Los personajes de Candy Candy pertenecen a sus autoras Mizuki e Igarashi. Esta historia es de mi autoría como todas las que he escrito y lo hago sin fines de lucro, solo por entretención.
La Dama y el Ranchero
CAPITULO XIX
Un rencuentro desastroso
El viaje había sido largo y tranquilo para el rubio ranchero, sin embargo la ansiedad por estar lo antes posible en tierras inglesas no pasó en ningún momento. Las ganas de ver a la mujer que amaba y saber que ella le daría un hijo, era algo que lo tenía con sus sentidos a flor de piel. Atrás había quedado aquella decepción y rabia que había sentido por Candy, ahora lo que deseaba era verla, decirle lo mucho que la amaba y aclararle que lo del hijo de Sandra había sido una gran mentira de esta para separarlos.
Eran cerca de las diez de la mañana cuando el barco arribó en Londres. De inmediato Elroy llevó a su sobrino a la residencia de ella, donde Albert aprovechó para darse un baño y cambiarse de ropa antes de ir a la mansión del barón de White, donde por fin se rencontraría con la mujer de su vida.
—Tía ya estoy listo –le dijo Albert al llegar al salón vestido con su vestuario de ranchero.
Ella lo observó viendo que su sobrino vestía como lo hacía en el rancho, con un sombrero en la cabeza, camisa a rayas, pantalones cafés y largas botas negras.
—¡William iras vestido así! –exclamó horrorizada.
—Claro tía, que tiene de malo este vestuario.
—Es que…esa ropa no es para una ciudad como Londres. William por que no vas a cambiarte, te compre unos lindos trajes antes de irte a buscar a América.
—Oh tía no pienso vestirme como un señorito, entiende que soy un ranchero y lo seré donde sea –le aclaró con seguridad - Lo único que me interesa es ver a mi esposa.
Elroy suspiró dándose por vencida.
—Eres un cabeza dura….
—Jajajaja siempre lo seré querida tía, ya vamos de una vez a la mansión del padre de mi esposa.
—Si vamos….-dijo Elroy rogando que por fin todo se aclarará entre ellos para que volvieran a estar juntos.
…
En el rancho Steven las cosas no marchaban muy bien, desde que el señor Steven salió de la cárcel su relación con su esposa era insostenible, se la pasaban discutiendo todo el dia y el tema principal era que no le podía perdonar que ella le hubiera dado la autorización para que su hija Kelly se casara con Anthony.
Esa tarde había llegado una carta de Kelly, donde le contaba a su madre lo dichosa que se sentía junto a Anthony. La señora Steven la leía muy emocionada, pensando que había tomado la decisión correcta en dejar casar a su hija con un hombre bueno que la estaba haciendo feliz.
En ese momento el señor Steven llego junto a su hijo Tom.
—Mery vamos a casa de mi compadre –le anunció señor Steven a su esposa.
—Que les vaya bien.
—Mamá ¿y tú no vas con nosotros? –le preguntó Tom.
—No, estoy leyendo una carta que me envió tu hermana.
—¿Y cómo esta ella?
—Muy bien…dice que es muy feliz junto a su esposo.
—Me alegro por Kelly.
—Mery no quiero que vuelva a recibir carta de esa traidora –le ordenó el señor Steven quitándosela de las manos.
—¡No me puedes prohibir eso! –protestó la señora Steven colocándose de pies –Ella es nuestra hija. Hasta cuando vas a seguir con esa actitud que va pasar cuando Kelly tenga hijos, vas a despreciar a tus nietos también.
—Claro que los voy a despreciar…jamás los aceptaría, tendrían la sangre de esa despreciable familia.
—Que tristeza me da que pienses así.
—Cómo quieres que piense, si por tu culpa nuestra hija se casó con un Andrew –le dijo mirándola con rabia.
—Deja de odiar a esa familia por cosas del pasado.
—Eso jamás…siempre los voy a odiar.
—Ya papá, mamá tiene razón, no es sano que sigas con ese odio –le dijo Tom.
—Ahora tú también te vas a colocar en mi contra.
—No se trata de eso papá…solo quiero que todo se calme y que esta familia vuelva hacer la de antes.
—Eso será imposible, las cosas nunca volverán hacer la de antes –dijo el señor Steven apretando los puños.
En ese momento llegó un sirviente.
—Señor Steven –lo nombró.
—¿Que sucede Ramón?
—Señor Steven vengo del pueblo y me enteré que la policía capturó a Niel Legan.
—Por fin ese desgraciado fue capturado, ahora sí que me va a escuchar.
—¿Papá quieres que te acompañe?
—No, voy solo a enfrentar a ese imbécil –dijo saliendo de la casa.
…
Una hora después el señor Steven en uno de sus mejores caballos llegó a la delegación donde tenían detenido a Niel Legan. Después de hablar con uno de los policías que le conto que Niel había sido capturado en Chicago, pidió hablar con él.
—¡Niel Legan así te quería ver! –le dijo el señor Steven acercándose a la celda –Yo me voy a encargar que pases muchos años aquí por haberme robado.
