Los personajes pertenecen a la gran Rumiko, yo sólo los tomo prestados.

Esta historia es méramente para entretener


Witchcraft

Capítulo 8

- ¡Me dijiste que no podía salir mal! ¡Ahora vendrá a por nosotros! - Happosai daba vueltas alrededor del despacho de Genma con las manos en la cabeza, cogió un pañuelo y se lo pasó por la cara limpiando gotas de sudor, mientras suspiraba agitadamente.

- Le echaremos la culpa al oráculo, ella no podrá rebatir nada porque está ardiendo en el infierno. No te pongas en lo peor Happosai, hasta ahora todo ha salido bien - Genma hablaba con voz temblorosa, intentado inculcarse valor y creyendo lo que de su boca salía.

Escucharon abrirse la puerta del despacho lentamente y vislumbraron la figura de su señor en el umbral, quien los miraba con el entrecejo fruncido.

- Se-señor Saffron… no esperábamos su visita… ¿qué le trae a estas horas por aquí? - Genma Saotome se inclinó haciendo una reverencia exagerada ante el demonio más poderoso que quedaba en la tierra. Happosai imitó al alcalde de Nerima y se postró también a los pies de Saffron.

El demonio entró y comenzó a caminar en círculos alrededor de ellos, con las manos a la espalda y de forma muy pausada - Genma y Happosai… Happosai y Genma…- su voz sonaba lúgubre y calmada - ¿Qué voy a hacer con vosotros?... Me jurasteis lealtad a cambio de cumplir vuestros enfermizos deseos de poder y sólo pedí una pequeña cosa a cambio de todo el lujo que habéis disfrutado, gracias a mí… Que me entregarais al Guardián de la Vida, ¿y qué me encuentro? Con que vosotros habíais hecho vuestros propios planes a mis espaldas… - Chasqueó la lengua - Eso está mal… pero que muy mal…

Genma se arrastró de rodillas poniéndose delante de su señor - Escúcheme por favor, nosotros somos unas víctimas también, hemos sido manipulados por el oráculo Cologne, ella sabía desde primera hora cuál de mis dos hijos era el Guardián de la Vida; nos aseguró que el primero de los mellizos que naciera sería el elegido, por eso le entregué a Ryoga para que usted lo utilizara a su antojo, hasta borramos la memoria a mi esposa para que no interfiriera en sus planes. Cologne estaba muy interesada en Ranma, pero siempre pensé que le gustaba como capricho. Se lo suplico, nos enteramos ayer de todo pero no pudimos decir nada porque nos tenía amenazados de muerte.

- Es cierto señor Saffron, temíamos por nuestras vidas, debimos haber confiado en su protección, por favor no volverá a pasar - Happosai inclinó la cabeza hasta apoyar la frente en el suelo.

Saffron reanudó su paseo por el despacho de forma muy calmada, empezó a reír por lo bajo hasta que estalló en una risa escandalosamente siniestra - ¿¡Vosotros creéis que soy estúpido!? - vociferó ya con el ceño fruncido y enseñando sus colmillos demoníacos. Genma y Happosai se inclinaron aún más en el suelo, no despegaban la cabeza del frío mármol, ambos temblaban ante su inminente posible destino.

Happosai se incorporó tembloroso y se acercó despacio a su señor - Por-por supuesto que no… hemos sido utilizados, lo sentimos mucho, aún estamos a tiempo de arreglar las co… - las garras de Saffron atravesando su pecho fue lo último que sintió, un alarido de dolor ensordecedor inundó la habitación. Fue ahí donde pudo ver su pasado, lo que él había sido en la otra vida, ahora entendía por qué le estaba sucediendo todo esto, y era nada más y nada menos, el precio por haber asesinado a su familia entera, sólo y únicamente, para poder divertirse a su antojo durante el resto de su vida. Este era el castigo que arrastró hasta esta vida, morir en manos de un demonio de la forma más cruel posible... Genma se levantó como pudo, pues sus piernas eran dos flanes y apenas podía caminar, se dirigió a trompicones hacia la puerta de salida.

- Prope ianuam - pronunció el demonio y la puerta se cerró de golpe. Genma se asió con fuerza al picaporte intentado escapar de allí pero era totalmente inútil, estaba atrapado.

Happosai seguía aún vivo, de pie, ya no le quedaba voz en la garganta para gritar. Saffron sacó su garra del pecho del sacerdote, extrayendo el corazón, que aún latía en sus manos. Happosai cayó inerte hacia atrás con los ojos abiertos, en su mirada se reflejaba el auténtico pánico, en sus pupilas quedó tatuado la forma de la muerte.

