Los personajes de Candy Candy pertenecen a sus autoras Mizuki e Igarashi. Esta historia es de mi autoría como todas las que he escrito y lo hago sin fines de lucro, solo por entretención.


La Dama y el Ranchero

CAPITULO XX

Reconciliación

Al dia siguiente de su visita a la mansión de su esposa, Albert quería a toda costa marcharse de regreso al rancho. Algo que por supuesto Elroy no iba a permitir, ella se sentía responsable de ese matrimonio que tenía que hacer el último intento para lograr que su sobrino recapacitara de su decisión.

—William por favor piensa en tu hijo, el necesita a sus padres juntos –le dijo Elroy caminando por el salón.

—Sí, pero a unos padres que se lleven bien, no como nosotros que nos pasamos peleando. Somos tan diferentes tía, nunca debiste casarme con una chiquilla insoportable como Candy –dijo Albert colocándose una chaqueta para marcharse.

—Sí, puede ser que haya cometido un error en casarte con ella, pero no me vas a negar que la amas y que todo esto lo estás haciendo por rabia.

—Si la amo –reconoció Albert -Pero ella no a mí. Ni siquiera me dio la oportunidad de explicarle lo de Sandra.

—Y si volvieras hablar con ella…

—Para que…vamos a terminar en lo mismo.

—As el último intento…hazlo por el amor que sientes por ella.

Albert suspiró, pensando en lo que le decía su tía. Ella tenía razón, amaba a Candy como nunca pensó amar a una mujer, así que por ese amor tenía que seguir luchando hasta el final.

—Está bien tía…Esa chiquilla no se va librar de mi tan fácilmente.

—Así me gusta sobrino, no te preocupes yo te voy ayudar –dijo Elroy con una risita.

Candy se encontraba en su habitación, se sentía triste por lo de Albert, a pesar de todo lo amaba más que nunca, pero su actitud le causaba tanto dolor que no quería verlo nunca más en su vida. Como se atrevía a decirle que le iba a quitar a su hijo, claro para llevárselo y criarlo junto al hijo de la tal Sandra. Que rabia le daba todo eso, era un canalla que le gustaba jugar con las mujeres y ella la muy tonta enamorarse como una tonta de él, pero no, ese amor se tenía que terminar fuera como fuera se lo arrancaría del corazón.

Esa mañana se encontraba tirada en la cama, mientras trataba de tejerle un zapatito para su bebé. Su cuñada Flammy le había enseñado, pero con lo poco concentrada que estaba, su tejido estaba quedando un desastre.

—Oh mi bebé soy un fracaso, ni un zapato te puedo hacer –comentó la rubia con frustración y dejando el tejido de lado.

—¿Cuñada cómo va tu tejido? –le preguntó Flammy entrando al lujoso cuarto de la rubia.

—Ni me preguntes, me está quedando horrible.

—Haber déjame verlo.

Flammy caminó hasta la cama de Candy donde le quito el tejido.

—Jajajaja esto no tiene forma. Se ve que tu cabeza esta en otro lugar o mejor dicho en una persona.

—No he estado pensando en Albert –contestó seria.

—A no…eso ni tú te lo crees -sonrió Flammy –Pero bueno, mejor busca un bello vestido para que esta noche asistamos a una fiesta en la mansión de Lilian la prima de Alexander.

—Preferiría no ir. No tengo ánimos, además a Lilian he soportado.

—No cuñada, no estoy dispuesta a que me digas que no, esta noche vamos a esa fiesta si o si…-le dijo Flammy que una hora antes Elroy le había mandado una nota con un sirviente, donde le pedía que llevara a Candy la mansión de Lilian, para que se rencontrara con Albert.

...

En la noche Candy con un alto peinado y luciendo un hermoso vestido de terciopelo en tono turquesa, llegó a la mansión de Lilian la prima de Alexander, en compañía de su hermano y cuñada. Su padre no quiso asistir, ya que le dolía la cabeza y prefirió quedarse descansando.

