Los personajes pertenecen a la gran Rumiko, yo sólo los tomo prestados.

Esta historia es méramente para entretener


Witchcraft

Capítulo 9

Aparecieron los tres, en un bosque cercano al pueblo. Ranma seguía sujetando los puños de Ryoga, que cada vez parecía más alterado. Ukyo soltó al chico de la bandana y giró sobre sí misma intentando reconocer dónde se encontraban. Ranma abrió los ojos sobremanera al comprobar que el escenario había cambiado y que no escuchaba la voz de Akane. Miró a derecha y a izquierda de manera brusca.

- ¡No me estás teniendo en cuenta, Ranma! - Ryoga intentó zafarse del agarre del pelinegro pero le era totalmente imposible. No podía creer que de un día para otro tuviera esa fuerza tan colosal.

- ¡¿Akane?! - Ranma seguía mirando alrededor suyo buscando a su esposa y a Saffron. No podía haber vuelto a perderla de vista, le prometió que la protegería. Y allí estaba, perdiendo el tiempo con un imbécil que no atendía a razones. Lo oyó llamarlo a lo lejos, Ranma se giró hacia Ryoga y el chico de la pañoleta se quedó inmóvil, por un momento dejó de ejercer presión sobre su rival. Esa mirada de Ranma… de odio, de angustia, de desesperación, lo intimidó. Nunca había visto esa mirada en él - Por tu culpa he perdido de vista a mi esposa… - Ranma hablaba entre dientes con el ceño totalmente fruncido.

- ¿De qué narices estás hablando? ¿Qué esposa?

Ranma empezó a ejercer presión en los puños de Ryoga, aprisionándolos con gran fuerza. Éste empezó a sentir mucho calor en los nudillos, pasando ese calor al resto de sus manos, brazos… hasta que sintió todo su cuerpo arder en un calor abrasador.

- ¡Suéltame! ¡Ahhhh quema! - el chico de la bandana continuaba en su intento de zafarse del agarre del ojiazul, que en estos momentos tenía la mirada turbia. Era como si estuviera en otro mundo.

- ¡Cómo le pase algo a Akane por tu culpa te mataré! - Ranma le propinó a Ryoga una patada en el estómago que lo hizo volar hasta estrellarse en el tronco de un árbol.

- ¡Parad por favor! - Ukyo lloraba angustiada, había vuelto a recuperar la voz; Ryoga caía sentado en el suelo, apenas podía respirar del golpe ocasionado por el pelinegro. Antes de que Ukyo llegara para intentar socorrer a Ryoga, Ranma creó una ráfaga de viento elevando al ojimiel 10 metros sobre el suelo. El chico de la bandana parecía una marioneta en manos del pelinegro; con la misma ráfaga lo hizo descender a gran velocidad haciendo que se estrellara estrepitosamente contra la dura tierra, levantando una nube de polvo.

Ryoga apenas podía moverse, se levantó como pudo, con las rodillas temblorosas. Necesitaba llegar hasta Ukyo y sacarla de allí. Ranma se había transformado en un monstruo, ese chico que fue a buscarlo tenía razón… era un auténtico demonio - Ukyo… dame la mano… aún me quedan fuerzas para escapar… - el chico de la bandana hablaba de manera entrecortada, casi no le llegaba la voz a la garganta.

La castaña corrió al encuentro de Ryoga pero Ranma levantó muros de tierra impidiendo que la chica llegara a su objetivo. Miró de nuevo al chico de la pañoleta.

- Tú no vas a ninguna parte… ¡Por no escuchar has puesto a Akane en peligro!

- ¡La he salvado de ti…mírate… estás fuera de sí…!

- ¡Sigues sin escuchar! ¡Yo no soy el demonio del que la quieres proteger! ¡La has dejado sola con él!

- No… él me dijo… - Ryoga ya no sabía a quién creer. Pero… ¿Y el estado en el que se encontró a Akane? Tenía su vestido roto, estaba prácticamente desnuda y su espalda… estaba toda arañada. Ranma seguro le había hecho algo, pero de pronto las palabras de ella le vinieron a la mente. Ella estaba defendiéndolo a él, ¿por qué? No entendía nada…

- ¡No puedo volver a perderla, ¿me oyes?! Y tú… - Ranma agachó la cabeza tapando su rostro con el flequillo - vas a conseguir que pierda al amor de mi vida… - levantó la vista enfocando de nuevo la mirada de Ryoga, extendió las manos y dos bolas de fuego aparecieron de sus palmas. Juntó las dos energías y creó un arco y una flecha llameantes. Apuntó directo al corazón de Ryoga, éste seguía tambaleándose, aún dolorido por el tremendo impacto en el suelo. A Ranma comenzaron a temblarle las manos… ¿Era capaz de matar a un ser humano?

- ¡No! - Ukyo corrió junto a Ryoga y se puso delante de él con los brazos en cruz, cubriéndolo.

- Ukyo, apártate… - Ranma habló con la voz muy ronca.

- Ukyo… por favor hazle caso… - la castaña se giró para mirar al chico de la bandana. Inmediatamente volvió a mirar al pelinegro que seguía apuntando con el arco de llamas hacia su dirección.

La castaña se fue acercando lentamente hacia Ranma - Sé quién eres…- Ranma la observó sin emitir palabra alguna - eres el Guardián de la Vida y Akane también lo es, aparte de ser tu esposa… - Los ojos de ambos chicos se abrieron como platos. Ranma por asombrarse de que ella conociera su historia y Ryoga porque lo que ella hablaba, le era totalmente desconocido. Ranma dejó que Ukyo siguiera hablando - También sé por qué estás aquí, para dar muerte a Saffron, por eso volvisteis a nacer.

