Los personajes pertenecen a la gran Rumiko, yo sólo los tomo prestados.
Esta historia es meramente para entretener
Witchcraft
Capítulo 3
En la espesura de un bosque que no reconoció fue donde apareció Ryoga después de evaporarse de su NO enfrentamiento con Ranma.
- ¿Y ahora dónde diablos estoy? No era aquí donde pretendía aparecerme. ¿¡Es que nunca voy a ser capaz de llegar al lugar que quiero ir!? - el chico de la bandana alborotaba su cabello de pura frustración - Sólo llego siempre donde se encuentra ella…
Desde aproximadamente los 7 años de edad, Ryoga se dio cuenta del extraño don que tenía. Él pensaba en un sitio y automáticamente aparecía en el lugar, que curiosamente casi siempre era otro distinto al que se imaginaba, pero por alguna extraña razón, en más de una ocasión, se encontraba con una niña de pelo azulado y mirada triste. Poco a poco en cada encuentro se fueron haciendo amigos, ella le contó de la muerte de su madre, también sobre sus hermanas. Él era feliz el tiempo que podía verla; La niña se fue convirtiendo en una preciosa joven a medida que pasaba el tiempo. A pesar de no saber controlar su don, siempre que pensaba en ella aparecía cerca… era de las pocas veces que acertaba.
Decidió caminar un poco para ver si ubicaba el bosque en el que se encontraba, antes de intentar aparecerse en otro sitio, cuando escuchó a dos personas susurrando. Con sigilo se acercó hacia el lugar de donde provenían dichos murmullos.
Se colocó detrás de un gran árbol y vio a una pareja, parecían personas algo maduras fundiéndose en un beso intenso.
Pensó que estaba invadiendo la privacidad de aquella gente pero había algo que no le dejaba despegar la mirada de allí. De pronto la mujer se separó de golpe del hombre.
- Esto no está bien… si mi marido se enterara te mataría y después me mataría a mí. No podemos permitirnos morir… no ahora… que nuestros... - Fue cortada abruptamente por su interlocutor quien la tomó de los hombros.
- Ya te perdí una vez hace tiempo, sé que éramos unos críos pero nunca he podido olvidarte.
- Yo tampoco he podido olvidarte Soun... - La mujer se abrazó a la cintura del patriarca de los Tendo.
- Mírame Nodoka - Ella alzó la vista para poder mirarlo, tenía los ojos cubiertos de lágrimas - Nunca me explicaste por qué decidiste que dejáramos lo nuestro pero me da igual, yo quiero estar contigo. No me malinterpretes, he amado a mi esposa intensamente pero nunca he podido dejar de pensar en ti.
- Pero es peligroso que nos vean juntos, se acerca el día en que nuestros hijos empiecen a recordar todo. Nuestro deber es guiarles…
- Tssss baja la voz… - Soun sintió una presencia cerca de ellos - ¡Sé que hay alguien ahí, siento tu aura guerrera! ¡Muéstrate!
Ryoga salió de detrás de su "escondite" con la cabeza gacha y un ligero rubor en las mejillas.
- Lo-lo siento mucho... no pretendía espiarles…
La mujer se acercó despacio al chico del colmillo.
- Eres Ryoga, ¿verdad? Hace mucho que no te veo por aquí - la sonrisa de aquella señora hizo que Ryoga sintiera un agradable calor, casi podría decir que lo que siente un hijo hacia una madre pero él nunca había experimentado esa sensación, así que no podía comparar. Se crió sólo con su padre, prácticamente aislado de todo y de todos. A su padre no le gustaba mezclarse con la gente.
- Sí-sí señora Saotome… no diré nada de lo que he visto aquí, no se preocupe y siento mucho haberles espiado… juro que no era mi intención -
- No te preocupes cariño, algo me dice que puedo confiar en ti - Nodoka puso su mano en el hombro del muchacho, se quedó extrañada de lo que estaba sintiendo. Rápidamente se apartó del chico, algo que para el joven despistado no pasó desapercibido.
- ¿Qué haces tan lejos de casa muchacho? - Soun se acercó donde estaban Ryoga y Nodoka.
- Iba hacia mi casa, quise tomar un atajo y acabé perdiéndome. No es la primera vez que me pasa… - Ryoga emitió una sonrisa nerviosa, la situación le resultaba tremendamente incómoda. Lo único que quería era alejarse para probar suerte y aparecerse en su casa - Bueno, voy a continuar mi camino, como les he dicho pueden estar tranquilos. Mis labios están sellados, no haría nada que perjudicara a la señora Saotome, ella siempre ha sido muy buena conmigo. Has-hasta luego…- y comenzó a caminar.
