van a llevar a la cárcel!
—Lo haremos sino dices donde esta ese desgraciado de Niel –contestó el señor Steven tomándola con fuerza por un brazo.
—Por favor no me lleven a la cárcel, es verdad lo que les digo –le suplicó Dorothy afligida.
—Ya papá déjala –le pidió Tom sintiendo compasión por la muchacha -Por lo visto esta joven no sabe nada.
—No le creo…ella tiene que saber…
—¿Que está pasando aquí? –preguntó la voz de Albert que llegó en ese momento.
—Patrón, patrón estos señores me quieren llevar a la cárcel –le dijo Dorothy acercándose a él para que la defendiera.
—¿Por qué quieren hacen esto con mi sirvienta? Y usted señor Steven que hace aquí en mi rancho. Se le olvida que le advertí que no quería verlo nunca más por estos lados.
—He venido porque tu sobrino Niel me robo –le contestó el señor Steven –La policía lo está buscando y la que debe saber sobre su paradero es su novia.
—¿Dorothy es verdad lo tú eres novia de Niel? –le preguntó Albert.
—Si patrón, perdóneme por no habérselo dicho –respondió Dorothy sollozando.
—¡Apuesto que tu mandaste a ese desgraciado a que me robara! –lo increpó el señor Steven.
—Yo no hecho algo así, Niel una vez también me robó a mí.
—Un Andrew tenía que ser –expresó el señor Steven con despreció –Tu familia siempre ha sido de lo peor.
—¡No le permito que hable así de mi familia! –le gritó Albert con ganas de golpearlo.
—Señor Steven es mejor que nos vayamos de aquí –le dijo el policía –Señor Andrew disculpe, no lo volveremos a molestar.
Los tres hombre se marcharon y Albert y Dorothy entraron a la casa.
—Dorothy nunca debiste ocultarme que tenías una relación amorosa con mi sobrino Niel –la regañó Albert un poco molesto con la situación.
—Lo se…patrón, lo siento mucho –dijo la joven bajando la mirada.
—¿De verdad no sabes donde se encuentra?
—No, es más hacían días que no lo veía, el muy canalla huyo sin decirme nada.
—Neil es una lacra de persona, ojala que la policía lo encuentre pronto.
—¿Patrón después de esto me va despedir? –le preguntó la sirvienta imaginándose que iba ser así.
—Dorothy cómo crees que voy hacer algo así, eres muy importante en esta casa. Lo que te voy a pedir que nunca más te vulvas a involucrar con Niel, el solo te va hacer daño.
—No se preocupe patrón, después de esto no quiero verlo más en mi vida –dijo Dorothy con una gran decepción en su corazón –¿Quiere que le sirva algo de comer?
—Más tarde, quiero saber ¿dónde está Anthony?
—El joven Anthony salió.
—Debe andar viendo la hija del señor Steven –dijo Albert frunciendo el ceño –Esto no puede continuar. Dorothy voy a estar en la biblioteca tengo que enviar una carta a Chicago.
…
Una semana después...
Candy sin mucho entusiasmo asistió al cumpleaños de Alexander tras la insistencia de su familia. Cerca de las ocho de la noche la rubia en compañía de su padre, hermano y cuñada llegaron a la lujosa mansión el conde de Sheffield. Alexander que se encontraba con unos amigos al ver entrar a la hermosa rubia que esa noche lucía un elegante vestido de terciopelo en color coral, de inmediato se dirigió a darle la bienvenida. A pesar que Candy lo había hecho hacer el ridículo el dia de su compromiso, le seguía gustando y mucho, así que ahora que estaba de regreso no iba descansar hasta conquistarla y convertirla en su esposa.
—Candice bienvenida –la saludó dándole un beso en la mano –Barón, Michael, Flammy me alegra que hayan asistido a mi cumpleaños.
—No podíamos dejar de venir Alexander –contesto el barón educadamente.
—Unos amigos suyos me estaban preguntando por usted.
—Entonces los voy a saludar. Michael me acompañas.
—Si papá…
—Papá, nos van a dejar solas –le dijo Candy.
—Solo un rato hija –le sonrío el barón –Tú te quedas con Flammy y Alexander.
—No se preocupe barón, yo cuido muy bien a su hija. ¿Candice no te gustaría bailar conmigo? –le preguntó ofreciéndole su mano.
—No quiero dejar a Flammy sola.
—Cuñada por mí no te preocupes…
—Ves, a Flammy no le molesta.
—Está bien…-dijo la rubia sin mucho entusiasmo.
Candy y Alexandre se colocaron a bailar en medio del salón, siendo observado por la mayoría de los presentes, que no entendían que la hija del barón estuviera en el cumpleaños del hombre que tiempo atrás dejó en vergüenza en medio compromiso.
Bailaron dos valses y Candy le pidió a Alexander que la llevara al jardín, se sentía un poco mareada y necesitaba tomar un poco de aire.
—¿Candice cómo te sientes ahora?–le preguntó el joven.
—Mejor…-respondió aspirando el aire de la noche –Gracias por acompañarme.
—Estoy para servirte en lo que necesites.
—A pesar que no me he portado muy bien contigo.
—Eso está olvidado…Yo no he dejado de pensar en ti –le dijo Alexandre con ganas de besarla.
—Alexander yo…
—¿Candice que haces aquí en Londres? –le preguntó la presencia de Elroy Andrew que llego a la mansión del conde.
—Señor Elroy –la nombró la rubia pálida de verla.
—Candice no me has respondido, ¿qué haces en Londres y en compañía del hijo del conde?
Candy no pudo responderle por qué sintió un fuerte mareo y cayó desmayada en los brazos de Alexander.
Continuará...
Hola lindas chicas
Espero que se encuentren todas muy bien. Mil disculpa por no haber podido actualizar antes, pero he tenido una semanas muy agitadas que no me permitieron actualizar. Ahora les dejo un capitulo, espero que les guste.
Muchas gracias a cada una de las chicas que me han mandado sus reviews.
Elbroche, elenharket2, Selenityneza, Sandy ordoez, Amy C.L, pivoine3, Guest, Serenity usagi, Gaby LezU, Guest, Lucy M, Ana isela Hdz, Kecs, Guest, Kumi Kinomoto, tutypineapple, Alondra, Stormaw, gloria Monroy, gloria Monroy.
Besitos para todas, si Dios quiere nos leeremos pronto.