- ¿Quién te ha contado todo eso? - Ranma ahora enfocaba la flecha en dirección a Ukyo. Ryoga, con pasos pesados caminó hacia la castaña. Tenía que sacarla de allí.

- Yo también estuve bajo un hechizo de Shampoo, pero recuerdo todo lo vivido allí. Escuché toda vuestra historia...ella sabía quiénes eráis desde el principio, pero quisieron ocultárselo a Saffron; Genma y Happosai querían usar tus poderes para beneficio propio. Pero tú no dabas muestra de poder alguno, Genma empezó a frustrarse creyendo que el oráculo Cologne quería traicionarlo, como él pensaba hacer con el demonio. Saffron siempre ha estado entre nosotros… él fingía estar bajo las órdenes de tu padre, haciéndose pasar por el jefe de policía de Nerima y ayudante del alcalde. Eso lo acabo de descubrir… Cologne creía que ese señor era otro discípulo, pero era el mismo Saffron...

Ryoga paró en seco - ¿De qué hablas, Ukyo? El jefe de policía de Nerima es mi padre… ¿qué estás insinuando?

- Intuía algo oscuro en el señor Hibiki… pero ni yo había despertado aún, mucho menos mi instinto de Guardián. Sólo sentía que debía protegerla a ella… - Ranma habló con la voz quebrada pero sin dejar de apuntar a Ukyo.

- ¿Despertar? ¡¿Alguien puede decirme qué coño está pasando aquí?! - el ojimiel gritó mirando primero a Ukyo y luego a Ranma.

Ukyo se giró para mirar a Ryoga a la cara - Ryoga… tu padre no es quién tú creías… él es en realidad Saffron… el demonio más poderoso que ha existido en la tierra. Al robar el poder de Cologne adoptó su forma humana de cuando era joven. Por eso ninguno lo reconoció… - volvió a mirar al pelinegro - Ranma, tú sólo lo recuerdas en su forma demoníaca.

- Mi padre… un demonio… - Ryoga cayó al suelo de rodillas apoyando las manos en la fría y dura tierra.

- ¡Sí, un demonio que está a solas con mi mujer! ¡Por tu culpa! - la mirada de Ranma volvió a oscurecerse.

- ¡Ranma, no puedes hacerle daño, hay una cosa que no sabes! - el ojiazul miró con curiosidad a la castaña - ¡Ryoga y tú sois hermanos!

- ¡¿Qué?! - gritaron los dos al unísono.

El arco de fuego desapareció de pronto - Es- eso es imposible… mi madre me lo hubiera dicho… debes estar equivocada o te han engañado a ti también.

- Tu madre no sabe nada… cuando dio a luz a Ryoga, le borraron la memoria. Saffron se lo llevó porque le aseguraron que él era el Guardián. Tenía planes para ti. A los pocos minutos naciste tú, Cologne sabía que tú eras el elegido… consiguieron engañar a Saffron todos estos años porque Ryoga tenía poderes pero tú, sólo eras un chico más…

Ranma no conseguía articular palabra, Ryoga no estaba en mejor situación que él.

- Mi madre me hizo ocultar mis poderes para protegerme, al menos hasta que yo despertara…- levantó la mirada hacia Ryoga - Mi hermano… - No daba crédito al nuevo descubrimiento.

- Ten-tengo madre… - Ryoga también levantó la mirada buscando a Ranma.

- Por eso Ryoga siempre ha estado vinculado de alguna manera a Akane… por ti, Ranma… porque la misma sangre corre por vuestras venas.

- ¿Vinculado a Akane? - Ranma volvió a fruncir el ceño.

Ryoga se puso en pie - Es cierto...por eso la conozco desde niños… yo tengo un sentido de la orientación terrible, con mi poder nunca conseguía llegar hasta el sitio que visualizaba. Pero por alguna extraña razón, siempre llegaba donde estaba ella… ahora todo empieza a tener sentido…

A Ranma le cruzó una idea por la mente, la misma que previamente había tenido Saffron para localizarlos, corrió hasta donde estaba su hermano y lo agarró de la camisa - ¡¿Quieres decir que podrías llevarme hasta dónde está Akane?!

Ryoga esbozó una media sonrisa de lado - Sí, vamos por ella.

Ranma sonrió por primera vez desde que se encontraron. Ukyo suspiró aliviada.

- Una vez me lleves quiero que regreses. Si me pasara algo… sólo quedas tú para proteger a nuestra madre… ¿podrás llegar hasta ella...hermano? - el ojiazul puso una mano sobre el hombro de Ryoga.

- Ten por seguro que sí, ahora la siento igual que sentía a Akane. Ukyo, busca a la señora Saoto… a mi madre... y cuéntale todo. Me reuniré con vosotras en breve.

- Está bien… ten cuidado - y Ukyo se acercó dando un beso suave en los labios de Ryoga. El chico de la bandana empezó a ponerse colorado.

- Lo-lo tendré…

La castaña salió corriendo en dirección al pueblo. Ranma apretó el hombro de Ryoga, éste salió de su estado de Shock y miró al ojiazul.

- Llévame hasta mi mujer, no hay tiempo que perder… - Ryoga asintió con la cabeza, cerró los ojos para concentrarse pensando en la peliazul y ambos desaparecieron.

.

.

.

