Los personajes de Candy Candy pertenecen a sus autoras Mizuki e Igarashi. Esta historia es de mi autoría como todas las que he escrito y lo hago sin fines de lucro, solo por entretención.
La Dama y el Ranchero
EPÍLOGO
Meses después…
—¡Patrón! ¡Patrón!– gritó Jimmy entrando a un establo, donde se encontraba Albert guardando follaje para los animales.
—¿Que ocurre Jimmy? –le preguntó.
—Su esposa patrón, va tener a su hijo.
Albert como loco dejó el follaje de lado y corrió hasta la habitación donde estaba Candy, con todos los dolores de parto y en compañía de su fiel amiga Dorothty.
—Dorothy me duele mucho…-se quejaba la rubia.
—Aguanta amiga, esto es así.
—Nunca pense que fuera tan doloroso.
—Tranquila, yo te voy a ayudar.
Albert entró a la habitación.
—Candy, amor ¿cómo te sientes? –le preguntó acercándose a la cama donde ella se encontraba.
—Mal, me duele mucho.
Él le dio un beso en la frente.
—No te desespere, todo va salir bien…
—Es fácil decirlo como no eres tú el que va parir.
—Oh mi bella dama, yo no tengo la culpa de eso –se quejó Albert.
—Ha no, por tu culpa me embarace.
—Jajajaja eso es verdad, y lo seguiré haciendo, quiero tener una familia bien grande.
—¡Hay! –gritó Candy –Eso está por verse ranchero bruto.
—Candy empuja con fuerza ahí viene –le dijo Dorothy viendo asomar la cabecita del bebé.
Albert le tomó la mano a su esposa y esta con todas sus fuerzas pujo provocando que su bebé naciera.
El llanto del bebé se escuchó en todo el rancho.
—¿Dorothy que fue? –le preguntó Albert mirándola expectante.
—Fue un niño –respondió mostrándoselo.
—¡Un niño!–exclamo Albert con alegría –Yo sabía que sería un varón.
—Hay me sigue doliendo –se volvió a quejar Candy.
—No puede ser…viene otro bebé –dijo Dorothy asombrada.
—¡Que! –exclamaron los rubios al mismo tiempo.
—Amiga tendrás otro hijo, empuja otro poco.
Candy volvió a pujar, cuando salió otro bebecito.
—¿Que hermoso tendré otro niño? –expresó Albert.
—Esta es una niña –se las mostro - Que bendición dos bebé al mismo tiempo.
—Nunca pensé que tendría dos bebés -comentó Candy asombrada -Tráemelos Dorothy, quiero ver a mis hijos.
La sirvienta les llevo a sus bebés a la pareja de rubios. Candy tomó al niño y Albert a la niña.
—Son precioso –dijo Albert embobado con sus hijos.
—Sí, el niño se parece mucho a ti.
—Y la niña a ti…¿Como los vamos a llamar?
—A la niña, Ana como se llamaba mi madre y al niño Albert como tú.
—Entonces así se llamaran nuestros hijos. Candy gracias por hacerme este hermoso regalo –le dijo dándole un beso en los labios.
—Gracias a ti, por hacerme tan feliz.
—Hay que prepararse para hacer un gran bautizo –comentó Dorothy con entusiasmo.
—Claro que lo haremos Dorohty –dijo Candy.
—Amor, tenemos que buscarles padrinos a nuestros hijos.
—Tienes razón Albert…has pensado quien puedan ser.
—A mí me gustaría que el padrino fuera mi amigo George, pero él no tiene esposa.
—No hay problema porque Dorothy podría ser la madrina.
—¡Yo! –exclamó la sirvienta.
—Si, quien mejor que tú para ser la madrina de mis hijos.
—Oh el honor que me hacen en ser la madrina de los gemelos.
—Te lo merece Dorothy por todo lo buena que has sido con nosotras –le dijo Albert con una sonrisa.
—Gracias, patrón…
—Ya no me digas así, vamos hacer compadres.
—Eso es verdad –rio Dorothy –¿Y cuándo va ser el bautizó?
—En dos meses más…
…
Los dos meses pasaron rápidamente y llegó el dia del bautizó de los gemelos. Candy y Albert prepararon una gran fiesta, donde asistieron varios invitados. Entre ellos Anthony y Kelly que estaban esperando su primer hijo, junto a la señora Steven, Stear con su esposa Patty y la familia de Candy que viajo desde Londres, el barón con su hijo Michael y la esposa Flammy e hijo. También llegó al bautizo Elroy Andrew, con muchos regalos para los bebes.
El reverendo de la localidad le dio la bendición a los bebés y se realizó un almuerzo al aire libre, con un gran asado y otra delicias para los invitados. Candy como toda ama de casa, se encargó de prepararlo todo con la ayuda de Pony la cocinera y Dorothy. El barón estaba orgulloso de ver a su hija convertida en toda una mujer, al cuidado de su hogar, esposo e hijos, dejando atrás esa chiquilla rebelde que le había dado muchos dolores de cabeza.
Después de comer comenzó el baile, donde todos salieron a bailar una rítmica música country. Albert saco a su esposa, mientras que los bebés dormían al cuidado de Elroy, que estaba fascinada con sus sobrinos nietos.
—Albert me siento tan contenta –dijo Candy radiante de felicidad.
—Yo también, mi bella dama –contestó Albert –El bautizo de nuestros hijos quedo maravilloso. Todos se están divirtiéndose mucho.
