Los personajes pertenecen a la gran Rumiko, yo sólo los tomo prestados.

Esta historia es méramente para entretener


Witchcraft

Capítulo 5

El festival estaba llegando a su fin. Cada vez había menos gente en la plaza mayor del pueblo.

Un joven con una bandana en la frente estaba despertando después del gran puñetazo que había recibido en la cara el cual lo dejó inconsciente. Mientras tanto, una joven de cabello castaño largo se encontraba a su lado.

- ¿Te encuentras mejor? Has perdido el sentido durante un buen rato - Ukyo miraba de manera interrogante a Ryoga.

- ¡Maldito Ranma! Cuando lo pille va a desear no haber nacido nunca - Ryoga apretaba los puños con fuerza, ¿derribado de un solo golpe por su mayor rival? No podía sentirse más humillado - Gracias Ukyo por haberme atendido, creo que es mejor que me vaya a casa. - se estaba preparando para retirarse pero se vio interrumpido por la voz de la chica de ojos azules.

- Si quieres puedo acompañarte… para que no te pierdas - la castaña miraba con ojos golosos al artista marcial. Éste no estaba acostumbrado a que las mujeres se le insinuaran, era bastante tímido.

- Yo...yo… gra-gracias… pero pu-puedo ir solo…

- Te aseguro que no es ninguna molestia…- Ukyo posó su mano en el pecho del chico de la bandana y comenzó a acariciarlo. Ryoga se quedó totalmente petrificado.

- Menos mal que te encuentro, pensaba que me habías dado esquinazo, ah hola Ryoga. Me han dicho que Ranma te ha tumbado de un solo golpe - Daisuke apareció como de la nada, una sonrisa sarcástica asomó en sus labios al pronunciar la última frase.

- ¡Cállate Daisuke! ¡Me ha pillado totalmente desprevenido! Si hubiera jugado limpio el final habría sido otro distinto.

- Lo que tú digas, en fin, ¿nos vamos preciosura? - extendió su mano para que Ukyo la tomara.

- Por supuesto, Ryoga cuídate - y guiñándole un ojo se alejó de la mano de Daisuke dejando al chico del colmillo totalmente desconcertado.

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Ryoga consiguió llegar a su casa milagrosamente sin perderse. Estaba realmente agotado y enfadado, consigo mismo y con el idiota de Ranma. Su ira era tal que sin pensarlo dio un fuerte puñetazo en la mesa.

- Veo que hoy no te has perdido - un hombre alto y de facciones afiladas, las cuales le daban un aspecto un tanto oscuro, salió a recibir al chico de la bandana.

- Supongo que ha sido suerte - Ryoga se sentó y fijó su vista al vacío.

- ¿Esa chica peliazul con la que te he visto en el festival, es tu novia? - se acercó hasta él. El chico del colmillo miró a su padre extrañado por esa pregunta.

- ¿Quién, Akane? Es una chica que conozco desde hace tiempo pero sólo somos amigos - volvió a fijar la vista en la nada. Su semblante era triste.

- Si es tu amiga invítala a comer un día, aquí en casa. Me gustaría conocerla. ¿O es que ella tiene novio y él se molestaría?

- Que yo sepa no tiene pero… bah, da igual… ella se fue con Ranma… - lo último lo dijo casi en un murmullo.

- ¿Él fue el que te tumbó de un solo golpe? - el semblante del señor Hibiki era bastante serio. Ryoga volvió a mirarlo pero esta vez bastante asombrado.

- ¿Y tú cómo sabes eso? ¿Me ves inconsciente y me dejas ahí tirado?

El padre de Ryoga se alejó murmurando para sí - Maldita sea, seguro que escogí al niño equivocado… ¡Me avergüenzas! - Gritó antes de encerrarse en su dormitorio. Una vez dentro comenzó a andar como si fuera un animal enjaulado - ¡No puede ser, maldición! No pude haber sido tan estúpido de escoger al bebé equivocado… ¿ese otro joven tendrá también poderes? He de averiguarlo como sea y además… está con ella… no puede estar con ella ¡ella es mía! Un simple chico de pueblo… ¿Ahora qué voy a hacer?...Lo primero es comprobar si ese bastardo tiene magia o no porque... ¿y si me confundí? y si él es…

Salió de la habitación buscando a su "hijo", lo encontró a punto de entrar en el baño, este necesitaba meterse en agua caliente y relajarse después de todos los acontecimientos del día.