Akane fue despertando poco a poco, se encontraba tumbada en una cama, maniatada al cabecero de la misma. Miró a ambos lados para intentar reconocer el sitio pero le era totalmente desconocido. Se miró a sí misma, iba ataviada con un vestido de gasa negro, de tirantes y transparente que le llegaba a los tobillos. A los lados de la cama había mechones de su cabello recién cortados. Intentaba liberarse de las ataduras cuando escuchó la puerta abrirse. Saffron llegó hasta los pies de la cama donde se encontraba Akane, iba con unos pantalones bombachos negros y el torso descubierto.

- Que pronto te has despertado, eres más fuerte de lo que yo creía, ah por cierto, es inútil que intentes liberarte, esas ataduras inhiben tus poderes.

- ¡Libérame ahora mismo o te arrepentirás! - la voz de Akane no denotaba miedo alguno.

Saffron soltó una tétrica carcajada - No estás en posición de dar órdenes, mi querida niña… espero que te guste tu nuevo cambio de peinado… con el pelo corto me recuerdas más a tu madre… aunque he de reconocer que tu belleza es aún mayor… - la mirada del demonio era pura lujuria, Akane empezó a palidecer. No hacía falta saber leer la mente para adivinar lo que pasaba por la cabeza de Saffron en ese momento.

- ¿Qué quieres de mí…? - la voz de la peliazul comenzaba a temblarle…

Saffron se acercó a ella, la chica intentaba alejarse de él lo más que podía. Él se subió en la cama y se sentó a horcajadas encima de la temblorosa peliazul. Apoyó las manos en la cama dejando en medio a la chica y acercó su rostro al de ella. Inmediatamente, la ojiavellana giró la cabeza. Saffron le susurró al oído.

- Lo que quiero de ti es algo muy sencillo, necesitaba un alma pura y noble para engendrar al heredero oscuro. Tu madre iba a tener ese privilegio pero me la arrebataron… - Akane giró de nuevo para enfrentar al demonio, mirándole desafiante a los ojos.

- Mi madre nunca hubiera accedido… igual que no voy a acceder yo… antes muerta …

Saffron le sonrió y le acarició la mejilla con el dorso de la mano, Akane volvió a mover la cabeza intentando alejar el contacto.

- Mi niña… a ella no iba a hacer falta convencerla. Ella estaba enamorada de mí - la expresión de Akane era de pura sorpresa, pero no dijo nada. Él continuó hablando - Tu madre y yo nos conocimos siendo ella muy joven, yo tenía este aspecto antes de volver a cambiar. Nos enamoramos… , ella no sabía quién era yo, pero en el pueblo donde vivíamos, crecieron los rumores de la existencia de un ser maligno y me señalaron a mí. Intentaron capturarme pero ella me defendió… la mataron… le clavaron una flecha en el corazón delante de mí… por aquel entonces estaba débil pero me quedaba fuerza suficiente para matarlos a todos. Una ninfa llegó en ese momento, yo tenía a Naoko entre mis brazos. Estaba desecho… - se notaba angustia en la voz de Saffron al recordar esa parte de su vida de humano - ella portaba una especie de piedra color aguamarina. Dijo que con esa piedra podría resucitar a Naoko, pero que como condición, le borraría la memoria de todo lo que concernía a lo nuestro - Akane no daba crédito de lo que estaba escuchando - acepté...era la única mujer que me había amado y la única que me hizo conocer ese sentimiento, ¡un sentimiento que te vuelve débil! ¿Y para qué? ¡No sirve de nada!… ella volvió a la vida, se mudó a Nerima y conoció a tu padre. La odié… ojalá nunca hubiera resucitado… me marché lejos hasta que sentí que había llegado la hora en que ibais a nacer. Para ese entonces ya tenía a Genma y Happosai a mi merced… me quedé con Ryoga pensando que era el Guardián, pero me la jugaron… mis recuerdos están borrosos. Cuando matamos a tu madre y os fuisteis del pueblo, te perdí la pista… no sabía que Ryoga se aparecía a tu lado hasta hace poco. Y ahora… tú vas a tomar el puesto que le correspondía a tu madre…

Saffron tomó a Akane de la barbilla y la obligó a mirarle. Se acercó hasta ella y la besó con rabia. La peliazul se removía en el sitio intentando zafarse, pero él era terriblemente fuerte. Consiguió morderle el labio hasta hacerlo sangrar - ¡No se te ocurra tocarme! - gritó la chica con furia - ¡Ranma vendrá a por mí!

Saffron se separó de ella y se tocó el labio, al mirarse la mano vio que había sangre. Mirándola con los ojos entornados se lamió los dedos, chupando la sangre que había en ellos.

- ¿Sabes que este juego tuyo hace que me excite más? Sí… seguramente Ranma venga a por ti, pero cuando mi semilla esté dentro tuyo, comenzarás a convertirte en otra demonio y ya no querrás saber nada de tu querido esposo. Sólo me desearás a mí…

- Nuestro vínculo es mucho más fuerte de lo que tú te crees…

- Si tan segura estás vamos a comprobarlo… - Saffron le abrió las piernas con rudeza y la sujetó también de los tobillos. Akane empezó a patalear y a estirar de las ataduras con todas las fuerzas que le quedaban para intentar liberarse, sin éxito alguno. Él la inmovilizó de tal forma que ella no podía mover ni un músculo de su cuerpo. Saffron comenzó a subirle el vestido despacio mientras acariciaba sus perfectas y largas piernas.

- ¡Te he dicho que no me toques! ¡Te mataré, ¿me oyes?!

- Tssss calma mi niña… cuanto más te resistas más daño te haré… y ahora mismo no pretendo eso… vas a comprobar lo que es disfrutar de verdad - mientras le decía esto terminó de subirle el vestido hasta la cintura e introdujo dos de sus dedos en la intimidad de la chica.

- ¡Ranma!

.

.

.