- Se-se lo suplico… por favor… seré su más fiel servidor… le ayudaré a matar a Ranma pero perdóneme la vida… - Genma Saotome volvió a arrodillarse en el suelo, no podía apartar la mirada de los ojos sin vida de Happosai.

Saffron miró el corazón del sacerdote que manchaba sus garras de sangre fresca - Mmmm ahora tengo el poder de rejuvenecer del oráculo, creo que para mantener mi aspecto joven para siempre… ah, ya recuerdo…- acto seguido mordió el corazón que tenía en sus manos mientras miraba con sus oscuros ojos a Genma. El alcalde Saotome, al ver dicho acto, vomitó sobre su propia ropa.

A medida que Saffron iba devorando el corazón de Happosai su cuerpo iba cambiando, pronto sus arrugas desaparecieron dejando paso a un atractivo joven de unos 25 años, de pelo largo castaño claro, prácticamente rubio y mirada felina color ámbar. Unas alas oscuras aparecieron a su espalda.

- Vaya,vaya… vuelvo a ser yo… - Saffron se acercó a un espejo y se miró con una sonrisa en los labios - Entonces… ¿qué voy a hacer contigo, Genma?

- Haré lo que sea… pero se lo suplico… no me mate.

El demonio se acercó hasta colocarse frente al patriarca Saotome y ladeó la cabeza, mientras lo miraba fijamente con una ya permanente sonrisa. Lo cogió con una mano y lo levantó del suelo, los pies de Genma pataleaban en el aire, el alcalde de Nerima puso sus dos manos alrededor de la garra que le estaba apretando el cuello. Empezó a ponerse morado al no poder respirar y seguia moviéndose sin parar, intentando deshacerse inútilmente del agarre de su señor.

- Genma, Genma… por favor, no supliques más. Tu fin iba a ser el mismo de todas formas. Te estoy haciendo un favor porque el guardián te mataría lentamente por haber puesto la mano encima a su querida mami…

- Sueggteme...me jaahooogggooo…

- Petición denegada - Saffron apretó tan fuerte que los ojos de Genma se le descolgaron - Que aburrido… - y de un crack, el demonio rompió la nuez de Adán de Genma Saotome. Cuando sintió que ya le había quitado la vida, tiró su cadáver junto con el del sacerdote Happosai y pasó por el lado de ambos sin siquiera mirarles. Ahora sólo tenía un pensamiento en la cabeza, debía llegar hasta Akane antes que su odioso marido. Así que se encaminó al que fue su hogar como humano en este pueblo.

.

.

.

Akane ya no sabía qué hacer para poder salir de la casa, había probado su magia, distintos conjuros, su fuerza bruta, pero nada funcionaba. Se sentó en la cama, sujetando su cabeza con las manos, estaba realmente preocupada, no por ella, sino por Ranma. ¿Habría despertado como ella? Él estaba hechizado...suspiró y la imagen de su esposo besando a esa tal Shampoo apareció en su mente - Estúpido Ranma…

- ¡Akane! - una voz de varón muy conocida para ella se oía acercándose a la casa, ¡él estaba allí! La peliazul se levantó rápido de la cama y se dirigió a la ventana.

- ¡Ranma, estoy aquí! - la chica golpeó con fuerza la ventana. El chico de la trenza azabache llegó hasta dicha ventana y apoyó las manos a la altura donde ella las tenía, como si pudieran tocarse a través del frío cristal, se miraron fijamente durante un momento, era la primera vez en este siglo que se encontraban sabiendo quienes eran. Akane reaccionó, no había tiempo que perder - ¡Estoy atrapada! ¡Ha lanzado un hechizo de encarcelamiento!

- Tranquila, estando los dos juntos seguro que podemos deshacerlo. Repite conmigo… simul usque ad aeternum. Tres veces Akane - la chica asintió.

- ¡Simul usque ad aeternum!- el cristal empezó a quebrarse.

- ¡Simul usque ad aeternum!

- ¡Simul usque ad aeternum!

El cristal se rompió en mil pedazos, Akane y Ranma echaron dos pasos hacia atrás para evitar dañarse al estallar la ventana. Cuando el estruendo pasó, Ranma saltó dentro de la casa y corrió desesperado hasta donde estaba Akane. Ella también corrió hacia él, cuando lo tuvo cerca saltó a sus brazos donde él la esperaba con ellos abiertos. La chica se abrazó a su cuello y él la sujetó por la cintura.

La peliazul rompió en llanto - ¡Estaba preocupada por ti! - su cuerpo temblaba bajo los brazos de su esposo, él la abrazó más fuerte y le acarició el pelo intentando calmarla.