Niel lo miró tragando seco.
—Yo sé que hice mal, pero no soy el solo culpable aquí también debería estar otra persona conmigo.
—¿Qué persona maldito ladrón?
—Su sobrina Sandra, ella fue la que me pidió que le robara.
—¡Sandra no haría algo así!
—Lo hiso para vengarse de usted por haberla echado de su rancho. Me contacto e hicimos el trato, así que la mayoría del dinero y las joyas que le robé las tiene ella.
—¡No puedo creerlo! –expresó el señor Steven tomándose la cabeza –Sandra es una víbora, es peor de lo que yo pensaba.
—Para que vea la clase de sobrina que tiene.
—¿Tu sabes donde se fue?
—No, pero me imagino que a estas altura debe estarse dando la gran vida en alguna ciudad del país -dijo Niel en tono de burla.
...
Candy ignorando que su esposo se encontraba en Londres, ella desayunaba en el jardín de su mansión, junto a su hermano, cuñada Flammy y el hijo de esta que estaba en los brazos de ella.
—Candice deja de comer, te vas a comer todo –le dijo Michael riéndose.
—Es que tengo mucha hambre….-comentó comiéndose una rebanada de pastel.
—Déjala Michael, es normal en su estado –le dijo Flammy - Recuerda que a mí me ocurrió lo mismo cuando esperaba a nuestro hijo.
—Eso es verdad…te comías todo –rio Michael.
—Michael que malo eres.
—Jajajaja es la verdad amor. Bueno ya nos vamos.
—Si…vamos.
—¿Y a dónde van? –preguntó la rubia.
—A comprar unas cosas –le respondió su cuñada,
—Me van a dejar sola.
—No sola hermanita –dijo Michael –Mira quien viene ahí.
Candy volteo su cuerpo encontrándose con la presencia de Alexander.
—¡Alexander! –lo nombró parándose de la mesa, ya que no lo veía desde que él se fue de viaje a Holanda.
Él llegó hasta ella y Michael y Flammy se marcharon junto a su hijo.
—Candice buenos días –la saludó dándole un beso en la mano.
—¿Cuándo regresaste de Holanda?
—Ayer…te extrañado mucho.
—¿Quieres desayunar conmigo?
—Solo dame una taza de café –dijo sentándose en la mesa.
Candy le sirvió el café.
—¿Cómo has estado Alexander?
—Bien…y tu hermosa como siempre.
—Gracias…-sonrió sonrojada.
—Me imagino que no te has vuelto a desmayar.
—No, me he sentido muy bien. ¿Y cuéntame cómo te fue en Holanda?
—Bien…
—Apuesto que conociste a una hermosa holandesa.
Él sonrió.
—No, hay chicas muy bellas, pero a mí la única que me interesa eres tu Candice –le dijo mirándola a los ojos.
Ella se sintió incomoda.
—Alexander, tu sabes que lo nuestro no puede ser.
—¿Por qué…? Yo te quiero de verdad.
—Lo se…pero yo siempre te he visto como a un amigo. Además en mis planes no está en casarme nuevamente.
—Eres muy joven para decir eso.
—Es que hay un motivo que me lo impide.
—¿Qué motivo? –le preguntó interesado.
—Estoy esperando un hijo de mi esposo.
—¿De verdad?
—Sí, y no sabes lo feliz que me siento.
—¿Eso significa que vas a regresar con él? –le preguntó desilusionado.
—No, a mi hijo lo voy a criar sola.
—Eres muy valiente Candice…
—Mi hijo me va da la fuerza para salir a adelante.
—Sabes que puedes contar conmigo y si tu quisieras hasta podría ser un padre para tu hijo.
—Gracias Alexander, eres una gran persona –le dijo Candy dándole un cariñoso abrazo.
En ese instante Albert apareció en el jardín, encontrándose con aquella escena que lo dejo desconcertado, preguntándose qué hacia su esposa abrazada aquel tipo.
—¡Candy!–le gritó rojo de la rabia y de los celos.
Ella al escuchar la vos de su esposo soltó a Alexander, quedando helada con la presencia de Albert.
—¡Albert!–exclamó asombrada de ver al hombre que la hacía latir su corazón.
El caminó hasta ellos.
—Parece que lo estás pasando muy bien, Candy.
—¿Albert que haces aquí?–le preguntó nerviosa de verlo.
—¿Candice quién es este tipo? –preguntó Alexander mirando con cara de pocos amigos al rubio.
—Soy el esposo de Candy ¿y tú quién eres? –le respondió Albert.
—Soy un pretendiente de ella.
—Vaya ya tienes pretendiente –comentó en forma irónica –Por lo visto no has perdido el tiempo, querida esposa.
—Albert no te permito que me hables en ese tono –protestó Candy –¿Quién crees que soy?
—Ni yo lo permito… –añadió Alexander –A Candice la respetas.
—No me permite que señorito –lo desafió Albert colocándose en frente –Has el favor de marcharte de aquí, quiero hablar a sola con mi esposa.
—No pienso irme…
Candy se puso en medio de los dos.