Ranma y Ryoga se aparecieron a los pies de una gran montaña, una enorme Torre se erguía imponente delante de ellos. Ambos miraron buscando a la peliazul.

- ¿Dónde está Akane? ¿Seguro que me has traído al sitio correcto? - el pelinegro estaba empezando a ponerse muy nervioso. Debía calmarse o no sentiría el aura de la peliazul. Cada minuto que pasaba ponía a su esposa más en peligro.

- Estoy seguro de que está aquí, pero algo me ha impedido llegar justo al lado suyo, notaba como una especie de barrera, es lo más cerca que he podido aparecerme a su lado.

- Está bien, yo la encontraré, vete donde nuestra madre y protégela con tu vida.

Ryoga asintió - Puedes confiar en mí, suerte Ranma - Y dicho esto desapareció.

El pelinegro miró hacia la gran Torre que tenía a sus pies. Cerró los ojos y se concentró, cuando estaba por sentir dónde se encontraba ella exactamente, la oyó gritar desesperada su nombre.

- ¡Akane! - el azabache creó una ráfaga de viento alrededor suyo y se elevó en el aire hasta poder llegar a la parte más alta de la Torre, de donde provenían los gritos de su esposa. La imagen que vio cuando llegó a la ventana lo dejó loco… su mujer maniatada a una cama, semidesnuda y Saffron encima de ella… tocándola como sólo a él le estaba permitido; estaba tan furioso que desprendía fuego por cada poro de su piel. Entró por la ventana rompiéndola en mil pedazos, a su vez lanzó una gran bola en llamas que dio de lleno en la espalda del demonio, haciendo que saliera despedido al suelo y perdiendo el contacto con la chica.

- Ranma… - ella lo miró con lágrimas en sus castaños ojos, su expresión cambió a una más tranquila al saber que él estaba allí.

Él se acercó corriendo hacia donde estaba ella, intentó liberarla de las ataduras. La peliazul comenzó a llorar amargamente.

- Tranquila… ya estoy aquí… - y le dio un fugaz beso en los labios - ¿Estás bien?

La peliazul asintió, respiraba agitadamente.

- Vais a hacer que me eche a llorar… qué escena tan tierna - Saffron se incorporó despacio con la mano derecha puesta en su espalda, la sentía arder…

Ranma le dio la espalda a Akane poniéndose de escudo entre ella y Saffron - ¡¿Cómo te has atrevido a tocarla?! ¡Te mataré! - el pelinegro estaba fuera de sí.

- Sí, sí Guardián… me matarás igual que la última vez, ¿no? - Saffron movía su mano como restando importancia a las palabras del pelinegro - No me gustan las interrupciones, tu esposa y yo estábamos a punto de pasar un buen rato…

Ranma disparó otra bola de fuego pero fue interceptada por una bola de energía que lanzó Saffron.

- ¿En serio crees que vas a poder matarme sólo con eso? - Saffron miró a Ranma, sus ojos volvieron a cambiar del color ámbar que ahora poseía debido al cambio, al negro más oscuro. El pelinegro comenzó a retorcerse de dolor. Cayó al suelo, gritos desgarradores salían de lo más profundo de su garganta.

- ¡Basta, déjalo! ¡Es a mí a quién quieres! ¡Mírame, aún estoy a tu merced!

Saffron dejó de mirar a Ranma para posar su mirada en la peliazul, sus ojos volvieron a cambiar de color - Creo que ya empezamos a entendernos, mi querida niña…

- No… le pondrás... una mano encima a mi... mujer… - el chico de la trenza se incorporó con dificultad. Saffron volvió a hacer que Ranma se retorciese de dolor.

- ¡Déjalo por favor! ¡No le hagas daño! - Akane gritaba desesperada, le dolía el corazón de ver a su esposo en ese estado.

- Hagamos un trato entonces - Saffron cesó de infringir daño al pelinegro, éste yacía inmóvil en el suelo - Tú accedes a quedarte voluntariamente conmigo y yo le perdono la vida a tu esposo. Es un trato justo.

Akane se quedó callada, miraba a su esposo tirado en el suelo, volvió la mirada hacia Saffron. El demonio al ver que la chica no le respondía intervino de nuevo - Igual no me expresado con claridad… o te quedas a mi lado o mato al Guardián de la forma más dolorosa posible… y créeme que conozco muchas. Y detrás de él mataré a tu padre y a tus hermanas, aunque bien podría convertirlas a ellas en mi harem personal… así que, tú decides…

- Si acepto… ¿cómo voy a poder confiar en que vas a cumplir tu promesa?

- No puedes, pero no te queda otra opción.

Akane se quedó pensativa, su cabeza iba a mil por hora. Sabía que Saffron iba a matarlos de todas formas… tenía que ganar tiempo - Está bien, acepto… seré tuya, pero antes me aseguraré de que Ranma y mi familia estarán a salvo.

- Has tomado la decisión correcta mi niña, te haré ese regalo… de todas formas no está a mi altura para vencerme.

- Creo que menosprecias mi poder y mi fuerza, demonio - Ranma se incorporó del suelo, con la mano derecha se sujetaba el hombro izquierdo. Era la parte más afectada.

- Menos mal… creía que la diversión se había acabado ya - Saffron se lanzó como un rayo a golpear a Ranma, éste lo bloqueó poniendo delante su antebrazo derecho. Una explosión de energía se originó al contacto entre ellos dos.