- Shhh tranquila mi amor… estoy bien - acarició su rostro y le limpió las lágrimas haciendo que lo mirara. La chica sin dudarlo un instante se abalanzó sobre los labios del pelinegro, que tardó un microsegundo en devolverle el beso. Un beso que encerraba cuanto se habían echado de menos; intentaban expresar sin necesidad de palabras lo que sentían el uno por el otro. Un amor profundo, eterno… de pronto la chica se separó de golpe de su joven esposo. Él la miró extrañado.

- Akane… ¿qué te pasa? - Ella le dio la espalda.

- La besaste… - su voz sonaba quebrada. Ranma la sujetó de los hombros y la giró para tenerla de nuevo de frente, ella rehuía la mirada azul del azabache.

- Akane, estaba hechizado. Intenté por todos los medios romper el hechizo pero sólo ocurrió cuando dieron las 12 de la noche y cumplimos los 18 años.

Ella seguía sin mirarlo a la cara, una duda más fuerte la atormentaba - Entonces… ¿te has... acostado con ella…?

El pelinegro abrió los ojos de par en par -¡¿Qué?! ¡Por supuesto que no! ¡Después de tantos siglos juntos sigues desconfiando de mí! ¡¿Cuándo va a entrarte en esa cabeza que soy tuyo?! ¡Y tú eres mía! Akane, mírame… - los ojos avellana de la chica se encontraron con los azules del chico - Mi vínculo contigo es mucho más fuerte, ¿aún no lo sabes? Tú eres mi eternidad… siento que presenciaras eso… yo en tu lugar le habría arrancado la cabeza al tipo. Es más, sin haber despertado, casi le rompo todos los huesos al infeliz de Ryoga en más de una ocasión por siquiera osar ponerte una mano encima.

- Tú y tus celos… tampoco vas a cambiar nunca… - Akane se relajó y acarició con un dedo el pecho del pelinegro. Al chico se le erizó la piel ante el contacto con su amada.

- Yo no estoy celoso… - dijo sonrojándose el chico de la trenza - y ahora vámonos de aquí antes de que venga Saffron, tenemos que idear un plan.

- Sí, vamos - Ranma cogió de la mano a Akane y se internaron en el bosque.

.

.

.

Se adentraron en el bosque alumbrados sólo por la luz de la luna, que esa noche lucía llena y esplendorosa. Cuando consideraron que se habían alejado lo suficiente, pararon para acampar. En un frondoso lugar del bosque había una pequeña cueva que les iba a servir de refugio, pues la temperatura había descendido a una velocidad vertiginosa y debían guarecerse.

- ¿Conocías este sitio? - Akane preguntó curiosa al pelinegro.

- Sí, de vez en cuando pasaba días aquí solo para poder entrenar. La cueva me servía de refugio. Entra.

Akane empezó a inspeccionar el lugar curiosa - Vaya… este lugar es precioso… dentro de la cueva había un pequeño lago rodeado de bambú.

Ranma se acercó hasta Akane trayendo dos mantas consigo, ella lo miró estupefacta - ¿de dónde has sacado esas mantas? ¡No me digas que has aprendido a crear objetos!

- ¿Qué? Claro que no, ya te he dicho que venía aquí a entrenar, así que escondí un par de mantas para no tener que transportarlas cada vez que viniera - Ranma acomodada las mantas en el suelo cuando sintió a su esposa tiritar. La miró y encontró a la chica abrazándose a sí misma. Se levantó, con su poder de fuego creó una fogata y se dirigió hacia ella - Ven aquí… - el chico de la trenza azabache extendió sus brazos y acercó a la peliazul al calor de su cuerpo, estrechándola fuertemente. La chica se abrazó a su cintura, tenía el rostro pegado al fuerte pecho de su esposo, el aroma tan masculino que desprendía su cuerpo hizo que su mente viajara y recordara varios encuentros íntimos que tuvo con el chico. Aspiró hondo y suspiró; no podía ver la cara de su esposo pero lo conocía perfectamente y sabía que estaba sonriendo; él también la conocía de sobra como para saber los pensamientos que se cruzaban por la mente a su traviesa esposa.

- Te he echado mucho de menos… - Akane elevó el rostro para encontrarse con esos ojos azules que tanto había extrañado.

- Yo también a ti… aunque… sigo enfadado contigo por ponerte en medio en el último ataque a Taro - Ranma cerró los ojos con fuerza, le dolía recordar su última vida con Akane, simplemente porque no hubo tal vida con ella.

- Ranma… estabas muy débil debido a la pócima que te hicieron beber, iba a matarte y yo… no podía consentirlo… no hubiera podido vivir sin ti….

- ¡Y creíste que para mí iba a ser más fácil! - la peliazul se asustó del tono de voz con el que le habló su esposo -¡¿Por eso diste tu vida?! ¡¿Tienes idea del dolor tan grande que sentí al perderte?! ¡Morí en vida, Akane!