—Candy que bueno que viniste a la fiesta del esposo de mi prima –le dijo Alexander dándole un beso en la mano.

—Vine para distraerme un poco.

—¿Y tú esposo? ¿Qué ocurrió con él?

—Lo mismo de siempre, terminamos peleando.

—¿Le contaste lo del bebé?

—Él ya lo sabía, por eso vino a buscarme. Quiere quitarme al niño, pero eso jamás se lo voy a permitir.

—No te preocupes, sabes que tienes todo mi apoyo.

—Lo se…Alexander.

—Me encantaría invitarte a bailar, pero en tu estado…

—Y que tiene mi estado, mi bebe está chiquito todavía, así que puedo bailar todo lo que quiera…-expresó Candy con entusiasmó.

—Entonces me permite esta pieza ,señorita Candice –le dijo ofreciéndole la mano.

Candy le iba tomar la mano, cuando llegó Lilian.

—Alexander te busca tu padre –le anunció.

—Dile que estoy ocupado…

—Es mejor que vaya Alexander, no quiero que tengas problemas con el por mi culpa –le dijo Candy.

—En eso tienes razón Candice…mi tio el conde no quiere verte ni en pintura, después de lo que le hiciste a mi primo.

—Lilian no te metas…-la regañó Alexander.

—Solo digo la verdad, primo…

—Candice, voy hablar con mi padre y regreso para bailar.

—De acuerdo…te voy a esperar.

Alexander rápidamente fue hablar con su padre, mientras que Candy se quedó sola con Lilian.

—¿Candice y es verdad que te separaste de tu esposo?–le preguntó.

—Si…me separe de él.

—Qué extraño. Cuando nos encontramos en Chicago me hablaste maravillas de él. ¿Qué sucedió para que todo se terminara?

—Eso es algo que no voy a hablar contigo, querida.

—Ya se… no creo que haya sido muy agradable estar casada con un ranchero que apesta animal.

Candy la miro frunciendo el ceño ¿cómo se atrevía hablar así el hombre que ella amaba?

—Mi esposo no apesta animal, al contrario es un hombre muy atractivo.

—Jajajaja, eso no es verdad –rio Lilian - Debe ser de esos rancheros gordos y bigotones, que no tienen modales.

—Jajajaja Lilian, se nota que no conoces a mi esposo, es guapísimo.

En ese instante los ojos de Lilian y de otras damas que estaban en la fiesta se posaron en la alta figura de un alto rubio que las dejó con la boca abierta.

—No creo que sea más atractivo como ese hombre que acaba de entrar al salón.

Candy volteo su cuerpo quedando helada al ver la presencia de su esposo. William Albert Andrew, ese ranchero que conoció en América y que ahora parecía un verdadero príncipe antes sus ojos, luciendo un frac negro que le resaltaba aún más su atractivo.

—¡Albert! ¡no puede ser! –exclamó Candy colocando su mano a la altura del corazón.

—¿Tú conoces a ese hombre? –le preguntó Lilian mirándola extrañada.

—Sí, ese hombre es mi esposo –respondió caminando hasta él.

Al estar frente a frente ambos se miraron con muchas intensidad, antes de decir alguna palabra.

—¿Albert que haces aquí? –le preguntó Candy.

—Vine acompañar a mi tía Elroy.

—¿Y ella donde esta…?

—Se quedó afuera saludando a unas amigas.

—Pensé que te habías regresado a América.

—Me voy mañana…

—Ha…mañana…-dijo la rubia con tristeza.

—Estas muy hermosa, Candice…

Ella se sonrojo al instante, sintiendo un salto en su corazón.

—Gracias, tú te vez muy guapo. Ese traje te queda perfecto.

—Me siento como un pingüino…-comentó mirándose de pies a cabeza.

—Jajajaja, te entiendo, no estás acostumbrado andar así.

—Me imagino que a ti te debe gustar, así me parezco más a tu amigo.

—Albert…por favor, si vas a empezar con lo mismo, no me interesa seguir hablando contigo –dijo Candy dando la media vuelta, cuando se encontró con Alexander.