- ¡Muchacho! - la voz de Soun Tendo sonó grave. Ryoga paró en seco - el camino hacia el pueblo es por el otro lado.
- Jejejeje Gra-gracias, qué despistado soy - y se alejó lo más rápido que le daban sus piernas.
- ¿Crees que podemos fiarnos de él? - Soun miró a Nodoka, ésta aún seguía con la vista fija hacia donde se había ido corriendo el muchacho.
- Completamente…- y lo pensaba con el corazón.
- Es hora de que regresemos, ¿cuándo volveré a verte? - Soun la tomó de la cintura y la acercó hasta él.
- Te mandaré una nota a través de una lechuza cuando crea que no hay peligro, aunque cada vez va a ser más complicado vernos.
- Si no sé nada de ti en dos semanas iré a buscarte, no pude hacer nada por mi esposa, no quiero perderte a ti también - y Soun Tendo cerró la distancia que les quedaba besando a su ninfa muy delicadamente. Sentía que tenía que recuperar el tiempo que el destino les había quitado.
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Akane iba ensimismada haciendo memoria de todo lo que llevaba para la cena, esperaba que no se le hubiera olvidado nada de lo que le había dicho Kasumi.
A lo lejos pudo distinguir la figura de un hombre, era alto y vestía una capa larga y negra. No supo por qué pero un escalofrío recorrió su espina dorsal, quería dar marcha atrás pero no existía otro camino cercano a su casa y ya estaba bastante próxima. Empezó a concentrarse por si necesitaba usar sus dotes de artista marcial y hasta para usar su magia en el caso de ser necesario.
El hombre no le quitó la vista de encima hasta que la tuvo muy cerca, ella caminaba con la vista al frente, no iba a dejar ver lo aterrada que estaba.
- Buenas tardes, Akane. ¿Alguien te ha dicho alguna vez el gran parecido que tienes con tu madre? - la voz de aquel hombre sonaba verdaderamente siniestra. La peliazul lo miró con los ojos muy abiertos.
- ¿Cómo es que sabe mi nombre? ¿ Y de qué conoce a mi madre? - intentaba que la voz no le temblara.
- No… eres aún más bonita que ella… - el hombre alto se acercaba sin ningún tipo de recato - ella tenía el pelo corto, seguro que a ti te queda increíblemente bien.
Akane comenzó a retroceder, ese hombre le daba tantos escalofríos que no era capaz de reaccionar - No, no se acerque más a mí, se lo advierto, soy cinturón negro de artes marciales estilo libre.
El hombre rió escandalosamente - Akane, no te resistas, llevo mucho tiempo buscándote… sólo déjame sentir tu piel. Quiero ver si eres igual de suave que tu madre…- acercó el dorso de su arrugada mano y lo pasó por la mejilla de la chica. Estaba paralizada por el miedo, ¿qué le pasaba? Ella era valiente, ¿qué había tan oscuro en ese hombre que la hacía temblar así? sólo pudo empujar al sujeto y gritar unas cuantas palabras.
- ¡Le he dicho que no se acerque! - consiguió retroceder lo suficiente para perder el contacto físico con aquel desconocido que aparte de miedo, sintió asco; empezó a concentrarse para mover una enorme piedra y salir corriendo hacia su casa, cuando oyó una voz en la lejanía que le resultó conocida.
- ¡Eh! ¡No se le ocurra ponerle una mano encima! - Ranma corría apresuradamente hacia donde se encontraba Akane.
El hombre emitió un silbido y un pegaso negro con un hermoso cuerno de marfil, blanco como la luna, apareció a su lado proveniente del cielo. Montó en él y antes de irse volvió a dirigirse a la joven y asustada chica - Nos volveremos a encontrar, Akane Tendo - y se perdió por los aires a lomos de su corcel alado.
Ranma llegó a la altura de la peliazul - ¿Te encuentras bien? - el pelinegro puso una mano en el hombro de la chica que parecía no reaccionar. De repente ella lo miró a los ojos, estaban cristalinos por las lágrimas que querían correr libremente por su rostro. Akane se abrazó a la cintura de Ranma y comenzó a sollozar, el pelinegro se quedó petrificado ante la acción de la chica. Cuando su cuerpo le permitió moverse abrazó con delicadeza a la peliazul, rodeándola con sus fuertes brazos. Se quedaron en esa posición un rato, sintiendo que el lugar correcto era estar cada uno en brazos del otro. Sintiendo como sus almas se tranquilizaban.