- Yo… lo siento… pero lo volvería a hacer… eres lo más importante en el mundo para mí - una lágrima rodó por la mejilla de la peliazul.

- Soy yo el que debe protegerte… - Ranma habló más calmado al ver a su esposa en ese estado, su frente hizo contacto con la de ella. Ambos permanecían con los ojos cerrados - Por favor cariño… no vuelvas a hacerlo… No podría pasar por eso de nuevo otra vez… te seguiría allá donde fueras…

- Ranma…- la chica se puso de puntillas buscando los carnosos labios del pelinegro, éste, al adivinar sus intenciones, tomó de las muñecas a Akane y elevó sus brazos hasta hacer que rodearan su cuello. Descendió muy despacio, acariciando los brazos de ella, su espalda, hasta llegar a su cintura donde la estrechó de nuevo con fuerza obligándola a permanecer muy pegada a su cuerpo.

Los besos empezaron tímidos, como si volvieran a ser dos adolescentes, juntaban sus bocas y las volvían a separar de manera muy suave y dulce. Akane mordió levemente el labio inferior de Ranma, éste lo tomó como una invitación para profundizar más el beso y no se hizo de rogar, estaba necesitado de ella. El pelinegro introdujo su lengua, casi con furia, en la boca de la peliazul. Ella le correspondió con el mismo ímpetu, cosa que hizo excitar más al azabache; la tomó de los muslos e hizo que su piernas se enredaran en su cintura, caminó con ella en esa postura hasta que llegaron a una de las paredes de la cueva, donde apoyó la espalda de Akane. No paraban de besarse apasionadamente, los dos se necesitaban tanto que les dolía… ella enredaba sus dedos en el cabello negro del chico, tirando levemente de ellos y haciendo que su esposo gruñera de pura excitación. Ranma por su parte, masajeaba fuertemente las nalgas de Akane por debajo de su ropa hasta que en un ataque de éxtasis le arrancó la ropa interior a una sorprendida joven, que paró de besarlo de la impresión. Sabía que su esposo era muy fogoso, pero estaba descubriendo un nuevo lado salvaje que no le disgustó para nada, es más… la excitó aún más si eso podía ser posible. El joven de la trenza volvió a capturar los labios de la chica y cuando ella volvió a corresponderlo con la misma fuerza, el ojiazul rompió el vestido de la ojiavellana por la parte delantera dejando los tersos pechos de ella al descubierto.

- ¿Podrías dejar de romperme la ropa? - decía la chica entre jadeos con los labios pegados a los del pelinegro.

- Si no te hago mía ya, me muero… - y besó el cuello de la peliazul dando pequeños mordiscos para deleite de esta.

Akane le quitó la camisa a su esposo y admiró su duro torso, perfectamente trabajado por el entrenamiento. Se mordió el labio e hizo que el poco autocontrol del pelinegro llegara a su fin. Él se desabrochó los pantalones y bajó su ropa interior. Se deshizo de ellos lanzándolos a un lado de la cueva. Se pegó aún más al cuerpo de Akane y dirigió su erección hasta la intimidad de la chica.

- Ranma… hazlo suave…

- No sabía yo que ahora te gustase suave… - pero no haciendo caso de su esposa, ya que él la conocía y sabía cómo volverla loca de pasión, se introdujo en ella de una sola embestida.

- ¡Ayyy! ¡Eres un bruto! ¡Te dije suave! - la peliazul cerró los ojos con fuerza y esperó a que se le pasara el dolor de su primera vez.

- Joder Akane, estás muy… estrecha… Ufff me encanta…

- ¡Claro que estoy estrecha idiota, en esta época aún soy virgen! ¡¿No escuchaste que te dije suave?!

Ranma levantó la mirada para encontrarse con una malhumorada peliazul - Akane… lo siento de veras… sabes que lo último que quiero es hacerte daño. Ni siquiera lo pensé, estaba ansioso por fundirme contigo y que fuéramos sólo uno...

Akane lo miró con cariño, su esposo podía ser un bruto, un engreído, a veces un idiota, extremadamente egocéntrico y muchas más cosas, pero de lo que estaba completamente segura, es de que antes de hacerle daño, daría su vida.

- Está bien... ya se me está pasando el dolor… pero no aceleres hasta que yo te lo diga, ¿de acuerdo? - esta vez Akane habló muy dulcemente y con una sonrisa especial que era sólo para él.

El pelinegro asintió devolviéndole la sonrisa a su amada. Caminó unido a ella hasta llegar a las mantas donde la tumbó con una delicadeza impropia de un guerrero como él. Al tacto con su espalda pudo comprobar que estaba arañada por las rocas de la pared de la cueva; tenía que centrarse, inconscientemente la estaba dañando, pero es que su cabeza estaba embriagada de ella, Dios, cuanto la había echado de menos. El azabache la observaba como un tonto mientras le acariciaba el cabello. Ella tomó el rostro de él con sus manos y lo acercó para poder depositar un tierno beso en sus labios.