—¿Candice que hace tu esposo aquí? –le preguntó mirando al rubio de reojo.

—Vino con su tía -contestó - ¿Por qué no bailamos de una vez?

Alexander condujo a Candy a la pista de baile, donde se pusieron a danzar. Albert lleno de celos se acercó a una señorita y la saco a bailar, provocando que la rubia se enfureciera más con él.

Ambas parejas bailaron más de un val, donde en ningún momento los rubios se dejaron de mirarse. Hasta que Albert dejó a su acompañante y se acercó a su esposa. No podía soportar más que ella siguiera bailando con un pretendiente.

—Permiso, pero vengo a llevarme a mi esposa –dijo tomando a Candy en su hombro.

—¡Albert suéltame! ¡Yo no iré contigo a ningún lado!–le reclamó pegándole en la espalda.

—¡Déjala! –le protestó Alexander –¡No te llevaras a Candice!

—Tú me lo vas a impedir…

—Si…

—Jajajaja, no me hagas reír–le dijo Albert dándole un empujón al joven, provocando que cayera al suelo.

En medio del escándalo, Albert se rapto a su esposa y se la llevo en un carruaje. Ahí la soltó y ella le dio una fuerte cachetada.

—¿Que te crees? ¿Cómo te atreves a tratarme así? –le gritó furiosa y con ganas de llorar.

—¡Se te olvida que soy tu esposo! ¡No te voy a permitir que estés coqueteando con otro hombre! Me debes respeto.

—Respeto, tú nunca lo tuviste conmigo, a pesar que estábamos casados igual estabas involucrado con Sandra Steven.

—Eso no es verdad –protestó Albert sacándose la corbata –Yo no volví a tener nada más con ella.

—¿Y lo de tu hijo…?

Él la tomó por los brazos.

—Es lo que he querido explicarte desde que viene a buscarte, ese hijo no existe, todo fue un invento de Sandra para separarnos.

Candy se quedó asombrada con lo que estaba escuchando.

—¿Que estás diciendo…?

—Que todo fue una mentira de ella, lo descubrí el mismo dia que tú te fuiste. Pero eres tan terca que no me diste la oportunidad de demostrártelo.

—Oh Albert yo no sé qué decirte, lo siento tanto -le dijo bajando la mirada —Perdóname por mi actitud, he sido tan tonta.

—No sé si pueda perdonarte, fuiste muy injusta conmigo.

—Sí, lo fui...pero eso no significa que no te amé.

—¿En serio me amas..?.-le preguntó tomándole la barbilla.

Ella lo miró a los ojos.

—Con todo mi corazón.

El la acogió en su regazo, sintiéndose el hombre más feliz del mundo.

—Mi bella dama…te amo tanto.

—A pesar tan terca que soy.

—Jajajaja si lo eres, aunque yo también lo soy.

Candy rio…

—Espero que nuestro hijo no salga así.

—Nuestro hijo, suena tan bonito.

—Si…nuestro hijo que nos unirá para toda la vida.

—Te amo, mi bella dama…

—Y yo a ti ranchero bruto…

—Jajajaja, espero no serlo tanto.

—No tienes por qué cambiar, te amo a si de bruto.

—Y yo te amo así de orgullosa y presumida –le dijo besándola en los labios, en un beso anhelado y muy apasionado que duro varios minutos –¿Te vendrás conmigo al rancho?

—Por supuesto…que sí.

—Entonces nos vamos mañana…

—Por qué nos quedamos unos días más en Londres. ¿no crees que es tiempo que conozcas a mi familia?

—Eso es verdad –sonrió el ranchero - Ya es tiempo que conozca a mi suegro.

—Estoy segura que se van a llevar muy bien –dijo Candy guiñándole un ojo.

Como dos personas que se aman con todo su ser, los rubios se fueron a la mansión del barón de White, donde pasaron algunas semanas compartiendo en familia y disfrutando de las bondades de la capital inglesa.