- ¡Agua! - El pelinegro creó una gran corriente de agua que Saffron no pudo esquivar, iba con tanta fuerza que rompió el cristal de una ventana, haciendo que Saffron cayera al vacío. Ranma lo siguió, antes de darle tiempo a que Saffron extendiera sus alas y se posara en el suelo, el azabache creó un tornado alrededor del demonio. Dirigía el tornado con su mano derecha y haciendo un terrible esfuerzo por mover el hombro izquierdo lanzó fuego que se unió a la poderosa corriente de aire.

Saffron apenas podía respirar, estaba atrapado en el tornado de fuego. Extendió sus alas negras y las agitó con fuerza, éstas empezaron a arder debido al contacto con el fuego creado por Ranma pero no cesó en su empeño hasta que consiguió abrir una brecha por la que pudo escapar. Aprovechando la distracción del pelinegro, le lanzó una gran bola de energía que dio de lleno en el costado de Ranma, haciendo que su magia cesara.

- Maldita sea…- Ranma se tocó la zona afectada con una mueca de dolor; gotas de sangre resbalan por su cadera.

La mirada de Saffron ya no era de diversión, es cierto que había menospreciado al Guardián, tendría que andarse con ojo o acabaría muerto. Pero eso no había sido nada, ahora quería dejar un poco de historia en esas tierras, su huella, para que la gente recuerde siempre quién es Saffron, el demonio más poderoso. Se elevó lo más alto que pudo, desde esa altura podía ver todos los alrededores, dirigió su mirada al cielo, una sonrisa macabra se hizo presente mostrando así sus colmillos, entonces, levantó sus manos e invocó a los truenos, haciendo que estos cayeran estrepitosamente sobre los cultivos, casas y aldeas de los alrededores, cobrando más vidas en el camino. Como música para sus oídos llegó el gran estruendo, con el que pudo escuchar los gritos desesperados de la gente que clamaba un poco de piedad para sus pobres almas desgraciadas, víctimas de este demonio. Se sentía lleno, era como inyectarle adrenalina pura en las venas, nuevamente su mirada se posó sobre Ranma quien yacía mal herido.

- ¡Eres un desgraciado! ¡¿Cómo has podido hacer semejante atrocidad?! ¡Los aldeanos no tienen la culpa de tu odio hacia nosotros!

- Me importa bien poco lo que pienses, yo no necesito sermones, ni mucho menos que un niño estúpido como tú, venga a decirme lo que puedo y no puedo hacer – voló lo más rápido que pudo hacia el chico de la trenza y se desató una pelea que nunca antes se había visto, sólo se escuchaban gritos de coraje y de dolor por parte de ambos, era una batalla muy reñida. Sin embargo, era el Guardián el más lastimado, y eso se consideraba una ventaja para el demonio, quien no perdió tiempo. Con una habilidad sobrenatural rasgó la piel del costado que ya tenía lastimado el ojiazul, haciendo que saliera un alarido de dolor de lo más profundo de su ser.

Akane oía la batalla desde su posición pero no lograba ver nada. Podía sentir cada movimiento de Ranma. Se sentía una inútil, ella también era una Guardiana de la Vida, debería estar batallando codo con codo junto a su esposo. Tenía que haber alguna manera de liberarse de las ataduras. Cerró los ojos, intentó regular su respiración hasta que fuera más calmada. En su mente visualizó un cielo adornado con nubes blancas, una luz muy fuerte le dio en la cara, cegándola. Sólo adivinaba a ver una sombra que se aproximaba a ella. A medida que esa sombra se acercaba, Akane sentía cada vez más paz en su alma y en su corazón. Cuando la luz se disipó, una hermosa mujer vestida de blanco apareció delante de la peliazul.

- Mamá… - una lágrima rodó por la mejilla de Akane. La mujer se aproximó sin decir nada, puso su mano en el compungido rostro de la chica y con un dedo limpió la lágrima que escapó de los castaños ojos de la joven.

- Recuerda lo que te dije el día antes de morir... el amor todo lo puede, mi vida… no tengas miedo…

- Te he echado tanto de menos mamá - Akane se abrazó a su madre, la miró a los ojos y susurró - No puedo perderle…

- Sabes lo que tienes que hacer… yo estaré a tu lado mi niña.

Akane asintió, su madre puso sus manos en las muñecas de la peliazul y las ataduras empezaron a desprenderse - Valor, mi Guardiana… - Naoko se alejó envuelta en un halo de luz, parecido al de una estrella, dejándole una calidez y una gran fuerza que nunca antes había sentido en sus dieciocho años de vida.

- ¡Catenis liberos! - las correas que tenía en los tobillos se desprendieron, dejando libre por fin a la chica. Corrió hacia una mesa que se encontraba al otro lado de la habitación y tomó un objeto que estaba en una especie de baúl pequeño. Respiró profundo y bajó donde se encontraban Saffron y su esposo en plena batalla.

Lo que vio cuando salió la dejó helada… Ranma estaba tirado en el suelo cubierto de sangre, Saffron no parecía en mejor estado, tenía las alas y la mitad de su cuerpo y cara totalmente calcinados, pero aun así lograba mantenerse en pie a duras penas.

- ¡Ranma! - Akane corrió al lado del pelinegro, éste, con movimientos lentos logró sentarse.

- Akane… estoy bien… por favor vete…huye lejos. Yo me reuniré contigo en cuanto termine con él.

- ¡De eso ni hablar! ¡Yo también soy una Guardiana! ¡Que sea tu mujer no me exime de mi responsabilidad!

- ¡¿No te das cuenta de que no puedo volver a perderte?!

- Ni yo a ti… - Akane besó los labios de su esposo - Perdóname…

Ranma la miró desconcertado - ¿Qué…?

- Así que conseguiste liberarte de las ataduras… eres digna de ser la reina de la oscuridad… - Saffron hablaba entrecortadamente.