- Ryoga… ¿sabes si ese chico...ese tal Ranma, tiene poderes como tú? - al chico de la bandana le resultó muy rara esa pregunta pero ante todo quería agradar a su padre, siempre buscaba su aprobación, desde que era niño.

- No tiene, él es muy bueno en artes marciales... sólo eso… ya sabes, se puede decir que nació con esa habilidad - se quedó un rato parado para ver si su padre necesitaba algo más de él. Al comprobar que no, entró en el baño.

- Bien, bien… debo permanecer calmado... esto es un ligero contratiempo típico de la juventud, eso significa que Ryoga es el elegido, no obstante debo averiguar si Genma no me oculta nada… - y volvió a encerrarse en su habitación.

Ryoga se quedó mirando hacia el techo mientras el agua caliente calmaba sus músculos doloridos y en tensión con su "padre" en mente, sabía que debía agradecerle haberlo recogido recién nacido en el bosque, si no hubiese sido por él ahora estaría muerto, pero nunca le había demostrado el más mínimo cariño, ese hombre era la frialdad personificada. Lo único que quería era irse a dormir y que el día acabara de una buena vez.

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En otro lugar a las afueras de Nerima, una chica de ojos avellana se disponía a intentar conciliar el sueño y era acertado lo de intentar, porque su mente se evadía sin quererlo al beso que Ranma y ella se habían dado hacía escasas horas, a los sentimientos que tuvo, tan conocidos como extraños a la vez.

Se acurrucó en la cama y se cubrió bien con las mantas, había refrescado bastante al caer la noche. Cerró los ojos y en menos de lo que pensó se quedó dormida.

Al otro lado del pueblo un chico de ojos azules hacía el mismo ritual que la muchacha peliazul. No podía dejar de sonreír desde el encuentro con Akane, puso sus manos detrás de la cabeza y cerró los ojos, en breve cayó rendido al sueño debido a todas las emociones del día.

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Ranma caminaba por un bosque y diferenció a lo lejos una cabaña muy conocida para él, era su casa… se había levantado muy temprano para ir a entrenar. Era primavera, pero una especialmente calurosa así que, llegaba a su hogar con la camiseta en la mano empapada en sudor, igual que él… gotas traviesas resbalaban por su torso desnudo y musculoso debido al continuo entrenamiento al que se sometía, su cabello estaba húmedo, había metido la cabeza en el río para poder refrescarse. Abrió la puerta y lo primero que hizo fue buscarla con la mirada.

- ¡Akane, estoy en casa! - dejó caer la camiseta encima de una silla, iba derecho al baño a asearse pero al no obtener respuesta de su joven esposa decidió ir antes a buscarla. Oyó unos ruidos conocidos que siempre le ponían el vello de punta y era el sonido de Akane cocinando.

Se acercó con cautela y comprobó que sus sospechas eran acertadas. Iba a salir huyendo como hacía habitualmente pero no podía apartar la mirada de su esposa. Llevaba puesta una camisa de estilo chino de Ranma que le cubría lo justo para no poder ver sus nalgas a placer. Al estar batiendo algo con mucha fuerza meneaba las caderas y con ellas su trasero, que se movía a un ritmo hipnotizante para el pelinegro. La chica no había oído llegar a su esposo al estar tan enfrascada en la nueva receta que le había pasado la señora Ishikawa.

El joven se acercó despacio, como un gato en celo buscando a su presa, tenía hambre de ella. Cuando llegó a su altura sujetó a Akane por las caderas y la acercó de un tirón hacia atrás hasta quedar completamente pegado a él y que ella pudiera sentir cómo lo excitaba.

- Ran-Ranma… no te he oído llegar. ¿Qué tal el entrenamiento? - la chica se dio cuenta del estado en el que se encontraba su joven esposo pero se hizo la despistada para jugar con él.

- El entrenamiento perfecto, pero nada más entrar me ha dado mucha hambre… - le susurraba con los labios rozando el níveo cuello de la chica, ella suspiró y Ranma sonrió sabiendo que iba por el camino correcto.

Akane intentó continuar con la conversación como si no pasara nada.

- Pues si te esperas 20 minutos estoy preparando tarta de cerezas, receta de la señora… - un gemido escapó de sus labios - … Ishi...Ishi…

- ¿Ishikawa? - preguntó Ranma en tono divertido, mientras la peliazul hablaba, había aprovechado para bajarle levemente la ropa interior e introducir dos dedos en la intimidad de la chica, los sacaba y los metía para deleite de la ojiavellana, masajeando alrededor del clítoris de forma majestuosa.