En el rancho Steven la señora Steven había tomado una drástica decisión, se iría del rancho de su esposo. Ya no podía soportar más sus malos tratos y ese odio que tenía por su hija Kelly por haberse casado con un Andrew. Necesitaba alejarse de todo eso y comenzar una nueva vida cerca de su querida hija y futuros nietos.

—¿Mamá estas segura que quieres dejar a papá? –le preguntó Tom, mientras ella terminaba de arreglar su maleta.

—Sí, hijo, es lo mejor…La relación con tu padre es insostenible. Ya no puedo seguir viviendo con él –respondió guardando su ultimo vestido.

—Tienes razón mamá, papá es una persona llena de odio, hasta mi ya no me da ganas de vivir con él.

—Lo se…hijo. Pero no quiero que lo dejes solo, él te necesita aquí en el rancho, sabes que las cosas no marchan bien.

—Si mamá. Podre todos mis esfuerzos para sacar este rancho adelante

—Te quiero mucho hijo –le dijo dándole un fuerte abrazo.

—Yo también mamá…¿Te acompaño a la estación?

—Está bien, vamos…

Tom le tomó las maletas a su madre y se fueron a las afueras de la casa donde la estaba esperando una carreta que la llevaría al pueblo.

—Mery ya te vas –le dijo el señor Steven.

—Sí, me voy…-contestó.

—¿Te vas a vivir con esa traidora de Kelly?

—Sí, me voy con ella. Mi hija me necesita.

—No sabes cómo te vas arrepentir de haberme dejado.

—No, querido…es la mejor decisión que he tomado en mi vida. El que se va a arrepentir va ser tú por tener tanto odio en tu corazón.

—¡Vete de una vez…! -le gritó con rabia -¡Y no te atrevas a regresar, porque te echaré a la calle!

—¡Ya papá, no sigas! –lo regañó Tom –No te das cuentas que por tu actitud te estas quedando solo.

—No te preocupes hijo. No me afecta lo que me dice tu padre porque nunca más volveré –dijo la señora Steven subiéndose a la carreta donde se marchó con algunas lágrimas en los ojos, no solo por dejar el rancho donde ha pasado gran parte de su vida, sino también porque sabía que la vida de su esposo no volvería hacer la misma.

Llegó el dia que los rubios decidieron regresar al rancho, a su hogar.

—Adiós, papá –le dijo Candy dándole un cariñoso abrazo a su padre.

—Adiós, hija, cuídate mucho.

—No se preocupe suegro, yo siempre la voy a cuidar a mi hijo también –le dijo Albert abrazando a su esposa.

—Lo se…muchacho, se ve que amas a mi hija de verdad.

—La amo con todo mi corazón. Espero pronto verlos a todos por el rancho.

—Claro que iremos, para conocer al bebé –contestó Flammy.

—Cuñado mucha paciencia con mi hermana es un poco insoportable, pero es buena –comentó Michael en tono de broma.

Albert rio.

—Michael eres insoportable –se quejó Candy.

—Jajajaja…hermanita es una broma, tú sabes que te quiero mucho.

—Yo también, hermanito.

—Ya amor, es hora de irnos –dijo Albert.

—William, Candice que tengan buen viaje –los abrazo Elroy.

—Gracias, tía Elroy y papa por haberme casado con el hombre más maravilloso de este mundo –le dijo Candy con emoción.

—Gracias tía…Adiós a todos, espero verlos pronto -dijo Albert marchándose en un carruaje con la mujer de su vida.

Un mes después…

Después de un largo viaje en barco, el matrimonio Andrew regresaba al rancho, donde comenzarian una vida como una pareja que se respetan y se aman de verdad. Apenas se bajaron del coche, se acercaron algunos de los sirvientes para darle la bienvenida, entre ellos Dorothy y Jimmy que se sentían contentos de volver a ver a sus patrones.

—Candy que alegría tenerte de regreso –le dijo Dorothy abrazándola.

—Gracias amiga, te extrañado mucho.