Akane poco a poco se fue calmando y con ello recobrando la cordura, lo que la hizo separarse de forma brusca de Ranma.
- Yo… gra- gracias por venir en mi ayuda… - la peliazul hablaba mirando hacia el suelo y con las mejillas ligeramente sonrosadas. Aún sentía en su piel el contacto tan íntimo que acababa de tener con ese, para ella "desconocido"
- De nada… si quieres te acompaño hasta casa … - el pelinegro tampoco se quedaba atrás con el rubor de sus mejillas, estaba muy a gusto con Akane entre sus brazos, nunca había experimentado una sensación así, hubiera querido que durara un poco más...
- No hace falta, ya estoy cerca - y se dio la vuelta dispuesta a seguir su camino.
- No sé por qué te empeñas en ir sola a los sitios, es peligroso para una chica.
- ¡Yo no soy una chica cualquiera! ¡Sé defenderme sola! - Lo que menos soportaba Akane es que la creyeran débil sólo por ser mujer, además, ese chico no sabía cuán poderosa era en realidad.
- ¡Oh, sí ya lo vi! ¿Y cuándo pensabas defenderte, antes o después de que volviera a tocarte? - el chico de la trenza estaba prendido en furia, no sabía el motivo pero no soportaba ver que nadie tocara a su impertinente peliazul, casi ni soportaba ver a ningún chico cerca suyo. Ya lo comprobó cuando su baboso amigo Daisuke la vio, o cuando el cerdo de Ryoga estuvo hablando con ella.
- ¿¡Qué estás insinuando¡? ¿¡Crees que me hizo gracia que ese pervertido me pusiera la mano encima!? ¡Sentí asco! Y estaba a punto de darle su merecido cuando apareciste.
- Seguro que le habrías dado una buena paliza... - se notaba el deje burlón de Ranma.
- ¡De mí no se burla nadie! - y se lanzó sobre Ranma atacándolo con una de las técnicas del estilo libre que le enseñó su padre, cosa que al pelinegro no le fue difícil esquivar.
- ¿Eso es todo lo que sabes hacer? - y le sacó la lengua a modo de burla desde lo alto de un árbol.
- ¡Baja ahora y te demostraré de qué más soy capaz!
- ¡Sube tú a buscarme!
Akane estaba tan furiosa que no se dio cuenta cuándo comenzó a mover el árbol con su mente para arrancarlo y que ese estúpido chico se tragara todas sus palabras.
- ¡Un terremoto! Espera… "¿Y ella por qué no se mueve?" pensó el pelinegro.
Akane se dio cuenta del error tan grande que iba a cometer exponiendo su poder ante alguien que no fuera su familia.
- ¡Eres odioso! Retiro el haberte dado las gracias - cogió su cesta del suelo y volvió a dirigir sus pasos camino a su casa.
Ranma bajó del árbol - ¿Es que prefieres que te acompañe Ryoga a tu casa?
Akane volvió a girarse y se encontró con un Ranma a escasos centímetros de ella con el ceño fruncido.
- ¿Cómo sabes que conozco a Ryoga? ¿Es que acaso me sigues espiando?
- ¡Yo nunca te he espiado! ¿Quién querría espiar a una chica tan poco agraciada y antipática como tú?
- ¡Si soy tan antipática y tan poco agraciada entonces deja que me vaya ya a casa! ¡Y sola! - Lo que se había convertido en un agradable contacto con ese chico había acabado con no querer verlo más. Esta vez no quiso caminar, deseaba correr para mitigar el dolor que tenía en el pecho. ¿Por qué le había herido tanto lo que ese tonto le había dicho? Si no tenía importancia, no eran nada, no se conocían. Pero Lo que su alma sintió hace un rato cuando se abrazaron... todo fue distinto en esos segundos.
-"¡Maldición! Yo no quería decirle eso pero es que me saca de mis casillas" pensó el pelinegro - ¿Por qué huyes de mí?
- "¿Por qué huyes de mí?" - en la cabeza de Akane esa frase resonaba una y otra vez… fue lo mismo que le dijo el chico de sus sueños.
- ¿Qué-qué has dicho? - frenó en seco pero no pudo mirarle a la cara.
- ¿Qué por qué huyes de mí? Sólo quiero ayudarte, puedes confiar en mí.