El chico de la trenza comenzó a moverse dentro de la chica de forma muy suave, mientras continuaban besándose pausadamente, recordando el sabor de esos labios que tanto había extrañado.

- Ranma… acelera… quiero sentirte muy dentro de mí… - decía entre gemidos la peliazul.

El ya de por sí excitado chico pensó no poder contenerse ante tal petición de su mujer. Así que, como obediente que era, embistió a la chica un poco más fuerte y más profundo.

- Akane… me estás matando… joder… - El azabache sujetó las caderas de la peliazul para hacer sus penetraciones más profundas, pero la estrechez de la joven estaba a punto de llevarlo al orgasmo y no quería… primero era ella… la oyó jadear más fuerte, llamándole entre gemido y gemido. Estaba a punto de llegar al clímax cuando sintió como Akane le clavó las uñas en la espalda y emitió un sonido muy conocido para él de cuando ella llegaba al orgasmo, así que aceleró para intensificar el placer de ella y haciendo que él mismo llegara al clímax. Emitió un sonido grave, más bien parecido a un gruñido, y se derramó en el interior de su esposa.

Sin querer separarse todavía de ella, la miró muy fijamente a los ojos.

- Te quiero… - susurró el pelinegro.

- Yo también te quiero - respondió una sonrojada peliazul. Por más siglos que pasaran, su esposo siempre la ponía nerviosa cuando le confesaba su amor por ella. Al principio de su relación era tan reacio a expresar sus sentimientos que aún después de tantos años juntos, a la chica se le hacía extraño cuando su esposo le hablaba con tanto amor.

Ranma salió de Akane y se recostó al lado de ella, tapó a los dos con la segunda manta y la acurrucó a su lado mientras la abrazaba muy fuerte.

- Cariño… no me dejas respirar….- la ojiavellana habló como buenamente pudo, pues Ranma la tenía tan fuertemente agarrada que apenas podía articular palabra.

El azabache aflojó el agarre - Lo siento, no quiero perderte de vista nunca más…

La chica alzó la vista para encontrarse con unos ojos azules que la observaban terriblemente preocupados.

- No me va a pasar nada, vamos a intentar dormir, quedan pocas horas para que amanezca y nos espera un duro enfrentamiento.

Acercaron sus bocas y se dieron un largo beso. Akane se volvió a acurrucar apoyando su cabeza en el pecho de Ranma.

- Descansa cariño - la peliazul se quedó dormida casi al instante, habían sido dos días bastante duros para ella y se sentía muy protegida cada vez que estaba cerca él.

- Duerme tranquila mi amor, yo velaré por tus sueños - y después de decir esto le dio un beso en la frente. Sabía que no iba a poder conciliar el sueño. Fuera como fuera tenía que protegerla, no podía ocurrir lo de la última vez. Acabarían con Saffron y tendrían una vida feliz y juntos y si no…. Él al menos se encargaría de que ella la tuviese. Era una promesa que se hizo a él mismo.

.

.

.

Saffron llegó a su casa esperando encontrar a Akane aún retenida en el cuarto, pero lo único que encontró fueron unos cristales rotos y la casa vacía. Se agachó y cogió uno de los cristales que había en el suelo.

- Tiene restos de magia vilovina. El Guardián ha venido a por ella… - cerró el puño con fuerza - Así que quieres jugar al gato y al ratón, ¿no? Pues jugaremos…pero antes vas a arrepentirte de haber huido de mí.

Saffron se dirigió de nuevo al pueblo donde la gente seguía totalmente revolucionada, buscó con la mirada a la hermana de Akane, sabía que había estado allí a la hora de la ejecución que tenía programada su hermana. No logró dar con ella… ¿lo habría visto venir? Sabía que ella poseía el don de la Visión y la premonición - Bah… no me hace falta ella… - una mujer pasó por su lado con dos niños de las manos, ella se paró al verlo tan tranquilo.

- Joven, usted no es del pueblo, ¿verdad? Tenga mucho cuidado, se rumorea que hay un demonio suelto muy poderoso. Muchos vamos a reunirnos e ir a un refugio, acompáñenos - el demonio sonrió de medio lado.

- ¡Un demonio! ¡Dios nos proteja! Gracias señora… les acompañaré...