- Ranma… quiero terminarla… era una sorpresa para ti… - la chica tenía los ojos cerrados y la cabeza apoyada completamente en el fuerte pecho de su esposo. Él sabía perfectamente dónde tenía que tocar para transportarla al paraíso. Conocían sobradamente cada uno el cuerpo del otro.

- No quiero tarta… tú serás mi postre… - Ranma siguió masajeando alrededor del punto de placer de Akane, intercalaba besos y mordiscos en el cuello de la peliazul. Con la mano que le quedó libre, sujetó la barbilla de la chica y le hizo girar la cabeza para cambiar los besos del cuello a los labios. Akane sacó la punta de su lengua y Ranma la rozó con la suya propia, al contacto el pelinegro ardió en deseo e introdujo completamente su lengua en la boca de Akane haciendo que éstas se enredaran mientras se besaban apasionadamente. Ella se estremecía de placer, su flamante marido la estaba devorando, se sentía el objeto de su deseo y eso la excitaba en demasía.

Sin parar de besarse Ranma giró a Akane, la cogió de la cintura y la subió a la mesa de la cocina. Le abrió las piernas y se colocó en medio haciendo que su terrible erección se rozara con la intimidad de ella. La chica buscó desesperada la cinta que sujetaba los pantalones de Ranma pero éste le cogió las manos para impedirle realizar esa tarea. Ella detuvo el beso y lo miró extrañada.

El pelinegro desvió la vista hacia la mesa llena de alimentos, entre ellos, las cerezas que Akane iba a usar para hacer la tarta y se le ocurrió una idea.

- ¿Por qué no me dejas quitarte el pantalón? - La peliazul no entendía la interrupción de su marido.

- Tsss - fue lo único que dijo el pelinegro. Alargó su mano y cogió una de las cerezas.

- ¿Ahora vas a pararte a comer? - la chica comenzó a molestarse realmente, ¿cómo podía parar en un momento así?

- Sí… de pronto me ha entrado un hambre atroz… - volvió a besar a su esposa antes de que ella se enfadara más de lo que parecía estar y mientras hacía esto, introdujo una de las cerezas en la intimidad de Akane, dejando el rabito fuera. Al notarlo ella dio un ligero sobresalto pero Ranma no dejó de besarla en ningún momento.

- Y ahora si me disculpas voy a comer algo… - el pelinegro fue bajando poco a poco hasta llegar a la intimidad de la muchacha. Con la punta de su lengua empezó a lamer alrededor de donde estaba el rabito de la cereza, Akane sujetó con fuerza el cabello del pelinegro, el rabito le estaba rozando haciéndole cosquillas y se estaba muriendo de placer. El ojiazul empezó a tirar levemente del rabito de la cereza haciendo que ésta saliera muy despacio mientras lamía las paredes vaginales de la chica. Antes de que saliera del todo volvió a introducir la cereza empujándola de nuevo con la lengua y succionando de paso para volver a sacarla de la intimidad de su esposa.

- Ranma… Ranma… - la chica estaba llegando al límite de su placer y lo llamaba entre jadeos. El escucharla llamarlo así hacía que se encendiera aún más. Tiró del rabito de la cereza hasta sacar la fruta por completo, se levantó con ella en la boca y se la ofreció a Akane que la aceptó gustosa. Mientras ella comía el fruto de forma sensual, sin apartar la mirada del ojiazul, éste se bajó los pantalones y acercó a la peliazul su erección tomándola de las caderas.

Él comenzó a rozar con su masculinidad la entrada al paraíso que le ofrecía Akane, ella empezó a acariciarle el pecho muy suave, haciendo círculos con las uñas, a Ranma se le puso la piel de gallina, le encantaba que su mujer le acariciara así. Poco a poco fue introduciéndose en Akane, muy despacio… ella rodeó el cuello de Ranma con sus brazos y enredó sus dedos en el cabello de éste. Era incapaz de controlar lo suspiros y gemidos que escapaban de sus labios. Él volvió a salir de ella casi por completo y repitió la operación, un poquito más rápido ahora. Al tener las manos en las caderas de la chica era él el que marcaba el ritmo. Cada vez aceleraba más y de paso lo hacía más duro. Con cada embestida Akane soltaba un suspiro de puro placer, cerró los ojos. Podía pasarse todo el día haciendo que Ranma la poseyera y aún así no le sería suficiente.