—Yo también…

—¿Señora Andrew, es verdad que va tener un bebé? –le preguntó Jimmy al ver la barriga de la rubia.

—Sí, Jimmy.

—Espero que sea un niño para poder enseñarle a montar.

—No te preocupes Jimmy, estoy seguro que va ser un niño –dijo Albert tomándole el vientre a su esposa.

—Yo no estaría tan segura de eso, yo pienso que va ser una niña –le contradijo la rubia.

—Me está contradiciendo, señora Andrew.

—¡Oh claro que no, señor Andrew!

Ambos se echaron a reír.

—¿Dorothy alguna novedad en el rancho? –le preguntó Albert.

—No patrón, todo tranquilo. Pero tiene que saber que la policía capturó a Niel.

—¿En serio? ¿Dónde lo encontraron?

—En Chicago.

—Dorothy, Albert me contó lo que sucedió con tu novio, lo siento mucho –le dijo Candy sintiendo pena por su amiga.

—No te preocupes Candy, fue lo mejor, él no me convenía. Tienen que saber que él fue quien te secuestró.

—¡Niel me secuestró!

—Si…el mismo se lo terminó contando a la policía.

—¡Desgraciado! –expresó Albert –Debí imaginar que él estaba detrás de todo eso. Haré que pague muy caro en la cárcel.

—No se preocupe patrón…se lo llevaron a una cárcel de Chicago donde pasara varios años. Otra cosa patrón, Niel dijo que Sandra Steven le pidió que le robara a su tio y que ella se llevó la otra parte de la joyas y el dinero.

—¡Sandra mando a Niel a robarle a su tio! –exclamó Albert.

—Así fue...

—Esa Sandra se las trae –comentó Candy -Me imagino como se pondría el señor Steven cuando se enteró que su sobrina le robo.

—Furioso. La mandó a buscar por todos lados, y se enteró que Sandra huyo hacia Europa.

—Me alegra saber que esa mujer está muy lejos –dijo Candy sintiendo un gran alivio en su corazón.

—A mí también –añadió Albert.

—Pero eso no es todo –continuó Dorothy –La esposa del señor Steven se fue a vivir a Chicago con su hija Kelly.

—¿Se separaron…?

—Si patrón…se quedó solo con su hijo Tom. El ya no es el mismo, ahora su hijo está tomando las riendas del rancho.

—A mí me alegra saber que Anthony y Kelly lograron defender su amor –comentó Candy recordando que Albert le había contado aquella historia.

—Sí, mi sobrino y esa muchacha viven felices en Chicago. El señor Steven no pudo destruir su amor.

—Ahora está pagando todo lo malo que fue con usted patrón –dijo Jimmy.

—Sí, tuvo su pago. Lo importante que desde ahora en adelante todo será diferente.

—Si mi amor…-dijo Candy abrazándolo.

—Dorothy, Jimmy entren las maletas por favor –les pidió Albert.

Ambos sirvientes tomaron las maletas y entraron a la casa.

—Albert entramos también –le dijo Candy que se sentía un poco cansada.

—Si amor…entremos –la tomó en sus brazos –Bienvenida a su hogar mi bella dama.

—Gracias, mi ranchero bruto…Te amo – le dijo besando tiernamente sus labios, antes de entrar a su hogar, donde pasarían el resto de sus vidas.

...


Hola mis lindas chicas.

Espero que todas se encuentren muy bien y hayan empezado este nuevo año con el pie derecho. Aqui les dejo el final de esta historia, espero que les guste y me den su opinión.

Quiero darle las gracias a todas las chicas que me apoyaron con este fic, tanto comentandolo como colocandolo en sus favoritas. Muchas gracias por todo el cariño y respeto que siempre han tenido por mis fics.

Agradecerle también a mi amiga Stormaw que siempre me esta apoyando en lo que le pida, con respecto a la redacción de la historia. Gracias amiga por tu apoyo y amistad.

Un gran abrazo para cada una de ustedes y si Dios me lo permite espero leerlas pronto, con otros de mis fic.