Caminó con la mujer y sus dos hijos hasta la salida Norte del pueblo donde unas cuantas personas estaban reunidas, cargaban bolsas de tela con algunos enseres para pasar unos días en el refugio. Poco a poco fue llegando más gente, familias enteras, gente mayor que estaba sola en el mundo…

- ¡Bienvenidos! - un hombre de mediana edad y pelo cano tomó la palabra - ante los rumores de un posible ataque por obra de un demonio, se ha decido que la gente que quiera del pueblo, se esconda en un refugio que fue creado por el alcalde hace años… él es un hombre con visión de futuro. No sabemos dónde está ahora mismo, ¡seguramente ideando un plan para acabar con ese maldito ser! - la gente vitoreó al hombre de pelo cano.

- ¡El alcalde Saotome está muerto! - todo el mundo se giró para mirar con curiosidad al extranjero.

- ¿Quién eres tú muchacho? ¿Y de dónde sacaste esa información?

- Mi nombre es Saffron, respondiendo a tu primera pregunta y respecto a la segunda… lo sé porque yo mismo lo maté con mis manos…- una sonrisa macabra apareció en el rostro del demonio, sus ojos se tornaron oscuros y desplegó sus alas negras como la noche.

La gente comenzó a gritar y a intentar escapar, Saffron extendió sus brazos y creó una jaula de energía que rodeó a todos los que se encontraban allí. Se oían llantos, súplicas, gritos de terror… no podían acercarse a la jaula porque cada vez que lo intentaban una gran descarga eléctrica hacía que la persona que la tocara, cayera desplomada inerte en el suelo.

- ¡Demonio! ¡No podrás con nuestra fe! - gritaba el hombre de pelo canoso.

- Espero que vuestra fe os acompañe al lugar donde voy a enviaros, viejo… - fue poco a poco acercando sus manos consiguiendo que la jaula se fuera haciendo más y más pequeña. La gente no podía arrimarse más unos a otros, los primeros en tocar la jaula gritaban de puro dolor ante la gran descarga eléctrica que les recorría el cuerpo de arriba a abajo, haciendo que su corazón se parara en la mayoría de los casos. Siguió acercando sus manos hasta que las juntó del todo. Estaba disfrutando de lo lindo viendo a todas esas personas gritar de dolor y miedo al saber que era el final de su triste vida. A los pocos minutos todo quedó en silencio… decenas de cadáveres se amontonaban en el suelo.

- Ha sido un buen calentamiento… - de repente pudo percibir a unos kilómetros de distancia un aura muy conocida para él, podría reconocer a Ryoga a años luz. Una idea le vino de pronto a la mente, ya sabía cómo iba a encontrar a los guardianes.

.

.

.

- ¡Ryoga, deja de seguirme por favor! Yo… soy inocente… estaba bajo el hechizo de esa mujer. Cuando Cologne murió volví a poder actuar por mí misma - Ukyo intentaba alejarse del chico de la bandana. Estaba atemorizada por la posibilidad de que la inculpasen a ella también de los asesinatos acontecidos estos últimos años.

El chico la tomó del hombro y le dio la vuelta haciendo que le mirara. Tenía que comprobar si le estaba diciendo la verdad.

- Esto es muy serio Ukyo, ¿acusaste tú a Akane del asesinato de Daisuke?

La castaña bajó la mirada, se sentía horriblemente mal por haber estado a punto de condenar a una chica inocente.

- Supongo que tu silencio debe ser un sí - Ryoga la miró con decepción y furia, Ukyo se percató de esa mirada y reaccionó.

- ¡No es lo que tú crees! ¡Ya te lo he dicho, no era consciente de mis propios actos! Estaba siendo manipulada. Tienes que creerme por favor… - sin esperarlo, Ukyo se abrazó llorando a la cintura del chico del colmillo, dejándolo en estado de Shock ante la cercanía de la castaña.

- Es-está bien… te-te creo Ukyo… - Ryoga salió de su estado al sentir cerca de ellos una presencia, bastante conocida para él, pero tenía algo extraño que no lograba averiguar qué era. Se giró esperando ver aparecer al propietario de semejante aura de combate.

- ¿Quién eres? - bramó Ryoga

Saffron apareció abriéndose paso entre unos matorrales.

- ¿No reconoces a tu padre? Puede que mi aspecto haya cambiado pero deberías haber sentido mi presencia.

- No tienes su misma aura… ¿Por qué he de creerte?

- Que me creas o no no es lo importante, vengo a que me ayudes a capturar a un demonio. Se ha llevado a Akane, ¿acaso ella no te importa? - el semblante de Ryoga cambió, había dado en el clavo.

- ¿Qué demonio? ¿¡Dónde está Akane!? - se acercó hacia Saffron y lo cogió de la túnica. Este sonreía por dentro, había conseguido captar su atención.