- Abre los ojos, mírame - el pelinegro también hablaba entre jadeos, el saberse el único dueño de cada orgasmo de ella lo volvía loco.

Los dos se miraron fijamente, el ojiazul comenzó a moverse más rápido, sujetando con más fuerza a Akane. Los gemidos y jadeos de ellos se hacían cada vez más fuertes hasta que uno especialmente intenso se hizo eco en los labios de la peliazul. Ranma capturó su boca con prisa, ella seguía jadeando pues el orgasmo le vino con muchísima intensidad. En ese instante un sonido gutural grave salió de la garganta del pelinegro, él también había llegado al clímax. Una vez los dos quedaron satisfechos Ranma siguió moviéndose muy muy lentamente dentro de Akane, no quería separarse de ella.

- ¿Has comido bien? - Akane hablaba entre beso y beso lo que le dejaba Ranma.

- He comido excelente…. Pero me temo que voy a querer repetir… - no podía dejar de besarla mientras seguía moviéndose dentro de ella.

- ¿Y si desayunamos tranquilamente y subo después a enjabonarte la espalda?

- Mmmm eso suena fantástico… acepto.

Siguieron besándose de forma muy pausada, igual que el ritmo que Ranma llevaba de sus caderas. De pronto Akane empezó a sentir un frío helado que le recorrió todo el cuerpo comenzando a tiritar, los labios le cambiaron de color, del rosado que tenía al azul…

- Tsss Akane…. Ey Akane… - a lo lejos reconoció la voz de su hermana Nabiki. Abrió los ojos lentamente y se la encontró justo delante con la mirada muy fija en ella.

- Nabiki, ¿qué haces aquí? Quí-quítame la ma-mano me estás dejan-do-do he-helada - Akane estaba temblando de frío, apenas podía articular palabra.

Nabiki se dio cuenta de que quizá se había pasado un poco - Ups, lo siento hermanita es que me has asustado mucho.

Akane se cubrió más con las mantas mientras seguía tiritando.

- ¿Asustado? ¡Casi me congelas! - no podía parar de castañear los dientes.

- Bueno, es que oí una especie de gritos y cuando entré para ver qué te pasaba estabas sudando, te toqué para ver si tenías fiebre y estabas ardiendo. Tenía que bajarte la temperatura, lo siento.

Akane de pronto empezó a sentir calor por todo su cuerpo. Le subía de los pies a la cabeza hasta que acabó más roja que un tomate.

- Gra-gracias estaba bien - tenía la mirada fija en el suelo, no podía mirar a los ojos a su hermana después de lo que había soñado. Pero… no parecía un sueño… lo sentía más bien como un recuerdo… ¿cómo podía ser eso?

- Pues siendo así me voy tranquila - se levantó para salir de la habitación de su hermana pero al llegar a la puerta se giró - Otra cosa Akane… cuando vuelvas a soñar con tu amiguito Ranma, haz el favor de ser más silenciosa… ese chico debe de ser todo un semental… - y sin esperar las réplicas de su hermana cerró la puerta tras de sí. Akane podía oír las carcajadas de su hermana aún con la puerta cerrada.

- ¡Ahhhh qué vergüenza! - se tapó con las mantas hasta cubrir su cabeza - ¡Me las pagarás Nabiki!

Al otro lado de Nerima un chico pelinegro estaba teniendo el mismo "sueño" que la chica peliazul. Estaba completamente empapado en sudor y se movía agitadamente; de pronto comenzó a oler a quemado y eso hizo que se despertara. Al mirar hacia su mesita comprobó que un libro que tenía sujeto estaba ardiendo.

- ¿¡Qué demonios!? - soltó el libro rápido y esto hizo que la mesita comenzara a arder también - No no no no… ¡Agua! - y un chorro fuerte salió de la palma de su mano, apagando el pequeño fuego que se había iniciado - ¿He creado agua de la nada? Si hasta ahora sólo podía dominarla… Ja, soy el mejor - y comenzó a reír a carcajadas.

La puerta se abrió de golpe y un Genma furioso apareció tras ella -¿¡Qué está ocurriendo aquí!? ¿¡Has pegado fuego a la mesa!? ¿¡Acaso pretendes matarnos!? - el ojiazul se puso en pie para enfrentarse a su padre.