- No voy a ser nada tuyo… porque voy a matarte en este mismo momento… - en ese instante, posicionó sus manos hacia el suelo haciendo que éste temblara, un hilo de tierra subió hasta sus palmas, ingresando en ellas. En un abrir y cerrar de ojos, esos pequeños hilos se habían convertido en unas armas… dos espadas.

- De verdad que no me extraña que estéis juntos, tenéis un sentido del humor muy peculiar, aun así no me dan miedo los juguetes que tienes en tus manos. ¿Piensas que con eso me podrás hacer daño?

- No lo pienso Saffron, sé que te mataré y no permitiré que la historia se vuelva a repetir. – Los ojos de la peliazul estaban inyectados del más puro rencor, más aún al ver a su amado en ese estado. Ranma por su parte no podía levantarse para poder luchar junto a ella. - ¡Es hora de tu fin! – y sin más, se lanzó al encuentro con el demonio, puso sus espadas en forma de cruz y de una barrida por el suelo, se posicionó detrás de éste, para así poder cortarle la parte posterior de las rodillas, haciendo que cayera estrepitosamente al suelo.

- ¡Eres una maldita zorra! Tú sola te has buscado tu final y el de tu querido esposo, nunca, escúchame bien, ¡nunca podrán estar juntos, ni en esta vida ni en la otra!

- No lo creo porque él y yo estamos predestinados para la eternidad y tú no eres nada más que un vil demonio que sólo existe para usar a la humanidad en su propio beneficio, así que aquí y ahora, como Guardiana de la Vida, yo seré quien te arrebate tu miserable existencia - sus espadas nuevamente se volvieron a unir, pero esta vez de forma diagonal, levantó sus manos en una misma dirección y sintió como una gran fuerza en su pecho nacía, haciendo que nuevamente la tierra temblara, entonces comprendió lo que debía hacer… su nuevo poder había nacido.

- ¿Quieres volver a atacar con la misma técnica? Estúpida niña, eso ya no funcionará – la peliazul sólo sonrió de forma altanera, lo tenía justo donde quería. Esa sonrisa no le gustó nada a Saffron. En un instante, Akane había clavado en la tierra sus espadas con tal fuerza que esta comenzó a temblar, creando grietas en el suelo y haciendo que algunas rocas se rompieran con facilidad. Ranma entendió lo que hacía su esposa, así que con la adrenalina recorriéndole el cuerpo se levantó para ayudar a su esposa, aún tenía fuerzas para seguir luchando. Posó sus manos sobre la tierra y de las grietas creadas por Akane salieron lenguas de fuego que nuevamente impactaron en Saffron, haciendo así que éste gritase de dolor, ya que en su intento de huir de las lenguas de fuego, cayó de espaldas, calcinando así, su cuerpo demoníaco.

Los esposos se miraron y por fin sonrieron, sabían que si estaban juntos y peleaban unidos, ellos podrían ganar a Saffron. De un momento a otro la mirada de Ranma se tornó de miedo, muy lentamente Akane se giró para ver qué sucedía y pasó lo que más temía, el demonio seguía vivo, ella ya había agotado todo su poder, sólo quedaba una cosa que podía hacer …

- ¿Pensábais que con ese ataque me mataríais? ¡¿Acaso no os dais cuenta que soy el demonio más poderoso del universo?! No podréis acabar conmigo tan fácilmente, y tú... – dirigiéndose a Akane – te ves muy cansada... por lo que veo, ese es tu límite. Déjame decirte que no lo hiciste mal del todo, pero ahora es mi turno… vas a pagar por no aceptar mi generosa oferta... – Saffron corrió a la velocidad de la luz hacia la ojiavellana y la tomó del cuello, se acercó hasta él y lo lamió, fijando su mirada en Ranma, después no perdió oportunidad y clavó sus garras en el vientre de la joven. Akane no sintió dolor alguno, estaba tan enfrascada en la pelea que ni siquiera se percató de cuando Saffron la tiró lejos, sólo percibía un pequeño calor en sus entrañas. Veía como su esposo intentaba ponerse de pie inútilmente para socorrerla. Tenía la cara descompuesta.

Era su destino, tenía que usar su último recurso si quería que Ranma siguiera con vida, así que Akane hizo girar su dedo índice y un Athame apareció delante de ella. Lo cogió con su mano derecha.

Ranma comprendió lo que pretendía hacer - ¡Akane, espera! ¡No lo hagas! - hincó una rodilla en el suelo y apoyando sus manos hizo fuerza para poder levantarse. En ese momento la peliazul extendió su mano izquierda e inmovilizó a su esposo en el aire.

- Es la única manera… - la chica no podía contener sus lágrimas que escapaban a borbotones de sus ojos avellana - Te quiero…

- ¡No! ¡Akane por favor! ¡Yo puedo vencerlo! - el azabache intentaba liberarse del control de su esposa pero cuando ella se lo proponía podía llegar a ser realmente fuerte.

La peliazul miró directamente a los ojos de Saffron que le respondían desafiantes - Et voodoo doll et facti sunt omnia quae fiunt apud me accipere triplicatam - y al terminar la frase Akane se clavó el Athame justo en el corazón.

- ¡Akane no! - la retención del ojiazul terminó en cuanto su esposa se clavó la daga. Llegó justo para cogerla en brazos y evitar que cayera al suelo.

Saffron gritaba con las manos puestas en el corazón, intentando taponar la sangre que caía como si de una cascada se tratase. Era como si le estuvieran clavando 3 dagas a la vez y se ensañaran con él sin tregua. El dolor era insoportable… se iba desvaneciendo poco a poco. Cayó al suelo de rodillas, las fuerzas escapaban de su cuerpo por el desangramiento, hasta que terminó de caer boca abajo en el frío suelo.