- Es que no entiendo… - Akane hablaba más para sí que para que Ranma la escuchara.
- ¿Qué has dicho? - el pelinegro se acercaba lentamente hacia donde se encontraba Akane, temiendo que volviera a salir huyendo.
- Lo siento… tengo que irme - y esta vez sin mirar atrás la peliazul se perdió en la espesura del bosque.
- ¡Akane! ¡Ahhh es inútil! Igual esta sensación de que estamos destinados es pura tontería. Será mejor que regrese a casa pero… ese tipo tan raro… tengo que vigilarla más de cerca. No pienso permitir que le pase nada malo.
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Akane entró corriendo a su casa, dejó la cesta en la cocina y subió directa a su habitación sin saludar a nadie. El portazo que dio alarmó a su hermana mayor, que justo entraba de estar lavando y tendiendo la ropa. Subió las escaleras y tocó la puerta de su hermana menor. Su corazón le palpitaba muy fuerte, había sentido el terror que vivió la peliazul. Después volvió a sentir esa poderosa energía y volvió a ver al muchacho del otro día.
- Akane, soy Kasumi, abre por favor - se notaba angustia en las palabras de la castaña.
- ¿Qué ocurre? - Nabiki apareció al lado de Kasumi. Se encontraba en el baño cuando oyó a su hermana mayor.
- Akane ha llegado a casa, ya sabes que he sentido una energía muy siniestra junto a ella y he percibido claramente su miedo, quiero saber que se encuentra bien.
Nabiki asintió y golpeó la puerta de la habitación de la peliazul aún más fuerte.
- ¡Eres una cabezona! Tienes a nuestra hermana tremendamente preocupada, ¿no te importa ella? - chantaje en toda la expresión de su palabra… Eso era lo que mejor se le daba a Nabiki Tendo.
- No me pasa nada, estoy bien. Sólo quiero descansar un poco antes de comer - Akane contestó sin abrir la puerta.
- ¿Quieres que haga nevar o que congele tu habitación? Ya hace bastante frío… te aseguro que vas a suplicar porque te deje salir de ahí - la reina del hielo, así la llamaban sus hermanas y no sólo refiriéndose al poder de la castaña, si no a la cabeza tan fría que tenía siempre para resolver cualquier situación.
Akane sabía que cuando Nabiki amenazaba no era en balde y abrió la puerta de su habitación.
- Ya está, ¿contentas? - y se sentó en su cama con la mirada perdida.
Kasumi se sentó al lado de ella - Akane… ¿me quieres contar qué ha pasado? - colocó su mano en una de las rodillas de la ojiavellana.
Nabiki se echó en una de las paredes, cruzada de brazos y con la mirada fija en su hermana menor.
- No sé que me ha pasado, nunca había sentido algo tan tenebroso. Me quedé totalmente paralizada… - la voz de Akane temblaba al recordar el encuentro con aquel hombre.
- Lo sé, me hiciste llegar esa sensación. Nabiki iba a salir a buscarte pero de repente volví a sentir esa energía, la misma que la vez que te encontraste con ese chico y lo vi… antes no sabía distinguir si era buena o mala pero ahora lo vi con claridad. No debes tener miedo de él.
- Es un tonto y un bocazas - las mejillas de Akane se sonrojaron al volver a pensar en el chico de mirada azul.
- Un tonto que te gusta por lo que veo - Nabiki esbozó una sonrisa maliciosa - ¿Ya le estás siendo infiel al chico de tus sueños? Esta noche te caerá una buena regañina.
- ¡Déjame en paz! - con un movimiento de muñeca, Akane hizo que un libro que tenía encima de una mesita saliera volando en dirección a Nabiki, ésta puso las manos delante y el libro se congeló automáticamente. Akane dejó que el libro cayera al suelo haciendo que se rompiera en mil pedazos.
- ¡Qué burra eres hermanita! ¿pretendías darme con él?
- ¡Claro que no! ¡Sólo quería asustarte para que dejaras de meterte conmigo!
- ¡No os voy a permitir que uséis vuestra magia una en contra de la otra! No le diré nada a papá pero quiero que hagáis las paces y os preparéis para bajar a comer.
- Lo siento Nabiki…
- Yo siento haber dicho que le serías infiel a tu chico imaginario.
- Nabiki… - Kasumi miraba con el ceño fruncido a la mediana de sus hermanas.
- Vale, vale… es que es normal que se fije en otros chicos, sólo se dan la manita en sueños, once años así y yo me volvería loca. ¡Sólo son manitas!