—Si…en especial Dorothy y George. Mira como están bailando –dijo Candy viendo a la pareja que reían alegremente mientras bailaban.
Albert desvió sus ojos hacia ellos.
—Los padrinos de nuestros hijos se están llevando muy bien.
—¿Albert tú crees que ellos se terminen enamorando?
—Pienso que si…George necesita una buena mujer y Dorothy sería ideal para él.
—Ojala que se terminen juntos, quiero ver a mi amiga feliz al lado de un buen hombre.
—Si…y si no se deciden, nosotros le podemos dar un empujón. ¿No lo crees mi bella dama?
—Claro que si mi ranchero bruto –contestó Candy.
—Bruto, pero que te ama como nadie te va amar.
—Eso lo se…amor…-le sonrió enamorada.
En ese instante apareció la presencia del señor Steven junto a su hijo Tom, provocando que la música se detuviera y el ambiente se pusiera tenso.
Albert de inmediato caminó hasta el, pensando que habrían problemas.
—¿Señor Steven que hace en mi rancho? –le preguntó serio.
—Vengo en son de paz, Andrew –respondió el viejo ranchero.
—Mi papá desea hablar con usted señor Andrew –añadió Tom.
—¿Que desea decirme?
El señor Steven respiro hondo antes de responder.
—Andrew quiero pedirte disculpa por todo el odio que he tenido hacia tu familia. He comprendido que no puedo seguir así, que por culpa de ese odio he perdido todo lo que tenía –dijo mirando a su esposa e hija Kelly.
—Un odio injustificado, porque mi padre nunca le hiso daño a usted.
—¡El me quito mis tierras!
—No, señor Steven él se las ganó legalmente en un juego de cartas.
—Sí, tienes razón –reconoció –Pero no solo eso me hiso odiar a tu padre, sino que también me quito a la mujer que amaba.
—¿No le comprendo?
—Que yo ame mucho a tu madre, pero ella nunca me quiso solo tuvo ojos para tu padre.
—No lo sabía…
—Ahora lo sabes, pero no quiero seguir hablando de eso. Solo decirte que no deseo seguir peleando más contigo.
—Me parece muy bien, señor Steven –dijo Albert con una leve sonrisa.
—Bueno…ya me voy.
—Vaya en paz, señor Steven…
El ranchero se marchó con su hijo Tom, cuando Kelly corrió hasta él.
—¡Papá! ¡papá! –le gritó para que se detuviera.
—Hija –caminó hasta ella y le dio un fuerte abrazo –Perdóname por mi actitud…
—No te preocupes…lo importante que recapacitaste. Me siento muy orgullosa de ti.
—Yo también me siento orgullosa de ti –dijo la señora Steven mirando con cariño a su esposo.
—Mery –la nombró rompiendo el abrazo con su hija.
—Nunca pensé que fueras capaz de hacer algo así.
—Lo hice por ti y Kelly, no saben cuanta falta me han hecho.
—Tú también a mí –lo abrazo emocionada.
—Regresa a la casa.
—Claro que lo haré, querido…
Kelly y Tom se emocionaron a ver a sus padres reconciliados.
—Qué alegría verlos juntos nuevamente –comentó Tom.
—Mi hijo va tener a unos abuelos que se quieren de verdad –añadió Kelly.
En eso llegó Anthony.
—Kelly todo está bien -le pregunto.
—Sí, mi amor...me reconcilie con mi padre.
—Me alegra saberlo...
—Anthony, espero que tú me disculpes también -le dijo el señor Steven.
—Por supuesto...no hay ningún rencor de mi parte.
—Gracias...muchacho.
—De nada, suegro...
Todos se echaron a reír.
…
Por la noche cuando todos se encontraban dormidos y el silencio inundaba todo el rancho. Albert llevó a Candy hacia uno de los establos para darle una sorpresa.
—¿Albert que sorpresa me tienes? –le preguntó ansiosa.
—Tranquila, ya lo sabrás…
Entraron a un establo y la acercó a donde se encontraban los caballos escoces.
—¿Albert que hacemos en el establo?
—Esta es la sorpresa. Voy a regalarte uno de estos finos caballos que traje de escocia.
—¿Estás hablando en serio?
—Si…la yegua será tuya.
—Oh Albert…no sé si me lo merezca. Se te olvida que por mi culpa casi perdiste estos caballos.
—Jajajaja lo recuerdo muy bien, estuve a punto de matarte por eso. Pero eso fue en otro tiempo, ahora te mereces tener uno de ellos.
—Gracias Albert, es un regalo maravilloso –lo abrazó emocionada –El problema que no se montar.
—Jajajaja ya lo sé…no te preocupes yo te voy a enseñar. ¿Te parece si empezamos de inmediato?
—¿A esta hora?
—Y que tiene, la noche está muy estrellada para salir a cabalgar.
Ella sonrió…
—De acuerdo, señor Andrew…
Albert saco la yegua a la afuera del establo, subió a su esposa y después se subió el.
—Lista mi bella dama…
—Sí, lista mi amor…-le dijo dándole un beso en los labios.
El apasionado beso duro varios minutos y después se fueron cabalgando siendo iluminados por la estrellas del cielo.
FIN
Hola lindas chicas.
Para las chicas que quisieron saber mas de la historia, aqui se los dejo un epílogo. Espero que les guste, con mucho cariño para todas ustedes.
Muchas gracias a todas las chicas que me apoyarón con este fic a las de siempre, a las nuevas, y a Maryra que tuvo la gentileza de hacerme la portada.