- ¡¿En serio piensas eso!? ¡Ha sido un accidente! Yo… me quedé dormido y dejé la vela encendida… - cada vez hablaba más bajito. ¿Cómo decir que había tenido una especie de sueño tan erótico, que consiguió ponerlo tan caliente que con sus poderes había prendido fuego a un libro?

- ¡Eres un irresponsable! Esto lo pagarás tú y prepárate para un buen castigo.

- ¡El tener que aguantarte ya es castigo suficiente!

- No me provoques chico… - dijo señalándole con el dedo índice.

En ese momento apareció Nodoka - Ranma, hijo…- Cuando vio la quemadura en la mesita y el libro empapado y medio quemado comenzó a ponerse muy nerviosa.

Genma miró a su esposa con rabia y salió de la habitación como una exaltación. Se vistió y se fue de casa dando un portazo.

Nodoka se asomó por la ventana de Ranma y vio a su marido alejarse con pasos ligeros.

- Ranma…¿has prendido fuego al libro y a la mesita?

- Sí …- el chico de la trenza azabache miró al suelo avergonzado.

- ¿Y cómo lo has apagado? No tienes ningún vaso de agua en la habitación y no te he oído salir de ella…

- La he creado yo…- el pelinegro se sentó en la cama mirando a su madre. Nodoka abrió los ojos como platos.

- ¿Cómo es posible? Tú sólo podías dominarla.

- Pues ahora puedo crearla también, ha sido un chorro pero entrenaré para mejorarlo - cerró los puños y sonrió.

- ¿Por qué has quemado el libro?

La pregunta de su madre le pilló desprevenido.

- Estaba… soñando… - un ligero rubor cubría sus mejillas - a su madre no se le escapaba una, enseguida supo con quién estaba soñando su retoño.

- ¡Cariño! ¡Eres tan varonil incluso en tus sueños! ¿Quedó satisfecha?

- ¡Mamá! - el ojiazul no sabía dónde meterse, su madre siempre había sido muy directa con esos temas. Era muy adelantada a su época - Ha sido algo extraño… es que yo sé cuando es un sueño pero no sé … parecía más bien un recuerdo que tuviera escondido, pero eso es imposible porque Akane y yo nunca… bueno ni yo con nadie...- y se tapó la boca con las manos, ya iba a hablar más de la cuenta.

- Bueno cariño, no le des más vueltas. Duérmete que aún es de noche - le acarició el pelo dulcemente y se fue de la habitación de Ranma. No iba a contarle nada de momento, pronto ellos mismos lo averiguarían.

- Mejor me refresco y luego me duermo otra vez… - salió con una toalla en la mano dispuesto a remojarse en agua fría; a pesar de la gélida temperatura que hacía, lo necesitaba.

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A la mañana siguiente un chico moreno con una bandana en la cabeza deambulaba por el pueblo de Nerima. Se encontraba parado entre dos calles, miraba en dirección hacia una de ellas y a continuación miraba a la otra. Tenía la mano puesta en la barbilla y repitió esa misma operación al menos 10 veces.

En esos menesteres estaba cuando notó que alguien le dio dos golpecitos en su hombro derecho como reclamando su atención. Se giró y se encontró con cierta chica castaña de pelo largo, no supo el porqué pero su corazón empezó a latirle rápido.

- ¡Hola Ryoga! ¿Otra vez te has perdido?

- Hola Ukyo… jeje pues quiero llegar al mercado y no recuerdo qué calle tomar - el chico metió sus manos en los bolsillos y comenzó a balancearse hacia delante y hacia atrás.

- Mi oferta de ayer sigue en pie, yo puedo acompañarte y asegurarme que llegas sano y salvo a tu destino - le dijo la castaña mientras acariciaba el rostro a un petrificado joven.

- ¿Y Daisuke no se molestará?... ayer te fuiste con él…- sus palabras sonaban más a reproche que a una simple pregunta.

- Al final me dejó por otra chica, ¿puedes creerlo?

Ryoga tragó saliva - Hay que ser muy tonto para dejarte por otra… - rápidamente su tono de color cambió a uno rojo fuerte.

- Eres muy dulce… ven te llevaré al mercado - Ukyo tomó de la mano a un muy sonrojado chico; llegando a la plaza mayor del pueblo oyeron mucho alboroto.