Un aura roja rodeaba el cuerpo de Akane - Ya me voy - dijo Nabiki a medida que salía de la habitación de la peliazul.
- No se lo tengas en cuenta, estaba realmente preocupada. Casi no logro frenarla, iba como loca a buscarte - Kasumi colocó un mechón de cabello rebelde tras la oreja de Akane - Nos vemos ahora - y salió de la habitación cerrándola tras de sí.
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Dos chicos pasaron la tarde sumidos en sus pensamientos, ambos anhelaban que llegara la noche para poder soñar con esa persona. Y entre pensamiento y pensamiento cayeron rendidos en brazos de Morfeo.
Se ve un bosque distinto al que casi siempre se encontraban. Ahora era uno lleno de árboles de cerezos en flor, la combinación entre el verde y el rosa hacía que el paisaje fuera realmente hermoso. Ranma caminó hasta llegar junto a uno de los árboles donde lo esperaba la figura de la chica con la que se veía prácticamente noche sí y noche no.
En cuanto llegó la tomó de la mano, ella la estrechó más fuerte al sentir el contacto.
- ¿Algún día serás real o siempre tendré que verte en sueños? - el pelinegro miraba a la figura de la chica, cada vez podía distinguirla mejor, debía de ser realmente muy bonita. Quizá cuando lograra verle el rostro claramente, le serían revelados todos los misterios.
- Eso mismo pienso yo… ¿podremos vernos fuera de un sueño? ¿Nos reconoceremos? - Akane hablaba mirando hacia el frente.
- Ambos sabemos que nuestros destinos están ligados el uno con el otro.
- Es lo único que tenemos claro… aunque muchas veces en mis sueños pareces conocer perfectamente todas las respuestas, sólo me dices que espere - la peliazul miró hacia su acompañante sin soltarlo de la mano.
- A mi también me pasa, te pregunto y tú pareces segura de saberlo todo. Y otras veces aquí estamos… los dos sin saber cómo va a acabar esto… Te he traído una cosa - Ranma buscó en los bolsillos de sus pantalones, Akane miraba con curiosidad. De éstos extrajo dos pequeños hilos rojos, cogió la mano derecha de Akane y le colocó uno de los hilos en el dedo meñique a modo de anillo, él instó a Akane para que hiciera lo mismo.
- Si no nos llegamos a encontrar nunca en la vida real al menos estaremos siempre unidos en nuestros sueños - Ranma rodeó la cintura de Akane.
- Que así sea - Akane tenía las manos puestas alrededor del cuello de Ranma, se puso de puntillas y se fundieron en un tierno beso.
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Akane y Ranma se despertaron sobresaltados, les costó un poco acostumbrarse a la oscuridad de sus habitaciones, se pusieron la mano en sus labios y notaron una presión leve en su dedo meñique derecho. Prendieron una vela para poder ver y allí estaba… el anillo hecho de hilo rojo que se habían puesto en sueños….
Continuará…
¡Hola de nuevo! Sé que aún estáis muy liados, no sabéis que está pasando con Ranma y Akane, hubo un review que me dijo que le hubiera gustado que explicara algo más en el primer capítulo, pero lo hice a conciencia porque quiero que este fic esté rodeado de algo de misterio ;) así vosotros podéis entreteneros sacando vuestras propias conjeturas y me encantará leerlas.
Muchísimas gracias como siempre a la gente que está leyendo esta historia y que toma un poco de su tiempo en escribirme un review, sé que estáis hartos de escucharlo pero hace mucha ilusión recibirlos y saber que os está gustando la historia. O al menos os estáis entreteniendo que es mi objetivo. Sacarnos un poco de la rutina y los problemas de la vida cotidiana y adentrarnos en este mundo mágico.
Sin más las gracias inmensas como siempre a mi queridísima Sailordancer7, me encantan y lo sabes nuestras mesas redondas. A mi guapísima HanaNote que a pesar de que está muy liada con los estudios, saca un huequito para bichear los capítulos y que todo quede listo para publicar. Ellas son las creadoras de Manon y para quien siga este fic en breve habrá capítulo nuevo!
Y no podían faltar mis #locasporeldiosgriego es que no me imagino un día sin hablar con ellas. Os adoro chicas! Si hay alguien que no está leyendo Vainilla de SusyChantilly le animo a hacerlo porque no se va a arrepentir.
Ya no me enrollo más, que paséis una semana mágica, nos leemos.
Sakura Saotome:)