- ¡Ranma la ha secuestrado, él es el demonio! Mi deber es protegerla, él quiere engendrar un hijo que será la reencarnación del mismísimo Lucifer y la necesita a ella, un alma pura. Siento que llego demasiado tarde… sé que te apareces donde ella está, necesito que me lleves. Así podremos salvarla de su cruel destino porque cuando dé a luz a su hijo… la matará.

Ryoga no podía dar crédito de lo que estaba escuchando. ¿Ranma? ¿Un demonio? Quizá explicara lo posesivo que llegó a ser con ella sin apenas conocerla.

- Ryoga… - Ukyo sabía que esa historia no era cierta. Ella la conocía, había oído a su ama más de una vez hablar de los Guardianes de la Vida, y sabía que Ranma era uno de ellos, no un demonio - su voz quedó apagada con sólo una mirada de Saffron. Se tocó la garganta con las dos manos, no entendía por qué no podía emitir sonido alguno. Pero Ryoga no cayó en la cuenta de qué le estaba pasando a Ukyo, sólo podía pensar en Ranma haciendo suya a Akane, haciéndola sufrir… se le estaba revolviendo el estómago. Tenía que hacer algo.

- Yo puedo proteger a Akane, sólo tienes que llevarme donde está ella… - sugirió el demonio a un preocupado chico de mirada miel.

- Te llevaré… no hay tiempo que perder.

Saffron esbozó una sonrisa de medio lado - estás haciendo lo correcto chico… - apoyó su mano izquierda en el hombro derecho de Ryoga y este a su vez tomó la mano de Ukyo, no pensaba dejarla sola sabiendo que el peligro acechaba.

Cerró los ojos y se concentró pensando en ella. Sabía que siempre aparecía a su lado -Espérame Akane, yo te rescataré de las garras de Saotome… maldita sea cómo no lo vi venir… espero que no sea tarde… - y con este último pensamiento, los tres desaparecieron.

.

.

.

Ranma y Akane terminaron de recoger las mantas y se disponían a salir de la cueva dispuestos a enfrentar el día que se les avecinaba. Ambos se abrazaron en la entrada.

- ¿Preparada? - Ranma le habló dulcemente mientras le colocaba un mechón detrás de la oreja. Con la otra mano la tenía agarrada de la cintura.

- A tu lado siempre estoy preparada… - El pelinegro le colocó la mano detrás de la nuca y la acercó hasta darle un beso muy suave - la peliazul se sonrojó. Ese beso escondía algo más que no acertaba a comprender, sabía como a despedida - Aunque… tendremos que ir a por otra ropa, alguien me la rompió anoche en un arrebato de pasión desmedida - Akane le sonrió, no quería ver tan preocupado a su esposo. Sabía que estaba así por ella, no podía permitirlo, él debía estar concentrado para la gran batalla.

El ojiazul sonrió ante el comentario de la ojiavellana, ella pudo distinguir el fuego en su mirada, le recorrió el cuerpo de arriba a abajo...La sujetó de las muñecas, la acercó a la pared y le subió los brazos por encima de la cabeza. Acercó su cuerpo y se frotó con ella.

- Iremos a por esa ropa, pero quizá antes te arranque una poca más… - se abalanzó salvajemente sobre el cuello de la peliazul.

- Ranma… - Akane pronunció entre jadeos el nombre de su esposo. Cerró los ojos para sentir mejor los besos y caricias que el chico de la trenza le regalaba con amor y pasión.

En ese momento se aparecieron frente a la cueva Ryoga, seguido de Saffron y Ukyo, que intentaba sin éxito articular palabra.

El chico de la bandana no podía dar crédito a lo que veían sus ojos. Ese muchacho le había dicho la verdad. ¿Habría llegado a tiempo? - ¡Ranma! ¡Suéltala! - el pelinegro ya se había posicionado frente a Akane cubriéndola de un posible ataque.

- ¡Ryoga, te estás equivocando! - gritó el azabache.

- ¡No quiero escucharte! ¡Estabas abusando de ella! ¡Eres un demonio!

Akane salió de detrás de Ranma, asustada por el estado de ira en el que se encontraba su amigo de la infancia. Se acercó al chico de la bandana.

- Ryoga, no es lo que parece. Te lo explicaré pero de verdad que Ranma no estaba abusando de mí.

- Los ojos de Ryoga comenzaron a humedecerse - Mira tu ropa… apenas queda nada de ella… - la chica, ruborizada por el estado en el que se encontraba, intentó cubrirse lo mejor que pudo. Ryoga bajó la mirada, cubriendo sus ojos con su flequillo - Dime qué te ha hecho… le mataré…

- ¡No me ha hecho nada! ¡Tienes que creerme!

Tan concentrado estaba Ranma en Ryoga, que había pasado por alto un aura mucho más peligrosa. Se acercó a grandes zancadas para volver a estar al lado de Akane.