- ¿Qué estará pasando aquí? - Ryoga se soltó de la mano de Ukyo y se dirigió al grupo de gente alborotada que había en el centro de la plaza, pudo distinguir entre esos hombres y mujeres a su padre y al alcalde, Genma Saotome.

- ¿No querías ir al mercado? - Ukyo volvió a tomar la mano de Ryoga tirando de él en dirección contraria.

- Un segundo…- y volvió a zafarse de su agarre para proseguir su camino y poder escuchar mejor

- ¡Sé que mi hijo es muy alocado pero todas las noches regresa a casa! ¡Soy su madre, estoy segura de que algo malo le ha pasado! - Ryoga vio a una señora regordeta de pelo rizado castaño sollozando entre los brazos del que parecía su marido, un hombre de pelo también rizado cano y con barba incipiente.

- ¿¡Qué hacen que no lo están buscando ya!? - el hombre canoso gritó en dirección a Genma Saotome mientras sujetaba a su mujer que estaba al borde del desmayo.

La gente de alrededor murmuraba y miraba hacia el alcalde y su séquito, entre los que se encontraba el padre de Ryoga.

- ¡Mantengan la calma! La policía está sobre una buena pista, tenemos una testigo que asegura que el joven Daisuke se fue con una de las hijas de Soun Tendo, la menor de ellas.

El alboroto de la gente creció. Genma esbozó una tétrica sonrisa hacia el sacerdote Happosai, se inclinó para que sólo pudiera oírlo el susodicho - Espero que Tendo aprenda la lección de una vez de no interponerse en lo que es mío…

- Además será capaz de hacer lo que sea por salvar a cualquiera de sus hijas, eres brillante Genma - contestó Happosai con la misma sonrisa en los labios. El señor Hibiki distinguió a lo lejos la figura de su hijo.

Un único gesto de Genma Saotome fue suficiente para callar el alboroto que se había formado en la plaza.

- ¡Todos sabemos lo que pasó hace años, también desaparecieron varios jóvenes del pueblo! ¡Y os acordaréis de que esas desapariciones cesaron cuando dimos muerte a Naoko Tendo! Ella era una bruja, ¿quién dice que sus hijas no hayan heredado la maldad de su madre? - la gente gritaba asustada, las madres temían por sus hijos varones, ya que sólo desaparecían chicos jóvenes de ese sexo.

Las miradas de Ryoga y su padre se encontraron, la mirada del señor Hibiki parecía hielo, hasta el chico de la bandana creyó distinguir una leve sonrisa en el rostro de su padre, no podía creer lo que estaba escuchando…Akane sería incapaz de algo así, él la conocía. Miró hacia atrás buscando a Ukyo pero ésta ya no se encontraba a su lado. Salió de la plaza corriendo a todo lo que le daban sus piernas, tenía que hablar con Ranma para saber si había estado con ella todo el tiempo. Pero… ¿ Y si Ukyo le había mentido? No podía ser posible, ella era muy dulce… su cabeza era un puro caos, sin saber cómo, distinguió a lo lejos la casa de los Saotome. Cuando no lo pensaba demasiado llegaba a los sitios sin perderse.

Continuará…


Hola de nuevo! Cómo lleváis la historia? Os enredo más que os aclaro? Sorry! Espero de todas formas que la estéis disfrutando tanto como yo escribiéndola :p

Pues vamos más o menos por la mitad del fic, capítulo arriba, capítulo abajo. A partir de aquí de va a poner intenso… pero nada de qué asustarse… o sí…

Antes de dejar de daros la paliza quería como siempre agradecer a Sailordancer7 y a Hana Note que están codo con codo apoyándome en el fic. Si no habéis leído Manon, a qué esperáis? Ya va por los capítulos finales. Lo encontraréis en la página de Hana Note.

Mil gracias por los reviews que me dejáis Estrella, Gogoga, nancyricoleon, Haruri Saotome, Claudio, Sailordancer7, SusyChantilly, Lu chan87 y a mis #locasporeldiosgriego en general. De verdad que me pone muy contenta que os guste tanto esta historia, es mucha responsabilidad, espero no defraudar.

Antes de despedirme una última recomendación Vainilla de SusyChantilly, os va a enamorar.

Espero poder subir el siguiente capítulo a mas tardar el jueves o el viernes de la siguiente semana. Nos leemos!

Sakura Saotome :)