—Alexander, es mejor que te vayas –le pidió para evitar que hubiera una riña entre ellos.
—Está bien…me voy Candice, pero cualquier cosa que necesites me puedes buscar.
—Gracias…lo tendré presente.
Alexander rápidamente se marchó.
—¿Albert no me has respondido que haces aquí? –le volvió a preguntar la rubia observando a su esposo que a pesar vestía de ranchero se veía más guapo que nunca.
—He venido porque tenemos muchas cosas de que hablar.
—No veo que tengamos nada de qué hablar, a no ser que sea de nuestro divorcio.
—¿Te quieres divorciar de mí? –le preguntó Albert mirándola con sus ojos muy abiertos.
—Si…es lo que más deseo…
—¡Es por ese idiota! tienes algo con el ¿verdad?
—Si lo tuviera cual es el problema, tengo todo el derecho de rehacer mi vida –le dijo Candy alzando con orgullo la barbilla.
Albert la miró frunciendo el ceño.
—¡Eres una coqueta…!
—Tú no tienes ninguna moral de decirme eso después de lo que paso con la tal Sandra.
—Tienes que saber que ella…
—No me interesa…-dijo Candy con desprecio dándole la espalda.
—De verdad no te importa –le dijo Albert dolido sintiendo que su viaje hacia Londres había sido inútil.
—Si no me importa, lo nuestro ya no tiene solución. ¿No entiendo a qué has venido?
—Si piensa que vine por ti estas muy equivocada –dijo Albert mintiendo –Si estoy aquí es por mi hijo.
Ella bruscamente se volteo hacia él.
—¿De qué hijo estás hablando?
—Del que estas esperando. ¿O me equivoco?
—¿Quién te lo dijo?
—Mi tía Elroy, se enteró por casualidad –contestó Albert -Como tú no pensabas decírmelo nunca.
—Si piensas que voy a regresar al rancho contigo por nuestro hijo estas muy equivocado. ¡América no regreso nunca más!
—Eso lo tengo claro, aquí la estás pasando muy bien. No te preocupes porque no me interesa llevarte conmigo el que se ira será solo mi hijo.
—¡Jamás lo permitiría!…-exclamó Candy mirándolo con temor.
—Es mi hijo y tengo todo el derecho de tenerlo.
—Olvídalo William Andrew, a mi hijo lo criare yo, no creas que permitiré que se crie en ese rancho rodeado de animales y con un bruto que no sabe tratar a una mujer.
Albert bruscamente la tomó por la cintura.
—Jajajaja ahora dices eso, después de todas las cosas que te hice sentir cuando estábamos juntos, yo soy un hombre de verdad no como ese señorito –le dijo Albert aprisionándola con su cuerpo.
Candy sentía que se le cortaba la respiración. Tener a ese hombre tan fuerte así de cerca la hacía olvidar la rabia que sentía por él.
—¡Suéltame bruto con olor a vaca…!-le dijo tratando de zafarse de él.
—Deja de tratarme así, te guste o no sigo siendo tu esposo y si quiera ahora mismo te llevo conmigo de regreso al rancho.
—No serías capaz de eso…
—¿Quieres apostar…? –le dijo soltándola.
—¿Cómo puedes ser tan descarado? ¡Quieres que regrese al rancho para que me sigas engañando con esa mujerzuela! –le gritó Candy al borde del llanto.
—Entiende que lo de Sandra…
—¡Cállate! Vete de mí mansión no quiero verte nunca más en mi vida –dijo Candy saliendo corriendo del jardín.
Albert molesto por la actitud de su esposa regresó al carruaje, donde lo estaba esperando su tía Elroy.
—William ¿y cómo te fue con Candice? –le preguntó ansiosa por saber.
—Es una presumida que no quiero ver nunca más en mi vida –contestó con un coraje que no podía controlar.
—¿Pero qué ocurrió ahora?
—La encontré coqueteando con un tal Alexander.
—Ese joven es hijo de un conde, Candice estuvo a punto de comprometerse con él.
—Así que es el, por lo visto sigue interesado en Candy y a ella no le es indiferente.
—Pero le contaste a tu esposa lo de Sandra.
—Ni siquiera me dejo contarle.
—Si quieres puedo hablar yo con ella.
—No tía, tu no harás nada…ya no me interesa regresar con esa chiquilla, solo me interesa mi hijo y por el voy a luchar…
—Pero William…
—Tía no insistas…y ya vámonos de aquí…Mañana mismo me regreso al rancho donde nunca debí haber salido -dijo Albert con rabia y decepción.
Continuará…
Hola mis lindas chicas.
Espero que haya tenido una hermosa noche de año nuevo. Les deseo de todo corazón que este nuevo año sea maravilloso para cada una de ustedes, que se cumplan todos sus sueños, que gosen de buena salud y que no les falte nada en sus hogares.
Aquí les dejo otro capitulo de esta historia que ya esta llegando a su fin, muchas gracias por todo el apoyo que me han dado. Si Dios me lo permite espero este nuevo año seguir escribiendo y así también seguir en contacto con todas ustedes.
Un gran abrazo a la distancia y muchas bendiciones.