Ranma sacó la daga que su esposa tenía clavada en el corazón y le tapó la herida presionando con fuerza - ¿Por qué lo has hecho, mi amor?... era yo el que debía protegerte… no me dejes sólo, por favor Akane… no sé vivir sin ti… - Ranma sintió su rostro empapado debido a las lágrimas que corrían tristemente de sus cristalinos ojos.

- Eres… lo más importante para mí… ya te dije que daría mi vida por ti... una y mil veces … - Akane hablaba casi en un susurro… la voz casi no le llegaba a la garganta - Vive por los dos… - la peliazul le acarició el rostro con la palma de la mano, él la retuvo en esa posición. Poco a poco Akane fue cerrando los párpados hasta que no volvió a abrirlos.

- ¿Akane? - el azabache la zarandeó suavemente pero ella no respondió - ¡Akane! ¡Otra vez no! - Ranma la abrazó con fuerza y se meció con ella - ¡¿Por qué?! ¡Maldición! - los ojos del pelinegro estaban inundados en lágrimas. Inmerso en su dolor estaba que no percibió que el aura de Saffron, aunque débil, volvía a resurgir.

- Yo nunca habría dejado que le pasase nada… y ella confiaba en que tú la rescatarías… que ilusa...- la voz de Saffron hizo que Ranma levantara la cabeza en su dirección. Había fuego en su mirada… ¿su mujer había dado su vida por nada? - ¿Qué pasa, Guardián? Estoy débil pero he podido salvarme al volver a mi forma demoníaca. ¿Acaso no te alegras de verme? - una sonora carcajada rompió el corazón de Ranma en mil pedazos. Dio a su esposa un tierno beso en sus aún cálidos labios y la dejó con cuidado en el suelo.

- Me reuniré contigo en breve - le dijo a la peliazul. No podía cumplir con lo que ella le había pedido, no tenía fuerzas para pasar otra vida sin ella. Se levantó despacio sin apartar la mirada de su rival - Me has arrebatado mi razón de vivir… y ahora vas a pagarlo…

- ¡Te estoy esperando, Ranma! - Saffron puso los dedos de sus manos enfrentados y comenzó a crear una gran bola de energía.

Ranma alzó los brazos hacia el cielo y pronunció ¡Invoco elementa, ignis aer aqua terra. Venite ad virtutem perniciosius! - un aura roja rodeó al pelinegro, cuando presintió que había llegado al máximo poder, lanzó un grito de guerra y redireccionó sus brazos hacia Saffron. Este a su vez, lanzó su gran bola de energía, que se desintegró en cuanto hizo contacto con el ataque de Ranma. El demonio se quedó estático viendo como se aproximaba esa gran cantidad de energía, que contenía el más puro odio y rabia hacia su persona. Se intentó cubrir poniendo sus brazos delante de su cabeza pero, al igual que ocurrió con su bola de energía, en cuanto hizo contacto con él, se desintegró. Lo último que escuchó Ranma fue un grito desgarrador proveniente de su mayor enemigo de todos estos siglos.

.

.

.

Ranma se quedó unos segundos mirando como el polvo de los restos de Saffron eran movidos por el viento. Se giró para mirar el cuerpo sin vida de su mujer. Se acercó despacio hasta ella y se sentó a su lado, volviéndola a colocar entre sus brazos - Parece que la muerte se ha enamorado de ti… que te quiere para ella sola… pero no voy a consentir que te tenga. Eres mía… mi esposa, mi amante, mi mejor amiga… me reuniré contigo donde quiera que estés.

El pelinegro cogió el Athame del suelo y observó los restos de la sangre de su esposa. Respiró hondo y se colocó la punta de la daga a la altura de su corazón - Enseguida volveremos a estar juntos, mi amor…- esbozó una sonrisa, apretó la empuñadura de la daga con fuerza…

- ¡Ranma espera! - la voz de su madre lo devolvió a su triste realidad. Ryoga le arrebató el Athame con rapidez, Nodoka se puso delante de su hijo.

- La he perdido mamá… - la mirada de Ranma estaba vacía, no quedaba nada de esa fuerza y esa alegría que caracterizaban al muchacho. ¡No he podido protegerla! ¡Soy un mierda! - el pelinegro cerró los ojos con rabia contenida.

- Cariño, no las has perdido. Por eso estoy aquí, me costó convencer a Ryoga de que me trajera. Me contó todo y yo empecé a recordar… borraron algo más de mi memoria, aparte del nacimiento de tu hermano y fue esto… - Nodoka sacó una piedra color aguamarina del bolsillo de su abrigo.

- ¿Qué es? - Ranma la miró esperanzado

- Es la Piedra del Manantial de la Vida, tiene el poder de resucitar a los muertos. Ha permanecido bajo la custodia de mi familia durante siglos. Es una piedra muy buscada, principalmente para gente que quiere hacer el mal, por eso mi pueblo siempre la ha custodiado con mucho recelo. Con esta misma piedra, yo devolví a la vida una vez a la madre de Akane… y ahora voy a hacerlo con ella.

Ranma no podía creer lo que su madre le estaba contando. ¿Podría recuperar a su esposa? - ¡Te lo ruego, regrésala a la vida! ¡Devuélveme a mi esposa!