- Akane, no te alejes de mí - y volvió a ponerla detrás de su espalda - ahora mismo no atiende a razones.

- ¡Te he dicho que la sueltes! - Ryoga se abalanzó sobre Ranma con el puño cerrado - ¡El golpe del león!

Ranma sujetó con una mano el puño de Ryoga, al ver frenado su ataque quiso golpear con el otro puño que también interceptó Ranma - ¡Ryoga, escúchame! Akane está en peligro, pero no soy yo quien quiere hacerle daño.

- ¡Mientes! ¡Intentabas abusar de ella, lo he visto con mis propios ojos! - Ryoga intentaba zafarse del agarre de Ranma. ¿Cuándo se había vuelto tan fuerte?

- ¡No te miento! ¡Mientras estamos haciendo el tonto, Saffron…! Y se quedó helado al sentir el aura del demonio más poderoso de todos los que había enfrentado. ¿Cómo no había sentido su presencia? Akane…

Ukyo intentó detener a Ryoga sujetándolo de la cintura y cuando quisieron darse cuenta Ryoga, Ranma y Ukyo desaparecieron.

- ¡Ranma! - Akane corrió hacia donde había desaparecido el pelinegro cuando sintió una gran bola de energía impactando contra su espalda. Cayó al suelo y se giró temblorosa, Saffron se acercaba sigilosamente hacia ella.

Akane movió su mano y una gran roca salió disparada directa hacia el demonio, pero este la rompió en mil pedazos con otra bola de energía. Con otro movimiento de mano hizo que Saffron saliera volando y se estrellara contra la pared de la cueva. El impacto dejó un gran hueco entre las rocas. Un hilo de sangre corría por los labios del demonio. Éste se lamió con la lengua la sangre y sonrió hacia Akane, que intentaba levantarse con dificultad.

- Mi niña… que sepas que con tus jueguecitos me estás poniendo muy cachondo… - antes de que Akane terminara de incorporarse, otra bola de energía volvió a impactarle, esta vez en el estómago, rompiendo lo que quedaba de la ropa y dejando a la peliazul desnuda frente a su rival. Un gran dolor, como si le atravesaran con 10 espadas, la hizo ponerse de rodillas.

Saffron se acercó y cuando vio que Akane intentaba otro ataque, volvió a mandarle otra bola de energía, que esta vez, hizo a la peliazul caer inconsciente al suelo.

El demonio se acercó hasta ella y la cogió en brazos. La observó unos segundos y luego le lamió la cara con su lengua - Mira lo que me has obligado a hacerte… te llevaré lejos para que nadie nos moleste… ya me encargaré de tu querido esposo más tarde…

Saffron extendió sus alas y se encaminó rumbo al monte Fénix, donde en su tiempo, hacía ya muchos siglos, fue hogar de demonios.

Continuará…


¡Ya estoy de nuevo por aquí! No os quejareis de que actualizo tarde…¿eh? ;)

¿Qué os ha parecido el capítulo? ¿Creíais que iba a dejar a Ranma y Akane sin su lemon? No… ellos tienen derecho a reencontrarse como Dios manda… me encanta que hasta en esos momentos salgan sus riñas….¿y qué me decís del final de Genma y Happosai? La verdad que se lo tenían merecido.

Deciros que es el penúltimo capítulo, antes de que acabe el año subiré el último y tengo un epílogo más o menos en mente que seguramente escriba.

Antes de nada… yo no tengo idea de latín, si alguien está leyendo el fic y sabe, que me perdone… sólo he puesto en traductor de Google lo que quería que dijeran y lo que salió es lo que he escrito. Creo que la magia queda mucho mejor en ese idioma.

Prope ianuam : cerrar puerta, así de simple… para qué complicarme.

Simul usque ad aeternum : juntos hasta la eternidad, vale…. Soy una corazón de pollo como dirían mis #locasporeldiosgriego

Muchas gracias por los reviews, los que recibo me entusiasman muchísimo porque sé que os está gustando la historia. Con eso me doy por pagada.

Gracias como siempre a mis beta-reader Sailordancer7 y Hana Note, chicas… me estáis llevando por el camino de los corazones negros… ¿qué hubiera hecho sin vosotras en este fic? ¡A mis #locasporeldiosgriego que las adoro! Hoy en especial a mi querida Lily, la autora de planes cruzados, que acaba de ser madre de nuevo de una preciosa niña (Los que seguían este fic decirles que no se quedará huerfanito, es que a la autora le es imposible encontrar un hueco para escribir)

Ya no os doy más la lata… nos vemos en el último capítulo de Witchcraft! Un saludo!

Sakura Saotome :)