Nodoka tomó la piedra entre los dedos pulgar e índice y la colocó a la altura del corazón de la chica. La piedra empezó a emitir destellos de los colores del arcoiris. La joven levitó en el aire, Ranma quiso sujetarla pero su madre se lo impidió. Los destellos arcoiris rodearon el cuerpo de la chica y se hicieron más intensos. A medida que los destellos fueron desapareciendo la peliazul comenzó a descender, Ranma estiró sus brazos y la volvió a rodear con ellos. Acarició el cabello, ahora corto, de su joven esposa. Ya no tenía la herida de la daga en su corazón, ni la herida en el vientre ocasionado por Saffron.

Se percató de que ella comenzó a mover sus párpados - Akane… ¿Me oyes? – su voz salió entrecortada pero no importaba, era por la felicidad de tenerla nuevamente.

La chica abrió los ojos del todo y se encontró con dos mares mirándola con preocupación - Ran...ma…

Nodoka y Ryoga exhalaron el aire que tenían retenido en los pulmones, ya con tranquilidad. Por fin todo había acabado. Se alejaron para dejarle intimidad a la pareja.

Ranma acercó a la peliazul pegándola a su cuerpo. Necesitaba sentir como el corazón de ella volvía a latir - No me hagas esto nunca más… por favor… quédate siempre conmigo…

- Siempre estaré a tu lado… pero no me arrepiento… lo volvería a hacer si así consigo que estés a salvo… sé que tú harías lo mismo.

Ranma la miró con ternura y le sonrió. Ella tenía razón, él no dudaría en entregar su vida para salvar la de su esposa - Eres una cabezota por muchos siglos que pasen…

- Creo que se me ha pegado del mejor…

- Te quiero… - Ranma le susurró pegando sus labios a los de ella.

- Y yo a ti - Y unieron sus labios en un pacto de amor eterno.

Cuando terminaron de besarse, él se levantó sosteniendo a la joven en brazos y se acercó a su madre y a su hermano. Nodoka colocó su abrigo cubriendo el cuerpo de Akane.

- Ryoga, llévanos a casa - Ranma sonrió a su nuevo hermano.

- Eso está hecho - El chico de la bandana puso una mano en el hombro de Ranma y Nodoka se agarró al brazo de su hijo perdido. Los cuatro desaparecieron.

.

.

.

- ¡Bonjour! Bienvenue en France mes amis - Un señor regordete con bigote y sombrero saludaba a cuatro japoneses que parecían estar en estado de Shock.

- Ryoga... - Ranma miró con cara de pocos amigos a su recién estrenado hermano.

El chico de la bandana se rascó la cabeza y rio con risa nerviosa - Ups… lo siento… las dos mujeres a las que soy capaz de llegar sin perderme están aquí… jejeje

Ranma bajó con delicadeza a Akane al suelo, aún la tenía sujeta por la cintura. Nodoka le dijo que tardaría un par de días en recuperarse del todo. Con la mano libre cogió a Ryoga de la camisa y lo acercó él - Como no nos lleves a casa ya para que mi mujer pueda descansar, eres cerdo asado…¿entendiste?

- ¡¿Crees que lo hago a propósito?! - Ryoga quitó la mano de Ranma de su camisa - ¡Yo también quiero el bienestar de Akane!

- ¡Te advierto desde ya que no te acerques a ella! - Ranma lo señaló con el dedo índice.

- ¿O qué? - Ryoga sonreía burlón al chico de la trenza.

- ¡Qué te mataré! ¡Es mi esposa! - Y los dos se cogieron mutuamente de las camisas.

Akane y Nodoka se miraron y suspiraron…

- Supongo que hay rutinas que cuesta más cambiar - dijo la peliazul a su suegra con resignación.

- Bueno… siempre se ha dicho que los hermanos se pelean… - Y las dos sonrieron.

En un segundo los cuatro volvieron a desaparecer.

Fin…


¡Hola a todos de nuevo y Felices Fiestas! Espero que lo estéis pasando genial y disfrutando de vuestros seres queridos.

Bueno… pues como dije en Corazones en llamas, tengo sentimientos encontrados cuando termino un fic. Primero, muchísima pena porque te metes en la historia de los personajes y no quieres que acabe, y segundo, alegría de haber sacado el fic adelante. Para mí es muy importante acabar lo que empiezo.

Espero de corazón que lo hayáis disfrutado, que me perdonéis si os he hecho sufrir… pero bueno… creo que lo he arreglado, ¿no?

Como os comenté en el capítulo anterior tengo un pequeño epílogo en mente, cuando terminen las fiestas, me sentaré tranquilita a escribirlo.

Recalcar una vez más que yo no tengo ni idea de latín y todo lo que he puesto ha sido un copia-pega en traductor Google. Cualquier problema, a ellos :p

Catenis liberos: cadenas libres

Et voodoo doll et facti sunt omnia quae fiunt apud me accipere triplicatam: me convierto en una muñeca vudú, todo lo que me ocurra lo recibirás por triplicado.

Invoco elementa, ignis aer aqua terra. Venite ad virtutem perniciosius: Invoco a los cuatro elementos, fuego aire agua tierra. Ven a mí poder destructivo

Y como siempre mis gracias a mis beta-reader Sailordancer7 y Hana Note. ¡Nos vemos en la próxima chicas!

Y mil gracias a todos aquellos que hayan leído el fic, a los que se han molestado en dejarme un review, no me canso de repetirlo… los que escribimos y publicamos fanfic lo hacemos por y para vosotros. Para distraeros y haceros la vida un poco más amena, espero haberlo conseguido.

Mis #locasporeldiosgriego… ¿Qué digo ya de vosotras? No tengo a quien agradecer que os hayáis cruzado en mi vida. ¡Sois grandes chicas!

Y sin más me despido, nos leemos en el epílogo. ¡Un abrazo muy fuerte!

Sakura Saotome :)